UNA ELECCIÓN PROGRAMADA

QUIZÁS LA ÚNICA SALIDA POSIBLE ANTE EL ESCÁNDALO TREMENDO QUE «ABATÍA» AL PONTIFICADO DE RATZINGER.

VOLVEMOS A DECIRLO: EN SOLO 2 DÍAS YA NO SE HABLA MEDIÁTICAMENTE DE LOS PEDÓFILOS, EL IOR O LOS VATILEAKS…

SINO TAN SÓLO DE LA HUMILDAD DEL NEOPAPA…

¡MILAGRO!

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Tenemos que abordar este tema poniendo ante todo nuestra confianza en Dios, que sabe cuidar de Su Iglesia y que la guardará hasta el fin de los tiempos. Más allá de todas las profecías y revelaciones, el Evangelio nos alerta sobre la necesidad de no abandonar nunca la virtud de la Esperanza, que justamente se tiene que vivir con mayor plenitud cuando todo se muestra claramente desesperanzador.

Me parece que está claro que estamos ante una situación muy delicada. Creo que esta elección no es casual, porque expresa todos los temores que habíamos ido incubando durante este largo mes trascurrido desde el anuncio de la renuncia de Benedicto XVI. Desde este punto de vista, se puede ir comprendiendo ahora el estado de la cuestión, más allá de lo que nos digan de forma oficial y más allá también de cualquier interpretación de tipo apocalíptico. Es tiempo de poner en marcha las consignas del Señor: Al árbol se le conoce por sus frutos. Porque no se cosechan higos de las zarzas.

A propósito de la elección del papa Francisco, nos podríamos plantear algunas cuestiones que no dejan de ser controvertidas, pero que podrían iluminar algo la presente situación.

Si realmente Benedicto XVI renunció a causa del cansancio que le produce llevar adelante la Iglesia, y sus problemas son una fuerte carga para un hombre de avanzada edad, se supone que el criterio de elección habría contemplado a un papa más joven (al menos algo más joven), y no a un cardenal que en cuestión de pocos años estará en la misma edad que el Pontífice Emérito. Por tanto, no se ha querido abordar este tema desde el punto de vista de un papa con más juventud.

Si renunció por la presión de una Curia excesivamente intrigante y manipuladora, llena de poder y de capacidad de decisión hasta el punto de que  pudiera impedir que el Papa gobernara con mano firme, no se entiende que se haya elegido a un papa completamente desvinculado de la Curia, sin ninguna experiencia vaticana; a no ser que éste haya consentido expresamente en no interferir en ella. O sea, en que el poder efectivo siga en manos de las intrigas de cardenales curiales.

Si renunció porque la iglesia alemana y en general del norte de Europa estaba exigiendo modernizaciones en el terreno moral y adaptaciones de la Iglesia a los nuevos tiempos (como se vio pocos días después de la renuncia, en las tomas de decisiones en materia de anticoncepción), no se entiende que el elegido no sea teólogo y además se caracterice claramente por no serlo. A no ser que se quiera iniciar una etapa de autonomía de las iglesias más díscolas con la doctrina tradicional de la Iglesia, sin la vigilancia estrecha del Papa y mucho menos de la Congregación de la Fe, cuyo Prefecto proviene precisamente de esas iglesias doctrinalmente conflictivas. Luego tampoco la elección ha sido por estos motivos.

Si la renuncia se hizo porque los informes secretos exigían una mano fuerte que depurara responsabilidades por los casos de corrupción, tampoco se entiende la elección de un hombre que no se caracteriza precisamente por su capacidad de gobernar y de imponer exigencias fuertes y seguras. Un hombre que tiene en su haber una lucha débil y casi nula con los presbíteros de su propia Diócesis. Tampoco por esta razón se justificaría.

Si la renuncia -finalmente-, se plantea como un deseo de que otro sucesor aborde el gravísimo tema de la restauración de la tradición de la Iglesia, tampoco se entiende que esta elección recaiga en un hombre claramente distanciado y casi enemigo de la misma, con muchos desaciertos y desprecios hacia ella en sus muchos años de pastoral episcopal.

Ni un papa joven, ni capaz de gobernar fuertemente, ni teólogo, ni conocedor de la Curia, ni restaurador deseoso de la tradición….ni tampoco líder para sus hermanos cardenales. Porque no creo que sea así para la altanera iglesia alemana, ni para los europeos en general, ni mucho menos para los norteamericanos, que no dejarán de considerarlo un hispano (eso sí, en sus círculos más íntimos). Quizá un consenso peligroso para tener barra libre en las diversas parcelas de la vida y los problemas de la Iglesia.

Analicemos por otra parte los rasgos que hemos podido apreciar en estas primeras e intensas horas de Pontificado. Analicemos las primeras reacciones de los medios que comprendieron alegremente la renuncia del anterior Pontífice y analicemos en fin, las consignas lanzadas desde los medios de opinión más claramente eclesiales.

Su presentación como un hombre cercano al pueblo, sencillo, amigo de todos, ecuménico, amante de los pobres, claro en su lucha contra el poder político argentino, moderno… no resuelve con claridad los problemas -que estos mismos medios-, planteaban hace días como exigencias para el nuevo Pontífice.

Son muchas las cuestiones añadidas que surgen a este propósito:

¿Estaba prevista esta elección por Benedicto XVI?

Si no lo estaba, ¿lo estuvo por los cardenales desde el primer momento?

¿Se trata en realidad de dar un golpe de timón en la ya decadente situación de la Iglesia, con vistas a un ecumenismo mucho más radical?

¿Se pretende un pontificado corto, manejable, superficial, mucho más destructivo que los anteriores y con mucha más libertad teológica?

¿Se pretende un giro de la Iglesia hacia lo social, con especial dedicación al tema de los pobres (y de ahí el nombre de Francisco)?

¿Se quiere llegar a un punto en el que queden cercenadas todas las seculares formas externas e internas de la Iglesia?

¿No es ésta, de alguna manera, una herencia -aunque disimulada-, de los pontificados anteriores? Por supuesto, ya no veremos las formas inteligentes, serenas y elegantes de Benedicto XVI en las ceremonias litúrgicas y en sus discursos, aunque también llevaran -en ocasiones- cargas de profundidad. Ya en la primera misa en la Sixtina, la elegancia ha brillado por su ausencia. Me temo que estemos de vuelta a los tiempos de una proclamada naturalidad, que no es otra cosa que un cambio radical, escondido bajo una vulgaridad que también ataca los cimientos del papado, aunque sólo sea en estas cuestiones formales.

Desde este punto de vista, la algarabía mostrada por todos ante la elección, es un añadido más, aunque no es lo más importante. Si judíos, masones, periodistas de moda, y hasta el mismo Hans Küng se felicitan por la nueva etapa de la Iglesia que viene, es que algo importante está pasando en la Iglesia. Me temo que los adictos al ya Pontífice Emérito, tendrán que sacar de sus baúles nuevas camisas para adaptarse a la nueva situación.

En cualquier caso, estamos ante una continuidad. Aunque pueda parecer incomprensible para muchos. Aquí sí podemos hablar de una hermeneútica de la continuidad en los papas post-conciliares, aunque con formas externas diferentes, escoradas ya hacia lo vulgar y superficial.

Las fechas próximas nos irán dando nuevos datos. Hasta entonces nos toca rezar para que Dios siga guardando a su Iglesia. Pero desde luego, en cualquier caso, estamos ante una situación claramente preocupante.

Don Pelayo

Original de Tradición Digital

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