ESPECIALES DE CRISTIANDAD CON EL P. CERIANI: AGOSTO 2012 – ANEXO 1 – VISIÓN DE LAS CUATRO BESTIAS DEL PROF. DANIEL

LIBRO DEL PROFETA DANIEL

CAPITULO VII

LA VISIÓN DE LAS CUATRO BESTIAS

1 El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, vio Daniel un sueño y visiones que (pasaban) por su cabeza mientras estaba en su cama. En seguida escribió el sueño en forma de un resumen. 2 «Yo estaba mirando durante mi visión nocturna, dice Daniel tomando la palabra, y vi cómo los cuatro vientos del cielo revolvían el Mar Grande. 3 Y subieron del mar cuatro grandes bestias, diferentes una de otra.

4 La primera era como león, y tenía alas de águila. Mientras estaba todavía mirando, le fueron arrancadas las alas, y fue levantada de la tierra y puesta sobre sus pies como un hombre; y se le dio un corazón de hombre.

5 Y vi otra bestia, la segunda, semejante a un oso; que se alzaba a un lado; (tenía) tres costillas en su boca, entre sus dientes, y le dijeron así: «¡Levántate y come carne en abundancia!»

6 Después de esto seguí mirando, y vi otra, semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas. Tenía esta bestia cuatro cabezas; y fuéle dado el dominio.

7 Después de esto continué mirando la visión nocturna y vi una cuarta bestia, espantosa y terrible y extraordinariamente fuerte, que tenía grandes dientes de hierro. Devoraba y desmenuzaba, y lo que sobraba lo hollaba con los pies. Era diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. 8 Estaba yo contemplando los cuernos, cuando divisé otro cuerno pequeño, que despuntaba entre ellos; y le fueron arrancados tres de los primeros cuernos. He aquí que había en este cuerno ojos como ojos de hombre y una boca que profería cosas horribles.

9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos; y sentóse el Anciano de días cuyo vestido era blanco como la nieve, y el cabello de su cabeza como lana blanca. Su trono era de llamas de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. 10 Un río de fuego corría saliendo de delante de él; millares de millares le servían, y miríadas de minadas se levantaban ante su presencia. Sentóse el tribunal y fueron abiertos los libros.

11 Miraba yo entonces a causa del ruido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; y mientras estaba mirando fue muerta la bestia y su cuerpo destruido y entregado a las llamas del fuego.

12 A las otras bestias también les fue quitado su dominio, pero les fue prolongada la vida hasta un tiempo y un momento.

13 Seguía yo mirando en la visión nocturna, y he aquí que vino sobre las nubes del cielo uno parecido a un hijo de hombre, el cual llegó al Anciano de días, y le presentaron delante de Él. 14 Y le fue dado el señorío, la gloria y el reino, y todos los pueblos y naciones y lenguas le sirvieron. Su señorío es un señorío eterno que jamás acabará, y su reino nunca será destruido.

15 Entonces yo, Daniel, me turbé en espíritu interiormente, y las visiones de mi cabeza me llenaron de espanto. 16 Acerquéme, pues, a uno de los asistentes y le pedí el verdadero sentido de todo esto. Él me habló y me explicó el significado de aquellas cosas (diciendo):

17 «Estas grandes bestias, que son cuatro, son cuatro reyes que se levantarán en la tierra.

18 Mas los santos del Altísimo recibirán el reino, y poseerán el reino hasta la eternidad y por los siglos de los siglos.»

19 Quise entonces saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las (demás) y extraordinariamente terrible, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba y hollaba con sus pies lo que sobraba; 20 y acerca de los diez cuernos que estaban en su cabeza, y también acerca de aquel otro que le había salido y delante del cual habían caído los tres; ese cuerno que tenía ojos, y una boca que profería cosas espantosas, y parecía más grande que los otros. 21 Pues estaba yo viendo cómo este cuerno hacía guerra contra los santos, y prevalecía sobre ellos, 22 hasta que vino el Anciano de días y el juicio fue dado a los santos del Altísimo y llegó el tiempo en que los santos tomaron posesión del reino.

23 Y dijo aquél así: «La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra. Este será diferente de todos los reinos, devorará toda la tierra, la hollará, y la desmenuzará. 24 Los diez cuernos (significan que) de este reino surgirán diez reyes; y tras ellos se levantará otro que será diferente de los anteriores, y derribará a tres reyes. 25 Proferirá palabras contra el Altísimo, oprimirá a los santos del Altísimo y pretenderá mudar los tiempos y la Ley; y ellos serán entregados en su mano hasta un tiempo, (dos) tiempos y la mitad de un tiempo.

26 Pero se sentará el tribunal, y entonces se le quitará su dominio, a fin de destruirlo y aniquilarlo para siempre. 27 Y el reino y el imperio y la magnificencia de los reinos que hay debajo de todo el cielo, será dado al pueblo de los santos del Altísimo; su reino será un reino eterno; y todas las potestades le servirán y le obedecerán.»

28 Aquí terminaron sus palabras. Yo, Daniel, quedé muy conturbado por mis pensamientos y mudé de color; pero guardé estas cosas en mi corazón.

Comentarios de Straubinger

1. Con este capítulo empieza la segunda parte del libro de Daniel (caps. 7-12) que contiene, no ya la interpretación de revelaciones ajenas, sino las visiones propias del profeta.

2. La primera visión se refiere cuatro animales simbólicos, que significan cuatro reinos.

La semejanza con el sueño de Nabucodonosor (cap. 2), y en parte con el cap. 8, salta a la vista, si bien no es tan fácil identificarla en todos sus detalles.

Ésta parece revestir un carácter más spiritual y aquélla más político.

Para poder asimilar las dos visiones en su significación final (cf. v. 7 y nota) faltaría que los autores aclarasen de común acuerdo si ambas tienen o no carácter escatológico, es decir si la revelación hecha al profeta alcanza en ambos casos a la segunda venida de Cristo o se detiene en la primera.

El año primero de Baltasar: Es decir, en 540 a. C., dos años antes de su muerte (véase 5, 29 ss.; 8. 1).

3. El mar simboliza el mundo de los gentiles (cf. Ts. 17, 12; Apoc. 17, 15), quizá por oposición a la tierra santa de Israel, que la Biblia suele llamar por antonomasia «la tierra».

También sale del mar la gran Bestia de siete cabezas de Apoc. 13 (cf. Is. 27), y de ahí que algunos la identifiquen con estas cuatro bestias de Daniel, que entre todas también tienen siete cabezas, pues la tercera tiene cuatro (v. 6).

4. Como león: En este león con alas de águila, símbolo de fuerza y agilidad, se ve generalmente el imperio caldeo, significando esos emblemas la cabeza de oro de la estatua (cf. 2. 32). En Jer. 4, 7 y 49, 19 ss., Nabucodonosor es figurado como león, y como águila en Ez. 17, 3; Hab. 1, 8, etc. También con los asirios se usa la figura del león (Ts. 5, 29), y eran comunes en los monumentos de Nínive y Babilonia los leones alados, aunque no como esta bestia, sino con cabeza de hombre.

No faltan [Lacunza, por ejemplo], sin embargo, quienes piensan que, tratándose de una revelación sobre lo futuro, no podría aquí hablarse de Nabucodonosor que ya había muerto cuando Daniel tuvo esta visión (cf. v. 1 y nota), y de ahí que se inclinen a pensar que esta profecía no es una repetición del cap. 2, sino que su paralelismo debe buscarse en el Apocalipsis de San Juan, viendo en ella reinos de un carácter más espiritual que histórico.

El que le fueran arrancadas las alas, muestra, según algunos, la debilidad del reino bajo los últimos sucesores de Nabucodonosor, especialmente bajo Naboned y Baltasar (cf. cap. 5). Queda la dificultad de lo que sigue: fue levantada de la tierra, etc.

Unos ven aquí una nueva señal de debilitamiento; otros, de la curación de Nabucodonosor (4, 31 ss.).

Otros recuerdan, al contrario, su locura, pero el cambio de corazón de aquel rey no fue de bestia en hombre sino a la inversa (4, 13 ss.)

También hay algunos que suponen aquí una indicación de que el imperio caldeo, humanizado en manos de Ciro, se continuó en él.

5. El oso, suele explicarse como correspondiente al segundo imperio del cap. 2, 32, y la mayoría lo aplica al reino de los medos y persas.

Aunque algunos subdividen en dos a este imperio.

Otros [Lacunza, por ejemplo] ven en la segunda bestia el imperio de Alejandro a quien, dicen, cuadrarían mejor que a Ciro las palabras «come carne en abundancia».

Tres costillas en su boca, entre sus dientes (Vulgata: tres órdenes de dientes): Ellas significarían, dicen unos, Babilonia, Lidia y Egipto, tres países conquistados por Ciro; o bien, dicen otros, las vastas conquistas del imperio medopersa. Nada puede decirse de seguro a este respecto.

Vemos por esto con cuánta moderación hemos de usar las afirmaciones propias y ajenas en terreno tan debatido, que no sólo está sujeto a variar según las investigaciones históricas (cf. 5, 30 y nota), sino que puede encerrar también misterios que sólo quiera aclarar Dios en un «tiempo determinado», como se le dice a Daniel en 12, 9 ss.

6. Por el leopardo se entiende, en general, el imperio de Alejandro Magno. Las cuatro alas denotarían la velocidad de sus conquistas y las cuatro cabezas su división en cuatro reinos (Siria, Egipto, Asia Menor y Macedonia), correspondiendo este reino al tercero del cap. 2 (2, 32 c. y 39 b.). Véase 8, 8 ss.; 11,4.

Otros lo aplican al rey de los persas.

Otros [Lacunza, por ejemplo] observan que si esta bestia correspondiese al tercer reino del cap. 2, se partiría en dos como el vientre y los muslos de la estatua y no en cuatro, alegándose por otra parte que los verdaderos sucesores de Alejandro Magno fueron en realidad dos, Seleuco y Ptolomeo, a los que Daniel llama, en el cap. 11, rey del norte y rey del sur.

Las tres bestias que aquí vemos: león, oso y leopardo, recuerdan las características de la Bestia apocalíptica, que «será semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como de león» (Apoc. 13, 2). Cf. v. 3 y nota.

7s La cuarta bestia no tiene nombre como las anteriores. Es tan diferente de ellas, que Daniel apenas halla palabras para describirla.

Según la mayoría de los intérpretes, ella representa al imperio romano, y los dientes de hierro serían el hierro de la estatua descrita en 2, 33 ss.

Las diez astas o cuernos corresponden a los dedos de los pies de la estatua del cap. 2 (2, 33 y 41) y significan diez reyes (v. 24) o diez reinos (cf. 2, 44) en que habría de dividirse el imperio romano en la Edad Media y en los tiempos modernos, lo cual tendría que armonizarse con la interpretación dada al cap. 2.

Fillion observa que «en ambos relatos se insiste especialmente sobre el cuarto de estos reinos», y deduce que «ambos contienen la misma revelación», por lo cual no se ve cómo allí puede referirse el profeta a la primera venida de Cristo, y aquí a la secunda, a la cual precederá el Anticristo del v. 8 (II Tes. 2, 4 ss.).

Una minoría sostiene que este cuarto reino es el de Alejandro Magno y los reinos de sus sucesores, mientras el tercero (el leopardo) correspondería al reino persa y el segundo (el oso) a los medos.

El pequeño cuerno es, en opinión de estos expositores, Antíoco Epífanes, y los diez cuernos representan, según ellos, los tres grandes generales de Alejandro y los siete reyes que precedieron a Antíoco.

Nos parece poco probable esta opinión, no sólo por las coincidencias históricas, que en ninguna de las dos interpretaciones alcanzan la seguridad necesaria para imponerse, sino por la autoridad de San Juan, que en los caps. 13 y 17 del Apocalipsis atribuye a la bestia que sube del mar las características de las tres antes señaladas (v. 6 y
nota), y sobre todo las de esta cuarta bestia de Daniel (diez cuernos, una boca que blasfema, guerra contra los «santos», poder de tres años y medio), refiriéndose seguramente no al reino greco-sirio, sino a un reino futuro, y en el cual se contempla esencialmente el aspecto religioso,

8. «En este pequeño cuerno los Padres —entre otros San Ireneo, Teodoreto. San Jerónimo. Lactancio— y los comentadores modernos —Maldonado. Cornelio a Lapide, Calmet— y muchos exégetas contemporáneos, sean católicos, sean protestantes, han visto con razón la figura del Anticristo. Véase los vers. 24 b-25″ (Fillion).

Muchos de ellos señalan que está tipificado en Antíoco Epífanes. Véase 8, 23-25; 9, 26 s.; 11, 36 ss.; 12, 11, etc.

Algunos, para sostener la aplicación de la cuarta bestia al imperio romano, suponen que éste renacerá por poco tiempo al final (Apoc. 17, 11 ss.).

9. El Anciano de días: Este antropomorfismo, como observa Fillion, designa evidentemente a Dios, es decir, al eterno Padre.

11. Sobre la destrucción del Anticristo véase v. 26; II Tes. 2, 8; Apoc. 19, 20; Is. 11, 4

12. Algunos [Lacunza, por ejemplo] señalan es la subsistencia de las primeras bestias hasta el final, como argumento contra la interpretación histórica de los reinos que ellas representarían.

Cuadro que resume las dos posiciones

Interpretación Tradicional

Lacunza

Reino Caldeos

León

Reino Caldeos

La idolatría

Medos y Persas

Oso

Griegos

El mahometismo

Alejandro Magno

Leopardo

Romanos

Herejía

Cisma

Falso cristianismo

Hipocresía

Libertinaje

Romanos

Cuarta Bestia

Bárbaros

Anticristianismo

13. En el Hijo del hombre ya los judíos veían al Mesías (cf. S. 79, 18 y nota). La palabra parecido prueba, que el Hijo del hombre no es simplemente igual a uno de nosotros, sino un Ser superior.

Sobre el significado mesiánico de este título no cabe duda, ya que Jesucristo se lo aplica 80 veces a Sí mismo, 30 veces en S. Mateo, 14 en S. Marcos, 25 en S. Lucas y 11 en S. Juan, caracterizando con él toda su misión terrenal como predicador de la Buena Nueva, amigo de los pobres, enfermos y pecadores, como también su pasión, su muerte, su futura gloria y
segunda venida como Juez.

14. El señorío, la gloria, y el reino: un reino universal (v. 27 s.), en el cual serán recogidos todos los pueblos de la tierra y a cuyo rey obedecerán todas las naciones. Éste es el reino que el Señor Jesús enseñó a pedir a sus discípulos en la oración dominical: «Venga a nos el tu reino» (iMat. 6, 9).

»En este cuadro, así como a menudo en los cuadros proféticos, la primera venida del Salvador para establecer el reino mesiánico, se junta con su segunda venida para darle perfección» (Crampón). Véase Miq. 4, 7; Apoc. 11, 15, etc.

«En cuanto Hijo de Dios el Mesías poseía la potestad infinita, pero en cuanto Hombre, necesitaba ser entronizado solemnemente por su Padre» (Fillion). Cf. S. 2, 8, que figura en la Misa de Cristo Rey junto con el presente v. y con S. 71, 2, 8 y 11; 88, 27 s.; Juan 18, 33-37; Apoc. 5, 12; 19, 16; etc.

18. Los santos del Altísimo; o sea, el verdadero pueblo teocrático, al que el mismo Dios había llamado nación santa (Ex. 19, 6 y Deut. 7, 6).

20ss. Se refiere al cuerno pequeño, que es el Anticristo. Su triunfo será de corta duración, porque el mismo Señor vendrá a juzgarlo «y matará con el aliento de su boca y destruirá con la manifestación de su Parusía». Cf. v. 26; II Tes. 2, 8; Apoc. 19, 11-21 y notas.

24 s. Véase Apoc. 17, 12. Mudar los tiempos: a saber, los tiempos sagrados, las fiestas, las formas de culto. Un tiempo, (dos) tiempos y la mitad de un
tiempo (cf. 12, 7). San Jerónimo y muchos otros intérpretes creen que un tiempo equivale a un año. Sin embargo puede haber aquí un número místico (véase 4, 22 y nota).

Siendo siete el número de perfección, tres y medio puede ser propio de lo contrario, de algo incompleto y malo, esto es, una persecución que no alcanza su objetivo. Véase Apoc. 11, 2 y 13, 5, donde aparece la misma cifra misteriosa, expresada en meses.

Los que ven en la cuarta bestia el reino greco-sirio, aplican este número a los tres años y -medio que duró la profanación del Templo (168-165 a. C.). 26. Véase 2, 35; Apoc. 19, 17-21; 20, 11 ss.; Is. 11. 4.