Carta de Lectores
¡Pero Monseñor!…. ¿Cuál es su concepto de la Iglesia Católica?
He tenido, no se si la desdicha, de leer unas declaraciones de M. Fellay hechas a su fiel escudero, el P. Alain Lorans, que le sirvió como siempre de correveidile. Recojo unas frases que son altamente significativas y de las cuales quiero sacar el jugo, que no es poco.
En el apartado: «Nuestra respuesta a la situación presente de la Iglesia», hace unos alegatos cargados de pueriles sofismas que merecen una adecuada profundización: «Nadie puede juzgar a la Santa Sede» afirma, pero a renglón seguido lanza unas declaraciones de un cardenal jubilado que afirmó: «No os podéis imaginar cuánto me alegro haber dejado Roma y encontrarme ahora aquí, pues quien manda ahora en Roma es el diablo» ¿Quién manda en Roma Monseñor? ¿No es el Papa? ¿Su Papa?. Pues bien, si ese cardenal jubilado hace esa afirmación, ¿Está juzgando a lo que usted aún sigue llamando la Santa Sede y que según el cardenal de marras, afirma estar gobernada por el diablo?
Otro cardenal ha dicho, (observen los lectores que Mons. Fellay es muy proclive a contar los milagritos pero nunca informa del santo milagrero), él sabrá el porqué, pue bien, ha dicho el enigmático cardenal que: «El sistema está corrompido», esta frase le da a Mons escalofríos, ¡Pobre Monseñor!, se nos escalofría «toito» el pobrecito. Y sigue afirmando Mons. Fellay: «….., que supera cualquier imaginación y que parece incluso desdecir las promesas de Nuestro Señor y sin embargo es la realidad»; o sea que Mons. prefiere barruntar que hay una falla en las promesas de Nuestro Señor ha admitir que lo que él y la cúpula de la Fraternidad entienden hoy por Iglesia, no es ni por asomo la Santa Iglesia Católica y como consecuencia de ello confunde a la iglesia conciliar (oficial), sí la del mármol de Carrara y los «taconazos de la «Guardia Suiza» con la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana que no tiene nada, absolutamente nada que ver con la iglesia a la que los enigmáticos cardenales hacen mención.
El «sainete» continúa de la siguiente manera: «La Iglesia Católica es nuestra Iglesia. No tenemos otra. No hay otra. Dios permite que se encuentre enferma. Pues bien está enferma». Pues bien Monseñor, si la Iglesia de Cristo es indefectible, ¿No es imposible que se encuentre siquiera acatarrada?, pues la indefectibilidad conlleva implícita la perfección, ¡nunca la imperfección!, lo que pasa es que Monseñor sigue confundiendo a la Iglesia oficial con la Iglesia Visible, ¿Aún no tiene claro el consejo de su fundador?: «No confundáis nunca a la Iglesia oficial con la Iglesia visible».
Y continúa con la sarta de contradicciones: «Y lo que intentamos es no caer enfermos nosotros, pero lo que no vamos a decir es que vamos a fundar otra. No hay otra Iglesia». Pues claro Mons., claro que no hay otra, lo que pasa es que usted se ha salido de esa Iglesia que continúa viva pero reducida al «pusillus grex» y ha optado por incardinarse en la que según el cardenal que usted conoce está gobernada por el diablo. ¿Qué le pasó Monseñor, no se tomó ese día la pastillita?.
«De esta forma llegamos a decir: esto no puede ser así, todo esto no puede ser el Papa e incluso tampoco la Iglesia. Pero hay que mantenerse en pie afirmando: la enfermedad es la enfermedad pero la enfermedad no es la Iglesia». Aquí parece que a Mons. le empezó a funcionar su media neurona y llega a la conclusión de que lo que él entiende por iglesia enferma no es la Iglesia ni tampoco lo que él entiende por Papa es el actual «papa» ni por supuesto sus inmediatos predecesores, porque no querrá convencernos como lo intenta el P. Bouchacourt, otro que tal baila y con una capacidad neuronal similar, que Francisco vino a destruir la obra de Ratzinger, ¡Qué sarcasmo!.
¿Por qué entonces quiere contagiarse de la enfermedad y al mismo tiempo llevar al contagio a sus fieles? Pues si la enfermedad no es la Iglesia , la iglesia enferma tampoco es la Iglesia, esa a la que usted rinde pleitesía y la que lo tiene anonadado, añoñado y engañado.
No Mons. Fellay, usted lo que tiene que hacer ya, de una puñetera vez, es un examen de conciencia, admitir que ha destrozado la obra de Mons. Lefebvre, que ha confundido, dividido y enfrentado a los fieles, que se ha metido en un berenjenal del cual no tiene forma de salir porque se ha hipotecado con el enemigo y admitir que el traje de superior le queda muy pero que muy largo. Reconozca de una vez por todas, que eso, a lo que usted llama enfermedad, es la gran apostasía de la cual no se va a salir, pero de la cual los fieles de verdad deben huir para seguir perteneciendo a la verdadera Iglesia de Cristo. Que el aviso de Nuestra Señora en La Salette no fue una frase dicha para la Literatura Universal ni la pronunció para unos juegos florales de las calendas de mayo. Fue para advertirnos de que con el Anticristo no debemos tener ni el más mínimo contacto, «Nullam partem habemus».
A. Carballo
