OFICIALMENTE LA RESPUESTA DE FELLAY ES «ALENTADORA»

Esta mañana, un escueto comunicado publicado por la Pontificia Comisión Ecclesia Dei anunciaba una esperada noticia: la llegada a Roma de la respuesta de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, firmada por su Superior General Mons. Bernard Fellay. El comunicado agregaba que dicho texto “será examinado por el Dicasterio y luego sometido al juicio del Santo Padre”. En estas brevísimas palabras, sin embargo, se concentran muchas esperanzas, no en último lugar las del Santo Padre, quien precisamente mañana cumplirá siete años de servicio a la unidad de la Iglesia, muchas veces ofrecido en el sufrimiento, en la sede del Apóstol san Pedro.

El Padre Lombardi, Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, comentó que la respuesta ofrecida por Mons. Fellay “era sustancialmente diversa de las otras respuestas dadas precentemente por la Fraternidad”, incluso si hay pedidos de aclaraciones y precisiones. Y calificó la respuesta de “alentadora”.

¿Cuál es, entonces, el siguiente paso? En cuanto a la valoración y consecuencias de la respuesta de la FSSPX, en primer lugar se realizará el examen del Dicasterio, el cual, sin embargo, será aparentemente rápido. Como afirma el vaticanista Andrea Gagliarducci en Korazym, se espera para dicho examen la reunión de la “quarta feria” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, reunión que se celebra normalmente todos los miércoles. La palabra siguiente y decisiva corresponde, naturalmente, al Santo Padre. Finalmente se publicará un texto conjunto entre la Fraternidad y la Santa Sede, si bien – aclaró Lombardi – no se publicará el texto original del preámbulo.

Ciertamente, como pone en evidencia tanto el comunicado de la Santa Sede como las declaraciones del vocero de la FSSPX, la resolución de la cuestión se encuentra todavía en fase de estudio. Sin embargo, también es cierto que la situación es realmente prometedora, tal vez como nunca antes desde que el Papa Ratzinger tomó las riendas de un proceso de reconciliación, cuyos primeros tímidos pasos deben remontarse a los últimos tiempos del anterior pontificado.

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