EL IMPOSTOR DE LOS «COLECTIVOS»
Sintonía que le dicen… Estábamos culminando el artículo que usted, estimado lector, tiene ante sus ojos, y veíamos como en el blog de Radio Cristiandad aparecía ESTO.
Tiene mucho que ver con nuestras cavilaciones al respecto del Impostor de los «Colectivos», porque justamente es uno de esos «colectivos» el que es mencionado y porque de esos ENTES se trata.
Los vemos crecer a diario, casi. Vemos como se van imponiendo en todo estamento y a todo nivel.
En lo que respecta a este artículo, nos enfocamos en El Impostor, el actual; esto no significa que olvidemos que hay otro, y que está vivo y cerca del actual. Ya habíamos hablado en otra oportunidad de roles diferentes.
Como no somos profetas, ni tenemos la «bola de cristal», vamos, como usted, aprendiendo a medida que esta «cosa» sin nombre continúa creciendo.
Impostor: adj. y s. Que finge o engaña. Que atribuye falsamente algo a alguien. Suplantador, persona que se hace pasar por quien no es.
Un impostor es una persona que finge ser alguien diferente. A menudo los impostores intentan conseguir ventajas económicas o sociales.
Son comunes los impostores que se hacen pasar por pretendientes a un trono. Numerosos hombres afirmaron ser Luis de Francia, el heredero al trono francés que desapareció durante la Revolución francesa, y ha habido tres «Dimitris falsos», que fueron pretendientes formales al trono de Rusia. Otros pretendientes reales notables han sido Perkin Warbeck, Anna Anderson (que aseguraba ser la Gran Duquesa Anastasia de Rusia) y, más recientemente, Roberto Brown, que afirmaba ser el hijo de Margarita de Windsor y Pete Townshend.
Pese a que hubo bastante novela y película dedicada a la cuestión del «Impostor», como ha habido mucho de eso también dedicado a complots, conspiraciones, pactos maléficos, sectas misteriosas, etc., es importante aclarar que no todo debe ser creído, pero que tampoco todo debe ser desechado.
Nosotros sabemos que Malachi Martin o Maurice Pinay, entre otros, no hablaban estupideces ni padecían de paranoia y lo mismo puede decirse del Padre Luiggi Villa.
Muchas novelas y filmes lo único que han procurado es «intoxicar» la cuestión, de un modo similar a lo que ocurre con el «aparicionismo». El diablo, no es zonzo y promueve falsos complots y falsas conspiraciones para tapar la información de los verdaderos complots, del mismo modo que inventa falsas apariciones, para empañar las auténticas. El padre de la mentira, ha ganado en experiencia y, como dicen, «sabe por diablo pero más sabe por viejo».
En la Argentina existe un caso que hizo ruido en su momento, es el de Martha Holgado, que afirmaba ser hija del Gral. Juan Domingo Perón, aunque posteriormente los exámenes de ADN dieron resultados negativos.
Los impostores más atrevidos han llegado a fingir ser alguna persona que ya existía, aunque la omnipresente realidad de los medios de comunicación modernos ha hecho que esto sea cada vez más difícil.
Sin embargo, los impostores normalmente adquieren simplemente una nueva identidad falseando su situación financiera, formación, estatus social, estado civil y, en algunos casos, el sexo.
Los impostores son generalmente conscientes de no ser quién dicen que son. No obstante, ha habido casos extremos en los que el impostor ha acabado creyéndose su propio papel; y otros (a menudo niños, especialmente los que sufren de una enfermedad mental como demencia o esquizofrenia), cuya falsa identidad había sido creada por terceros, este es el caso de Anna Anderson.
La gente puede hacer falsos alegatos sobre su pasado sin ser completos impostores, los más frecuentes en Estados Unidos son la participación en una guerra y la implicación en desastres públicos tales como el Hundimiento del Titanic o en los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Se dice que si cada persona que afirma haber estado a bordo del Titanic hubiese estado realmente, el barco se habría hundido por exceso de peso antes de zarpar del puerto de Southampton el 10 de abril de 1912.
Interesante eso último…; esa tendencia que tiene cierta gente de hacernos creer que ha estado donde nunca estuvo, y que ha visto aquello que jamás ha ocurrido y de lo cual esa gente asegura haber sobrevivido, podría explicar la «inflación» exorbitante en la cifra de «víctimas» que nos ha dejado el asunto del HOLOCUENTO. La llamada «Shoa» no es otra que una mistificación entre las muchas que existen o han existido.
Muchos impostores son criminales que mantienen una fachada temporalmente para engañar a sus víctimas, tal como hizo Wilhelm Voigt, que incluso generó simpatías con las que se vio favorecido: fue condenado a cuatro años de cárcel por estafa, suplantación de personalidad y detención ilegal. Sin embargo, la figura de Voigt había ganado tanta popularidad que el káiser le perdonó en agosto de 1908 porque, según parece, el propio emperador simpatizaba con el desparpajo mostrado por Voigt.
Otros, como el bromista estadounidense Joey Skaggs, se mantienen como impostores como burla o crítica hacia algo.
Aunque los impostores falsifiquen su entorno, sus intenciones no siempre son ilícitas. Pueden que deseen adquirir una nueva personalidad o simplemente adoptar la identidad de otras personas.
John List es un ejemplo de un criminal que adquirió una nueva personalidad para evadir la justicia, en este caso era perseguido por el homicidio de toda su familia; incluido sus tres hijos pequeños.
Hubo mujeres que se han disfrazado como hombres para trabajar en oficios exclusivos de los hombres. Algunas han luchado haciéndose pasar por hombres, se conocen ejemplos de mujeres que participaron en las Guerras Napoleónicas y en la Guerra Civil Americana.
Hasta aquí, hemos dado (tomados de la conocida wikipedia) los que podríamos llamar ejemplos clásicos de la impostura. Como puede verse hay, o ha habido, de todo…
Pero…, como en casi todas las cosas, es posible encontrar otro tipo de ejemplos, ya no tan clásicos y que exigen un examen bastante más minucioso, ya que los protagonistas de ciertas imposturas pueden incluso llegar a creer (o se les hace creer) que SON lo que NO SON, pero no como producto de una esquizofrenia u otra enfermedad mental, sino, por culpa de «la Serpiente».
Como si uno que NO ES REY, sustentado por un «colectivo», como le llaman ahora, lo suficientemente fuerte como para sostener durante muchos años una IMPOSTURA, y siendo parte de ese «colectivo» desde toda su vida, llegará a creer que realmente ES REY… o PAPA.
Es el caso. Porque ese «COLECTIVO» ES DE LA SERPIENTE CONCILIAR.
Y es el caso, porque nos referimos al problema de los «Papas Conciliares».
La impostura de ese «colectivo» que llamamos «Iglesia Conciliar», una reunión de innúmeras fuerzas políticas, ideológicas y religiosas de signo negativo y contrario a la Verdad, pero que pugna desde hace décadas por ser aceptado como si fuera LA VERDAD, acabó por imponerse. No solo a la consideración de todo el mundo, que NO DUDA en absoluto de que ese «colectivo» es la Iglesia Católica, sino que, además, tampoco duda que aquellos que SON verdaderamente católicos, no lo son, o sea usted, lector y yo.
Paradójicamente, la «iglesia conciliar» que se da a sí misma el rol de representante de la verdad, relativiza a LA VERDAD.
Pero esto ni siquiera es materia de conversación. Ellos jamás aceptarían una discusión en tal sentido, tan sólo, como diría un amigo, «continúan con su tarea DECONSTRUCTIVA».
En el colmo del engaño, un engaño inaudito e inexplicable humanamente hablando, el padre de la mentira a logrado que el mundo entero crea que la Fe no es La Fe, y que crea también que ese «colectivo» que llamamos «Iglesia Conciliar» SEA la Iglesia Católica y que lo que ese «colectivo» conciliar enseña o predica SEA la verdad de la Iglesia Católica.
Asombroso, y por supuesto tremendo. Hasta un Obispo de la Tradición, Monseñor Bernard Fellay CREE ESO… Increíble, ¿no es cierto?
No menos increíble que el saber que la mayoría de los sacerdotes de la FSSPX también CREEN ESO; y nos tachan a nosotros de «locos», «conspiranoicos», «extremistas», etc etc…
¿Cómo es que ha ocurrido esto? ¿Cómo se ha llegado a esta situación?
Para que todo esto pudiera ocurrir, debió lograrse antes concretar aquel sueño acariciado largamente por las logias: la INSTALACIÓN en el Trono de Pedro de un MASON, o de alguien que, sin serlo, sintiese y pensase como ellos. Y vaya si lo han logrado. Gradualmente; no de un día para otro.
Pero, además, han debido generar determinados equívocos, en especial en relación con ciertas doctrinas; puntualmente aquella que conocemos como «Dogma de la Infalibilidad Pontificia». De la realidad enseñada por este Dogma de la Fe Católica, a lo que creen los fieles conciliares, e inclusive muchos fieles tradicionales, media muchas veces un abismo… por ello es que sobreabundan los «PAPÓLATRAS».
Por supuesto que hay un contexto global que ha permitido llegar a este punto. Porque tampoco fue de un día para otro que se generaron las condiciones objetivas ideales, sociales, políticas y culturales, que permitieran que la IMPOSTURA pudiera concretarse del modo que hoy lo vemos. Fueron siglos de trabajo incesante. ¿No lo decía San Pablo, acaso?, «ya está obrando el Misterio de Iniquidad».
No debiera asombrarse entonces ningún tradicional que, llegados a este punto, sin mediar más novedad que la elevación del «cardenal» Jorge Mario Bergoglio al Trono de Pedro, un sacerdote argentino, que ha escrito oportunamente esgrimiendo argumentos en contra de la opinión teológica que lleva el nombre de «sedevacantismo», en el momento mismo de la irrupción del mencionado Bergoglio en el balcón de la Loggia, haya visto, en ese acontecimiento en sí mismo, una elocuente señal.
Dijimos «sin mediar más novedad que la elevación del «cardenal» Jorge Mario Bergoglio».
Sin pretender hacer un juego de palabras con todo eso, tenemos entonces un «Obispo de Roma», que, por su gran «humildad», gusta de viajar en colectivo, y que, efectivamente, nos ha sido impuesto también por un «COLECTIVO», es decir, una conjunción de fuerzas, poderes y aspiraciones, y en un punto de la historia que no es casual.
¿Puede ser suficiente argumento ESE hecho, de tal modo que prescindamos de mayores explicaciones, y no reclamemos un argumento teológico que de por tierra con los anteriores argumentos en contra de la posición sedevacantista?
Estamos completamente seguros de que es suficiente.
Pero, además, los hechos protagonizados por «Le petit françoi» nos van dando la razón por «goleada».
No obstante, hay quienes, con todo derecho, pueden pretender que, ya que tanto esfuerzo se puso en ir contra la posición sedevacantista, al menos ahora se diga alguna de las cosas que sigue:
a) El sacerdote argentino se equivocó antes; y la tesis sedevacantista es absolutamente cierta.
b) No se equivocó antes; ergo, debe estar equivocándose ahora.
c) No se equivocó antes… y tampoco se está equivocando en este momento.
En principio, y para responder a esta o cualesquier otra manera de inquirir acerca de esta cuestión, hay que comprender que estamos viviendo tiempos por completo inéditos; situaciones absolutamente impensadas; acontecimientos jamás previstos.
Decimos bien, JAMÁS PREVISTOS, pero en cambio, si… PROFETIZADOS.
Y no nos referimos a revelaciones privadas de NINGÚN tipo (eso se lo dejamos a la «falsa resistencia» y sus afanes «restauracionistas»; vana ilusión de reconstruir lo que no puede ya ser reconstruido). Nos referimos únicamente a las Sagradas Escrituras.
Y las Sagradas Escrituras contienen Profecías, esas Profecías que se van haciendo más y más claras a medida que se van acercando al momento de su cumplimiento o concreción en el tiempo de los hombres.
Las Profecías SON hechos. Hechos que Dios ve; que tiene delante de sus ojos, si se nos permite decirlo de este modo, un tanto antropomórfico. Hechos reales y concretos acontecidos delante de un Dios Eterno, que NO transcurre, porque simplemente ES siempre y para siempre. Que además es Inmenso y, como tal, también está en esos hechos… en los que ESTUVO SIEMPRE, y siempre estará, como estuvo en Judas cuando este entregó al Verbo de Dios hecho Hombre, aunque nos cueste comprenderlo y para una desgracia inimaginablemente peor de lo que puede contener nuestra inteligencia, para oprobio y maldición de Judas mismo. Misterios de Dios.
Y nosotros, míseras criaturas, procurando afanosamente meter en nuestras cabezas… San Agustín, ora pro nobis.
Quienes todavía se conservan católicos en este mundo, (es bueno que si el lector aún cree en restauraciones, vaya sabiendo que ser católico es algo así como formar parte de una «especie en vías de extinción»), son dueños de un cierto «SENTIDO» o sensus. Ese sentido, nos permite discernir acerca de cosas que la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos no comprende, ni conoce ni mucho menos, SABE.
Su SENSUS FIDEI, entonces, puede permitir amigo lector que usted llegue a ver que estamos hablando de un «COLECTIVO RELIGIOSO», pero también de un «COLECTIVO SOCIAL o POLÍTICO».
Llegados a este punto, lo invitamos a leer, ya no a nosotros; dese una vuelta una vez más por el Apocalipsis de San Juan, y lea (o relea si ya lo hizo antes) al Padre Lacunza.
Respuestas proféticas son las reclamadas en tiempos proféticos y no erudiciones teológicas, siempre muy respetables, no obstante insuficientes hoy, tanto como las razones canónicas o como los ejemplos históricos en donde se buscan antecedentes que, por su parecido a los actuales, nos den una pauta al menos…
Búsqueda infructuosa de aquello que solamente podremos encontrar en la Profecía y en la meditación de la misma.
No sé, pero se me ocurre que no andaremos en disquisiciones de tipo teológico en el tiempo en que algún «LOCO» de esos que nunca faltan haya dado la orden de que a todos se les imponga una cierta marca «en la mano o en la frente»; creo que no habrá tiempo ni ganas de hacer análisis muy finos y toda nuestra atención va a estar puesta en otra cosa ajena por completo a ese tipo de debates: HUIR… (llegado el momento, prescinda de hacerlo en colectivo, por favor).
Por eso, ya no encontramos sentido en hablar de Sedevacantismo o Anti-sedevacantismo. ¿para qué?… si ya tenemos al IMPOSTOR, asiduo pasajero de transportes públicos (toda una mueca irónica), y a los dos «colectivos» que lo han traído hasta nosotros ya disfrazado de blanco, completa y claramente identificados.
Por supuesto que los anteriores eran «truchos» también, pero ninguno tanto como EL IMPOSTOR del colectivo.
Los no argentinos debieran dispensarnos por esta TERRIBLE situación nuestra. Debieran ser un poco más caritativos con nosotros… ya que, como argentinos que somos, nos resulta por completo imposible verlo de otra manera.
Y si hay quienes no se sienten satisfechos con este «argumento», les deseamos que les ocurra lo mismo… si les tocara a ustedes un «papa» colombiano, o brasileño, o chileno, etc, etc… ¡Nos lo cuentan después!
Si usted, amigo lector, comprende y SABE… considérese dichoso y objeto de una especialísima e inmerecida donación que Dios le ha hecho a fin de que no se pierda y se salve.
Si su SENTIDO DE LA FE se encuentra aún intacto, habrá comprendido el objeto de este artículo.
En ese caso, ponga especialísima atención y dedicación en conservar ese «SENSUS FIDEI», porque muchos son los que insensiblemente lo pierden cada día, y una vez perdido… ¿Quién sabe si se lo puede recuperar?

