ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI: AGOSTO 2012 – VISIÓN 11 (EL ANTICRISTO Y EL PSEUDOPROFETA) Y VISIÓN 12 (LAS VÍRGENES Y EL CORDERO) – TEXTO CENTRAL

Presentamos a continuación el texto central del trabajo de este Especial de Radio Cristiandad con el P. Juan Carlos Ceriani, correspondiente a su visita del mes de agosto 2012.

Especial sobre el Apocalipsis

Agosto 2012

Primera Parte:

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Segunda Parte:

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Se acompaña el mismo con 3 anexos en texto (haga click en cada uno para ser redirigido):

1 – Daniel VII: La Visión de las Cuatro Bestias, con comentarios de Mons. Straubinger

2 – Castellani: El Apokalypsis de San Juan: Excursus K: El carácter del Anticristo

3 – Y del P. Lacunza: Sobre las 4 Bestias, El Anticristo y el Pseudoprofeta.

RESUMEN E INTRODUCCIÓN

Como de costumbre, insisto en que es muy útil, e incluso necesario, seguir el Plan del Apocalipsis, así como el Gráfico hecho en base a los comentarios del Padre Castellani. Ustedes los tienen, respectivamente, en:

http://es.scribd.com/doc/83265556/Plan-Del-Apocalipsis

https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2012/03/grafico-del-apocalipsis-ipg.jpg

Conforme a ese Plan, ya hemos avanzado bastante en el estudio del Objeto de las Decisiones Divinas (contenidas en el Libro de las Visiones), que se compone de cinco cuadros y abarca desde el capítulo V hasta el versículo 5 del capítulo XXII = lo que los autores y comentadores denominan el Drama del Fin de los Tiempos.

Entre esas Decisiones Divinas tenemos Las Tribulaciones que vendrán, en tres cuadros, pues tienen tres orígenes distintos:

* unas son de Parte de Dios: los Siete Sellos y la Signación de los Elegidos

* otras son de Parte de Jesús, obtenidas por sus Santos: la Visión de Las Siete Trompetas

* las últimas son de Parte del Demonio.

En julio, con el Padre Grosso, hemos visto la Séptima Trompeta (que forma parte de las Tribulaciones de Parte de Jesús, obtenidas por sus Santos) y comenzamos a ver las últimas Tribulaciones, que son de Parte del Demonio: el Primer Cuadro = El Arca de la Alianza y la Mujer revestida del Sol; y el Segundo Cuadro = El Dragón y sus enemistades.

En estos Especiales del mes de agosto debemos considerar los siguientes tres cuadros, es decir:

Tercer Cuadro = La Bestia del Mar

Cuarto Cuadro = La Bestia de la Tierra

Quinto Cuadro = El Cordero y los 144.000 Vírgenes.

Es decir, las Visiones 11ª y 12ª de las veinte en que divide el Padre Castellani al Libro del Apocalipsis.

Las Tribulaciones que estamos considerando son introducidas por la malicia del Demonio: ¡Ay de la tierra y del mar! porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo, dicen los Ángeles a los hombres (XII, 12).

Los tres capítulos que contienen estas Tribulaciones concretizan la palabra de Dios dada a la serpiente en el Paraíso: Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje; ella te aplastará la cabeza, mientras que tú acecharás su calcañar (Génesis III, 15).

San Juan desarrolla este duelo en siete cuadros, a los cuales denomina signos.

En los dos primeros, presenta a los dos adversarios: la Mujer y el Demonio.

En los cuatro siguientes, describe los esfuerzos de la raza de Satán y el contraataque victorioso del linaje de la Mujer:

El tercero y el cuarto (Visión 11ª) muestran, en efecto, las dos máquinas de guerra salidas del pensamiento diabólico: La Bestia del mar y la Bestia de la tierra.

El quinto (Visión 12ª) y el sexto (Visión 13ª) muestran el triunfo del Cordero y los trabajos de los otros hijos de la Mujer.

Finalmente, el séptimo signo (Visión 14ª) despliega el triunfo de Cristo bajo la imagen de la cosecha de los elegidos y la vendimia de los réprobos.

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11ª VISIÓN

LAS DOS FIERAS
(XII: 17 y XIII)

A)
Tercer Cuadro:
La Bestia del Mar

12 17 Y se enfureció el Dragón contra la Mujer, y se fue a hacer guerra contra el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús. 18 Y apostóse sobre la arena del mar.

13
1 Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas nombres de blasfemia. 2 La Bestia que vi era semejante a una pantera; sus patas eran como de oso, y su boca como boca de león; y el Dragón le pasó su poder y su trono y una gran autoridad. 3 Y yo vi una de sus cabezas como si se le hubiese dado muerte; mas fue sanada de su golpe mortal; y maravillóse toda la tierra, y se fue en pos de la Bestia. 4 Y adoraron al Dragón, porque había dado la autoridad a la Bestia, y adoraron a la Bestia diciendo: «¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede hacerle guerra?» 5 Y se le dio una boca que profería altanerías y blasfemias, y le fue dada autoridad para hacer su obra durante cuarenta y dos meses; 6 Abrió, pues, su boca para blasfemar contra Dios; blasfemar de su Nombre, de su morada y de los que habitan en el cielo.
7 Le fue permitido también hacer la guerra a los santos y vencerlos; y la fue dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua y nación. 8 Y lo adorarán
[al Dragón]
todos los habitantes de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero inmolado. 9 Si alguno tiene oído, oiga. 10 Si alguno ha de ir al cautiverio, irá al cautiverio; si alguno ha de morir a espada, a espada morirá. En esto está la paciencia y la fe de los santos.

1º) Su aspecto

1 La Bestia tiene siete cabezas y diez cuernos, como el Demonio que la suscitó, es decir, más de pasión que de razón. Pero, a diferencia del Demonio, que lleva siete diademas sobre sus cabezas (12 3: Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón de color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas), la Bestia tiene diez diademas sobre sus diez cuernos, puesto que ella pondrá su gloria en su violencia.

Sobre sus cabezas, en lugar de diademas, tiene nombres de blasfemia, puesto que toda su inteligencia será mechada del peor de los errores, la idolatría.

2 La Bestia que vi era semejante a una pantera; sus patas eran como de oso, y su boca como boca de león

Monseñor Straubinger comenta: Esta primera Bestia (cfr. 11,7: Y cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará guerra, los vencerá y les quitará la vida; y 17,3: Y vi una mujer, sentada sobre una bestia purpúrea, repleta de nombres de blasfemias, que tenía siete cabezas y diez cuernos) es, según sentencia común, el símbolo de las potencias que luchan contra el Reino de Dios, o la encarnación del Anticristo con sus secuaces.

La unión de elementos tan disímiles en la misma bestia significa que las tendencias más opuestas entre sí se unirán para destruir la obra del Redentor, engañando a los desprevenidos con apariencia de piedad y de paz.

La historia de la Iglesia es ya una prueba de ello, porque «el misterio de iniquidad» obra desde el principio como enseña San Pablo y el mismo San Juan.

Pero aquí se trata de la crisis final de este misterio, llevado a su colmo con el endiosamiento del hombre en forma no ya disimulada como hasta entonces en aquel misterio, sino abierta, desembozada y triunfante.

2º) Su acción

2 … y el Dragón le pasó su poder y su trono y una gran autoridad.

3 Y yo vi una de sus cabezas como si se le hubiese dado muerte; mas fue sanada de su golpe mortal; y maravillóse toda la tierra, y se fue en pos de la Bestia.

Monseñor Straubinger comenta: La apostasía general no debe llenarnos de pasmo, pues es anunciada por Jesucristo y por los Apóstoles como antecedente del Anticristo y preludio del triunfo de nuestro Redentor.

Siempre quedará un pequeño grupo de verdaderos y fieles cristianos, la «pequeña grey», aun cuando se haya enfriado la caridad de la gran mayoría, al extremo de que si fuera posible serían arrastrados aun los escogidos.

Jesucristo nos enseña que serán librados sus amigos, los que velen guardando su palabras y profecías «como una lámpara en lugar oscuro hasta que amanezca el día».

4 Y adoraron al Dragón, porque había dado la autoridad a la Bestia, y adoraron a la Bestia diciendo: «¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede hacerle guerra?»

5 Y se le dio una boca que profería altanerías y blasfemias, y le fue dada autoridad para hacer su obra durante cuarenta y dos meses;

Monseñor Straubinger comenta: Lo mismo se dice del pequeño cuerno en Daniel 7,8, que, en sentir de muchos autores patrísticos y modernos, es el Anticristo o lo representa.

Dios permite esta persecución. Sin ello claro está que no se concebiría su momentánea victoria ni la fuerza con que vencerá a los santos.

Cuarenta y dos meses, espacio que corresponde a los 1260 días de 11,2-3, a los tres tiempos y medio de 12,14.

Buzy, citando a Daniel 9,27, hace notar que este hecho pertenece a la última semana de Daniel.

Gelin observa igualmente que el texto viene de Daniel 7,25 y 12,7.

Notemos que el profeta Daniel hace durar la tribulación mil doscientos noventa días, o cuarenta y tres meses, mientras que San Juan, en su Apocalipsis, sólo le da la duración de mil doscientos sesenta, esto es treinta días menos.

Dice el Padre Lacunza: «Esta dificultad me tuvo en otro tiempo no poco embarazado, hasta que me acordé de aquellas palabras de Cristo (Mt. XXIV, 22): «Y si aquellos días no fueren acortados, nadie se salvaría; más en razón de los elegidos serán acortados esos días». Como San Juan escribió después de esta profecía y promesa de Cristo, pone ya abreviado el tiempo de esta gran tribulación; y así quita treinta días al tiempo que debía durar según la profecía de Daniel. En una pestilencia, o incendio tan grande y tan universal ¿os parece pequeña misericordia apagar el fuego treinta días antes de lo que debía durar, para que no perezca toda carne?» (III Parte, cap. V, Adición).

Si la interpretación de Padre Lacunza es correcta, lo que Nuestro Señor nos quiso mostrar con el acortamiento de los días de la gran tribulación es cuán terrible va a ser, ya que, de durar treinta días más, nadie escaparía de las manos del Anticristo, ni si quiera los elegidos.

6 Abrió, pues, su boca para blasfemar contra Dios; blasfemar de su Nombre, de su morada y de los que habitan en el cielo.
7 Le fue permitido también hacer la guerra a los santos y vencerlos; y la fue dada autoridad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua y nación. 8 Y lo adorarán
[al Dragón]
todos los habitantes de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos, desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero inmolado.

Dios y los santos son blasfemados por la Bestia.

Además, una guerra es desatada contra los santos, en la cual son vencidos, sus cuerpos caen bajo los suplicios, mientras sus almas vuelan al Cielo.

Tal es el triunfo de la Bestia, que ella es adorada por los hombres de abajo, los cuales, desde el origen del mundo, no tienen otra habitación que la tierra, otro culto que las pasiones. Ella es adorada por hombres relajados, cuyos nombres no estarán jamás inscritos en el Libro de honor y de la Vida del Héroe de los héroes, el Cordero Inmaculado, Cristo Rey.

Monseñor Straubinger comenta: Para obtener esta gloria y poder del Anticristo sobre todo el mundo, que le serán dados por el Dragón precipitado a la tierra, el Anticristo habrá hecho sin duda ese actos de adoración del diablo que Jesús negó a este, y a cambio del cual Satanás le prometía ese mismo poder y gloria que él tiene como príncipe de este mundo.

3º) Su castigo

9 Si alguno tiene oído, oiga. 10 Si alguno ha de ir al cautiverio, irá al cautiverio; si alguno ha de morir a espada, a espada morirá. En esto está la paciencia y la fe de los santos.

La Bestia y sus secuaces serán castigados por allí por donde han pecado. Y esto será la recompensa de la fe y de la paciencia de los santos.

El texto está tomado de Jeremías 15,1-2:
Y me dijo Yahveh: Aunque se me pongan Moisés y Samuel por delante, no estará mi alma por este pueblo. Échales de mi presencia y que salgan. Y como te digan: « ¿A dónde salimos? », les dices: Así dice Yahveh: Quien sea para la muerte, a la muerte; quien para la espada, a la espada; quien para el hambre, al hambre, y quien para el cautiverio, al cautiverio.

Según Straubinger, no se trata aquí de que el que a hierro mata a hierro muere, sino de que no hemos de rebelarnos contra las persecuciones, las cuales en el plan divino están destinadas a manifestar y perfeccionar a los santos. Para un cristiano el lema no es, como para el mundo, fuerza contra fuerza, sino paciencia y firmeza en la fe. De ahí que no sea en el terreno del mundo donde hemos de desafiarle, pues vemos que en él siempre vencerán ellos. Nuestra armas son las espirituales, según nos enseña Dios en la Sagrada Escritura.

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Comentario del Padre Castellani:

Comienza la «historia del Anticristo», con sus prestigios, su reinado y su desastre, seguida del triunfo de Cristo y su Reino; es decir, el fin catastrófico intrahistórico de la humanidad junto con el fin triunfal extrahistórico. De esos dos elementos contrarios se compone la esjatología cristiana.

El iluminismo arrojó por la borda la esjatología cristiana junto con toda religión positiva, haciendo suyos el deísmo y el liberalismo religioso, hijos de la Reforma, y se burló del Anticristo, del demonio y de todos los demás «mediovalismos».

El resultado fue que cayó en una esjatología espuria, andrajo ridículo de la cristiana, resultado de la desintegración iluminista de la cosmovisión cristianorrevelada. Se compone de dos esjatologías opuestas, fragmentos de la síntesis cristiana: a) la optimista del progreso inevitable y el próximo triunfo mundial de la razón, suprimida la agonía y, en el fondo, la existencia del mal: profetiza la Paz perpetua, el glorioso reino de la Ley y el triunfo espléndido del Progreso; b) la pesimista, el nihilismo que predomina en nuestros días, después que dos guerras atroces hicieron grotescos los sueños borrachos de los pseudoprofetas eufóricos y románticos; su refugio desesperado radica en la esperanza del Superhombre, la cual no es más que la programación del Anticristo.

La esjatología cristiana está forjada de dos piezas contrarias y correspondientes, que forman la historia sobrenatural del hombre: a) las fuerzas intrahistóricas que dependen de su albedrío; b) las intervenciones metahistóricas de los planes inconmovibles de Dios. Y aquí entran a jugar el Anticristo y la Parusía, como antes el diluvio o la redención.

Esas dos piezas corresponden a la esencia creada del hombre: ni él se ha dado la vida, ni la conserva con sus propias fuerzas; puede solamente orientar su movimiento incesante, la mano en el gobernalle y aguijoneando desde fuera.

Las dos partes inseparables de la Teología fermentaron y se pudrieron en las manos de los sedicentes antiteólogos. Las dos corrupciones ideológicas perduran en el ateísmo contemporáneo, esperando la hora que el Anticristo las reúna en amalgama perversa.

La poesía se encargó de propalar estas visiones insensatas:

Vino primero la literatura eufórico-progresista. Víctor Hugo puede darse como el cantor de la solución intrahistórica del movimiento de la Humanidad. Canta las nupcias de la Humanidad y no las del Cordero, en virtud del liberalismo y de esa religión informe del Hombre, la Libertad y el Progreso.

Después viene la literatura de pesadilla, que predomina en nuestros días, sin que elimine del todo a su gemela y enemiga. Predomina hoy la desesperación pagana.

Cuando venga el Anticristo no necesitará más que tomar a Kant y Nietzsche como base programal de su religión autoidolátrica. Son sus profetas.

«Y apostóse sobre la arena del mar. Y vi surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas nombres de blasfemia».

«Y apostóse [el dragón] sobre la arena del mar». Hay una variante improbable del texto en pocos códices y menos autorizados, que tampoco de un mejor sentido, sino al contrario, dice: «Y me aposté yo [Juan] en la orilla del mar». Probablemente se trata de un error de copista: el aoristo pasivo «estáteen» en lugar de «estáthee» (PBB, p. 239-240).

Es el dragón el que incuba con sus ojos las olas del mundo mundano para suscitar de ellas con su poder la bestia del mar, distinta de la bestia de la tierra, que aparece más tarde y surge de lo firme, que significa lo religioso en contraposición a lo mundano.

La bestia del mar es la última fiera de Daniel, en el capítulo VII (1ª= león con alas de águila; 2ª= oso; 3ª= leopardo con cuatro alas de ave; 4ª= espantosa y terrible y extraordinariamente fuerte, que tenía grandes dientes de hierro; era diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos).

San Juan añade siete cabezas; Daniel apuntó solamente diez cuernos. De este modo, cuatro cuernos deben estar en una cabeza, quizás, porque Daniel dice que el Anticristo abatirá a tres reyes cercanos y los otros se le someterán.

El significado exacto de «theríon» es fiera, que nuestras versiones traducen bestia, sobreentendiendo feroz.

Es el Anticristo. El nombre lo adujo San Juan. San Pablo lo llama A’nomos, es decir, hombre sin ley. Jesucristo no lo nombró sino con el nombre de «el Otro»: «He venido en el nombre de mi Padre y no me habéis recibido; otro vendrá en su propio nombre y lo recibiréis» (Io. 5:43).

Todos los Santos Padres vieron en el Anticristo o Fiera del Mar una persona humana, no un demonio o un cuerpo moral. Es fácil de ver que las dos cosas, un movimiento y un hombre, de suyo no se excluyen necesariamente: San Pablo habla de algo que ataja la manifestación y el triunfo del Anticristo, cuyo espíritu, sin embargo, ya entonces está en obra. Es una ley de la historia que las Cabezas o Caudillos son engendrados por un movimiento, al cual, a su vez, ellos organizan e informan, en causalidad recíproca.

Todos los antiguos escritores eclesiásticos transmitieron que en la consumación del siglo, cuando el Orden Romano será destruido, habrá diez reyes (o varios reyes) que llama la Escritura los «diez cuernos de la fiera», que procederán del mundo románico pero no serán emperadores romanos; que el mundo románico destruirán; y de entre ellos surgirá el Anticristo, el Cuerno o Poder undécimo.

Un «cuerno pequeño», es decir, un rey oscuro y plebeyo, que crecerá quizás de golpe de en medio de ellos y a la vez como fuera de ellos, porque es el undécimo, el apéndice, fuera del número perfecto y del orden consuetamente admitido; un inmiscuido entre las naciones; el cual vencerá a tres reyes, los mayores o los más cercanos. Y los otros se le someterán.

El Anticristo no será un demonio, sino un hombre demoníaco:

* parece será de origen judío;

* subido al poder por demagogia, intrigas, maquiavelismo y los más fríos y calculados crímenes;

* reinará apoyado en el Asia y sujetará al Occidente;

* también parece que los judíos lo recibirán y serán como su guardia de corps y el instrumento de su potencia, al principio al menos;

* tendrá «ojos como de hombre», levantados con la plenitud de la ciencia humana, y hará gala de humanidad y humanismo;

* aplastará a los santos y abatirá la Ley, tanto la de Cristo como la de Moisés;

* triunfará tres años y medio hasta ser muerto no por mano de hombre;

* hará imperar la «abominación de la desolación», o sea, el sacrilegio máximo;

* será soberbio, mentiroso y cruel, aunque se fingirá virtuoso;

* fingirá quizás reconstruir el Templo de Jerusalén para ganarse a los judíos;

* mas en todo caso, para sí mismo y para su ídolo Maozin lo reedificará;

* idolatrará la fuerza y el poder bélico, que eso significa el nombre Moazin, quizás adorando al mismo demonio Mavorte o Marte que adoraron los paganos;

* pero él será ateo y pretenderá recibir honores divinos;

* fingirá haber resucitado de entre los muertos;

* reducirá a la Iglesia a su extrema tribulación, al mismo tiempo que fomentará una falsa iglesia;

* matará a los profetas y tendrá a su lado una manga de profetoides, de vaticinadores y cantores del progresismo y de la euforia de la salud del hombre por el hombre, hierofantes que proclamarán la plenitud de los tiempos y una felicidad nefanda;

* perseguirá sobre todo la predicación y la interpretación del Apocalipsis;

* odiará con furor la simple mención de la Parusía;

* en su tiempo habrá verdaderos monstruos que ocuparán cátedras y sedes, ya pasarán por varones píos, religiosos e incluso santos;

*
abolirá de modo completo la Santa Misa y el culto público durante 42 meses;

* impondrá por la fuerza y el engaño, por el control de un Estado policíaco y las más acerbas penas, un culto malvado, que implicará en sus actos apostasía y sacrilegios, y en ninguna región del mundo podrán escapar los hombres a la coacción de ese culto;

* suprimirá, combatirá o bien falsificará todas las otras religiones;

* no impugnará al cristianismo en nombre del cristianismo, pero aprovechará y reducirá a sí mismo todo el cristianismo falsificado que encontrará entonces;

* San Victorino mártir asevera netamente que «la Iglesia será quitada» («de medio fiet»), pero eso no significa que será extinguida del todo y absolutamente como lee Domingo Soto, sino su desaparición de la sobrehaz de la tierra y su vuelta a unas más oscuras y hórridas catacumbas;

* tendrá por todas partes ejércitos potentes, disciplinados y crueles;

* impondrá por todas partes el reino de la iniquidad y la mentira, el gobierno puramente exterior y tiránico, la libertad desenfrenada de placeres y diversiones, la explotación del hombre, y su propio modo de proceder hipócrita y sin misericordia;

*
habrá en su reinado una estrepitosa alegría falsa y exterior, cubriendo la más profunda desesperación;

* en su tiempo acaecerán los más extraños disturbios cósmicos, como si los elementos se desencuadernarán, que él pretenderá dominar con su potencia;

* tendrá poder de hacer cosas portentosas;

* la humanidad estará en la más intensa expectativa, y la confusión y disipación más grande reinará entre los hombres;

* rotos los vínculos de familia, amistad, lealtad y consorcio, los hombres no podrán fiarse de nadie y recorrerá el mundo un universal y despiadado «sálvese quien pueda»;

* se atropellará lo más sagrado, y ninguna palabra tendrá fe, ni pacto alguno vigor, fuera de la fuerza;

* la caridad heroica de algunos fieles, transformada en amistad hasta la muerte, mantendrá en el mundo los islotes de la fe, pero ella misma estará de continuo amenazada por la traición y el espionaje;

* ser virtuoso será un castigo en sí mismo, y como una especie de suicidio;

* después de su caída, parece tendrán los hombres por lo menos 45 días para hacer penitencia;

* a la caída del tirano, tendrán los fieles libertad, pero, atónitos, derrotados y dispersos, no se reorganizará la predicación ni, por ende, la fe sino pasado algún tiempo;

* la sombría doctrina del bolchevismo no será la última herejía, sino su etapa preparatoria y destructiva, y el bolchevismo será integrado en ella;

* la última herejía será optimista y eufórica, mesiánica.

Sobre el Anticristo tenemos cuatro puntos ciertos:

1º: negará que Jesús es el Salvador Dios (I Io. 2:22-23).

2º: se erigirá como salvador absoluto de la humanidad (I Io. 5:10-12).

3º: se divinizará (II Tess. 2:4).

4º: suprimirá, combatirá o bien falsificará todas las otras religiones (Dan. 6:6-9).

Que vendrá de los judíos, y será dellos, en parte al menos, recibido como Mesías; que será judío de nacimiento y circunciso, que observará el Sábado al menos por un tiempo, que su ciudad capital será Jerusalén… Belarmino lo da como «cierto», y Lactancio, Jerónimo, Teodoreto, Ireneo como «probable»; no está en la Escritura.

No impugnará al Cristianismo en nombre del cristianismo, como Lutero y sus secuaces; pero aprovechará y reducirá a sí mismo todo el cristianismo falsificado que encontrará entonces.

No será rey hereditario, subirá desde el suelo y obtendrá la púrpura por fraude y homicidios; reinará apoyado en el Asia y sujetará al Occidente. Gog es un rey y Magog es su tierra; y los hebreos entendieron siempre por el nombre de Magog a los Escitas, «tan blancos como crueles»; es decir, la gente del Cáucaso y más allá de los Urales; pero el ejército de Magog se compondrá de toda la tierra, pues el profeta Ezequiel enumera en él nominalmente a los Persas, los Etíopes, los Hispanos («Tubal») y los nórdicos («Togorma»).

No es seguro que Gog y Magog representen al Anticristo; yo personalmente no lo creo. Pero hay toda una sección de la exégesis que los identifica. Cuestión abierta.

El hará portentos tales, mentirosos y embaidores, que pasmará a los hombres. La Escritura pone ejemplos concretos: hacer caer fuego del cielo; hacer hablar a la imagen de la Fiera; y quizás una muerte y resurrección amañada; pero nada dice, ni decir podría, acerca del modo dellos.

Estos portentos están ya casi al alcance de la moderna «Ciencia» —que cada día es menos ciencia y más magia, y magia negra por cierto; porque la moderna tecnología o tecnogogía se está moviendo más y más fuera de la órbita del conocimiento de Dios y del hombre y hacia el dominio utilitario y temerario de las fuerzas cósmicas; y aun hacia la destrucción y el estupro del Universo. Los hodiernos «Sabios» se han despojado hace mucho del respeto a los senos de la Natura, que hacía a los griegos por ejemplo —testigo Aristóteles— prohibir la disección de cadáveres; y están invadiendo el dominio de los ángeles, guiados quizás por uno dellos…

¿Roma será destruida? No lo sabemos. Puede ser, conforme a la letra de una descripción apokalyptica, y puede que no, si esa descripción se refiere solamente al «typo» y no al «antitypo». Pero el Orden Romano sí será destruido.

«Digo que el nombre romano, con el cual hoy se rige el orbe (me horroriza decirlo pero lo diré, pues ha de suceder) será quitado de la tierra; y el Imperio volverá al Asia y de nuevo dominará el Oriente; y el Occidente servirá…», dice Lactancio y lo sigue San Agustín, interpretando a San Pablo, en el Capítulo 1 del libro XX de De Civitate Dei.

San Victorino Mártir netamente asevera que «la Iglesia será quitada» («de medio fiet»); pero eso no significa que será extinguida del todo y absolutamente, como lee Domingo Soto, O.P.; sino su desaparición de la sobrehaz de la tierra, y su vuelta a unas más oscuras y hórridas catacumbas.

Todo lo demás son conjeturas bordadas con más o menos inteligencia por los exegetas; pero esto que va arriba está en la Escritura o la Tradición literalmente.

Todo lo aquí puesto está en la Sagrada Escritura y en la Tradición, la cual a su vez se refiere a la Escritura. Las conjeturas y fantasías, plausibles o no, han sido dejadas caer. La enseñanza de la Iglesia en sus Doctores se ha preocupado siempre del Anticristo; y no se puede decir que en vano: aunque a través de garabatales de maleza, la profecía ha ido aclarándose.

Si a un hombre de hoy día se le habla del Anticristo, no le interesa o a lo mejor se sonríe. Pero dígasele: guerra total, Estado totalitario, rendición incondicional, dictadura del proletariado, listas negras, bombas nucleares, judaísmo, nazismo, comunismo, imperio mundial y no puede menos de parar la oreja. Pues bien, «mutato nomine, de te —Fábula narratur…». Lo único mudado son las palabras.

«La bestia que vi era semejante a un leopardo; sus patas eran como de oso, y su boca como boca de león».

La fiera de San Juan es un compuesto de las cuatro fieras de Daniel: «la recapitulación de la herejía» la llama San Ireneo. San Juan las enumera en orden inverso, quizás porque la religión herética del Anticristo parte de la última para llegar a la primera, el paganismo.

El grito «¿Quién como la bestia?» es la parodia y contraparte del grito de San Miguel en el Cielo. La lucha perenne entre el Mal y el Bien es el tema central de la historia del hombre, y todos los acontecimientos no adquieren sentido sino en referencia a ese combate. Ahora esa contienda ha llegado a su resolución.

La cabeza herida es uno de los reinos del Anticristo, y al mismo tiempo el mismo Anticristo, pues más adelante San Juan lo llama «la bestia que tiene la herida de muerte y vivió» (13:14). Esta nota, que va a ser el tema principal de la prédica propagandística del Pseudoprofeta o Segunda Fiera, no sabemos qué será. Algunos Padres, basándose en un oscuro versículo de Daniel, dijeron que habría de sufrir una gran derrota bélica y después rehacerse con más fuerza; otro: que queriendo parodiar la Resurrección de Cristo, se va a fingir primero muerto y después resurgido, como Simón el Mago.

Lo más plausible es que se refiera a la restauración de un antiguo imperio muerto, que más tarde el Profeta predice del Anticristo: nominalmente el Imperio Romano, como piensa la mayoría de los Padres.

San Juan reporta casi literalmente las obras del Anticristo según Daniel, resumiéndolo: su ánimo sacrílego; el tiempo breve de su dominio; su poder de vencer a los fieles; su universal hegemonía; terminando con una alusión osada al martirio de Jesucristo, el cual habrán de imitar entonces los cristianos. Contrapone, pues, la falsa resurrección del Anticristo a la verdadera de Cristo.

«Si un pavor religioso no me impidiera poner los ojos en esos tiempos formidables, no me sería difícil apoyar en poderosas razones de analogía la opinión de que el gran imperio anticristiano será un colosal reino demagógico, regido por un plebeyo de satánica grandeza, que será el Hombre de Pecado» (Donoso Cortés).

«El que tenga oídos, oiga. «Si alguno ha de ir al cautiverio, irá al cautiverio; si alguno ha de morir a espada, a espada morirá». En esto está la paciencia y la fe de los santos».

La mayoría de los intérpretes entendió este epifonema de San Juan en el sentido de la palabra de Jesucristo: «El que usa la espada, perecerá a espada» = los cautivadores serán a su vez cautivados. En esa fe se afirma la paciencia de los Mártires.

Mas algunos lingüistas hoy dan la traducción, poco probable, de: «los que sean llevados al cautiverio, que vayan no más; y también los condenados a muerte por Cristo», por considerar ese sentido más conforme a la «Paciencia». Mas eso no sería ningún «misterio» ni novedad; y sobra entonces el «Tiene oídos alguno, oiga», que siempre indica misterio.

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B)
Cuarto Cuadro:
La Bestia de la Tierra

11 Y vi otra Bestia que surgía de la tierra. Tenía dos cuernos como un cordero, pero hablaba como dragón. 12 Y la autoridad de la primera bestia la ejercía toda en presencia de ella. E hizo que la tierra y sus habitantes adorasen a la primera Bestia, que había sido sanada de su golpe mortal.

13 Obró también grandes prodigios, hasta hacer descender fuego del cielo a la tierra a la vista de los hombres. 14 Y embaucó a los habitantes de la tierra con los prodigios que le fue dado hacer en presencia de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que debían erigir una estatua a la bestia que recibió el golpe de espada y revivió. 15 Se le concedió animar la estatua de la bestia, de suerte que la estatua de la bestia también hablase e hiciese quitar la vida a cuantos no adorasen la estatua de la bestia.

16 E hizo poner a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, una marca impresa en la mano derecha o en la frente, 17 a fin de que nadie pudiese comprar ni vender si no estaba marcado con el nombre de la bestia o con el número de su nombre.

18 ¡Aquí está la sabiduría!: quien tiene entendimiento calcule la cifra de la bestia. Porque es cifra de hombre: su cifra es seiscientos sesenta y seis.

El otro seductor y tirano del mundo, que más tarde San Juan llamará el «pseudoprofeta» (16:13, 19:20 y 20:10), tiene un carácter religioso: «semejante al Cordero» y surge de la tierra firme, la Religión.

Esta fiera es la que hace que todo el mundo adore a la primera. Sirve a la primera, y ambas al Dragón.

Y tiene también poderes taumatúrgicos: ella hace los prodigios a que se refirió San Pablo cuando dice del Anticristo: La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad (II Tess., 2,9-12).

Pieper dice que esta Fiera representa la Propaganda Sacerdotal del Anticristo.

Todo un sistema de pensamiento que sustituye al ideal divino un ideal terrestre: estatolatría y culto de la humanidad, para hacerle adorar.

Dos características fundamentales: la apostasía y el endiosamiento del hombre, tanto en el aspecto religioso como en el político.

El jefe de esa propaganda es un hombre religioso y a la vez un ingeniero electrónico.

Solovief lo corporizó en la figura de un obispo asiático, una especie de genio religioso, ducho en ciencia moderna y a la vez en la magia y fakirismo del Oriente; el cual se pone primero a hurtadillas y después abiertamente al servicio del Emperador Plebeyo.

A este apóstata, por presión del Emperador, el penúltimo Papa lo nombra Cardenal, mientras el último lo execra pero nada puede contra él. Notable imagen, apoyada incluso en que algunos intérpretes vieron en «los dos cuernos como de un cordero» una mitra de Obispo.

«Y la autoridad de la primera bestia la ejercía toda en presencia de ella», o sea, la actuaba, la representaba, la volvía efectiva y convincente, cosa propia de la propagada; que sabemos qué poder tiene hoy día; el cual se acrecentará a medida que aumente la cretinización de las masas y la perfección de los instrumentos técnicos de difusión.

Esta historia de una religión falsa, falseada, falsificada, falluta, la veremos recurrir de nuevo en la Visión 16ª, la Gran Ramera. La tal religión fornicaria es necesaria para que pueda surgir el culto sacrílego del Anticristo, «hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios», según predice San Pablo. Lo cual llama Daniel «la abominación de la desolación», y lo repite Jesucristo.

Obró también grandes prodigios…, No verdaderos milagros, pero tampoco ficciones o prestidigitaciones. Los dos ejemplos que pone San Juan los puede hacer hoy día la ciencia moderna, o sea la técnica: con la bomba atómica y la televisión satelitar.

Nos quedamos boquiabiertos y enajenados detrás de la Religión de la «Ciencia» actual; que cuando es buena lo más que puede otorgarnos es «confort»; y cuando no, puede destruir el mundo, después de haberlo engañado.

… una marca impresa en la mano derecha o en la frente… Las «listas negras», ya conocidas, serán universales y totalitarias. Los perseguidos no tendrán el recurso de emigrar ni refugiarse en embajadas con derecho de asilo. El poder absoluto en una sola mano significa el arrancamiento de raíz de toda libertad: cuando el poder cae en manos de uno solo, el mundo entero se convierte en una cárcel para sus enemigos sin posibilidad de fuga.

… es cifra de hombre: su cifra es seiscientos sesenta y seis. El 666 es una gematía, usual entre los pueblos del Mediterráneo, sobre todo los hebreos. Como en hebreo y en griego (también en latín) los números se expresan con letras, ponían nombres con números.

Quizás tenga un carácter sacrílego u obsceno que los cristianos no podrán aceptar.

Después de esto, San Juan entra decididamente en la predicción del fin, del tiempo parusíaco. El escenario se hace una mezcla del Cielo y la Tierra; el Bien y la Maldad luchan a cara descubierta, y aparecen en primer plano los personajes principales: la Iglesia, el Demonio, el Anticristo y Cristo.

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12ª VISIÓN

LAS VÍRGENES Y EL CORDERO
(XIV: 1-5)

Quinto Cuadro

Recordemos que las Tribulaciones que estamos considerando son introducidas por la malicia del Demonio y que ellas concretizan la palabra de Dios dada a la serpiente en el Paraíso: Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje; ella te aplastará la cabeza, mientras que tú acecharás su calcañar.

De los siete cuadros (signos) que presenta San Juan, los dos primeros presentan a los adversarios: la Mujer y el Demonio.

El tercero y el cuarto (Visión 11ª) muestran las dos máquinas de guerra salidas del pensamiento diabólico: La Bestia del mar y la Bestia de la tierra.

Ahora debemos considerar el quinto cuadro o signo (Visión 12ª), que deja ver el triunfo del Cordero.

En el mes de septiembre, Dios mediante, consideraremos el sexto signo (Visión 13ª), es decir, los trabajos de los otros hijos de la Mujer, y, finalmente, el séptimo signo (Visión 14ª), que despliega el triunfo de Cristo bajo la imagen de la cosecha de los elegidos y la vendimia de los réprobos.

Todo esto constituye la predicción del triunfo de los buenos y el castigo de los malos. Este vaticinio es presentado bajo la forma de tres cuadros muy consolantes y reconfortantes, destinados a fortificar a los creyentes que podrían desanimarse por las terribles perspectivas descritas en los capítulos XII y XIII.

Las visiones consoladoras de este género no faltan jamás en el Apocalipsis, a continuación de predicciones sombrías.

Como de costumbre, después de habernos mostrado los males tramados por el Demonio, San Juan nos hace elevar los ojos al Cielo para contemplar un espectáculo reconfortante: Cristo Rey y sus conquistas. A las dos Bestias prosigue el Cordero, de pie, rodeado de 144.000 almas:

14
1 Y miré, y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con él 144.000 que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

2 Y oí una voz del cielo, semejante a la voz de muchas aguas, y como el estruendo de un gran trueno; y la voz que oí se parecía a la de citaristas que tañen sus cítaras. 3 Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender el cántico, sino los 144.000, los rescatados de la tierra. 4 Estos son los que no se contaminaron con mujeres, porque son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero a dondequiera que vaya. Estos fueron rescatados de entre los hombres, como primicias, para Dios y para el Cordero. 5 Y en su boca no se halló mentira; son inmaculados.

San Juan los escucha cantar. Por la multitud, habría creído oír el rumor del océano y miles de olas, o la tempestad rugiendo; pero, por la dulzura, se trata de un concierto de infinidad de citaristas que, al mismo tiempo que interpretan sus instrumentos, cantan un cántico nuevo.

Cantaban al mismo tiempo que interpretaban; cantaban por su amor e interpretaban por su acción, de pie, ante el Trono, los cuatro Animales y los veinticuatro Ancianos.

¿De dónde les venía esta alegría expresada tan dulce como fuertemente? De Jesús y de ellos mismos. De Jesús, sin el cual ellos no pueden nada; y de ellos mismos, sin los cuales Jesús no quiso hacer nada.

Jesús los había comprado sobre el Calvario; y desde entonces se habían convertido en sus miembros, primicias de una cosecha que se acabará al fin de los tiempos.

Sobre la tierra, ellos han evitado toda mancha: la mancha del cuerpo, por la castidad virginal o conyugal; la mancha del espíritu, por la virginidad de la fe, la sinceridad y la franqueza.

Ahora, como recompensa, siguen al Cordero, su Esposo, dondequiera que vaya.

Este Quinto Cuadro o Signo completa el Quinto Sello (6,9-11): Y cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados por la causa de la Palabra de Dios y por el testimonio que mantuvieron. Y clamaron a gran voz: «¿Hasta cuándo, oh Señor, Santo y Veraz, tardas en juzgar y vengar nuestra sangre en los habitantes de la tierra?» Y les fue dada una túnica blanca a cada uno; y se les dijo que descansasen todavía un poco tiempo, hasta que se completase el número de sus consiervos y de sus hermanos que habían de ser matados como ellos.

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El Padre Castellani dice primero que son los mismos «elegidos» de la Visión 4ª, que son allí «signados» por el Ángel; y ahora están sobre el monte Sión, es decir, en la Jerusalén Celeste, después de la Resurrección.

Después de haber descrito la terriblez del martirio en la Visión anterior, San Juan se apresura a anunciar la espléndida recompensa.

San Juan escucha como una orquesta vasta y potente, y un coro interpretando un cántico que nunca se oyó sobre la tierra.

Pero, un poco más adelante, dice que son los mártires de los últimos tiempos, los más mártires de todos, dice San Hipólito. «Vírgenes» y «Sin mancha» los llama San Juan, porque se guardaron de la apostasía y de la idolatría del Anticristo, la cual en las Sagradas Letras es llamada «fornicación».

«No se ensuciaron con mujeres», es decir, con la «Mujer» que aparecerá más tarde, la Meretriz Magna, fautora de la religión falsificada.

Varones los pinta el Profeta, no porque no haya mujeres entre ellos, sino en señal de fortaleza.

Los que entienden todos los Santos en estas 12 docenas de miles yerran, pues todos los otros santos aparecen inmediatamente después.

Los que entienden vírgenes literalmente, es decir sacerdotes y religiosos, descaminan también. Bien está hacer el elogio de la virginidad voluntaria, como hace San Agustín, Holzhauser y otros intérpretes y predicadores en este lugar; «sed non erat hic locus».

Este número definido de hombres limpios, en cuya boca no hay mentira, son los mártires postrimeros. (Hay monjitas que son muy puras, pero también medio mentirosillas).

En cántico nuevo y la escolta del Cordero son la recompensa especial de estos mártires: la aureola de las Vírgenes y el nimbo de los mártires, que decían los teólogos medievales; de aquí los sacaron.

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Monseñor Straubinger, por su parte, comenta: El Cordero no está ya aquí como en el capítulo 5,6 como un Cordero degollado, sino «como un Rey glorioso entre su corte resplandeciente» (Fillion).

Esto recuerda a Isaías 16,1: Emittite agnum dominatori terrae de Petra deserti ad montem filiae Sion = Envía al cordero dominador de la tierra desde la Roca del Desierto al monte de la hija de Sión.

El número perfecto podría indicar una cantidad completa, si bien no parecen ser éstos los mismos 144.000 de que se habla en 7,4ss.

Comentando ese capítulo, Monseñor Straubinger dice: No concuerdan los exégetas en la explicación de este pasaje, aunque todos reconocen que el sello es la señal de elección y salvación. La diferencia consiste en puntualizar cuáles sean los salvados y explicar el carácter de su salvación contra las calamidades de la tierra y del mar. Orígenes cree que se refiere a todos los cristianos, en tanto que otros ven aquí solamente los salvados del judaísmo, los que con la predicación de Elías se convertirán a la fe (Scio, Nácar-Colunga, etc.).

Tampoco hay unanimidad sobre si los 144.000 de este capítulo son los mismos que los del capítulo 14,3. En general se cree que no, pues de aquellos no se dice que sean de Israel y, además, aparecen sobre el monte Sión, como quitados de la tierra, en tanto que aquí vemos una escena terrestre.

En el capítulo 14 se alude a seres virginales, aunque no es fácil limitar a eso su calificación, pues es ampliada en el versículo 5.

Según algunos (Crampon, Pirot) se trataría de todos los elegidos, seleccionados de entre los hombres, y no de entre los creyentes.

Otros dicen que se trataría de todos los elegidos, figurados en un núcleo simbólico.

Otros, como Fillion, observan acertadamente que no se trata de los mismos hombres, sea porque falta el artículo en el griego [«y con él 144.000…«, y no «y con él los 144.000], no parece hablarse de ellos como de personas conocidas por los lectores, sea porque los versículos 3-5 parecen designar a una élite o grupo especial entre los rescatados, las primicias, y no la Iglesia entera.

San Agustín, citado aquí por Monseñor Straubinger, comenta: «Jesucristo dice de sus servidores que le seguirán adonde quiera que fuere y que estarán en donde Él estuviere. Pero, ¿adónde le han de seguir y a qué? A gozarse con Cristo, de Cristo y en Cristo, por Cristo y sin perder a Cristo».