P. JUAN JOSÉ TURCO: COMENTARIO A LA DECLARACIÓN DEL CAPÍTULO GENERAL DE LA FSSPX

COMENTARIO A LA DECLARACIÓN

DEL CAPÍTULO GENERAL DE LA FSSPX

El último Capítulo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X quiere mostrar la imagen de que se mantiene firme en la Fe.

«El Capítulo considera que el primer deber de la Fraternidad en el servicio que tiene la intención de prestar a la Iglesia es continuar profesando, con la ayuda de Dios, la fe católica en toda su pureza e integridad, con una determinación proporcionada a los ataques que esta misma fe no deja de sufrir hoy.»

«Pero nunca hay que olvidar que la santificación de las almas siempre comienza por nosotros mismos. Es la obra de una fe animada y operante por medio de la caridad, según las palabras de San Pablo: «Porque no tenemos ningún poder contra la verdad, la tenemos solamente por la verdad» (2 Cor. 13:8)»

Pero, ¿es tan así? Para responder, pueden confrontar la Declaración del Capítulo y la carta de Menzingen del 18 de julio último, donde menciona tanto las condiciones que Roma impone a la Fraternidad, como las que el Capítulo exige o simplemente desea de parte de Roma.

Viendo estos textos, podemos decir:

1º) Lo primero y principal (remarcado por Radio Cristiandad), es que falta la condición indispensable: que la Fraternidad exija a Roma abandonar todo el modernismo y que se convierta a la Fe católica.

Esa es la única condición que tenían que poner. Esa es la condición que exigía Monseñor Lefebvre.

Cualquier tradicionalista de buena fe se puede dar cuenta que la Roma actual no quiere abandonar el modernismo. Una prueba más de esto es que el mismo Benedicto XVI acaba de nombrar a un hereje como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; incluso, elogiándolo.

Sin embargo, los miembros del Capítulo no exigen la conversión de Roma.

Al no poner esta condición, ya no es sólo Monseñor Fellay, sino que también son los otros dos Obispos (supuestamente firmes) y todo el Capítulo de la Fraternidad San Pío X, los que se apartan de Monseñor Lefebvre.

No exigir la conversión de Roma y poner otras condiciones significa desviar la atención, abrir las puertas a una trampa romana y ser destruidos.

Mientras la Roma neomodernista no abandone sinceramente el modernismo y se convierta a la Fe católica, es imposible que la Tradición entre en acuerdos con ella: ni acuerdo práctico, ni puramente práctico (cuidado con esa trampa), ni de ningún tipo. Ni con Benedicto XVI ni con cualquier otro miembro de la Iglesia oficial.

2º) Como el Capítulo no quiere aceptar que en la situación actual, para la Tradición le es imposible entrar a la Iglesia oficial, deja de lado la condición que tendrían que haber puesto. Y para convencer (o quizás para autoconvencerse) de que se mantiene firme se ve obligado a encontrar otras condiciones que supuestamente aseguren la Fe.

Lógicamente, caen en la condición que remarca el Padre Chazal en su sermón «Acuso al Capítulo»; es decir, «el síndrome de Dom Gerard, de la FSSP y de Campos»: esperar que Roma los vaya a respetar. «Que Roma prometa que va a dejarnos como somos».

¡Como si la Roma modernista en general y Ratzinger en particular, hubieran cumplido las promesas que hicieron a la Fraternidad San Pedro, a Campos, al IBP!

A Monseñor Tissier de Mallerais, a Monseñor de Galarreta, a los Padres Capitulares, ¿les falla la memoria? Dios quiera que abran los ojos. ¿O lo hacen a sabiendas? Entonces o son necios o son traidores.

Si decir esto parece muy duro, Dios quiera que sirva para hacerlos reflexionar y que se den cuenta que confiar en Benedicto XVI y su Roma modernista es una necedad. O lleva a traicionar como hicieron Dom Gerard, el Padre Bisig, o el Padre Laguérie. Y en último término, lleva a la destrucción de la Tradición.

Ojalá lo ocurrido últimamente al IBP (con la reelección de su Superior) hiciera abrir los ojos a algún miembro o feligrés de la Fraternidad.

3º) Pero también hay otras fallas que miran al futuro. Podríamos decir que son «bombas de tiempo» como las que pusieron los modernistas en el Concilio.

A) «Magisterio constante«:

«Sobre todas las innovaciones del Concilio Vaticano II que permanecen manchadas de errores y sobre las reformas que de él han salido, la Fraternidad sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio constante de la Iglesia; ella encuentra su guía en este Magisterio ininterrumpido que, por su acto de enseñanza, transmite el depósito revelado en perfecta armonía con todo lo que la Iglesia toda ha creído siempre y en todo lugar.

Asimismo, la Fraternidad encuentra su guía en la Tradición constante de la Iglesia que transmite y transmitirá hasta el final de los tiempos el conjunto de las enseñanzas necesarias para mantener la fe y para la salvación»

Y en la «condición sine qua non«, vuelven a usar el mismo adjetivo:

1.-Libertad de guardar, transmitir y enseñar la sana doctrina del Magisterio constante de la Iglesia y de la verdad inmutable de la Tradición divina»

¿Por qué escribieron «Magisterio constante, ininterrumpido, que transmite (en presente, ahora) y transmitirá hasta el fin de los tiempos»?

Ahora bien: el adjetivo «constant» en francés significa:

– según el diccionario LAROUSSE: que es perseverante, que no cambia; que no se interrumpe, que es continuo, durable.

– según el diccionario ROBERT: que es perseverante // que persiste en el estado en que se encuentra, que no se interrumpe // Ver: continuo, durable, permanente, persistente // Ver: invariable.

Así vemos que en francés (idioma original de los textos) el adjetivo «constant, constante» tiene el mismo sentido habitual que en castellano: aquello que no se interrumpió, que permanece, que persevera.

Por lo tanto: hablar de «magisterio constante» es lo mismo que hablar de «magisterio que no se interrumpió, que es continuo», «que en este momento está presente, que permanece, que persiste».

El Capítulo mismo se encarga de reafirmar este sentido al poner «constante» como equivalente a «magisterio ininterrumpido», el cual «transmite» (en presente, ahora): «la Fraternidad sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio constante de la Iglesia; ella encuentra su guía en este Magisterio ininterrumpido que, por su acto de enseñanza, transmite el depósito revelado»

Al decir que «acepta el magisterio constante, ininterrumpido» que «transmite» (en presente), quiere decir que reconoce que lo que actualmente se está enseñando, tiene valor de magisterio.

Objeción: el Capítulo no da valor de magisterio a todos los documentos modernistas, sino que justamente busca distinguir entre los que están de acuerdo con la Tradición y los que no. Entresaca y acepta solo lo que está de acuerdo con la Tradición y por lo tanto tiene valor de magisterio. Por eso dice que:

«Sobre todas las innovaciones del Concilio Vaticano II que permanecen manchadas de errores y sobre las reformas que de él han salido, la Fraternidad sólo puede continuar adhiriendo a las afirmaciones y enseñanzas del Magisterio constante de la Iglesia»

De esa manera, el adjetivo «constante» aquí no sería calificativo sino restrictivo. Es decir: no querría designar a todo el sujeto (enseñanzas actuales), sino distinguir una parte. Que sería la parte buena del Concilio (y de la enseñanza posterior) que cumple con las condiciones para aceptarlo como «magisterio constante».

Respuesta:

1 – Si damos valor de magisterio a algún texto del Concilio (y de las enseñanzas de la Iglesia postconciliar), no podemos distinguir entre tal o cual texto, porque todos fueron afirmados con la misma autoridad. Entonces: o bien esos textos tuvieron autoridad magisterial y por lo tanto todos pertenecen al magisterio constante de la Iglesia, o ninguno pertenece a ese magisterio constante.

2 – Vemos que todos los textos del Concilio y las enseñanzas posteriores están todas impregnadas de modernismo. Incluso las afirmaciones que materialmente repiten un texto tradicional (de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres o del Magisterio anterior al Concilio) están usadas y a veces tergiversadas para salvar las ideas modernistas. Por lo tanto: no podemos dar valor de magisterio perenne católico a ninguna de esas afirmaciones en esos contextos.

3 – El adjetivo «constante» no puede ser leído en un sentido restrictivo porque es el Capítulo mismo quien identifica «Magisterio constante» con todo el supuesto magisterio actual, en general.

Conclusión a la objeción:
en este caso el adjetivo «constante» solo puede entenderse en un sentido calificativo general, no puede haber sido usado en un sentido restrictivo.

Por lo tanto: para la FSSPX en su Capítulo General, el Concilio Vaticano II y los documentos posteriores tienen valor de magisterio, puesto que este no se habría cortado sino que sería interrumpido. Y si tienen valor de magisterio, deberán aceptarlos con todo ese valor.

Que se preparen en los prioratos y en los seminarios de la Fraternidad. Siguiendo las decisiones del Capítulo, allí van a enseñar como magisterio al modernista Concilio Vaticano II, las encíclicas de Juan Pablo II y las del «tradicional» Benedicto XVI. Para limitarnos a este último, permítanme citar a modo de ejemplo:

* la Iglesia está al servicio del mundo; y esto es una verdad de fe: «El Concilio profundizó en lo que pertenece desde siempre a la verdad de la fe, es decir, que la Iglesia, estando al servicio de Dios, está al servicio del mundo en términos de amor y verdad.» («Caritas in veritate» Nº 11).

* el criterio para evaluar a la verdadera religión es… el hombre: «El criterio para evaluar las culturas y las religiones es también «todo el hombre y todos los hombres»». E incluso agrega: «El cristianismo, religión del «Dios que tiene un rostro humano», lleva en sí mismo un criterio similar» (Ibidem Nº 55)

* «urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial» de acuerdo a los principios de la ONU. (Ibídem Nº 67) ¿Será que la ONU dejó de ser masónica y está buscando el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?

Siguiendo lo declarado por su Capítulo General: la Fraternidad San Pío X, ¿se animará a agregar estos textos (al igual que otros) al Denzinger?

Más aún: no solo tendrán que enseñar el modernismo, sino que también tendrán que defenderlo. Pues en la primera condición sine qua non para aceptar un acuerdo con Roma, el Capítulo exige
defender al «magisterio constante». Pero si «magisterio constante» también es lo actual, por lo tanto…

¡Pensar que los capitulantes pretenden presentar esa condición como si fuese un medio de asegurar la Fe, cuando es todo lo contrario! ¡E incluso lo exigen!

¡Qué tradicionales y firmes en la Fe son Monseñor Tissier de Mallerais, Monseñor de Galarreta y los Padres Capitulares de la FSSPX!

Notas:

1- Remarcar esta palabra «constante», ¿es exagerado? Al fin y al cabo, Monseñor Fellay está cansado de discutir acerca de palabras…

En primer lugar: hay que remarcar que las palabras tienen su importancia. Si el Capítulo hubiera puesto el adjetivo «vivo» y hubiera hablado de «Tradición viva«, de «magisterio vivo«, los fieles estaríamos escandalizados… y con mucha razón. Pues estaría manifestando mentalidad herética modernista. Cuando las palabras están usadas en cuestiones que tocan a la Fe, pueden determinar entre mantener la ortodoxia o aceptar la herejía.

En segundo lugar: llama la atención que el adjetivo «constante» designando al magisterio, no solo está en la Declaración del Capítulo sino que es el mismo que pusieron los capitulares al redactar algo tan importante y preciso como las condiciones «sine qua non» a exigir a Roma. Esa repetición permite pensar que ese adjetivo no fue escogido por casualidad. De todas maneras, sea casualidad o no, de hecho es el que está en el texto con toda la gravedad que implica: hablar de «magisterio constante« implica aceptar que los documentos de la Iglesia modernista postconciliar tienen valor magisterial.

2- Sin entrar en la cuestión de la existencia o no-existencia de la autoridad en la Iglesia postconciliar, los verdaderos católicos tenemos que negar el valor de magisterio a todos sus documentos. Y más aún: tenemos el deber de rechazarlos.

Que quede claro: la razón por la cual afirmamos que los documentos modernistas de la jerarquía postconciliar no son magisterio, no radica en la falta de autoridad en las personas, sino porque hubo falla en el acto magisterial.

B) Ese Magisterio constante «transmite (ahora, en presente) el depósito revelado en perfecta armonía con todo lo que la Iglesia toda ha creído siempre y en todo lugar».

La Fraternidad San Pío X (que se gloriaba de defender la Fe y de luchar contra el modernismo) aceptó que todas las herejías modernistas que se introdujeron revolucionariamente en el Concilio, ahora estén en perfecta armonía con la Tradición católica.

La Fraternidad (en su Capítulo) acepta que los errores actuales modernistas estén en perfecta armonía con todo lo que la Iglesia creyó siempre.

Muchos revolucionarios modernistas del Concilio (entre los cuales está Ratzinger) hubieran deseado que los duros tradicionales aceptaran sus herejías modernistas como católicas sin ruptura con la Tradición. La Fraternidad, por medio de la Declaración de su Capítulo General, cumplió con esto.

También podemos remarcar que: la «hermenéutica de la reforma en la continuidad» (lo que dice Benedicto XVI) ya está mal porque pretende justificar las interpretaciones del Concilio. Pero pretender que el supuesto magisterio actual esté «en perfecta armonía» con toda la enseñanza tradicional de la Iglesia (lo que dice el Capítulo) es peor: pretende justificar no solo las interpretaciones sino también los textos mismos emanados de la jerarquía modernista.

Defender la continuidad del «magisterio» de la Iglesia postconciliar en perfecta armonía con todo lo que la Iglesia toda ha creído siempre y en todo lugar equivale de hecho a salvar al modernismo, dándole autoridad de magisterio a todas sus herejías.

C) El broche de oro. Aún cuando el Capítulo General de la Fraternidad aparentemente tomó una posición firme frente a Roma, la realidad es lo contrario: cedió aceptando una de las exigencias doctrinales de la Roma modernista.

Según la carta de Menzingen del 18 de julio pasado, el 13 de junio Roma solicitó [es decir: exigió diplomáticamente] a Monseñor Fellay entre otros puntos, el siguiente:

* [primera parte]
«el reconocimiento «del concilio Vaticano II y del magisterio posterior

* [segunda parte] para comprender la continuidad de ellos con el magisterio anterior»» («…pour en comprendre la continuité avec le magistère antérieur»».

Según esa misma carta emanada del Secretario de la Fraternidad (es decir: en nombre de su Superior General), Monseñor Fellay se había opuesto a esas exigencias de Roma y las conversaciones «regresaron al punto de partida, es decir, a un punto muerto».

Sin embargo:

1. El Capítulo General reconoció al Concilio Vaticano II y los textos postconciliares como magisterio. Con esto cumplió con la primera parte de ese punto exigido por Roma.

2. Falta solamente explicitar la segunda parte: «comprender la continuidad con el magisterio anterior».

¿Cuál es la clave según la cual los modernistas comprenden el magisterio anterior? ¿La continuidad «viva» del magisterio?

Sea cual fuese esa llave de comprensión modernista, lo interesante es que al haber aceptado la primera parte de ese punto exigido por Roma, el Capítulo de la Fraternidad ya puso la semilla para aceptar la segunda. Pues al afirmar que los textos conciliares y postconciliares son magisterio, es sólo cuestión de señalar dentro de esos textos cuál sea en concreto esa clave «para comprender la continuidad con el magisterio anterior». Y la Fraternidad San Pío X se verá obligada a aceptarla.

Roma lo dijo de un modo claro: «les exijo que acepten el valor magisterial del Concilio y magisterio posterior para comprender (con el fin de comprender) la continuidad del magisterio anterior».

O dicho de otro modo, Roma exigió a la Fraternidad: «Reconozcan al Concilio y al magisterio posterior y de ese modo podrán comprender nuestra manera de ver
la continuidad con el magisterio anterior».

Los modernistas en Roma saben muy bien que haciéndole aceptar la autoridad magisterial de las declaraciones conciliares y postconciliares, la otra parte vendrá sola.

Así vemos que: bajo la apariencia de mantenerse firme, en realidad el Capítulo de la Fraternidad San Pío X,

* es decir, Monseñor Fellay (quien supuestamente estaba opuesto a lo que Roma había exigido),

* los otros dos Obispos, Monseñor Tissier de Mallerais y Monseñor de Galarreta (quienes supuestamente se mantenían firmes),

* y los otros Superiores,

de hecho ya cedió, empezando a cumplir lo que la Roma modernista había exigido el 13 de junio.

P. Juan José Turco.