OSKO: OTRO CHISTE DE “DECIMEJORGE”

OTRO CHISTE DE «DECIMEJORGE»:

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«La Cultura del Encuentro»

«Sin la Fe es posible agradar a Dios»

No se asombrará el lector por el título de este artículo… en todo caso estamos siendo lógicos, dando continuidad al increíble pensamiento Bergogliano.

No es culpa nuestra. Queremos ser católicos e hijos de la Iglesia; y, si resulta que para serlo un día (PRONTO) llega a ser necesario hacerse agnóstico, bueno… ¡nos haremos agnósticos!

Se dirá: «Que exagerado… no dijo tanto Bergoglio».

¿NO?… Lo que dijo hubiera sido imposible decirlo hace apenas algunas décadas; y lo que se deduce de lo que ha dicho, mucho menos.

Hace 60 o 70 años, disparates como los que no se cansa de pronunciar el «Padre Jorge» no hubieran podido ser tan siquiera insinuados por el más oscuro párroco de la más ignota parroquia que pudiera existir, so pena de ser expulsado por el señor Obispo a cargo del lugar y fulminado con excomunión, además.

Hoy, lo dice «el Papa». VER AQUÍ.

«El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. ¡A todos! ‘Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡Hemos sido creados hijos a imagen de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos! Y todos tenemos el deber de hacer el bien. Y este mandamiento de hacer el bien todos, pienso que es un buen camino para la paz. Si nosotros, cada uno por su parte, hace el bien a los demás, nos encontraremos allá, haciendo el bien; y lo hacemos poco a poco, lentamente, realizamos aquella cultura del encuentro: la que tanto necesitamos. Encontrarse haciendo el bien. ‘Pero yo no creo, padre, ¡yo soy un ateo!’. Pero haz el bien: nos encontramos allá».

Parece ser necesario aclarar ciertos aspectos. No que sea una novedad o que Bergoglio haya descubierto la pólvora…

La pólvora con la que continúan detonando la Iglesia, la Doctrina de la Iglesia, la Tradición de la Iglesia, etc, ya fue inventada hace mucho tiempo…

Es decir, lo que a nuestros ojos queda explícitamente negado y conculcado de modo inmediato y evidente, en esta nueva «burrada» de Giorgius Marius, es la Doctrina Católica de la necesidad de la Fe para salvarse y de la creencia de la Cristiandad en la «PRIMACIA DE CRISTO REY».

En una concepción como la de Bergoglio, donde los ateos de «buena fe» y «buenas obras» se salvan, por extensión sociedades ateas con «buena onda» y respetuosas de las libertades individuales y democráticas, por razones obvias no pueden ser condenadas… por el contrario, casi, casi, resultan ser una bendición dentro de la idea bergogliana. Perfectísimo.

Son lógicos. Seamos nosotros también lógicos.

Breve Nota Teológica antes de continuar

Hemos realizado la correspondiente consulta teológica para referirnos con exactitud sobre esta cuestión, y recibimos la siguiente respuesta sintética y clara:

Respecto de la Redención, hay que distinguir:

La Redención objetiva = en sí misma, con un valor universal

Objetivamente, todos están redimidos. Jesucristo murió para redimir a todos los hombres. (por todos)

La Redención subjetiva = su aplicación a cada uno.

Subjetivamente, sólo se salvarán aquellos que se sometan a la aplicación de la redención objetiva. Aquellos que se aprovechan de los méritos de Jesucristo. (por muchos)

Citas del Catecismo de San Pío X:

¿Por quien murió Jesucristo?

– Jesucristo murió por la salvación de todos los hombres y por todos ellos satisfizo.

¿Si Jesucristo murió por todos los hombres, ¿Por qué no todos los hombres se salvan?

– Jesucristo murió por todos; pero no todos los hombres se salvan, porque o no quieren reconocer o no guardan su Ley, o no se valen de los medios de santificación que nos dejó.

¿Basta para salvarnos que Jesucristo haya muerto por nosotros?

– Para salvarnos no basta que Jesucristo haya muerto por nosotros, sino que es necesario aplicar a cada uno el fruto y los méritos de su pasión y de su muerte, lo que se hace principalmente por medio de los sacramentos instituidos a este fin por el mismo Jesucristo, y como muchos no reciben los sacramentos, o no los reciben bien, por eso hacen para si mismos inútil la muerte de Jesucristo.

Además:

«El sacrificio de la Cruz es el único sacrificio de la nueva ley, en cuanto por él aplacó el Señor la divina justicia, adquirió todos los merecimientos necesarios para salvarnos, y así consumó de su parte nuestra redención. Más estos merecimientos nos los aplica por los medios instituidos por Él en la Iglesia, entre los cuales está el santo sacrificio de la Misa».

Ahora si, entonces, podemos ver más claramente.

La redención es para todos, pero NO TODOS se aprovechan de ella. Para aprovecharse de ella hay que reunir una serie de requisitos. Esos requisitos ¿los reúnen TODOS los hombres? No. Por supuesto que no. Como primera y básica cuestión está la necesidad de pertenencia a la Iglesia Católica. Luego profesar su fe y vivir como la Iglesia manda.

¿Eso hacen los ateos?, podemos apostar que no, que no lo hacen.

Pero como Bergoglio tiene la eclesiología nacida en el CV2, cree que si.

Sin la fe sabemos que es imposible agradar a Dios. Luego… la fe parece ser imprescindible.

El problema aquí es que «Decimejorge» no hace las distinciones y se sumerge en un discurso equívoco que sirve para confirmar a muchos en el error.

Si la redención es para todos (sin los necesarios distingos y obligaciones), entonces la Iglesia somos todos. Todos es TODOS. Y como «Fuera de la Iglesia NADIE se salva», con el poder de «atar y desatar» del cual gozan (?) los «papas» conciliares… ¡metieron a todos «adentro»! (Yuuupi yujuuuu, maracas, trompetas y aplausos desde la tribuna)

Gran jugada; ni siquiera la Omnisciencia de Dios puede dar crédito de lo que ve.

Dios mismo ha sido burlado en su JUSTICIA por estos pícaros fariseos vestidos de blanco… ¡Ops! ¡TOMÁ… Dios! ¿Quién es el mejor?, ¿Quién es el más pillo?: «Nosotros, los Papas Conciliares». (Como fondo va cayendo papel picado y guirnaldas y explota la pirotécnia en medio de la alegría desbordante de la alborozada tribuna)

En orden a las estadísticas esto es una jugada realmente genial, porque la Iglesia Conciliar queda, de este modo, integrada por todos los habitantes de este planeta (y vamos por más). (¡Pancho Primero… te quiere el mundo entero!, entona la acalorada tribuna)

En orden a las postrimerías es igualmente genial, porque la barrabasada del «chamuyero» Bergoglio nos enseña de una vez por todas que no va más la cuestión del Pecado Original y de la Naturaleza Caída e inclinada al mal. No, no…, todo eso es absolutamente falso y está fuera de discusión.

Entonces:

a) La vida es bella, a «disfrutarla» sin culpas. El mundo puede continuar de fiesta, ahora sin temor alguno, ya que se le ha hecho un estruendoso «OLEEEEÉ» al infierno.

b) Al diablo, que no es ateo, le hacemos «pito catalán» y lo dejamos más solo que «Adán en el día de la madre».

c) Lo lamentamos por los mártires, los anacoretas, los ermitaños, y todos aquellos que creyeron santificarse haciendo penitencia… Pero, muchachos, muchachos… la idea es pasarla «bomba», AQUÍ y «ALLÁ».

d) Modificamos por lo tanto levemente el título de este artículo «Sin la fe es posible agradar al dios de Bergoglio».

Por otra parte parece ser que la cuestión de «la guerra» es determinante, sigamos aprendiendo ya que, por cómica paradoja, se nos permite ver con claridad el oscuro pensamiento bergogliano:

«El Señor nos ha creado a su imagen y semejanza, y somos imagen del Señor, y Él hace el bien y todos tenemos en el corazón este mandamiento: hacer el bien y no hacer el mal. Todos. ‘Pero, padre, ¡este no es católico! ¡No puede hacer el bien!’. Sí, puede. Debe hacerlo. No puede: ¡debe! Porque tiene este mandamiento en su interior. ‘Pero, padre, este no es cristiano, ¡no puede hacerlo!’. Sí, puede. Debe hacerlo. En cambio, esta cerrazón de no pensar que se puede hacer el bien desde fuera, todos, es un muro que nos conduce a la guerra y también a lo que algunos han pensado en la historia: matar en nombre de Dios. Nosotros podemos matar en nombre de Dios. Y eso, sencillamente, es una blasfemia. Decir que se puede matar en nombre de Dios, es una blasfemia».

Oscuro, confuso y algo más. «Hacer el bien y no hacer el mal»… «no pensar que se puede hacer el bien»… «mandamiento en su interior»… «esa cerrazón de no pensar que se puede hacer el bien desde afuera»… «un muro que nos conduce a la guerra»; todo muy bonito, pero ¿y la VIDA DE LA GRACIA?, ¿y la VID Y LOS SARMIENTOS?… parece ser ya completamente innecesario estar unidos a Cristo.

Esta predicación de Bergoglio es explícitamente herética, toda y completa; además es insultante. Injuriosa para con héroes y santos, mártires, Papas y Reyes.

«Una Blasfemia» es una Blasfemia. Lo son para Bergoglio «Las Cruzadas», que también fueron una guerra. Blasfemo el Papa Urbano II que predicó e impulsó la Primera Cruzada; Blasfemo Pedro el Ermitaño que preconizó la llamada «Cruzada Popular»; Blasfemos, Raimundo IV de Tolosa, el enviado papal. Además de Monteil, Bohemundo de Tarento, Godofredo de Bouillon y sus hermanos, el religioso Eustaquio y Balduino de Boulogne, Roberto II de Flandes, Roberto II de Normandía, Estéfano II de Blois, Hugo I de Vermandois y el hermano menor del rey Felipe I de Francia, que llevaba el estandarte papal.

Blasfemos el Papa Eugenio III y San Bernardo que predicaron la Segunda Cruzada; Blasfemo el Papa Inocencio IV que promovió la séptima Cruzada luego de la masacre de 30.000 cristianos llevada a cabo en Jerusalén por los turcos musulmanes.

Blasfemo también San Francisco de Asís que quiso participar en la Cuarta Cruzada con el objeto de morir mártir. Blasfemos Godofredo de Bouillón y sus cofrades, también.

Obviamente, también es una blasfemia para Bergoglio la GESTA CRISTERA. Blasfemos también entonces los mártires que fueron a la guerra contra un gobierno ateo y enemigo de Cristo.

De todas maneras no hay que preocuparse demasiado; blasfemos o no, ateos, agnósticos, creyentes de cualquier religión, todos están adentro de esa extraña cosa sin forma alguna que es la Iglesia Conciliar, bergogliana, ratzingeriana, wojtyliana, montiniana… y, desde hace unos años, fellayiana…

Porque todos somos «Hijos de Dios de Primera Clase», así que, tranquilos… «NOS ENCONTRAREMOS ALLÁ».

Por nuestra parte, no estamos muy seguros de a qué lugar se ha referido Bergoglio exactamente con eso de «nos encontraremos allá», ni qué es exactamente la CULTURA DEL ENCUENTRO, que tanto aparentemente necesitamos (parece ser más necesaria que la GRACIA DE DIOS).

Por esa razón suplicamos con humildad (no bergogliana, sino HUMILDAD EN SERIO) que haya excepciones.

Preferimos que «ALLÁ», cuando se lleve a cabo el final y definitivo «Encuentro» que predica Bergoglio, y en el que él espera estar,
en el momento de pasar lista o tomar asistencia, nos pongan un simple y sencillo «ausente»; con aviso… ¡claro está!