ROMA NO PAGA TRAIDORES ( II )
Tomado del blog amigo Como ovejas sin Pastor
Cuando uno no tiene razón a la hora de actuar en una situación particular, no faltan amigos que por estima u aprecio, nos advierten del error que cometemos; en tal tesitura, el sentido común hace que la persona errada, descubra que anda por mal camino y que es mejor atender a los argumentos de aquellos que nos quieren y desean nuestro bien.
Sin embargo, nunca faltarán personajes obstinados en el error, que pese a la insistencia de aquéllos buenos colegas, no se conforman en continuar su fallida vía, sino que además tratan de justificar lo injustificable, aún pisando y despreciando las buenas palabras que intentan llevarles a la verdad. Precisamente eso es lo que viene ocurriendo con el penoso caso del acercamiento de Mons. Bernard Fellay con la Roma Modernista.
Y es que desde que se empeñó en conseguir la «regularización canónica», su modus operandi ha sido cuanto menos patético, semejante al de un elefante en una cacharrería. Así, ha obviado la súplica de sus tres hermanos en el episcopado, que le rogaban considerase su intención de ponerse bajo la autoridad del Papa Ratzinger… incluso ha prohibido la asistencia de uno de ellos, Mons. Willianson, al Capítulo General de la Fraternidad de San Pío X.
A los sacerdotes que han levantado la voz en contra del infame acuerdo entre Roma y la Fraternidad, se les ha amenazado con la expulsión y con retirarles el sustento económico. Mientras que a los fieles (que son los que mantienen con sus generosos donativos la Obra de Mons. Lefebvre, que ahora preside Fellay) se les ha llamado a la «prudencia, a rezar y esperar», o lo que es lo mismo, a no entrometerse en los negocios del Superior con Roma.
LOS ARGUMENTOS DE FELLAY: LA AMENAZA Y EL CASTIGO
Desde su sinrazón, a Mons. Fellay sólo le queda la amenaza, amedrentar a quienes no sigan su «providencial» papel en la Historia de la Iglesia. Si para ello es necesario no mover un dedo para la rehabilitación de Mons.Lefebvre -quien lo consagró obispo, jugándose el tipo- no lo moverá; si tiene que señalar culpable de la división interna de la Fraternidad a Mons. Willianson, lo hará; y si tiene que tapar las bocas de los sacerdotes y fieles que no comulguen con su suicidas ideas, los callará a base de suspensiones y de negarles los sacramentos.
En estos últimos días -como ha hecho desde el inicio del «acercamiento»- Fellay ha jugado al despiste diciendo que no firmará la unión con Roma; lo siento de veras, pero un servidor ya no confía en la palabra de este indigno hijo de Mons. Lefebvre. Creo que es una táctica más para hacer creer que conseguirá mayores prerrogativas de la Roma Modernista el día que estampe su firma en el documento de adhesión.
Que Fellay siga su camino, él y quienes inocentemente, creen que tendrán un lugar privilegiado en una Roma «que ha perdido la Fe», tal y como nos advirtiera Nuestra Señora en Sus Apariciones de La Salette.
INCÓGNITAS
¿Acaso piensa Fellay, que la Roma que «excomulgó» a Mons. Lefebvre le va a abrir los brazos de par en par, sin pedir nada a cambio?
¿Piensa este Obispo, que será aceptado por herejes mitrados, que consienten y hasta fomentan la sacrílega comunión en la mano, que además son opuestos en su mayoría a la Misa de Siempre y tienen como «Beato» a un «Pontífice», que besó el Corám y promovió los encuentros «ecuménicos» de Asís, entre otras «prendas de Fe y amor» a la Tradición?.
¿Aceptarán los obispos conciliares, que los que antaño criticaban a la Iglesia del Vaticano II, abran capillas, prioratos y seminarios en sus diócesis?, ¿les dejarán atender a sus fieles sin ninguna limitación?.
La lista de preguntas, podría ser más extensa, sin duda. Ahora, como desde que empezó este lamentable Via Crucis, por encima de cualquier otra incógnita, simplemente me planteo si Monseñor Fellay es tonto o malo. Ahí queda.

