LOS TRISTEMENTE LLAMADOS «TEÓLOGOS» DEL VATICANO II
Benedicto XVI profundizó más el descarrío Conciliar nombrando al obispo Gerhard Ludwig Müller de Ratisbona como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Müller es un ex profesor de teología dogmática en la facultad teológica de Munich. Como maestro y como obispo ha demostrado ampliamente no tener una segura doctrina.
1.- Ninguna virginidad de María
En su libro “Dogmática católica: estudio y práctica de la teología” (Friburgo, 2003, quinta edición), Müller niega el dogma de la virginidad de María. Para él la virginidad no tiene que ver con las “características fisiológicas en el proceso natural del nacimiento de Jesús (como la no-apertura del útero, la incolumidad del himen o la ausencia de las contracciones), sino con el influjo salvífico y redentor de la gracia de Cristo para la naturaleza humana”. Ver artículo completo aquí
2.- Ninguna transubstanciación
En 2002 Müller publicó el libro “La Misa, fuente de la vida cristiana” (St. Ulrich Verlag, Ausburg) en el cual habla del Santísimo Sacramento. Pero desaconseja el uso de términos “cuerpo y sangre” para los dones eucarísticos. Según Müller estos términos podrían producir “malentendidos”: “Cuerpo y sangre de Cristo no significan las partes físicas del hombre Jesús durante su vida o en su cuerpo glorificado”, el obispo explica: “Cuerpo y sangre significan aquí específicamente una presencia de Cristo en el signo mediato del pan y del vino”.
La Santa Comunión expresa, según Müller, “la comunión con Jesucristo, mediante la consumisión de pan y vino”.
Él compara esto con una carta que puede significar una amistad entre dos personas: “Ante el destinatario puede, por así decir, representar e indicar el afecto del emisor”. Müller explica el pan y el vino eucarísticos como simples “signos de la presencia salvífica de Jesús”.
Monseñor Müller ilustra el concepto de “transubstanciación” así:
“La esencia del pan y del vino debe ser definida en un sentido antropológico. El carácter natural de estos dones (pan y vino) como frutos de la tierra y del trabajo humano, como productos naturales y culturales, consiste en la designación del alimento de las personas y de la comunidad humana en el signo de una comida común (…). El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios en el sentido que este ahora demuestra y realiza la comunión salvífica”.
3.- Los protestantes “ya son parte de la Iglesia”
Durante un discurso en honor del obispo luterano Johannes Friedrich, el 11 de octubre de 2011, monseñor Müller presentó un texto de su eclesiología. (El original alemán se encuentra aquí). Mons. Müller dijo en esa ocasión:
“El Bautismo es el carácter fundamental que nos une sacramentalmente en Cristo, ante el mundo en una sola Iglesia visible. Nosotros como cristianos, católicos y protestantes, estamos por lo tanto ya unidos en aquello que llamamos la Iglesia visible. En un sentido estricto existen, por lo tanto, no muchas Iglesias, es decir una junto a la otra, más bien existen divisiones y desuniones al interior de un único pueblo y de una única casa de Dios”.
La comprensión común que la “Dominus Iesus” haya confirmado que los protestantes no son propiamente una iglesia, es para monseñor Müller un “malentendido”:“Es teológicamente incorrecto traducir la afirmación que las [communitates ecclesiales] que no han preservado un episcopado válido (…) no son iglesias (¡plural!) en un sentido propio, con: ‘La iglesia evangélica no es propiamente una iglesia’. Porque el plural significa las iglesias como iglesias locales, constituidas en torno a un obispo”.
Müller continúa:
“El punto no es el carácter eclesial de las iglesias salidas de la Reforma sino la pregunta si el oficio sacramental episcopal es constitutivo para la conformación de una iglesia local, es decir de una diócesis, o no. Aquí, la diferencia entre una iglesia territorial protestante y una diócesis católica está descrita, no evaluada. El magisterio católico está lejos de negar a las ‘iglesias separadas y a las comunidades eclesiales de occidente’ la eclesialidad o su ser iglesia”.
Según Müller, la esencia del ecumenismo consiste en lo siguiente:
“Nosotros definimos nuestra relación recíproca ya no sobre la base de las diferencias efectivamente existentes en la doctrina, en la vida y en la constitución de la Iglesia, sino sobre la base de cuánto tenemos en común. Este es el fundamente sobre el cual nos movemos”.
Por ahora como muestra, basta y sobra.
Nos preguntamos: ¿Este es el «corazón tradicional» de Benedicto XVI, del que tanto se han llenado la boca los Obispos de la FSSPX?
Algo más y muy importante:
Es amigo de Benedicto XVI y de Gustavo Gutierrez, el padre de la Teología de la Liberación.
Tomo de Sacro y Profano lo siguiente
El pastor de Ratisbona tiene otra historia, ligada a América Latina. Desde 1988 hasta la fecha ha viajado cada año a Perú para seguir cursos con Gustavo Gutiérrez, al cual considera su maestro y amigo. Ha tomado cursillos teológicos en los seminarios de Cusco, Lima y Callao, además de vivir durante meses enteros con los campesinos de una parroquia junto al lago Titicaca, en la frontera con Bolivia.
Esta antigua relación le llevó a recibir, en noviembre de 2008, el doctorado “honoris causa” de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), la misma que en estos momentos se encuentra en una polémica institucional tras declararse en rebeldía contra la autoridad del cardenal de Lima, Juan Luis Cipriani Thorne y las instrucciones de la misma Santa Sede. Una casa de estudios donde se ha forjado lo más selecto del progresismo peruano, lobby homosexual incluido.
“Mis experiencias con la teología de la liberación” fue el título de la conferencia que Müller impartió durante la ceremonia en su honor. En ella pasó revista a su larga relación con Gutiérrez y explicó sus razones para apoyar esa corriente teológica.
“Yo no hablo de la teología de la liberación de forma abstracta y teórica, ni mucho menos ideológica, para halagar al grupo eclesial progresista. De igual modo tampoco temo que ello pueda interpretarse como falta de ortodoxia. La teología de Gustavo Gutiérrez, independiente del ángulo desde el que se mire, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el adecuado actuar cristiano, porque procede de la verdadera fe”, afirmó en su ponencia.
Aunque precisó que dicha teología nada tiene que ver con política, dedicó la mitad de su disertación a condenar a la “infamia de nuestra época: el capitalismo neoliberal” y sus consecuencias.
Huelga aclarar que el pensamiento de Gutiérrez nunca ha sido formalmente censurado por la Santa Sede, aunque en su momento se le pidió enmendar algunos pasajes de sus textos. De todas maneras sus postulados dieron pie a un intenso debate teológico internacional. Esta discusión llevó al entonces prefecto, Joseph Ratzinger, a intervenir con dos declaraciones críticas: en 1984 y 1986.
Pese al intento de Gutiérrez por desvincular sus ideas de la acción política, lo cierto es que en Latinoamérica sus escritos sirvieron de inspiración a simpatizantes de un “catolicismo marxista”, una acción revolucionaria que llegó a justificar la violencia. He ahí el nudo de la controversia. Los activistas de esos movimientos latinoamericanos de ayer, paradójicamente hoy comparten algunas de las batallas de “Somos Iglesia”, el grupo que Müller se ha empeñado tanto en combatir en su país.
Así las cosas el obispo de Ratisbona ha quedado en medio de dos frentes, por un lado es un defensor empedernido del “padre” de la teología de la liberación pero, por otro, defiende a ultranza al Papa y a la jerarquía de la Iglesia. Para él esto no representa contradicción alguna, pero en Alemania piensan lo contrario.
El 25 de mayo pasado Michael Ramminger, del Instituto de Teología y Política, publicó un duro artículo en la Agencia de Noticias Prensa Ecuménica en la cual acusó al prelado de difamar e instrumentalizar esa corriente teológica para defender sus intereses.
“Müller se glorifica a sí mismo en América Latina como amigo de los pobres y de la teología de la liberación verdadera, mientras que en su propia casa lucha con rabia reaccionaria y arrogancia clerical contra todos aquellos que quieren materializar esos principios dentro de la Iglesia alemana”, escribió.
Tomado en parte desde acá
