RESPUESTA DE RADIO CRISTIANDAD AL EDITORIAL 138 DE LA REVISTA IESUS CHRISTUS REALIZADO POR EL P. BOUCHACOURT

«RADIO CRISTIANDAD HA PUBLICADO… VARIAS ESTUPIDECES.»


Tal vez tenga razón el Padre Bouchacourt, aunque lo más probable es que no le asista la verdad… pero hoy, a sabiendas, vamos a publicar una estupidez en particular: El editorial de la Revista Iesus Christus Nº 138 («¡Recuperemos la razón!«), confeccionado recientemente por el clérigo referido.

Pero para reducir el nivel de estulticia, lo analizaremos y comentaremos empleando el sentido común, la recta conciencia y la sana doctrina, elementos que no abundan en el editorial; faltantes que trataremos de suplir para extraer del escrito algo que se pueda preciar de racional.

Nos permitimos efectuar este análisis y estos comentarios por la simple razón de que, apreciado el contenido general del escrito y su tendencia, se trata con toda evidencia de una diatriba contra Radio Cristiandad (amén de la mención expresa de esta emisora), añeja aliada de la verdadera Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

Para ordenar el trabajo y facilitar las eventuales referencias, hemos enumerado los párrafos del editorial.

1) Recordamos, según lo que nos narra el Libro del Génesis, cuál fue la estratagema utilizada por Satanás para persuadir a Adán y a Eva de que comiesen del fruto prohibido? «¡Seréis como dioses!» ¡Estas palabras tuvieron un efecto mágico! Desobedecieron al Creador y comieron del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal. Después de aquella caída esta misma estratagema, que tan bien funcionó con nuestros primeros padres, sigue siendo utilizada por el demonio para tentar a los pobres hijos de Eva que todos nosotros somos.

Hasta aquí vamos más o menos bien; se evidencia de esta introducción que se va a tratar del pecado de la soberbia. En razón de que hay más de una posibilidad, nos abstenemos de ubicar el signo de interrogación inicial faltante en la primera frase.

2) Dios lo ve todo, lo sabe todo, está presente en todas partes y puede comunicarse a voluntad con cualquiera de sus criaturas. El hombre quiere ser como Él. Quiere saberlo todo, conocerlo todo, estar informado de todos los acontecimientos del planeta tierra y poder comunicarse con todos sus congéneres, allí donde éstos estén. Ya no acepta limitaciones en cuanto al tiempo ni en cuanto al espacio. Aspira a ser un ciudadano del mundo, al cual quiere someter y convertirlo en su aldea. Satanás se lo ha sugerido y el hombre inventó… ¡internet! Gracias a un simple «click» viaja a China, a Papuasia o a Nueva York. ¡Qué maravilla! ¡Es el triunfo del genio humano! ¡Por fin el hombre puede participar de una de las cualidades propias de Dios: la presencia de inmensidad!

Que el hombre quiera asemejarse a Dios, participar de la Divinidad, no está mal; de eso se trata la vida de santidad.[1]  La cuestión radica en el modo en que el hombre busca ese camino, y así nuestros primeros padres pecaron por intentarlo a través de la transgresión de las leyes que el mismo Dios les había dictado.

Tampoco el ansia de conocimiento y de saber es algo intrínsecamente malo; por el contrario, saber y conocer lo máximo posible de Dios, también es camino de santidad. Asimismo, estar informado de todo lo que pasa sobre la tierra y comunicarnos con nuestros congéneres es parte de las sanas inquietudes del hombre; por lo que sabemos, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X tiene unos cuantos sitios de Internet alrededor del planeta, y conocer los acontecimientos del mundo es una de las acciones que se pueden emprender, sanamente, a través del medio electrónico, ¿o se trata de impedir que el buen fiel cristiano se entere de cuándo se ha entronizar el Anticristo… o del momento en que se acordará con la Roma modernista y apóstata? Más todavía: ¿Cómo se entera el Padre Bouchacourt del contenido de nuestros medios? ¿No se trata, en su caso, de estar informado de lo que acontece en el mundo?

Todo esto no tiene nada que ver con que el hombre no acepte limitaciones de tiempo y espacio, o pretenda ser ciudadano del mundo para convertirlo en su aldea; por lo que sabemos, en el capítulo I del Génesis, versículo 28, Dios le ordena al hombre que someta la tierra, por lo que entonces someter al mundo no se trata de una capricho humano sino de un mandato divino. El asunto, así, no es sólo lo que se hace, sino cómo se hace; si el hombre dominare la tierra, llegare a los confines del espacio y del tiempo, se hiciere ciudadano del mundo (imitando a los santos varones de la Cristiandad) y lo transformare en su aldea, todo esto para mayor gloria de Dios,[2]  no haría más que acatar los designios divinos y consumar su misión terrenal.

Satanás se lo ha sugerido y el hombre inventó… ¡internet! Ahora ya lo sabemos: Internet no es una herramienta indiferente y neutral en manos de los hombres, sino una creación diabólica… ¿y que hace, pues, la FSSPX presente en un medio demoníaco? ¡Ah, ya sé! Viaja a China, Papuasia y Nueva York.

Volviendo un poco más atrás en el tiempo, resultaría evidente, según ese singular criterio, que los aeroplanos también son una invención (o sugerencia) infernal, porque nos permitieron viajar a la Baja Sajonia, al Impenetrable y a Groenlandia… Muy extraño todo esto, sobre todo porque Pío XII, en la encíclica «Miranda Prorsus» citada por el Padre Bouchacourt, dice lo siguiente sobre los medios de difusión existentes en su época:

«Los maravillosos progresos técnicos, de que se glorían nuestros tiempos, frutos sí del ingenio y del trabajo humano, son primariamente[3] dones de Dios, Creador del hombre e inspirador de toda buena obra;… »

Esta es la primera frase del preámbulo de la encíclica, cuyo nombre, precisamente, significa «Maravillosos progresos«. No podemos menos que recordar, ante estos textos, que uno de los pecados contra el Espíritu Santo es el de atribuirle a Lucifer las obras de Dios o viceversa; pecar contra el Espíritu Santo es confundirlo con el espíritu demoníaco; atribuirle falsariamente a Satanás un progreso técnico ―fruto, sí, del ingenio y del trabajo humano― que es, en realidad, primariamente un don de Dios, entra en esta categoría de pecados.

Agrega Pío XII, hablando de los medios de flamante invención en aquella época:

«Algunos de estos nuevos medios técnicos sirven para multiplicar las fuerzas y las posibilidades físicas del hombre, otros para mejorar sus condiciones de vida; pero hay aún otros que miran más de cerca a la vida del espíritu y sirven, directamente o mediante una expresión artística, a la difusión de ideas, y ofrecen a millones de personas, en manera fácilmente asimilable, imágenes, noticias, enseñanzas, como alimento diario de la mente, aun en las horas de distracción y de descanso.

Entre las técnicas que se refieren a esta última categoría, han tomado un extraordinario desarrollo, durante nuestro siglo, como todos bien saben, el cine, la radio y la televisión.»

Hemos destacado especialmente la locución «que miran más de cerca a la vida del espíritu«, para que se advierta la gran utilidad de los medios de difusión en lo que respecta a la vida de la fe; y en particular resaltamos el vocablo «noticias«, para que se vea que la Iglesia no tiene reparos en que el hombre aspire a estar informado de todos los acontecimientos del planeta tierra; ¿se entiende, Padre?

Aclarado lo anterior, debemos agregar que, por supuesto, la FSSPX en particular, y la Iglesia Católica en general, también participan, en la medida de cada una de esas instituciones, de una de las cualidades propias de Dios: La presencia de inmensidad… ¿qué tendrá de malo pretender abarcar el mundo (someterlo íntegramente, henchirlo; Gén. 1, 28), si se trata de hacer el bien según la Voluntad de Dios? A ese fin Pío XII redactó la encíclica que hemos visto, y que seguiremos en la medida de lo oportuno y necesario; un poco más íntegramente que el somero vuelo de pájaro (en el sentido cabal de la expresión) del Padre Bouchacourt.

3) Esta revolución, que comenzó en los albores del siglo pasado con la invención de la radio y prosiguió con la de la televisión, hoy vive su apogeo con internet. La Iglesia saluda las ventajas que traen estas nuevas técnicas y no deja de ponernos en guardia contra los temibles peligros que de allí pueden resultar: «Estos medios técnicos —que están, puede decirse, al alcance de cualquiera— ejercen un extraordinario poder sobre el hombre, conduciendo así al reino de la luz, de lo noble, de lo bello, como a los dominios de las tinieblas y de la depravación, gracias a ultrapotentes y desenfrenados instintos (…) Si el desarrollo de los medios técnicos de difusión no se somete «al yugo suave» de la ley de Cristo, corre el peligro de ser causa de infinitos males, tanto más graves, cuanto que no se trata de someter las fuerzas materiales sino también las espirituales, privando a los descubrimientos del hombre de las elevadas utilidades que tenían como fin providencial».[4]

Acá recula un poco el editorialista, y ―de paso― se contradice: después de atribuirle a Satanás la especialidad electrónica de sugerir la invención de Internet… dice que La Iglesia saluda las ventajas que traen estas nuevas técnicas ¿será la Iglesia Conciliar, que reverencia los hallazgos de Luzbel?

A continuación expresa el Padre Bouchacourt que esa misma Iglesia no deja de ponernos en guardia contra los temibles peligros que de allí pueden resultar: y nuevamente invoca la encíclica de Pío XII; pero…

¡TRAMPA, TRAMPA! El Padre Bouchacourt omite, remplazándolas por puntos suspensivos, frases sustanciales en cuanto al sentido de la encíclica; veamos el texto completo del pasaje, reproducido en el editorial en forma trunca:

«Estos medios técnicos ―que están, puede decirse, al alcance de cualquiera― ejercitan un extraordinario poder sobre el hombre, conduciendo «así al reino de la luz, de lo noble, de lo bello, como a los dominios de las tinieblas y de la depravación, gracias a ultrapotentes y desenfrenados instintos, según que el espectáculo ponga en evidencia y estimule los elementos de uno o de otro campo«.[5]

Como en el desarrollo de las técnicas industriales del siglo pasado no se ha sabido evitar la esclavitud del hombre a la máquina, destinada a servirlo, y generaciones enteras hasta nuestros días deben dolorosamente expiar tales errores; así también hoy, si el desarrollo de los medios técnicos de difusión no se somete «al yugo suave»[6]  de la ley de Cristo, corre el peligro de ser causa de infinitos males, tanto más graves, cuanto que no se trata de someter las fuerzas materiales, sino también las espirituales, privando «a los descubrimientos del hombre de las elevadas utilidades que tenían como fin providencial».[7]»

Lo subrayado es lo omitido, y pone de manifiesto las enseñanzas del pontificado con respecto a las herramientas humanas y específicamente en lo atinente a los medios de difusión: Los inventos del hombre siempre son primariamente dones de Dios, no sugerencias de Satanás. La moral de los actos humanos con respecto a estas herramientas no se encuentra en los útiles en sí mismos, sino en el uso que de ellos hace el hombre, y el Santo Padre da dos ejemplos: la máquina destinada a servir al hombre, que se utiliza para esclavizarlo, y los medios de difusión empleados para la luz, lo noble y lo bello (obviamente, Dios Nuestro Señor), o en servicio de las tinieblas y la depravación; léase Satanás.

Así es como se debe apreciar Internet, y no como un medio intrínsecamente satánico; especialmente si a través de esta calificación se intenta apartar a los seguidores de la FSSPX de los sitios o emisoras que muestran lo que sus autoridades intentan ocultar.

4) Hay que reconocer de hecho que hoy en día internet es una herramienta inevitable de comunicación. Es un medio de evasión y también de expresión y de información, gracias al cual cada uno puede dar rienda suelta a su independencia o a su propio «genio». Esta ventana abierta al mundo, con frecuencia sin discernimiento, atiborra las inteligencias con múltiples informaciones e incita al que las recibe a reaccionar de inmediato, sin la necesaria distancia respecto a los acontecimientos y cuando las pasiones están habitualmente exacerbadas.

Ninguna herramienta del hombre es de uso inevitable; en todo caso serán recomendables, convenientes, provechosas, pero no imprescindibles; hay que hablar con propiedad, aunque no estemos acostumbrados y nos cueste. Todo lo demás que expresa en este párrafo el editorial: medio de evasión y también de expresión y de información… dar rienda suelta a su independencia o a su propio «genio»… ventana abierta al mundo… discernimiento…  atiborrar las inteligencias con múltiples informaciones… incitar al que las recibe a reaccionar de inmediato, sin la necesaria distancia respecto a los acontecimientos y cuando las pasiones están habitualmente exacerbadas; todas estas cosas son aspectos (a vigilar, por supuesto) de aquella diversidad y oposición de fines que vimos en los comentarios al párrafo anterior, que tan bien expresara Su Santidad Pío XII y que tan sutilmente eludiera el editorialista.

Por supuesto que un buen usuario de Internet debe contemplar muy bien estas cuestiones, buscando sana evasión, expresión e información, pulsando la rienda del propio genio y de la independencia personal, manipulando cuidadosamente y con discernimiento la apertura al mundo, atiborrando las inteligencias únicamente con todas las informaciones sanamente útiles de que se disponga, incitando al que las recibe a reaccionar según la distancia y magnitud de los acontecimientos (especialmente los proyectos de acuerdos), y exacerbar el amor a Dios a través de las santas pasiones de las almas que reciben el caudal doctrinario correcto aportado por medio de Internet. 

5) En nombre de la libertad de expresión se quiere oír todo y decir todo. Se olvida que en esta esfera «la verdadera libertad consiste en el acertado uso de la difusión de los valores que contribuyen al perfeccionamiento humano».[8]

Muy bien; completamente de acuerdo; veamos ahora cómo completa el Santo Padre Pío XII estas verdades católicas:

«Como base de cuanto arriba hemos expuesto, la verdadera libertad consiste en el acertado uso de la difusión de los valores que contribuyen al perfeccionamiento humano.

La Iglesia, depositaria de la doctrina de la salvación y de los medios de santificación, tiene por sí el inalienable derecho de comunicar las riquezas que se le han confiado por disposición divina. A tal derecho corresponde el deber de parte de los poderes públicos de hacerle posible el acceso a las técnicas de difusión.

Los fieles, que conocen el inestimable don de la Redención, deben desplegar todo esfuerzo para que la Iglesia pueda valerse de los inventos técnicos y usarlos para la santificación de las almas.

Al afirmar los derechos de la Iglesia, no queremos ciertamente negar a la sociedad civil el derecho de difundir las noticias y las informaciones que son necesarias o útiles al bien común de la misma sociedad.[9]

También deberá asegurarse a los particulares, según la oportunidad de las circunstancias y salvas las exigencias del bien común, la posibilidad de contribuir al enriquecimiento espiritual de los demás, valiéndose de las técnicas existentes

Adelantándonos a la honrosa mención de nuestro medio que se dignó efectuar el Padre Bouchacourt, le repetimos ―a él y a todos nuestros críticos y adversarios― la invitación que siempre hemos hecho: Demuéstrennos que no conocemos el verdadero criterio de la libertad de expresión; explíquennos dónde, cómo y por qué violamos el acertado uso de la difusión de los valores que contribuyen al perfeccionamiento humano; manifiéstennos dónde fallamos en utilizar nuestros medios para la santificación de las almas; exprésennos cómo dejamos de contribuir al enriquecimiento espiritual de los demás, valiéndonos de las técnicas existentes. Cuando acrediten haber actuado de ese modo adecuado y racional (y, por lo tanto, acorde con la Voluntad de Dios), y hayan probado los errores en que habríamos incurrido, entonces, y sólo entonces, dejaremos de lado nuestro apostolado. Pero si así no ocurre, no.

6) El uso de estas nuevas técnicas debería servir a la verdad y el bien. Toda persona que quiere leer o difundir una información debe considerar de antemano que «servir a la verdad significa no solamente apartarse de la falsedad y del engaño, sino evitar también aquellas actitudes tendenciosas y parciales que podrían fomentar en el público conceptos erróneos de la vida y del comportamiento de los hombres (…) En toda noticia que se hiciere del dominio público, jamás deberá prescindirse del aspecto moral, porque aun la más objetiva relación supone siempre juicios y sugiere decisiones. El informador digno de este nombre no debe abochornar a nadie, antes ha de tratar de comprender y hacer comprender los fracasos, y aun las mismas faltas cometidas. Explicar no equivale necesariamente a excusar, sino más bien sugerir ya el remedio y hacer, con ello, una obra positiva y constructiva».[10]

También de acuerdo; muéstrennos, pues, qué hay de tendencioso y parcial en nuestras difusiones. Como no lo han de poder hacer así, deberán admitir que hemos comprendido los fracasos y las faltas cometidas por aquellos que hemos señalado en cada caso, exponiéndolas junto con los remedios que suponen la realización de una obra positiva y constructiva. Si a este obrar nuestro inequívoco y edificante no se ha reaccionado del modo proporcionado… pues… que se ponga de una buena vez el sayo aquel a quien le venga.

7) Dios ha creado a cada hombre para que se santifique en un lugar determinado. El hombre no es ciudadano del mundo: recibe las gracias para desarrollarse en el lugar que Dios ha querido para él. Esto es muy importante. Además, antes de enseñar, el hombre debe ser discípulo y recibir el saber bajo la autoridad de sus padres, de sus profesores y de los sacerdotes que formarán así su inteligencia, su voluntad y su alma.

Es verdad lo primero; y hay hombres a quienes Dios les señala, como lugar de santificación, un asiento frente a un micrófono o frente a una computadora… ¿o no? Si de esa situación se considera que un hombre se ha transformado en ciudadano del mundo, ¡bienvenida sea la Santa Patria universal, la Cristiandad rediviva! Más aún: ¿quién pondrá en entredicho el sitio que un hombre ocupa por disposición divina, en cuanto ubicación salvífica para él y para los destinatarios de su apostolado?; ¿el Padre Bouchacourt? Mmmm…

Lo segundo también es acertado; pero es conveniente ser aún más preciso: El verdadero discípulo no es quien sigue simplemente a sus padres, a sus profesores y a sus sacerdotes, sino quien va en pos de Dios Nuestro Señor a través de esos maestros. El hombre cuenta, además, para formar su inteligencia, su voluntad y su alma, con el acervo perfecto de la Santa Iglesia Católica, las Sagradas Escrituras, la Santa Tradición, el Magisterio Eclesiástico, la Patrística, los escritos y ejemplos de los Doctores y Santos de la Iglesia, la oración, las obras de piedad y de caridad, etc., etc.

Esa última frase de este párrafo del editorial, es un ejemplo de cómo algunos no pueden evitar aquellas actitudes tendenciosas y parciales que podrían fomentar en el público conceptos erróneos de la vida y del comportamiento de los hombres. Efectivamente, se omite todo el tesoro católico que desplegáramos en el parágrafo anterior, y se limita el carácter de maestros a padres, profesores y sacerdotes; sin duda que lo son, pero ¿por qué esa enumeración acotada y que culmina en los clérigos?; sencillamente, porque a partir de este concepto luego el Padre Bouchacourt pondrá, como referencia primaria de la feligresía a la que pretende adoctrinar, los prioratos de la Fraternidad; o sea los sacerdotes por él manejados. Secundariamente, también se constituirán en referentes los integrantes de la Iglesia modernista y apóstata.

Así, el público recibe, como conceptos erróneos de la vida y del comportamiento de los hombres, la indicación de seguir primariamente a Monseñor Fellay, al propio Padre Bouchacourt y a los sacerdotes que responden a ellos desde los prioratos; por supuesto, una vez depurados éstos de todos aquellos clérigos que no respondan a la línea de pensamiento único diseñada por los acuerdistas.

Desde luego que la sugerencia de las bondades de los clérigos conciliares, constituye un concepto erróneo de la vida y del comportamiento de los hombres mucho mayor; superlativo en realidad.

8) El mal uso de internet invierte totalmente este orden: sustrae al hombre de toda autoridad y hace de él un ser independiente, que se construye y se guía a sí mismo sin hacer el menor esfuerzo. Se determinará respecto a la verdad y al error por sus solas luces y a remolque de sus deseos. Entonces el orgullo resulta exaltado y peligra conducir el alma a su ruina. ¡Todo ello es contrario al plan de Dios!

Como no podía ser de otra manera, luego de condenar Internet como un artificio esencialmente demoníaco, el editorialista se vuelve sutilmente atrás, reconoce la neutralidad de la herramienta y limita su crítica al mal uso que pudiere hacerse de este medio, tal como se había insinuado al principio del párrafo 6 del editorial. No hacen falta mayores comentarios.

9) En efecto, ¿acaso Nuestro Señor, Dios encarnado, no quiso nacer y vivir en la dependencia de una familia y sometido a la autoridad de la Virgen María y de San José, aceptando incluso asistir a las enseñanzas impartidas en las sinagogas, siendo que Él es Dios y tiene un conocimiento infinito?

Muy bien Padre, así da gusto; pero ¿no había una diferencia sustancial entre la dependencia y autoridad en el seno de la Sagrada Familia, y las enseñanzas que se impartían en las sinagogas? ¿Se acuerda cómo llamó Nuestro Señor a los fariseos (San Mateo 23, 27-34)?; ¿no son de esa misma especie quienes ensalzan las «enseñanzas» del Concilio Vaticano II? ¿Estas y aquellas enseñanzas merecen la aceptación de Dios Nuestro Señor? Muy probablemente ya Jesús en su preadolescencia habrá confrontado con los doctores de la Ley y los habrá corregido (San Lucas 2, 46-47). Hoy, ciertamente, en lugar de la expresión de San Mateo 23, 3, Jesucristo diría: «No hagáis ni guardéis nada de lo que ellos os mandaren, ni hagáis como ellos, porque ni dicen ni hacen

10) Es triste e inquietante comprobar que muchos internautas, tan pronto como se parapetan detrás de sus teclados, se erigen en jueces del mundo entero, mientras otros pontifican como si fuesen teólogos del más alto nivel. El uso de seudónimos y el deseo de generar reacciones favorecen la calumnia y la maledicencia, como así también la difusión del error sin freno ni control.

¿Y por casa cómo andamos? ¿Qué es mas grave, posicionarse detrás de un teclado (sin parapetarse ni ocultarse, no sea desvergonzado), o escudarse en un silencio tenebroso, por incurrir en conductas inconfesables? No somos jueces ni pretendemos serlo; a los hechos nos remitimos.

Como bien se sabe, no utilizamos seudónimos, apodos ni sobrenombres; la única reacción que se pretende generar desde nuestros medios es la de las almas adormecidas y extraviadas, aunque tengamos por ello que soportar, además de calumnias y maledicencias, excomuniones latæ sententiæ reservadas al Superior del Distrito.

Desde luego, una de esas calumnias y maledicencias es la de que osamos difundir el error sin freno ni control; como esto nunca se intentó demostrar, y ni siquiera se efectuaron indicaciones precisas sobre tal o cual manifestación de nuestros medios, queda como una afirmación gratuita e infundada de la cual alguna vez deberá responder el Padre Bouchacourt; y no precisamente a nosotros.

11) Lo más penoso es observar que, incluso en nuestros medios, algunos dan más crédito a lo que leen en internet que a lo que pueden enseñarles sus sacerdotes, ya sea desde el púlpito o por medio de los boletines parroquiales. En realidad, internet favorece la independencia respecto a la autoridad y encuentra sus raíces en el liberalismo práctico que los Pontífices del siglo XIX y comienzos del siglo XX condenaron por igual. He aquí lo que pensaba el Cardenal Pie: «Os digo que todo miembro separado de su cabeza es un miembro que pierde la vida; si queréis estar prevenidos, si tenéis desarrollado por poco que sea el sentido del olfato, pronto percibiréis que de distintos puntos de este cuerpo que ya no recibe la influencia de la cabeza, emanará un olor fétido de descomposición y de muerte; veréis que todo se disolverá, un pellejo caerá hoy y mañana otro».[11]

Aquí es donde se introduce nuevamente a los sacerdotes… pero ¡no se habla de los prioratos! Se mencionan púlpitos (casi inexistentes en los templos de la FSSPX) y ¡¡¡boletines parroquiales!!! Claro; ahora las referencias de los feligreses serán el Padre Santurio, el Padre Gofo, el Padre Johnny, el Padre Alessio, el Padre Marcial Maciel, el Padre Alberto Cutié, Monseñor Vera López, Monseñor Maccarone, Monseñor Bargalló y todo el resto de curas y obispos que favorecen y practican la fornicación y la sodomía sacrílegas. Aunque bien sabido es que, peores que los clérigos carnalizados, son aquellos que favorecen y difunden herejías al voleo, como una demoníaca parodia del sembrador bíblico.

Y para que no queden dudas acerca de lo que refiere el editorialista, de inmediato ejecuta una voltereta que lo lleva desde el último cura degenerado, hasta la cúpula de la Iglesia modernista y apóstata; porque de eso se trata la referencia al escrito del Cardenal Pie ―que es de mediados del siglo XIX, vale aclararlo―: no sólo las tratativas son procedentes porque hay que volver a la Iglesia, sino que se debe respetar a su autoridad máxima, el Papa, como afirmó Monseñor Fellay en la vergonzosa carta a los tres obispos. La podredumbre y la corrupción no comienzan por los pies sino por la cabeza, y así esa remisión al fundador de los Oblatos de San Hilario, lejos de ilustrar a los lectores, muestra indisimuladamente la vertiente desde donde fluyen las aguas hediondas de la descomposición eclesiástica. De ahí pretenden el Padre Bouchacourt, y su mentor Monseñor Fellay, que abreven los fieles de esta hora para saciar su sed de verdad y perfección; brebaje de perdición…

12) Entonces el rumor ocupa el lugar de la verdad y la opinión el del dogma. A su vez el rumor conduce a más rumores, ¡siempre es el rumor! Ese es el fondo de comercio de muchos blogs y radios que sin eso no existirían. A menudo la autoridad es ridiculizada, hecha objeto de irrisión y apostrofada como lo haría el peor de los impíos. En nombre de la libertad de expresión uno se permite decir cualquier cosa, publicar cualquier cosa o escuchar cualquier cosa. El daño causado a las almas es considerable. ¡Cuánto tiempo perdido, cuántas almas atribuladas, cuántos pecados cometidos contra la caridad, la justicia y la castidad cometidos gracias a internet! Los sacerdotes afirman a una que internet se ha convertido en una de las ocasiones más frecuentes de ofender gravemente a Dios. ¡Es el nacimiento de los ciber-pecadores!

Seguimos sin aclarar cuáles son los errores y las opiniones también falaces (es de suponerse que a ellas se refiere); pero también sigue sin exponerse y defenderse la verdad y el dogma. ¿De qué nos quejamos, entonces?; y por otra parte, ¿cuál es el fondo de comercio de estos medios? El Padre Bouchacourt lo sabe bien, porque más adelante revela que alguna vez la FSSPX colaboró con esta Radio y lo hizo con gusto, porque todavía no habían salido a la luz las defecciones que más adelante nos vimos obligados a delatar.

A menudo la autoridad es ridiculizada, hecha objeto de irrisión y apostrofada como lo haría el peor de los impíos. Bueno, Padre, pero eso es una enseñanza de Nuestro Señor (Mateo, 10, 16). Si al diablo y a sus secuaces es lícito escarnecerlos, aprendamos de los impíos los estilos de chanza efectivos[12] y apliquémoslos como los santos, con el ánimo de convertir a las almas, tanto las burladas (Las autoridades de la FSSPX) como las burladoras (Las autoridades de la FSSPX).

La parrafada dirigida a los supuestos ciber-pecadores adolece de los mismos defectos de todas las calumnias vistas hasta ahora: No se especifica cuáles son las «cualquier cosa» que se dicen, se publican o se escuchan; no se precisa cuál es el daño considerable causado a las almas; tampoco se señala cuál sería el tiempo perdido, ni cuáles las almas atribuladas, ni los pecados cometidos contra la caridad, la justicia y la castidad gracias a internet. Por supuesto, tampoco se individualizan quiénes son los sacerdotes que afirman a una que internet se ha convertido en una de las ocasiones más frecuentes de ofender gravemente a Dios. Puras declamaciones sin sustento, respaldo ni pruebas; ni siquiera indicios.

13) Este medio de comunicación se ha convertido así en una poderosa herramienta de subversión y de desestabilización, incluso en nuestro medio tradicionalista. ¡Cuántos falsos rumores han sido puestos en circulación en estos últimos meses por los sitios y las radios, cuyo único objetivo es perjudicar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X bajo pretexto —por supuesto— de las razones más nobles: ad maiorem Dei gloriam!

No se sabe si la primera frase es una imputación o una autoinculpación; si, por otra parte, han sido puestos en circulación en estos últimos meses por los sitios y las radios falsos rumores, ¿por qué no se remplazan los supuestamente falaces rumores por la vera expresión del obrar de las autoridades de la FSSPX, de la finalidad buscada, de las manifestaciones efectuadas en el curso de estos últimos años, del intercambio de escritos con el Vaticano? Con esas carencias y omisiones es como realmente se ha conseguido perjudicar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X bajo pretexto —por supuesto— de las razones más nobles: ad maiorem Dei gloriam. Pero recordemos también lo que dijo Nuestro Señor según San Mateo 7, 21; y lo que el Papa San Pelagio II expresó en su carta Dilectionis vestrae a los obispos cismáticos de Istria, hacia el año 585:

«No queráis, pues, por amor a la jactancia, que está siempre muy cercana de la soberbia, permanecer en el vicio de la obstinación, pues, en el día del juicio, ninguno de vosotros se podrá excusar… Porque, si bien por la voz del Señor mismo en el Evangelio [cf. San Mateo 16, 18] está manifiesto dónde esté constituida la Iglesia, oigamos, sin embargo, qué ha definido el bienaventurado Agustín, recordando la misma sentencia del Señor. Pues dice estar constituida la Iglesia en aquellos que por la sucesión de los obispos se demuestra que presiden en las Sedes Apostólicas, y cualquiera que se sustrajere a la comunión y autoridad de aquellas Sedes, muestra hallarse en el cisma. Y después de otros puntos: «Puesto fuera, aun por el nombre de Cristo estarás muerto. Entre los miembros de Cristo, padece por Cristo; pegado al cuerpo, lucha por la cabeza».

Pero también el bienaventurado Cipriano, entre otras cosas, dice lo siguiente: «El comienzo parte de la unidad, y a Pedro se le da el primado para demostrar que la Iglesia y la cátedra de Cristo es una sola; y todos son pastores, pero la grey es una, que es apacentada por los Apóstoles con unánime consentimiento». y poco después: «El que no guarda esta unidad de la Iglesia, ¿cree guardar la fe? El que abandona y resiste a la cátedra de Pedro, sobre la que está fundada la Iglesia, ¿confía estar en la Iglesia?». Igualmente luego: «No pueden llegar al premio de la paz del Señor porque rompieron la paz del Señor con el furor de la discordia… No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino el castigo de la perfidia; ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo… El pecado de cisma es peor que el de quienes sacrificaron; los cuales, sin embargo, constituidos en penitencia de su pecado, aplacan a Dios con plenísimas satisfacciones. Allí la Iglesia es buscada o rogada; aquí se combate a la Iglesia. Allí el que cayó, a sí solo se dañó; aquí el que intenta hacer un cisma, a muchos engaña arrastrándolos consigo. Allí el daño es de una sola alma; aquí el peligro es de muchísimas. A la verdad, éste entiende y se lamenta y llora de haber pecado; aquél, hinchado en su mismo pecado y complacido de sus mismos crímenes, separa a los hijos de la madre, aparta por solicitación las ovejas del pastor, perturba los sacramentos de Dios, y siendo así que el caído pecó sólo una vez, éste peca cada día. Finalmente, el caído, si posteriormente consigue el martirio, puede percibir las promesas del reino; éste, si fuera de la Iglesia fuere muerto, no puede llegar a los premios de la Iglesia.»

Pregúntese, Padre Bouchacourt, ¿quién se aparta de la Cátedra de Pedro? ¿Quién desecha la unidad en la Iglesia? ¿Quién rompe la paz del Señor con el mal disimulado furor de la discordia?[13] ¿Quién no quiere estar unánime con la Iglesia? ¿Quién combate a la Iglesia? ¿Quién pone en peligro a tantas almas? ¿Quién, en fin, incurre en todas las conductas censuradas por San Cipriano? Son ellos, Padre Bouchacourt; son Ustedes, que intentan aliarse con ellos en el seno de la Roma modernista y apóstata; son Ustedes, que les hacen el juego a los que intentan destruir a la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, a la cual, por sus acciones, no merecen pertenecer ni unos ni otros.

En fin; son Ustedes, que se disponen a conciliar[14] con los Papas que se atrevieron inclusive a eliminar el plural mayestático («Nos») ―que lucía en los documentos magisteriales pontificios para señalar la continuidad de aquel Sumo Solio Eclesiástico― para pasar a hablar, todos y cada uno de ellos, a título individual y personal, demostrando así la ruptura real y verdadera de la unidad eclesiástica con el Príncipe de los Apóstoles.

A ellos, y a quienes con ellos comercian de modo infame una prelatura por un acuerdo discordante,[15] les caben las admoniciones de San Pelagio:

  • Puesto fuera, aun por el nombre de Cristo estarás muerto.
  • No pueden llegar al premio de la paz del Señor porque rompieron la paz del Señor con el furor de la discordia.
  • No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia.
  • Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino el castigo de la perfidia.
  • Ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada.
  • Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo.
  • Aquí se combate a la Iglesia.
  • Aquí el que intenta hacer un cisma, a muchos engaña arrastrándolos consigo.
  • Aquí el peligro es de muchísimas almas.
  • Aquél, hinchado en su mismo pecado y complacido de sus mismos crímenes, separa a los hijos de la madre, aparta por solicitación las ovejas del pastor, perturba los sacramentos de Dios, y siendo así que el caído pecó sólo una vez, éste peca cada día.
  • Éste, si fuera de la Iglesia fuere muerto, no puede llegar a los premios de la Iglesia.

14) Desgraciadamente algunos sacerdotes nos han dejado durante la crisis que acabamos de tener. ¿Hubiesen ido tan lejos si las radios y los sitios no les hubiesen ofrecido una tribuna que los ha anclado en su rebelión contra la autoridad de sus superiores? La publicidad que estos medios hicieron de estos sacerdotes hace más difícil, si no humanamente imposible, que regresen a su familia religiosa. ¡Qué responsabilidad ante Dios tienen estos directores de radio y gestores de sitios, y qué cuenta deberán rendir a la hora del juicio!

¡Menos mal que algunos sacerdotes los dejaron! Así, por lo menos, los perseguidos ad-intra de la FSSPX y los que terminamos injustamente expulsados de sus filas (¡Menos mal, también; qué oportuno!), podemos contar con Misas, Sacramentos y prédicas verdaderamente católicas.

No se equivoque, Padre Bouchacourt; no ocurre que llegaron tan lejos porque les hemos ofrecido una tribuna; a la inversa, les dimos una tribuna porque llegaron tan lejos como debían, rebelándose contra una autoridad falseada y entregada en manos del enemigo. La FSSPX sabe muy bien en qué consiste la obediencia y en qué medida se le debe a Dios y a los hombres (Hechos 5, 29), porque el falso acatamiento fue el argumento utilizado por la Roma modernista y apóstata contra la obra de Monseñor Lefebvre, en la época en que las actuales autoridades de la FSSPX seguían al gran Arzobispo, al menos exteriormente.

Sabemos la responsabilidad que tenemos como directores de radio y gestores de sitios, y que se nos va a pedir cuentas de nuestras acciones como tales; pero aunque también sabemos que a las autoridades de la FSSPX se les ha de pedir cuentas asimismo a la hora del juicio, no tenemos la osadía de mensurar la magnitud de dicha rendición; esperamos que esa expansión de las responsabilidades de otros ante Dios, que tan temerariamente plantea el editorialista, no sea una afirmación desde su ensoberbecida convicción personal, sino simplemente otro de los argumentos con que intenta apocar el Padre Bouchacourt a quienes delatan su comportamiento indigno.

15) Los sacerdotes, en sí mismos, no tienen una jurisdicción universal. Todo su tiempo está absorbido por el cuidado del rebaño que tienen a su cargo. Sus palabras y sus enseñanzas se dirigen a sus fieles. Es de esta manera como ellos corresponderán a su vocación. Han recibido gracias de estado para conducir un priorato real, no uno virtual. Si realmente desempeñan su labor sacerdotal, entonces los sacerdotes no tendrán tiempo para dedicarse a los blogs o a las radios, salvo si sus superiores los autorizan ex officio, es decir, en la obediencia y siguiendo reglas bien precisas.

Los sacerdotes tienen la jurisdicción que su misión exige; ¿o se olvida el Padre Bouchacourt de los problemas que se le plantearon a la obra de Monseñor Lefebvre, justamente a raíz de las cuestiones jurisdiccionales?

Los sacerdotes que salieron de la FSSPX con motivo de las «negociaciones«[16] con Roma, son considerados por las actuales autoridades de la Fraternidad como «clérigos vagos«;[17] ¿a qué viene, entonces, esa especie de exhortación a ocupar un priorato real? Si lo vinculamos con la frase del párrafo 14, que rezaba: La publicidad que estos medios hicieron de estos sacerdotes hace más difícil, si no humanamente imposible, que regresen a su familia religiosa, da la sensación de que se manifiesta una expresión de deseos de reincorporar a esos sacerdotes a las filas de la FSSPX; pero seguramente no para que puedan ejercer un apostolado real, sino para triturarlos en los engranajes acuerdistas.

Si realmente desempeñan su labor sacerdotal, entonces los sacerdotes no tendrán tiempo para dedicarse a los blogs o a las radios. Como surge de la nota 17, los sacerdotes que emigraron de la FSSPX en razón de su oposición a la política acuerdista, despliegan un enorme denuedo en pro de los rebaños que la Providencia de Dios ha puesto a su cargo,[18] por lo que cumplen acabadamente con su misión sacerdotal. Si a Usted le parece imposible atender fielmente a la feligresía, y además dedicarse a las radios y a los blogs, es evidente que su nivel de esfuerzo no es el mismo.

Por otra parte, si no tienen tiempo (o sea, si existe una limitación horaria), ¿cómo será que la autorización de sus superiores les solucionará esa carencia?; ¿se multiplicarán las horas del día, o los días de la semana? Mmmm… me parece que detrás de esa martingala literaria se oculta una falacia.

La frase salvo si sus superiores los autorizan ex officio, es decir, en la obediencia y siguiendo reglas bien precisas, delata el comportamiento del Padre Bouchacourt en todas estas cuestiones: Cualquier sacerdote que desee ejercer su apostolado en un medio tradicional, debe sujetarse a los mandatos del Superior del Distrito, y obedecer sus indicaciones al pie de la letra: siguiendo reglas bien precisas, sean cuales sean, guarden moralidad y rectitud o no. Sabemos de esto porque también lo intentó en su momento con Radio Cristiandad.

16) Ustedes mismos, queridos fieles, encontrarán las respuestas a toda duda o pregunta en vuestros prioratos. Es allí donde obtendrán las informaciones religiosas que precisan, no en internet. Entonces podrán conservar la paz interior. La recurrencia a la información y a los rumores conduce a la ruina del alma. Dándose sin freno al rumor y difundiéndolo, incluso con la mejor intención, se puede lesionar la reputación de otras personas y ofender a Dios. Uno queda así expuesto a perder la tranquilidad del alma. Cada quien será el único responsable ante Dios de todos los daños que esto produzca. ¡Los emisores y receptores de chismes de todo tipo deberían hacer un examen de conciencia! Si bien hay que reconocer que internet brinda servicio a la difusión de la Tradición, también hay que comprobar, con alarma, que este medio de comunicación, si es mal utilizado, se convierte en el principal verdugo en estos tiempos de crisis.

Los fieles que siguen sumisos a la FSSPX, ya saben las respuestas a toda duda o pregunta que les darán en los prioratos, y ya han recibido las informaciones religiosas que precisan o mejor dicho, ninguna información y una única respuesta: «Callen, respeten, confíen, obedezcan y recen, que nosotros escucharemos su silencio, nos complaceremos en su veneración, nos aprovecharemos de su confianza, disfrutaremos de su acatamiento y llevaremos la minuciosa cuenta de sus Rosarios«. Así, más que conseguir la paz interior para los fieles, se la impone, impidiendo que las legítimas inquietudes espirituales alcancen sosiego por el pleno conocimiento de la verdad… aunque ¡es cierto que el pecado de nuestros primeros padres fue querer saberlo todo, conocerlo todo, estar informado de todos los acontecimientos del planeta tierra! Ahora se explica la estrategia: No quieran conocerlo todo, que nosotros nos ocuparemos de que no sepan nada.

La recurrencia a la información y a los rumores conduce a la ruina del alma. Dándose sin freno al rumor y difundiéndolo, incluso con la mejor intención, se puede lesionar la reputación de otras personas y ofender a Dios. Uno queda así expuesto a perder la tranquilidad del alma. Como es fácil discernir, se mezclan dos cosas bien diversas: la recurrencia a la información, con la recopilación de rumores; en ese tren, las autoridades de la FSSPX serán las que decidirán qué es información verdadera y cuáles son rumores. Como hasta ahora todo consistió en rumores y nada en información veraz y oportuna,[19] se conmina a los fieles a limitarse en sus ansias de saber qué pasa, bajo pena de: 1) ruina del alma; 2) lesionar la reputación de otras personas; 3) ofender a Dios y 4) perder la tranquilidad del alma. Un combo completo, que empieza y concluye en el mismo concepto: el alma intranquila y en ruinas; en el medio, el desprecio de Dios y del prójimo. Estamos condenados sin remedio…

Cada quien será el único responsable ante Dios de todos los daños que esto produzca. ¡Los emisores y receptores de chismes de todo tipo deberían hacer un examen de conciencia! Nuevamente se presiona con la rendición de cuentas ante Dios Nuestro Señor, agregando ahora la necesidad de un examen de conciencia.

Padre Bouchacourt; Usted no puede hablarle a sus críticos acerca de un examen de conciencia, si se niega a administrarles los Sacramentos; el sacerdote que rehúsa confesar a un feligrés no puede conocer si el penitente ha hecho un examen de conciencia, ¿o Usted también, al estilo del Padre Trejo en Chihuahua, preguntará al penitente, antes de absolverlo,[20] si ha osado asistir al Santo Sacrificio de la Misa celebrado por algunos de sus opositores, negándole la absolución si no lo declara como pecado mortal? Sería muy gracioso todo esto por lo ridículo, si no fuera que implica una conducta sacerdotal deplorable e inexplicable, salvo por el desmesurado afán acuerdista, que ponen en peligro los fieles que toman conciencia de los sacerdotes que toman examen conciliar en lugar de confesar… Ni quiero pensar cómo procederán cuando el contrito se niegue a responder aquella pregunta aduciendo que eso no es materia de confesión.

Si bien hay que reconocer que internet brinda servicio a la difusión de la Tradición, también hay que comprobar, con alarma, que este medio de comunicación, si es mal utilizado, se convierte en el principal verdugo en estos tiempos de crisis. Vamos a recordar lo que decía Pío XII, ya que Usted lo ha invocado en su encíclica «Miranda Prorsus«:

«Estos medios técnicos ―que están, puede decirse, al alcance de cualquiera― ejercitan un extraordinario poder sobre el hombre, conduciendo «así al reino de la luz, de lo noble, de lo bello, como a los dominios de las tinieblas y de la depravación, gracias a ultrapotentes y desenfrenados instintos, según que el espectáculo ponga en evidencia y estimule los elementos de uno o de otro campo«.

Como en el desarrollo de las técnicas industriales del siglo pasado no se ha sabido evitar la esclavitud del hombre a la máquina, destinada a servirlo, y generaciones enteras hasta nuestros días deben dolorosamente expiar tales errores; así también hoy, si el desarrollo de los medios técnicos de difusión no se somete «al yugo suave» de la ley de Cristo, corre el peligro de ser causa de infinitos males, tanto más graves, cuanto que no se trata de someter las fuerzas materiales, sino también las espirituales, privando «a los descubrimientos del hombre de las elevadas utilidades que tenían como fin providencial«.»

O sea, Usted no inventó nada, ni descubrió la redondez del cuadrado ni la neutralidad de los instrumentos; esto ya estaba en el Magisterio Papal, en cuanto a los medios de difusión (Internet incluida, hoy), desde hace más de medio siglo, por lo menos.

Pero, como ya dijimos anteriormente, esto, más que un recordatorio doctrinal, constituye un amedrentamiento de las conciencias serviles; rogamos por ellas y por su alma, Padre.

17) En materia de comunicación y de información católica, internet debería estar bajo la autoridad de los superiores eclesiásticos, que controlan las informaciones emitidas y recibidas. Esto es lo que había pedido Pío XII a propósito de los medios católicos. El principio del foro, tal como se despliega en internet, en el que cada uno puede manifestar sin control y a veces en el anonimato su opinión sobre las verdades de fe o la vida de la Tradición, es revolucionario y lleva a la ruina de las virtudes morales.

Es verdad la primera frase; algo así pedía Pío XII, según el siguiente capítulo de la encíclica:

OBRA DE LA IGLESIA – OFICINAS NACIONALES

«Ante tan grandes posibilidades y ante tan graves peligros de las técnicas audio-visivas de difusión, la Iglesia pretende cumplir plenamente su misión que no es directamente de orden cultural, sino pastoral y religioso.[21]

Para responder a este fin, Pío XI, de venerada memoria, recomendaba a los Obispos establecer en todas las naciones una «oficina permanente nacional de revisión que pueda promover las buenas películas, clasificar las otras y hacer llegar este juicio a los sacerdotes y a los fieles», y dirigir al mismo tiempo todas las actividades de los católicos en el campo del cinematógrafo.[22]

Nos, después de considerar con toda madurez las perspectivas apostólicas que estas técnicas ofrecen, y la necesidad de defender la moralidad del pueblo cristiano, por desgracia demasiado frecuentemente amenazado del espectáculo corruptor, deseamos que en todas las naciones, donde tales Oficinas no existan todavía, sean establecidas sin tardanza y sean confiadas a personas competentes bajo la dirección de un sacerdote escogido por los Obispos.

Recomendamos además que en cada nación las respectivas Oficinas para la cinematografía, la radio y la televisión ―cuando no dependen de una única entidad― colaboren entre sí; y que los fieles, y sobre todo los miembros de las Asociaciones Católicas, sean debidamente instruidos en la necesidad de asegurar con el apoyo común el eficaz funcionamiento de estas Oficinas.

Y porque muchos problemas con los cuales deben enfrentarse en cada una de las naciones, no podrán encontrar una conveniente solución, será sumamente útil que las Oficinas nacionales den su adhesión a las Organizaciones internacionales competentes, aprobadas por la Santa Sede.

No dudamos que los sacrificios que posteriormente os impondrá la realización de estas disposiciones Nuestras, serán compensados por frutos abundantes con tal de que se observen las recomendaciones que deseamos dar ahora separadamente con respecto al cine, a la radio y la televisión

Obsérvese que el Santo Padre Pío XII enseña como enseña la Iglesia: Menciona los medios audio-visivos (hoy llamados audiovisuales) con una denominación general pero precisa, que se anticipa a la creación de nuevas herramientas de la misma especie, y que abarca, desde luego, a Internet.

Refiere también las ventajas (grandes posibilidades) y las desventajas (graves peligros) de estos instrumentos, reincursionando en la diferenciación que hiciéramos más arriba (comentario al párrafo 3): La moral de los actos humanos con respecto a estas herramientas no se encuentra en los útiles en sí mismos, sino en el uso que de ellos hace el hombre.

Al final del primer párrafo de este apartado, Su Santidad Pío XII diferencia muy bien la acción de los clérigos, que es de índole pastoral y religioso, dejando en manos de los laicos las cuestiones culturales, de las cuales son medio e instrumento la radio, el cine, la televisión e Internet.

Cuando luego habla de las oficinas nacionales, las menciona como de revisión, lo cual implica (al igual que las acciones propuestas de inmediato) una actuación ex post facto sobre los medios de difusión, y no necesariamente esa especie de censura previa que propone el Padre Bouchacourt, atribuyéndose el papel de juez del mundo entero que antes denostara (párrafo 10). A esta revisión se refiere el Pastor Angélico cuando, en el mismo párrafo, sugiere dirigir al mismo tiempo todas las actividades de los católicos en el campo del cinematógrafo.

En el párrafo seguido el Santo Padre Pío XII se refiere anticipadamente a nosotros, cuando manifiesta las perspectivas apostólicas que estas técnicas ofrecen, y la necesidad de defender la moralidad del pueblo cristiano, por desgracia demasiado frecuentemente amenazado del espectáculo corruptor. También nos alude cuando solicita que esas oficinas sean confiadas a personas competentes bajo la dirección de un sacerdote escogido por los Obispos.

A falta de un obispo de la actualidad que pudiera escoger debidamente a un sacerdote dotado de las cualidades para dirigirnos, hemos optado por aquel clérigo que, en las buenas épocas de la FSSPX, fue seleccionado en algunas oportunidades para ser la voz mediática de la Obra de Monseñor Lefebvre; de doctrina intachable y de acción absolutamente coherente.

Debemos obviar la recomendación del Pastor Angélico con respecto a las Organizaciones internacionales competentes, aprobadas por la Santa Sede, porque no existen o porque no son competentes, descartando la Santidad de la Sede.

¡Vaya si nos exige sacrificio la prudencia audiovisual que nos exhorta la Iglesia! Tenemos los labios partidos a mordiscos, para no referirnos ―aunque fuere al modo de las palomas― a los apóstatas y a los traidores con los epítetos que nos recomendarían las serpientes.

Ya al final de este apartado, el Santo Padre Pío XII anticipa lo que luego desplegará ampliamente, con respecto a lo que ha de recomendar en cuanto al cine, la radio y la televisión.

Sobre la Radio en particular, dice Su Santidad:

«Con no menos solicitud deseamos exponeros, Venerables Hermanos, Nuestras preocupaciones relativas a otro gran medio de difusión, contemporáneo del cine, es a saber, la radio.

Aunque no disponga de la riqueza de elementos espectaculares y de las ventajosas condiciones de ambiente de que goza el cinematógrafo, la radio posee, sin embargo, grandes posibilidades aun no completamente explotadas.

«La radio ―como decíamos al personal de una empresa radiofónica― tiene el privilegio de estar libre y desasida de las condiciones de espacio y tiempo que impiden o entorpecen los medios de comunicación entre los hombres. Con ala infinitamente más veloz que la de las ondas sonoras y rápidas como la luz, en un instante y superando todas las fronteras, lleva los mensajes que se le confían».[23]

Perfeccionada continuamente con nuevos progresos, presta incalculables servicios en los varios campos de la técnica, llegando hasta lograr dirigir de lejos mecanismos sin piloto hacia metas precisas. Con todo, creemos que el más noble servicio que está llamada a prestar, es el de iluminar y educar al hombre, dirigiendo su mente y su corazón a esferas cada vez más altas del espíritu.

Oír la voz humana y poder seguir acontecimientos lejanos, permaneciendo dentro de las paredes domésticas, participando a distancia en las manifestaciones más variadas de la vida social y cultural, son cosas que responden a un profundo deseo humano.

No es pues de maravillar que muchas casas hayan sido dotadas rápidamente de aparatos de radio, los cuales permiten abrir una ventana sobre el ancho mundo, de donde le llegan, de día y de noche, ecos de la actividad que palpita en las diversas culturas, lenguas y naciones, bajo la forma de innumerables programas ricos en noticias, entrevistas, conferencias, transmisiones de actualidad y de arte, de canto y de música.

«Qué privilegio y qué responsabilidad ―decíamos en reciente discurso― para los hombres del presente siglo, y qué diferencia con los días lejanos en que la enseñanza de la verdad, el precepto de la fraternidad, las promesas de la bienaventuranza eterna, seguían el paso lento de los Apóstoles sobre los ásperos senderos del viejo mundo. ¡Hoy, en cambio, la llamada de Dios puede abarcar en un mismo instante a millones de hombres!».[24]

Es cosa muy excelente que los fieles se aprovechen de este privilegio de nuestro siglo y disfruten de las riquezas de la instrucción, de la diversión, del arte y de la misma palabra de Dios, que la radio les puede proporcionar para dilatar sus conocimientos y sus corazones.

Bien saben todos, cuanta virtud educativa pueden tener las buenas emisiones; pero al mismo tiempo, el uso de la radio entraña responsabilidades, porque al igual que otras técnicas, puede ser empleada así para el bien como para el mal. Se puede aplicar a la radio la palabra de la Escritura «In ipsa benedicimus Deum et Patrem: et in ipsa maledicimus homines, qui ad similitudinem Dei facti sunt. Ex ipso ore procedit benedictio et maledictio».[25] [26]

Así, como no podía ser de otra manera, la encíclica del Pastor Angélico invocada por el Padre Bouchacourt, lo contradice radicalmente y muestra las falacias de sus argumentaciones:

  • Frente a la crítica del Padre Bouchacourt, acerca de que el hombre ya no acepta limitaciones en cuanto al tiempo ni en cuanto al espacio (párrafo 2), Pío XII encomia que la Radio tiene el privilegio de estar libre y desasida de las condiciones de espacio y tiempo que impiden o entorpecen los medios de comunicación entre los hombres.
  • En lugar de considerar a un medio de difusión como un invento de Satanás (párrafo 2), el Santo Padre expresa de toda emisora radial (y de toda otra herramienta comunicacional) que el más noble servicio que está llamada a prestar, es el de iluminar y educar al hombre, dirigiendo su mente y su corazón a esferas cada vez más altas del espíritu.
  • Lejos de criticar en el hombre que quiera saberlo todo, conocerlo todo, estar informado de todos los acontecimientos del planeta tierra y poder comunicarse con todos sus congéneres, allí donde éstos estén (párrafo 2), Su Santidad Pío XII expresa elogiosamente que oír la voz humana y poder seguir acontecimientos lejanos, permaneciendo dentro de las paredes domésticas, participando a distancia en las manifestaciones más variadas de la vida social y cultural, son cosas que responden a un profundo deseo humano.
  • Contra la censura de esta ventana abierta al mundo, que con frecuencia sin discernimiento, atiborra las inteligencias con múltiples informaciones e incita al que las recibe a reaccionar de inmediato, sin la necesaria distancia respecto a los acontecimientos y cuando las pasiones están habitualmente exacerbadas (párrafo 4), el Santo Padre halaga a los receptores radiales, que permiten abrir una ventana sobre el ancho mundo, de donde le llegan, de día y de noche, ecos de la actividad que palpita en las diversas culturas, lenguas y naciones, bajo la forma de innumerables programas ricos en noticias, entrevistas, conferencias, transmisiones de actualidad y de arte, de canto y de música.

O sea, donde el Padre Bouchacourt ve falta de discernimiento, incitaciones a reacciones inmediatas, falta de distancia de los acontecimientos y pasiones habitualmente exacerbadas, Pío XII vio palpitaciones de diversas culturas, lenguas y naciones, programas ricos en NOTICIAS, entrevistas, conferencias, actualidad, arte, canto y música.

¡Qué buen oído tenía el Pastor Angélico! ¡Y qué mala voluntad, qué insidia muestra el Superior de Distrito!

  • En tanto el Padre Bouchacourt ve en esta herramienta un medio de evasión y también de expresión y de información, gracias al cual cada uno puede dar rienda suelta a su independencia o a su propio «genio» (párrafo 4), el Santo Padre Pío XII alaba la diferencia con los días lejanos en que la enseñanza de la verdad, el precepto de la fraternidad, las promesas de la bienaventuranza eterna, seguían el paso lento de los Apóstoles sobre los ásperos senderos del viejo mundo. ¡Hoy, en cambio, la llamada de Dios puede abarcar en un mismo instante a millones de hombres!
  • En oposición a la recomendación a los fieles de que busquen las respuestas a toda duda o pregunta en vuestros prioratos, porque es allí donde obtendrán las informaciones religiosas que precisan, no en internet (párrafo 16), contrapone Su Santidad que es cosa muy excelente que los fieles se aprovechen de este privilegio de nuestro siglo y disfruten de las riquezas de la instrucción, de la diversión, del arte y de la misma palabra de Dios, que la radio les puede proporcionar para dilatar sus conocimientos y sus corazones.
  • Muy al contrario del criterio simplista del Padre Bouchacourt acerca de que en realidad, internet favorece la independencia respecto a la autoridad y encuentra sus raíces en el liberalismo práctico que los Pontífices del siglo XIX y comienzos del siglo XX condenaron por igual (párrafo 11), el último Papa de la verdadera doctrina católica distingue muy bien que al igual que otras técnicas, puede ser empleada así para el bien como para el mal, dándonos una pauta precisa de discernimiento, sin despreciar ninguna herramienta comunicacional.

Por lo tanto, Padre Bouchacourt, si va a utilizar documentos del Magisterio Papal, no los cercene profusamente, quedándose con unos pocos pasajes que le permiten distorsionar el vero contenido del documento. Si el citarla reiteradamente juega en su contra, entonces sea honesto y no la mencione. Nosotros, por las limitaciones que nos impone un artículo de esta estirpe, tampoco podemos volcarla en su totalidad, aunque lo hemos hecho con la mayor amplitud posible. Sin menoscabo de este modo de remisión al documento pontificio, invitamos a los lectores y a la audiencia a que la consulten en el sitio oficial del Vaticano: http://www.vatican.va/holy_father/pius_xii/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_08091957_miranda-prorsus_sp.html, para que puedan comprobar que, lejos de responder a las diatribas del Superior de Distrito, la encíclica «Miranda Prorsus» se ajusta como un guante a la actividad que desplegamos en nuestra Radio y en nuestro Blog; si no, Padre Bouchacourt, pregúntele a sus sacerdotes y a todos los tradicionalistas del mundo dónde encuentran la información menos engañosa y la doctrina menos heterodoxa del mundo católico tradicional.

El principio del foro, tal como se despliega en internet, en el que cada uno puede manifestar sin control y a veces en el anonimato su opinión sobre las verdades de fe o la vida de la Tradición, es revolucionario y lleva a la ruina de las virtudes morales. La última frase de este párrafo ya ha quedado desvirtuada por todos los comentarios de este punto, pero nos interesaría saber cómo ha determinado el Padre Bouchacourt cuál es el principio del foro. ¿Le habrá preguntado a su inventor, Satanás, o a sus diseñadores humanos? ¿Habrá hecho una encuesta entre moderadores y administradores de esa especie de sitios de Internet? ¿Se lo habrá insuflado el espíritu demoníaco, a quien le atribuye su invención? ¿O será una mera suposición suya, utilizada como otro disuasivo para los fieles? Dejamos al recto criterio de los lectores esta precisión; aunque ciertamente ya tenemos la respuesta en el documento pontificio: Un foro de Internet es parte de los dones de Dios, de la abundancia de herramientas que el Espíritu Santo pone a disposición de la sana difusión católica.

18) Dadas varias consultas que se nos formularon, aprovecho estas líneas para indicarles que Radio Cristiandad no tiene nada que ver, ni de cerca, ni de lejos, con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En sus comienzos nuestra Fraternidad ayudó a esta radio y a su sitio web; sin embargo, desde hace algunos años sus gestores adhieren a los principios que procuré denunciar en este artículo. Por lo demás, lo mismo se aplica al sitio de Brasil «SPES«.

Otra contradicción, otro acto fallido, otra parapraxis, otro lapsus calami del Padre Bouchacourt: Si nada tuvo que ver, de lejos, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X con Radio Cristiandad, ¿cómo fue que en sus comienzos nuestra Fraternidad ayudó a esta radio y a su sitio web? Le reiteramos, Padre: Hable con propiedad, aunque le resulte arduo y dificultoso.

Lo mismo se le pide cuando se refiere al cambio de actitud de la Neofraternidad con respecto a nuestros medios: La mudanza no ocurrió porque sus gestores adhieren a los principios que procuré denunciar en este artículo; Usted sabe bien que nuestros principios, que son los de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, nunca cambiaron; ni podrán cambiar, porque Dios Nuestro Señor y su doctrina son inmutables. El cambio se ha dado en las autoridades actuales de la FSSPX, traidoras al pensamiento de Monseñor Marcel Lefebvre, y potenciales destructoras de su obra.

Tampoco cambió la forma exterior y mediática de nuestras difusiones, que siempre mostraron esa mordacidad que hoy el Padre Bouchacourt (que también disfrutó, cuando le convenía, de la ironía y el sarcasmo), transforma alevemente en dar rienda suelta a su independencia o a su propio «genio» (párrafo 4); en actitudes tendenciosas y parciales que podrían fomentar en el público conceptos erróneos de la vida y del comportamiento de los hombres (párrafo 6); en un modo de difundir a partir del cual el orgullo resulta exaltado y peligra conducir el alma a su ruina (párrafo 8); en modos mediáticos que favorecen la calumnia y la maledicencia, como así también la difusión del error sin freno ni control (párrafo 10); agregando que de esa manera internet favorece la independencia respecto a la autoridad y encuentra sus raíces en el liberalismo práctico que los Pontífices del siglo XIX y comienzos del siglo XX condenaron por igual (párrafo 11); encontrando ahora, en el estilo punzante que él aprobaba, que a menudo la autoridad es ridiculizada, hecha objeto de irrisión y apostrofada como lo haría el peor de los impíos. En nombre de la libertad de expresión uno se permite decir cualquier cosa, publicar cualquier cosa o escuchar cualquier cosa. El daño causado a las almas es considerable. ¡Cuánto tiempo perdido, cuántas almas atribuladas, cuántos pecados cometidos contra la caridad, la justicia y la castidad cometidos gracias a internet! (párrafo 12); en fin, descubriendo el Padre Bouchacourt, como pionero moral del siglo XXI, una clase nueva de enemigos de Nuestro Señor: los ciber-pecadores (párrafo 12).

Muy original; patentable ante las oficinas diabólicas de Satanás, el inventor de Internet (Bouchacourt dixit), que el editorialista manifiesta conocer.

La realidad de esta evolución es otra: En cuanto vislumbramos la esencia del accionar de las actuales autoridades de la FSSPX y vimos definida su orientación, lo pusimos de manifiesto; y allí comenzó la persecución, la privación de los Sacramentos a los responsables de Radio Cristiandad y la crítica despiadada y pública de nuestros medios, que culmina ahora con el Catecismo cibernético del curial distrital de la Neofraternidad… ¡cazador de brujas!

Para concluir con el análisis de este párrafo, acompañamos en el sentimiento y en la acción a nuestros amigos brasileños de SPES, perseguidos y calumniados por las mismas razones que nosotros.

19) En estos tiempos difíciles es preciso recuperar la razón y que cada uno haga su propio examen de conciencia. Padres de familia: ustedes son responsables ante Dios sobre el empleo de internet en sus familias. Pongan reglas claras, a fin de promover la práctica de la virtud. Sean estrictos en cuanto a su uso; de lo contrario, internet se convertirá en un intruso que pondrá en peligro el alma del hogar y la de sus miembros. Manténganse alejados de los sitios y de las radios cuya vocación es vehiculizar el rumor y el escándalo. De esta manera se fortalecerá la vida espiritual, las almas se afirmarán en el bien, cumplirán mejor sus deberes de estado y progresarán en la virtud; y Dios, a su vez, los colmará de gracias y les dará su paz.

Todas estas recomendaciones son sumamente acertadas, sin descartar que la frase Manténganse alejados de los sitios y de las radios cuya vocación es vehiculizar el rumor y el escándalo, más que un consejo objetivo apunta a apartar de nuestras verdaderas difusiones a los lectores del editorial.

Esperamos, eso sí, que el primero en respetar estas sugerencias sea el propio Padre Bouchacourt, especialmente la recomendación de que es preciso recuperar la razón, porque hasta ahora ha demostrado merecer ser el destinatario del pasaje evangélico de San Mateo recordado al final del párrafo 9; en cualquier momento también ameritará ser el cabal receptor de la última frase de la glosa referida.

20) Tras estos meses difíciles para la Tradición, me pareció necesario recordar estos principios. Que San Gabriel, Patrono de las comunicaciones, los guíe y que el Arcángel San Miguel les conceda la fuerza y el vigor necesarios para los próximos combates que nos esperan.

Tras estos meses difíciles para la Tradición, me pareció necesario recordar estos principios. ¡Qué bueno! ¡Qué alentador resulta que le parezca necesario al Padre Bouchacourt recordar estos principios, para superar los difíciles meses por los que pasa la Tradición! Por otra parte, ¿por qué los había olvidado?; ¿ya habrá empezado a rememorarlos? Confiemos en que finalizado el párrafo 19 los haya comenzado a poner en práctica nuevamente.

La mención de San Gabriel como Patrono de la difusión, también la trae (ampliada) el Santo Padre Pío XII en «Miranda Prorsus«, aunque esto también lo oculta el Padre Bouchacourt. Dice Su Santidad, en el cuarto párrafo de la parte general del documento:

«Y para que la actuación del plan divino a través del hombre consiga un éxito más seguro y eficaz, hemos declarado, con Nuestra autoridad apostólica, celestial Patrono del telégrafo, del teléfono, de la radio y de la televisión a San Gabriel Arcángel «que ha traído al género humano… el tan deseado anuncio de la Redención».[27]  Nuestro intento era hacer caer en la cuenta de la nobleza de su vocación a cuantos tienen en sus manos los benéficos instrumentos[28] que permiten difundir en el mundo los grandes tesoros de Dios, como buenas semillas, destinadas a producir centuplicado el fruto de la verdad y del bien.»

Como se ve, es el propio Pastor Angélico el que ensalza nuestra actividad, dándonos un espaldarazo para continuar difundiendo en el mundo los grandes tesoros de Dios, como buenas semillas, destinadas a producir centuplicado el fruto de la verdad y del bien. Tal vez sería mucho pedir que el Padre Bouchacourt adopte también para con nosotros estos consejos de Su Santidad Pío XII, pero por lo menos es de esperarse que el Cielo no le facilite seguir obstaculizando nuestra labor.

En todo caso, Padre, podría ocuparse interceder ante sus modernísimos interlocutores para propiciar el primer patronazgo del siglo XXI:

http://www.consumer.es/web/es/tecnologia/2001/02/13/42974.php

21) ¡Que Dios los bendiga!

Muchas gracias, Padre… ¿O esta bendición también nos está vedada, como los Sacramentos?

+.+.+

Como fácilmente habrá podido advertir el lector, el centro de este editorial está constituido por el punto 18; no porque mencione específicamente a Radio Cristiandad y a nuestros hermanos de SPES, sino porque se trata de un esfuerzo desesperado por apartar a los seguidores de la Neofraternidad de la información que brindamos permanentemente; en especial, la que concierne a la marcha de la traición de Menzingen. Por esa razón, en el siguiente punto 19 repite con texto remarcado la exhortación que le dio título al editorial: «¡Recuperemos la razón!«. Debe destacarse que esta admonición se propone en la primera persona del plural, con lo cual es evidente que no se dirige a sus adversarios, sino a sus seguidores…

Por supuesto; no se trata de preservar de ese contacto a los partidarios recalcitrantes de Monseñor Fellay, sino a aquellos que van meditando sobre los acontecimientos con el resto de conciencia que el Superior General aún no ha podido controlar o sojuzgar, y que van creciendo lentamente en número, por la Gracia de Dios que asiste a sus reflexiones. Uno de los recientes casos es el escándalo de Chihuahua.

Tampoco nos envanecemos de esta situación, porque cualquier difusor del mundo podría haber sido el instrumento que Dios Nuestro Señor hubiese elegido en su Providencia para este cometido. El saber que cumplimos con una misión de esclarecimiento nos obliga mucho más en el empeño de difundir la verdad, y esperamos que quienes nos siguen por nuestros medios multipliquen el mensaje y se hagan partícipes de la alegría que significa combatir la felonía, la mentira y el silencio perverso, en pos de la Verdad Encarnada.

Los resultados de este accionar en que nos ha colocado la Divina Providencia, se revela en este manotazo de ahogado del Padre Bouchacourt, que no pudo disimular el ataque contra estos medios, entre tanta parodia doctrinal. Tanta parodia doctrinal, que se permitió manipular textos del gran Pío XII, y hasta ofender gravemente al Espíritu Santo como administrador de los bienes tecnológicos y mediáticos que ha puesto a disposición de la buena doctrina. Rogamos al Señor que no le impute esa falta, y que ilumine también su entendimiento, así como al resto de las autoridades de la FSSPX empeñadas en el camino errado del conciliábulo con la Roma modernista, apóstata y anticrística. Esperamos que Nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María, las acompañe en ese empeño que han revelado, de recuperar la razón.

Por lo tanto confirmamos acá, al final de nuestro análisis, que este editorial, como dijimos en el comentario del párrafo 1, es un tratado sobre la soberbia… la soberbia de su autor.

Para finalizar, vale hacer una última aclaración: Nos reservamos el nombre de quien nos ha proporcionado la pieza literaria que analizamos y comentamos; no sea cosa que nos acusen de ultrajar derechos de autor, de repetidor, de reproductor, de citador, de traductor, de invocador, de copista o de cualquier otra calidad de quien pueda considerarse propietario o copartícipe del editorial. Quien nos lo facilitó lo posee legítimamente, pero ante la reiterada oposición del Padre Bouchacourt contra este tipo de actividad mediática, más vale proteger a nuestros colaboradores. Esperemos que algún otro sitio de Internet (de Abadón, de Asmodeo, de Baphomet, de Belcebú, de Belial, de Legión, de Leviatán, de Lucifer, de Luzbel, de Mammón, de Mefistófeles, de Moloch, de Satanás, o de cualquier otro encargado infernal de este invento diabólico) alguna vez reproduzca el editorial, para liberarnos de toda posible imputación.

Luis Ricardo Manzano

Director Ejecutivo

Radio Cristiandad

NOTAS:

[1] Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejáos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón (San Mateo 11,29); así nos enseña Nuestro Señor a ser como Él. (Nota de RC).

[2] Véase el párrafo 13 in fine del editorial. (Nota de RC).

[3] Principalmente, fundamentalmente (Diccionario de la Real Academia española; http://www.rae.es/drae/). (Nota de RC).

[4] Pío XII: “Miranda prorsus”, 8 de septiembre de 1957. (Nota del editorial).

[5] Cfr. Sermo ad cultores cinematographicae artis ex Italia Romae congregatos, d. 21 Iunii, a. 1955: A. A. S., vol. XLVII, 1955, pag. 504. (Nota de la encíclica).

[6] Cfr. Matth., XI, 30. (Nota de la encíclica).

[7] Cfr. Sermo ad radiophonicae artis cultorum coetum, d. 5 Maii, a. 1950 ex omnibus Nationibus Romae habitum: DISCORSI E RADIOMESSAGGI di S. S. Pio XII, vol. XII, pag. 54. (Nota de la encíclica).

[8] Pío XII: “Miranda prorsus”, 8 de septiembre de 1957. (Nota del editorial).

[9] Se incluye, entre estas cosas, lo útil y necesario de conocer el modo, contenido y finalidad del contubernio entre la Neofraternidad y la Roma modernista y apóstata. (Nota de RC).

[10] Pío XII: “Miranda prorsus”, 8 de septiembre de 1957. (Nota del editorial).

[11] Cardenal Pie: “Entretiens”, 27 de agosto de 1850 y 25 de agosto de 1851, en “Œuvres de Mgr de Poitiers”, tomo I, pág. 340. (Nota del editorial).

[12] Por la reacción del editorialista, parece que el método es eficaz. (Nota de RC).

[13] Un ejemplo del furor de la discordia: https://radiocristiandad.wordpress.com/2012/07/06/batalla-de-econe-grave-discusion-entre-mons-tissier-y-mons-fellay/ (Nota de RC).

[14] En ambos sentidos de la palabra; Usted entiende, Padre… (Nota de RC).

[15] O sea, propio de la furiosa discordia; véase la nota 13. (Nota de RC).

[16] ¡Con qué propiedad empleamos esta palabra! (Nota de RC).

[17] Aunque trabajan mucho más ―y con una eficacia de excelencia― que los sacerdotes que aún siguen la marcha de Monseñor Fellay. (Nota de RC).

[18] Recordamos aquí la primera frase del punto 7 del editorial: Dios ha creado a cada hombre para que se santifique en un lugar determinado; y así ocurre en este caso, con la situación actual de estos cabales sacerdotes. (Nota de RC).

[19] Por culpa de quién, cabe preguntarse. (Nota de RC).

[20] Para completar la “deficiente” preparación al Sacramento de la Penitencia, desde luego. (Nota de RC).

[21] Cfr. Sermo ad moderatores, docentes, et cultores Consociationis ex omnibus Nationibus Institutorum Archaeologicae, Historiae, et Artis Historiae,d.9 Martii, a. 1956, habita : A. A. S., vol XLVIII, 1956, pag. 212. (Nota de la encíclica).

[22] Ep. Enc. VIGILANTI CURA, d.29 Iunil, a. 1936: A.A.S., vol. XXVIII, 1936, pag. 261. (Nota de la encíclica).

[23] Cfr. Sermo d. 3 Decembris, a. 1944 habitus: Discorsi e Radiomessaggi di S. S. Pio XII, vol. VI, pag. 209. (Nota de la encíclica).

[24] Cfr. Nuntius radiophonicus ad eos qui interfuerunt tertio generali conventui de communicationibus inter cives et nationes, sexagesimo volvente anno a radiotelegraphia inventa, Genuae habito: A. A. S., vol. XLVII, 1955, pag. 736. (Nota de la encíclica).

[25] Con ella [la lengua] bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a semejanza de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. (Nota de RC).

[26] Carta del Apóstol Santiago 3, 9-10. (Nota de la encíclica).

[27] Litt. Apost. d. 12 Ianuarii, a. 1951: A. A. S., vol. XLV, 1952, pag. 216-217. (Nota de la encíclica).

[28] Ibid. pag. 216. (Nota de la encíclica).