PÍO XII Y LA FAMILIA CRISTIANA
Discursos de Su Santidad Pío XII a los recién casados ente los años 1939 y 1943
SAGRADA ALIANZA
8 de Noviembre de 1939
Con particular benevolencia os saludamos en primer lugar a vosotros, queridos recién casados, a quienes un pensamiento de fe ha conducido ante Nos, para recibir nuestra bendición, en un momento tan importante para vosotros por las obligaciones adquiridas y por las gracias que se os han concedido.
Porque el matrimonio impone nuevos deberes.
Hasta ahora muchos de vosotros habíais vivido bajo el techo paterno, sin responsabilidad propia, limitándoos a ayudar, según la edad y las fuerzas, a un padre y a una madre queridísimos, que os aseguraban un puesto en el hogar y en la mesa doméstica.
Pero ahora habéis fundado una nueva familia, de la que seréis responsables ante Dios y ante los hombres.
Haced que desde el primer día vuestra casa sea y aparezca cristiana.
Que el Sagrado Corazón de Jesús sea el Rey de ella; que la imagen del Salvador crucificado, y el de la dulcísima Virgen María, tengan allí el puesto de honor.
Y esto no sólo para hacer manifiesto a los ojos de todos que en vuestra morada se sirve a Dios y que los visitantes y amigos deben, como vosotros mismos, desterrar de ella todo lo que pueda violar su santa ley: conversaciones deshonestas, palabras mentirosas, cóleras o debilidades culpables; sino también para recordaros que Jesús y María son los más constantes y amadísimos testigos y como asociados a los sucesos de vuestra familia: júbilos, que os auguramos numerosos; dolores y pruebas, que nunca podrán faltar. Porque también vosotros tendréis, como tienen todos en este mundo, vuestras horas de tristeza. Acaso ahora vivís en un dulce sueño; ¿pero qué sueno resiste a la realidad de cada día?
Contra las inevitables desiluciones y contra las dificultades inherentes a la vida conyugal, os inmunizará, sin embargo, la gracia del Sacramento.
En toda circunstancia, alegre o triste, de vuestra vida, sostened siempre con firmeza la grande finalidad del matrimonio cristiano.
El matrimonio no es para vosotros, cristianos, una alianza puramente natural, un pacto meramente humano; es un contrato en el cual Dios tiene su puesto, y sólo el puesto que le convenga, que es precisamente el primero.
Os habéis unido ante su altar, no sólo para aligeraros mutuamente el peso de la vida, sino también para colaborar con el mismo Dios en la continuación de su obra creadora, conservadora y redentora.
Dios, al recibir y bendecir vuestras promesas, os ha conferido al mismo tiempo una gracia especial que os haga cada vez más fácil el cumplimiento de los nuevos y particulares deberes.
Con estos sentimientos y con estos augurios os impartimos de corazón, como prenda de más abundantes favores celestes, Nuestra Paterna Bendición Apostólica.
