
PUNTOS SUSPENSIVOS…
La reacción de Syllabus y Non Possumus (¿?)
La respuesta
Hay gente que carece de sentido del humor. Y está bien, ¿qué se le va a hacer? No se pueden cambiar ciertas cosas. Pero eso no significa que uno deba quedarse callado…
La respuesta a su PUNTO FINAL no va a ser demasiado larga porque no tiene ningún sentido que lo sea.
Ya dicen ellos mismos que no leen este Blog para evitarse ciertos malestares estomacales, de manera que más que recomendarles una tizana no podemos hacer.
Imposible dejar de ver que hay, a pesar suyo, algunos excelentes chistes o gastadas: la de la solterona con sus encantos decaídos, o la mujer despechada, vendrían a serlo, si no fuese porque hemos notado algo de esa acritud que a estos Blogs parece desencantarlos. Por todo lo cual sospechamos que no hacen esas bromas sino a disgusto. Y eso está mal.
Es interesante que en el fárrago de pasajes intrascendentes del artículo que puede verse AQUÍ, se cite al P. Castellani; en especial esta cita:
«Es la soberbia religiosa: es la corrupción más sutil y peligrosa de la verdad más grande: la verdad de que los valores religiosos son los primeros. Pero en el momento en que nos los adjudicamos, los perdemos; en el momento en que hacemos nuestro lo que es de Dios, deja de ser de nadie, si es que no deviene propiedad del diablo».
Bueno, es innegable… pero lo que no entendemos es por qué razón Syllabus o Non Possumus o ambos han tenido que ser tan duros con ellos mismos. Hubiéramos dejado las cosas como estaban. No era necesario que se auto-flagelasen públicamente.
Lo decimos porque, en el mismo artículo afirman:
«Desde luego que no tenemos problema en complacerlos, y somos capaces de decir: sí, «Radio Cristiandad» es la primera que avistó que algo andaba mal en la Fraternidad. Sí, son los primeros en ver el problema de la Fraternidad…y los últimos capaces de solucionarlo».
Debe suponerse que en alguna parte debemos haber dicho, tal vez por descuido, que estábamos en condiciones de solucionar el problema de la Fraternidad… Pero no. NUNCA LO DIJIMOS. Antes bien, lo que siempre se ha sostenido desde Radio Cristiandad es que ese problema no tiene solución y que no existe solución humana posible a la crisis actual, la de la FSSPX en particular y la de la Iglesia en general.
Punto entonces en el cual Non Possumus y Syllabus se equivocan…, o mienten.
Y la razón de ese error o mentira no es otra que la consabida vocación «restauracionista» que los anima.
Todo ese agrupamiento de resistentes procura salvar lo que pueda ser salvado de la FSSPX para continuar adelante con las mismas premisas que significaron la caída de lo que buscan salvar.
Pero no hay modo de que alguien se los haga ver. No hay manera alguna, por lo cual desistimos.
Así que Non Possumus y Syllabus bien pueden remitirse a la cita del P. Castellani; bien pueden leerla y releerla e intentar sacar provecho de la misma. Dios quiera que esto sea así.
Ahora pasemos a San Pablo. Casi al final de su PUNTO FINAL hacen la siguiente reflexión:
No es difícil imaginar a estos detractores en aquellos primeros tiempos, diciendo desde el foro a viva voz: «¡Eh, ese Pablo de Tarso, recién ahora se dio cuenta de quién es Jesús, nosotros lo supimos antes que él! ¡Ojo con ese! ¡No lo escuchen, no es como nosotros! ¡Perseguía a los cristianos, seguro es un infiltrado! ¡No le crean, nosotros somos cristianos de la primera hora, ese es cómplice de los judíos!».
He aquí que San Pablo acaba de convertirse. San Pablo es recibido por aquellas primeras comunidades cristianas, apenas después, poco después de haber sido un implacable perseguidor de la Iglesia.
Pero caramba… San Pablo ¿acaso se expresó de este modo?:
«Lo que pensé, dije e hice en el judaísmo era incompleto, pero falso no…»
Si a San Pablo le hubiesen preguntado en aquellos momentos si él había aprobado las órdenes de la Sinagoga dirigidas a perseguir a los cristianos… ¿hubiera respondido algo como lo que sigue?:
«Sí… Sí… Sí… Creo que lo que escribí y pensé en aquel momento era, igualmente, incompleto. Pero quería, quería aprobar a los compañeros. Esto ha jugado un papel, creo, lo que escribí y pensé en aquel momento. Quería no ver que… que… Pffff…»
Veamos, entonces, lo que decía San Pablo:
«Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres» (Epístola a los Gálatas).
«Hermanos y padres, escuchad la defensa que ahora hago ante vosotros. Al oír que les hablaba en lengua hebrea guardaron más profundo silencio. Y dijo: Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. Yo perseguí a muerte a esta doctrina, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres…» (Hechos de los Apóstoles).
«No fui desobediente a la visión celestial, sino que primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén y por todo el país de Judea y también a los gentiles he predicado que se convirtieran y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión» (Hechos de los Apóstoles).
Queda claro que San Pablo sin vueltas ni rodeos, sin Pfff… ahhh… ehhh…, sin quizás, ni tal vez… SE ACUSA. No se autoindulgencia, sino que, sin benevolentes excusas, simplemente SE ACUSA.
Lo que San Pablo explica luego de su conversión es que, por la Gracia de Dios, «las escamas cayeron de sus ojos»; lo que San Pablo dice es que, en medio de sus trabajos contra la secta cristiana, «cayó en tierra y oyó una voz que le decía: Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? El respondió: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer».
Decimos esto solamente para que Syllabus y Non Possumus, que han citado a San Pablo, lleven a cabo el mismo ejercicio y, de paso, prolonguen los frutos que se seguirán seguramente, dándole ejemplo de este modo a su mentor, Mons. Williamson.
De los restantes agravios de los que hace «gala» Syllabus, y que Non Possumus se complace en reproducir, así como de la impropia aplicación que hacen de las «Sentencias» de San Isidoro de Sevilla no tenemos absolutamente nada que decir. Salvo aquello del Salmo 39:
«En cuanto a mí, soy pobre y miserable,
Pero el Señor cuida de mí.
Mi amparo y mi libertador eres Tú;
¡Dios Mío, no tardes!»
