CARTA DE LECTORES: JAIME FLORES: COMENTARIOS SOBRE LA CARTA DEL P. MORGAN

Como lo mencionó Mons. Fellay en su sermón de las ordenaciones en Ecône, el 29 de junio, las conversaciones sobre un posible acuerdo práctico con Roma están nuevamente en el punto de partida (y esto debido a la insistencia de ellos en la aceptación del Concilio Vaticano II y la Nueva Misa). Por lo tanto, como se afirma en la declaración, la Fraternidad está «esperando el día en que un debate abierto y serio sea posible, que permita el retorno a la Tradición de las autoridades eclesiásticas.» De hecho, esta ha sido la política de la Fraternidad hasta la fecha.

Algunas preguntas vienen a la mente al leer este texto:

¿Qué debemos entender por «esperando el día en que un debate abierto y serio sea posible»? ¿Abierto para quién?

¿Quién mantuvo el último debate cerrado u oculto?

¿Ese último debate no fue serio? Si no lo fue, ¿por qué la FSSPX estuvo tan cerca de firmar un acuerdo, si es que acaso no lo firmó?

Si esa ha sido la política de la FSSPX hasta la fecha, ¿por qué la Fraternidad estuvo a punto de firmar un acuerdo? ¿Ese día había llegado?

Es de esperarse que los fieles que han estado comprensiblemente preocupados por la posibilidad de un arreglo práctico, sin una suficiente reparación doctrinal por parte de Roma, se tranquilicen con la reiteración de esta política, y por la oposición reiterada de la Fraternidad a los errores del [Concilio] Vaticano II y a «las reformas por él ocasionadas», así como su adhesión inquebrantable a «la fe católica en toda su pureza e integridad».

Es difícil creer que esos «fieles preocupados» se tranquilicen tan solo por la reiteración de esta política. Especialmente si la Fraternidad no ha estado siguiéndola.

Además, la firma de un acuerdo no es la única causa de preocupación: también lo es lo que se ha estado haciendo para preparar a sacerdotes y fieles para que acepten un posible acuerdo. Esta preparación incluye mentiras y engaños, como la presentación de sucesos deplorables como si fueran milagros obtenidos por las cruzadas de rosarios. Esta preparación incluye presiones y castigos, tales como expulsiones a sacerdotes y dejar sin sacramentos a los fieles. Esta misma semana, un sacerdote fue amenazado de expulsión sólo por haber criticado al Papa durante el sermón. Si los sacerdotes no pueden criticar al Papa ahora —aun cuando el acuerdo con roma no ha sido firmado, ¿qué se puede esperar una vez que se alcance dicho arreglo?

Por nuestra parte, no debemos descuidar la obra de santificación, que comienza con nosotros mismos, que «la fe sin obras está muerta», y por lo tanto, el buen combate por la Tradición católica no debe servir de excusa para no buscar la virtud.

De acuerdo, pero la búsqueda de una virtud no debe servir de excusa para evitar el buen combate por la Tradición.

Es significativa también en la declaración, la aclaración de que tendría que ser llamado un capítulo general extraordinario con un voto deliberativo en caso de cualquier posible arreglo con las autoridades romanas – en el momento en que las autoridades eclesiásticas vuelvan a la Tradición. Esto significa que el capítulo en su conjunto tendría un voto vinculante sobre el tema.

Haciendo a un lado la más significativa ausencia de una clara distinción entre la Roma eternal y la roma anticristo, el que el capítulo general tenga un voto vinculante no garantiza nada, dado que el Superior General es quien nombra a una buena parte de los miembros del capítulo y además puede prohibir la asistencia de algunos de los miembros.