25 DE MAYO DE 1810: MUY LEJOS DE SER UN GRITO ANTIHISPÁNICO

MENSAJE DEL BRIGADIER GENERAL DON JUAN MANUEL DE ROSAS PARA EL 25 DE MAYO

a Juan Manuel de Rosas

¡Qué grande, señores, y que plausible debe ser para todo argentino este día, consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía popular que ejerció este gran pueblo en mayo del célebre año mil ochocientos diez!

¡Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y una dignidad sin ejemplo!

No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas, sino para suplir la falta de las que, acéfala la Nación, había caducado de hecho y de derecho.

No para revelarnos contra nuestro Soberano, sino para preservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia.

No para romper los vínculos que nos ligan a los españoles, sino para fortalecernos más por el amor y la gratitud, poniéndonos en disposición de auxiliarnos con mejor éxito en sus desgracias.

No para introducir la anarquía, sino para preservarnos de ella y no ser arrastrados al abismo de males, en que se hallaba sumida la España.

-Mensaje de Juan Manuel de Rosas del 25 de mayo de 1836-

83 comentarios sobre “25 DE MAYO DE 1810: MUY LEJOS DE SER UN GRITO ANTIHISPÁNICO

  1. «No para revelarnos contra nuestro Soberano, sino para preservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia.

    No para romper los vínculos que nos ligan a los españoles, sino para fortalecernos más por el amor y la gratitud, poniéndonos en disposición de auxiliarnos con mejor éxito en sus desgracias.»

    ¿¿¿¿¿¿??????

    Qué paz saberlos minoría.

  2. Pero tambien dijo es ese discurso:

    “nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España y de toda otra dominación extranjera”

    Yo tambien se bastante de la Historia de mi Pais, libre, sin cadenas y democrático.

    Las verdades a medias son solo eso (y Radiocristiandad lo sabe bastante bien).

  3. ROSAS: SU AUSENCIA DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO

    Estallado el movimiento revolucionario de 1810 (Rosas tenía 17 años), el patricio mantúvose en verdad, alejado de él y, este hecho, común en otros próceres, ha sido un arma de que se han valido sus detractores para acusarle de antipatriota.
    Conviene, pues, tratar este punto trascendental de su vida, analizándolo con libertad de pensamiento y desprovisto de toda pasión ideológica. Criado en un hogar patriarcal (hasta lo reconoce Rivera Indarte, lo que es mucho decir), tradicionalista por excelencia; respetuoso y obediente par su rey y señor; creyente en la más amplia acepción de la palabra, consideró a la Revolución de Mayo, al igual que sus padres, no como un sincero anhelo de libertad, sino como una rebelión de aquellos elementos liberales que traían al seno de Buenos Aires las nuevas ideas implantadas por los republicanos franceses. En la solariega casa de los Ortiz de Rosas, éstas no debían ni podían tener entrada, porque significaban establecer modalidades contrarias a las normas de vida ancestrales. Toda idea de alzamiento era inadmisible: constituía un sacrilegio.

    Respetuoso de la tradición familiar, obediente para con sus padres, ¿quién puede afirmar que no tuvo que sofrenar los impulsos de su corazón y someterse merced a su edad, a la voluntad férrea de ellos? Otro razonamiento es inconcebible ante su actuación en las horas críticas de las invasiones inglesas y posteriormente, gobernante ya, encarando resueltamente a Francia e Inglaterra, para defender nuestra soberanía.

    Por otra parte, ¿qué podía pensar el joven Alférez de los Migueletes acerca de la finalidad del movimiento, cuando apenas comenzado, se suscitaban tan ambiciosas divergencias entre saavedristas y morenistas? ¿Acaso no fueron ellas las avanzadas de las disensiones que luego, durante largos años ensangrentaron la patria, comprometiendo en ciertos momentos la magnífica epopeya del Libertador?

    Y por encima de estas apreciaciones, se encuentra la principal y fundamental: su corta edad y su falta de independencia. Podrá argüirse que otros jóvenes de 14 y 15 años marcharon en las dos primeras expediciones al Alto Perú, pero no debe olvidarse que éstos habían abrazado la carrera de las armas, mientras Rosas, ganó su jerarquía en tiempos de guerra, y terminada ésta, se reintegró a la vida civil.
    Conviene recordar un hecho que lógicamente tuvo que impresionar al patricio, y que no ha sido criticado por sus enemigos, siendo más que probable que le haya servido de ejemplo, para cuando en el ejercicio del poder, se vio obligado a castigar a levantiscos e insurrectos.

    Nos referimos al injusto fusilamiento de Liniers y demás camaradas primero y el análogo procedimiento observado con los jefes realistas después de Suipacha, que sesenta y siete años más tarde en el exilio le hacen exclamar conmovido: “¡Liniers! ilustre, noble, virtuoso a quien yo tanto he querido y he de querer por toda la eternidad, sin olvidarlo jamás…” (Ignacio Núñez, Noticias Históricas).

    Estos actos, calificados con justicia por A. Zinny en su Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas, de indignos y cometidos por los hombres de Mayo, negando a los prisioneros el elemental e indiscutible derecho de defensa, no obstante obrar en cumplimiento de su deber, jamás han sido comentados como se merecen, pero Rosas que nunca fue rebelde, apoyando siempre los gobierno legales y que sólo ejecutaba, como cualquier otro gobernante, a los que se sublevaban y le combatían sin razón, después de dispensarles toda clase de consideraciones (como en el caso del Coronel Maza), es un bandido, un asesino, un criminal. (Véase cualquiera de las seudohistorias argentinas que permiten su venta en librerías).

    Lo más original de este asunto lo constituye el hecho de que la Junta de Mayo, osando y abusando de la suma del poder que nadie le otorgó, decretó la pena de muerte sin juicio previo a quien se opusiera a los planes revolucionarios, mientras que Rosas, si ejerció esas mismas facultades, lo fue con el veredicto popular, después de un plebiscito. Hay que agregar: alejado del foco principal, donde se gestó y ejecutó el primer grito de libertad, su permanencia constante en el campo y la falta de comunicaciones, le impidió participar en un movimiento, cuyos procedimientos manu militari eran llevados al terreno de la indignidad, y menos instruirse de sus verdaderos fines. No hay que dudar —porque dio pruebas— de que convencido de la sinceridad de los propósitos revolucionarios, hubiera corrido a empuñar las armas por la independencia de su patria.

    Lo acontecido a Rosas, se repite muchas veces en nuestra historia, con la diferencia que, gozando los otros, unitarios, del beneplácito de sus contemporáneos e historiadores, su retraimiento en esas horas de angustia, lo han pasado deliberamente por alto.

    ¿Fue un mal patriota porque no actuó en las luchas por la libertad argentina? ¿Y si lo hubiera hecho? De seguro que le hubiera pasado lo que a Quiroga, Bustos, Ibarra, etc., que, por buenos federales y su posterior actuación, “desdoraron” sus uniformes —según los unitarios— aunque sin traicionar al terruño, borrando señalados servicios. ¿Quién entiende a nuestros historiógrafos?

    El General Alvear, que según sus biógrafos, regresó al país con San Martín para actuar en la campaña de la independencia ¿qué servicios prestó? ¡Ninguno! Salvo que se califique de tales, entrar triunfante en la ciudad de Montevideo, después que Brown había destruido la escuadra española y que el benemérito Brigadier General don José Casimiro Rondeau diera término virtual al sitio. ¿Será servir a la patria ofrecerla a los ingleses —como lo hiciera aquel General—, a los escasos tres meses de gobierno o aliarse a elementos antinacionales encabezando asonadas para apoderarse del gobierno de Buenos Aires, de donde se fugara para evitar ser colgado por su inocultable tentativa de traición? (Véase la parte pertinente a las cartas dirigidas al ministro británico en Río de Janeiro y publicada fragmentariamente por R. Levene en su Historia Argentina).

    Sin embargo bastó la batalla de Ituzaingó ganada por la iniciativa de los jefes de unidades, como lo dice el General Paz en sus Memorias (pese a que intente desvirtuar este hecho el extinto erudito y distinguido militar, Coronel Juan Beverina), para quedar redimido a los ojos liberales de la posteridad.
    ¿Y el General Martín Rodríguez, por qué no formó en el Ejército de los Andes, verdadera campaña de la independencia? ¿Y Julián Segundo de Agüero, el cura apóstata, que tuvo temor de emitir su voto en el Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810 (hasta súbditos españoles tuvieron el coraje de hacerlo), retirándose en plenas deliberaciones, para mostrar recién su patriotismo en 1817, cuando San Martín había triunfado en Chacabuco, y estaba respaldado ante cualquier peligro? Sin embargo ¡son próceres!

    ¿E Hipólito Buchardo, que en el combate naval de San Nicolás, cometiendo una verdadera deserción frente al enemigo, merecedora de la pena de muerte, se retiró en plena acción, contribuyendo a la derrota de la primera escuadrilla naval y al cautiverio de su jefe, Azopardo, por espacio de ocho años? ¡Bastó no obstante un poco de valor en San Lorenzo y arrebatar la bandera a los realistas, para que sea considerado un glorioso soldado!

    ¿Y el endiosado Mariano Moreno, de cortísima actuación, que en las invasiones inglesas se mantuvo refugiado en su casa? ¿Por qué es la primera figura de la Revolución? Todo lo que de él han dicho sus admiradores, no basta para disculpar su notoria cobardía.

    En cambio a Rosas, que nunca intentó entregar la Patria y que sostuvo con honor su integridad moral y material, que jamás se alió a potencias extrañas para mantenerse en el poder y combatir a los rebeldes, se le designa con los epítetos más hirientes y oprobiosos.

    Pese al poco convencimiento de la sinceridad que atribuyó a los líderes de Mayo, en carta del 2 de Mayo de 1859 destinada a Josefa Gómez (existente en el Museo de Luján), expresaba: “Ninguno de mis padres, ni yo ni mis hermanos y hermanas hemos sido contrarios a la causa de la independencia…” pero sí dejaba sentada su protesta por el desorden social, económico y político imperante después de la revolución: “…Los bienes de la asociación han ido insensiblemente desapareciendo desde que nos hemos declarado independientes; los tiempos actuales no son los de la quietud y tranquilidad que precedieron al 25 de Mayo…” Se da otro sentido a sus palabras: no es oposición a nuestra independencia: es queja, es justa protesta contra el desorden, la traición y la ambición que dominaban en todas las esferas. ¿Cómo podía ser contrario a la independencia si la defendió contra todos los invasores que intentaron hollar el suelo, cuando niño primero y hombre después?

    Frente a la forma como se juzgan hechos iguales, en cuanto a Rosas se refieren, nada más oportuno que transcribir las consideraciones justísimas formuladas por el doctor Diego Luis Molinari, en su artículo publicado en la revista Aquí Está: “Juan Pablo López, alias Mascarilla, era un asesino, mientras servía a Rosas, dejó de serlo instantáneamente, apenas traicionándolo, pasó a servir a los unitarios; Guillermo Brown era un héroe en 1829, cuando actuó de gobernador delegado de Lavalle y pasó a ser un vulgar pirata venal, tan pronto comandó en jefe de la escuadra de Oribe; si Rosas empleó la violencia, es un tirano; si la aplica Lavalle es un Libertador. La orden de degüello en frío después de Oncativo es un acto de reparación; pero es una carnicería la cruenta batalla que, en buena lid, como la de Chascomús, ganaron los federales”.

    Sus enconados enemigos, en su permanente afán de denigrarle, han relatado detalles de la vida del patricio que, lejos de disminuirle, le honran y enaltecen: así como Rivera Indarte citó como infamante delito, la pena de 25 azotes por una falta doméstica, no tuvo empacho en olvidarla y dedicarle, cuando gobernaba Rosas, la letra del Himno de los Restauradores y, Sarmiento después de volcar su odio en furibundos artículos —por supuesto desde Chile—, terminaba por preguntarse: “¿Qué seres había hecho de los que tomó en sus filas hombres y había convertido en estatuas, en máquinas pasivas para el sol, la lluvia, las privaciones, la intemperie, los estímulos de la carne, el instinto de mejorar? ¿Qué era Rosas para esos hombres? ¿O son hombres esos seres?”

    ¿Quiere el lector más clara confesión de los méritos y altas cualidades de conductor del injustamente execrado patricio?

    Raúl Rivanera Carlés

    Nota: Estas líneas han sido tomadas de su libro “Rosas – Ensayo biográfico y crítico del Brigadier General de la Confederación Argentina y fundador del federalismo”, de Ediciones Liding S.A., Bs. As., 1979.

  4. En estos días de celebraciones por el «Bicentenario» de la patria, hemos escuchado todo tipo de opiniones respecto de los acontecimientos históricos que han motivado el grito de Mayo, así como también de las características y la trayectoria de quienes han sido sus principales protagonistas.

    El primer análisis que podemos sacar, aún sin que haya finalizado la fecha evocativa (estamos en 25 de mayo) es que, tanto la clase dirigente como el grueso de la población tienen una MEDIOCRE FORMACION HISTORICA de nuestro pasado. En segundo lugar, e íntimamente relacionado con el anterior punto, al momento de evocar a las figuras más significativas de nuestros doscientos años, sea en encuestas, en opiniones, en crónicas, etc., nos encontramos que se resaltan a personalidades que, justamente, lo que menos quisieron fueron a la Argentina. Vale el siguiente ejemplo que hemos notado en la televisión local:

    Transcurridos los primeros minutos del 25 de mayo de 2010, cuando apenas había finalizado la transmisión, desde el Valle de la Luna (provincia de San Juan), de la entonación y ejecución del Himno Nacional Argentino, el canal C5N puso una imagen panorámica de la gente escuchando a los grupos folklóricos sobre la Avenida 9 de Julio. De fondo, se escuchaba el «Himno a Sarmiento»… ¿Qué tenía que ver el masón y desarraigado Domingo Faustino Sarmiento con la fecha que se evocaba? Además, si tenemos en cuenta que los 25 de mayo despiertan el ‘patriotismo escondido’ del pueblo argentino, ¿se puede rescatar la figura de Sarmiento, quien no dudó en entregar la soberanía del Estrecho de Magallanes a los chilenos, o quien saludó con fervor la usurpación inglesa de las Islas Malvinas en 1833, por sugerir apenas dos gravísimos ejemplos? Sin embargo, Sarmiento sigue siendo un «paladín» de la historia patria…

    Quizás -seguramente- 1 ó 2 se salvan de los que conformaron la Primera Junta Provisional de Gobierno, el resto ha tenido manchas que son difíciles de sacar. Esta idea-fuerza tiene un basamento lógico: ¿fue Mayo de 1810 el comienzo de la «libertad» para el país? Salvo algunos períodos posteriores a esa fecha, la patria empeoró en todo sentido y sin pausa. ¿El génesis de la decadencia? Creemos que fue Mayo de 1810, el puntapié inicial de la degradación, el verdadero inicio de la globalización que vemos consolidada en el presente, claro que hoy sumamente exacerbada y con mayor dosis de criminalidad que antaño.

    ¿Por qué creemos que Juan Manuel de Rosas fue titulado «Restaurador de las Leyes»? Él fue, antes que nada, un tradicionalista que venía a restaurar las leyes de la patria vieja, es decir, la hispánica, la criolla, la inicial. La que perdió su rumbo luego de Mayo de 1810 y por el accionar de los salvajes unitarios tras fusilar a Dorrego en 1828 y por la ultimación que hicieron de Quiroga en 1835. Sin embargo, Rosas no desdeñó lo actuado en la Semana de Mayo: equiparó la jornada con la del 9 de julio de 1816 en un decreto que hoy pocos recuerdan (o que lo reconocen pero no lo divulgan). Debemos reconocer, no obstante, que Juan Manuel de Rosas siempre evocó más las Invasiones Inglesas en vez de la Revolución de Mayo, y eso no deja de ser un dato menor.

    El «Bicentenario» lejos de facilitar la consolidación de un definitivo pensamiento patriótico, vuelve a confundir los hechos de la historia para imponer, con ello, falsos nuevos «prohombres» de la Argentina, acoplándolos a aquellos que, como Sarmiento, Castelli, Moreno, Urquiza o Monteagudo, fueron introducidos en las mentes de los argentinos como «organizadores» del Estado Nacional o «mártires» de la causa independentista.

    La idea que se quiso imponer en el Bicentenario es la misma que permitió nuestro histórico sometimiento, descartando las obras políticas de un Rosas, de los caudillos federales, de Güemes o de Quiroga. Nada se ha dicho a nivel oficial que José Artigas era argentino y que en estos dos siglos ha demostrado ser de los mejores hijos que dio esta tierra. La dialéctica discursiva de los tiempos reivindicó a los falsos «pueblos originarios» y al engrandecimiento, a través de simbología pura, de grupos lucrativos y de pasado dudoso como el de las Madres de Plaza de Mayo. La imagen que el mundo percibe de nuestro país en tiempos de su «Bicentenario» es el que mejor se adapta a los cánones dictados desde los centros del poder mundial, por lo tanto, cualquier mención que se haga de la patria o de su «libertad» es totalmente errónea e inconducente con su realidad.

    Se estima que en el desfile militar hubo 5.000 uniformados; hace 20 o 30 años, esos desfiles se realizaban con hasta 16.000 efectivos, más los tanques, los jeeps, los aviones, los lanzamisiles, etc., etc. No nos ha quedado nada.

    En «UN PAIS EN SERIO» (según reza el lema de los corruptísimos kirchneristas), el presidente de la Nación acudiría a un desfile militar. Cristina Fernández Wilhelm no lo hizo. Tampoco lo hizo, como máxima autoridad del país, a la reinauguración del Teatro Colón. Del mismo modo que criticamos a la presidente, también debemos hacerlo con el empresario Mauricio Macri, quien tampoco se hizo presente en el desfile militar el día 22 de mayo.

    En un país con instituciones y dirigentes honestos, las peleas de facciones deben quedar a un lado en fechas donde se comemora u homenajea a la nación. No es nuestro caso, por desgracia, donde prima más el interés particular o sectorial en vez del interés general.

    Así hemos llegado al 2010. ¿Llegaremos con la soberanía territorial intacta para el 2110 a este paso?

  5. HOMBRES DE MAYO, HOMBRES DE LA MASONERIA

    (Extraído de «La Masonería a través de sus hombres», de Alcibíades Lappas, Primera Edición, Octubre 1958)

    Manuel Belgrano: Iniciado en la Logia Independencia, de Buenos Aires, a fines del siglo XVIII, integró también la «Sociedad de los Siete». En el Ejército del Norte bajo su mando, funcionó una Logia por él presidida. Asimismo fue miembro y V. Maestro de la Logia Argentina de la ciudad de Tucumán, posteriormente denominada Logia Unidad Argentina. En la «Historia de la Nación Argentina», editada por la Academia Nacional de la Historia en 1939, Vol. V, Primera Sección, páginas 409-11, se afirma que fue San Martín el fundador de la logia de Tucumán y de la del Ejército del Norte, «en donde Belgrano y otros quedaron iniciados».

    Juan José Antonio Castelli: En 1801 fundan [Castelli y Belgrano] la Sociedad Patriótica, Literaria y Económica; denominación pública de la Logia Independencia. (…) Se le imputa haber sido un factor negativo de la expansión del ideal revolucionario en el Alto Perú, porque su liberalismo chocó con la religiosidad de sus habitantes. (…) Fue miembro y V. Maestro de la Logia Independencia.

    Manuel Maximiliano Alberti: Doctorado en 1785 en la Universidad de Córdoba, al año siguiente recibió su consagración sacerdotal (…) En 1808 regresó a Buenos Aires y lo encontramos participando de las reuniones de la Logia Independencia, de la que debió ser uno de sus dignatarios, ya que más tarde figuraría en la «Sociedad de los Siete».

    Mariano Moreno: Uno de los más destacados hombres de Mayo, nervio de la Revolución del año 1810, secretario de la Primera Junta de Gobierno, propiciador de una serie de medidas liberales y de progreso, fundador de «La Gaceta» y de la Biblioteca Pública, etc. Miembro de la Logia Independencia de Buenos Aires.

    Juan José Esteban de Paso: Miembro de la L. Independencia, figura entre los componentes de la llamada «Sociedad de los Siete».

    Domingo Matheu: Integrante de la Logia Independencia. Su hijo, Domingo Matheu (1826-1910), fue un conspicuo hombre de la masonería que en 1859 fundó la Logia Verdad N°14 de Mercedes; además fue oficial de los ejércitos del delincuente subversivo Juan Lavalle.

    Juan Hipólito Vieytes: Miembro de la Logia Independencia, la que realizaba sus reuniones en el domicilio de este patriota.

    Juan Larrea: Iniciado en la Logia Independencia, se le ve actuando asimismo entre los componentes de la Logia que presidía el doctor J. B. Álvarez. Por otra parte el Precursor Francisco Miranda, en carta del 16/10/1816 que escribe a Saturnino Rodríguez Peña, menciona a Larrea como masón. (*)

    Respecto del brigadier general Cornelio Judas Tadeo Saavedra, no hay pruebas tan convincentes. Dice quien fuera Grado 33°, Alcibíades Lappas:

    «Según testimonio del general Enrique Martínez, así como de su nieto, el Dr. Carlos Saavedra Zavaleta, el brigadier general Saavedra fue masón».

    (*) Julián Baltasar Álvarez presidía una Logia masónica de cuyo seno San Martín y Zapiola eligieron los elementos para la primitiva Logia Lautaro de Buenos Aires. Al trasladarse a Montevideo (N. de R.: Álvarez fue salvaje unitario), se incorporó a la Logia Asilo de la Virtud.

  6. Y la «SOLE» PASTORUTI se «TINELLIZA» al mismo tiempo que canta:

    Y siempre tendremos Fe,
    Bendita mi tierra es,
    Mi Madre protejerá,
    Repartiendo bendiciones que nos llegan del lugar.

  7. Ernesto lo que decis es cierto, pero lo presentas sacado de contexto, lo que pusieron en Radiocristiandad tambien esta sacado de contexto, pero mantiene la idea central del mensaje de Rosas. Radiocristiandad hace eso de sacar cosas de contexto y resignificarlo, pero este no es el caso.
    En su mensaje dice Rosas que los actos de Mayo fueron interpretados malignamente por algunos (liberales españoles entre los que incluye al mal rey, pero no por eso menos rey, Fernando VII).

    Rosas 1836
    «Un acto tan heroico de generosidad y patriotismo, no menos que de lealtad y fidelidad a la Nación Española y a su desgraciado Monarca; un acto que ejercido en otros pueblos de España con menos dignidad y nobleza, mereció los mayores elogios, fue interpretado en nosotros malignamente como una rebelión disfrazada por los mismos que debieron haber agotado su admiración y gratitud para corresponderlo dignamente

    Perseveramos siete años en aquella noble resolución de mantenernos fieles a España, hasta que, cansados de sufrir males sobre males, nos pusimos en manos de la Divina Providencia y confiando en su infinita bondad y justicia tomamos el único partido que nos quedaba para salvarnos: nos declaramos libres e independientes de los Reyes de España y de toda otra dominación extranjera”.

  8. Acabo de ver tu segundo video:

    La Sole no es todo el folklore. Todavía hay artistas de la línea tradiconal, que por el audio que elegiste, se ve que es la que te gusta. Aunque tendrás que esforzarte y aceptar que lo que a vos te gusta no debe ser el canon para el resto de las personas. (complicado ¿no?)

    Al menos ahora estás informado.

    El resto de tus apreciaciones, sobre el vestuario de los artistas, el modo de cantar o si se toca o no se toca el pelo no merece otra cosa que dejarte hablando solo.

  9. Nunca pude comprender ese fetichismo por el texto escrito de una constitución, que no se quiere buscar en la vida práctica sino en el gabinete de los doctrinarios; si tal constitución no responde a la vida real de un pueblo, será siempre inútil lo que sancione cualquier asamblea o decrete cualquier gobierno. El grito de constitución, prescindiendo del estado del país, es una palabra hueca. Y a trueque de escandalizarlo a usted, le diré que para mí el ideal del gobierno feliz será el autócrata paternal, inteligente, desinteresado e infalible, enérgico y resuelto a hacer la felicidad de su pueblo, sin favoritismos. Por eso busqué yo solo realizar el ideal de gobierno paternal en la época de transición que me tocó gobernar…

    Formas constitucionales considero que son aquellas más conformes al estado y posición de las cosas y que por lo mismo son las más a propósito para preservar de males al cuerpo político y hacer que se conserve en tranquilidad y orden del mejor modo posible. Si ellas no fuesen de esta naturaleza ni produjeran estos saludables efectos, no pueden llamarse constitucionales, porque no tienen ninguna relación con la salud del Estado. En tal caso, o estarían de más, sin producir bien alguno y se llamarían formas superfluas, o si producen o abren la puerta a grandes males, más bien que constitucionales deberían denominarse formas anárquicas…

    Es necesario desengañarse de una vez con esa falsa fusión con ciertos partidos, sugerida y propagada con astucia por las logias, para adormecer a los federales, que no conocen todo el fundo de perversidad y obstinación de que están poseídos nuestros enemigos. Es muy triste y degradante que el crédito de la República y la reputación de sus hijos más ilustres esté a merced de los caprichos y perversidad de ambulantes aventureros que, sin dar la cara, tienen libertad para ultrajar y difamar impunemente…

    Es que se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía que llaman libertad, invocando derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho de la sociedad a no ser ofendida… Las elecciones son farsas inicuas de las que se sirven las camarillas de entretelones, con escarnio de los demás y de sí mismos, fomentando la corrupción y la villanía, quebrando el carácter y manoseándolo todo…

    He despreciado siempre a los tiranuelos inferiores y a los caudillejos de barrio, escondidos en la sombra; he admirado siempre a los dictadores autócratas, que han sido los primeros servidores de sus pueblos.

    Juan Manuel de Rosas

    Nota: Estos párrafos corresponden a: Entrevista con Vicente Quesada (1873); carta a Pascual Echagüe, del 23 de julio de 1836; carta a Facundo Quiroga, del 28 de febrero de 1832; carta a Josefa Gómez, del 17 de diciembre de 1865; y entrevista con Vicente Quesada, respectivamente.

  10. CONSIDERACIONES RELIGIOSAS SOBRE JUAN MANUEL DE ROSAS

    Los próceres argentinos intachables, como don Juan Manuel de Rosas, siempre fueron eternas víctimas de la apropiación ideológica. Podemos citar como ejemplo, lo que alguna vez dio a entender un ex Gran Maestre de la Masonería, el cual pretendía iniciar una búsqueda de documentos oficiales que den cuenta de la ímproba «afiliación» masónica del Restaurador de las Leyes. Otro caso, bien podría ser el uso abusivo y desleal, tramposo, que hizo de su figura la delincuencia subversiva marxista en la década de 1970 (concretamente, nos referimos a la Organización Montoneros). Con estos dos ejemplos, se pretendió desvirtuar a Rosas de su verdadera esencia, de sus verdaderos valores religiosos, humanos e históricos.

    En defensa suya, el señor Raúl Fitte suscribió una carta de lectores el 1° de julio de 2007 en el periódico «La Nación», en el que uno de sus párrafos decía que «nada tiene éste [Rosas] que ver con el progresismo, puesto que era un defensor a ultranza de la tradición y de la religión católica. Puede que la izquierda haya robado algunas cosas accidentales del pensamiento revisionista, pero lo hace justamente por su condición movilizadora, puesto que para la ideología materialista dialéctica, todas las ideas son ideas-fuerza, no importa si son o no verdades, sino por su valor utilitario».

    Muy parecida a la opinión anterior, en cuanto a la reivindicación del catolicismo de Juan Manuel de Rosas, se expresaba el Dr. Ricardo Caballero (1876-1963), un viejo político del verdadero radicalismo que actuó allá en la provincia de Santa Fe. Amigo íntimo de don Hipólito Yrigoyen y partícipe de las revoluciones de 1893 y 1903, Caballero «dejó» su opinión en una interesante obra llamada «32 Escritores con Rosas o contra Rosas» (Ediciones Federales, Octubre 1989). Señalaba el antiguo radical lo que sigue: «La religión católica, a la que se mantuvieron fieles las poblaciones del interior, tuvo en Rosas un decidido paladín, contra las ideas que la combatían, las que eran agitadas por los hombres intelectuales del partido Unitario. Como si esta actitud no fuera suficiente para mantener la unidad espiritual del país, sin lo cual no existe más que confusión y logrería, él fue el continuador de la tradición española en la República, con lo que satisfacía el secreto sentir de las masas argentinas: el orgullo de la ascendencia española, el recuerdo respetuoso para el gobierno paternal que había caracterizado a la dominación española en todo el territorio del virreinato. Los unitarios representaban lo contrario». Y sigue expresando Ricardo Caballero: «(…) justo es que reconozcamos, en presencia del resultado de la aplicación de las ideas individualistas y laicas del gobiernos de las sociedades , a cuya crisis final asistimos, en un mundo enloquecido por ellas, que Rosas tenía razón al oponer a la idea unitaria liberal o antirreligiosa, la idea federal de mantenimiento del culto católico…».

    En virtud de todo ello, pasamos a señalar algunos aspectos que pintan de cuerpo entero a un Rosas como preclaro defensor de la religión católica en la patria.

    El 12 de diciembre de 1832, pocos días antes de finalizar su primer gobierno, el Restaurador de las Leyes decretó honores a San Martín de Tours, el Santo Patrono de la Ciudad de Buenos Aires. Ya desde 1580, cuando tiene lugar la segunda fundación de la actual ciudad capital por Juan de Garay, que San Martín de Tours fue designado como el «Protector y Patrono» de la misma. El decreto aludido decía así:

    «Diciembre 12 de 1832 año 23 de la Libertad y 17 de la Independencia.

    Considerando el Gobierno cuanto interesa a la dignidad del culto religioso que la función de San Martín, patrón principal de esta ciudad, se celebre con toda la pompa y solemnidad posible, ha acordado y decreta:

    Art. 1° A las vísperas y función principal del expresado Santo asistirá precisamente todo el clero secular y regular.

    2° La función principal será con asistencia del Gobernador y sus Ministros y demás corporaciones civiles y militares de la Provincia.

    3° A las vísperas y función del día concurrirán todos los Maestros de Escuela, llevando cada uno doce de los respectivos alumnos.

    4° Durante la novena del Santo se cerrarán todos los días, de las ocho y media á las diez de la mañana los talleres, tiendas, pulperías, almacenes y puestos y demás casas de trato, so pena de veinte y cinco pesos de multa en caso de contravención.

    5° En las noches correspondientes á la víspera y día del Santo, todo individuo sea de la clase y condición que fuere iluminará en la forma acostumbrada el frente á la calle de su casa habitación desde las 8 hasta las 11 de la noche.

    6° La multa de que habla el Art. 4° será puesta por la Policía, á disposición del Ilustrísimo Sr. Vicario Apostólico para que sea aplicada á los gastos de la misma función.

    7° Comuníquese, publíquese, é insértese en el registro oficial.

    ROSAS

    JOSÉ MARÍA ROXAS Y PATRÓN

    [Archivo General de la Nación, Sala X, legajo 44-6-13].

    Para ir terminando con esta somera nota, agregamos que luego de finalizado su primer gobierno al frente de la Provincia de Buenos Aires, el 17 de diciembre de 1832, Rosas empezó a organizar las fuerzas expeditivas de la Campaña al Desierto de 1833-1834.

    Tan profunda era su convicción de católico, que el Restaurador de las Leyes el día 11 de noviembre de 1833 (día de San Martín de Tours), encontrándose en plena expedición mandó tocar «Diana a las 3 y lo que queda dicho hasta aclarar. Madrugada fresca en calma. Se dio ración de aguardiente a la tropa. Amaneció bueno. Viento fresco. Nubes en parte. A las 12 del día se hizo salvas en celebridad del Santo del día, como Patrono Principal de Buenos Aires. Nadie trabajó.». Esto salió publicado en «La Gaceta Mercantil» el 1° de febrero de 1834. En el libro «San Martín de Tours y Don Juan Manuel de Rosas», de Mario Visiconte (Buenos Aires, 1969), el autor indica que «el presente homenaje a San Martín de Tours ordenado por el Restaurador de las Leyes, en circunstancias tan adversas, es a todas luces encomiable». Y a renglón seguido se lamenta que «tal episodio no haya tenido en los libros de historia argentina, mayor difusión».

    Quizás sea por esto último, la no difusión, que muchos estafadores de la memoria histórica hayan pretendido -sin éxito- adueñarse o apropiarse de Juan Manuel de Rosas, despojándolo de su probadísima condición de católico y hasta de su intachable contribución para con la patria.

  11. LOS VENCEDORES DE CASEROS TAMBIÉN FALSIFICARON EL COLOR DE LA BANDERA NACIONAL!!!!

    La bandera de nacional.

    Belgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer.

    Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debió tomar el celeste de la virgen y no el azul. Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios. fue tomado de la Orden de Carlos III, otros, de la inmaculada Concepción”, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.” Lo cierto es que el Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.

    Tampoco fueron “celestes y blancas” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires.

    Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en Ituzaingo durante la guerra con brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la “azul y blanca”. La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes. La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera. Cuando Lavalle inició la invasión “libertadora” contra su patria (apoyado y financiado por Francia) también uso la bandera “celeste y blanca” para distinguirla de la nacional… “ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo” (Coronel salteño Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, pág. 165).

    Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí? Por varias razones: porque el “azul real” es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Rosas pensó que el color argentino era el azul, porque asi lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones. Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 – 1834) en la Vuelta de Obligado y en El Quebracho en 1845,) y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio ingles con 21 cañonazos.

    El 23 de marzo de 1846 Rosas le escribió al encargado de la Guardia del Monte, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que «…Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!». La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs.As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo.

    Rosas, quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. «Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aun se cree en ciertos pueblos.» (José Luis Busaniche) «El color verdadero de ella porque está ordenado y en vigencia hasta la promulgación del código nacional que determinará el que ha de ser permanente es el azul turquí y blanco, muy distinto del celeste.» Y le recordó que las enseñas nacionales que llevó a las pampas y la del Fuerte, tenían los mismos colores, y que las mismas banderas para las tropas fueron bendecidas y juradas en Buenos Aires.

    Rosas uso la azul y blanco y le adicionó cuatro forros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820)(que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs.As y las provincias) la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargo a Bs.As. las relaciones exteriores y la guerra) ), y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 ( creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias)

    Expulsado Rosas en Caseros, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su “Discurso a la Bandera” al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la “blanca y negra” de la Vuelta de Obligado diciendo además que ” la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra”. Y si alguna vez fue atada al carro de algún triunfador, se lo debemos a Sarmiento y no al Restaurador. Tampoco la celeste y banca de Sarmiento recibió saludo de desagravio de ninguna potencia imperial. Mucho menos la de Mitre.

    Mitre se basa en el “celeste” basándose entre otros argumentos en un óleo se San Martín hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente. El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias del y recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre, que siempre interpretó las cosas como le convino, lo atribuyó a una “disminuida memoria del veterano”.

    En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas. Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa “azul y blanca” La misma bandera que acompaño a San Martín en su gloriosa gesta Libertadora y la misma que acompaño los restos del propio Rosas en Southampton.

    Fuentes:

    – José Maria Rosa. Historia Argentina.
    – Corvalán Mendhilarzu, Dardo: “Los Colores de la Bandera Nacional”. Hist. de la Nac. Arg.
    – Ramallo, Jorge María: “Las Banderas de Rosas”. Rev. J. M. de Rosas, N’ 17.
    – Fernández Díaz, Augusto: “Origen de los Colores Nacionales”. Revista de Historia, Nº 11.
    – Ramírez Juárez, Evaristo: “Las Banderas Cautivas”.

  12. “Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el modo en que lo hice, a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder.” (Fragmento de una carta de Justo José de Urquiza a un tucumano, 18 años después de Caseros, con fecha 3 de marzo de 1870).

    “Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí” (Justo José de Urquiza al representante inglés Gore, al partir para reunirse para el encuentro se San Nicolás. Mayo de 1952).

    “Buenos sentimientos le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer, servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle”. (Justo José de Urquiza, carta a Rosas del 24 de agosto de 1858).

    “Urquiza, era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido, otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor”. (José Hernández, autor del Martín Fierro).

  13. Es IMPRESCINDIBLE, IMPORTANTÍSIMO leer:

    1) “Vida de Juan Manuel de Rosas” de Manuel Gálvez.

    2) “Juan Manuel de Rosas, el maldito de la historia oficial” de Mario “Pacho” O’Donnell.

    3) “Rosas” de Raúl Rivanera Carlés.

    4) “La incógnita de Caseros” de Pedro Santos Martínez.

    5) “CAUDILLOS FEDERALES – El Grito del Interior” de Mario “Pacho” O’Donnell.

    6) “La Cultura en la Época de Rosas” de Fermín Chávez.

    7) “Sarmiento y la usurpación del Estrecho de Magallanes” de Pedro De Paoli.

    8) “Sarmiento – su Gravitación en el Desarrollo Nacional” de Pedro De Paoli.

    9) “Sarmiento – Mito y Realidad” de Marcos P. Rivas.

    10) “Facundo” de Pedro De Paoli.

    11) “Vida de Sarmiento” de Manuel Gálvez.

    12) “Sarmiento y la Masonería” de Jordán Bruno Genta.

  14. SI LA HISTORIA LA ESCRIBEN LOS VENCEDORES, ESO QUIERE DECIR QUE HAY OTRA HISTORIA.

    «Hay dos historias: la historia oficial, embustera, que se enseña ad usum delphini -«para uso del delfín»-, y la historia secreta, en la que se encuentran las verdaderas causas de los acontecimientos: una historia vergonzosa». (Honoré de Balzac, 1799-1850).

    «Los pueblos nunca saben, ni ven, sino lo que se les enseña y muestra, ni oyen más que lo que se les dice» (siniestra frase del jacobino e iluminista «prócer» Mariano Moreno).

    «Si los pobres de los hospitales, de los asilos de mendigos y de las casas de huérfanos se han de morir, que se mueran; porque el Estado no tiene caridad, no tiene alma. El mendigo es un insecto, como la hormiga. Recoge los desperdicios. De manera que es útil sin necesidad de que se le dé dinero. ¿Qué importa que el Estado deje morir al que no se puede vivir por sus defectos? Los huérfanos son los últimos seres de la sociedad, hijos de padres viciosos, no se les debe dar más que de comer.» (extracto del discurso del «prócer» masón, «padre del aula» y «Maestro de América» Domingo F. Sarmiento en el Senado de la Provincia de Buenos Aires, el 13 de Septiembre de 1859. Fuente: «SARMIENTO – Su Gravitación en el Desarrollo Nacional» de Pedro De Paoli, página 53, Ediciones Theoría, impreso en Octubre de 1964).

  15. Si, señor Isidoro Corbacho. Somos todos ignorantes, menos usted. Qué manera de decir macanas!!!! No da ni para discutir con usted.

  16. Que bueno que ya nos sacudimos toda la mugre de la España rancia, intolerante y católica y abrazamos los ideales de Mayo. Viva Mariano Moreno!!!!

  17. TESTAMENTO DEL LIBERTADOR SAN MARTÍN

    En el nombre de Dios Todopoderoso, a quien reconozco como Hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile y Brigadier General de la Confederación Argentina que, visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente testamento lo siguiente:

    1°. Dejo por mi absoluta heredera de mis bienes habidos y por haber, a mi única hija, Mercedes de San Martín, actualmente casada con Mariano Balcarce.

    2°. Es mi expresa voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales y, a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de doscientos cincuenta hasta su muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que en confianza, la que me asiste, de que mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta, mi voluntad.

    3°. El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla.

    4°. Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral y, desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente al cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía el que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

    5°. Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

    6°. Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz, y le ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón), si es que, a su vez, quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido. Igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

    7°. Todo otro testamento o disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.Hecho en París, a veintitrés días de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro y escrito, todo él, de mi puño y letra. José de San Martín

    ARTÍCULO ADICIONAL:Es mi voluntad el que el estandarte que el bravo español Don Francisco Pizarro tremoló en la conquista del Perú, sea devuelto a esta república (a pesar de ser una propiedad mía), siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso.José de San MartínEs copia del original, que queda depositado en el archivo de esta Legación. París, 28 de septiembre de 1850. – Mariano Balcarce.

    Nota:Este texto está ajustado a la normativa lingüística actual para facilitar la lectura del manuscrito original.

    Fuentes:
    – Gentileza de la Fundación Ramón Carrillo

  18. ROSAS Y SU POLÍTICA INTEGRADORA Por Arturo Jauretche

    Existe una maniobra de la historiografía oficial (liberal) que consiste en enfrentar a Rosas con sus seguidores del interior del país a mérito de un supuesto unitarismo disfrazado de rojo.. Rosas tenderá a frenar los efectos destructivos que para el interior tiene la competencia de la manufactura importada asegurando el mercado para el artesanado del interior, y sobre él la posibilidad del propio desarrollo industrial a medida que la técnica se incorpore y a eso corresponde la Ley De Aduanas. Y como no atribuye una misión providencial a los «Apóstoles del libre cambio» los ve como agentes de comercio. Así defenderá las rutas interiores y entre las primeras los ríos, llaves maestras de la época, porque es a la Nación que él dirige corresponde regular la exportación y la importación y no a las supuestas leyes económicas con que se enmascara la política imperial. La defensa de la soberanía, su resistencia a Francia e Inglaterra, así como sus relaciones con los países disgregados del tronco común tienden a unificar esa política del sistema americano, ya que no le es posible cubrir los desgarramientos producidos conscientes y deliberadamente por los unitarios que quisieron reducir el país a la pampa húmeda.

  19. EL PLEBISCITO DE 1835: TIRANÍA O DICTADURA Por Manuel Gálvez

    El plebiscito (consulta al pueblo) requerido por Rosas para asumir la SUMA DEL PODER ERA de carácter muy amplio. No sólo debería votar «la parte más sana y principal de la población»como en 1810 sino «todos y cada uno de los habitantes de la ciudad, de cualquier clase y condición que fuesen, expresen su voto`precisa y categóricamente sobre el particular» Así votaron todos los que quisieron un sufragio amplio, donde pudieron dar su opinión hasta los extranjeros domiciliados aquí, excluyéndose a la mujer, los esclavos, los niños y los extranjeros sin domicilio. Votó todo «hombre libre mayor de 20 años o menor emancipado» en un momento donde en ningún país del mundo existía una legislación así. El resultado fue aplastante: a favor de Rosas, 9720 votos. En contra 8. El 99% del electorado estuvo por la concesión de todo el poder. La Legislatura así lo ratificó. ¿Es esto una TIRANÍA? Como durante mucho tiempo se sostuvo: Los griegos, quienes crearon el término encuentran 3 elementos típicos de la tiranía: la ayuda del extranjero para subir al poder; la presión tributaria para oprimir a sus súbditos y atacar sus propiedades y finalmente la ganancia personal, el lucro, como última finalidad. No SE DAN NINGUNA DE ESTAS CARACTERÍSTICAS, NI APARECIERON EN EL EJERCICIO DEL PODER POR PARTE DEL NUEVO GOBERNADOR FEDERAL. Los romanos creadores del derecho público habían instituido la DICTADURA en caso de peligros internos o externos, asumiendo el «Dictador» todos los poderes, absolviéndosele de rendir cuentas al cabo de su gestión……

  20. El tema de «Camila»… Lo que cuesta a veces el correcto cumplimiento de las Leyes…

    CAMILA O’GORMAN

    Ante la fuerte polémica suscitada en el querido municipio de Gral San Martín por la Instalación de una estatua homenajeando “AL AMOR” o a la desdichada pareja integrada por Camila y Gutiérrez, NADA MENOS QUE EN EL MUSEO QUE RECUERDA A DON JUAN MANUEL DE ROSAS -responsable de estas ejecuciones-….nos sumamos a la misma, intentando rescatar en la historia nuestro opinión sobre el tema……AL MISMO TIEMPO SEÑALAMOS QUE EL MISMO DON JUAN MANUEL DE ROSAS, ASI COMO JOSÉ HERNÁNDEZ, HIPÓLITO YRIGOYEN, Y EVITA PERÓN TAMBIEN DEBEN SER ACREEDORES DE HOMENAJES DE LA MISMA CALIDAD E IMPORTANCIA QUE EL DEFENDIDO EN ESTE CASO POR EL PODER EJECUTIVO MUNICIPAL…
    El caso de Camila O’Gorman se presta para la nota lacrimosa sobre los horrores de la tiranía de Rosas. Es exacto, exactísimo; pero no fue un hecho político, sino de dura y estricta aplicación de la ley vigente. Mi opinión es que el amor lo disculpa todo o casi todo: pero vivimos en 2005, y los románticos enamorados fueron ajusticiados en el Buenos Aires de 1848.
    Camila O’Gorman y el cura del Socorro Uladislao Gutiérrez, cometieron un hecho castigado por las leyes de entonces con pena capital. Rosas no hizo otra cosa que aplicar la legislación vigente. Según su secretario, Antonino Reyes (QUIEN ERA EL HABITUAL MORADOR DEL HOY MUSEO REGIONAL DE GRAL SAN MARTIN BRIGADIER GRAL DON JUAN MANUEL DE ROSAS), consultó el caso con los mejores abogados de Buenos Aires; se ha dicho que entre los consultados estuvo Vélez Sársfield, unitario residente en Buenos Aires y hombre apreciado por el Gobernador por sus conocimientos jurídicos. Pero Rosas asumió la plena responsabilidad de la sentencia, como asumió siempre la completa responsabilidad de sus actos de gobierno.
    Como después de Caseros (DERROTA Y EXILIO DE DON JUAN MANUEL) se hablara del consejo de Vélez Sársfield, en perjuicio político de éste, Rosas, desde su exilio de Southampton, escribió a Buenos Aires: “Ninguna persona me aconsejó la ejecución del cura Gutiérrez y de Camila O’Gorman, ni persona alguna (fuera de Manuelita): nota agregada) me habló ni escribió en su favor. Por el contrario, todas las personas del clero me hablaron o escribieron sobre el atrevido crimen y la urgente necesidad de un castigo ejemplar para prevenir otros escándalos semejantes o parecidos. Yo creía lo mismo, y siendo mía la responsabilidad ordené la ejecución. Mientras presidí el gobierno de Buenos Aires con la suma, del poder por la ley,
    goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores como de mis aciertos.” (6-3-77)
    No puede llamarse asesinato, como viene repitiendo la crónica escandalosa antirrosista, la ejecución de una sentencia cumplida por imperio de la legislación vigente:
    “La ley ordena la pena de muerte por el sacrilegio”, dice Escriche en su conocido Diccionario de Legislación, y la funda en las Partidas: 1-4-71, l-18-6, VII-2-3, etcétera.
    Rosas vivía a mediados del XIX, en un Buenos Aires mucho más familiar, donde las faltas de esa naturaleza cobraban un eco extraordinario, Además tenía un sentido estricto de la justicia, como la tenían en mayor grado que nosotros los hombres de entonces.
    Para Rosas la ley era pareja y debía cumplirse rigurosamente, sin excepciones. Si perdonó algunas veces a sus enemigos políticos (el general Paz, el coronel Díaz, etc.), no lo hizo jamás con nadie por delitos comunes. Y menos a sus familiares, correligionarios y amigos a quienes consideraba más obligados que otros a respetar la ley. No entendía eso que hoy llamamos “gauchadas”, y no son otra cosa que parcialidades, injusticias, o a lo sumo debilidades.
    Rosas era recto como una estaca campera; el restaurador de las leyes consideraba que la base de una sociedad organizada es el respeto a la ley, Ese rígido concepto le acarreó el odio de algunos partidarios como Rivera Indarte, federal y mazorquero, que esperó que se le hiciera la vista gorda en algunos latrocinios cometidos. Como no ocurrió, se constituyó desde Montevideo en enemigo de Rosas, y le hizo la más formidable campaña de calumnias posible. Este resentido fue el autor de las famosas Tablas de sangre.
    Pero si esa rigidez de Rosas le trajo la enemistad de Rivera Indarte, le produjo, en cambio, el respeto de la masa de la población. Y de quienes juzgamos su persona y su gobierno a siglo y medio de distancia.
    ¿Por qué no perdonó Rosas un delito tan romántico, tan “graciable”, diría?
    Primero, porque no sabía perdonar. Y después, porque Camila y el cura Gutiérrez eran federales de primera plana. Camila pertenecía a una familia conocida por su filiación política y pertenecía al círculo de amigas de Manuelita y concurría asiduamente a Palermo; el cura Gutiérrez era sobrino del gobernador federal de Tucumán, Celedonio Gutiérrez, y poseía una espectable posición en la parroquia regenteada.
    Tal vez si hubieran sido unitarios, habrían salvado sus vidas. Porque Rosas no perdonaba a los federales, como le he dicho. Además, la filiación política y situación familiar de ambos amantes fue explotada con exceso por la prensa unitaria de Montevideo y Valparaíso en detrimento de la situación política de Buenos Aires. El Comercio del Plata, dirigido por Florencio Varela, daba la noticia de la fuga de Camila, y Gutiérrez en su número del 5 de enero de 1848 con estos términos: “El crimen escandaloso cometido por el cura Gutiérrez es asunto de todas las conversaciones. La Policía de Buenos Aires aparentaba, o no hacía realmente gran empeño por descubrir el paradero de aquel malvado y su cómplice. La joven que se dejó seducir por el infame manifestaba deseos de tomar el hábito de monja. La noche de Navidad, después de haber estado cantando en la iglesia, desapareció con el raptor. Este completó su villanía, según se nos asegura, robándose las alhajas del templo. ¿Hay en la tierra castigo bastante severo para el hombre que así procede?”
    Algo semejante decía “El Mercurio” de Chile, del 3 de marzo de 1848 donde escribían Sarmiento y Alberdi: “Ha llegado a tal extremo la horrible corrupción de las costumbres bajo la tiranía espantosa del Caligula del Plata, que los impíos y sacrílegos sacerdotes de Buenos Aires huyen con las niñas de la mejor sociedad, sin que el infame sátrapa adopte medida alguna contra estas monstruosas inmoralidades.” La degradación que fomenta un déspota Camila y Gutiérrez escaparon el 12 de diciembre de 1847 (no la noche de Navidad como dice Comercio del Plata), sin que Rosas fuera informado de la fuga hasta el 21. Tal vez la familia y la curia esperaron un arrepentimiento de los impulsivos jóvenes, o tuvieron la esperanza de dar con ellos antes que el escándalo trascendiera. “Al saber Rosas, tarde, lo que había ocurrido – dicen las Memorias de su secretario Antonio Reyes –, después del transcurso de nueve días y cuando en la sociedad se sabía lo que había pasado y se levantaba de todas partes una grita infernal, su indignación estuvo a la altura del insulto hecho a su autoridad.”
    Es de imaginarse que su enojo llegase a proporciones mayúsculas al leer los periódicos unitarios dándole como cómplice o apañador del escándalo, y presentando a éste como una prueba de la corrupción de las costumbres porteñas. Comercio del Plata siguió su estridente campaña, mientras se desconocía el paradero de los jóvenes. El 27 de abril, bajo la dirección de Valentín Alsina, desliza este infundio: “Se sabe que los gobiernos extranjeros han pedido al criminal gobierno de la Confederación Argentina, seguridades para las hijas de los súbditos extranjeros que no tienen ninguna para su virtud.”
    Camila y Gutiérrez fueron descubiertos en Goya (Corrientes) en el mes de julio, y remitidos a Buenos Aires donde Rosas dispuso su ejecución en el cuartel de Santos Lugares.(HOY SAN ANDRES EN NUESTRO PARTIDO)
    Para postergarla a fin de que Manuelita consiguiera doblegar la justicia de su padre, Antonino Reyes, encargado de su custodia sugirió a Camila el expediente de decir que se encontraba encinta. No dio resultado “porque no lo manifestaba el cuerpo de la joven ni se advertían indicios de semejante preñez”, dicen las citadas Memorias de Reyes; ni tampoco su examen médico dio síntoma favorable. Por lo tanto debió cumplirse la sentencia, quejándose Rosas a Reyes de no haberlo hecho inmediatamente de llegar los amantes al cuartel de Santos Lugares conforme a sus órdenes. Por las dudas “si había preñez que solamente podía ser muy reciente” el cura de Santos Lugares dio, de acuerdo a los usos en ajusticiamientos de mujeres encintas, el “bautizo por la boca”. Este recurso para dilatar la ejecución a la espera de una gracia, daría pie a la leyenda de haber muerto Camila próxima a dar a luz. Manuelita hizo lo posible para salvar a su amiga; pero se estrelló contra la rigidez
    de su padre. Cuando los amantes llegaban a San Nicolás provenientes de Goya, Camila recibió una carta de Manuelita “lacerada” por la doliente situación, rogándole entereza “a fin de que yo a su lado pueda con mis esfuerzos daros la última esperanza”. La hija de Rosas ordenó la compra de varios muebles – entre ellos un piano – para adornar la celda de Camila en Santos Lugares, siempre en la esperanza de conseguir la conmutación de la pena. No ocurrió así, y Camila y el cura Gutiérrez serían fusilados el 18 de agosto. Inmediatamente Comercio del Plata, El Mercurio y todos los diarios que habían clamado contra los “infames”, contra la “corrupción” fomentada por el Caligula del Plata, y preguntándose “si hay en la tierra castigo suficiente”, volcaron ríos de tinta contra el monstruo, el tirano “que no respetaba los fueros inviolables del amor” (Mercurio), o “condenaba al patíbulo a una inocente madre con el fruto de sus amores en el noveno mes de su gestación” (Comercio).

  21. Payada e’ Rosas

    (escrita por Juan Martín Grillo, 02.05.09)

    Empréstenme su atención
    La pucha! si ganas suebran!
    Cosiendo el poncho se enhebran
    Los hilo’ de nuestra historia
    Y si se pierde en la memoria
    Quédese manso y lo encuentran

    Más hoy quisiera contarles
    Sobre hechos mal difundídos
    Que ansí nos han confundío’
    Dejándonos en mala cosa
    Y a don Juan Manuel de Rosas
    Lo han condenao’ al hastío

    De este varón quiero hacer
    Tuito suyo el homenaje
    Por ser grande entre el gauchaje
    Muy amao’ y respetao’
    Y aún ansí, crucificao’
    Por las plumas ‘e los salvajes

    Su honor y pura bondá
    Su sentimiento argentino
    Jüeron radiantes caminos
    Pa’ esta Patria en formación
    Él creó la Confederación
    Haciendole caso al destino

    Viváo por gauchos y negros
    Ni el indio le jüé un problema
    “Hombre de astucia serena
    Ese Rosas”, dice el pampa
    Si hasta los tuvo en sus estancias
    Haciendo de ello su emblema

    E’ por si esto jüera poco
    Enfrentó siempre a los gringo’
    De a chuza, lanza y con pingo
    O de a cañonazos cruzaos
    Dejándolos bien rezagaos
    Pa’ que rajaran a los brincos

    El Libertador le dio su sable,
    Por defender estas tierras
    Por librarlas e’ la ingerencia
    Del francés y del breton
    Por dejar siempre el corazón
    Pa’ proteger su Bandera

    Ahijuna! Somos rosistas
    Se decía en aquel entonces
    No había maulas ni pobres
    Ni un poquito e’ corrución
    Grito “¡Viva la Federación!”
    y el Restaurador, que es su hombre

    Pero la dicha acabó
    Desde aquel día de Mayo
    Día ese en que un cipayo
    A esta Patria la vendió:
    El muy sonso se pronunció
    Siendo de «Pedro» el lacayo

    Se pélia y se combate
    Se da la vida por la causa
    Pero las balas ya no alcanzan
    Y hasta las filas se rompen
    «Caseros», ese es el nombre,
    De la derrota y la infamia

    Juan Manuel ya ha de irse
    Con su hija siempre a su lao’
    Los “pericos” lo han hechao’
    Y ya naides le responde
    Solo le quedan temores
    Por su pueblo desgraciao’

    Y ansí terminó sus días
    Este singular patriota
    Volviendo al campo de otra
    Tierra lejana, allá al confín;
    Murió exiliao’, cual San Martín,
    Grande en vitoria y derrota

    Se pasó algo mas di un siglo
    Pa’ que lo dejen retornar
    Pero, que grata casualidá,
    El pueblo al líder nunca olvida
    Y con claveles rojos lo vivan
    Al ver su cuerpo pasar

    Con esto via’ despedirme
    Invitando ansí a que lo piensen
    Les digo, y aunque entristece,
    Recuerden la lección valiosa
    La de Juan Manuel de Rosas:
    Por la Patria, la verdad siempre vence

  22. Traición al estilo Justo José

    En su libro «Rosas: el maldito de nuestra Historia Oficial», el Dr. Pacho O’Donell nos transmite innumerables anécdotas sobre la vida, tanto pública como privada, del Restaurador y del espacio-tiempo histórico que ocupó.

    Una de ellas, la transmitida en el capítulo 102 de la antedicha obra, es quizá una de las más curiosas. Muestra una de las coincidencias más tristes entre la historia Argentina y la Europea… la traición. Mientras que a la Rusia de Catalina la Grande fué víctima del «Miligaro de la Casa de Brandemburgo», a la Argentina de Rosas le tocó sufrir «El Milagro de la Casa de Braganza»…
    Pero ya estoy hablando demasiado… veamos como nos lo cuenta Pacho a continuación…

    Capítulo 102

    El milagro de la casa de Brandemburgo

    Valentín Alsina, al que la Capital Federal honra con dos avenidas y un monumento, ha preparado un plan de guerra “contra Rosas” que manda el 18 de noviembre de 1850 al representante uruguayo en Brasil, Andrés Lamas, para someterlo al gobierno brasileño:
    “Rosas es vulnerable por el Brasil en muchos puntos y formas, si quiere éste aprovechar su gran preponderancia marítima. Uno de los modos es causar al enemigo la vergüenza y el daño de ocupar uno de sus territorios, Bahía Blanca, ocupación fácil habiendo secreto, celeridad y un buen práctico o piloto lo que abriría la posibilidad a emigrantes de ir a operar por el sud”.
    A pesar de la ayuda de argentinos tan confundidos, la situación del Brasil es muy comprometida. Sin Francia era imposible su triunfo y dicha alianza había fracasado. Hasta en Europa se percibe esa debilidad: el rey Francisco José de Austria manda decir a su primo Pedro II de Brasil, a través de su canciller el príncipe de Schwarzenberg, que debe hacer lo imposible para evitar la guerra. Ha hecho un estudio de las condiciones militares de Brasil y la Confederación, y según la “opinión de oficiales de la marina francesa informados “in locum” la balanza se inclinaría a favor de Rosas”.
    Para colmo de males una epidemia de fiebre amarilla se desencadena causando gran mortandad y hasta el emperador debe refugiarse en Petrópolis. Lamas se desespera por las malas noticias y escribe a su cancillería solicitando su retiro , porque “de Brasil no hay que esperar nada” (3 de febrero de 1851).
    Pero, como acertadamente lo señala José M. Rosa, se producirá lo inesperado. Cuenta la historia de Prusia que Federico II estaba vencido al final de la guerra de los Siete Años, su ejército extenuado, la proporción con el enemigo muy desfavorable y la posición estratégica comprometida.
    Inglaterra, su aliada, le aconsejaba capitular y sus generales no veían la posibilidad de segur adelante.
    – ¿No habría un medio de vencer?- preguntó Federico II.- Solamente un milagro, majestad – fue la respuesta de sus colaboradores.- Bien, esperemos el milagro de la casa de Brandeburgo.
    Esa misma noche llegó a su campamento de Bukelwitz un emisario del zarevitch de Rusia con el asombroso regalo del plan de batalla del ejército ruso. Torpe de inteligencia y admirador fanático de Federico II le hacía llegar los documentos secretos de su estado mayor.
    El monarca prusiano, exultante, llamó a sus generales:
    -¡He aquí el milagro de la casa de Brandemburgo! –proclamó blandiendo los planos en su mano.
    Ganó la batalla perdida y los rusos, desalentados por la traición de su jefe, dieron la guerra por perdida.
    A Pedro II de Brasil lo favorecería un milagro semejante. Cuando todo estaba perdido, cuando su imperio se resquebrajaba y un porvenir de repúblicas federales, igualdad humana y democracia iba a extenderse por América del Sud, llegaría el 21 de febrero de 1851, en el buque brasileño “Paquete do Sul” procedente de Montevideo, una carta confidencial del ministro Pontes informando que “a altas horas de la noche” había recibido la visita de un agente del jefe del “Ejército de Operaciones” argentino, general Urquiza, con proposiciones de pasarse a la causa del Brasil.
    Aunque el hecho asombró al brasileño,“¡O general dos exércitos da Confederação Argentina!” se admirará en su carta, lo informó a su monarca preguntándose: “¿Pero obrará de buena fe?”.
    Pedro II podría entonces responder al austríaco Schwarzenberg que con el inaudito pase del jefe del ejército enemigo la guerra estaba ganada: “El fuego ha tomado a la casa de nuestro vecino, cuando soñaba prenderlo a la nuestra. Se encontrará embarazado como no lo esperábamos” (Soares de Souza).
    El zarevitch que entregó los planos para derrotar su propia patria fue despojado del trono por el ejército y estrangulado en la fortaleza de Rocha a pesar de su retraso mental. Su memoria quedó proscripta de la historia de Rusia.
    El general argentino sería más afortunado porque todo se le perdonaría a quien derrocase al Restaurador, y la historia oficial se empeñaría en la versión del “apoyo” de algún regimiento brasilero y ocultará que la deserción de Urquiza y del más poderoso ejército argentino a su mando se producirá a favor de un país que ya estaba en guerra, con las relaciones rotas, con su propia patria. ¿Todo se justificaba con tal de defenestrar a don Juan Manuel? ¿También la cesión de nuestras ricas Misiones Orientales, el precio de la participación brasilera?
    Los historiadores revisionistas, simpatizantes de Rosas, rebatirán los argumentos de sus colegas liberales que sostendrán el argumento del deseo de Urquiza de quitar del medio a quien se oponía a dar la anhelada constitución a la Argentina. En cambio argumentarán que se trató de una traición provocada por razones crematísticas: durante el bloqueo francés la plaza de Montevideo era aprovisionada clandestinamente por los saladeros entrerrianos de Urquiza. Pese a la prohibición de comerciar con Montevideo, el gobernador Crespo, títere del jefe del “Ejército de Vanguardia” permitía que los buques de cabotaje trajesen productos europeos y llevasen en retorno carne argentina. No tenían escrúpulos, él y don Justo José en usufructuar “los canales de plata” que se les ofrecían para enriquecerse haciendo la vista gorda a las exigencias legales porque, como confesase Crespo en su intercambio epistolar con Urquiza, era preferible “ser medio vivo a medio zonzo”.
    En junio de 1848,levantado el bloqueo francés al litoral argentino, se renueva el rosista a Montevideo, manteniéndose la prohibición de introducir mercaderías en buques que hubiesen tocado la Banda Oriental. El tráfico de Urquiza continuó, ahora burlando las leyes de aduana porteñas, porque las mercaderías europeas que compraba en Montevideo y traía a Buenos Aires no pagaban derechos en ésta por ser transportadas en buques nacionales.
    Nadie podía embarcar ni faenar sin autorización del gobernador. El negocio de exportar carne a Montevideo era exclusivo de los saladeros o las estancias de Urquiza, quien acabó por hacerse dueño de casi todo el comercio que pasaba por la provincia y el beneficio de ese tráfico irregular era tan elevado que alcanzaba para beneficiar las finanzas entrerrianas, incidía en el bienestar económico de los habitantes y acrecentaba la ya inmensa fortuna particular del gobernador, primer productor, comerciante y transportista de la provincia. Todo ello en perjuicio de la economía y de la estrategia de la Confederación Argentina.Si Rosas no podía impedir que Entre Ríos comerciase con Montevideo, podía en cambio defenderse prohibiendo que los productos introducidos por Entre Ríos llegasen a Buenos Aires. Lo hizo por dos medios: no permitió en los puertos porteños el embarque o desembarque de mercaderías ultramarinas en buques de cabotaje, e impidió la exportación de oro al interior.
    Esto provocó la irritación de Urquiza, que fue tan pública que despertó en los unitarios y en Brasil la esperanza de contarlo como aliado. Ni lerdos ni perezosos le hicieron llegar un mensaje a través del representante comercial del entrerriano en la Banda Oriental, el catalán Cuyás: “En caso de una guerra ¿podría contar Brasil con la abstención del ejército de Operaciones?”.
    El 20 de abril de 1850 su futuro aliado redacta la respuesta imbuida del esperable tono patriótico en quien es el jefe del principal ejército argentino:
    “¿Cómo cree, pues, Brasil, cómo ha imaginado por un momento que permanecería frío e impasible de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus más sagradas prerrogativas sin traicionar a mi patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen, y sin borrar con esa ignominiosa marcha todos mis antecedentes? (…) Debe el Brasil estar cierto que el general Urquiza con 14 o 16.000 entrerrianos y correntinos que tiene a sus órdenes sabrá, en el caso que ha indicado, lidiar en los campos de batalla por los derechos de la patria y sacrificar, si necesario fuera, su persona, sus intereses, fama y cuanto posee”.
    Como si no fuera suficiente hará publicar su respuesta el 6 de junio en “El Federal Entrerriano” agregando un elocuente editorial:“Sepa el mundo todo que cuando un poder extraño nos provoque, ésa será la circunstancia indefectible en que se verá al inmortal general Urquiza al lado de su honorable compañero el gran Rosas, ser el primero que con su noble espada vengue a la América”.

    Extraído de: Pacho O’Donell, «Rosas: El mandito de nuestra Historia Oficial», EDITORIAL PLANETA, 6ta Edición, año 2002, pág. 246/249

  23. Diego José Ferrero (o tal vez debería decirle Bebel),

    Más que ignorante, Ud. es un infiltrado en la presente página Radio Cristiandad. Por tal motivo, a Ud. le duele muchísimo que se critique a la Democracia Show (masónica, no griega), al pequeñito «Robespierre de Mayo» (Moreno), al Gran Maestre Grado 33 y entregador del Estrecho d Magallanes (Sarmiento) y a tantos otros personajes siniestros. Y también le duele que Radio Cristiandad difunda la venerable figura del Restaurador de las Leyes y DEFENSOR FANÁTICO de la Tradición católica, don Juan Manuel de Rosas.

    Sr. «Ferrero», ¿por qué mejor no deja ésta página católica y se dedica a escribir en otras de orientación sionista, liberal, masónica o marxista? ¡Ya sabemos quién es Ud.! Muchas gracias.

  24. LA TRAICIÓN DE SARMIENTO

    En el año 1842 Domingo Faustino Sarmiento se halla exiliado (1) en Chile. Tiene a su cargo la dirección de los periódicos del gobierno conservador y dictatorial de ese país. Ese año, un norteamericano, que en ninguna forma es un simple marinero como se ha intentado presentarlo, se entrevista con Sarmiento. El yanqui le sugiere a Sarmiento que abra una campaña en los periódicos para que Chile ocupe el Estrecho de Magallanes y las tierras adyacentes.

    Sin duda llama la atención, aún del más inocente, que a un marinero, y yanqui además, se le ocurra de buenas a primeras ir a proponer a Sarmiento, a quien no conoce, un asunto de esa gravedad y de esa índole. El tal marinero –dijo llamarse Jorge Mebón, pero sólo Dios y quien lo mandara sabrían cuál era su verdadero nombre y su cualidad de agente- convence enseguida al sanjuanino. Y caso curioso, inmediatamente el gobierno de Chile funda un periódico, “El Progreso”, confiándole a Sarmiento la dirección. Y desde el primer número el periódico, por la pluma de Sarmiento, comienza una campaña tenaz para que Chile ocupe el Estrecho de Magallanes, lo que hoy es Punta Arenas (antes Puerto Hambre) y las tierras adyacentes.

    En “El Progreso” Sarmiento explica de la siguiente forma el encuentro con el yanqui: “En 1842 se me presentó un pobre norteamericano casi desnudo, Jorge Mebón, marino, que había hecho la pesca de lobos marinos en el Estrecho de Magallanes, y con el ojo avezado del yanqui, había visto que podía navegarse el Estrecho por medio de vapores si una colonia de cristianos se establecía allí. Este hombre me pedía el concurso de mi posición como escritor para incitar al gobierno de Chile a dar ese paso”.

    Declara Sarmiento que a raíz de esa entrevista estudió el problema y viendo “la tentativa físicamente posible, inicié la redacción de “El Progreso” con una serie de estudios que hoy, después de ocho años, no son del todo estériles”. (2)

    Es por demás curioso que a un simple marino, que por su trabajo y estado es más bien un simple marinero, pobre y casi desnudo, se le ocurra entrevistar al director del diario oficialista con la proposición de marras. Lo más probable es que el tal yanqui haya sido un agente de una más alta calificación, lo que Sarmiento oculta. Como oculta que “El Progreso” se fundó, por parte del gobierno de Chile, exclusivamente para que Sarmiento llevara a cabo la campaña de usurpación del territorio del Estrecho, que era argentino. Y es así que el primer número del periódico se inicia con el primer artículo de Sarmiento sobre el asunto en cuestión, y con el último de los artículos deja de aparecer el periódico.. Esta tentativa de usurpación no era una iniciativa del yanqui, sino del propio gobierno de Chile, el que, sin saber qué sesgo tomaría el asunto, lo ocultaba tras la insinuación de Mebón, contando siempre con la colaboración y complicidad de Sarmiento.

    El 11 de noviembre de 1842 se inicia la publicación de “El Progreso” con el primer artículo de Sarmiento sobre el Estrecho. Y desde entonces, y casi a diario, el sanjuanino insiste con el mayor entusiasmo sosteniendo que ese paso y sus tierras adyacentes sn chilenos, y que Chile debe ocuparlos y poblarlos.

    Y con ese propósito, el 28 de noviembre de ese año de 1842, Sarmiento publica el más contundente artículo en pro de su campaña, titulado “Navegación y Colonización del Estrecho de Magallanes”.

    Al incitar una vez más al gobierno de Chile para que ocupe el Estrecho, Sarmiento hasta da la forma de hacerlo: “Pues que nada sería dar el primer paso, que es mandar al Estrecho algunas compañías de soldados y los víveres necesarios para su mantenimiento….”

    “Para Chile basta en el asunto de que tratamos decir quiero, y el Estrecho de Magallanes se convierte en un foco de comercio, de civilización…” “¿Quedan dudas después de todo lo que hemos dicho sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del Estrecho y de establecer allí poblaciones chilenas?”.

    “Creemos haber tomado cuanto estaba a nuestro alcance para ilustrar un asunto que de tanto interés nos parece para la prosperidad del país y su futuro engrandecimiento”. (3) “Si no hemos logrado excitar el interés del público y de las autoridades, acháquese este defecto a nuestra inhabilidad y falta de luces. Nuestras intenciones servirán de disculpa…”.

    Destaquemos el carácter de la campaña de Sarmiento en esta cuestión. En manera alguna es el de simple comentarista de un propósito del gobierno de Chile. por el contrario, es el del periodista que incita, excita e insta al gobierno de Chile para que ocupe un territorio que pertenece a su patria. Y lo hace no con un razonamiento frío, sino vehemente, apasionadamente, a pesar, o precisamente por eso, por tratarse de arrebatar un territorio a su propia patria. Así debe haberle parecido, al ilustre recopilador de sus Obras Completas, cuando de éstas excluyó los artículos de “El Progreso”.

    La ocupación del Estrecho de Magallanes:

    Cumplida la primera parte de la campaña con los artículos de “El Progreso” escritos por Sarmiento, y vista ninguna reacción del gobierno de Buenos Aires, demasiado ocupado con el alzamiento de los unitarios y los conflictos con Inglaterra y Francia, el gobierno de Chile, creyó oportuno materializar los propósitos de la campaña. Y a tal efecto envió una pequeña expedición armada al Estrecho, formando parte de la misma el yanqui Mebón. Con fecha 21 de setiembre de 1843 esta expedición tomó posesión del Estrecho de Magallanes y tierras adyacentes, en nombre del gobierno de Chile. la campaña iniciada por Sarmiento en contra de su patria tenía completo éxito.

    A fin de darle mayor formalidad a la toma de posesión, operación propia y detalles formales cuando una nación se posesiona de un territorio que no le es propio, con lo cual Chile proclamaba la usurpación que llevaba a cabo, se labró la siguiente acta: “En cumplimiento de las órdenes del Gobierno Supremo, el día 21 de setiembre de 1843, el ciudadano capitán de fragata, graduado, de la marina nacional, don Jorge Mebón, el naturalista prusiano voluntario, Don B. Philipi, y el sargento distinguido de artillería, don E. Pizarro, que actúa de secretario, con todas las formalidades de costumbre, tomamos posesión de los Estrechos de Magallanes y su territorio, en nombre de la República de Chile, a quien pertenece, conforme está declarado en el artículo 1º de su Constitución pública, y en el acto se afirmó la bandera nacional de la República con salva de 21 tiros de cañón.

    “Y en nombre de la República de Chile protesto del modo más solemne, cuantas veces haya lugar, contra cualquier poder que hoy, o en adelante, tratase de ocupar alguna parte de su territorio.

    “Firmaron conmigo la presente acta el 21 de setiembre de 1843, 3º de la Presidencia del Excelentísimo señor general don M. Bulnes, Juan Guillermos, Manuel González Hidalgo, Bernardo Philipi, etc.”

    Destaquemos una vez más el hecho de labrarse un acta de toma de posesión, a pesar de que en ella se diga que ese territorio pertenece a Chile. ¿Hubiese labrado el gobierno de Chile un acta semejante si fundaba una colonia en las cercanías de Santiago, Valparaíso o Rancagua, por ejemplo, territorios indudablemente de su pertenencia? En toda la historia de Chile no existe un acta semejante de la que comentamos. Ello evidencia la seguridad que tenía Chile de que el Estrecho y sus tierras adyacentes no le pertenecían, ya que una acta semejante solamente se labra cuando se trata de la toma de posesión de un territorio ajeno, o de una tierra considerada “res nullius”, de nadie. (4) Y en este caso, el acta en mención especifica que esos territorios pertenecen a Chile. Si pertenecían a Chile, repitamos hasta el cansancio, no había por qué labrar el acta de toma de posesión.

    La responsabilidad de Sarmiento:

    Lo grave de este asunto, del punto de vista del patriotismo, estriba en que quien incita e instiga al gobierno de Chile para que usurpe esos territorios no es un chileno, sino un argentino. Que tal hecho lo hubiese promovido un chileno, o un ciudadano de cualquier país del mundo, menos de la Argentina, carecería para nosotros, argentinos, de la gravedad que tiene por haber sido consumado, y aún alabado de haberlo hecho, por un hijo de nuestro país.

    El gobierno de Chile comprendió perfectamente este aspecto de la cuestión, y por ello hizo actuar como actores principales a dos extranjeros: el yanqui Mebón y el argentino Sarmiento. Si la cuestión se presentaba, como se presentó muy luego, de alegar en el conflicto, Chile usaría como argumento efectista y de cierto peso que un argentino, y argentino de cierta calificación, como Sarmiento, era quien lo incitaba a la ocupación y quien argumentaba que esos territorios pertenecían a Chile. La persistencia de Sarmiento a través de los años en su falaz argumentación daba aparentemente a Chile fuerza probatoria de su actitud.

    Reacción de Rosas:

    Ante la reacción de Juan Manuel de Rosas, que protesta por la usurpación del Estrecho y sus tierras circunvecinas, Sarmiento se empecina en la posición contraria a la Argentina.

    Pero no es sólo la cuestión del Estrecho lo que molesta a Rosas, sino toda la campaña que la Comisión Argentina desarrolla en Chile en contra del gobierno de la Confederación, si bien Sarmiento es quien más se destaca en esa campaña antiargentina. Con el fin de contrarrestarla, Rosas funda en Mendoza una revista muy bien presentada “La Ilustración Argentina”, a cargo de Juan Llerena y Bernardo de Irigoyen. Y es el joven Irigoyen quien, al tratar la acción de Sarmiento en Chile y su participación en la usurpación del estrecho, lo llama traidor.

    El calificativo es incisivo para Sarmiento. Siente su aguijón. La palabra traidor lo mortifica y la ha de recordar toda su vida. Tal vez tiene conciencia de la verdad que encierra. Pero por el momento no piensa amainar en su actitud. Y con la mayor arrogancia, escribe: “Pero para Chile, para los argentinos y para mi, bástenos la seguridad de que ni sombra de pretexto de controversia le queda (por el asunto del Estrecho) con los documentos y razones que dejo colacionados”. Ya veremos cómo el tiempo lo convencerá del error de esas palabras.

    La retracción de Sarmiento:

    Con la caída de Rosas, Sarmiento vuelve al país. Al parecer ya no se siente chileno. Y como argentino emprende su gran campaña para ascender políticamente. Se radica en Buenos Aires, donde gobiernan sus correligionarios políticos y sus cofrades masones. Y con el tiempo, políticamente llegará a Presidente de la República. Y como masón, al grado máximo: gran maestre.

    Pero la política tiene sus encontronazos representados por contrarios, aún dentro del mismo partido, rivales, y toda una gama de antagonismos. Y uno de estos rivales, o contrarios, es nada menos que el general Bartolomé Mitre. Y don Bartola, con el prestigio que le da su militancia en el liberalismo triunfante, escribe en su diario “La Nación Argentina”, ocho días antes de que Sarmiento cruce su pecho con la banda presidencial: “Ud. ha sostenido en Chile contra su patria los pretendidos derechos de un país extranjero para despojarla de su territorio… No creo que haya ningún hombre, cualquiera sea su nacionalidad, que intente justificar al señor Sarmiento, pues, hasta hoy todos los pueblos del mundo han condenado del modo más terrible al que atenta contra la integridad del territorio de su país en beneficio de un gobierno extranjero”.

    Y dos días después, “La Nación Argentina” vuelve al ataque: “Sarmiento ha sido el abogado de un gobierno extranjero contra su propio país. El ha sugerido, ha propagado y ha hecho triunfar la idea de hacer despojar a la República Argentina de su territorio. El inició en la prensa la tarea de probar que no pertenecían a la República Argentina, sino a Chile, los territorios de la Patagonia”.

    Era el 6 de octubre de 1868. Seis días después, Sarmiento sería el Presidente de la República. Natural que tuviese periodistas amigos y además partidarios. Y sino, allí está su casi suegro (5), el doctor Dalmacio Vélez Sarsfield, con “El Nacional”. Y en este diario se intenta una defensa que es toda una confesión de culpa, ya que tal defensa sostiene que al aconsejar tal medida (6) Sarmiento lo hizo para atacar a Rosas. Certeramente, como una estocada a fondo, Mitre, desde “La Nación Argentina”, responde: “El aconsejar a los gobiernos extranjeros que le arrebaten a la patria sus territorios, ¿es atacar a Rosas o la República Argentina? ¿Son acaso de Rosas las tierras magallánicas o de la República Argentina?

    Como se ve, en la defensa de Sarmiento no se trata de reafirmar la tesis de Sarmiento, sino de justificarla diciendo que era para atacar a Rosas. Si en esos momentos, octubre de 1868, y ya Sarmiento en Buenos Aires y próximo a asumir la primera magistratura del país, no se anima nadie, ni el mismo Sarmiento, a sostener los mismos principios sostenidos en 1843 y 1849, ello significa paladinamente el reconocimiento de que aquellos principios, aquella tesis, eran falsas, porque de ninguna manera se puede aceptar como justificación de la instigación para que Chile se apoderase de parte del territorio argentino, que con ello se perjudicaba a Rosas. Mitre, en su respuesta, está en lo exacto: “El Estrecho y sus tierras adyacentes no eran de Rosas, sino de la República Argentina”.

    Si en esta ocasión, año 1868, se hubiese creído que eran justos los argumentos de Sarmiento, esgrimidos el año 1843 y el año 1849, se habría sustentado francamente. En cambio, convencidos Sarmiento y sus partidarios de lo falso de aquellos argumentos, optan por la excusa de que sólo se buscaba perjudicar a Rosas, confesión, repetimos, la más paladina, del mal paso dado por Sarmiento y que provocará la calificación de traidor por parte de Bernardo de Irigoyen, y que ahora, en cierta forma repite Mitre desde las columnas de “La Nación Argentina”.

    Pero el asunto de la recriminación a Sarmiento por su ingrata intervención en la usurpación del Estrecho de Magallanes no para allí. Luego de una pausa, se reanuda en 1873. Y se explica. Los chilenos al ver en la presidencia de la República Argentina al hombre que sostuvo ardientemente en la prensa chilena que el Estrecho de Magallanes, sus tierras adyacentes, y la Patagonia eran chilenas, se apresuraron a reavivar el asunto. Y reclamaron la Patagonia.

    Volvió Sarmiento a no tener argumentos para defenderse de la acusación que ahora se le hacía. Muchas son las voces que lo acusan y acosan. En Chile, el pueblo se enardece con la cuestión, y hay manifestaciones tumultuosas contra la Argentina y contra Sarmiento. Y tan grave llega a ser la situación, que Sarmiento habla de renunciar a su cargo.

    En Chile es embajador argentino don Félix Frías, antiguo unitario. Inicia con Sarmiento una correspondencia, a veces oficial y a veces privada. Frías, con gran entereza, le informa a Sarmiento cuanto ocurre en Chile. Allá se recuerdan y se releen los artículos de Sarmiento en “El Progreso” y en “La Crónica”. No hay excusa ni desmentido posible. Esos mismos artículos se releen también en Buenos Aires por parte de sus contrarios, que son todos altos personajes: Mitre, Rawson, Oroño, Torrens, José Hernández, Navarro Viola… La calidad de estos opositores que lo critican públicamente, lo anonada por momentos. Pero sin argumento, sin justificación a su instigación ante el gobierno de Chile, busca una excusa, una coartada, que no es más que una declaración de culpabilidad. Así es que escribe a Frías el 20 de mayo de 1873: “Los escritos anónimos de un diario chileno que se proponían ser útiles (a Chile) y cuya redacción se atribuye a un joven (7) emigrado argentino, hoy presidente de esta república (no pueden utilizarse) para comprometer (en su cargo, ni se debe) suponer que al Jefe de un Estado lo ligan ideas que pertenecieron a otro país… Es verdad que un diario (de Chile) sostuvo estas ideas, pero ellas no llevan nombre de autor. Yo, López (Vicente Fidel) y Vial redactábamos el diario. Eran anónimos los artículos y no pueden citarse como doctrina de autor aquellas que no llevan su nombre. Todo argumento sacado de allí contra mí es simplemente contra un diario chileno”.

    Jamás una retracción tuvo argumento semejante. Sarmiento, siempre había reconocido como suyos aquellos artículos. Más aún, se había envanecido por ellos. Acorralado, sin poder justificarse, acordándose del calificativo de traidor que le aplicó Bernardo de Irigoyen desde “La Ilustración Argentina”, opta por un argumento, el más pueril y ridículo: los artículos eran anónimos; se atribuyeron a un “joven argentino” que ahora es presidente de la Nación Argentina, pero aunque aquel joven es la misma persona que el hoy presidente de la Argentina, no se le pueden imputar como propios, porque serían dos cosas distintas, sin continuidad. Además, dice, “El Progreso” o “La Crónica” no eran redactados exclusivamente por él, sino por dos argentinos más. Y trata de descargar su culpa, su traición, en los demás. O por lo menos, de repartirlas con ellos.

    La culpa, pues, la traición a la patria, está probada. Y probada por él mismo, por Sarmiento. Y tanta es su desesperación que le pide al embajador Frías que lo defienda de sus enemigos y que no muestre sus cartas privadas a nadie. El hombre reconoce que no tiene defensa.

    Sin explicación lógica y razonable, la actitud de Sarmiento en esta desgraciada cuestión tiene una sola explicación: su falta de sentimiento patrio. Por eso después de Arroyo Grande, renuncia a su nacionalidad argentina y adopta la chilena, y por eso cuando los ingleses se apoderan de las Malvinas, escribe en “El Progreso” el 28 de noviembre de 1842: “La Inglaterra se estaciona en las Malvinas para ventilar después el derecho que para ello tenga… Seamos francos; su invasión es útil a la civilización y al progreso”. Fue el único argentino que aprobó la usurpación de las Malvinas.

    El reconocimiento del error:

    Promediando el año 1878, la cuestión se revivió de nuevo. Y con tal motivo salieron a relucir documentos sobre la cuestión, muchos de ellos que habían estado en poder del ministro de Rosas, F. Arana, y que luego pasaron a manos del Dr. Dalmacio Vélez Sarsfield, en su calidad de principal asesor jurídico del Ilustre Restaurados y ferviente rosista.

    Caído el gobierno de Rosas, esos documentos quedaron en poder de Vélez Sarsfield y al fallecimiento de éste en 1875, volvieron al Archivo Nacional, cuyo director, Carlos Guido y Spano, los dio a conocer públicamente. Esos documentos, como lo sabían Rosas y Arana, probaban fehacientemente, como prueban, que el Estrecho de Magallanes y sus tierras adyacentes eran y debieran ser argentinos, como pertenecientes al Virreinato del Río de la Plata.

    Ante su conocimiento público, Sarmiento, ya más acorralado que nunca, tuvo que hacer público su error, su culpa, o su traición a la patria, como lo calificaba Bernardo de Irigoyen. Y así, el 19 de julio de 1878 publica en “El Nacional”: “En este estado de cosas la cuestión de Magallanes recibe una solución inesperada. Hemos hecho notar antes que la Cédula de erección del Virreinato sólo habla de resistir a portugueses que invadan la Banda Oriental del Río de la Plata, y de pocos documentos se deduce la vigilancia al Estrecho de Magallanes confiada a esa repartición.

    “El doctor Wappaus de Gottinga, examinando los documentos presentados por ambos países, encontraba que hacían falta piezas directas para establecer la adjudicación del Estrecho y tierra adentro como jurisdicción argentina. Pero registrado el archivo del Virreinato que está en poder del Gobierno de la Provincia y no de la Nación como debiera, creemos que su bibliotecario, el señor Guido, se encontró con bastos portafolios de documentos de la administración colonial del Estrecho y costas patagónicas, y entre millares de piezas, las notas del Capitán General de Chile y otras en que declaran como cosa corriente y sabida que el Estrecho pertenece al Virreinato de Buenos Aires”.

    “Sucedió, pues, que después de erigida esta nueva administración, por requerirla la importancia comercial que tomaban estos dominios del extremo sur de la América, que los ingleses aparecieron por las islas que llamaron Falckland, las Malvinas, y desde entonces el gobierno de España confió necesariamente la guarda y jurisdicción de las costas patagónicas y vigilancia del Estrecho de Magallanes al Gobierno que estuviese más a mano para prevenir un desembarco que no estaría el Virrey del Perú.

    “Concíbese así, porque hay tan voluminosa masa de documentos sobre expediciones a Magallanes de los buques del Virreinato que tenía su estadía en Montevideo, plaza fortificada y puerto de mar.

    “En presencia de tales documentos no hay cuestión posible, porque ha desaparecido toda duda sobre la jurisdicción a que correspondía el Estrecho hasta 1810, puesto que Chile responde por boca del capitán general O`Higgins (viejo) que pertenecía al Virreinato (de Buenos Aires) y como tal daba avisos de movimientos y rumores de ingleses que llegaban por allá a su noticia y comunicaba al gobierno respectivo.

    “Convendráse también por esta exposición que también la República Argentina ha obtenido el año pasado (8) documentos claros, fehacientes de su derecho, razón que debe hacernos menos severos para juzgar la política chilena, que al principio creía de buena fe en su derecho al Estrecho, que la ambigüedad de los términos del traspaso de Cuyo al Virreinato autorizaba por lo menos una honrada gestión; y que sólo ha declinado de estas buenas cualidades, cuando la malhadada constitución de palabras, Patagonia y Magallanes, vino a perturbar los ánimos y a cambiar la faz de la cuestión”.

    Esta vez, ya no en carta confidencial u oficial a Félix Frías, sino públicamente reconoce Sarmiento “su error”, que Bernardo de Irigoyen calificó de traición a la patria. El mismo dice que en presencia de los documentos dados a conocer por el bibliotecario Guido Spano, “no hay cuestión posible”, para agregar que a todas luces el Estrecho y sus tierras adyacentes fueron pertenencia del Virreinato del Río de la Plata. Con todo, quiere achacar la usurpación del Estrecho al gobierno de Chile exclusivamente, callando la participación culpable que él tuvo, cuando dice: “razón que debe hacernos menos severos para juzgar la política chilena”. No, si la acusación que han hecho Bernardo de Irigoyen, Bartolomé Mitre y numerosas personalidades políticas argentinas, no es a la política chilena, sino a él, al argentino don Domingo Faustino Sarmiento, por su empeño tenaz en que el Estrecho fuera ocupado por Chile. Y más aún, todavía quiere defender la actitud de Chile al decir: “que al principio (Chile) creía de buena fe en su derecho al Estrecho”. No, otra vez; quien creía, y no de buena fe, de que el Estrecho era de Chile, era él, Sarmiento. No hubo tampoco equívoco en las palabras Patagonia y Magallanes. La intención de usurpar fue clarísima, con buen distingo de lo que era Magallanes y lo que era Patagonia.

    Referencias:

    (1) Ricardo Rojas en su Historia de la literatura argentina llama a Sarmiento y demás exiliados “los proscriptos”. El calificativo, con propósitos enaltecedores, es injustificado. Los tales eran simplemente exiliados, alejados del país voluntariamente. Proscripto se es cuando a uno se lo echa del país. Sarmiento y sus compañeros no fueron echados: se fueron voluntariamente.

    (2) Como muy bien lo destaca Ricardo Font Ezcurra en su libro La Unidad Nacional (Ediciones Teoría, 1963), estos artículos de “El Progreso” no figuran en las Obras Completas de Sarmiento. El recopilador, hallándolos tan antiargentinos, sin duda por ello lo omitió, alegando que no pudo hallar la colección de dicho diario.

    (3) Engrandecimiento y prosperidad de Chile, desde luego.

    (4) Existe una teoría jurídica internacional aceptada que exime a la tierra de la calificación de “res nullius”; no obstante, los gobiernos, cuando les conviene, hacen caso omiso de la misma.

    (5) Sarmiento frecuentaba una hija casada de Dalmacio Vélez Sarsfield, llamada Aurelia.

    (6) La usurpación del Estrecho de Magallanes.

    (7) Lo de joven es muy relativo. Sarmiento tenía en 1849, año de sus artículos en “La Crónica”, 38 años. Hombre maduro.

    (8) Como observa muy bien Font Ezcurra, esos documentos ya eran conocidos con anterioridad.

    Fuente:

    De Paoli, Pedro – Sarmiento y la usurpación del Estrecho de Magallanes – Ed. Teoría – Buenos Aires (1968).

  25. yo habia escrito un mensaje en agradecimiento por la información que nos dejó Isidro. Y para decir que me causa gracia cuando la gente que no tiene argumentos para luchar contra la verdad dice cosas como:»no da ni para discutir con usted». Y si, no les da para discutir con alguien formado de verdad en la Verdad.
    Gracias Isidro por defender tan seriamente lo nuestro

  26. POR QUE MANUEL BELGRANO DEBE SER HONRADO EN EL DÍA DEL MAESTRO, Y NO EL TRAIDOR DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO

    Cada 11 de setiembre debe recordarse a uno de los primeros fomentadores de la educación pública nacional como don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, en vez del entregador del Estrecho de Magallanes y masón desnaturalizado de su tierra Domingo Faustino Sarmiento.

    Extraemos de un viejo libro revisionista llamado «Sarmiento. Mito y Realidad», de Marcos P. Rivas, los siguientes párrafos, como para darle un sustento válido a lo que arriba declamamos:

    (…)

    «La escuela pública gratuita fue la pasión belgraniana; escuela pública alfabetizadora y moralizadora para ambos sexos. El 24 de marzo de 1810 propugnaba desde las páginas del «Correo de Comercio» la fundación de escuelas primarias en las ciudades, villas y parroquias de la campaña utilizando para ello fondos públicos, a la vez que los jueces de paz establecerían y harían cumplir la obligatoriedad escolar. Ese pensamiento que en su hora no pasó de tal debido a los tremendos problemas dimanados de la Revolución de Mayo fue el derrotero tras el cual más tarde marcharon los sucesivos gobiernos que fomentaron la instrucción pública: Rodríguez, Las Heras, Dorrego y Rosas.

    «En cuanto a la organización de las escuelas y condiciones de los maestros el creador de la bandera enunció directivas que aún no han caducado. «Basta con que los maestros -decía- sean virtuosos y puedan con su ejemplo dar lecciones prácticas a la niñez y juventud y dirigirlos por el camino de la santa religión y del honor». La misma vida pública de Belgrano constituyó un paradigma de tales normas.

    «Después del triunfo de la batalla de Salta la Asamblea General Constituyente le obsequió por decreto del 8 de marzo de 1813 un sable de oro y 40.000 pesos que el ilustre patricio destinó a la fundación de cuatro escuelas en sendas provincias del norte, en las cuales se enseñaría «a leer y escribir, la aritmética y la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en la sociedad, hacia ésta y algobierno que la rige». Compárense estas normas sabias y sencillas con el absurdo atiborramiento científico que Sarmiento, por desconocer los rudimentos de la pedagogía, se jactaba de imponer en la famosa escuela de Catedral al Norte y resalta la enorme desproporción que los separa. Pero hubo que sacrificar las concepciones docentes de Belgrano y años después las realizaciones de Avellaneda para la creación del mito. Belgrano hasta reglamentó la dación de los cargos docentes por concurso.»

    Y, ahora, se agregan los «aportes» del «maestro» Domingo Faustino Sarmiento en la educación argentina:

    «Pero no solamente como educador el ilustre soldado dejó señales imperecederas de su genio. Como jefe de la expedición al Paraguay y posteriormente como estadista logró un acuerdo comercial y político con el triunvirato guaraní, evitando el desgarramiento territorial como procuró hacerlo con el Alto Perú, escisión aplaudida por Sarmiento. Jamás denostó al indio ni al gaucho. Y fue tan realista en sus decisiones que considerando los peligros a que se veía expuesta la Revolución debido a la escasez de recursos para proveer de armamento a las tropas, que desde la Villa de Luján envió un oficio al gobierno el 18 de junio de 1814 cediendo para gastos militares la suma que él había destinado a la fundación de escuelas. El ocultamiento de ese hecho por parte de los historiadores liberales respondía a la necesidad de tener las manos libres para atacar a Rosas por suspender las partidas del presupuesto destinadas al sostenimiento de la educación cuando el bloqueo y la guerra contra Francia e Inglaterra dejaron exhausto el tesoro público. Estadista y educador, Belgrano se vio obligado por imperio de las circunstancias a mandar ejércitos y lo hizo con ejemplares muestras de patriotismo y abnegación; en cambio Sarmiento intentó hacer valer el discutible grado militar el 22 de diciembre de 1885 para conseguir que el gobierno le acordara una cesión de 16.000 hectáreas de las tierras quitadas a los indios. El presidente Roca desestimó la solicitud porque según el dictamen del ministro de guerra no constaban los antecedentes militares del peticionante…

    «Veamos ahora las realizaciones escolares del «Maestro de América» en su provincia natal. Cuando asumió el cargo de gobernador de San Juan el 9 de febrero de 1862 esa provincia se contaba entre las más castigadas por el analfabetismo. En el interior sólo funcionaban dos escuelas primarias, una en Concepción y la otra en Pocitos. Sarmiento creó por decreto una escuela en la capital, cuyo nombre sería «Escuela Sarmiento». Cuando abandonó ese cargo sólo existía de la referida fundación los cimientos y el nombre. Le dió término su sucesor, don Santiago Lloveras, el 9 de julio de 1864.

    «El progreso educacional de San Juan nada le debe a Sarmiento. El 24 de diciembre de 1865 el gobernador don Camilo Rojo, uno de los más progresistas gobernadores de la provincia cuyana, creó el Departamento General de Escuelas, en plena guerra del Paraguay e hizo sancionar la primera ley escolar; y en 1868 siendo gobernador don José Manuel Zavalla fueron fundadas varias escuelas superiores. En 1869 el gobernador Ruperto Godoy creó el museo mineralógico, inauguró la cátedra de esa ciencia y se estableció un establecimiento metalúrgico. Al término de su mandato la provincia de San Juan contaba con 93 escuelas, de las cuales 51 eran mixtas, 34 de varones y 8 de niñas».

    11 DE SETIEMBRE: ¡¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO, GENERAL MANUEL BELGRANO!!!

  27. REVOLUCION DE MAYO DE 1810: FAVORES Y PREMIOS A LORD STRANGFORD

    No en balde, los historiadores del revisionismo han sostenido que entre los sucesos de la Revolución de Mayo de 1810 y los vencedores de Caseros de 1852 existe, en más de un sentido, ligazón comprobada y fundamentada para la búsqueda de la erradicación de la cultura hispánica y criolla heredada de España, como también una clara tendencia a construir una nación cuya soberanía se manifiesta solamente en la forma pero no en la esencia de las cosas.

    Al referirnos a la ‘Línea Mayo-Caseros’, y en vísperas del mentado bicentenario de la patria, si pretendemos colocarnos en una posición de esclarecimiento histórico, no debemos ni podemos ofrecer loas a quienes protagonizaron los hechos de la Semana de Mayo, la cual, de algún modo, condujo a la nación por caminos oscuros y poco esclarecidos, a excepción de períodos donde se vieron ejemplares administraciones en las que el interés nacional estuvo por sobre cualquier facción o deseo extraño. Con total franqueza podríamos afirmar que lo que hoy vivimos es una resultante de lo de 1810.

    ¿Cómo puede creerse, sino, que unos meses luego del 25 de mayo de 1810, los miembros de la Primera Junta de Gobierno hayan homenajeado y premiado a Lord Strangford, el diplomático y agente birtánico que hizo delicias a favor de la Pérfida Albión, para que los acontecimientos de Mayo de 1810 favorezcan a su imperio, comprando voluntades y dejando en claro que tras los despojos españoles ahora pasaba a dominar la situación la finanza inglesa?

    HOMENAJE A LORD STRANGFORD

    No debe pasarse por alto la injerencia en los sucesos del 25 de mayo de 1810 de Lord Percy Clinton Sydney Smythe, más criollamente conocido como Lord Strangford, un eficaz y oportuno consejero de los hombres de Mayo. En 1801, revistaba como miembro de la Cámara de los Lores, y luego fue designado embajador británico en Lisboa. Allí se granjea la amistad de la corte, a la que obliga a desplazarse al Brasil cuando Napoleón Bonaparte invade Portugal. Ya en tierras brasileñas, Strangford se afinca en Río de Janeiro, lugar desde donde entablará contactos con los futuros revolucionarios de Buenos Aires por intermedio de un agente secreto llamado Manuel Aniceto Padilla. A partir de entonces, Lord Strangford no se apartará de los hechos que iban teniendo lugar en el Virreinato del Río de la Plata, alentando, cuando fue preciso hacerlo, a los integrantes del primer gobierno criollo.

    Alimentó, a su vez, la “obediencia” al Rey Fernando VII por parte de los portuarios como una mera estrategia para apaciguar los ánimos de la población, para evitar las sospechosas intenciones inglesas en el Plata. Sin embargo, en su extraordinaria habilidad diplomática, Strangford no perdía ocasión en hacer saber a los revolucionarios de Mayo que, una vez hechos con el poder, era menester darles buenas ventajas económicas al comercio británico.

    Producida la revolución, el 20 de febrero de 1811 llegaba la hora del homenaje y reconocimiento hacia su persona. Un documento expedido aquel día, expresaba que “en demostración del singular aprecio con que reconoce y desea responder a su liberales intenciones”, la Primera Junta le otorga a Strangford el título de ciudadano argentino. La corroboración de este hecho se verá reflejada en la misiva enviada por Hipólito Vieytes al Cabildo de Buenos Aires en la fecha antes mencionada. Dice así:

    “Excmo. Sor: Le incluye a V. E. esta Junta, la declaración que en acuerdo del día de hoy ha hecho en obsequio de la recomendable persona del Exmo. Sor. Lord Strangford; y V. E. que se halla penetrado de los mismos sentimientos que influyeron a su expedición, dispondrá la práctica de cuanto previene con aquella dignidad que es tan debida, y le corresponde a la representación de V. E.”. La carta estaba firmada por, entre otros, Miguel de Azcuénaga, Domingo Matheu, Juan Ignacio Gorriti y el propio Vieytes.

    El reconocimiento a Lord Strangford no quedó allí. Vieytes le expresó a los cabildantes a que convoquen una reunión al día siguiente a las 9 de la madrugada (21 de febrero de 1811), en la Sala Capitular, con la intención de celebrar una fiesta en honor del diplomático inglés. En la misma, deberían estar presentes funcionarios de la Municipalidad y alcaldes, tenientes de los cuarteles, los cuerpos de las guarniciones, prelados religiosos y rectores de los distintos colegios de la ciudad. Se mandaron imprimir esquelas para la convocatoria, y, al decir del propio Hipólito Vieytes, “la concurrencia ha de ser en clase de ciudadanos y sin etiqueta”. Y se le pidió al Alcalde de Primer Voto, don Manuel de Aguirre, que “a nombre del Excelentísimo Cabildo solicite del señor Comandante General de Armas el que franquee una compañía de alguno de los Cuerpos de esta Plaza para evitar con ella cualquier desorden que pudiese ocasionar la concurrencia del Pueblo a un acto que llamará su atención”.

    Todos los vocales de la Primera Junta fueron testigos de aquella jornada de homenaje a Lord Strangford, la cual consistió no solamente en una simple reunión para otorgar una carta de ciudadanía sino, más bien, en una demostración de gratitud hacia su colaboración para con la causa. Vale recordar que el diplomático inglés se hallaba en Río de Janeiro.

    En un documento en el que se remarca el respaldo que Lord Strangford hizo para la consumación del grito de Mayo, donde, por ejemplo, se dice que “habló a Buenos Aires con respeto y sin lesión de sus derechos” y que “fue espectador con prudente imparcialidad de los primeros esfuerzos de nuestra fidelidad a la Patria y al Monarca”, el Alcalde de Primer Voto, por pedido de la Primera Junta (o Junta Provisional Gubernativa, como también se la denominaba), acuerda sancionar “la investidura de Ciudadano a favor del Exmo. Lord Strangford, con la adjudicación en propiedad de una legua cuadrada en el territorio de este suelo”.

    Cuando le notifican estos reconocimientos a Strangford, que se encontraba en Río de Janeiro, éste manda decir en carta del 24 de febrero de 1811 que “no es a mi mérito, y sí a la indefectible bondad de V. E. á quien debo la alta distinción que V. E. me comunica en su apreciable carta. Debo con todo poner en la consideración de V. E. que este mismo sentimiento de deber me impide por ahora el aceptar esta honra”. Con ello, Lord Strangford rechazaba cortésmente el ser proclamado ciudadano argentino y el beneficiarse de una legua cuadrada en Buenos Aires. Según decía en la misma carta, no podía aceptar esos honores sin “recibir yo las órdenes de mi Soberano [Su Majestad Británica]”.

    El Cabildo de Buenos Aires y los miembros de la Primera Junta toman conocimiento de esta decisión el día 11 de mayo de 1811. Nunca más se habló sobre el episodio. A todo esto, la correspondencia entre Strangford y los protagonistas de Mayo de 1810 cesó por el año 1815, cuando la mayoría de éstos estaban desterrados o perseguidos. Por curioso que parezca, Lord Strangford nunca llegó a conocer Buenos Aires.

  28. PRIMEROS RADICALES: ENTRE ROSAS Y MONTONERAS FEDERALES

    Hasta este momento, no hemos dedicado nota alguna que hable sobre el origen federal de los primeros políticos que dieron vida a la UCR (Unión Cívica Radical). Creemos que ésta es una asignatura todavía pendiente en las altas esferas dedicadas al estudio de la historia argentina. El radicalismo ha tenido un origen emparentado a personalidades que actuaron políticamente con Juan Manuel de Rosas y en las montoneras federales que le sucedieron hasta 1873, y en razón de ello es que muchos grandes escritores revisionistas ven en la UCR la primera expresión nacional y popular del siglo XX. Dentro de esta tesitura, encontramos a Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo o Raúl Scalabrini Ortiz, pertenecientes todos al grupo FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) de la década de 1930.

    Visto desde el presente desolador, la UCR es hoy una sombra de lo que fue en sus comienzos, como también le ha ocurrido al peronismo: traiciones, falsedades y ambiciones mezquinas lograron sepultar sus genuinos propósitos de salvaguardar la patria y el pueblo. Sin embargo, quedan las crónicas y las doctrinas, las que nos permiten redescubrir aquellas historias ajadas y amarillentas, llenas de gloria y de encanto.

    Quizás esto que escribamos suene a lirismo, pero el federalismo y sus montoneras no murieron a partir de la desaparición en escena de Ricardo López Jordán, ni se silenciaron sus ideales a la muerte por tuberculosis de Felipe Varela en 1870. Al contrario, durante veinte años estuvieron preparándose para la nueva contienda que se avecinaba, ya con la pluma, ya con la experiencia de la derrota en los campos de batalla de sus antepasados. Los descendientes de las montoneras federales llegaron al poder el 12 de octubre de 1916 en elecciones limpias, sin olvidar, desde luego, los alzamientos armados que protagonizaron en 1890, 1893, 1895 y 1905.

    Erigido como caudillo argentino, Hipólito Yrigoyen personificaba la vieja tradición del federalismo del siglo XIX, por varias razones: luchaba contra la oligarquía que había exterminado a los federales de antaño; modificaba el panorama político nacional tras el dominio imperturbable de los unitarios liberales; aplicaba medidas para el bienestar del pueblo; y evidenciaba políticas estatales y de nacionalización de los recursos (como el petróleo). Pero también había motivos sanguíneos que determinaban la condición de caudillo de Yrigoyen.

    “EL PELUDO” Y SU GENESIS FEDERAL

    Don Hipólito Yrigoyen ha mantenido resguardada su vida privada de la habladuría popular, lo que generó un sinfín de dudas sobre su verdadero origen. Cuando incursionó en política, allí afloraron algunos datos que daban cuenta de una novedosa fuerza llena de apellidos de familias federales, lo que hacía suponer, seguramente, que el caudillo radical provenía de alguna de ellas.

    El dato no era errado. Había sido su padre el vasco francés Martín Yrigoyen, hijo de un miembro de la Sociedad Popular Restauradora y de su brazo armado, la Mazorca. El abuelo del caudillo radical fue fusilado a fines de 1852, en los primeros juicios que se siguieron contra los funcionarios del Restaurador de las Leyes.

    Sin embargo, otra versión sobre don Hipólito Yrigoyen decía que su madre, Marcelina Alem, hermana de Leandro, había tenido un romance con Juan Manuel de Rosas, y que de esa relación efímera habría nacido el futuro líder de la UCR. Cuando asumió Hipólito Yrigoyen en 1916, la oposición hizo llegar esta noticia hasta los periódicos de la época, no pudiéndose corroborar semejante paternidad. La duda persiste quizás hasta nuestros días: «El Peludo» Yrigoyen, ¿fue hijo de Juan Manuel de Rosas? Recordemos que nació en 1852, cinco meses luego de la batalla de Caseros. De lo que no hay dudas, al menos, es que el primer presidente radical tuvo una familia de neto corte federal.

    La crueldad manifiesta contra los funcionarios que sirvieron al Restaurador de las Leyes fue terrible en los primeros años que siguieron a su destitución. Entre 1852 y 1855, las máximas figuras de la Sociedad Popular Restauradora fueron enjuiciadas y asesinadas en medio de una política local atestada de unitarios y masones. Leandro Antonio Alén, como se ha dicho, fue uno de los sentenciados a morir fusilado y ahorcado junto a don Ciriaco Cuitiño, Manuel Troncoso o Silverio Badía, entre otros.

    En los tiempos de la Santa Federación, don Leandro Antonio Alén figuraba como vigilante primero de a caballo de la Mazorca (o Más Horca) rosista. El padre del fundador de la UCR fue fusilado a las 9 de la mañana del 28 de diciembre de 1853, sobre el paredón de la Iglesia de la Concepción, Buenos Aires. Más tarde, y por un lapso de cuatro horas, su cuerpo y el de Cuitiño fueron exhibidos públicamente. Se dice que con tan sólo 10 años de edad, Leandro Nicéforo Alem contempló el cuerpo inerte de su padre asesinado, y que esa imagen lo volcaría decididamente a la creación de una fuerza política capaz de desterrar el salvajismo de los liberales, la ambición de la oligarquía y el fraude que llevaron a cabo con creces.

    Cuando el tío de Hipólito Yrigoyen fue más grande, decidió cambiarse el apellido: de Alén se puso “Alem”, en razón de que la población solía referirse a su persona como “el hijo del ahorcado”.

    ELPIDIO GONZALEZ Y EL FUNDADOR DEL REVISIONISMO

    Elpidio González había nacido el 1° de agosto de 1875 en Rosario. Ocupó diversos cargos públicos durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen: Ministro de Guerra de 1916 a 1918, y jefe de la Policía Federal Argentina a partir de aquel último año hasta 1921. Elegido para acompañar a Marcelo T. de Alvear como vicepresidente de la Nación, González volvió a cumplir funciones en el segundo mandato de Yrigoyen (1928-1930), esta vez como Ministro del Interior.

    Gente que lo ha tratado hasta su muerte, decían que Elpidio González murió muy pobremente. Esto dice un portal del partido al cual perteneció: “No solamente se rehusó [Elpidio González] a percibir la pensión como ex vicepresidente que por ley le correspondía, sino que para ganarse la vida debió ingresar a la conocida firma productora de anilinas «Colibrí», para desempeñarse como corredor de comercio percibiendo una modestísima remuneración que le obligaba a vivir austeramente”. Dignísimo.

    Su padre había sido el coronel Domingo González, militar que abrazó la causa de las montoneras federales. Bajo las órdenes del caudillo y general Juan Saá, Domingo González se sublevó en la zona de Cuyo hacia 1866 y 1867, siendo parte de la última gran revuelta federal que hubo en el país. Cabe agregar que el padre de Elpidio González fue también un viejo servidor de Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza.

    La estrategia de la sublevación de 1866/67 estaba a cargo de tres caudillos federales: Felipe Varela, Ricardo López Jordán y Juan Saá. El primero lucharía por el noroeste, el segundo en el litoral, y Saá en la zona de Cuyo. El Quijote de los Andes (Varela), le dio un nombre a esta contraofensiva gaucha federal: “Revolución de los Colorados”.

    Para terminar este resumen, agregaremos que el fundador del Revisionismo Histórico, Adolfo Saldías, también fue un ferviente militante de la Unión Cívica Radical en sus primeros años de existencia. Saldías, quien había recuperado la figura de Juan Manuel de Rosas para la patria, salvándola de la mentirosa diatriba unitaria que le endilgó maledicencias jamás probadas, gracias a documentación que le cedió Manuela Robustiana Rosas (hija del Restaurador), participó de las sublevaciones armadas radicales de 1890 y 1893 (Revolución del Parque), siendo encarcelado en ambas oportunidades.

    En ocasión del suicidio de Leandro Nicéforo Alem en julio de 1896, el día 4 de ese mes Adolfo Saldías es uno de los que acompañan la caravana con rumbo al cementerio de la Recoleta llevando los cordones de la caja mortuoria que contiene los restos del creador de la UCR.

    Una vez en el antiguo cementerio del Norte, la multitud se apresta a escuchar los cuantiosos discursos preparados para despedir a Alem. En representación del radicalismo porteño, hace uso de la palabra Adolfo Saldías.

    Como en toda organización política, la UCR tuvo en sus primeros tiempos serios conflictos internos, pues convivían sectores intransigentes y conservadores o ‘acuerditas’ para con el régimen imperante. Adolfo Saldías, si bien al principio apoyó plenamente a Alem (intransigente), con el correr de los años y las frustraciones armadas, se hizo conservador, aliándose con un antiguo colaborador de Juan Manuel de Rosas llamado Bernardo de Irigoyen. En los primeros años del siglo XX, Irigoyen y Saldías serán designados gobernador y vicegobernador, respectivamente, de la provincia de Buenos Aires, pero ya como hombres cercanos al unitario liberal Bartolomé Mitre.

    Dejamos para el final a Bernardo de Irigoyen, hombre que ha sido leal a la Confederación Argentina de Juan Manuel de Rosas y que transitó, al menos hasta 1898, por las filas de la Unión Cívica Radical.

    Como contraprueba de la falacia unitaria, Irigoyen estudió Jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires y se graduó en 1843, en tiempos “bárbaros” e “iletrados”… Había sido designado por el Restaurador de las Leyes oficial de la representación argentina en Santiago de Chile, con la expresa misión de defender los derechos nacionales sobre el estrecho de Magallanes, zona geográfica que el traidor Domingo Faustino Sarmiento quería entregársela a los chilenos.

    El luego hombre del radicalismo de Alem e Hipólito Yrigoyen, fue comisionado en 1851 para que reuniera “los documentos justificativos de los derechos sobre la Patagonia, y también para que, en Roma, llevase a cabo un arreglo de las relaciones de la Santa Sede con los gobiernos americanos”, señala el historiador revisionista Fermín Chávez.

    Al caer la administración de Rosas después de Caseros (1852), Bernardo de Irigoyen se inició en la oscura masonería recién en 1859. Algo parecido sucedió con el padre del revisionismo histórico, Adolfo Saldías, quien se hizo masón el 19 de agosto de 1873, pero éstas ya son otras historias, otros relatos.

    Fuentes:

    – Barovero, Diego. “Elpidio González, el asceta de la política”, Villa Mercedes, San Luis, 2003.
    – Cárdenas, Felipe (H). “Hipólito Yrigoyen, ese enigmático conductor”, Revista “Todo es Historia”, Año I, N° 2, Junio 1967.
    – Chávez, Fermín. “El Revisionismo y las Montoneras”, Ediciones Theoría, Buenos Aires, Junio de 1966.
    – Gallo, Rosalía Edit y Giacobone, Carlos. “Radicalismo Bonaerense. 1891-1931”, Editorial Corregidor, Buenos Aires, Abril 1999.

    – Lappas, Alcibíades. “La Masonería en la Argentina a través de sus hombres”, Primera Edición, Octubre de 1958.

  29. 6 DE MAYO: ULTIMA CARTA DEL GENERAL SAN MARTIN A JUAN MANUEL DE ROSAS

    Casi 160 años pasaron de la última muestra de afecto que el capitán general José de San Martín le otorgó al brigadier general Juan Manuel de Rosas. La misma, fue una carta fechada el 6 de mayo de 1850 en Boulogne-Sur-Mer («Bologna sobre el Mar», en su traducción al español), Francia.

    En dicha misiva, no oculta San Martín la particular simpatía y aprecio que le produjo la actividad política y gallarda del Restaurador de las Leyes. El Libertador varias veces se refería a Rosas como «su apasionado amigo y compatriota», en un gesto propio de los hombres de armas que claman por una nación próspera y soberana.

    La carta en cuestión decía lo siguiente:

    «Boulogne-Sur-Mer, 6 de mayo de 1850.

    Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General Don Juan Manuel de Rosas.

    Mi respetado General y amigo:

    No es mi ánimo quitar a Ud. con una larga carta, el precioso tiempo que emplea en beneficio de nuestra patria.

    El objeto de esta es tributar a Ud. mis más sinceros agradecimientos al ver la constancia con que se empeña en honrar la memoria, de este su viejo amigo; como lo acaba de verificar en su importante mensage del 27 de Diciembre pasado; mensage que por segunda vez me he hecho leer, y que como argentino me llena de un verdadero orgullo, al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado.

    Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina.

    Que goce Ud. de salud completa, y que al terminar su vida pública, sea colmado del justo reconocimiento de todo Argentino, son los votos que hace y hará siempre en favor de Ud. este su apasionado

    Amigo y compatriota

    Q. B. S. M.

    José de San Martín».

    Para liberales y marxistas, el intercambio de correspondencias entre San Martín y Rosas, como así también el legado que aquél hizo de su glorioso sable libertador a éste, significó, en el mejor de los casos, una «irregularidad» de la historia nacional, y en el afán por intentar desprestigiar la camaradería, amistad y respeto que mantuvieron estos dos bravos criollos a lo largo de tantos años, se tejieron las más absurdas teorías sin respaldo documental alguno. Una de ellas, tal vez la de mayor propagación, consistió en endilgarle al ya anciano José Francisco de San Martín una pálida memoria, todo lo cual le habría impedido -sugieren los envidiosos traidores- reconocer en la figura criolla de Rosas a un «tirano» o un «déspota», en vez de un patriota y un defensor inigualable de la soberanía nacional.

    Del anterior pretexto de indeleble cuño unitario, liberal y masón se aferró el expatriado Domingo Faustino Sarmiento, quien no ahorró palabras descalificadoras para con la persona de San Martín. Y despotricó contra él en varias ocasiones: en 1845, en una nota periodística de «La Crónica» del 26 de diciembre de 1853, en correspondencia al dúplice Juan Bautista Alberdi el 19 de julio de 1852, y la última blasfemia la propinó en 1885. Así versaba el «maestro» de América sobre uno de los libertadores del continente:

    «San Martín, el ariete desmontado ya que sirvió a la destrucción de los españoles; hombre de una pieza; anciano abatido y ajado por las revoluciones americanas, ve en Rosas el defensor de la independencia amenazada y su ánimo noble se exalta y ofusca… Fastidiado estoy de los grandes hombres que he visto… Hace tiempo que me tienen cansado los héroes sudamericanos, personajes fabulosos todos (…) Dejemos de ser panegiristas de cuanta maldad se ha cometido. San Martín, castigado por la opinión, expulsado para siempre de la América, olvidado por veinte años, es una digna y útil lección».

    No queríamos terminar de referirnos a Sarmiento, respecto al tema convocante de esta nota (relación amistosa y patriótica de San Martín y Juan Manuel de Rosas), sin mencionar lo que dice en carta a Manuel R. García el 18 de octubre de 1868: «Si miento lo hago como don de familia, con la naturalidad y la sencillez de la verdad»… A buen entendedor, pocas palabras.

    La descalificación o desmerecimiento de la franca amistad del Libertador y el Restaurador de las Leyes, también corrió por cuenta del Instituto Sanmartiniano (hoy Instituto Nacional Sanmartiniano), centro de investigaciones académicas que desde el comienzo supo atraer figuras de la siniestra masonería, cabe decirlo. Fue así que en 1949, el Sanmartiniano negaba que José de San Martín haya aceptado la amistad de Rosas. Como dicha afirmación es sencillamente un artificio, la Comisión Directiva del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas sacó una declaración por escrito refutando tan insólita sentencia.

    En la revista de la institución rosista N°14 de febrero de 1949, la declaración afirmaba en su segundo apartado: «Que el Instituto Sanmartiniano, cuyo comunicado comentamos niega la amistad entre los Generales San Martín y Rosas, como si el personal conocimiento fuera indispensable para fundar una amistad y con asombroso olvido, por otra parte, de que si el ánimo de San Martín estaba libre de toda amistad o afecto hacia Rosas, tanto más valor tenían sus elogios que trascienden tan alta admiración y estima, hacia la personalidad del Restaurador y su obra de gobernante». Y sigue afirmando la Comisión Directiva del Instituto Juan Manuel de Rosas ante la aberración negadora del Instituto Sanmartiniano:

    «7°- Que, en consecuencia, este Instituto invita al Sanmartiniano a que proceda a una reconsideración general sobre hombres y jefes del partido unitario, en cuanto los juicios interesados y malevolentes de éstos han tratado de desvirtuar el ejemplar legado atribuyéndolo a debilidades físicas; de tal modo la pasión antirrosista no vacilaba en mediatizar un acto del Libertador, con tal de negarle toda gloria al Restaurador».

    Para terminar, el noveno apartado parece tocar implícitamente al forajido Domingo Faustino Sarmiento, a juzgar por sus lamentables afirmaciones contra y sobre el San Martín anciano que antes hemos transcripto: «9°- Que así deben entenderse con grandeza y generosidad todos los actos de última disposición, pues nada hay más ingrato con los muertos ilustres o modestos, que retacearles sus actos de última voluntad y quererles corregir sus intenciones para servir a la efímera vanagloria de los contemporáneos».

  30. IMPRESIONES DEL GENERAL INGLÉS QUE VIO A ROSAS EN EL EXILIO

    El general Ignacio Hamilton Fotheringham había nacido en Inglaterra, en el pueblo de Southampton. De muy joven vino a la Argentina, donde inició una carrera militar destacable, si bien siempre luchó por el bando unitario liberal. Estuvo en las principales batallas de la desgraciada Guerra de la Triple Alianza (Pehuajó, Paso de la Patria y Estero Bellaco, entre otras) y tomó parte en las acciones contra la última revuelta federal a cuyo frente se encontraba el general Ricardo López Jordán, que se batía en suelo entrerriano hacia 1873. Más tarde, participó en la dura Campaña al Desierto del teniente general Julio Argentino Roca.

    En 1858, Fotheringham decide volver a su ciudad de origen, tras haber completado sus estudios en Londres y en Bélgica. Un par de años más tarde, dio la casualidad que se encontró con la hija de Juan Manuel de Rosas, doña Manuela Rosas de Terrero, y con su esposo Máximo Terrero. Por intermedio de ambos logró conocer de cerca al Restaurador de las Leyes.

    Lo que sigue es un fragmento de sus «Memorias», en donde recuerda la personalidad del ilustre exiliado. Porque fue un 3 de febrero el día en Rosas marchó al olvido póstumo y a la terrible expatriación -todo lo cual coincide con el inicio de la postración nacional-, queremos compartir este testimonio sobre rasgos de su vida en suelo inglés. Creemos que bien vale la pena rescatarlo del cadalso historiográfico:

    «Los señores Juan Nepomuceno Terrero e hijos (la firma social del año 1864), poseían varias estancias con muchas leguas de campo flor. ¡Qué espléndidas fincas! Hoy habrán pasado a manos ajenas, tal vez a dueños extranjeros.

    «Los Cerrillos», la antigua guarida de don Juan Manuel, era el establecimiento principal: llena de recuerdos de ese hombre misterioso que, a pesar de tanto historiador, hoy nadie conoce bien y yo menos que nadie.

    «Allá en mi tierra, en mi pueblo (Southampton) lo creíamos un general español desterrado por asuntos de alta política. Un hermoso tipo, de aspecto varonil y enérgico. Vivía en The Crescent, frente a la casa de familia de Lawe, muy amiga nuestra. Una gran mansión de aspecto serio, silencioso y triste. Nada de ruidos. Más tarde me han referido muchas anécdotas a su respecto.

    «Al venirme, su «Doña Manuelita» me regaló una hermosa frazada, grande, abrigada, con un letrero central en bordado rojo: Federación o Muerte, Independencia. Rosas. Viva Manuelita. La conservé por mucho tiempo. Pero, resuelto a decir la verdad, aunque con vergüenza, confieso que la cambié en Paso de la Patria [Durante la Guerra contra el Paraguay] por tableta mendocina… Más pudo el hambre que el venerado recuerdo.

    «Tirano, déspota, sanguinario… No lo niego, pero no lo afirmo. La pobreza en que vivía, demostraba, por lo menos, que era hombre honrado. Y un hombre honrado no puede ser un hombre perverso…

    «Años después , en 1885, me encontré en Southampton con mi mujer y dos hijos mayores, Inés y Roberto, de once y diez años, respectivamente.

    «El primero que me vino a visitar al Hotel Radley, fue Mr. Mount, nuestro antiguo capellán, el viejo sacerdote que me bautizó y me bendijo al venirme, agregando: «Que tus ovejas, Ignacio, cubran las montañas del nuevo mundo…».

    «Nunca pudo suponer el final dramático de mi tentativa de estanciero ni que mis ovejas desaparecerían substituidas por…una espada. Vino, pues, y nos invitó a comer. Fuimos. Sobre la chimenea de su modesto comedor había una hermosa talladura de flores en marfil, bajo gran fanal de cristal.

    «-Qué hermoso- dije.

    «-Ah, si -contestó-, me la regaló el general Rosas…

    «Y yo:

    «-Un tirano sanguinario y criminal y…

    «-Cállese, cállese… -replicó-. No hable usted así del mejor hombre que haya yo conocido: caritativo, bondadoso, lleno de todas las virtudes cristianas.

    «Pues, ¿en qué quedamos?… Todavía está uno por saber qué es la historia. «Cobarde, tú dormías»…le dice Mármol en su tremenda oda…

    «Y conozco otro cuento al caso… Todos mis cuentos son fidedignos y garantidos. En plena batalla de Caseros, el éxito era aún dudoso. Rosas hablando con un jefe principal: «Mire, mire, esa caballería que avanza allá por la izquierda nos va a j…» (¡Perdón por la mala letra!). En ese momento pasa un bizarro soldado de caballería, gorra de manga, lanza, lazo y boleadoras. «Párese, amigo…», dice Rosas. Bajóse el centauro. «Traiga las boleadoras (Las midió con los brazos abiertos). Un poco cortas -dijo-. A caballo y dispare» -le gritó al soldado-. De un brinco en la silla y a todo escape…». Pero no hubo escape, pues con la habilidad suma sorprendente de que estaba dotado «el primer jinete», el «primer gaucho argentino», revoleando las boleadoras las lanzó con mano certera por encima del cráneo del jinete y boleando el caballo de las manos, lo hizo rodar; pero el paisano, sonriéndose, salió al pie, las riendas empuñadas… «Por lo menos -dijo Rosas- todavía tengo el pulso bueno».

    «Y a mí me parece que ningún «cobarde» haría tal hazaña.

    «Afuera de Southampton, en Shirley, tenía Rosas un pequeño farm o estancia. Cuatro vacas, algunas ovejas, pocos caballos: Los Cerrillos en miniatura, como para recordar, acaso, a la patria. En su salón, allá en la casa de The Crescent, tenía dos grandes sillones rojos; él ocupaba uno, el mismo de siempre y a la visita que intentaba sentarse en el otro, la detenía con un… «Dispense, no se siente en ese sillón, pues espero al general Urquiza…»

    «En las carrerías o cacerías del zorro, en Inglaterra, montaba en soberbios caballos que le prestaba lord Palmerston. Una vez rodó y salió corriendo… Asombro general. En otra ocasión enlazó un ciervo por las astas. Otra vez asombro. Nunca, jamás, iba a la iglesia, la única iglesia católica que había en Southampton y, sin embargo, el viejo cura lo calificaba de «hombre lo más bueno». Habrá que escribir sin pasión la historia de Rosas».

    Tomado del periódico «El Restaurador», Año II, N°7, Junio de 2008, página 16.

  31. Siga así, Isidoro. Se nota que su prédica está en alza. El país entero coincide con usted. Botarate.

  32. ¡Magnífica refutación, Ferrero! Me asombró su argumentación; ya nadie puede dudar acerca de dónde está la verdad. Sus intervenciones enriquecen el debate. ¡Continúe por favor!

    Entre 1810 y 1828, (18 años, como si dijéramos entre Menem y Kirchner, con perdón de las palabras) por obra de los «patriotas» ya se habían perdido lo que hoy son Bolivia, Paraguay y Uruguay, mas buena parte de las Misiones que pasaron a manos brasileñas. Las distintas provincias iban estableciendo sus propias relaciones exteriores, cada una por su lado.

    En ese contexto, crecía la figura de Rosas como única persona capaz de detener la destrucción total del lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata. Gracias a él todavía hoy la Argentina es lo que es, pero lamentablemente, nos queda poco tiempo para disfrutar de nuestro territorio. Estamos en manos de los Julián Segundo Agüero, Manuel José García, Lavalle, los hermanos Rodríguez Peña, Moreno, Castelli, Monteagudo, Alvear, etc. etc. ¿Dios nos premiará con otro Rosas? No parece que lo merezcamos.

  33. «Diego José Ferrero» (Bebel),

    Por favor, siga mi consejo y escriba comentarios en páginas ajenas a la Tradición católica. Muchas gracias.

  34. Los papeles de Rosas

    Durante su gobierno, Juan Manuel de Rosas produjo una gran cantidad de documentos y correspondencia pública y privada que la historia oficial se ocupó de ocultar.

    Julio Irazuzta en su libro “Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia”, nos deja una interesante trascripción documentos y de la correspondencia pública y privada de Rosas con sus contemporáneos, incluido el General San Martín, con quien mantuvo una gran amistad y mutuo reconocimiento. Las relaciones entre Rosas y el Libertador ven la luz a travez de la correspondencia entre ambos. El citado libro descubre la fascinante personalidad del Restaurador y su obra de gobierno en defensa de la soberanía y dignidad nacional. Su imprescindible lectura desmiente la historiografía de sus detractores.

    Rosas fue uno de las personalidades argentinas que más documentos produjo. Entre ellos podemos citar al notable “Carta de hacienda de Figueroa”, dirigida a Facundo Quiroga en vísperas de Barranca Yaco, donde entre otras cosas nos deja en claro su acertado pensamiento sobre el dictado de una prematura Constitución Nacional antes de la pacificación y organización nacional, sobre la cual hace notables reflexiones.

    Después de Caseros, Rosas se retira al exilio sin bienes personales, pero llevando un baúl de papeles para testimonio de la posteridad, que sus detractores intentaron ocultar, sin lograrlo.

    Adolfo Saldías, que con el consentimiento de Manuelita Rosas estudió en Southampton los papeles de Rosas para escribir su “Historia de Rozas” (Historia de la Confederación Argentina), nos deja interesante testimonio.

    Los escritos de Don Juan Manuel (Por Adolfo Saldías)(1)

    Se ha dicho que Rozas escribió en Southampton algunos libros. En la minuciosa compulsa que he hecho de todos sus papeles he encontrado fragmentos en borrador de un Recetario; muchísimos borradores de sus cartas; las cuatro primeras páginas de un libro titulado Algunos rasgos de la vida pública del General Juan Manuel Ortiz de Rozas, seguidos de una nómina de los principales documentos que, a su juicio, debía contener; su larga, variada y curiosa correspondencia con su antiguo Ministro de Hacienda (que también lo fue de Dorrego) el ilustrado don José María Roxas y Patrón la cual él guardaba cuidadosamente.

    Los únicos trabajos originales que concluyó y que obran en mi archivo son: Gramática de la lengua Pampa, y Diccionario de la lengua Pampa, obras de erudición y de paciencia únicas en nuestro país, y tanto más interesante cuanto que se refiere a una raza que la civilización ha extinguido, pues, además de haberlos diezmado, es lo cierto que los indios, por las circunstancias que rodean su vida, no se multiplican como los cristiano? según la expresión de Sarmiento.

    Tuve ocasión en Francia de enseñar la Gramática y el Diccionario al sabio M. Ernesto Renan quien los retuvo en su poder algunos días, al cabo de los cuales me manifestó una opinión en extremo favorable para dichos trabajos. Llegó a prometerme una introducción para publicarlos; pero desgraciadamente falleció en esos meses dejando en las letras y en las ciencias francesas un vacío profundo.

    Adolfo Saldías (1904)

    (1) Adolfo Saldías (1849 1914): Porteño. De familia unitaria, fue primeramente masón y anticlerical, y en 1891, radical. Precursor de la nueva escuela histórica. En 1881 apareció el primer volumen de su Historia de Rozas, de la cual publicó el segundo en 1884. En 1890 estuvo con Alen en la revolución del Parque. La segunda edición de su obra apareció en 1892 con el título de Historia de la Confederación; y ese mismo año estuvo preso a bordo del pontón «» Argentina», y fue desterrado a Montevideo. Otras obras: Papeles de Rozas, 1904; La Evolución Republicana durante la Revolución Argentina, 1906 y Un siglo de instituciones, 19 10. Fue radical bernardista. Se había graduado en Leyes en 1873, con una tesis sobre el Matrimonio.

    Fuentes:

    – Chávez, Fermín. La cultura en la época de Rosas. Edit. Theoría
    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
    – Irazusta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.

  35. EDUCACIÓN EN LA ÉPOCA DE ROSAS

    La cultura Rosista

    Otra falsedad tremenda es la de que el período de Rosas fue de atraso o, como mínimo, de detención cultural. El doctor Amadeo, en sus cuidadosas Vidas argentinas, dice: «Los valores tradicionales tuvieron en él un celoso, a veces implacable defensor. Bajo su gobierno, la sociedad mantuvo su estructura antigua, y esto hizo posible la formación de tipos de alto refinamiento, cuya expansión cultural, contenida por un régimen de fuerza, produciría después varones de estirpe superior» (R. Amadeo: Vidas Argentinas). ¡Estupendo hallazgo, magnífica combinación que nos permite abominar de la época de Rosas, que asfixió a los «tipos refinados», y glorificar a la que le sucede, regida por «varones de estirpe superior» que surgieron por generación espontánea de la historia!

    Los tiempos de Rosas fueron de graves dificultades, guerras intestinas y ataques extranjeros promovidos por los representantes de «la ilustración». No obstante ello, Rosas difundió la enseñanza, creó casas de estudios superiores y estimuló muy valiosas actividades intelectuales. Durante su gobierno se publicó, por don Pedro de Angelis, la famosa Colección, de obras y documentos relativos a las historias antigua y moderna de las Provincias del Río de la, Plata. en seis volúmenes, impresa en la Litografía del Estado en 1836/37, el Cancionero argentino, en 1837, La lira española, en 1844 y El mosaico literario, en 1848, así como La galería de ilustres contemporáneos, publicada por Arzac, en la Litografía de las Artes, en 1844. Recuérdese, asimismo, que La Gaceta Mercantil se publicó con desusada regularidad durante su gobierno, así como El Archivo Americano, redactado en idioma español, inglés y francés, y el British Packet, diario escrito en inglés.

    A pesar de las intrigas y la guerra civil, durante la época de Rosas se dio un fuerte impulso a la instrucción primaria y superior. Una comisión nombrada para estudiar al reforma terminó sus trabajos con un proyecto “en el cual puede verse una anticipación de algunos aspectos de la reforma universitaria argentina, y que guarda tantos puntos de coincidencia con el sistema administrativo y docente que rige actualmente” (A. Salvador. La Universidad de Buenos Aires. La Plata 1937.p.70 – Julio Irazusta Vida política de Juan Manuel de Rosas.t.II.70)

    “A pesar de las difíciles circunstancias en que el país se hallaba envuelto, parecía que nada influyera en la educación de la juventud que cada día se mostraba más afanosa por corresponder a los cuidados que se le prodigaban.” (Sarmiento) (El presupuesto para educación, que en 1829 era de 37.141 pesos fue elevado en 1830 a 49.980.)

    El propio Rosas era un hombre muy culto y no tenía el menor parecido con la estampa de caudillo ignorante y brutal que nos sirven los difamadores liberales. Por ser de quien es, mucho vale la opinión del célebre poeta español (aunque nacido en Buenos Aires), don Ventura de la Vega. Visitó a Rosas en Southampton, en julio de 1853; en carta a su mujer, que se hallaba en Madrid, le expresaba: “Decían que sólo tenía talento natural y que era poco culto; no es cierto. Es un hombre instruidísimo y me lo probó con las citas que hacía en su conversación; conoce muy bien nuestra literatura y sabe de memoria muchos versos de los poetas clásicos españoles» (Carta de Ventura de la Vega a su mujer. Londres, 21 de julio de 1853. – Cfr. Ventura de la Vega: Cartas íntimas, pág. 103. Madrid, 1874). Sus escritos, discursos v correspondencia revelan la originalidad de su cultura; la oración pronunciada en las exequias de Dorrego es una pieza de antología. La Protesta contra el despotismo del gobierno de Buenos Aires, publicada en 1857, tiene pensamientos hondos y frases elocuentes. «El juicio del General Rosas -decía- compete solamente a Dios y a la Historia, porque solamente Dios y la Historia pueden juzgar a los pueblos. Porque no pueden constituirse en jueces los enemigos ni los amigos de Rosas, las mismas víctimas que se dicen, ni las que pueden ser tachadas de complicidad en los delitos… No hay que esperar moderación cuando el furor ocupa el alma…» (General Rosas: Protesta).

    El francés Alfred Brossad, que acompañó a conde Walewsky en la misión diplomática de 1847, como no podía ser de otra manera, criticó a la enseñanza rosista. Entre las críticas que formuló, dice que una de las cuestiones más largamente tratadas en el programa de geografía fuera la siguiente: “Demostración de los derechos perfectos de la Confederación Agentina sobre Paraguay, sobre la costa patagónica y las islas Malvinas; derechos injustamente rebatidos y desconocidos por las potencias europeas”

    El francés criticaba a la educación rosita por enseñar precisamente lo que nunca debió dejarse de enseñar.

    Fuentes:

    – Chavez, Fermín. La cultura en al época de Rosas. Edit. Theoría
    – Irazusta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas. t.II.p.236.

  36. LA CULTURA EN LA ÉPOCA DE ROSAS

    La cultura Rosista

    «Los estudios históricos comienzan a dar frutos benéficos para la cultura argentina. La generación que aprendió a odiar a Rosas porque así enseñaron los historiadores unitarios que vinieron después de Caseros, mantuvo como un dogma intangible todo un legado que ha pesado sobre las generaciones contemPorá neas con seducciones malsanas para la verdad histórica. Empero, se inicia desde hace pocos años una nueva escuela libre de prejuicios, apasionada Por la sana crítica y la valoración imparcial y serena de nuestro pasado, sin obediencias serviles para decir la verdad de una justiciera , interpretación del hecho hístórico». (Benjamín Villegas Basavilbaso. 1929) (1)

    Nada más alejado de la verdad que una negación de la riqueza y de la importancia de las expresiones culturales del periodo rosista. Desde el punto de vista de la conformación y estructuración de una verdadera cultura nacional, la época de Rosas constituye una etapa principalísima de la historia argentina, desdibujada solamente en virtud de una historiografía plagada de prejuicios, de carácter análogo a la que los historiadores del iluminismo elaboraron para condenar a la Edad Media, esa edad oscura de la historia que hoy aparece tan llena de luces y brillazones.

    La nueva escuela libre de prejuicios, de que hablaba Villegas Basavilbaso en 1929, ha descorrido ya el velo a la verdad histórica referente al desarrollo cultural de nuestra «edad oscura». Investigaciones y estudios realizados oportunamente por Mario César Gras, Joaquín Malarino, Enrique Arana (h.), Enrique Stieben, Andrés Ivern, Guíllermo Gallardo, Josué T. Wilkes y otros, constituyen valiosísimos antecedentes de la historiografía relativa al tema. Las letras rosistas, y en particular sus expresiones de poesía popular, han sido prolijamente estudiadas por Luis Soler Cañas. Es éste un campo que ofrece un vasto tesoro para el investigador, en dimensión análoga a la plástica.

    Sin duda que la literatura más abundante sobre la cultura en la época de don Juan Manuel concierne a la pintura y al grabado; y no es para menos, ya que la riqueza y la calidad e importancia de estas artes son realmente notables en el mencionado período.

    En este sentido, contienen un juicio riguroso y exacto las palabras de Enrique Stieben sobre este quehacer artístico:

    «Ese clima absorbente -dice con referencia a la irrupción del nacionalismo estético de la época estudiada , tiene sumersos en su seno entrañable a las personas y a las cosas, plenas de críollicidad, por fin dueños soberanos de su casa. Y esto explica, a satisfacción del más exigente, la actuación de unos 60 pintores y grabadores, entre 1830 y 1852, de alrededor de 60, entre argentinos y extranjeros, trabajando a porfía en la interpretación entusiasta de lo vernáculo, en su representación, muchas veces, acabada revelación de motivos característicos y perfecciones consagratorias, ya en el reino sublime del arte, como el retrato de Manuelita de Pueyrredón, o toda la producción de Morel. Diríase que trabajaban en competencia de fidelidad interpretativa, sumergidos en una atmósfera nacionalista subyugante, durante ese cuarto de hora de génesis, fundador, laborioso, dramático e imperecedero en sus realizaciones. Cuarto de siglo de génesis en que fueron revelados millares de motivos nacionales y legados a la posteridad, sin los cuales, cabe aseverar, nuestro país nos sería absolutamente desconocido en esos mismos aspectos».

    El florecimiento, sin embargo, no se limita a las artes plásticas: la música, el teatro, las ciencias y las letras alcanzan, entre 1830 y 1852, un desarrollo significativo.

    (1) Benjamín Villegas Basavilbaso, nieto de unitario prisionero en Quebracho Herrado.

    Fuentes:

    – Chavez, Fermín. Iconografía de Rosas y de al Federación. Edit. Oriente. 1970
    – Chavez, Fermín. La cultura en al época de Rosas. Edit. Theoría
    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
    – Irazusta Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas. t.II.p.236.

  37. MUSICA Y TEATRO DE LA ÉPOCA DE ROSAS

    Gracias a los estudios y trabajos de investigación realizados por el maestro Josué T. Wilkes, el musicólogo Vicente Jesualdo, Juan Pedro Franze, Raúl H. Castagnino, el historiador Guillermo Gallardo y otros autores, contamos hoy con la información necesaria para trazar un panorama de la intensa actividad musical y del quehacer teatral desarrollados durante el período rosista.

    Fueron protagonistas de esa brillante actividad artistas y autores argentinos y extranjeros, de jerarquía dispar, ciertamente; pero la historia de la música y del teatro en el período rosista ofrece más de una sorpresa en cuanto a la presencia de figuras notables en sus escenarios, o a la creación musical argentina, propiamente dicha.

    En el año 1830 el músico argentino José Tomás Arizaga compone y publica un “Gran Minuet y Valsa”, que dedica a don Juan Manuel de Rosas, de acuerdo con un aviso que publica “El Clasificador”, en su edición del 17 de julio de ese año, para ofrecer en venta dicha composición musical. Arizaga es considerado el primer compositor y director de banda argentino, y según Wilkes, a él le debemos la música de la primera Vidalita que se haya escrito en el país: la que aparece incluída, con otras piezas del compositor, en “El Cancionero Argentino” de 1838, colección a la que más adelante nos referiremos.

    Ya por esa época se encontraba en Buenos Aires el guitarrista y flautista italiano Esteban Massini, quien habla llegado al país en 1822. Massini (genovés, nacido en 1788), luego de su arribear, dio lecciones de, guitarra francesa, flauta, flageolete doble y clarinete, y ofreció conciertos presentando obras de su creación.

    Fue el maestro de una generación de guitarristas y músicos argentinos, entre los que se contaron Nicanor Al barellos, Esteban Echeverría, Fernando Cruz Cordero, Juan del Campillo y otros.

    Durante años fue también flautista en la orquesta del Coliseo. En esta sala justamente el 13 de junio de 1835 Massini estrenó el famoso “Himno de los Restauradores”, con letra de José Rivera Indarte, escrito originariamente para canto y piano, y que había salido a la venta el 13 de abril de ese mismo año, es decir, al día siguiente de recibir Rosas el gobierno por segunda vez.

    El asesinato de Juan Facundo Quiroga, que tan sensiblemente impresionó a la Argentina de la época, inspiró a Massini una de sus menos conocidas composiciones: la “Canción Fúnebre en Memoria del General Juan Facundo Quiroga”, dedicada a Manuelíta Rosas y aparecida en junio de 1836, según noticias dadas por el British Packet. Se vendía al precio de tres pesos en la librería de Steadman, sita en la calle de la Catedral n° 30, y en el negocio de Stodart, en el n° 48 de la misma calle. De su letra han quedado los versos que decían:

    «¡Ay fiero destino!
    ¡Oh Patria doliente!
    Quiroga el valiente
    El mundo dejó».

    El año 1837 apareció, por la litografía de Gregorio Ibarra, el valioso “Boletín Musical”, cuya publicación se inició el 21 de agosto y tuvo término el 3 de diciembre. Se trataba de ‘cuadernillos de música que aparecían semanalmente, sin fecha, acompañados por una pequeña hoja literaria sobre temas musicales, impresa cada vez sobre papel de color diferente. Aparecieron 16 cuadernillos, que incluyeron composiciones de Juan P. Esnaola, Nicanor Albarellos, Carlos Bassini, Remigio Navarro, Juan Bautista Alberdi y otros.

    Ese mismo año 1837, a partir del 18 de noviembre, se publicó “La Moda, Gacetín semanal de Música, de Poesía, de Literatura, de Costumbres», dirigido por Juan Bautista Alberdi y editado por la Imprenta de la Independencia. Dicha revista melográfica incluyó piezas musicales del propio Alberdi, de Esnaola, del violinista Carlos Bassini, de Roque Rivero y otros.

    Una Valsa de Alberdi y un Minué de Esnaola, dice el musicólogo y compositor Josué T. Wilkes, «se han tomado de prestado a la inspiración de Bellini». A partir del n° 8 del gacetín, Alberdi inició la publicación de un “Álbum Alfabético” sobre temas relacionados con la música; y al tratar el vocablo «Baile» trae referencias y juicios sobre el Cielito, del cual dice que es «hijo de las campiñas argentinas, expresión de las alegorías nacionales; despierto y vivo como el sol que alumbra nuestros campos, está destinado a servir de peroración a nuestros bailes: es compañero de la aurora; su música rosínica es acompañada por los pájaros del alba; nace tiznado, negligente, gracioso como las últimas horas de una dulce noche». El n° 23 de “La Moda”, correspondiente al 21 de abril de 1838, incluye tres composiciones musicales: «Fígaro», minué de J. B. Alberdi; «Valsa», de G. Schubert, y «Minué», de Esnaola, y una advertencia del director sobre el cese de la revista que dice: «He querido cesar, 1° por las ocupaciones extraordinarias de la imprenta; 2° por una considerable deserción de los suscriptores, y 3° por la no oportunidad de las publicaciones literarias».

    Cuatro años antes, el propio Alberdi, junto con Marco Avellaneda, Miguel Marín y Marcos Paz, había ofrecido una “Corona Lírica” a su protector el gobernador de Tucumán, coronel Alejandro Heredia. En dicha publicación, aparecida en Buenos Aires en julio de 1833, figuraron dos piezas musicales: “La Súplica”, minué de Alejandro Heredia, y “Gran Marcha La Alejandrina”, del mismo Heredia. Al dar noticias de esta “Corona Lirica” dedicada a Heredia por «la gratitud de los tucumanos residentes en Buenos Aires», el British Packet informaba que el álbum llevaba en la tapa la efigie del coronel Heredia e incluía, aparte de las piezas mencionadas, una canción titulada “Las damas de Tucumán a su Gobernador”.

    En el transcurso de los años 1837 y 1838 se publicaron cuatro cuadernos titulados “Cancionero Argentino, colección de poesías adoptadas Para el canto”, una recopilación de las letras de canciones más en boga en esa época realizada por J. A. W., Siglas que ocultaban a José Antonio Wilde. El primero de dichos cuadernos vio la luz en marzo de 1837 y el cuarto y último, en junio de 1838. Incluye numerosas letras, entre las que se cuentan el “Himno de los Restauradores”, de Rivera Indarte; la “Canción Fúnebre en memoria del General Quiroga”; una “Canción” dedicada a Manuelita Rosas, de B. V. (Benjamín Victorica), con música de Virgilio Rabaglio; La Constancia, de R. C. (¿Rafael Corvalán?), música de J. B. Alberdi, dedicada «a la señorita doña Manuela de Rosas»; y composiciones musicadas por Esnaola, Remigio Navarro, Esteban Massini, Julián Veloz, Roque Rivero y José Tomás Arizaga (una Vidalita, con poesía de Henrique Rodríguez). Todavía en 1843 el cuarto cuaderno del Cancionero Argentino de Wilde se seguía vendiendo, a un precio de 5 pesos.

    En marzo de 1839 apareció en Buenos Aires otra colección de poesías adoptadas para el canto, con el título de “El Trovador”, la que, según noticias dadas por La Gaceta Mercantil, fue buscada con avidez por el público y reimpresa. Por el periodismo de la época se conoce la existencia de una “Canción Federal”, cantada en la noche del 16 de marzo de 1839, durante una serenata ofrecida a don Juan Manuel. Su letra decía:

    «Federales no gastan calzones,
    Sólo sí un buen chiripá,
    Pero traen en sus lanzas escritas
    Libertad, libertad, libertad».

    Del año 1840 es la canción “A las glorias del Gran Rosas”, compuesta por Vicente Corvalán, miembro de la Sociedad Popular Restauradora, con música de Juan P. Esnaola, que se conserva en el Museo Histórico Nacional, en álbum encuadernado en marroquí rojo. Es la canción que, entre otras cosas, dice:

    «Del gran Rosas las glorias cantemos
    Que la Paz con la Francia ha logrado;
    Coronemos de mirto sus sienes,
    Y juremos morir a su lado».

    Corvalán la dedicó a Manuelita Rosas, «2° heroína de la Confederación Argentina», según reza la dedicatoria.

    Se tienen noticias de un “Minué Federal” de 1840, compuesto por Juan Poca Ropa, director de banda del ejército rosista, oriundo del barrio de San Telmo. Nada tiene que ver esta composición con el “Minué Federal o Montonero”, de Esnaola, que data de 1845.

    “Canción a Manuelita” Rosas se titula una composición musical que el 3° de Patricios de Infantería dedicó a la hija del Restauradora el 24 de mayo de 1842. A su letra pertenecen los siguientes versos:

    «Cantemos Patricios
    Todos a una voz:
    ¡Viva la Portefia
    Que Mayo nos dio!»

    También de ese año data el “Himno a Rosas” compuesto por Juan P. Esnaola, sobre un texto de autor anónimo que dice:

    «¡Gloria eterna al magnánimo Rosas De la Patria inmortal defensor!
    ¡Loor eterno a su heroica constancia Y a su gran patriotismo y valor!».

    Al año siguiente Esnaola rindió homenaje a Manuelita y a don Juan Manuel con sendas piezas musicales: la “Canción Federal”, dedicada a Manuelita, con letra de Bernardo de Irigoyen, y que lleva fecha 8 de febrero de 1843 en el álbum conservado en el Museo Histórico Nacional, encuadernado en terciopelo granate y con dedicatoria bordada en hilo de oro y plata que dice: «A Manuelita»; y también el “Himno de Marzo”, a dos voces, dedicado por Esnaola al Restaurador al cumplir cincuenta años de edad. Figura en la publicación titulada «La Rosa de Marzo», editada por la Imprenta del Estado, con fecha 30 de marzo de 1843.

    «Guarde Dios la vida
    Del Restaurador.
    La Patria le debe
    Brillo y esplendor»

    Durante el año 1845 tuvo lugar en Buenos Aires un acontecimiento artístico que fue una de las principales notas periodísticas del año: el estreno del oratorio “La Creación” de Haydn, cantado por un orfeón masculino de ciudadanos alemanes, bajo la dirección de Johann Heinrich Amelong. El concierto se efectuó en la Capilla Norteamericana que estaba situada en la calle Cangallo, frente al paredón de la Merced. El British Packet, aparte de formular entusiastas elogios del recital, informó que «entre las personas que formaban el auditorio de esta música celestial» se contaban Manuelita Rosas y doña Agustina Rosas de Mansilla, hermana menor del Restaurador. Se destacó como flautista en el mencionado concierto Francisco Antonio Brix, oriundo de Costanza.

    En cuanto a J. H. Amelong, era natural de Hamburgo y había llegado a Buenos Aires en 1835. Durante años enseñó música y una de sus discípulas fue Manuelita Rosas. Instaló un almacén de música en la calle Santa Rosa n° 65 y en 1845 dirigió los coros alemanes que actuaron en el Teatro de la Federación. El plano, de Manuelita Rosas que se co1nserva en el Museo de Luján fue adquirido en el almacén de Amelong. En 1848, cuando se produjo la detención de Camila O’Gorman y se ordenó su venida a Buenos Aires desde Goya, Manuelita Rosas dispuso la adquisición de diversos muebles destinados a la habitación que la prisionera habitaría en la Casa de Ejercicios. Entre esos muebles figura «un piano de Amelong». Este músico compuso diversos valses y una “Gran Fantasía y Variaciones sobre el Himno Nacional Argentino”. Hacia 1870 vivia en la ciudad de Rosario.

    Entre 1845 y 1847 Juan P. Esnaola compuso un himno dedicado a Manuelita Rosas, con motivo del homenaje que el comercio de Buenos .Aires tributó a esta última. De 1847 datan la canción patriótica federal 25 de agosto de 1847 y un himno del que ha quedado el verso que decía: ¡Federales a Rozas siguiendo! como lo recuerda Lucio V. Mansilla en sus memorias escritas en 1904:

    «Allí hay movimiento dice, refiriéndose a Palermo, mucha gente, muchos soldados, y lo veo a mi tío en mangas de camisa o con su chaquetón azul, caña en mano, con más frecuencia; allí se canta en la mesa, y si no voy en las cabalgatas que se organizan (Manuelita es una verdadera amazona), porque me quedo con mi madre, que no ama el ejercicio ecuestre, me mareo, me embriago, me entusiasmo con los gritos de: ¡Viva Rozas! y el himno: ¡Federales a Rozas siguiendo! Y de nuevo la espada empuñando. A la lid correremos gritando: Libertad, libertad o morir» …

    Un “Himno a Da. Manuela Rosas”, cantado por las negras Congo en el día de sus fiestas, lleva fecha del 24 de mayo de 1848. El coro de esta composición decía:

    «Al son del candombe
    las congas bailemos
    y a nuestra gran reina
    canción entonemos».

    Sobre la asistencia de Manuelita a los bailes de negros hay una página de José Antonio Wilde, en su libro “Buenos Aires desde setenta años atrás”, que la recuerda: “En tiempo de Don Juan Manuel (-escribe , su hija Manuela que -de paso sea dicho- era muy simpática y muy querida, concurría a esos ‘candombes’ por invitación especial de sus directores, con quienes Rosas quería estar siempre bien».

    El mismo Wilde cuenta los detalles de una serenata ofrecida a Manuelita por un grupo de jóvenes, entre los que él mismo se contaba. Se les ocurrió hacerlo no con guitarra, como era habitual, sino con un piano. Así fue como cuatro changadores sacaron uno de la confitería de don Francisco Munilla, y el grupo marchó en procesión hacia la morada de la hija de Rosas. “Fue muy bien recibida”, anota el escritor.

    El 11 de agosto de 1849 realizó su primer concierto en Buenos Aires uno de los primeros violinistas de Europa, el alemán Augusto Luis Moeser, quien se presentó en el Teatro de la Victoria. Al año siguiente, el 29 de enero de 1850, actuó en esa misma sala porteña el famoso violinista italiano Ernesto Camilo Sívori, discípulo de Paganini. “El Diario de la Tarde”, al hacer la crónica del notable suceso artístico, consignaba:

    «La concurrencia fue inmensa a pesar del calor de la noche. La Señorita Manuela Rosas, tan apreciadora de las artes, asistió extraordinariamente a la función».

    El mismo célebre violinista ofreció, a comienzos de febrero, un recital en la residencia de Rosas en Palermo, según noticias dadas por el mencionado órgano periodístico, en su edición del 6 de febrero de 1850: «Creemos de nuestro deber -dice- , como un testimonio honroso para el señor Sívori, agregar que estamos informados que este Maestro del arte tocó hace algunos días en presencia de S. E. el Señor Gobernador, en su hermosa propiedad de Palermo. S. E. le acreditó muy cordialmente su estimación, y se nos ha dicho que le significó en términos muy expresivos su satisfacción de que, en los días de su administración, hubiese visitado su Patria tan célebre artista».

    El 7 de setiembre de 1849 fue estrenado en el Teatro Argentino un “Gran Vals” de Francisco José Debali, dedicado a Manuelita Rosas. El maestro Debali (nacido en Kíneen, Hungría, en 1791) se había destacado en Italia y posteriormente en el Estado Oriental, entre 1838 y 1848. En el año 1849 vino a Buenos Aires con la compañía de Fernando Quijano, como di rector de orquesta, y permaneció en nuestra ciudad hasta comienzos’ de 1852. No obstante ser Quijano notorio antirosista, pudo desarrollar una larga temporada en Buenos Aires, en tiempos del sitio de Montevideo. Debali murió en la capital uruguaya en 1859. Su apellido original era Debaly.

    Del mismo año 49 datan una “Cancíón” dedicada a Manuelita Rosas ,en el día de su cumpleaños por los empleados de la Policía, compuesta por Alejandro Lorenzana, y diversas canciones de Juan P. Esnaola en homenaje a la misma Manuelita; y del año 1851, otra “Canción” a Manuelita que se cantó en el baile que le ofreció el comercio de Buenos Aires, el 28 de octubre de ese año.

    Sin duda que, en este vasto y activo período de la vida artística de Buenos Aires, el músico de la Federación por excelencia fue Juan Pedro Esnaola, de larga y fecundísima trayectoria para el arte musical argentino. Había nacido en nuestra ciudad el 17 de agosto de 1808 y pertenecía a una vieja estirpe vasca. Tuvo como maestro de música a su tío y padrino el presbítero José Antonio Picasarri. Según testimonio de Santiago Calzadilla, Esnaola hizo estudios en el Conservatorio de París y los de contrapunto en Madrid y en Viena, con acreditados maestros. Volvió a Buenos Aires en 1822 y en setiembre del mismo año, conjuntamente con su tío, Picasarri, anunció la apertura de una escuela de música, para dar lecciones de canto y piano; se trata de la que funcionó en los altos del Consulado. Al año, siguiente era ya objeto de una loa poética por parte de Juan Cruz Varela. Hacia 1827 había escrito ya importantes obras de música sacra. El nombre de Esnaola está íntimamente ligado a la versión oficial actual del Himno Nacional, que hasta 1859 era objeto de anárquicas interpretaciones. Esnaola utilizó un manuscrito atribuído a Blas Parera, subsanó deficiencias de armonización y creó el acompañamiento. Anteriormente, hacia 1847, había realizado otro arreglo del Himno Nacional para un álbum de Manuelita Rosas.

    Dice su biógrafo Guillermo Gallardo: «Juan Pedro Esnaola compartía las ideas federales, y la exaltación partidaria de aquellos tiempos hará resonar una nueva cuerda en su lira. A la par de las grandes composiciones religiosas y de las canciones al gusto de la época con reminiscencias rossinianas, y alternando con los valses, minués, contradanzas y cuadrillas, destacase la nota vernácula del Minué Federal o Montonero de 1845, y vibra un eco marcial en una serie de Himnos a Rosas que rara vez, o nunca, se citan entre sus obras».

    De Esteban Massini, que el 13 de junio de 1835, y festejando la instalación de Rosas en el gobierno provincial, estrenó su “Himno de los Restauradores”, diremos que compuso numerosas canciones y que murió en Buenos Aires en enero de 1838. Se destacó asimismo en el período estudiado el pianista, organista y compositor Julián Veloz, discípulo de Esnaola, fallecido en 1868; también el pianista y compositor Roque Rivero, que emigró a Montevideo hacia 1837, autor de minuetos, valses y canciones, y especialmente de Libertad, «Canción de la Joven Generación». Rivero era pardo y musicalmente un. intuitivo. Su hijo Demetrio fue uno de los primeros violinistas argentinos de significación.

    Como guitarrista de nota se distinguió Fernando Cruz Cordero, montevideano, nacido en 1822, pero educado y radicado en Buenos Aires. Realizó estudios con Massini y, asimismo, se graduó de abogado en Buenos Aires. José Antonio Wilde y Santiago Calzadilla lo recuerdan, en sus memorias, como un maestro de la guitarra. En 1844 Cordero publicó en nuestra ciudad, por la Imprenta de Arzac, el folleto titulado “Discurso sobre la música”, que ha sido estudiado por el maestro Josué T. Wilkes. Murió en París en 1863.

    El director de orquesta, pianista y compositor Remigío Navarro era porteño y comenzó a destacarse hacia 1827 en conciertos de piano. Dice de él Mariano G. Bosch: «El pianista negro Remigio Navarro, compositor célebre de aquella época, autor de los más bellos minuetos que se bailaban en los salones y el teatro, estaba en el apogeo de su gloria como compositor y concertista de plano en esos años de 1830 a 1836. Era, además, el autor de la música de la mayor parte de las petipiezas y no pocas tonadas y estilos criollos, y en los conciertos el acompañante de los cantantes». Lo elogiaron el Boletín Musical, de Ibarra, y La Moda, de Alberdi. Navarro fue director de orquesta del Teatro Argentino y el 20 de abril de 1838 dirigió la ejecución de un Gran Valz de J. Strauss, escuchado por primera vez en un teatro porteño. Compuso numerosas canciones, algunas con letras de Florencio Varela y Esteban Echeverría.

    Otras figuras musicales de este período fueron: Pedro Antonio Fernández, violinista y director de orquesta; el doctor Nicanor Albarellos, notable guitarrista; Vicente Robles, trompetista y maestro de guitarra; Gregorio Marradas, pianista y compositor; Manuel Espinosa, violinista y organista; José Tomás Arizaga, autor de un Gran Minuet y Valsa (1830), que dedicó a don Juan Manuel, y de una Vidalita (1838), la primera escrita en Buenos Aires; Francisco Gambín, español, ejecutante de flauta y píano, director de las bandas del ejército en Palermo y Santos Lugares; Johann Heinrich Amelong, ya citado, uno de los maestros de música de Manuelita Rosas; Pelegrín Baltazar o Baltazar Pellegrini, español, organista y pianista; Antonio Restano (genovés, nacido en 1790), violinista y otro de los maestros de música de Manuelita; Juan Restano, hijo del anterior, también genovés (n. 1829), violinista; Virgilio Rabaglio, compositor italiano que llegó en tiempos de Rivadavia, autor de Canción a Manuelita Rosas, 1837, y de La despedida de Barracas, también de 1837; y Francisco José Debali, húngaro, director de orquesta y compositor

    Teatros y salones de Buenos Aires fueron escenario de aplaudidos conciertos vocales e instrumentales durante la época de Rosas. Consignamos las actuaciones, de 1831, del violinista español Mario Pablo Rosquellas y de Antonio Sáenz, también español, que dominaba el violín, la flauta y el violoncelo; las de 1832, del francés Amadeo Gras, violoncelista y pintor, y del flautista español José María.Cambeses; y los conciertos en el Coliseo de Carlos Bassini (napolitano, nacido en 1814), de exitosa actuación en París, Génova, Turín y Nápoles, quien actuó en 1835 y 1837. Nos hemos referido más arriba a los conciertos de A. L. Moeser y de E. C. Sívori, y aquí no queremos dejar de mencionar las actuaciones en escenarios porteños del violinista italiano Andrés Güelfi, de los alemanes Felipe y Julián Seyder, y del concertista de violín Agustín Robbio, italiano, quien actuó en el Teatro de la Victoria en 1848. En cuanto al violinista Santiago Massoni, de tanta gravitación en el desarrollo musical del país, se había ausentado de Buenos Aires antes del primer gobierno de Rosas.

    Cuando Rosas llega a su segundo gobierno, en 1835, hay en Buenos Aires una sola sala teatral: el Coliseo, ubicado frente a la Merced, en las actuales Reconquista y Cangallo, y otros dos lugares de espectáculos: el Parque Argentino, jardín público con pista circense y un pequeño teatro, situado en las actuales Viamonte y Libertad, con un puente sobre el zanjón de Matorras para el acceso, y el Anfiteatro, recinto más precario, ubicado en un baldío de la calle Florida próximo al Retiro. Al teatro Coliseo se lo denominaría, en tiempos de don Juan Manuel, “Argentino”.

    En 1834, en el “Parque Argentino” actuó la compañía circense de Laforest Smith, que representó obras en inglés y cantó trozos de óperas. «Por ese teatro -dice Wilkes- no desdeñó desfilar el gran trágico porteño J. A. Casacuberta, y otros meritorios artistas ocuparon igualmente su escenario, durante las estaciones estivales». También habían actuado los bailarines José y Juana Cañete, que llegaron a Buenos Aires a comienzoa de 1830 y debutaron en el Coliseo el 4 de mayo de ese mismo año.

    Los Cañete permanecieron dos años en nuestra ciudad y para sus actuaciones completaron su conjunto con el actor Juan Aurelio Casacuberta y el múltiple Fernando Quijano, actor, compositor, pianista, cantante y director. En los bailes pantomímicos de los Cañete se originó, en 18 3 1, el “Cielito en batalla”, que pasó de la pista al salón. «El mote bélico aplicado a danza tan plácida y galana, como lo es el Cielito -escribe Wilkes-, le fue aplicado por sus creadores por la sugerencia que les ofrecía la disposición de las múltiples figuras constituidas de la danza, con las disposiciones y alternativas de dos fuerzas combatientes maniobrando con táctica de lucha. En efecto: el orden abierto con que se enfrentaban las parejas, los movimientos de avance y retroceso, los molinetes y demás complicadas figuraciones de la danza se prestaban buenamente a la denominación guerrera del novedoso Cielito de los Cañete».

    En 1832 llegaron los bailarines Felipe Catón y Carolina Rodríguez de Catón, cuya especialidad era el baile pantomima. Los Catón se establecieron definitivamente en Buenos Aires en 1833 y poco más tarde abrieron una Escuela de Baile en la calle Potosí n° 81. Actuaron también en el circo, junto con la ecuyere y equilibrista Laforest. Anteriormente, hacia 1830, había bailado en escenarios porteños María Chearini, hija del artista de circo José Chearini, creador de la pantomima en Buenos Aires, al decir del musicólogo Vicente Gesualdo.

    Por los años 1837 y 1838 actuaron, en bailes, la española Isabel Podio, la argentina Dominga Montes de Oca, hija de la actriz Antonina Montes de Oca, y el italiano Francisco Lezona, que algunas veces lo hizo con los Catón.

    El 24 de mayo de 1838 se efectuó la inauguración del “Teatro de la Victoria”, levantado en la actual calle Hipólito Yrigoyen, entre Tacuarí y Bernardo de Irigoyen. Al acto asistió Manuelita Rosas y actuaron en la velada Trinidad Guevara y Juan A. Casacuberta. Esta nueva sala fue promovida por la Sociedad Dramática del Teatro de la Victoria, cooperativa formada por la Guevara, Casacuberta, Joaquín Culebras, Felipe David, Juan Antonio Viera, Fernando Quijano y Miguel Vaccani, según planos del arquitecto del gobernador Rosas, don José Santos Sartorio y de Ildefonso Pagano, y con el aporte material del capitalista José Rodríguez. El Teatro de la Victoria incorporó una maquinaria escénica superior a la del Coliseo y buenos decorados de que fue autor el arquitecto italiano Alejandro Pittaluga. El telón de boca presentaba una alegoría rosísta, dice Gesualdo: una trinidad de rosas que arrancaban de un mismo tallo (Rosas, su mujer y su hija), rodeadas de cupidos y debajo el escudo nacional. Este teatro fue el punto de reunión preferido de los federales. Su interior fue pintado de rojo, el color oficial.

    El 18 de octubre de 1844 fue habilitada una nueva sala teatral: el “Teatro del Buen Orden”, levantado en la entonces calle de la Federación (hoy Rivadavia), a seis cuadras de la Plaza de la Victoria y al empezar la séptima, en una casa llamada Fonda del 9 de Julio. El lugar corresponde a la actual Rivadavia al 1033. Un anuncio de la época decia: «Los empresarios han creído oportuno construir un pequeño establecimiento de Teatro, en que el módico precio de sus entradas y aposentadurías facilite los medios de distracción y recreo aún a las personas menos acomodadas». El asiento para hombres costaba 4 pesos; para señoras, 3 pesos. Pero este pequeño teatro funcionó sólo hasta principios de 1845.

    En los primeros días de abril de 1845, la misma empresa del teatrillo anterior abrió una segunda sala: el “Teatro de la Federación”, levantado a pocos pasos de aquél, a la altura de la actual Rivadavia n° 1065. Fue dirigido por el actor Cordero, según noticias dadas por el Britkh Packet. En el mismo se representaron comedias y dramas, y también números de music hall y de circo. Allí ofreció sus conciertos de 1849 el violinista Augusto L. Moeser.

    1 Como señala Mario César Gras, el teatro no sufrió limitaciones durante “La negra noche de la tiranía». Los estudios de Mariano G. Bosch y de Raúl H. Castagnino sobre el tema son más que suficientemente ilustrativos sobre la intensa actividad teatral de la época. Por los escenarios de la ciudad desfilaron sin pausa, aparte de los conjuntos líricos y los concertistas, los mejores artistas dramáticos del período 1830 1852: Casacuberta, la Guevara, Culebras, Antonio González, Manuela Funes, Ana Rodríguez Campomanes, Pascual Ruiz y Ximénez, Francisco Cáceres, Alejandra Pacheco, Matílde Diez, Antonina Montes de Oca y Fernando Quijano.

    Manuelita Funes y el pardo Viera, -dice J. T. Wilkes-, amenizaban sus funciones cantando aires criollos, acompañándose con guitarra: la Funes estrenó el “Minué Federal”, haciendo la parte de varón y teniendo como compañera a Ana Rodríguez Campomanes. A 1836 se remonta el estreno del sainete criollo “Un día de fiesta en Barracas”, que incluía canciones y bailes nativos. Como escribe Castagnino, «se incuban elementos que con el tiempo y la necesaria madurez han de plasmar un gran teatro. Por el camino del sainete surgirá oportunamente el teatro nacional argentino. Y como este teatro provendrá de lo gauchesco, no olvidemos que la época de Rosas comporta en la historia argentina la valorización humana y geográfica del campo».

    El público de Buenos Aires pudo, en esos años, conocer un vasto repertorio dramático y cómico: Lope de Vega, Calderón, Moreto, Larra, Ramón de la Cruz, Bretón de los Herreros, Zorrilla, Hartzeribusch, el Duque de Rivas y otros, así como también traducciones de Víctor Hugo, Dumas, Sué, Ducange, Ponsard, Delavigne y Bayard, sin excluir a los clásicos Corneille, Moliére y Racine.

    Contribuyeron, sin duda, al desarrollo del teatro argentino los doctores Vicente López y Planes, Santiago Viola y Carlos Tejedor, y don Fernando Quijano, con versiones de obras europeas, entre ellas algunas de Dumas y de Hugo. En 1845, Tejedor ( que fue indultado por Rosas luego de la conspiración de Maza ) estrenó en el “Teatro de la Federación” un drama de Charles Desnoyer, traducido por él. Entre los argentinos que dieron a conocer obras de su creación se contaron el teniente coronel Nicasio Viedma (autor de “Hernando o El doncel de Bañares”) y Ventura de la Vega. También pudo estrenar el ilustre pedagogo francés Alberto Larroque (Luis de Borgoña o sea Un traidor a la Patria), que años después dirigió con máximo acierto el histórico Colegio del Uruguay en Entre Ríos.

    Castagnino, en su valiosísima e inevitable “Contribución documental a la Historia de El Teatro en Buenos Aires durante la época de Rosas” (1830 1852), publicó en 1944 las planillas con el detalle de las funciones teatrales realizadas en nuestra ciudad durante los dos gobiernos del general Rosas. Y tales documentos resultan lo suficientemente ilustrativos de lo que realmente aconteció en los escenarios porteños a lo largo de esos tan controvertidos años.

    Para el Buenos Aires de la Federación, teatro y cómicos significaban mucho, desde que había verdadero entusiasmo por la escena en las familias porteñas. Lucio V. Mansilla, en recuerdos de su niñez, hace resaltar la impresión que le causaban los actores que vivían cerca de su casa, en Tacuarí y Victoria, en una morada que era su residencia habitual.

    «Esos cómicos -escribe- , los principales (sólo de uno que hacía varios papeles, en las “Tramas de Garulla”, no recuerdo el nombre), eran la Trinidad Guevara (creo que Ladrón de), mujer hermosa; la Pepa Funes (después de la caída de Rozas se fue al Rosario … ), Quijano, González, eran dos; Telémaco, que mis fantasías de niño y de lector de “El Telémaco” asimilaban embrolladamente a éste, se fue a Entre Ríos; Pascual Ruiz y Ximénez, pardo éste de talento, que representaba con amor una pieza titulada “El Mulato”, desempeñando el papel protagonista. Todos ellos, cómicos y cómicas, me hacían un efecto inexplicable. Me parecían, ¿cómo daré una idea de aquellas impresiones?, me parecían superentidades». Y agrega: «Pascual Ruiz, por ejemplo, después de haberlo visto representar “Don Pedro el Cruel” armado hasta los dientes de reluciente acero bruñido para un hombre alto, bien formado, elegante , me fascinaba de tal manera que si me hubiera dicho: ‘Vente, hijito, conmigo’, creo que lo habría seguido hasta el fin del mundo. Murió en Mendoza, de escribano, me parece. Tenía variados conocimientos y su ley fue la federal. La Pepa Funes, que hacía de gitana, en el Trovador, me infundía no sé qué intranquilidad al verla en la calle”.

    El fin de todo traidor

    A veces el teatro se convertía en prolongación de los hechos y de las contiendas políticas o cívicas. Así ocurrió cuando el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, en que las representaciones teatrales asumieron formas combativas pocas veces vistas en nuestros escenarios.

    El 15 de julio de 1851, por ejemplo, hubo en el Teatro Argentino una función tumultuosa en la que jóvenes rosistas, durante la representación del drama “Juan sin Pena o El fin de todo traidor”, estuvieron a punto de ahorcar al actor Ximénez, muy parecido a Urquiza, debido a su caracterización.

    El 22 de agosto, en otra función realizada en la misma sala, fue puesto en escena un a propósito de Pedro Lacasa titulado “El entierro del loco traidor Urquiza”, Aplausos y gritos de guerra sonaron esa noche en el Teatro Argentino.

    Fuentes:

    – Chavez, Fermin. Iconografia de Rosas y de la Federación. edit. Oriente., 1970
    – Chavez, Fermín. La cultura en al época de Rosas. Edit. Theoría

  38. LITOGRAFÍA EN LA ÉPOCA DE ROSAS

    Los primeros talleres de litografía

    En la historia de la cultura argentina del siglo pasado juega un papel preponderante la litografia, arte por el cual fue posible en nuestro país un notable desarrollo del grabado en sus distintas aplicaciones gráficas.

    De los establecimientos litográficos instalados en Buenos Aires a fines de la década de 1820 saldrían a la luz numerosos dibujos artísticos, impresos y partituras musicales, que son hoy valiosos documentos para el estudio y la valoración de aquella apasionante época de nuestra historia.

    El primer intento de imprenta litográfica realizado en Buenos Aires fue la denominada Litografía de Douville et Laboissiére, establecimiento situado en la calle Piedad n° 95 y que comenzó a trabajar en los primeros meses de 1827. Esta prensa litográfica fue instalada por el naturalísta y etnógrafo francés Juan Bautista Douville, llegado a nuestras playas en octubre de 1826. Formó el establecimiento en sociedad con la señorita Pillaut Laboissiére, que luego seria su esposa.

    La necesidad de obtener retratos de algunas figuras militares destacadas, al término de la campaña contra el Brasil, y en especial del almirante Brown, dio el impulso decisivo a la iniciativa de Douville, según él mismo lo relata en su libro «30 mois de ma vie», que publicó en Paris en 1833. «Un día –dice- encontré en el negocio de un comerciante inglés, amigo mío, una prensa litográfica, con todos sus accesorios y concebí inmediatamente la idea de litografiar los retratos de los grandes hombres de la República Argentina. Yo no había nunca ejercido el arte de la litografía, pero había visto trabajar obreros que a él se dedicaban. Dibujaba, además, bastante bien y como poseía algunas nociones de química, esperaba llegar a fabricar los lápices que me fueran necesarios. Una feliz casualidad vino a ayudarme, al conocer a Meur. Lainé, francés de nacimiento y buen pintor. Le hablé de mi proyecto, y pareciéndole provechosa su ejecución, inmediatamente formamos una sociedad. Tuvimos mucho trabajo para enseñar a los obreros el manejo de la prensa; sin embargo, a fuerza de cuidados obtuvimos éxito completo».

    Cesar Hipólito Bacle

    El primer retrato copiado fue el del almirante Brown, ídolo de Buenos Aires por esos días; ello a partir de abril de 1827. Después salieron de dicha prensa los de los generales Lucio Mansilla, Carlos Maria de Alvear y Antonio González Balcarce. Los periódicos anunciaron la impresión de los de Soler y Lavalleja, pero se cree que no llegaron a publicarse. La litografía de Douville, no obstante los beneficios económicos que dio a su dueño, tuvo breve existencia en razón de que el naturalista y etnógrafo europeo volvió a su país. Por eso corresponde afirmar que el primer establecimiento litográfico propiamente dicho, de este período, fue el instalado por el suizo César Hipólito Bacle, en la segunda mitad del año 1828, especialmente para retratos, de todas clases, en miniatura y al óleo, como también para la impresión de letras de cambio, precios corrientes, circulares y tarjetas. Estaba ubicado en la calle Victoria n° 148.

    En el Almanaque del Comercio de la ciudad de Buenos Aires para el año 1829 se publicó un aviso sobre la prensa del ginebrino Bacle en que leemos: «Este establecimiento es el primero de su clase que se haya formado en Buenos Aires, y a éste se reúne en la misma casa la ejecución de retratos en miniatura y óleo con una perfección extraordinaria».

    Colaboró con Bacle un notable conjunto de dibujantes y litógrafos, entre ellos el inglés Arthur Onslow, que dibujó las láminas de la primera serie de «Trages y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires»; Hipólito Moulin, uno de los más laboriosos artistas de la litografia; J. F. Guerrin, hábil cartógrafo; Alfonso Fermepin; Jules Daufresne, desertor de un buque francés que aprendió el arte con Bacle; y Adrienne Pauline Macaire, pintora y litógrafa, esposa de Bacle, que se distinguió también como educadora.

    En octubre de 1829, el gobierno de Víamonte designó por decreto «Impresores Litográficos del Estado» a los señores Bacle y Compañía, con autorización de colocar al frente del establecimiento las armas de la República. En noviembre, la flamante Litografía del Estado, en momentos en que levanta su estrella política don Juan Manuel, dio a publicidad una Marcha fúnebre y oración dedicada a la memoria de don Manuel Dorrego, compuesta por José Antonio Picasarri; a principios de 1830, la lámina Traslación del cadáver del Excmo. Gobernador Manuel Dorrego; y luego retratos de este personaje, de Juan Facundo Quiroga y del gobernador Rosas. En junio apareció la primera parte de la Colección General de las Marcas del Ganado de la Provincia de Buenos Aires, con un mapa geográfico de dicha provincia que fue elogiado desde las columnas de El Lucero por Carlos Enrique Pellegrini, ingeniero y artista saboyano llegado al país en 1828, y el más notable de los retratistas que trabajaron con Bacle. Durante el año 1830 salió a la luz la primera serie de «Trages y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires», con tres láminas dibujadas por Onslow, socio de Bacle hasta setiembre de ese año.

    En setiembre de 1830 apareció por la prensa de la Litografía del Estado, el Boletín del Comercio, primer periódico impreso totalmente en litografía, que cesó en febrero de 1832, a raíz de un decreto del gobierno de Rosas que obligaba a los extranjeros, editores o administradores de periódicos, a constituirse en súbditos del país y a renunciar a toda dependencia y protección del Estado en que habían nacido. Bacle trató de sortear el escollo de renunciar a su ciudadanía y, al no lograrlo, abandonó el país dirigiéndose a Santa Catalina, Brasil, en marzo del mismo año.

    Un año después el litógrafo suizo regresó a Buenos Aires y recibió la protección de Pedro de Angelis, sabio napolitano y principal intelectual del rosismo.

    A mediados de 1833 el gobierno bonaerense lo vuelve a colocar al frente de la Litografía del Estado, y poco después reanuda sus actividades, principalmente la impresión de la segunda serie de Trages y Costumbres. De esta serie publicó seis cuadernos, cada uno con seis litografías, entre los años 1833 y 1835, todos de gran valor documental. «En razón de su poder evocativo -dice Alejo B. González Garaño-, su copiosa información gráfica y la ingenua gracia de sus dibujos, debemos considerar este repertorio como digno de figurar, sin menoscabo, al lado de las agua tintas de Vidal, los ‘Recuerdos del Río de la Plata’ de Pellegrini y los álbumes de D’Hastrel y Palliére». Las dos series de Trages y Costumbres componen un friso de 46 láminas.

    A principios de 1835, Bacle fundó la denominada «Imprenta del Comercio», una de las más completas de su tiempo, y la colocó bajo la dirección de su hijo Augusto. Por esos días pudo decir el propio Bacle: «No hay ninguna especie de grabado, ningún género de impresión de que yo no me pueda encargar, el Griego, el Hebreo, el Alemán, todos los signos Astronómicos, Geométricos, Algebraicos, Estenográficos, Planos, Cartas, etc., las obras más complicadas, como las más sencillas, las del ingenio, como las de puro lujo y adornadas de planchas, viñetas, etc., los primeros elementos de la instrucción, y hasta las cosas menos importantes, todo puede hacerse en mi establecimiento».

    La influencia de dos cultas figuras del periodo rosista fue decisiva para este desarrollo del arte litográfico: la del ya nombrado Pedro de Angelis y la del general Tomás Guido, ministro de Rosas. El 5 de enero de 1835 publicó Bacle el primer número del Diario de Anuncios y Publicaciones Oficiales de Buenos Aires, primer periódico ilustrado que se editó en Buenos Aires, cuyo director fue José Rivera Indarte, por entonces fervoroso rosista. Durante ese mismo año aparecieron, por la Litografía del Estado, numerosos retratos del gobernador Rosas y de las principales figuras de la federación. El establecimiento estaba ubicado en la calle de la Catedral n° 17.

    De las prensas de Bacle salieron numerosos periódicos y folletos, programas de teatro, cartas y planos topográficos. Entre esos impresos podemos citar «El Gaucho Federal», «La Canción del Colorado», dedicada a doña Manuela de Rosas por un oficial federal; «Los Cautivos» o «la Campaña del Desierto», décimas dedicadas a Rosas; el Almanaque Federal para el año bisiesto de 1836, y una lámina con la ejecución de los asesinos de Quiroga, los hermanos Reinafé y Santos Pérez, dibujada y litografiada por Andrea Bacle.

    El 4 de abril de 1835 apareció en Buenos Aires el Museo Americano, repertorio de historia, ciencias, artes y letras similar a El Instructor, que se editaba en Londres. Salieron de esta publicación 52 números, con más de un centenar de láminas originales de Andrea Bacle, Hipólito Moulin y Jules Daufresne. Continuó el papel dejado por ese periódico «El Recopilador», semanario ilustrado que apareció el primer sábado de mayo de 1836 y que tuvo seis meses de vida. Se editaron del mismo 25 números, con un total de igual cantidad de láminas, debidas al lápiz de Andrea Bacle y de Alfonso Fermepin. Entre los artículos originales que publicó se cuentan varios de Juan María Gutiérrez, Juan Thompson y Esteban Echeverria.

    Aparece un funesto personaje

    En los últimos meses de 1836 Bacle decidió trasladar su establecimiento a Chile y puso término a sus publicaciones de Buenos Aires. Viajó a la capital chilena; habló con el ministro Diego Portales, y logró un convenio muy ventajoso, por el cual se lo designó «Impresor y Litógrafo del Estado”, y un adelanto de 2.500 pesos fuertes, a descontar de sus haberes una vez que la imprenta comenzara a trabajar.

    A su regreso a Buenos Aires, Bacle se ocupó no sólo de preparar el envío de sus prensas a Chile, sino también de comunicarse con algunos emigrados unitarios, viejos amigos suyos, que podrían pasar a Chile, para servir a ese gobierno: el principal de esos emigrados era Bernardino Rivadavia, quien se hallaba a la sazón en Santa Catalína, Brasil. Como Bacle no se cuidó de hablar de este asunto con sus amigos de Buenos Aires, la información llegó pronto a oíd os de Rosas, quien, a principios de 1837 enfrentaba ya la ofensiva de los emigrados de tradición rivadaviana, desencadenada desde el Estado Oriental y desde Bolivia.

    Fue en esos momentos que apareció en escena un personaje siniestro, que iba a llevar a Bacle, políticamente ingenuo y quizá ajeno hasta entonces a toda intriga, a su desgracia final. Ese personaje se llamaba Calixto Vera, pariente político de Rivadavia y hombre totalmente desacreditado, tanto para el campo unitario como para el federal. Sucedió que, cuando Bacle aguardaba su documentación para trasladarse a Chile, el nombrado Vera se presentó en su casa, para avisarle que se dirigía a Santa Catalina, a reunirse con Rivadavia, su pariente, quien se hallaba verdaderamente sin recursos y necesitado de ayuda. El litógrafo le hizo saber que el gobierno de Chile estaba bien dispuesto para aprovechar los servicios de los unitarios emigrados y le indicó al viajero la conveniencia de ponerlo en conocimiento de Rivadavia, con la idea de que don Bernardino pasase también al país trasandino. Aun más: entregó una carta a Vera para Rivadavia en que exponía, con fecha 25 de febrero de 1837, lo siguiente:

    «En distintas ocasiones y sobre todo en el momento de mi partida, el señor Portales, recomendándome proceder con toda cautela posible, me ha encargado y especialmente encomendado de inducir a todos los hombres de talento a que se trasladen a Chile, prometiéndoles una protección decidida; pero él me ha designado con mucha más especialidad al señor Rivadavia, al señor Agüero, el señor don Valentín Alsina y el señor Varela …
    «El señor Portales tiene las mismas ideas; y quiere hacer por su país lo que vos, señor, habéis querido hacer por el vuestro; esta similitud de miras y la profunda estima que el señor Portales os profesa son para mí un garante seguro del placer que le ocasionaré al avisarle que os decidís a fijaros en su país».

    La carta, que iba a ser funesta en sus consecuencias, fue a parar a manos de Rosas, sensiblemente prevenido sobre la candidez de algunos federales y sobre las intrigas de los principales unitarios, aliados de Francia y del mariscal Andrés Santa Cruz, jefe de la Confederación Peruano-Boliviana. El 2 de marzo del mismo año 37 Bacle fue llevado a prisión y, para su desgracia, la policía de Rosas se apoderó de otras cartas comprornetedoras, firmadas por Valentín Alsina y José Joaquin de Mora, antiguo colaborador de Rivadavia y ahora secretario privado de Santa Cruz. Rosas y sus ministros tenían ya los hilos de ciertos planes organizados por los emigrados, apoyados por los franceses y por Santa Cruz, para el litoral y para Tucumán.

    La prisión de Bacle

    El 4 de marzo, preso en el cuartel del batallón Guardia Argentina, reconoció la autenticidad de la carta a Rivadavia, ante el escribano mayor del gobierno José de Basavilbaso, el jefe de policía Bernardo Victorica y el edecán de Rosas, general Manuel Corvalán. El ministro Felipe Arana, por su parte, requirió del encargado de negocios de Chile la información correspondiente, en lo que concernía a los dichos sobre Portales, y continuó con la causa a Bacle.

    El 19 de abril de 1837, en ausencia de Portales, el señor Joaquín Tocornal, en nombre del gobierno chileno, envió al de Buenos Aires una nota aclaratoria mediante la cual desmentía las atribuciones hechas en la carta de Bacle; calificaba de «fenientida» la conducta de éste, y consideraba «estúpida» y «absurda” la posibilidad de llamar a Rivadavia a Chile, por cuanto no era un hombre de quien se tuviera allí un concepto muy ventajoso».

    La mentira panfletaria

    La respuesta de Tocornal dejó a Bacle en el más absoluto desamparo judicial, frente a un gobierno que consideraba su acción como parte de un plan dirigido «a romper inmediatamente la amistad y unión entre este Gobierno y el excelentísimo de Chile, cruzando así la alianza para hacer la guerra al general Santa Cruz», como expresó el ministro Arana en respuesta al cónsul francés Almé Roger. Bacle, no obstante los reclamos de Roger iniciados el 30 de noviembre de 1837, permaneció seis meses en prisión; hasta que interpuso su influencia el ministro británico Juan Enrique Mandeville y Rosas ordenó que el litógrafo ginebrino continuase arrestado en su casa, en razón del estado de su salud. También dispuso que se le abonaran por tesorería sumas que se le adeudaban y que continuase con la Litografía del Estado. Pero el 4 de enero de 1838, a las 7 de la tarde, César Hipólito Bacle dejó de padecer. No murió fusilado por don Juan Manuel, como dijo un panfleto unitario de 1842, editado en Valparaíso por la Imprenta del Mercurio, sino de muerte natural, precipitada por sus trágicas relaciones con Calixto Vera, «un cachafaz, cuyas revelaciones jamás han sido hechas con el fin honesto de servir a su país, sino siempre por fines particulares», según expresión epistolar del ministro Felipe Arana.

    Tres años antes de su proceso político, Bacle había tenido que ver con los tribunales, pero por razones estrictamente profesionales. En efecto, en 1834, cuando otro francés, Arístides Hilarlo Bernard, publica en su Litografía Argentina, fundada el año anterior, una serie de trajes de Lima, el ginebrino lo acusa de plagio ante la justicia; de tener sin la debida licencia en funcionamiento el taller litográfico, y de usar ilícitamente el emblema del Estado al frente de la litografía. Bacle no logra probar el plagio, pero después de un largo pleito consigue que el gobierno cierre el taller y exija el pago de una multa a Bernard, quien, en 1836, se había asociado con el maestro Rufino Sánchez, uno de los más famosos educadores de Buenos Aires.

    Otras obras litográficas

    El establecimiento de Bernard y Sánchez fue adquirido en 1838 por Gregorio Ibarra, porteño, nacido en 1814 y muerto en Montevideo en 1883. Ibarra publicó en 1839 en su litografía dos series de Trages y Costumbres de la Provincia de Buenos Aires, denominadas vulgarmente la “serie grande” y la «serie chica», con dibujos de Carlos Morel y julio Daufresne y reproducciones de las láminas publicadas por Bacle en sus álbumes. Muy pocas de sus ilustraciones son distintas de las de Bacle, y resultan muy inferiores a éstas. La que lleva el n° 24 de la «serie chica»‘ es decir, la última del álbum, es una reproducción de la aparecida en 1837 en el Boletín Musical, que editó Ibarra, y que lleva la firma de Edmond Lebeaud.

    Durante el año 1841, el saboyano Carlos Enrique Pellegrini publica el álbum Recuerdos del Río de la Plata, en la Litografía de las Artes, que ha fundado conjuntamente con Luis Aldao. Esta obra está compuesta por 20 láminas, muy bien impresas y de gran fidelidad descriptiva, y que pueden juzgarse, como bien dice Marlo César Gras, Ia expresión máxima de la litografía artística entre nosotros. Por las prensas de esta misma Litografía de las Artes edita Carlos Morel, en 1845, un álbum de ocho láminas con el título de Usos y costumbres del Río de la Plata; y el mismo año hace lo propio Albérico Isola con el cuaderno titulado Álbum Argentino, compuesto por 10 pequeñas láminas y escenas del campo.

    La obra de Morel “Usos y costumbres del Río de la Plata” estaba compuesta, de acuerdo con el famoso catálogo elaborado por Pedro dé Angelis, por dos cuadernos de 12 láminas cada uno, pero en la actualidad sólo conocemos 8 de las láminas que los formaban, cuyo formato es de 47 por 31 centímetros. Tales láminas son las que se enumeran a continuación: «Peones y troperos», «El Cielito», «El camino El campo», «Carga de Mendoza-El pastoreo», «La carreta-Parada de la tropa», «La partida», «Vista de una casa sobre el río Las lavanderas”, y «El tambo El lazo».

    Fuentes:

    – Chavez, Fermín. Iconografía de Rosas y de al Federación. Edit. Oriente. 1970
    – Chavez, Fermín. La cultura en al época de Rosas. Edit. Theoría.

  39. “Ave Maria Purissima”
    -Sine Labe Originale Concepta-
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    Sr. Director, Caros Cristianos, saludos en los Sagrados Corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santisima Virgen Maria.
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    … Siguió la tempestad de frases toscas y tan humanas….
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    Finalmente, la forma de romper la cascara de Nuéz, que se cristalizó, entre la «otrora» Madre Patria, y La Nueva España, CATOLICAS , No podía ser distinta al Solve en coagula Masonete, La Nueva Patria, constituida Catolicamente Por Santa Isabel, extendida a mas de la mitad del mundo, la hacía inespunable, la Gran Fe Católica esparcida por todo el territorio, con el sello, de San Pio V, mas la Aparición de la Santisima Vírgen Maria, en aquél Tepeyac, UNICAMENTE iba a verse disminuida, Precisamente, comenzando (despues de las infiltraciones) con las INDEPENDENCIAS, con hacer bandos y crear banderas, con sembarar Falsos Nacionalismos y estultos «patriotas» con miras en Patrias Mesianicas, (unicamente terrenales), confundiendo las miras puestas de la VERDADERA PATRIA CELESTIAL, y llegando al extremo de sentir «amor» por el destierro en el nos encontramos, NO HAY HISPANIDAD DIVIDIDA, (Lease País Latinoamericano moderno), que no tenga su pomposo «Himno Nacional» y no cuente con su «Bandera» que le identifica en Un u otro Bando, desde el mismo Himno Nacional Mexicano, que cita en varias ocasiones a DIOS, hasta el mas escueto, son obras de la masoneria, y en transición, preciamente a que las masas fueron vencidas después de haber sido Divididas, y no se conformaron con las «INDEPENDENCIAS» se metiron en los constituyentes de constituciones sembradoras del anticristo, y en sus leyes, y hasta en las casas, Lograron despues, cambiar de fin al matrimonio, y al porque vivir. ograron entrar en las casas, despues de haber instaurado sus sistemas econ´micos, que harían depender aun las basicas necesidades familiares, para después «controlarlas» y una vez controladas, les quitaron en todo el continente, el valor intrinseco de los dineros, sustituyendolos por cheques masones, en aras de jugar con el poder adquisitivo, y así poder «Sacar a las Grandes Criollas» de sus casas, en aras de la necesidad económica, para finalmente, entrar por la puerta grande, a los nucleos familiares, (televiSION), quien se ha venido encargando, no solo de mal informar, sino de llegar hasta la esencia misma de la mente humana, para en definitiva acabar con el Reinado Social de Nuestro Señor JesuCristo, el primero Paso, solo crear un falso nacionalismo.
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    SEA PARA GLORIA DE DIOS

  40. ROSAS Y LOS INDIOS

    Los métodos

    A poco de la caída de Rosas, hallábase nuestro país, profundamente desquiciado y obligado a enfrentarse con enormes problemas de suma urgencia; lejanas provincias con intereses creados, imantadas por la poderosa atracción comercial y social de naciones vecinas, que ponía en seno peligro la unidad nacional, hasta entonces mantenida con mano de hierro.

    Era todavía escasísima nuestra población total, perdida en medio de espacios inmensos, pequeños grupos, amenazados en sus comunicaciones por indios salvajes que atacaban periódicamente las diligencias, robaban las haciendas en las estancias y se llevaban rehenes y mujeres.

    En cierta escala, don Juan Manuel había intentado ganárselos lealmente por las buenas, interesándolos en sus hábiles trabajos de campo, asociando a no pocos a determinadas faenas que les agradaban. Su abuelo materno, así como el hijo mayor, habían sido ambos cruelmente asesinados por aquellos bárbaros en el importante establecimiento llamado el «Rincón de López»‘, que aún conservaba su madre, Agustina López de Osornio, y que él mismo dirigió más tarde con gran acierto durante algún tiempo, antes de establecerse por su cuenta, trabajando con férrea voluntad. Procuró don Juan Manuel atraer a aquellos hombres a la civilización; aprendió su lengua y escribió con su puño y letra un interesante vocabulario y una rudimentaria gramática de la jerga, a fin de poder comunicarse con ellos directamente, sin intermediarios, y ganar así su estima y confianza, establecer pactos y convenios claros, cosa que logró en gran parte.

    Semejante política, razonable y cristiana, dio mejores resultados por cierto que el exterminio liso y llano preconizado en los Estados Unidos por el Indian Department, donde gastaban terribles procedimientos, tales como enviar a los infelices pieles rojas, so pretexto de auxilios filantrópicos, las ropas y mantas contaminadas de los hospitales de variolosos y tísicos. «The best indian is the dead one», decían corrientemente por allí, como axioma; atrocidad que los pobres diablos llegaron a conocer en todo el Continente, de Norte a Sur, o si no, véase el curioso diálogo que refiere mi tío Lucio V. Mansilla en su obra «Una excursión a los indios ranqueles», sostenido con un cacique de aquellas tribus, quien le enseñó un recorte de periódico norteamericano, amarillento, que él conservaba envuelto en trapitos viejos y que registraba la infausta sentencia: «El mejor de los indios es el indio muerto». (1950)

    Opiniones

    Para persuadir a los indios que recibieran la vacuna, Rosas, que tenía gran prestigio entre ellos, reunía los caciques y se hacía aplicar la vacuna a si mismo, para que estos la difundieran en sus tribus, como “gualicho el hinca” contra la enfermedad. También apelo a su inteligencia y sagacidad para convencer a los indios, como se comprueba en la carta que le dirige a Catriel: “…Ustedes son los que deben ver lo mejor les convenga. Entre nosotros los cristianos este remedio es muy bueno porque nos priva de la enfermedad terrible de la viruela, pero es necesario para administrar la vacuna que el médico la aplique con mucho cuidado y que la vacuna sea buena, que el médico la reconozca porque hay casos en que el grano que le salió es falso y en tal caso el médico debe hablar la verdad para que el vacunado sepa que no le ha prendido bien, el grano que le ha salido es falso, para que con este aviso sepa que para el año que viene debe volver a vacunarse porque en esto nada se pierde y puede aventajarse mucho. La vacuna tiene también la ventaja de que aún cuando algún vacunado le da la viruela, en tal caso esta es generalmente mansa después de esto si quieren ustedes que vacune a la gente, puede el médico empezar a hacerlo poco a poco para que pueda hacerlo con provecho y bien hecho y para que tenga tiempo para reconocer prolijamente a los vacunados” (Chavez, Fermín, La vuelta de Juan Manuel”, Edic. Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991 o Edit. Theoría, Buenos Aires, 1991). No solamente procuraba la vacunación de los indios, sino que los persuadía además para que permitieran la entrada de médicos a la tribu.

    Cacique Pincén:

    Apeló a su vez a un humanitario “chantaje” al obligar a los indios vacunarse antes de recibir “suministros” que habia comprometido el gobierno. Así lo atestigua Pincén cuando relata que “…Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco; me regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió de ser porque no hubo mas viruela por entonces…” (J.M.Rosa,Hist.Arg.t.VIII).

    Juan Catriel:

    “Juan Manuel es mi amigo. Nunca me he engañado. Yo y todos mis indios moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel no viviríamos como vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras esposas e hijos. Todos los que están aquí pueden atestiguar que lo que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien…” (Discurso del cacique pampa CATRIEL en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al poder en su segundo gobierno. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833. Recopilado por ADOLFO GARRETON. Edit. EUDEBA. Bs. As. 1975.)

    Cipriano Catriel:

    “Nuestro hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a nado el Samborombón y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y se loncoteaba con los indios y que nos regaló vacas, yeguas, caña y prendas de plata, mientras él fue Cacique General nunca los indios malones invadimos, por la amistad que teníamos por Juan Manuel. Y cuando los cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos”. (Expresiones del Cacique Catriel, extraídas del libro “Roca y Tejedor” de Julio A. Costa.)

    Cacique Nicasio:

    “Que él había acompañado en cinco campañas a Juan Manuel y que siempre había de morir por él porque Juan Manuel era su hermano y el padre de todos los pobres” (Parte del discurso del Cacique Nicasio en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al gobierno por segunda vez. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833”. Recopilado por Adolfo Garretón. Edit. EUDEBA.)

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
    – Rosa, José María. Historia Argentina.
    – Chávez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel.
    – García Mansilla, Daniel (*)

    (*) Daniel Garcia Mansilla (1866-1957), nacido en la Legación argentina en Paris, estudió Derecho en dicha . Fue diplomático en Roma, Berlín, la Santa Sede, Madrid y Lisboa. ió versos en francés y castellano, y en 1950 publicó Visto, oído y recordado, unas frescas y copiosas memorias. Era hijo de Manuel R. García y de Eduarda Mansilla, hermana de Lucio V. Mansilla. En 1953 se hizo sacerdote católico.

  41. ROSAS Y LA VACUNA ANTIVARIOLICA

    Tras el descubrimiento de América se propagaron enfermedades que eran originarias de cada continente. Así por ejemplo la sífilis, originaria de América, sobre la cual los indígenas tenían ciertas defensas, se propagó en Europa. Lo mismo sucedería con otras enfermedades de origen americano, como el mal de Chagas. A la inversa, los europeos traerían a América otras, como la Viruela, que cauzó estragos entre la población indígena.

    Los europeos habían desarrollado ciertas defensas contra la viruela a consecuencia de las epidemias sufridas durante los siglos anteriores al descubrimiento de América. (En el siglo XIV la peste negra redujo en un tercio la población europea). En América en cambio la viruela no era conocida y los indios no contaban con estas defensas inmunológicas, por lo que la propagación de la enfermedad causó más muertes que toda las guerras de conquista. Mientras entre la población de origen europea la enfermedad causaba una mortandad de 29 %, entre la población indígena alcazaba al 80 %.

    La introducción de la vacuna

    La vacuna antivariólica había sido descubierta en Inglaterra pro Eduardo Jenner a raíz del cow-pox encontrado en los pezones de las vacas de Gluocester, y la introdujo en Argentina el presbítero Saturnino Segurola en 1805.

    El virrey Sobremonte creó el primer centro de conservación de la vacuna, y se dedicaron a difundirla, entre otros Miguel O´Gorman, Cosme Argerich, Francisco Muñiz, Pedro Serrano, Claudio Mamerto Cuenca, Francisco Rodríguez Amoedo, Pablo Villanueva, etc.

    En 1829 ya, existían tres centros de vacunación en Buenos Aires: la Casa Central, la Casa Auxiliar del Norte y la Casa Auxiliar del Sur, dirigidas por Justo García Valdés y luego por el Dr. Saturnino Pineda (Visiconte, Mario, “La cultura en la época de Rosas. Aspectos de la medicina”, Sellarés, Buenos Aires, 1978).

    La vacuna en la época de Rosas

    Durante el gobierno de Rosas se incrementó el suministro de la vacuna, llegando el servicio a los pueblos de la campaña bonaerense en la que los médicos de la policía también se ocuparon de aplicarla.

    En 1830 el gobierno asigna un sobresueldo al médico de la Policía de Campaña de la sección de Luján Dr. Francisco Javier Muñiz y sus ayudantes, quien además descubriría luego (1840) en los pezones de una vaca el cow-pox antivariólico, marcando un hito en la ciencia médica y un reconocimiento mundial de su prestigio.(Archivo General de la Nación, en adelante AGN, S.X.44.6.18).

    La vacuna antivariólica llegó también al pueblo de San Nicolás de los Arroyos, designándose en 1830 al Dr. Pedro Serrano para aplicarla. (AGN S.X.44.6.18). En Chascomús el administrador de la vacuna fue el Dr. Pablo Villanueva y en el Fuerte Federación (la actual ciudad de Junín) el Dr. Claudio M. Cuenca que el 3 de mayo de 1837 le informa al gobernador Rosas: “…el médico del Fuerte Federación tiene el mayor gozo al anunciar a V. E. que tanto la tropa como el vecindario de este Fuerte ha cesado la enfermedad epidémica que reinaba (la viruela) y que son muy pocas veces molestados por algunas enfermedades esporádicas muy benignas…” (“La Gaceta Mercantil”, 7 de marzo de 1837).

    El licenciado médico García Valdéz administrador general de la vacuna en un informe del año 1836 invitaba a los pueblos de campaña a vacunarse expresando: “…se hace indispensable el citar el celo de los jueces de paz y los curas párrocos a fin de exhortar al vecindario para que se apreste a recibir el gran beneficio de la vacuna que con tanto empeño promueve nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes el Sor. Gobernador…” (“La Gaceta Mercantil”, 6 de marzo de 1837).

    Otros médicos en distintos fuertes y cantones cumplieron esta tarea sanitaria desde 1832 en las poblaciones rurales de Quilmes, San José de Flores, Morón, Las Conchas, San Fernando y San Isidro (AGN S.X.6.2.2.) y en las provincias según informe del Dr. García Valdéz del año 1838 (AGN S.X.17.2.1.).

    La vacunación de los indígenas

    Si entre la población de origen europea era difícil la difusión por falta de medios o prejuicios, mas aún lo seria entre la población indígena, que sumaba desconfianza, prejuicios y supersticiones.

    No se sabe exactamente cuando comenzó a difundirse la vacuna entre los indígenas, pro lo cierto es que el 4 de enero de 1832 Rosas recibió una distinción de la Sociedad Real Jenneriana de Londres, designando a Rosas “miembro honorario” de esa sociedad “…en obsequio de los grandes servicios que ha rendido a la causa de la humanidad, introduciendo en el mejor éxito de la vacuna entre los indígenas del país…”.

    Saldías de cuenta que a comienzos de 1826 “…en esas circunstancias se había desarrollado la viruela en algunas tribus. Como resistieran la vacuna, Rosas citó ex profeso a los caciques con sus tribus y se hizo vacunar él mismo. Bastó esto para que los indios en tropel estirasen el brazo, por manera en que en menos de un mes recibieron casi todos el virus” (Saldias, Adolfo, “Historia de la Confederación Argentina”, vol. I,). Sir Woodbine Parish y informa que en uno de los tantos parlamentos efectuados con indígenas por Rosas en la Chacarita de los Colegiales hacia 1831 suministró la vacuna a muchos indígenas que integraban la comitiva de caciques pampas y vorogas. La vacunación en la Chacarita se repite en distintas oportunidades como puede verse en lo informado en “La gaceta mercantil” de la época.

    El 17de octubre de 1836 en nota dirigida a Rosas, el Dr. Saturnino Pineda le informa que: “…el día 3 de septiembre a las tres y media recibí de orden verbal de V.E. de asistencia médica (a una comitiva indígena afectados por la viruela) que me fue transmitida por el Sr. edecán coronel don Manuel Corvalán y no obstante de hallarme enfermo con el mayor contento y sin pérdida de tiempo procedí a su cumplimiento…”. y agrega, “…el violento foco de contagio que significa la aglomeración de más de setenta individuos en un mismo lugar algunos con la misma viruela y declarada por lo que el día 9 del mes de que se hace referencia fueron vacunados de brazo a brazo 52 indios entre adultos y niños de ambos sexos para cuyo efecto se condujeron desde la Chacarita a la casa donde se hallaban alojados cuatro niños con vacuna de la más excelente. El 16 fueron reconocidos y en todos los se encontraron granos (reacción positiva) tan hermoso que juzgando por sus caracteres no pude menos que tranquilizarme…”(“La Gaceta Mercantil”, del 19 de octubre de 1836). Rosas destacó dicho informe del Dr. Pineda en el mensaje dirigido a la Legislatura el 1º de enero de 1837.

    Para persuadir a los indios que recibieran la vacuna, Rosas, que tenía gran prestigio entre ellos, reunía los caciques y se hacía aplicar la vacuna a si mismo, para que estos la difundieran en sus tribus, como “gualicho el hinca” contra la enfermedad. También apelo a su inteligencia y sagacidad para convencer a los indios, como se comprueba en la carta que le dirige a Catriel: “…Ustedes son los que deben ver lo mejor les convenga. Entre nosotros los cristianos este remedio es muy bueno porque nos priva de la enfermedad terrible de la viruela, pero es necesario para administrar la vacuna que el médico la aplique con mucho cuidado y que la vacuna sea buena, que el médico la reconozca porque hay casos en que el grano que le salió es falso y en tal caso el médico debe hablar la verdad para que el vacunado sepa que no le ha prendido bien, el grano que le ha salido es falso, para que con este aviso sepa que para el año que viene debe volver a vacunarse porque en esto nada se pierde y puede aventajarse mucho. La vacuna tiene también la ventaja de que aún cuando algún vacunado le da la viruela, en tal caso esta es generalmente mansa después de esto si quieren ustedes que vacune a la gente, puede el médico empezar a hacerlo poco a poco para que pueda hacerlo con provecho y bien hecho y para que tenga tiempo para reconocer prolijamente a los vacunados” (Chavez, Fermín, La vuelta de Juan Manuel”, Edic. Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991 o Edit. Theoría, Buenos Aires, 1991). No solamente procuraba la vacunación de los indios, sino que los persuadía además para que permitieran la entrada de médicos a la tribu.

    Apeló a su vez a un humanitario “chantaje” al obligar a los indios vacunarse antes de recibir “suministros” que habia comprometido el gobierno. Así lo atestigua Pincén cuando relata que “…Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco; me regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió de ser porque no hubo mas viruela por entonces…” (J.M.Rosa,Hist.Arg.t.VIII).

    En carta al Dr García Valdéz el 15 de julio de 182, Rosas le dice “…Sírvase Ud. hacer entender a la Sociedad Real Jenneriana entre lo más satisfactorios triunfos digno de su memoria deben enumerarse la propagación del virus de la vacuna entre los indígenas reducidos y sometidos al gobierno y aseguraba que tomando yo en sus honrosos trabajos la parte que puede caberme en mi actual posición, no perdonaré medio para que la institución de la vacuna sea conservada en este país con todas creces que dependan ya de mi autoridad ya de mi decisión personal…” (Fernández, Humberto “Francisco Javier Muñiz, Rosas y la prevención de la viruela” en “Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas nº 42 enero/marzo 1996.).

    A diferencia de este interés por la vacunación de los indígenas por parte de Rosas, en el país del norte, ante una epidemia de viruela, se recogían las mantas infectadas y se redistribuían entre los indios para diezmarlos, en lo que podríamos llamar una “guerra bacteriológica”.

    La estadística

    Según está documentado, los años que se produjeron brotes de viruela entre la población indígena corresponden a 1615, 1620, 1638, 1642, 1660, 1728, 1780, 1788, 1792, 1805, 1819, 1871, 1875 y 1881. Como puede observarse, hubo una significativa interrupción de los brotes de viruela de 52 años entre 1819 y 1971, período en que precisamente se ubica el gobierno de Rosas, luego del cual se descuido la política indígena, se interrumpieron los “suministros de mercaderías” a los indios, y hasta volvieron los malones.

    Fuentes:

    – Bibliográfica del “Instituto de investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas”
    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.

  42. ROSAS EDUCADOR

    Entre dos títulos pensados elegimos el más provocativo: o “la barbarie educadora” o bien “Rosas educador”.

    En verdad don Juan Manuel desde jóven se interesó por enseñar.

    En 1819 escribió Instrucciones a los mayordomos de estancias, y en la Libreta salvada y que editamos en 1995 podemos leer lo siguiente:

    “La formación del hombre físico y del hombre moral son los dos objetos esenciales de todo plan de educación. El primero, que consiste en esos exercicios corporales de que recibe el cuerpo elegancia, robustez y sanidad, no fueron tan atendidos como debían serlo. Por lo que mira a la educación moral, dirigida a promover la ilustración y la virtud, notamos en cuanto a lo primero, que no se cultiva el estudio de las lenguas vivas, ni menos el de la geografía y la historia”.

    Toda la Libreta –conservada en el Archivo General de la Nación- apunta a la enseñanza. Lo mismo cabe afirmar de la Gramática y Diccionario de la Lengua Pampa.

    Ansina los provocamos con el título inaudito.

    Sanguinetti, con «curso»

    En la edición de La Nación del lunes 7 de abril, el doctor Horacio Sanguinetti, docente y funcionario, publicó un artículo cargado de desinformaciones y de curso ligero, en el que acusa a Juan Manuel de Rosas de deseducador y cerrador de escuelas. La información se le escapó como cuando se tiene diarrea.

    En 1845, año de la 6ta. invasión inglesa, funcionaban en Buenos Aires los siguientes establecimientos de enseñanza:

    Colegio Republicano Federal;
    Colegio Argentino de San Martín, del francés Carlos Clarmont;
    Colegio Argentino, en Potosí 189;
    Academia Porteña, de Florencia García;
    Colegio Filantrópico Bonaerense, dirigido por Mariano Martínez;
    Escuela Española e Inglesa, de Enriqueta y Clara Bradish;
    Escuela Mercantil, de Jorge Clark;
    Academia de la Juventud, dirigida por Alberto Larroque;
    Establecimiento de Educación, de Mariano Larsen;
    Escuela Mercantil, de Antonio Oliú;
    Colegio de Niñas de Monserrat, de Manuela y Martina Montaner;
    Escuela Juvenil del Socorro;
    Liceo Argentino de San Telmo, del maestro Pedro Sánchez;
    Curso Elemental de Matemática, en el Departamento Topográfico;
    Educación de Niñas, Federación 148, dirigida por Feliciana Ranel de Pierretti;
    Cursos de Filosofía y Latinidad, en el Convento de Santo Domingo.
    En 1846 se agregaron: Establecimiento Literario, de Gervasio Sueldo y Mariano Martínez, y el Colegio Argentino, de Agustín Bailón. Recordemos que la esposa de Pedro de Angelis, Melanié Dayet, asociada a Fanny de Mora, fundó el Colegio Argentino, para niñas.

    Con respecto a la disposición del 27 de abril de 1838 que, por las exigencias de la guerra, suspendió las asignaciones acordadas por presupuesto –mientras durara el bloqueo-, en la misma medida se establecían los medios para hacer posible su funcionamiento regular. Y fue así que no llegó a quebrarse el ritmo normal de la enseñanza. Ni los establecimientos primarios, ni la Universidad, cerraron sus puertas, doctor Sanguinetti.

    Entre 1830 y 1852 se graduaron en la Universidad –cerrada, según los desinformados- 223 profesionales en medicina, mientras que entre 1853 y 1875, los médicos graduados alcanzaron a 140. Los temas de las tesis respectivas fueron publicados hace años, lo mismo que las tesis de Derecho .

    El gran urólogo Teodoro Álvarez se recibió en 1843. Fue él quien operó a Rosas y le extrajo un cálculo vesical de 4,5 de diámetro y 2,5 de espesor, compuesto de ácido úrico puro. También hizo operaciones de aneurismas. Por sus éxitos en urología se lo llamó el Nélaton argentino.

    En 1847 se dio en Buenos Aires un acontecimiento médico: se aplicó por primera vez el éter como anestésico general.

    Y en abril de 1851, los doctores Claudio M. Cuenca, Manuel Laines y José María Bosch embalsamaron, por orden de Rosas, el cadáver de monseñor Mariano Medrano, una operación que duró cinco días y tuvo el éxito por el “nuevo sistema de inyección”, dice La Gaceta Mercantil. El “deseducador” se preocupó también de la vacuna. No solamente apoyó la labor de Francisco J. Muñiz, sino que hizo venir a caciques indios para darles una lección de anatomía y de vacunación. Se hizo vacunar delante de dichos caciques para demostrarles que no dolía.

    El doctor Sanguinetti debiera mirar el dibujo de Goya, con el anciano barbudo y con el bastón que dice: “Aún aprendo”.

    Noticia breve

    En el campo entrerriano, cuando alguien tenía diarrea, se decía que tenía “curso”, o que andaba “con correntina”. Tal la expresión que aquí utilizamos para calificar la expulsión de información que muestra el distinguido profesor Horacio Sanguinetti.

    Otro que anda con curso, el prolífico Juan José Sebreli, quien en La Nación del 20-IV-03 inventa un decreto de Rosas de 1830 por el que cerró las escuelas. La única disolución escolar fue la del Colegio de la Provincia de Buenos Aires, dispuesta el 28-IX-1830.

    Justamente durante 1830, el “deseducador”, un 11 de febrero, crea las escuelas para niñas en Luján y en San Telmo, bajo control de la Sociedad de Beneficiencia.

    Tesis Doctorales 1835-1852

    Complemento al opúsculo Sanguinetti, con curso.

    1835

    Ares Ramón…Cálculos urinarios tratados por los métodos litontricia y litontríticos (Tésis de cirujía).

    Fonseca Triburcio…Del órgano cutáneo considerado en sus relaciones con la anatomía, la fisiología, patología y especialmente con la terapéutica.

    Pico, Ángel…Thesis de cirujía sobre los cálculos urinarios.

    Rivero, Joaquín…Aneurisma.

    1836

    Cuenca, José María…Disertación sobre las afecciones verminosas…

    1837

    Eguren, Francisco G…Disertación sobre las afecciones verminosas…

    1838

    Cuenca, Claudio Mamerto…Opúsculo sobre las simpatías en general, consideradas en sus relaciones con la anatomía, la fisiología, patología y terapéutica.

    Tamini, Luis…Disertación sobre la sífilis o enfermedades sifilíticas.

    1839

    Arca, Ramón…Pleuritis (Medicina).
    Bosch, Buenaventura…Cáncer uterino.
    Díaz de Vivar, Pedro…Disertación sobre la hepatitis.
    Mirazo, Francisco…Fiebre atáxica.
    Rodríguez, Francisco…Disertación sobre la escarlatina.

    1840 y 1841

    Tres tesis. (F.Ch.)

    1842

    Cueli, Fabián…Metristis aguda y crónica.
    Cuenca, Lorenzo Salustiano…Cuatro palabras sobre fiebre pútrida, o gastroenteritis fulicosa.
    Columbres, Exequiel…Diabetes.
    Garviso, Cayetano…Tesis sobre la irritación, inflamaciones y fiebre.
    Irigoyen, Fermín A. de…Meningitis.
    Sonnet, Gabriel…Enfermedades nerviosas del estómago y de los intestinos o sea gastroenteralgias hipocndríacas.

    1843

    Cuenca, Eulogio Amaro…Cuatro palabras sobre flebitis.
    Esquiros, Francisco…Epilepsia.
    Freyre, Marcelino…Amputaciones.
    Marenco, Mariano…Encephalitis.
    Eugenio Pérez…Sobre la tisis pulmonar.

    1844

    Arias, Manuel…Tesis sobre la viruela.
    Arias, Vicente…4 palabras sobre el paralelo de las dos escuelas médicas, material y espiritual.
    Bárcena, Benito…Disertación sobre las alteraciones de la sangre por defecto de fibrina.
    Posse, Justiniano…Sobre los efectos y usos de la sangría en las flegmacias agudas, las neurosis y las tifoideas.
    Rawson, Guillermo…Disert. para obtener el grado de doctor en medicina.

    1845

    Baz, Gervasio…Tesis sobre el cáncer.
    Navarro, Domingo Eugenio…Sobre la influencia de las inhalaciones de éter en la economía animal.

    1847

    Insiarte, Manuel…Tésis sobre el Tétano.
    Mejía, Claudio…Op. En que se trata de provar la insistencia del virus venéreo, como único agente que ocasiona las afecciones sifilíticas.
    Peralta, Adolfo E…Ensayo sobre clorosis.
    Peresda, Manuel I….4 palabras sobre la fiebre en general.
    Pizarro, Modestito E…Sobre las inflamaciones en las heridas.

    1848

    Acosta, Faustino G….Breve cuadro de generalidades sobre la enajenación mental en que se prueba que son lesiones puramente vitales.
    González Catán, Mauricio…Disertación sobre la coqueluche.
    Lucena, José…Sobre el histerismo considerándolo como una enfermedad nerviosa.

    1849

    Barceló, Salvador R….Disert. sobre el momento que deben practicarse las amputaciones.
    Barnet, Patricio…Sobre la naturaleza de la fiebre tifoidea.
    Durand, Carlos…Sobre el no contagio del colera morbus asiático.
    Fontán, Luis J…Sobre el diagnóstico y caracteres diferentes del reumatismo muscular y de la gota.
    Méndez Gil, José…Diagnóstico del embarazo uterino.
    Meza, Justo…Rápida ojeada sobre la perversión sanguínea o intoxicación miasmática de la sangre.

    1850

    Meyer, Francisco…Disert. Sobre la catalesis y ectasis.

    1851

    Patrón Fernando M…Disert sobre la escarlatina en que se demuestra ser una alteración de la sangre.

    Uriarte, José María de…Disert sobre la tisis pulmonar.

    1852

    Almeyra, Antonio José…Disert sobre las enfermedades de la boca, que sólo el dentista médico puede con más conocimiento de causa diferenciar y curar.
    En 1839 hubo 7 tesis; en 1842, 13 tesis; en 1843, 8; en 1844, 10; en 1845,7; en 1846, 4; en 1847, 10; en 1848, 8; en 1849, 12; en 1850, 5; y en 1851, 11 tesis (Datos tomados de fuentes periodísticas del período. F. Ch.)

    Mirá lo que te digo

    El Dr. Marcial R. Candioti, Académico de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, publicó un volumen de más de 800 páginas titulado Bibliografía Doctoral de la Universidad de Buenos Aires y Catálogo Cronológico de las Tesis en su Primer Centenario, 1821-1920 (Buenos Aires, 1920).

    El mismo registra para el período federal 1835-1852, 144 tesis de Jurisprudencia y 50 tesis de Medicina y Cirugía.

    Graduados registrados por La Gaceta Mercantil

    1839

    Febrero 21: Reválida en Medicina, Cirujía y Partos, de Sexto Laspiur, Claudio Cuenca y Pedro Ortiz.
    Febrero 28: Pedro Peña, aprobado en flebotomía.
    Abril 16: Alejo Ángel Moine, aprobado en Farmacia.
    Diciembre 12: Manuel Lucio de Albarracín, aprobado como profesor en Medicina y Cirujía.

    1840

    Septiembre 3: Aurelio French, diplomado en Facultad de Farmacia.
    Noviembre 9: Juan G. Mackenna, aprobado por el Tribunal de Medicina.

    1841

    Noviembre 21: Juan C. Dillon, aprobado en Farmacia.

    1842

    Agosto 8: José Salvarezza, Reválida en Medicina y Cirujía.
    Septiembre 9: Carlos J. Furst, prof. de Medicina y Cirugía por Copenhaagen, aprobado el 6-IX-1842.
    Setiernbre 30: Eugenio Napoleón Duchesnois, prof. en Fac. de Medicina y Cirugía.
    Noviembre 30: Hugo Tomás Sheridam, aprobado prof. en Medicina y Cirugía el 23-XI-1842.

    1843

    Enero 13: Rumualdo Veloz, graduado en sangrador.
    Marzo 20: Francisco Nattero, graduado en prof. en Medicina y Cirujía, e114-II-1843.
    Abril 21: Juan Francisco de Solier, de la Fac. de Medicina de París, rehabilitado. Consultas gratis a pobres de solemnidad.
    Setiembre 22: Teodoro Álvarez, examinado en Medicina y Cirugía y aprobado en ambas Facultades, el 16-IX-43.
    Octubre 6: Mariano Marenco, Amaro Cuenca y Marcelino Freyre, recibidos de profesores de Medicina y Cirugía el 29-IX-1843.
    Noviembre 9: Salvador Barceló, graduado.
    Noviembre 15: Francisco Esquiros, graduado en Medicina y Cirujía, el 9-XI-1843.
    Diciembre 16: Matero Durañona, graduado en Medicina y Cirujía, el 9-XII-1843.

    1845

    Enero 11: Narciso Aravena, examinado y aprobado en Flebotomia.
    Enero 17: José María Ortiz, examinado y aprobado en Flebotomía.
    Enero 30: Mauricio Hertz, alemán, examinado y aprobado en Medicina y Cirujía.
    Febrero 19: Pedro Fraga y Andrés Deboto, examinados y aprobados en Farmacia.
    Abril 5: Custodio Frers y Juan Arizabalo, examinados y aprobados en Farmacia.
    Mayo 7: Agustín Arenillas, examinado y aprobado en Farmacia.
    Junio 5: Domingo Rodríguez, examinado y aprobado como prof. de Flebotomía.
    Noviembre 25: Justo Meza y Robles, recibido el 21-XI-1845 de prof. en Medicina, Cirujía y Partos.
    Noviembre 26: Juan B. Arengo y Juan J. Camelino recibidos de prof. de Medicina, Cirujía y Partos.
    Diciembre 5: Francisco Baraj y Mariano Erezcano, recibidos de prof. en Medicina, Cirujía y Partos.
    Diciembre 10: Manuel Garayo y Félix Burgos, recibidos en M., C. y P, y Farmacia, respectivamente.
    Diciembre 23: Mauricio Garrido, Recibido en Medicina, Cirujía y Partos, prof.

    1846

    Enero 10: Luis María Drago, examinado y aprobado de prof. En M.C y Partos.
    Marzo 9: Andrés I. de Cádiz, prof. de Flebotomía examinado como dentista.
    Abril 13: Enrique Godfrey, examinado y aprobado prof. en Farmacia.
    Septiembre 21: Mariano J. González y Sinforoso Amoedo, examinados prof. en M. C. y P.
    Septiembre 24: Ricardo Lowe, idem.
    Septiembre 29: El flebotomista Juan Etchepareborda, autorizado para “extraer, emplomar y limpiar la dentadura”.
    Noviembre 10: Luis Viajos, examinado y aprobado de sangrador.
    Diciembre 18: Carlos Malvigne, aprobado en Farmacia. Pablo Santillán, prof. en M.C.P.
    Diciembre 21: José Quintana y Toribio Ayerza, aprobados en M.C y Partos.

    1848

    Febrero 10: Mariana Barone de Fracione, examinada y aprobada en la Fac. de Partos, el 22-I-1848.
    Mayo 19: Cornelio Donovan, examinado y aprobado en Medicina y Cirugía, el 15-V-1848.

    1850

    Abril 18: José María Uriarte y Luis Arditi, graduados en Medicina, Cirujía y Partos el 10-IV-1850.
    Abril 20: Manuel D. García, graduado en M.C y partos el 13-IV-1850. Santiago Fleming, en Farmacia, 15-IV-50.
    Abril 25: Nicanor Albarellos, en Medicina, Cirujía y Partos el 18-IV-1850.
    Mayo 2: Gebhard Knoblauck, prof. en M. C. y Partos el 3-V-1850.
    Mayo 3: Fernando Maria Patrón, graduado en M. C. y Partos el 3-V-1850.
    Mayo 31: Julián García de Juan Pérez, graduado en M. C. y Partos el 4-V-1850
    Junio 24: Demetrio Demarchi y Guillermo Gaskill, graduados en Farmacia, 22-VI-50.

    1851

    Febrero 1: Marcos Demarchi, graduado en la Fac. de Medicina, el 4-I-51.
    Marzo 10: Adolfo Argerich, graduado en Medicina, Cirujía y Partos el 15-II-1851.
    Marzo 29: Osvaldo Eguía, graduado idem el 28-II-1851.
    Abril 22: Guillermo Zapiola, graduado en idem el 14-IV-1851.
    Setiembre 19: Maria Moulade de Bregains, examinada y aprobada en Fac. y «en el arte de Partos», el 25-VII-51.
    Setiembre 20: Manuel Biedma, graduado en M. C. y P. el 31-VII-51 y Benito Méndez González, idem el 6-VIII-1851.
    Setiembre 30: Federico Megías, en M. C. y P. el 3-IX-1851, y Nicomedes Reynal, en idem el 4-VII-1851.

    Somos conscientes de que la susodicha nómina es incompleta, pero no por ello deja de ser un aporte. Otros nos precedieron, entre ellos Dardo Corvalán Mendilaharzu, Juan Ramón Beltrá, Oscar Ivanissevich, Mario Cesar Gras y Andres Invern. Por nuestra parte abordamos el tema en La Cultura en la época de Rosas, en Iconografía de Rosas y de la Federación y en algún artículo del diario Mayoría. Y aquí retomamos el tema por considerarlo de actualidad, luego de haberse reavivado una vieja polémica. Velay, pues, el texto jrestós.

    Rosas y las gringadas

    “Le presento mi pasaporte, y así que ha leído las primeras palabras: El naturalista don Carlos, se vuelve tan respetuoso y cortés como desconfiado había sido antes. ¡Naturalista!”

    Charles Darwin

    I

    La personalidad del Restaurador y «primer tirano sangriento del Río de la Plata» ofrece facetas escasamente estudiadas por los historiadores. Y una de ellas es su relación con los alienígenas, en su mayoría oriundos de las Europas.

    Hubo gringos que fueron sus colaboradores inmediatos, y otros que tuvieron que ver con él y lo elogiaron, lo retrataron, le escribieron música, y lo tuvieron como paciente.

    Algunos de ellos son más conocidos, como Pedro de Angelis (1784-1859), Carlos Enrique Pellegrini y Pierre Benoit, pero restan muchos protagonistas que sólo aparecen en textos de estudiosos de la cultura de la época de la Federación.

    II

    El napolitano Pedro de Angelis (1784-1859) fue “el pensador” de Juan Manuel y la expresión historicista de las décadas de 1830 y 1840. Su vasta obra escrita tiene que ver con la política, la historiografía y la filosofía de la historia: ella es abundante en el periodismo federal. Su archivo y biblioteca se conservan en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro.

    Como es sabido, don Pedro introdujo a Vico en Francia cuando mostró la Scienza Nuova a Víctor Cousin y a Michelet. En Buenos Aires hizo otro tanto. El propio Rosas escuchó bien al napolitano según se desprende del contenido de la “carta de la Hacienda de Figueroa” a Juan Facundo Quiroga (1834).

    En nuestro Archivo General de la Nación se conserva la versión francesa del libro III de la Ciencia Nueva, hecha por de Angelis en 1833.

    Carlos Enrique Pellegrini (1800-1875), ingeniero saboyaano, se dedicó al dibujo y la pintura en Buenos Aires. En 1841 instaló en el centro de Buenos Aires la Litografía de las Artes, en que imprimió el álbum Recuerdos del Río de la Plata. Entre sus retratos se cuentan los de León Ortíz de Rozas y de su esposa Agustina, de Agustina Rozas de Mansilla, Estanislao López, Pascual Echagüe, Manuel Corvalán, Lucio N. Mansilla y otros.

    El saboyano casi fue novio de la linda Agustina Rozas. Y fue socio del enigmático Pierre Benoit, con quien proyectó la decoración de un frente de la catedral en 1847.

    Nicolás Descalzi (1801-1857), oriundo de Chiavari, en 1834 revalidó su título de agrimensor. En 1833, Rosas lo había designado ingeniero, hidrógrafo y astrónomo del ejército del ala izquierda del cuerpo expedicionario al desierto. Con la goleta “Encarnación” y la ballenera “Manuelita” estudió el Río Negro y lo exploró hasta Choele-Choel. En 1839, Rosas lo distinguió con los despachos de sargento mayor de caballería.

    Sus estudios sobre la navegación del Río Negro fueron publicados después de Caseros por Carlos Enrique Pellegrini (1854).

    Su hermano Cayetano tuvo destacada actuación como pintor y retratista de Rosas, pero carecemos de datos precisos sobre su nacimiento en la Liguria. Aquí se unió en matrimonio con Juliana Miró. Pintó Descalzi varios Rosas, entre ellos el conocido por “Rosas el Grande”, difundido hacia 1842 por una litografía hecha en París. Pintó también a manuelita Rosas y se conserva, aparte de su “Boudoir Federal”, una miniatura de don Juan Manuel, sobre marfil, y un óleo sobre vidrio, “La Magdalena”, que se conserva en el Museo de Luján.

    Pierre Benoit (¿ -1852), ingeniero, arquitecto naval y pintor, fue empleado del Departamento Topográfico y, por estar tullido, en los últimos años Rosas le hacía llevar el sueldo a su casa de Bolívar 793, donde murió a consecuencia de un “medicamento” que le suministró un médico que vino expresamente de Francia. Me cuento entre quienes cremos que nomás el Delfín, o Luis XVII, cuidado por el zapatero Simón. Curiosamente, Pierre bautizó a su hijo Pedro con los nombres de Pedro Simón del Sagrado Corazón de Jesús, en la Iglesia de la Concepción. En 1840 adhirió públicamente al Restaurador. En 1974, junto con el Arq. Jorge O. Gazeano – de ICOMOS- tratamos d salvar la casa de Benoit de su demolición, pero no lo conseguimos.

    El saboyano Alberto Larroque (1819-1881), graduado en Letras en París y en Derecho en Buenos Aires, tuvo una rica trayectoria en la docencia en los colegios de la Federación.

    El 8 de octubre de 1851 pronunció un panegírico de Rosas memorable, en un teatro. Ese mismo año estrenó su pieza Juan de Borbón o un traidor a la patria, de mensaje antiurquicista.

    Dos gringos médicos, James Lepper (1785-1851), irlandés y ex médico de Napoleón, y Franklin Bond, yanqui y cuñado del Restaurador (casado con Manuela Rozas), atendieron a éste último.

    El italiano José Santos Sartorio –quien vino junto con Pedro de Angelis-, era constructor y dirigió las obras de la casona de Palermo de San Benito (1838). Y Alejandro Pittaluga, arquitecto también italiano, fue decorador del teatro de la Victoria.

    Entre los artistas plásticos se contaron el inglés Arthur Onslow, quien retrató a Rosas y a Quiroga; el italiano Lorenzo Fiorini pintó un retrato de Juan Manuel; Edmond Lebeaud, un francés, también lo pintó; Adolfo d’ Hastrel de Riery, alsaciano, pintó muchos federales; Ignacio Manzini, milanés, pintó mazorqueros; y el francés Raymond Quinsac Monvoisin (1790-1870), un grande, pintó a Rosas y a Manuelita, y muchas escenas federales.

    Entre los músicos se destacaron el genovés Esteban Massini, guitarrista y flautista, quien musicó el “Himno de los Restauradores” y una Canción Fúnebre para Facundo Quiroga; el discípulo de Paganini y violinista Ernesto Camilo Sívori, que tocó para don Juan Manuel en Palermo de San Benito; el hamburgués Johann Heinrich Amelong fue maestro de piano de Manuelita, y dirigió coros alemanes para el Teatro de la Federación; el húngaro Francisco José Debaly estrenó en 1849 un Gran Vals dedicado a Manuelita; el italiano Virgilio Rabaglio, autor de una “Canción a Manuelita Rosas”; y el alemán Augusto Luis Mohecer, violinista del Teatro de la Federación, en 1849.

    Al comienzo reproducimos un breve texto de Darwin, quien mantuvo conversaciones con el gaucho Rosas y escribió bastante para dar sus impresiones, con reconocimiento de sus dotes y su prestigio.

    Pero revela ingenuidad cuando dice no creer que el Héroe del Desierto supiera del término “naturalista”. ¡Rosas, que era un aficionado a la lingüística de nuestro idioma! Pero, bueno: el viajero inglés era un ser humano.

    Más de 20 gringos no es moco de pavo.

    Rosas y la cola del megaterio

    En la edición de La Gaceta Mercantil del 19 de mayo de 1841 se publicó una carta del Dr. Francisco Javier Muñiz al gobernador Juan Manuel de Rosas, fechada en Luján el 7 de marzo de 1841. Y en dicha comunicación encontramos muy valiosos datos.

    Muñiz le presenta “el corto cuanto estraño obsequio de la cola del Megaterio, y una muela de Mastodon” y le agrega “…no son estos los primeros despojos megaterianos que examina V.E.; pero sí es la que tengo el honor de remitirle la única cola entera de aquel extraordinario bruto”.

    El diario, por su parte, luego de elogiar las labores de Muñiz en Luján, expresa: “Sabemos que S.E. Nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes tan adicto a estas investigaciones geológicas y tan ilustrado apreciador de su mérito, ha admitido con satisfacción el importante presente”.

    El ilustre sabio realizó muchos y valiosos trabajos paleontológicos, y sacó a la luz, como dice el ingeniero José Babini, “el extraordinario mundo fósil sepulto en las barrancas de su río”. Efectivamente, en Luján, reunió, estudió y clasificó abundante material, con restos de megaterios, mastodontes, elefantes, toxodontes, orangutanes, milodontes y gliptodontes.

    La colección obsequiada a Rosas estaba en 11 cajas, de cuyo contenido informó La Gaceta Mercantil. Don Juan Manuel, a su turno, obsequió dicho material al almirante francés Juan Enrique José Dupotet, jefe de la escuadra de Francia en el Río de la Plata y reemplazante de Leblanc. Y esto dio lugar a fuertes críticas de los antirrosistas.

    Coincidimos con Andrés Ivern cuando señala que el traspaso de tan valioso material a Francia fue hecho con un doble fin: cicatrizar heridas de guerra y mostrar nuestra capacidad científica a una potencia que nos había querido colonizar.

    Desde el punto de vista de la ciencia nada se perdía con el regalo, ya que iba a poder de una nación que era entonces centro principal de estudios paleontológicos, con sabios como Paul Rivet.

    Por otra parte, el propio Muñiz ofreció en venta a Darwin otra colección y, además, donó fósiles a la Academia de Ciencias de Estocolmo. Esto en 1861.

    Fuentes:

    – «Rosas educador», artículo de Fermín Chávez publicado en la Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas Nº 65- Año 2003. (*)
    – (*) Gentileza de Diego Gutierrez Walker.

  43. LO QUE ROSAS NO HIZO

    A Rosas no lo sacaron por lo que hizo. Lo sacaron por lo que NO hizo.

    NO FUE UN DICTADOR POR IMPOSICIÓN PROPIA, sino por pedido de la Legislatura en varias más de cuatro oportunidades debido a las circunstancias de la anarquía, y después de un plebiscito (a su pedido) en el que obtuvo un apoyo casi unánime:

    “No se tiene aún noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar (Plebiscito del 26, 27 y 28 de marzo de 1835 en Buenos Aires por el cual la ciudadanía se pronunció en concederle la Suma del Poder Público a Roas) Debo decirlo en obsequio de la verdad histórica, nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión…que el de Don Juan Manuel de Rosas” . (Domingo F. Sarmiento.“Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga“. Santiago de Chile, 1845).

    NO GOBERNÓ PARA UNA MINORÍA PRIVILEGIADA. Gobernó para todos, y en especial para las clases bajas.

    “Se paseaba triunfante por las calles de Buenos Aires, hacía gala de su popularidad, recibía a todo el mundo, era un eco de alegría y de aplausos el que se alzaba por donde él pasaba; su casa era el pueblo, el pueblo lo amaba”. Florencio Varela. (Extraído de la obra de Manuel Gálvez, “La vida de Rosas”. Editorial Tor.)

    “He tenido la satisfacción de ver muchas cosas de él. Su poder en el país es tan extraordinario como su modestia y moderación” (informa Parish a Londres) Los miembros del Gabinete de Rosas “son todos hombres honestos y de buena disposición”

    “No es sensato juzgar con ligereza los motivos de un hombre que ha descubierto la manera de gobernar a uno de los pueblos más turbulentos e inquietos del mundo y que lo a hecho con tal éxito que, aunque existan muchos motivos de de queja y no poco descontento, cualquier hombre del país consideraría la muerte o aun la caída del general Rosas con la calamidad mas negra. Tal vez sería ciertamente la señal de desorden y de luchas intestinas que reducirían el país a la miseria”(Informe de Henry Southern a Palmerston).

    Los hechos le darían la razón a Southern, a tal punto que al poco tiempo de la caída re Rosas, el propio Urquiza recocería que: “Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí” (Urquiza al representante ingles Gore, al partir para reunirse para el encuentro se San Nicolás. Mayo de 1852. J.M.Rosa. Tomo VI. P.34 – H.S.Ferns Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. p.297)

    “…en comunicaciones anteriores he tratado de hacer un esbozo de este hombre extraordinario…en términos generales es una persona de educación limitada pero se parece a esos extranjeros (farmers) que abundan en nuestro país y son considerados la mejor garantía de nuestra libertad…es sumamente suave de maneras y tiene algo de las reflexiones y reservas de nuestros jefes indios…no hace ostentación de saber pero toda su conversación trasluce un excelente juicio y conocimiento de los asuntos del país y el más cordial y sincero patriotismo…mucho se espera de sus condiciones personales…me declaró que la primera preocupación de su gobierno sería estrechar aún más las relaciones de amistad con el presidente y la nación norteamericana” (comunicación de J.M.Forbes, Consul de EEUU a su gobierno con motivo de la asunción de Rosas al poder)

    “El primero que después de San Martín muere en el exilio por haber defendido dignamente la soberanía popular y la independencia de la Patria. Los que se han dicho sanmartinianos parecen no haber comprendido la lucha contra el colonialismo que realizó Rosas, lo que San Martín vio claro a quince mil kilómetros de distancia. Él le rindió a Rosas, él le rindió a Rosas el mejor homenaje que un soldado puede rendir a otro soldado: su sable libertador…”. (Carta de J.D. Perón del 20 de octubre de 1970 al historiador Fermín Chávez publicada por este historiador en su libro “La Vuelta de Don Juan Manuel”. Edit Theoría. Bs. As. 1991.)

    “Rosas…llegó un momento en que dominó por completo el escenario del país y su acción trascendió los límites de Argentina… Rosas tuvo amigos entre gente importante y entre los humildes. Mas su prestigio como hombre lo afirmó en estos últimos; entre los importantes se incubaron sus enemigos… A los personajes federales del interior, los envolvió en una trama amistosa tan fuerte y sutil que sin su conocimiento haría inexplicable la acción política desplegada. Con Estanislao López y Juan Facundo Quiroga estructuró la Confederación a partir de 1831 sobre la base de un íntimo entendimiento… En la correspondencia sostenida con uno y otro y los respectivos actos de conducta aparenta dos ecuaciones personales diferentes fruto de una conciencia política proteiforme. Es un Príncipe Criollo”. (Emilio Ravignani. Jurisconsulto, historiador y Profesor universitario. Uno de los creadores de la Nueva Escuela Histórica. Diputado de la Unión Cívica Radical desde 1936 por tres períodos. Testimonio extraído del libro de Fermín Chávez “La Vuelta de Don Juan Manuel”. Edit. Theoría. Bs. As. 1991.)

    “Lo que hay de cierto es que el poder de Rosas se apoya efectivamente en el elemento democrático, que Rosas mejora la condición social de las clases inferiores, y que hace marchar a las masas populares hacia la civilización dando al progreso las formas que permiten las necesidades locales. La guerra de los gauchos del Plata contra los unitarios de Montevideo representa en el fondo la lucha del trabajo indígena contra el capital y el monopolio extranjeros y encierra para los federales una doble cuestión: de nacionalidad y de socialismo” (Palabras de Laurent de l´Ardeche, diputado socialista francés, el 8-01-1850 en le parlamento francés. Publicado en “La Republique” de París el 9-1-1850 y en “La gaceta Mercantil” del 20-4-1850)

    “El objeto es tributar a Ud. Mis mas sinceros agradecimientos al ver la constancia con que se empeña en honrar la memoria de este viejo amigo; como lo acaba de verificar en su importante mensaje del 27 de Diciembre pasado, y que como argentino me llena de verdadero orgullo, al ver la prosperidad, paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina. Que goce Ud. De salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. este apasionado amigo y compatriota. QBSM (José de San Martín, B. Sur Mer, 6 de mayo de 1850)

    NO LES DIO A LOS INGLESES. El gusto de imponer sus reglas ni su librecomercio, para transformarnos en una colonia del imperio. Y NO LE DIO EL GUSTO A LOS FRANCESES, de venir a buscar glorias perdidas en otros lugares.

    La Ley de aduanas de 1835 impidió en “librecomercio” abierto y sin restricciones, e incentivó la incipiente industria en el interior, lo que fue agradecido en resoluciones de varias legislaturas provinciales. Respetó los derechos de los ingleses por el tratado de 1825, pero no les dejo las puertas abiertas a la libre navegación de los ríos, como si el Paraná fuera el Támesis. Y juntos y por separado, les hizo refregar el hocico en el polvo de la derrota, y desagraviar el pabellón nacional con 21 salvas de cañón.(Ver Vuelta de Obligado)

    “En un tiempo que estamos tan pobres de gloria y desde tanto tiempo. ¿el gobierno francés no debe aprovechar la ocasión de adquirir un poco de gloria?» (Diputado Delisle en la Asamblea Nacional de Francia. 30-4-1850) (J.M.R. La Caída. T.1-225)

    “Debemos aceptar la paz que quiere Rosas, porque seguir la guerra nos resulta un mal negocio” (Dicho por Palmerston en el Parlamento Ingles al pedir la aprobación del tratado Southern-Arana)

    “Rosas no ataca, pero sabe defenderse, y su política se halla encarnada en frases vulgares pero sentenciosas que acostumbra a repetir: «Quien me la hace, me la paga. Quien me busca me encuentra. Y al son que me tocan, bailo.” (De Angelis.Dic 1850) JMR t.1.230)

    Mis queridos padres:
    Francia e Inglaterra siempre conspiraron contra nuestro comercio y nuestro adelanto y sino a los hechos: En 1845 llegó a Buenos la abrumadora intervención Anglofrancesa; se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la Historia Argentina, sino glorioso porque en él se luchó por la por la eterna argentinización del Río de La Plata por el cual luchaban Francia e Inglaterra por la política brasilera encarnada en el diplomático Vizconde de Abrantes.

    Rosas con ser tirano, fue el más grande argentino de esos años y el mejor diplomático de su época, ¿no demostró serlo cuando en medio de la guerra recibió a Mr. Hood y haciendo amueblar lujosamente su casa dijo: Ofrézcansela al Mister, seguro de las ventajas que obtendría?

    Nos demostró ser argentino y tener un carácter de hierro cuando después de haber fracasado diez plenipotenciarios ingleses consiguió más por su ingenio que por la fuerza de la República que en esa época constaba sólo con 800.000 habitantes; todo cuanto quiso y pensó de la Gran Bretaña y Francia; porque fue gobernante experto y él siempre sintió gran odio por Inglaterra porque ésta siempre conspiró contra nuestro Gran Río, ese grato recuerdo tenemos de Rosas que fue el único gobernante desde 1810 hasta 1915 que no cedió ante nadie ni a la Gran Bretaña y Francia juntas y como les contestó no admitía nada hasta que saludasen al pabellón argentino con 21 cañonazos porque lo había ofendido; al día siguiente, sin que nadie le requiriera a la Gran Bretaña, entraba a los Pozos la corbeta de Harpy y, enarbolando el pabellón argentino al tope de proa, hizo el saludo de 21 cañonazos. Rosas ante todo fue patriota». ( Perón escribía desde el Arsenal Esteban de Luca, lugar de su destino desde 1917)

    “Buenos Sentimientos le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer, servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle”. (Justo José De Urquiza. Carta a Rosas del 24 de agosto de 1858. Extraída del libro de Mario César Gras “ Rosas y Urquiza. Sus relaciones después de Caseros “. Edic. Del Autor. Bs. As. 1948.

    “Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el modo en que lo hice, a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder.” (Fragmento de carta de Urquiza a un tucumano de 18 años después de caseros, de fecha 3 de marzo de 1870 y publicada a fs, 326. tomo3 de la Historia de los Gob. De las Provincias Argentinas de A. Zinny, ed. 192º – cita de Raúl Rivanera Carlés, Rosas Pág. 13)

    «Rosas defendió con ahínco la independencia de la República Argentina, resistiendo a la intervención extranjera y la independencia de la provincia de Buenos Aires dentro de la Confederación de provincias argentinas, dijimos todo lo que puede decirse sobre sus principios. Todo lo demás era cuestión de oportunidad y acomodación de desarrollo y de presiones ejercidas primero y en un punto y luego en otro. Esto acaso explique los repetidos fracasos de sus enemigos, ya que ellos siempre tendieron a juzgarlo por sus declaraciones mas extremas y sus peores actos, lo cual les impidió apreciar sus condiciones para las negociaciones sagaces y solapadas». (H.S Ferns. Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.p.222)

    Dice el Libertador …”que los argentinos no son empanadas que se comen con solo abrir la boca”, legando luego a Rosas en testamento su sable libertador de medio continente …” El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. San Martín 3er. Artículo del testamento. “Correspondencia entre San Martín y Rosas” de Font Ezcurra. Edit. Plus Ultra. Bs. As. 1965. Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, N°46. Enero Marzo 1997. “…COMO ARGENTINO ME LLENA DE UN VERDADERO ORGULLO AL VER LA PROSPERIDAD, LA PAZ INTERIOR, EL ORDEN Y EL HONOR, restablecidos en nuestra querida Patria y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán encontrado; deseo que al terminar su vida pública se vea colmado del justo reconocimiento del pueblo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. éste su apasionado amigo y compatriota”. “Q.B.S.M.” (Que besa sus manos) Firmado San Martín. (Carta de José de San Martín a Juan Manuel de Rosas desde Boulogne Sur Mer del 6 de mayo de 1850. Extraída del libro de Font Ezcurra “Correspondencia entre San Martín y Rosas”. Edit. Plus Ultra. Bs. As. 1965. Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 46)

    ROSAS NO LE DIO EL GUSTO A LOS ILUMIDADOS unitarios y doctores que querían dictar una constitución, un “cuadernito”, aun en la anarquía como la de 1826 de Rivadavia, unitaria y centralista, que fue rechazada de plano por el interior. Firmó en cambio el Pacto Federal de 1831, que fue la primera “constitución”. Se negó tozudamente a promulgar el “cuadernito” que pretendían los unitarios.

    Tanto en su época como posteriormente y por distintos historiadores, a Rosas se le recriminó “no haber querido constituir el país” y haberse negado a dictar una constitución. Rosas si embargo pensaba que debía organizarse bajo el “Pacto Federal” y recién cuando el país este libre de conflictos internos y dictadas las leyes provinciales, recién entonces dictar la Constitución Nacional. Sin esas condiciones previas, de nada serviría dictar “un cuadernito”. Para muchos eso solo era “una excusa del dictador”.

    En febrero de 1873, Vicente G. Quesada y su hijo Ernesto visitan a Rosas en su destierro inglés. En la ocasión, esto es, veintiún años después de la batalla de Caseros, Rosas pasa revista a su gestión de gobierno y reitera su concepción del gobierno autocrático, de fuerza y paternal.

    “Señor –le dijo de repente mi padre-, celebro muy especial esta visita y no desearía retirarme sin pedirle que satisfaga una natural curiosidad respecto de algo que nunca pude explicarme con acierto. Mi pregunta es esta; desde que usted, en su largo gobierno dominó al país por completo, ¿Por qué no lo constituyó usted cuando eso le hubiera sido tan fácil, y sea dentro o afuera del territorio, habría podido entonces contemplar satisfecho su obra con el aplauso de amigos y enemigos?

    -Ah!- replicó Rosas, poniéndose súbitamente grave y dejando de sonreír- lo he explicado ya en mi carta a Quiroga. Esa fue mi ambición, pero gasté mi vida y mi energía sin poderla realizar. Subí al gobierno encontrándose el país anarquizado, dividido en cacicazgos hoscos y hostiles entre si, desmembrado ya en parte y en otras en vías de desmembrarse, sin política estable en lo internacional, sin organización interna nacional, sin tesoro ni finanzas organizadas, sin hábitos de gobierno, convertido en un verdadero caos, con la subversión mas completa en ideas y propósitos, odiándose furiosamente los partidos políticos; un infierno en miniatura. La provincia de Buenos Aires tenia, con todo, un sedimento serio de personal de gobierno y de hábitos ordenados, me propuse reorganizar la administración, consolidar la situación económica, y poco a poco, ver que las demás provincias hicieran lo mismo. Si el partido unitario me hubiera dejado respirar, no dudo de que, en poco tiempo, hubiera llevado el país hasta su completa normalización; pero no fue ello posible, porque la conspiración era permanente y en los países limítrofes los emigrados organizaban constantemente invasiones. Fue así como todo mi gobierno se pasó en defenderme de esas conspiraciones, de esas invasiones y de las intervenciones navales extranjeras; eso insumido los recursos y me impidió reducir los caudillos del interior a un papel más normal y tranquilo. Además, los hábitos de anarquía, desarrollados en veinte años de verdadero desquicio gubernamental, no podían modificarse en un día. Todas las constituciones que se habían dictado eran de carácter unitario. Pero el reproche de no haber dado al país una constitución, me pareció siempre fútil porque no basta dictar “un cuadernito”, como decía Quiroga, para que se aplique y resuelva todas las dificultades; es preciso antes preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y de gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso sino el reflejo exacto de la situación del país. Nunca pude comprender ese fetichismo por el texto escrito de una constitución, que no se requiere buscar en la vida práctica sino en el gabinete de los doctrinarios; si tal constitución no responde a la vida real de un pueblo, será siempre inútil lo que sancione cualquier asamblea o decrete cualquier gobierno. El grito de “constitución”, prescindiendo del estado del país, es una palabra hueca”. (J.M. Rosas)

    NO DESCONFIÓ LO SUFICIENTE DE URQUIZA

    A pesar de ser Rosas un gaucho desconfiado, y de conocerle varias agachadas anteriores, era lo suficientemente “derecho” (Rosas, me refiero) como para que no le pudiera entrar que Urquiza, un general de la Cnfederacion, un federal, y en definitiva un hombre, fuera capaz de vender su patria, su gloria, su reputación y su historia, por unos patacones. Ese error le costó (y nos costó) caro.

    El imperio de Brasil que se caía en pedazos por sus propias luchas internas (abolición de la esclavitud, la revuelta de los «farraphos» en el estado de Río Grande, entre otras), comprometido en una declaración de guerra con la Confederación y en una guerra perdida antes de iniciarse, como último recurso para dar vuelta su comprometida situación, le hace llegar a Urquiza una propuesta de alianza o al menos que se mantenga al margen de la lucha. Urquiza “ofendido en su honor” le contesta por escrito al Imperio, haciendo además publicar su nota en el periódico El Federal Entre-Riano” :

    “Yo, gobernador y capitán general de la provincia de Entre Ríos, parte integrante de la Confederación Argentina y general en jefe de su ejército de Operaciones que viese a ésta o a su aliada la República Oriental en una guerra en que por este medio se ventilasen cuestiones de vida o muerte vitales a su existencia y soberanía…..¿ como cree, pues el Brasil, como lo ha imaginado por un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus mas sagradas prerrogativas sin traicionar a mi patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen, sin borrar con esa ignominiosa mancha todos mis antecedentes ?……Debe el Brasil estar cierto que el general Urquiza con 14 o 16 entrerrianos y correntinos que tiene a sus órdenes sabrá, en el caso que ha indicado, lidiar en los campos de batalla por los derechos de la patria y sacrificar, si necesario fuera, su persona, sus intereses y cuanto posee”

    …y no contento con la sola respuesta, en el mismo periódico «El Federal Entre-Riano” hace publicar el editorial:

    ”Sepa el mundo todo, que cuando un poder extraño nos provoque, ésa serla la circunstancia indefectible en que se verá al inmortal general Urquiza al lado de su honorable compañero el gran Rosas, ser el primero que con su noble espada vengue a la América” (Grande, don Justo)

    Acto seguido, y patacones de por medio, asume su rol de traidor (que siempre fue) y se pasa al enemigo con todo el ejército de la Confederación, dándole así una victoria al Brasil, que sin imaginarlo, tenia la revancha de Ituzaingo, ganando la por medio de la “diplomacia” y las armas argentinas una guerra ya perdida.

    Fue tan alevosa al traición, que ni los brasileros lo podían creer, y Pontes (diplomático brasilero) preguntaba: “¿ Pero obrará Urquiza de buena fe”? …no será una comedia entre él y Rosas? …!!! El general de los ejércitos de la Confederación …!!! (…no lo podía creer…)

    Cabe aclarar que los brasileros no declaraban la guerra porque “no se le animaban”, y era evidente que Rosas “se las tenia ganada sin pelear”.

    Rosas estaba por retirarse del gobierno, y lo había pedido varias veces, pero ante la inminencia de la contienda, a Rosas la Legislatura (y mucha gente) que lo consideraban el único capaz de semejante cosa, aceptó la responsabilidad. La defección de Urquiza (comprada por varios millones de patacones), Jefe de la Vanguardia del ejercito de la Confederación, (que Rosas equipo hasta ultimo momento) decidió a los macacos a mezclarse en el furgón de cola del Ejercito Grande, (con boletinero disfrazado de Francés y todo), y tomarse la revancha de Ituzaingo.

    Ese error fatal, (el no desconfiar lo suficiente de Urquiza) llevó a Rosas a la derrota, y a expresar en su renuncia, a modo de disculpa, “si mas no hemos hecho, es que no hemos podido”

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.

  44. LA LEY DE ADUANAS

    En 1835 Rosas dicta la Ley de Aduanas proteccionista (contraria al tratado aperturista de 1825) que varias legislaturas provinciales le agradecieron. Se impusieron aranceles diferenciales según los productos se produjeran acá o no, artículos de lujo o no. Esto dio impulso a las industrias del interior, a los vinos, los textiles y hasta los astilleros de corrientes, y las telas inglesas le costaba competir con los ponchos nativos. Hasta se llegó a exportar cuero curtido de cabra que la legislatura francesa prohibió porque eran de mejor calidad que las suyas. (justamente los franceses, que están en el club que nos quieren convencer del librecomercio).

    El dictado de Ley de aduana de 1835 y la expropiación del Banco dominado por los ingleses (1836) desencadenan las agresiones anglo-francesas por el librecomercio y la libre navegación de los ríos para vender sus mercaderías en el interior, que Rosas resistió eficientemente, venciendo a las dos mayores potencias de la época, que hasta debieron desagraviar el pabellón nacional con la salva de 21 cañonazos. Claro que Rosas tenía un arma mortal contra los ingleses: los atacó en su “víscera más sensible”, el bolsillo, negándose a pagarle a los bonoleros ingleses mientras no se levantara el bloqueo del Río de La Plata. El bloqueo mismo funcionó como una aduana, impidiendo el ingreso de mercaderías y favoreciendo la industria local, que tomó impulso.

    Según el viejo lord economista John Maynard Keynes, hablando en valores de su época no comparables con los actuales,»…cuando una persona le debe mil libras esterlinas a un banco y no le puede pagar, está en problemas…pero cuando debe un millón y no paga, el que está en problemas es el banquero».

    “Bajo la dictadura de Rosas se produjo cierto movimiento de progreso sobre el cual las generaciones posteriores pudieron construir. En la extensa provincia de Buenos Aires se mantuvo la paz durante un largo período de tiempo. La frontera se desplazó hacia el sur y hacia el este, se eliminaron las perturbaciones sociales se conservó la independencia nacional. Había seguridad de la propiedad para todos aquellos que obedecieran a las autoridades públicas. Se respetaron cuidadosamente los derechos de los extranjeros conseguidos por tratados. El desarrollo comercial de la cría del ganado ovino agregó variedad y fuerza a a economía. Fue posible la acumulación de riquezas en manos privadas, tanto nacionales como extranjeras” (H.S.Ferns. Escritor canadiense radicado en Inglaterra. Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.p.221)

    El régimen del general Rosas no se presentó de pronto al mundo para que se lo admirara o se lo vilipendiara, según el gusto o los intereses, ni asumió repentinamente un carácter definitivo, que lo distinguiera de sus predecesores y de sus sucesores. Surgió lentamente y su carácter se fue formando en gran medida respondiendo a las circunstancias y por designio del personaje que le dio nombre. Como fue durante muchos años la figura central de una controversia política, hasta el punto que terminó por convertirse casi en una figura simbólica. Rosas parecía asumir un carácter moral único. Para el estudioso de las actividades ordinarias de su gobierno, realizadas mes a mes y año a año, su política no presenta contraste de blanco o negro. Cuando dijimos que el general Rosas defendió con ahínco la independencia de la República Argentina, resistiendo a la intervención extranjera y la independencia de la provincia de Buenos Aires dentro de la Confederación de provincias argentinas, dijimos todo lo que puede decirse sobre sus principios. Todo lo demás era cuestión de oportunidad y acomodación de desarrollo y de presiones ejercidas primero y en un punto y luego en otro. Esto acaso explique los repetidos fracasos de sus enemigos, ya que ellos siempre tendieron a juzgarlo por sus declaraciones mas extremas y sus peores actos, lo cual les impidió apreciar sus condiciones para las negociaciones sagaces y solapadas. (Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.p.222) H.S.Ferns. (Investigador canadiense, residente en Gran Bretaña desde 1949. Decano y docente de la la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Birmingham)

    Desplazado Rosas en 1953, los liberales no solamente declararon la libre navegación de los ríos interiores que tanta sangre y sacrificio costó defender, sino que derogaron la ley de aduanas de Rosas y se favoreció la entrada no solo de manufacturas, sino hasta la importación de maestros norteamericanos (Sarmiento) y hasta inmigrantes del norte, esa raza superior de ojos azules.

    Los gobiernos posteriores a Caseros (Sarmiento y Mitre, entre otros) no solamente permitieron el ingreso de mercaderías extranjeras, sino que hasta perjudicaron y despreciaron las nacionales, y en la legislatura porteña llegó a escucharse el argumento que «…si no se sacan los aranceles a las telas inglesas, Buenos Aires se vería invadido de ponchos cordobeses” ( como si eso fuera una calamidad). El mismo Sarmiento hablaba de la barbarie del interior, “…. donde no se encuentran levitas o sillas de montar inglesas”.

    Pero para convertirnos en colonia, no solo basta la fuerza. En 1809 Castlereagh decía que “la fuerza no construye nada durable”. Ni siquiera la corrupción nos impone ser una colonia, y nuestra colonización depende más de nuestra voluntad y nuestra propia cultura colonizada por los libros de Adam Smith con sus «beneficios de la libertad». Algunos nativos hasta exceden las pretensiones inglesas, como Alvear en 1815 que le ofrece el coloniaje ingles a Strangford y Castlereagh, o Florencio Varela en 1844 con Aberdeen. Los ingleses, que no son tontos, prefirieron el coloniaje económico en vez de mezclarse en los problemas políticos de este país de gauchos rebeldes.

    En épocas mas recientes también hubieron partidarios de ser ( o seguir siendo) colonia. «Densos nubarrones se levantan que presagian tormentas proteccionistas en las colonias inglesas, y la tendencia imperialista que va mordiendo fuerte el espíritu británico, no es por cierto una garantía para el porvenir de nuestro comercio internacional. Mucho hablamos de abrir nuevos mercados, sin notar acaso que más valdría asegurar los que ya tenemos, como el de Inglaterra, para quien deberíamos tratar de convertirnos mercantilmente en su mejor colonia, a fin de hacerle imposible dar preferencia a nuestros competidores de Canadá y de Australia.» (Discurso pronunciado por el Dr. Ezequiel Ramos Mejía, presidente de la Sociedad Rural Argentina en la inauguración de la exposición rural de1902. En «Historia Gráfica de la Argentina Contemporánea», Tomo 3, Buenos Aires, Hyspamérica, 1985.)

    Buenos Aires siempre usó la aduana como fuente de recursos, no solo para propio beneficio, sino para imponer su voluntad sobre las provincias, a las que despectivamente se las llamaba “los trece ranchos”. (en total eran 14) Así se vio el interior sumergido en la miseria y destruidas sus industrias (ponchos, azúcar, vinos, barcos, carretas, etc.) y mientras buen poncho cordobés o catamarqueño costaba en la confederación 7 $, entraban ponchos por 3 $ maquinados en Inglaterra. Así fue como, destruidas las industrias locales, los gauchos argentinos se vestían con telas inglesas y tomaban vino francés. (en vez de los buenos vinos mendocinos). Eran los “beneficios” del “librecomercio”.

    Salvo algunos períodos, esto se mantuvo durante gran parte de la historia posterior a 1810. En 1835 Rosas impone una ley con protecciones aduaneras, (que las legislaturas de varias provincias le agradecieron), posibilitando el resurgimiento de las maltratadas industrias provincianas y porteñas. También se vieron favorecidas por la imposición de los bloqueos anglo-franceses, que de hecho impedían la entrada de mercadería de Europa, (salvo el contrabando ejercido entre otros por Urquiza) a tal punto que los bloqueos debieron levantarse, entre otras causas, por la presión ejercida en Londres por los propios comerciantes ingleses de Bs.As. y Montevideo que veían perjudicados sus intereses, y hasta por los propios “bonoleros” que querían cobrar su deuda. Esto fue hábilmente usado por la genial “picardía” e inteligencia de Rosas, mediante el representante de la Confederación en Londres (Manuel Moreno) y por las promesas del propio Restaurador a los “bonoleros” en Palermo, de reanudar los pagos del servicio de la deuda, “siempre y cuando” se lo permitiera la situación económica “perjudicada por el bloqueo”.

    Después de Caseros, y separada Bs.As de la confederación, la primera toma nuevamente el control del puerto y su inagotable fuente de recursos, en perjuicio de la Confederación, que en 1856 no tiene un peso ni para pagarle el pasaje a Guido en misión diplomática a Paraguay, debiendo demorar la partida por seis meses, hasta que el emisario brasilero Abaeté le hiciera llegar unos patacones a Urquiza en Paraná.

    Cuando Guido acepta la misión, el vice S.M del Carril le informa a Urquiza (que estaba de “veraneo” en el palacio San José): “Remito a V.E. la cartita que me ha mandado Guido aceptando la misión. Ahora es otro cantar. No tenemos de donde sacar cuatro mil pesos para despacharlo en el primer vapor. Vea V.E. de donde han de salir porque humanamente no veo como volver los ojos para encontrarlos. Las aduanas del Rosario y Corrientes están sobrecargadas, agotadas. En esta provincia de Entre Ríos no hay con que contar, no hay con que pagar un sueldo” (Scrobie – Citado por JMR. T. VI. p.222,)

    Con el respaldo de la aduana, Bs.As. imprimía moneda a mansalva, invertidos en gastos militares, edificio de aduana, alumbrado de gas y cañerías de agua mientras la confederación no podía pagar ni los sueldos que tenían muchos meses de atraso. “El día que no tenga yo que comer, que será muy pronto, me parece que me he de ahorcar” se quejaba del Carril a Urquiza.

    Lavaysse escribía “Ellos (Bs.As.) han gastado muchos millones de su papel moneda para hacernos la guerra y aniquilarnos. Nosotros también podemos tener planchas de acero. ¿ Que nos privaría hacer eso” (Luis Tabota, t.III.p 109).

    Lo que los “privaría de eso” era el simple hecho de que no contaban con el respaldo de ninguna aduana suficiente, mientras la aduana de Bs.As. drenaba oro con aranceles sobre las mercadería ingresadas y consumidas por los pueblos, incluidos los del interior.

    El gobierno de Paraná, iluso, imprime papel moneda, pero sin respaldo aduanero no puede imponerlo ni dándole “curso forzoso”, y termina por desaparecer, debiendo recurrir a créditos usureros y dadivas externas a costa de concesiones políticas.

    En 1854 los delegados de Córdoba y Santiago de Estero (Lucero y Rueda) proponen al congreso de la Confederación prohibir la entrada de toda mercadería de ultramar que no viniese directamente, y el 19 de Julio de 56, se aprueban los “derechos diferenciales” de aranceles aduaneros. Disponía que las mercaderías que precedieran con paso previa por de Bs.As pagarían un 30 % más que las que lo hicieran directamente de ultramar.

    Los comerciantes porteños y montevideanos (casi todos ingleses), viendo perjudicado sus bolsillos, pusieron el grito en el cielo. Pereyra (presidente oriental) habló sobre la “ medida tan falta de equidad y poco conciliable con los principios de sincera amistad y recíproca benevolencia”, como si el comercio (sobre todo el inglés) fuese una cuestión de “amistad y benevolencia”.

    Tomó parte también (como siempre) el representante ingles (Mr. Christie) que le escribe a Clarendon en Londres: “En esa ciudad (por Rosario) no hay siquiera media docena de comerciantes británicos”….!!!

    ¿Pero que se creían esos “brutos gauchos sudamericanos” para dictar reglamentaciones aduaneras sin consultar a los ingleses ni tener en cuenta si había o no suficientes comerciantes ingles a quien favorecer? e informa (en 1857) que “Me parece justo declarar que las recientes entradas mensuales de la aduana de Rosario muestran un considerable aumento…Me sorprendió mucho el grande y rápido desarrollo de ese lugar comprado con lo que había visto en junio de 1856. No cabe duda que adelanta rápidamente bajo es sistema de derechos diferenciales…Han llegado muchos navíos de diferentes países, y aunque muchos patrones de barcos se quejan de lo prolongada y riesgosa que es la navegación por el río, me inclino a creer que el comercio se adaptará con su acostumbrada elasticidad a la nueva ley”.

    Por su parte el representante norteamericano informa que “Rosario es el centro de las operaciones mercantiles de la Confederación…”

    Poco le habría de durar este “veranito” a la Confederación, estando en lugar de Rosas este “pronunciado” manteniendo un equilibrio inestable entre las conspiraciones y presiones porteñas, brasileras e inglesas. Porque una cosa era la fuerte Confederación de Rosas y otra muy distinta esta Confederación semicolonial. Una cosa era hacerse reconocer formalmente “independiente”, y otra muy distinta meterle la mano en el bolsillo nada menos que a los ingleses. Ya se la arreglarían los ingleses para que los “gauchos” se dejaran de “macanas” con ideas retrógradas, leyes de protección a la industria local y aranceles diferenciales:

    “la protección es un terreno falso” (Mitre)

    “El talento, las aptitudes, la perfección, la baratura, en fin, la paz, el orden, las franquicias comerciales son la mejor protección” (Montes de Oca)

    “Llegaremos a exportar manufacturas dentro de mil años” (Billingurst)

    “Es imposible proteger a los industriales, que son los pocos, sin dañar a los ganaderos, que son los más” (Velez Sarfield) “Córdoba inunda de tejidos a Buenos Aires”.

    Claro, era mejor inundar el interior con tejidos ingleses, que al menos venían de “un país más culto”. Algunas voces se alzaron (sin éxito) contra del librecambismo. “Una sola factura de ropa hecha en Bs.As da que ganar a 2.000 costureras….Deben ampararse los derechos existente porque de otro modo se arruinarían los artesanos y no vendrán otros” (Debate de la aduana de 1853. Defensa y pérdida de nuestra independencia económica. JMR) Pero que importaban 2.000 costureras mas o menos a los “decentes” comerciantes de Bs.As.?

    Fuente:
    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades

  45. ROSAS Y LA LIBRE NAVEGACION DE LOS RÍOS INTERIORES

    Los ríos salvados (1)

    Por la convención de 24 de noviembre de 1849, el gobierno de Rozas consiguió hacer prevalecer solemnemente ante las grandes potencias europeas los derechos y principios que venía sosteniendo desde el año 1845.

    Gran Bretaña, al reconocer expresa y solemnemente esos derechos y esos principios, suscribiendo después de una guerra desastrosa las condiciones que le impuso una débil república resuelta a defenderse hasta el último trance, cerró virtualmente la época de las colonizaciones y de las agresiones semibárbaras de las grandes potencias en el Río de la Plata; e inició, honrosamente para sus tradiciones liberales, la época fecunda de la labor progresista y trascendental, que ella sabe estimular donde quiera que extiende sus incontrastables corrientes comerciales y civilizadoras.

    La convención Southem Arana fue, pues, un espléndido triunfo diplomático para el gobierno argentino, y una conquista trascendental para el derecho de los paises sudamericanos. A la firmeza inconmovible con que Rozas mantuvo los derechos de su patria le debe, pues, la República Argentina el poder llamar suyos hoy los espléndidos ríos que bañan sus litorales y cuya navegación deberá someter a la legislación restrictiva por lo que respecta a las banderas extranjeras ya que por licencia de liberalismo, los gobiernos que se han sucedido al de Rozas han casi desalojado de esos ríos la bandera argentina, concediéndoles a aquellas franquicias singulares, tan singulares que únicamente en la Argentina prevalecen.

    Adolfo Saldías (1892)

    (1) Adolfo Saldias (1849 1914): Porteño. De familia unitaria, fue primeramente masón y anticlerical, y en 1891, radical. Precurlor de la nueva escuela histórica. En 1881 apareció el primer volumen de su Historia de Rozas, de la cual publicó el segundo en 1884. En 1890 estuvo con Alen en la revolución del Parque. La segunda edición de su obra apareció en 1892 con el título de Historia de la Confederación; y ese mismo año estuvo preso a bordo del pontón «» Argentina», y fue desterrado a Montevideo. Otras obras: Papeles de Rozas, 1904; La Evolución Republicana durante la Revolución Argentina, 1906 y Un siglo de instituciones, 19 10. Fue radical bernardista. Se había graduado en Leyes en 1873, con una tesis sobre el Matrimonio.

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y verdades.

  46. BANCO PROVINCIA DE BUENOS AIRES

    La fundación del Banco Provincia

    Rosas se recibió del mando el día 13 de abril de 1835, y su obra es beneficiosa a pesar de las luchas que sostiene con los enemigos de la causa. Nombró colaboradores de su gobierno a personas de reconocida capacidad: Felipe Arana, en el Departamento de Gobierno y Relaciones Exteriores; don José María Roxas y Patrón, en el de Hacienda y al general Pinedo, en el de Guerra y Marina.

    Entre los importantes decretos merece especial mención el que funda, sobre el extinguido Banco Nacional, la Casa de Moneda de Buenos Aires. «En atención a que la carta del Banco Nacional ha terminado: Que la moneda corriente está exclusivamente garantida por el gobierno, quien es deudor de ella al público: que el Banco sólo ha prestado al tesoro del Estado la estampa de sus billetes, y que el gobierno es accionista del establecimiento por casi tres quintas partes de su capital, el decreto a que me refiero declara disuelto el Banco Nacional y nombra una junta para la administración del papel moneda, la cual junta, asociada a seis directores del extinguido Banco, debe proceder, además, a la liquidación de este con la debida prudencia y sin violentar la operación».

    En los subsiguientes artículos de tal decreto, que es más bien una carta orgánica del nuevo establecimiento, se confiere a éste el privilegio fiscal para el cobro de los créditos a su favor, y se indica las operaciones que efectuará bajo la dirección de la junta nombrada por el gobierno y compuesta de don Bernabé Escalada como presidente, y de don Joaquín de Rezábal, Juan Alsina, Manuel Blanco González, Miguel de Riglos, David Weiler y Laureano Rufino, personas todas ventajosamente conocidas.

    Así nació el Banco de la Provincia de Buenos Aires, este coloso que ha llamado después la atención de los gobiernos; que ha contribuido con sus fuerzas a consolidar las instituciones libres de la República, vinculándose estrechamente a la grande obra de la nacionalidad argentina, como asimismo al desenvolvimiento del progreso y adelanto material del país.

    Conviene recordar que no pocos son los que han atribuido al doctor Dalmacio Vélez Sársfield, la fundación de este Banco; solamente complementó la carta orgánica del Banco y Casa de Moneda que existía desde 1836. Sobre este punto, don Juan Manuel de Rosas, escribió desde Southampton en 1872:

    «En el despacho del señor Presidente de la Casa de Moneda se ha colocado un gran retrato del doctor Vélez Sársfield, al pie del cual dice: “Fundador del Banco de la Provincia». «El verdadero fundador (agrega) fue el gobierno de Buenos Aires, presidido por el General Rosas, siendo Ministro de Hacienda el ilustrado y sabio estadista señor José Marta Roxas quién, como tal ministro redactó el decreto que firmó en seguida el general Rosas».

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
    – Chavez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel
    – Corvalán Mendilaharsu, Dardo.(*) Rosas

    (*) Dardo Corvalán Mendilaharsu (1888 1959). Entrerriano. Escritor, diplomático e historiador, hijo de un jordanista, Vicente Corvalán. Militó en la UCR lencinista de Mendoza. Uno de los maestros de la nueva escuela histórica, a partir de 1910: De la época de Rosas, 1913; El Chacho, 1914 , Sombra histórica, 1923, y Rosas, 1929. Ministro de Hacienda de José Néstor Lencinas en 1918, y amigo de Hipólito Yrigoyen.

  47. ROSAS y LA DEUDA EXTERNA

    Según el viejo lord economista John Maynard Keynes, hablando en valores de su época no comparables con los actuales,»…cuando una persona le debe mil libras esterlinas a un banco y no le puede pagar, está en problemas…pero cuando debe un millón y no paga, el que está en problemas es el banquero».

    La política del «no pago»

    Autócrata , Rosas se ganó el odio de sus muchos de sus contemporáneos y el desprestigio de la historia oficial; sin embargo, en el manejo de la deuda Rosas mostró su eficacia. Se negó a pagar a costa del hambre de los argentinos. No atacó a los tenedores de bonos (o “bonoleros”, como se los llamaba entonces); los usó para presionar a Inglaterra y crear contradicciones en el imperio.

    Juan Manuel de Rosas (encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina) dijo en su discurso al inaugurar las sesiones de la Legislatura en 1835:

    “ El gobierno nunca olvida el pago de la deuda extranjera, pero es manifiesto que al presente nada se puede hacer por ella, y espera el tiempo del arreglo de la deuda interior del país para hacerle seguir la misma suerte [a la deuda extranjera], bien entendido que cualquier medida que se tome tendrá por base el honor, la buena fe y la verdad de las cosas”.

    En el fondo, el caudillo estaba diciendo: “El país sólo pagará lo que pueda.” …“No pagaremos a costa del hambre de los argentinos.”

    Rosas – “un hombre de extraordinario carácter”, según escribió Charles Darwin en su diario – no usaba discursos inflamados ni bravatas, y en vez de agredir a los acreedores, intentaba calmarlos; pero no les pagaba.

    «Quien las hace las paga, y al son que me tocan bailo», decía, y durante años, cantó la misma canción: “Queremos pagar, pero no podemos”.

    Aquella deuda tenía su origen en una decisión de Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez. En 1824, la Provincia de Buenos Aires había emitido títulos, y contratado a la Baring Brothers para que los colocara en Londres. Merced a esa operación, Buenos Aires había recibido 560.000 libras (65.000 en efectivo y el resto en “papeles”) para construir obras sanitarias e instalaciones portuarias que no construyó, y se había endeudado por 1.000.000 de libras, dando en garantía las tierras, los bienes y las rentas provinciales. (ver El Emprestito Baring)

    Rosas no declaró que la deuda fuera ilegítima. Le pareció suficiente no pagarla, dilatar el pago, y usar la deudo como arma a favor suyo.

    En 1838, Rosas había aumentado 25 % los derechos de importación, alegando que eso permitiría pagar la deuda. El aumento (aplicable sólo para productos que hubieran sido transbordados en Montevideo) perjudicaba a Francia, que centralizaba operaciones rioplatenses en ese puerto. Como represalia, la armada francesa invocando otras razones bloqueó Buenos Aires y todo el litoral argentino del Río de la Plata; Rosas entonces tenía otro motivo para el «no pago».

    Los tenedores de bonos (bondholders en Londres; “bonoleros” en Buenos Aires) debían saber que, si antes el gobierno no podía pagarles, ahora menos. Ellos tenían que entender además, que la culpa de tal imposibilidad «era de Francia», rival del Reino Unido.

    Manuel Moreno fue designado por segunda vez embajador en Londres; y allá fue con la orden que Rosas le dió el 21 de noviembre: hacer lo imposible por congraciarse con los “bonoleros”, decirles que los pagos se reanudaría apenas se levantara el bloqueo francés, y hasta sugerirles que la solución definitiva al problema de la deuda estaba en sus manos. Lo que debían hacer era explorar «si en el gobierno de Su Majestad habría disposición a una transacción pecuniaria para cancelar la deuda pendiente del empréstito con el reclamo respecto de la ocupación de las islas Malvinas».

    La propuesta era sencilla: la Corona le pagaba a los “bonoleros” y la Argentina renunciaba a las Malvinas.

    Muchos creen que, con esa sugerencia, Rosas manchó el historial de reclamos argentinos, abierto cuando, en 1833, el Reino Unido ocupó las islas. El británico John Lynch, un estudioso de las relaciones anglo-argentinas, tiene otra interpretación: cree que la de Rosas fue una hábil maniobra dilatoria. El gobierno británico (razona Lynch) no tenía por qué asumir la deuda de la Confederación Argentina con sus acreedores privados. Además, la compensación ofrecida era inaceptable: según la Corona, las Malvinas le pertenecían. No sólo eso: las tenía en su poder, y la Confederación no tenía posibilidad alguna de quitárselas por la fuerza.

    En realidad fue una maniobra política de Rosas intentando que, si Inglaterra aceptaba la oferta de canje, quedase demostrado que Inglaterra reconocía los derechos argentinos sobre Malvinas. (Ver Rosas y Malvinas)

    El Foreign Office ni quiso oír la oferta de canje. En cambio, los “bonoleros” (agrupados en el Committee of Buenos Aires Bondholders) lograron que la cancillería británica intermediase en el conflicto franco-argentino.

    Algo tuvo que ver Lord Palmerston en el acuerdo que, en 1840, dejó libre el puerto de Buenos Aires, permitió la reanudación del comercio exterior, y creó las condiciones para que, con los derechos de aduana, Rosas cumpliera su promesa de reiniciar el pago de la deuda. Sin embargo, ahora había que reparar los daños causados por el bloqueo. Es lo que decía el gobierno a los “bonoleros”, que empezaron a mostrar su impaciencia.

    El «Committee» envió en 1842 a Frank de Pallacieu Falconnet a Buenos Aires. Debía obtener la reanudación de los pagos y, si chocaba con la negativa de Rosas, ejecutar la garantía.

    A su llegada, Falconnet fue recibido por el ministro de Hacienda, Manuel Insiarte. Fue entonces cuando las Malvinas aparecieron otra vez sobre la mesa. Insiarte argumentó ante su visitante: “La Confederación Buenos Aires no puede hacer pagos con destino a Inglaterra mientras no se la indemnice por el desapoderamiento de las islas”. Le sugirió entonces un esfuerzo común: el comité de tenedores de bonos debía avalar una gestión, que Moreno haría en Londres, para compensar créditos entre ambos países. Si el Reino Unido aceptaba, los “bonoleros” cobrarían 100% de sus créditos.

    Como era de esperar, el Foreign Office volvió a negarse.

    En 1844, Rosas – que ya presentía una intervención del Reino Unido en el Plata – trató de poner a los ahorristas británicos de su lado. Llegó, entonces, a un acuerdo con Falconnet: la Confederación volvería a pagar los intereses de la deuda, con una quita de 80 por ciento. No obstante el descuento, los ahorristas, temerosos a esa altura de no cobrar jamás, celebraron el acuerdo.

    Al año siguiente, el puerto de Buenos Aires volvió a quedar bloqueado, ahora por el Reino Unido y Francia. La deuda nada tenía que ver; Las potencias europeas querían abrir los ríos interiores, demoler las barreras aduaneras y entrar con sus productos a estos mercados.(Ver «La guera del Paraná» y la «Vueta de Obligado»)

    Rosas volvió a declarar el “no pago”, y les hizo saber a los tenedores de bonos que el acuerdo de 1844 recobraría vigencia, si el bloqueo se levantaba. En Londres, el Times, vocero de los pequeños ahorristas con bonos de Buenos Aires, se convirtió en crítico pertinaz del bloqueo.

    El Reino Unido lo levantó en 1849 y Francia en 1850. Rosas, entonces, volvió a pagar intereses (con la quita de 80 por ciento) y seguía haciéndolo en 1852, cuando se produjo su caída de Rosas en Caseros.

    Criado en una estancia bonaerense, Rosas parecía carecer de todo refinamiento. No obstante, sabía cuándo pialar y cuándo retener el lazo.

    Además, había aprendido, en la lucha contra el indio, que el enemigo nunca es uno solo. Que tiene muchas tribus, y que hay contradicciones aun en el interior de cada tribu. Se había ejercitado en el arte de fomentar las contradicciones ajenas. Había aprendido, también, que allí donde la sagacidad no da fruto, menos lo dan las bravatas.

    Con la administración del «no pago», una combinación de paciencia y astucia le permitió lograr, en la práctica, quitas y esperas que ningún gobierno habría soñado.

    Alberdi, que en principio fue uno de sus críticos, lo vio en el exilio y escribió en 1857: “Tiene la fácil y suelta expresión del hombre acostumbrado a ver desde lo alto del mundo. Y sin embargo no es fanfarrón, ni arrogante…habla con moderación de sus adversarios”.

  48. Los valores por los que bregó el Restaurador son los mismos que en los años sesenta inspiraban las canciones de Cecilio, aún a pesar de la amenaza relativista, tan ingenuamente confundida por causas de oscuro origen.

    Larga vida a Rosas.
    Que viva la patria, libre y soberana.

  49. GRANJA DE BURGESS STREET, SOUTHAMPTON

    Un rincón criollo.

    La granja estaba ubicada en la región de Swaytliling, a unos 10 kilómetros al norte de Southampton, sobre la carretera de Londres.

    Fue alquilada por Rosas, en 1853, a su dueño Willis Fleming, después de vivir los primeros tiempos de su exilio en el hotel Windsor y en una casa de Rockstone Place, de Southampton. La propiedad tenía unas 50 hectáreas.

    Cuando don Juan Manuel la arrendó el casco de la farm estaba abandonado y el ex dictador tuvo que techar la casa de nuevo. Construyó, además, tres ranchos alrededor, hasta darle el aspecto de una estancia argentina, ya que también levantó corrales, bebederos y galpones, y plantó robles y castaños.

    La granja de Swaythling tuvo vacas, caballos, gallinas y cerdos, así como también sembrados de hortalizas. Primeramente Rosas la sostuvo con el dinero proveniente de la venta de la estancia San Martín (del Pino), y luego con la ayuda de sus amigos.

    Hacia 1864 se vio en figurillas para pagar el arrendamiento. Tuvo que despedir a los peones que ocupaba y hacer él mismo los trabajos más rudos. Entre 1867 y 1869 llegó a dormir sólo tres o cuatro horas por día. En 1876 se vio obligado a vender las últimas vacas que le quedaban en la granja. El 10 de marzo de 1877, por salir demasiado tarde de la casa para lidiar con los animales, se vio afectado por la congestión pulmonar que lo llevó a la tumba en, la madrugada del 14 de marzo.

    Fuentes:

    – Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970).
    – Chavez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel
    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.

  50. LA INJUSTICA DEL EXILIO DE JUAN MANUEL DE ROSAS

    Inmadurez política

    «En muchas oportunidades, como en una carta a Clarín en 1966, afirmé que es una triste muestra de inmadurez política y espiritual el exilio póstumo de don Juan Manuel de Rosas. Un hombre que luchó por la soberanía nacional contra potentes enemigos de fuera, así como contra los argentinos que desde dentro los apoyaban; en una época en que no había organismos internacionales que permiten exponer y haga condenar las agresiones, cuando un pequeño país solo podía confiar en la decisión, el coraje y el honor de sus hombres.»

    «Sus adversarios mencionan una extensa lista de errores y de violencias, pero no mencionan los errores y violencias que ellos mismos cometieron. Sea corno fuere, una nación no se logra con la negación sistemática de los que contribuyeron a su fundamento, sino sobre el diálogo de buena fe, la crítica constructiva y el reconocimiento de los hechos, positivos del adversario, por encima de las diversas maneras de entender la complejísima realidad política y social. Y si no miremos cualquier país maduro, Francia, por ejemplo, donde las arduas querellas no han intentado borrar los nombres de los grandes conductores; donde hasta los más acérrimos enemigos de Napoleón caminan todos los días por la calle Bonaparte y por las avenidas que conmemoran sus batallas».

    «Aquí, en cambio, en esta ciudad de Buenos Aires, hay calles que celebran la memoria de modestos concejales, por el solo mérito, quizá, de haber promovido la lucha contra el tabaco, o exigido salivaderas en los lugares públicos; pero no hay una sola calle, y mucho menos una avenida, para hombres como Rosas o Quiroga».

    Ernesto Sábato. 1974

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.
    – Chávez, Fermín. La vuelta de Don Juan Manuel.

  51. LA GRANDEZA Y LA POBREZA DE ROSAS EN EL EXILIO

    La pobreza en el exilio

    Don Juan Manuel, ya octogenario y siempre pobre en su chacra de Burgess Farm, tan pobre, que se ve obligado a comerse sus últimas gallinas… Su situación es de extremo desabrimiento:

    «Sigo en tal malestar escribe a su yerno que ni yo mismo puedo sufrirme. Sería, así, por ello y por todo, una locura pensar ustedes en venir. Les suplico, pues, del modo más encarecido, que no lo hagan. Iré a verlos cuando regresen a Londres…”

    Y en otra carta:

    «Las gallinas se acabaron, las he comido… Aún he conservado tres lecheras. La mora, que decían no daba suficiente leche… Y la otra que parecía flaca y ahora está más gorda, nunca ha dado más leche… Es que a la mora la querían comprar»‘. Don Juan Manuel dueño en otros años de rodeos inmensos tiene ahora… tres vacas… y tendrá que venderlas también poco antes de su muerte.

    La grandeza de Rosas

    “Necesito y espero de su bondad me procure una colección de tratados argentinos, hecha en tiempos de Rosas, en que están los tratados federales, que los unitarios han suprimido después con aquella habilidad co que sabemos rehacer la historia”. (Carta de Sarmiento a Nicolás Avellaneda, fechada en Nueva York, 16 de diciembre de 1865)

    Por el bien de la Patria, Rosas no se negará ni ante sus más encarnizados enemigos, accediendo a entregar papeles y documentos, sin reproches ni resentimientos.

    Algo hay en aquel anciano tan cargado de culpas, algo que no ha zozobrado en la terrible adversidad y que no puede considerarse sin algún respeto: en 1871, todavía bajo la presidencia de Sarmiento, se agita la cuestión de límites con Chile, y don Mariano Balcarce, ministro en París, pide a Rosas copia de unos documentos que pueden hacerse valer en el pleito internacional.

    Transcribimos algunos párrafos del libro de doctor Antonio Dellepiane, en el que se publican documentos de gran interés. Dice así:

    «… Don Mariano Balcarce, ministro en París, habíale pedido copia de los documentos relativos al incidente de 1847, suscitado por la colonia chilena de Magallanes. Rosas contestóle prometiendo buscarlos entre sus papeles y remitírselos en cuanto le fuera posible pues carecía de copista y estaba obligado a vigilar personalmente el trabajo del Farm porque aún cuando sólo le da de ganancia el uso libre de los ranchos en que vive, dos caballos en que anda diariamente y campo en que distraerse, esos goces atenúan sus amarguras y son precisos a su salud. Al mes siguiente vuelve a escribirle para noticiarle que ha empezado a hacer sacar copias de algunos folletos, las que, junto con otros documentos, le serán entregados por el cura de Southampton. Pídele, a ese efecto envíe a dicho señor, que es pobre, el dinero necesario para el viaje y las copias… “

    “Iguales arrestos -sigue el doctor Dellepiane- manifiesta tres años después, saliendo al encuentro del diario La Tribuna que, en un artículo del 20 de agosto de 1875, había criticado el nombramiento del doctor Bernardo de Irigoyen y publicado trunco un decreto de la dictadura de 31 de octubre de 1840. El proscripto reproduce el decreto y muestra lo infundado de la censura, alegando que “…sí en la importantísima nota agosto 23, del señor ministro de Relaciones Exteriores, doctor Irigoyen, no hubiera relacionado también los reclamos y protestas del gobierno que presidió el general Rosas, habría cargado con una grave responsabilidad, pues que los gobiernos siempre son los mismos en su personalidad moral, sean quienes fueren las personas de que hayan sido compuestos. Y si no se rechazase con claridad y firmeza el título territorial alegado por parte de Chile, como proveniente del dominio español, solamente con los del mismo origen, se perjudicaría además, la razón y principios sostenidos por el gobierno argentino en la guerra contra el general Santa Cruz, en la cuestión con el Paraguay, en la presente con Chile, y que ha de servir de base, siempre, en cuantas cuestiones territoriales hayan de ventilarse con el Brasil, Bolivia y para la fijación de límites del Estado Oriental».

    Sus últimos días

    El anciano percibe un magro auxilio de sus amigos destinado casi todo él a pagar el arrendamiento de su fundo y tiene que vender, poco a poco, sus prendas y bienes muebles para seguir viviendo. Hasta poco antes de su muerte ha guardado dos vacas, muy mansas, que mugen siempre al verlo y le siguen por los prados del Farm. Pero un día de otoño de 1876, escribe a su hija:

    “Mi muy querida hija Manuelita: Triste siento decirte que las vacas ya no están en este Farm. Dios sabe lo que dispone; y el placer que sentía al verlas en el field, llamarme, ir a mi carruaje a recibir alguna ración cariñosa por mis manos, y el enviar a ustedes la manteca. Las he vendido por veintisiete libras y si más hubiera esperado, menos hubieran ofrecido…»

    Pasan pocos meses. El invierno es muy crudo. Manuela Rosas recibe en Londres un telegrama del doctor John Wiblin, médico de su padre desde años atrás, en que la llama con urgencia a Burgess Farm.

    Máximo Terrero se ha marchado poco tiempo antes a Buenos Aires. Acude Manuela al llamado presurosa, y dos días después, el 14 de marzo de 1877 a las seis de la mañana muere don Juan Manuel…

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.
    – Chavez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación – Buenos Aires (1970).
    – Chavez Fermín – La vuelta de Juan Manuel.
    – Busaniche, José Luis (*)

    (*) José Luis Busaniche (1892 1959) Santafesino. Doctor en Derecho, 1919. Profesor, crítico de arte, historiador. En 1936 publicó “El bloqueo francés de 1838 y la misión Cullen”, que obtuvo un premio de la Comisión Nacional de Cultura. Enseñó historia del Arte, de la Argentina y de América. En 1955 apareció su “Rosas visto por sus contemporáneos” y en 1959, “Estampas del pasado”. No alcanzó a ver impreso su “Bolívar visto por sus contemporáneos”. La cultura argentina le debe importantes compilaciones documentales y muy valiosas traducciones de viajeros europeos. Su “Historia Argentina” quedó sin terminar.

  52. ROSAS Y SAN MARTIN

    Antecedentes:

    Mientras San Martín permaneció en Mendoza, retirado en su chacra, Rivadavia y el gobierno de Buenos Aires lo hostilizó de todas formas. Primero le puso un mucamo como espía de sus movimientos y luego hasta le violaba su correspondencia privada. El propio San Martín se lo confiesa a O´Higgins en carta del 2º de octubre de 1827:

    “…Mi separación voluntaria del Perú parecía me ponía al cubierto de toda sospecha de ambicionar nada sobre las desunidas Provincias del Plata. Confinado en mi hacienda de Mendoza, y sin más relaciones que algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar la desconfiada administración de Buenos Aires; ella me cercó de espías; mi correspondencia era abierta con grosería…” (Altamira, Luis Roberto: “San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”. Impresiones Pellegrini 1950. Museo Histórico Nacional. Su Correspondencia)

    El 16 de agosto de 1828 el mismo O´Higgins lo confirmaba en carta a San Martin:

    “…ejerzan enhorabuena su rabia inquisitorial en nuestra comunicaciones privadas que ellos no encontrarán otra materia más que la misma firmeza y honradez que no han podido contradecir de nuestra vida pública. Hasta la evidencia se podría asegurar que las ocho o diez cartas que veo por su apreciable del 29 de septiembre del año pasado se han escamoteado como las que he escrito a Ud. paran en poder del hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino. Un enemigo tan feroz de los patriotas como Don Bernardino Rivadavia estaba preparado por arcanos más oscuros que el carbón para humillarlos y para degradación que su desastrosa administración ha dejado a un pueblo generoso, que fue la admiración y baliza de las repúblicas de América Sudeste. Hombre despreciable que no solo ha ejercido su envidia y encono contra Ud. no queda satisfecha su rabia, y acudiendo a la guerra de zapa, quiso minarme en el retiro de este desierto, donde por huir de ingratos busco mi subsistencia y la de mi familia con el sudor de mi frente…”(Altamira, Luis Roberto. Ibidem) (JS.p.36)

    También a Chilavert le refiere San Martín sobre los ataques y calumnias que recibía por parte de la prensa rivadaviana. En carta del 1° de enero de 1825 le decía:

    “…A mi regreso de Perú establecí mi cuartel general en mi chacra de Mendoza, y para hacer más inexpugnable mi posición, corté toda comunicación (excepto con mi familia), y me proponía en mi atrincheramiento dedicarme a los encantos de una vida agricultora y a la educación de mi hija, pero ¡vanas esperanzas! En medio de esos planes lisonjeros, he aquí que el espantoso “Centinela” (periódico rivadaviano) principia o hostilizarme; sus carnívoras falanges se destacan y bloquean mi pacífico retiro. Entonces fue cuando se me manifestó una verdad que no había previsto a saber: que yo había figurado demasiado en la revolución para que se me dejara vivir tranquilamente” (Comisión Nacional del Centenario. Documentación del archivo San Martín. Tomo I )

    San Martín decide trasladarse a Buenos Aires a darle el último adiós a su esposa que agonizante reclamaba su asistencia. Pero San Martín debe postergar su viaje ante la certeza de un complot para interceptar su viaje para prenderlo o asesinarlo, y en carta a Guido del 27 de abril de 1828, da cuenta de ello:

    “¿Ignora Ud por ventura que en el 23, cuando por ceder a las instancias de mi mujer de venir a Buenos Aires a darle el último adiós, resolví en mayo venir a Buenos Aires, se apostaron en le camino para prenderme como a un facineroso, lo que no realizaron por el piadoso aviso que se me dio por un individuo de la misma administración”. (Altamira, Luis Roberto: “San Martín. Sus relaciones con don Bernardino Rivadavia”. (Impresiones Pellegrini 1950. Museo Histórico Nacional. Su Correspondencia)

    El 12 de agosto falleció la mujer de San Martín en ausencia de su esposo.

    Así agradecían los “civilizados” al libertador de medio continente, mientras los “bárbaros”, (según la definición sarmientina), le ofrecían su ayuda y gratitud; el gobernador “bárbaro” Don Estanislao López le remite al siguiente correspondencia:

    “Sé de una manera positiva por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital será mandado juzgar por le gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales por haber desobedecido sus órdenes en 1817 y 1820, realizando en cambio las gloriosas campañas de Chile y Perú. Para evitar este escándalo inaudito y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido, por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos con los cuerpos del Ejército de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que a su solo aviso estaré en la provincia en masa a esperar a V.E. en El desmochado para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria”. (Altamira, Luis Roberto. Ibidem) (JS.p.37)

    En esta agradecida y emotiva carta, Estanislao López se refería a la desobediencia de San Martín a Rivadavia, que pretendía que regresara con su ejército para aplastar a las provincias del interior. San Martín en cambio prefirió libertar medio continente, dejando las manos libres a López y Ramírez para que destrozaran a Rondeau en Cepeda.

    San Martín en esta oportunidad, tal vez debió aceptar el ofrecimiento de López, y aplastar a “Rivadavia y sus satélites” que tanto mal le harían a la América toda. Decide en cambio su regreso solo, vestido de poncho, en una diligencia que por precaución desvía su camino, entrando en silencio en Buenos Aires el 4 de diciembre de 1823, sin desfile triunfal ni saludo de una Buenos Aires ingrata. Es el camino al exilio, con su hija en brazos.

    San martín en el exilio:

    A raíz de la reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas, el 10 de diciembre de 1825, brasil le declara la guerra. Desde el exilio, San Martín el escribía a Guido:

    “…cuando se declaró la guerra no me pareció regular ofrecer mis servicios por temor de exponerme a un nuevo insulto…por otra parte, yo estoy seguro que si diese este paso se creería sospechoso, tanto más, cuanto el empeño que se ha puesto en hacer creer que el General San Martín no ha tenido otro objeto en su viaje a Europa que el de intrigar a fin de establecer monarquías en América. Los miserables que han hecho circular tan indignas imposturas (Rivadavia y su grupo), no conocen que los sentimientos que francamente he manifestado sobre el particular, nada tienen que ver con los respetos que se deben a la mayoridad de la nación por la cual me sacrificaría gustoso…”

    Argentina derrota a Brasil, pero Inglaterra no permitiría que una sola nación dominase ambas márgenes del Río de la Plata. Rivadavia, empleado a sueldo ingles, hace la paz “a cualquier precio” según manifiesta textualmente el negociador Manuel José García, que aun habiendo triunfado en la guerra, acepta el dominio brasilero sobre la banda Oriental, con el nombre de Provincia Cisplatina.

    En carta a Guido, el 13 de febrero de 1827, San Martín manifiesta:

    “Veo por la de Ud. se habían hecho por ese gobierno de Buenos Aires proposiciones de paz bajo la base de la independencia de la Bandas Oriental…no nos hagamos ilusiones, la independencia de la Banda Oriental, es en mi opinión quimérica, sin más razón, que porque carece de bases para serlo: su aproximación al Brasil, y porque sus mismos desórdenes le harán buscar un apoyo, y que está en el orden, sea en el más fuerte, y en este caso se presentarán dificultades inmensas para la organización de esa República Argentina, ya débil por las ricas y pobladas provincias que se le han separado, como por la ubicación que la condena a ver obstruido el día menos pensado el único canal de su propiedad, por el bloque del río.” (Piccinali, Héctor Juan. “San Martín y Rosas”. Edit. Colección Estrella Federal. Bs.As. 1988) (JS.p.40) Fue tan escandaloso el tratado de paz, que Rivadavia se vio obligado a renunciar.

    Enterado San Martín, le escribe a O´Higgins el 20 de octubre de 1827:

    “Me dice Ud. no haber recibido más carta mías; se han extraviado, o mejor dicho se han escamoteado ocho o diez cartas mías que le tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la más completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que merecen sus autores….ya habrá sabido la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y solo ha contribuido a dividir los ánimos. Yo he rechazado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona. Con un hombre como este al frente de la administración no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra con el Brasil por el convencimiento en que estaba, de que hubieran sido despreciados” (Altamira Roberto. Op.cit. Museo Histórico Nacional. Piccinali.Op.cit. cap. XII) (JS.p.41)

    El 25 de agosto de 1844 le escribe al chileno Don Pedro Plenzueos:

    “Si yo viese a su afortunada patria dar oídos a los visionarios y precipitar sus reformas, confieso a Ud. me alarmaría por su futura suerte; tenga Ud. presente la que se siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia que empleó sólo la madera para hacer andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60 mil duros, que se gastaron ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia y comprar útiles para la construcción de un pozo artesiano al lado de un río y en medio de un cementerio público, y todo ello se hacía cuando no había un muelle para embarcar y por el contrario se deshizo y destruyó el que había de piedra y que había costado 600 fuertes en tiempo de los españoles, que el ejército estaba sin paga y en tal miseria que pedían limosna los soldados públicamente. El fin que estableció el papel moneda que ha sido la ruina del crédito de aquella República Argentina. Sería de no acabar si se enumeraran las locuras de aquel visionario y la administración de un gran número de mis compatriotas, creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos que diariamente llenaba lo que se llama el Archivo Oficial. Yo espero que Chile seguirá la marcha sólida que ha emprendido y que sus reformas las hará con pasos de tortuga”

    Desaparecido Rivadavia, Dorrego asume el gobierno de Buenos Aires. Este intenta desconocer el vergonzoso tratado de paz rivadaviano, pero el banco, dominado por los ingleses le retacean todo recurso ( ver Dorrego:

    Incentivado San Martín por los cambos producidos, decide regresar al país; pero al llegar Río de Janeiro se entera del derrocamiento de Dorrego por parte de Lavalle, y al llegar a Montevideo se entera de su trágico final, y decide permanecer a bordo”

    El pasquín unitario “El Pampero” le tira la primera piedra, bajo el título “Ambigüedades”: “En esta clase reputamos el arrobo inesperado a estas playas del General San Martín…este General ha venido a su país a los cinco años de su ausencia, pero después de haber sabido que se han hecho las paces con el Emperador de Brasil”. Así es como la prensa unitaria acusaba de cobarde al libertador de medio continente”

    El propio General Paz, Ministro de Guerra, le escribe a Lavalle el 9 de febrero de 1829:

    “Mi querido Lavalle…otro incidente tengo que contar a Ud. Este es la llegada de Sanmartín…el 7 le escribió a Díaz Vélez….él hasta la fecha no ha desembarcado y por el temor y espíritu de su carta es de esperar que no lo hará. Sin embargo calcule Ud. las consecuencias de una aparición tan repentina. Es probable que la oposición desahuciada desesperada por la falta de un conductor que la guíe se fije en este hombre y le haga propuestas seductoras, ellas nada valdrán si quiere como dice, no pertenecer a ningún partido…pero si esto no sucede nos costará más trabajo el cumplimiento de las obras que hemos empezado”

    Nótese el miedo que le tenían a San Martín y la desconfianza de dificultades para “el cumplimiento de las obras que hemos empezado”, que no eran otras que los asesinatos y persecuciones de federales por parte de Rauch y Estomba a las órdenes de Lavalle, “la espada sin cabeza” .

    San Martín recibe a bordo las visitas de algunos amigos, como Tomás Guido, Manuel de Olazábal y Álvarez Condarco, y se retira a Montevideo desde donde escribe varias cartas, esperando por dos meses un buque para regresar a Europa.

    El 6 de abril de 1829 le escribe a Guido:

    “Las agitaciones de diez y nueve años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido…hacen clamar a lo general de los hombres por un gobierno vigoroso, igualmente convienen para que el país pueda existir es de necesidad absoluta que uno de los dos partidos desaparezca…al efecto se trata de buscar un salvador que reuniendo el prestigio de la victoria, el concepto de las demás provincias, y más que nada un brazo vigoroso que salve a la Patria de los males que la amenazan…”

    Nótese que San Martín ya hablaba de la necesidad de “un gobierno vigoroso” y de buscar “un salvador” con “un brazo vigoroso». San Martín no quiere ser “el gente de pasiones desatadas” y se excluye de la candidatura, y concluye a Guido: “Mi amigo veamos claro, las situación en nuestro país es tal que el hombre que la mande no le queda otra alternativa que el apoyarse sobre la facción o renunciar al mando”( Guzmán, Carlos Alberto.”San Martin 1824-1850” Rdit. Círculo Militar. Biblioteca del Oficial. 1993) (JST.p.44)

    Las alusiones de San Martín a la necesidad de “un brazo vigoroso”, parecería la premonición de la llegada de Juan Manuel de Rosas.

    El 14 de abril de 1829 recibe en Montevideo una comitiva que le trae una propuesta de Lavalle, que San Martín rechaza en los siguientes términos:

    “Montevideo, abril 14 de 1829. Los señores Trolé y Juan A. Nelly me han entregado la de Ud. del 4 del corriente; en ellos le dirán cual ha sido el resultado de nuestra conferencia; por mi parte siento decir a Ud. que los medios que me han propuesto no me parece tendrán las consecuencias que Ud. se propone para terminar los males que la afligen a nuestra patria desgraciada…” y termina la carta con esta sentencia que seguramente atormentó a Lavalle hasta su muerte: “una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo inalterable…”

    La propuesta de Lavalle queda en claro en carta que San Martín le envía a O´Higgins el 19 de abril, con copia de su respuesta:

    “…su objeto era que yo me encargase del mando del ejercito y provincia de Buenos Aires y transase con las demás provincias a fin de garantir por mi parte y el de los demás gobernadores a los autores del 1° de diciembre (asesinato de Dorrego) …por otra parte los autores del movimiento del 1° de diciembre son Rivadavia y sus satélites y a Ud. le consta los inmensos males que estos hombres han hecho no solo a este país sino al resto a América con su infernal conducta. Si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres; pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien, a un malvado…Digo a Ud. en la mía del 5 que para le próximo paquete (paquebote) de mayo me marcharía a Europa, pero lo certificaré en el que sale a fines de éste. Adiós otra vez, por siempre su invariable San Martín” (Picianeli, Hector Juan. Op.Cit.)

    Así se ponía nuevamente por encima de ese grupo de “iluminados”, y antes de alejarse definitivamente, le dice a Iriarte: “Sería un loco si me mezclase con estos calaveras. Entre ellos hay alguno, y Lavalle es uno de ellos, a quien no he fusilado de lástima cuando estaban a mis órdenes en Chile y en Perú…son muchachos sin juicio, hombres desalmados…” (García Mellid, Atilio. “Proceso al liberalismo argentino”. Edit. Theoría. 1988) (JST.p.45)

    San Martín durante el 1° gobierno de Rosas:

    Fusilado Dorrego y exiliado Lavalle en la banda oriental, el protagonista político natural pasa a ser Juan Manuel de Rosas. Por sugerencia suya vuelven a la legislatura los mismos representantes que estaban antes del derrocamiento de Dorrego; comienza a ser “El Restaurador de las leyes”.

    El 1° de diciembre de 1829 (a un año del fusilamiento de Dorrego) comienza reunirse la legislatura. El 4 de diciembre en Guardia del Salto, el coronel Smith intenta sublevar a algunos oficiales para unirse a Paz que se sostenía en el interior. Sofocado el movimiento, se le requisa una fuerte suma de dinero en onzas de oro, supuestamente ara pagar sobornos de nuevas sublevaciones.

    Ante los hechos, en la Legislatura comienza a hablarse de otorgar “Facultades Extraordinarias” al nuevo gobernador que se designe. No era una figura nueva; el propio gobernador Viamonte tenia amplios poderes que también fueron usados durante los gobiernos de 1812, 1815, 1820, 1821, 1822 y 1823.

    El 8 de diciembre asume el nuevo gobernador, Juan Manuel de Rosas, ante la euforia de la multitud reunida en al plaza mayor, que inclusive desata el carruaje y lo lleva a pulso.

    Entre las primeras medidas de gobierno se ordena los funerales de Dorrego, a la que asiste una multitud. Otra de las medidas fue el traslado de los complotados en Guardia del Salto a Buenos Aires. Los implicados fueron confinados al pontón Cacique, y el propio Smith, fusilado por orden de Rosas. Se comenzaba a sentir el “brazo vigoroso” que antes sugiriera conveniente San Martín.

    El 6 de abril de 1830 desde Bruselas, San Matin le escribe a Guido:

    “…noto con placer que la marcha del gobierno es firme…En mi opinión el Gobierno en las circunstancias difíciles en que se ha encontrado, debe si la ocasión se presenta, ser inexorable con el individuo que trate de alterar el orden, pues si no se hace respetar por una justicia firme e imparcial, se lo merendarán como si fuera una empanada, y lo peor del caso es que el país volverá a envolverse en nuevo males…Aunque no sea fácil juzgar a la distancia, me atrevo a extender mi juicio apoyándome solamente en la experiencia de nuestra revolución y en la moral que se caracteriza a nuestro bajo pueblo, para opinar que jamás se ha hallado en la provincia en situación mas ventajosa para hacer su prosperidad que la presente. Me explicaré en pocas palabras. Todos los movimientos acaecidos en Buenos Aires desde el principio de la revolución han sido hechos contado con queso dilatada campaña seguiría la impulsión que el daba la capital, como ha sucedido hasta la revolución, digo que el gobernador y sus ministros no tienen perdón; no crea Ud. por esto que soy de emplear medios violentos para mantener el orden, no mi amigo, estoy distante de dar tal consejo, lo que deseo es el gobierno siguiendo una línea de justicia severa haga respetar las leyes de un mido inexorable; sin más que esto yo estoy seguro que el orden se mantendrá. Yo no conozco al señor Rosas pero según tengo entendido tiene un carácter firme y buenos deseos; esto basta, pues la falta la experiencia en el mando adquirirá (que no es mala escuela la de mandar ese pueblo) bajo la dirección de sus ministros.” (Mondragón A – Sulé Jorge: La reciprocidad entre Rosas y San Martin. Edit.CEA. Bs.As.1980)

    Predecía así San Martín el futuro gobierno de Rosas.

    A los dos años de gobierno, el interior era dominado por Facundo Quiroga y «El manco Paz» caía prisionero de Estanislao López (Ver).

    El 4 de enero de 1831 se firmaba el Pacto Federal. San Martín, optimista, le escribe nuevamente a Guido el 1° de noviembre de 1831:

    “…y bien señor Don Tomás ¿Ha llegado o no la oportunidad? Afortunadamente para el hijo de m madre, que ha habido almas caritativas que me han puesto al corriente de los acontecimientos. Por ellos puede calcularse que la guerra fraticida que tanto ha deshonrado y destruido a esas desgraciadas provincias es concluida…” (Ibidem)

    Ante la inestabilidad que lo había precedido desde 1810, concluye Rosas su período de gobierno. La legislatura le ofrece nuevamente el gobierno por tres veces consecutivas, que Rosas declina porque tiene la intención de hacer la campaña del desierto que juzgaba necesaria. El gobierno entonces cae en brazos “no tan vigorosos” como las de Balcarce y Viamonte, y vuelve la anarquía por el enfrentamiento de unitarios y “lomos negros” enfrentados con los federales “apostólicos”, partidarios de Rosas.

    San Martín, desde Europa, le trasmitía a Tomás Guido sus impresiones:

    “El general Balcarce me ha merecido y merece la opinión de hombre de bien y con buenas intenciones pero sin talentos administrativos…y al mismo tiempo muy fácil de dejarse dirigir…su administración tuviese un feliz resultado si como me lo persuadí se rodeaba de hombres próvidos y talentos. Pero ¡cual sería mi sorpresa cuando supe que la flor y la nata de la chocarrera pillería, de la más sublime inmoralidad y de la venalidad la más degradante, es decir el ínclito y nunca bien ponderado Enrique Martínez había sido nombrado a un de los Ministerios…pero aún me acompañaba la esperanza de que los otros dos Ministros (para mi desconocidos) pondrían un dique a las intrigas y excesos de su colega y manifestarían a Balcarce la incompatibilidad de la presencia de un hombre como Martínez; pero esas esperanzas desaparecieron completamente al ver que estos ministros fueron reempleados por los doctores Tagle y Ugarteche; con esa trinidad no me quedó otra cosa que entonar el oficio agonizante por nuestra desdichada Patria…” (Sierra, Vicente: “Historia Argentina” Edit. Científica Argentina. Bs.As.1984)

    El descontento desemboca en la revolución de los restauradores, y asume Viamonte, que tampoco domina la situación, mientras San Martín describía acertadamente la situación política desde Europa, haciendo profecía en la citada carta a Guido:

    “El foco de las revoluciones, no solo en Buenos Aires sino en las provincias, ha salido de esa capital; en ellas se encuentra la crema de la anarquía de los hombres inquietos y viciosos, de los que no viven más que de los trastornos porque no teniendo nada que perder todo lo esperan ganar en el desorden: porque el lujo excesivo multiplicando las necesidades, se procuran satisfacer sin reparar en los medios; ahí es donde un gran número no quiere vivir sino a costa del estado, y no trabajar, etc. etc.
    Estos medios de desorden que encierra la capital deben desaparecer en lo sucesivo. Que sepan los díscolos y aun los cívicos y las demás fuerzas aradas de la ciudad, que un par de regimientos de milicias de campaña, impidan la entrada de ganado por días, y yo estoy bien seguro que el pueblo mismo será el mas interesado en evitar todo trastorno, so pena de no comer, y esto es muy normal.
    A esto se me dirá que el que tiene más ascendiente en la campaña será el verdadero jefe de estado; y en este caso no existirá el orden legal.
    Sin duda señor Don Tomas, esta es mi opinión, por el principio bien simple que el título de un gobierno no está asignado a más o menos liberalidad de sus principios, pero si a la influencia que tiene en el bienestar de los que obedecen…
    Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos: ¿qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad si por el contrario se me oprime?… ¡Libertad! désela usted a un niño de tres años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y usted me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa silenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de la industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un par de bocados a mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de la especulación, hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad! ¡Libertad!…Maldita sea la libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona, hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja contra los bienes que me brinda la actual libertad.
    Talvez usted dirá que esta carta está escrita por un humor bien soldadesco. Usted tendrá razón, pero convenga usted que a los 53 años no puede uno admitir de buen fe el que le quieran dar gato por liebre.
    No hay una sola vez que escriba sobre nuestro país, que no sufra una irritación. Dejemos este asunto y concluyo que el hombre que establezca el hombre que establezca el orden de nuestra patria, sea cuales sean los medios para que para ello emplee, es el solo que mereciera el noble título de su libertador” (Sierra, Vicente: Historia Argentina.)

    Mientas tanto volvía la anarquía con una serie de hechos graves. El gobernador de salta, Latorre, es asesinado, y en Barranca Yaco es asesinado Quiroga y toda su comitiva. Rosas se entera del asesinato de Facundo Quiroga en su estancia de San Martín (actual La Matanza), en momentos que escribía una carta de instrucciones al capataz de su estancia:

    “Mi querido don Juan José: esta es solo para prevenirle que a Pascual le de entre veinte bueyes aparentes, como para las carretas. Deseo que le haya ido bien en su viaje”…y allí seguramente recibió la noticia de Barranca Yaco, porque cambiando de tema y de caligrafía, continúa: “Política: el señor Dorrego fue fusilado en Navarro por los unitarios. El general Villafañe, compañero de Quiroga lo fue en su tránsito de Chile para Mendoza por los mismos. El general Latorre lo ha sido a lanza después de rendido y preso en la cárcel de Salta, sin darle un minuto de término para que se dispusiera, lo mismo que el coronel Aguilar que corrió igual suerte. El general Quiroga fue degollado en su tránsito de regreso para ésta, el 16 del pasado último de febrero, 18 leguas antes de llegar a Córdoba. Esta misma suerte corrió el coronel Dr. Santos Ortiz y toda la comitiva en número de 16, escapando solo el correo que venía y un ordenanza que fugaron entre la espesura del monte… ¡Que tal! …¿He conocido o no el verdadero estado de la tierra? Pero ni esto va a ser bastante para los hombres de las luces y de los principios. ¡Miserables! ¡Y yo insensato que me metí con semejantes botarates! Ya lo verán ahora. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones” (Irasusta, Julio, “Vida Política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia”)

    La Junta de representantes se reunió en sesión permanente, de distintos represenetantes se escucharon frases como: “El nublado se nos viene encima”…”el pueblo aspira a que mande el ciudadano Juan Manuel de Rosas”…” Pero que mande sin reatos y despliegue todo ese genio que la naturaleza le ha dado …todo el pueblo lo marca…creo que él solo puede arar y trillar el campo para que la felicidad vuelva a nuestro país…no quiere límites el pueblo…”

    Renuncia el gobernador interino, Dr. Maza, y la Junta de Representantes designó gobernador a Rosas, ya no con “Facultades Extraordinarias” sino con la “Suma del Poder Público”, sin más restricciones que la de conservar y proteger al religión católica y sostener la causa de la Federación.

    Rosas pidió algunos días para contestar y respondió que solo podía aceptar previo plebiscito en el que quedara consultada toda la ciudadanía, expresando su voto “Precisa y categóricamente, quedando esto consignado de modo que en todos los tiempos y circunstancias se pueda hacer constar el libre pronunciamiento de la opinión general”

    El plebiscito se realizó los días 26, 27 y 28 de febrero de 1835. Concurrieron al sufragio 9.320 personas, con solo 8 votos en contra. El propio Sarmiento lo reconoce con el tiempo:

    “No se tiene aún noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar (Plebiscito del 26, 27 y 28 de marzo de 1835 en Buenos Aires por el cual la ciudadanía se pronunció en concederle la Suma del Poder Público a Roas) Debo decirlo en obsequio de la verdad histórica, nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión…que el de Don Juan Manuel de Rosas” . (Domingo F. Sarmiento. En su libro “Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga“. Santiago de Chile, 1845.)

    Y agregará:

    “..(Rosas). era un republicano que ponía en juego todos los artificios del sistema popular representativo. Era la expresión de la voluntad del pueblo, y en verdad que las actas de elección así lo muestran. Esto será un misterio que aclararán mejores y más imparciales estudios que los que hasta hoy hemos hecho. No todo era terror, no todo era superchería. Grandes y poderosos ejércitos lo sirvieron años y años impagos. Grandes y notables capitalistas lo apoyaron y lo sostuvieron. Abogados de nota tuvo en los profesores patentados del derecho. Entusiasmo, verdadero entusiasmo, era el de millares de hombres que lo proclamaban el Grande Americano. La suma del poder público, todas palabras vacías como es vacío el abismo, le fue otorgada por aclamación. Senatus consulto y plebiscito, sometiendo al pueblo la cuestión”. (Biografía de Vélez Sarsfield)

    San Martín durante el 2° gobierno de Rosas:

    Rosas inicia su segundo gobierno el 13 de abril de 1835, bajo una euforia popular aún mayor que la de su primer gobierno.

    Rosas tenía un respeto sagrado por los leyes, y pese a que le fuera otorgada casi por unanimidad de plebiscito la “Suma del Poder Público”, mantuvo la Legislatura que dictaba todas las leyes y aprobaba los actos fundamentales de gobierno. Mantuvo también la justicia y siguió funcionando el poder judicial, dictando personalmente algunas sentencias en lo que hoy se llamaría como “ley marcial” o “juicio sumario”, por delitos tomados “infraganti” o en casos que hoy podríamos llamar “delitos federales”, que no correspondiendo a la justicia provincial, eran resueltos por el poder ejecutivo, como el juzgamiento de los asesinos de Quiroga que fueron juzgados y fusilados por el hecho.

    Separó de la administración pública, militar o eclesiástica a los unitarios más comprometidos, imponiendo al resto el uso de la divisa punzo y el juramento de fidelidad a la “Santa Causa”

    Desde Europa, enterado de los acontecimientos, el escribe a Tomás Guido el 17 de diciembre de 1835:

    “Mi querido amigo…hace cerca de dos años escribí a Ud. que yo no encontraba otro arbitrio para cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra, que el establecimiento de un gobierno fuerte, o más claro, Absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer…25 años en busca de una libertad que no sólo no ha existido, sino que en este largo período, la opresión, la inseguridad individual, destrucción de fortunas, desenfreno, venalidad, corrupción y guerra civil ha sido el fruto que la Patria ha recogido después de tantos sacrificios. Ya era tiempo de poner término a tantos males de tal tamaño y para conseguir tan loable objetivo, yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable, y no dudo que su opinión y la de todos los hombres que amen a su país pensarán como yo…” (Piccinali, Héctor Juan. op. cit)

    El 27 de abril de 1836, en Carta a Molina, le expresa “…veo con el mayor placer la marcha uniforme y tranquila que sigue nuestro país: ella solo puede cicatrizar las profundas heridas que han dejado la anarquía, consecuencia de la ambición de cuatro malvados…” y el 26 de octubre en otra carta a Guido “…veo con placer la marcha que sigue nuestra Patria; desengañémonos, nuestros países no pueden (a lo mejor por muchos años) regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos…” (Mondragón-Sulé. Op.cit)

    La figura de Rosas, ya estaba en el pensamiento y en el corazón de San Martín.

    A raíz del bloqueo francés de 1838, el 5 de agosto, San Martín por iniciativa propia principia un intercambio de correspondencia con Rosas que no se interrumpirá hasta su muerte.

    El 10 de junio de 1839, enterado del ataque francés apoyado por los unitarios desde Montevideo, le dice en carta directamente a Rosas:

    “…esta conducta (la agresión francesa) puede atribuirse a un orgullo nacional, cuando puede ejercerse impunemente contra un estado débil…pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer…”

    Fueron unos cuantos los traidores que se unieron al extranjero (franceses, ingleses y luego brasileños) contra su Patria, antes y después de esta sentencia del Libertador, que si se cumpliera, muchos monumentos se achicarían y aún desaparecerían.

    San Martín, Rosas y la agresión anglofrancesa:

    Ante la inminencia de la intervención anglofrancesa, San Martín le expresa Guido en correspondencia del 19 de abril de 1845:

    «¡Que me dice Ud. de la intervención que se anuncia de la Inglaterra, Francia y el Brasil, en nuestra contienda con la Banda Oriental! No puede persuadirme traten de emplear la fuerza para hacerla efectiva; yo me inclino a creer sea más bien una mediación amistosa a la que se trate de proponer; de lo contrario sería un abuso inicuo de la fuerza, sin que por est consiguiesen los resultados que se propones, es decir, la terminación de la guerra, por el contrario, ella se prolongará por un tiempo indefinido y por consiguiente perjudicial a los intereses de los beligerantes y neutrales…” (Pascuali, Patricia. “San Martín confidencial. Correspondencia personal del Libertador con Guido 1816-1849. Edit. Planeta. 2.000)

    Y producida la agresión, San Martín denuncia el atropello el 20 de octubre de 1845 en carta a Guido:

    “…es inconcebible que las dos Naciones más grandes del universo se hayan unido para cometer la mayor y más injusta agresión que puede cometerse contra un Estado Independiente: no hay más que leer el manifiesto hecho por el enviado inglés y francés para convencer al más parcial, de la atroz injusticia con que han procedido: ¡La humanidad! …Y se atreven a invocarla los que han permitido – por espacio de cuatro años – derramar la sangre y cuando ya la guerra había cesado por falta de enemigos, se interponen no ya para evitar males, sino para prolongarlos por un tiempo indefinido: usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy de Partido Americano, así que no puedo mirar sin el mayor sentimiento los insultos que se hacen a la América. Ahora más que nunca siento que el estado deplorable de mi salud no me permita ir a tomar parte activa en defensa de los derechos sagrados de nuestra Patria, derechos que los demás estados Americanos se arrepentirán de no haber defendido por lo menos protestado contra toda intervención de Estados Europeos…” (Ibidem)

    San Martín, físicamente impedido de actuar directamente en la contienda, lo haría contundentemente a través de la pluma, con su indiscutible inteligencia.

    Jorge Federico Dickson, prominente comerciante ingles, conocedor de la inteligencia del Libertador, le dirige una carta requiriendo su opinión sobre la intervención. San martín, sin pérdida de tiempo le responde el 28 de diciembre de 1845 con un brillante análisis:

    “Señor de todo mi aprecio: se me ha hecho saber los deseos de Ud. relativos a conocer mi opinión sobre la actual intervención de Inglaterra y Francia en la República Argentina; no solo me presto gustoso a satisfacerlo sino o lo haré con la franqueza de mi carácter y la más absoluta imparcialidad.

    No creo oportuno entrar a investigar la justicia o la injusticia de la citada intervención, como los perjuicios que de ello resultarán a los súbditos de ambas naciones con la paralización de las relaciones comerciales, igualmente de la alarma y desconfianza que habrá producido en los Estados Sudamericanos (obsérvese la sagacidad de San Martín al decir que no se pone a investigar pero ya está adelantando algunos resultados que acarreará la intervención europea)…, solo me ceñiré a demostrar si las dos naciones interventoras conseguirán por lo medios coercitivos que han empleado el objeto que se han propuesto, es decir , la pacificación de las riberas del Plata; según mi íntima convicción, desde ahora diré a Ud. no lo conseguirán; por el contrario, la marcha seguida…no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido, males que tratan de evitar…Me explicaré … bien es sabida la firmeza del carácter del Jefe que preside la República Argentina; nadie ignora el ascendiente que posee en la basta campaña y resto de las demás compañas de las provincias interiores y, aunque no dudo que en la capital tenga un gran número de enemigos personales, estoy convencido que, bien sea por orgullo nacional, o bien por la prevención de los españoles contra el extranjero…la totalidad se le unirá y tomarán parte activa en la contienda…Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante sus hostilidades, es decir declarar la guerra, yo no dudo que …se apoderen de Buenos Aires (sin embargo la toma de una ciudad de una ciudad decidida a defenderse, es una de las operaciones más difíciles de la guerra) pero aún en este caso estoy convencido que no podrán sostenerse por mucho tiempo en la capital…El primer alimento, o por mejor decir el único, es la carne, y es sabido con que facilidad pueden retirarse todos los ganados en pocos días a muchas leguas de distancia, igualmente que todas las caballadas y todo medio de transporte, en una palabra, formar un desierto dilatado imposible de ser atravesado por una fuerza europea, la que correría tanto más peligro cuanto mayor sea su número…En conclusión, con siete u ocho mil hombres de caballería…fuerza que con gran facilidad puede sostener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejercito europeo de veinte mil hombres saga a más de treita leguas de la capital sin exponerse a una ruina competa pro al falta de recursos, tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará a menos (como es de esperar) que el nuevo ministro ingles no cambie la política seguida por el precedente.” (Otero Pcífico, cit.por Jorge Sulé en “La coherencia política de San Martin.p.61)

    La carta de San Martín fue publicada en Europa el 12 de febrero de 1846 en el “Morning Chronicle” de Londres y causó gran revuelo. Luego sue publicó en Paris en el “La Presse”, cuyo director Emilio Giradín admiraba el genio y la actuación de Rosas que se enfrentaba a las dos potencias.

    Al poco tiempo los ministros europeos venían con proposiciones y se volvían con la manos vacías, ante la tenacidad de Rosas, que finalmente se salió con la suya “sin retroceder un tranco de pollo” (según palabras del propio Rosas) «El que las hace las paga …y al son que me tocan bailo» San Martín se enteró de la acción de Vuelta de Obligado, donde los cañoncitos de Mansilla y Thorne hicieron estragos, no tanto en los acorazados de guerra como en la flota mercante, sino sobre todo en el ánimo de los interventores. En carta a Gudi del 10 de mayo de 1846 le expresa:

    “…ya sabía la acción de Obligado, donde todos los interventores habrán visto por este echantillon, que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que depare el destino, que por íntima convicción no sería un momento dudoso en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra Patria, si la Naciones europeas triunfan en la contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España. Convencido esta verdad, crea Ud. mi buen amigo, que jamás me he sido tan sensible, no tanto mi avanzada edad como el estado precario de mi salud, que me priva en esta circunstancia de ofrecer a a Patria mis servicios, no por lo que puedan valer sino para demostrar a nuestros compatriotas, que aquella tenía aún a un viejo servidor ciando se trata de resistir la agresión, la más injusta de la que haya habido ejemplo…”

    San Martín con estas cartas pone al descubierto al ceguera de los unitarios que se unían al extranjero en una contienda que era “de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España.” Pero San Martín confiaba en que los diplomáticos europeos, que iban y venían de Europa tratando de “safar” de la mejor maera posible, se estrellarían con la sagacidad y tenacidad de Rosas, y así si lo expresaba en carta a Guido el 27 de diciembre de 1847, despojado de todo formalismo:

    “…Dirá a Ud. que orejeo cada vez que veo dirigirse a nuestras playas a estos políticos y a pesar de de lo que se dice de los sinceros deseos de estos dos gobiernos tienen de concluir definitivamente las diferencias con nuestro país, de todos modos yo estoy tranquilo en cuanto a las exigencias injustas que puedan tener estos gabinetes, porque todas ellas se estrellarán contra la firmeza de nuestro Don Juan Manuel…”

    En 1844, seis años antes de su muerte, San Martin en su testamento, otorga a Rosas el sable libertador:

    “El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como prueba de satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido, el honor de la República contra las injustas pretensiones de lso extranjeros que tratan de humillarla”

    Esto no fue reconocido por Mitre y los unitarios, que trataron de ocultarlo, como lo demuestra la carta que Valentín Alsina de dirige a Don Felix Frías el 9 de noviembre de 1850 desde Montevideo, y refiriénse a San Matin le dice: “…como militar fue intachable; pero en lo demás era muy mal mirado de los enemigos de Rosas. Ha hecho un gran daño a nuestra causa con sus prevenciones caso agrestes y cerriles contra el extranjero, copiando el estilo y la fraseología de aquel; prevenciones tanto más inexcusables, cuanto que era un hombre de discernimiento. Era de los que en la causa de América no ven más que la independencia del extranjero, sin importarle nada de la libertad y sus consecuencias…Nos ha dañado mucho fortificando allá y acá la causa de Rosas, con sus opiniones y con su nombre; y todavía lega a Rosas, tan luego su espada. Esto aturde, humilla e indigna y…pero mejor no hablar de esto. Por supuesto en el diario me he guardado de decir nada de esto…” (JS.Op.Cit.p.77)

    Asi escribienron nuestra «historia oficial». Tampoco se lo perdonará Sarmiento, quien había visitado a San Martín en Europa, y ante expresiones adversas que Sarmiento trató de hacer sobre Rosas, es interrumpido por el dueño de casa:

    “Ese tirano de Rosas que los unitarios odian tanto, no debe ser tan malo como lo pintan cuando en un pueblo tan viril se puede sostener veinte años…me inclino a creer que exageran un poco y que sus enemigos lo pintan mas arbitrario de lo que es…y si todos ellos y lo mejor del país, como ustedes dicen, no logran desmoronar a tan mal gobierno, es porque la mayoría convencida está de la necesidad de un gobierno fuerte y de mano firme, para que no vuelvan las bochornosas escenas del año 20 ni que cualquier comandante de cualquier batallón se levante a fusilar por su orden al Gobernador del Estado” (Galvez, Manuel. “Vida de Sarmiento”. Emece Edit. 1945)

    Sarmiento, despechado, le comenta en carta del 4 de septiembre de 1846 a su amigo Antonio Aberastain:

    “…va Ud. a buscar al opinión de los americanos mismos (en Europa) y por todas partes encuentra la misma incapacidad de juzgar. San Martín es el ariete desmontado ya que sirvió a la destrucción de los españoles; hombre de una pieza; anciano batido y ajado por las revoluciones americanas, ve en Rosas el defensor de la independencia amenazada y su ánimo noble se exalta y ofusca…San Martín era hombre viejo, con debilidades terrenales, con enfermedades de espíritu adquiridas en la vejez; habíamos vuelto a la época presente nombrando a Rosas y su sistema. Aquella inteligencia tan clara en otro tiempo, declina ahora; aquellos ojos tan penetrantes que de una mirada forjaban una pagina de la historia, estaban ahora turbios y allá en la lejana tierra veía fantasmas extranjeros, todas sus ideas se confundían, los españoles y las potencias extranjeras, la Patria, aquella Patria antigua, la estatua de piedra del antiguo héroe de la independencia, parecía enderezarse sobre el sarcófago para defender la América amenazada…” (Soler Cañas, Lusi: “San Martín, Rosas y la falsificación”)

    El crápula de Sarmiento calumniaba de esta forma a San Martín y lo acusaba de disminuido mental por la vejez, seis años antes de su muerte, siendo que San Martín mantuvo hasta su muerte más lucidez que todos aquellos que trataron de degradarlo.

    San Martín se despide de Rosas:

    En carta a Rosas el 2 de noviembre de 1848, San Martín le expresa:

    “A pesar de distancia que me separa de nuestra Patria, usted me hará justicia de creer que sus triunfos son un gran consuelo pa mi achacosa vejez”

    “Así es que he tenido una verdadera satisfacción al saber el levantamiento del injusto bloqueo con que nos hostilizaban las dos primeras naciones de Europa: esta stisfacción es tanto más completa cuanto el honor del país no ha tenido que sufrir, y por el contrario presenta a todos los nuevos estados Americanos un modelo que seguir…jamás he dudado que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna concesión huimillante presidiendo usted a sus destinos…Esta opinión demostrará a usted, mi apreciable general, que al escribirle, lo hago con la franqueza de mi carácter y la que merece el que yo he formado de usted. Por tales acontecimientos reciba usted y nuestra patria mis más sinceras enhorabuenas.”

    Finalmente, tres meses antes de su muerte, San Martin se despide de Rosas, a quien nunca conoció personalmente, con una carta que le escribe desde Boulongne, el 6 de mayo de 1850:

    “…como argentino me llena de un verdadero orgullo al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor, restablecidos en nuestra querida patria: y todos esos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente como igualmente a toda la Confederación Argentina.
    Que goce Ud. de salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino. Son los votos que hace y hará sierre a favor de Ud. éste su apasionado amigo y compatriota Q.B.S.M “ (Que besa sus manos)
    Firmado: Don José de San Martín.

    La historia mitrista» haría todo lo posible porque no se cumplieran los últimos deseos de San Martín, de que Rosas “sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino.”

    El esfuerzo de muchos que incasablemente buscaron y buscan la verdad histórica, lograron que muchos argentinos colmen a Rosas del “justo reconocimiento”

    Fuente:

    – Jorge Sulé, Lorge.“La coherencia política de San Martin».

  53. SAN MARTIN Y LA MASONERIA (Por Jorge Sulé)

    Se ha incursionado bastante sobre este tema. Es hora de hacer un balance.

    En el Nº 16 de la revista “Todo es Historia”, de agosto de 1968, una nota del Dr. Enrique de Gandía, haciendo uso de su acostumbrada actitud apodíctica, afirmó rotundamente el carácter masónico de San Martín: ardua e infructuosa tarea, porque tenía que corregir a conspicuos masones como Sarmiento, que explicaron que la Logia Lautaro “No era una masonería como generalmente se ha creído, ni menos las sociedades masónicas comprometidas en la política colonial…”.

    También tuvo que enfrentar a su propio maestro, Bartolomé Mitre, Gran Maestre de la Masonería Argentina, que admitió que “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político…” . O tenía que rebatir a masones contemporáneos como Martín Lascano, que negó el carácter masónico de la Lautaro y, por consiguiente, de San Martín, en varias oportunidades.

    También el historiador de la Academia Nacional de la Historia tuvo que enfrentar a sus pares de la Corporación, como Juan Canter o Guillermo Furlong Cardiff que, en un valioso estudio aseveró que “San Martín jamás fue masón en el sentido que se le da hoy en día a este vocablo…San Martín perteneció a la Logia Lautaro. Es un hecho indubitable, pero igualmente lo es que esa logia nada tenía de masónica en el sentido heterodoxo de este vocablo fuera de sus formas externas…”.

    El artículo del Dr. De Gandía no convenció porque no aportó documento probatorio alguno y, en cambio, originó varias réplicas, una de ellas publicada en el Suplemento Nª 14 de la revista “Todo Es Historia”, en la que el historiador de la Academia Sanmartiniana, Coronel Leopoldo Ornstein, con aquilatada y profusa documentación, desnudó las pretensiones iconoclastas del primero y entibió el entusiasmo de los masones que viven en la Argentina, que nunca pudieron probar el masonismo de San Martín y, por el contrario, muchos de éstos en el siglo pasado y en éste, lo siguieron negando.

    Pero a nadie, hasta hace muy poco, en el mundo de los historiadores, se le había ocurrido consultar directamente a las logias centrales europeas de las que dependían las americanas, en cuyos archivos, tendrían que estar registradas tanto las logias como sus integrantes o, por lo menos, sus fundadores, como lo establecen los requisitos de la masonería mundial.

    Este camino de metodología directa y contundente lo efectivizó el historiador Patricio Maguire. Fallecido este gran investigador, todo su archivo de documentos históricos inéditos, pasó en custodia al historiador Norberto Chindemi, quien ha dado a luz parte de dicho archivo. Entre estos documentos publicados, se encuentra la correspondencia entre el historiador Patricio Maguire y las Centrales de la Masonería de Inglaterra. Escocia, Irlanda y otras.

    Transcribimos textualmente parte de esas correspondencia, que es definitivamente esclarecedora:

    Carta de Patricio Maguire a la Gran Logia Unida de Inglaterra

    Madrid, Agosto 7, 1979.

    Al Señor Gran Maestre de la
    GRAN LOGIA UNIDA DE INGLATERRA
    Freemasons May
    Great Queen Street WC 2
    LONDRES

    Estimado señor:

    Soy un historiador argentino que investiga los antecedentes de la revolución e independencia de las posesiones españolas en América, con especial referencia a la argentina.

    Gran importancia se atribuye a la acción de la denominada Logia Lautaro, existiendo una controversia ya centenaria respecto si constituyó una logia masónica o una logia puramente política (…).

    Ningún historiador ha dado a conocer una respuesta basada en documentos.

    Todo ha sido deducción pura.

    Por esta razón el suscripto recurre a vuestra amable ayuda (…).

    (…), podría resultar posible que esa Gran Logia poseyera los archivos de aquella época donde se registraría la existencia, si fueran masónicas, de las logias y sus afiliados.

    Las logias cuyos antecedentes procuro hallar son las siguientes:

    1) Logia Lautaro (de Buenos Aires y de Chile).
    2) Logia de Caballeros Racionales Nª 7, de Londres.
    3) Logia Gran Reunión Americana de Londres.
    Las dos primeras pueden haber sido fundadas en 1808 y 1811. La tercera, algunos autores señalan su creación hacia 1795.

    Las principales personas que presidieron o pertenecieron a esas logias fueron:

    1) Francisco Miranda, de Venezuela.
    2) Carlos María de Alvear, de Buenos Aires.
    3) Simón Bolívar, de Venezuela.
    4) José de San Martín, Matías Zapiola y Martiniano Chilavert, de Buenos Aires.
    5) Bernardo O`Higgins, de Chile.
    6) Luis López Méndez y Andrés Bello, de Venezuela.

    Preguntamos:

    1) ¿Algunas de las mencionadas logias fueron inscriptas por la Gran Logia Unida de Inglaterra?
    2) ¿Podían los masones extranjeros ajenos a la jurisdicción inglesa instalar logias masónicas en Inglaterra durante aquellos años?
    3) ¿Existe algún documento de carácter masónico en los Archivos de esa Gran Logia, referentes a las logias o personas antes mencionadas, y de existir, podría obtenerse fotocopia de los mismos, teniendo en cuenta su valor histórico?

    Quedaría muy agradecido a las autoridades de esa Gran Logia por cualquier información que pudieran suministrarme.

    Patricio Maguire
    Mi domicilio hasta el 15 de octubre de 1979:
    Lagasca 67 Ap. 309 B
    MADRID-ESPAÑA

    La respuesta no se hizo esperar, y la contestación llegó de esta manera:

    Gran Logia Unida de Inglaterra
    Freemasons Hall – Great Queen Street- London
    Departamento del Gran Secretario.

    21 de agosto de 1979

    Estimado Señor:

    Su carta del 7 de agosto de 1979, dirigida al Gran Maestro, me ha sido derivada para su contestación.

    1) La Logia Lautaro era una sociedad secreta política, fundada en Buenos Aires en 1812 y no tenía relación alguna con la Francmasonería regular.
    2) Las tres logias que Ud. menciona en su carta, jamás aparecieron anotadas en el Registro o en los Archivos ni de los Antiguos modernos, ni de la Gran Logia Unida de Inglaterra: no hubieran sido reconocidas como masónicas en este país en este país entonces ni posteriormente.
    3) Las seis personas mencionadas en su carta, de acuerdo a nuestros archivos, nunca fueron miembros de logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra. 4) La gran Logia de Inglaterra no era el único organismo masónico existente durante el período del cual está usted interesado. Existían grandes logias independientes en Irlanda, Escocia, Francia, Holanda y Estados Unidos de América, todas las cuales autorizaban la instalación de logias propias.
    5) Nunca han existido medios legales para prohibir que extranjeros en Inglaterra crearan sus propias logias, pero tal acción siempre ha sido considerada por la Gran Logia de Inglaterra como una invasión de su soberanía territorial, y las logias así creadas no serían reconocidas como regulares, ni se permitiría a sus miembros concurrir a las logias inglesas o que los masones ingleses concurrieran a aquellas.
    Sinceramente suyo.
    J.W Brubbs. Gran Secretario

    P. Maguire, Esq.,
    Lagasca 67- Ap. 309 B
    Madrid, Spain.

    En la misma fecha, el historiador Maguire dirigió una carta a la Logia “Quator Coronati N° 2076, que está en la misma sede de la Gran Logia Unida de Inglaterra y que agrupa en su seno a historiadores masones dedicados a la investigación.

    El tono y el requerimiento del historiador argentino son similares a los utilizados en la carta anterior.

    Espigaremos algunos fragmentos por la similitud de la respuesta.

    “…Es una cuestión a la cual recibimos requerimientos de tiempo en tiempo, pero sobre la cual estamos imposibilitados de proveer cualquier evidencia sobre las fuentes primarias debido a que no existió contacto alguno entre la francmasonería regular y esos movimientos dedicados a la independencia de Sudamérica. Las logias a las cuales Ud. se refiere en su carta no eran en ningún aspecto logias masónicas regulares, sino sociedades secretas políticas…”.

    Luego, el autor de la respuesta sugiere la lectura de Mitre y transcribe párrafos de su obra en la que el autor argentino se explaya en los mismos términos.

    Ya finalizando la carta, expresa:

    “Que varios miembros de la Lautaro fueron masones no cabe la menor duda. Uno de mis predecesores John Heron Lepper, quien fue un lingüista español y una autoridad en asuntos de Sudamérica, dijo que él había investigado todo registro probable en Freemasons Hall con el objeto de relacionar aquellos con la logia inglesa, pero sin éxito.
    (…) Lamento que mis informes (…) Los archivos por lo tanto, están desprovistos de documentación referente a las entidades y personas que Ud. menciona. Espero que lo manifestado sin embargo pueda servirle de ayuda.

    Suyo sincera y fraternalmente
    T.O Hauch
    Bibliotecario y Curador Sr.

    Patricio Maguire
    Lagasca 67 Ap. B 309
    Madrid, España.

    Cartas similares el historiador argentino dirigió a la Gran Logia de Escocia y a la Gran Logia de Irlanda con resultado negativo.

    No existe, por lo tanto, rastros en las grandes logias inglesas, escocesas e irlandesas, que pudieran probar el masonismo de la Logia Lautaro y de San Martín. El historiador Maguire no hizo la pesquisa en las logias francesas y holandesas. O bien consideró la indagatoria como improcedente por estar Holanda o Francia fuera de la cuestión o por sospechar que los resultados negativos de las respuestas hubieran sido similares a las obtenidas por Inglaterra.

    Por lo tanto, reiteramos que la Logia Lautaro fue una reunión de americanos con exclusivos fines políticos y militares como lo fue en este siglo el G.O.U (Grupo de Obra y Unificación) que programó y llevó a cabo la Revolución de 1943. En otras palabras, existían grupos políticos y militares al margen de la masonería e independientes de su ideología y sus mandatos, con frecuencia opuestos ideológicamente a ella y que se reunían en la prosecución de objetivos políticos y/o militares.

    Fuentes:

    – Sulé Tonelli, Jorge.

  54. LA INFAME E IGNOMINIOSA CONSTITUCION UNITARIA, 1826. (24 DE DICIEMBRE DE 1826)

    Texto de la Constitucion de 1826

    Constitución de la Nación Argentina (1826)

    SECCIÓN I

    DE LA NACIÓN Y SU CULTO

    Artículo 1° – La Nación Argentina es para siempre libre, e independiente de toda dominación extranjera.

    Artículo 2° – No será jamás el patrimonio de una persona, o de una familia.

    Artículo 3° – Su religión es la Católica Apostólica Romana, a la que prestará siempre la más eficaz, y decidida protección, y sus habitantes el mayor respeto, sean cuales fueren sus opiniones religiosas.

    SECCIÓN II

    DE LA CIUDADANÍA

    Artículo 4° – Son ciudadanos de la Nación Argentina, primero, todos los hombres libres, nacidos en su territorio, y los hijos de éstos, donde quiera que nazcan: segundo los extranjeros que han combatido o combatieren en los ejércitos de mar y tierra de la República; tercero, los extranjeros establecidos en el país desde antes del año 16, en que declaró solemnemente su independencia, que se inscriban en el registro cívico; cuarto, los demás extranjeros establecidos, o que se establecieren después de aquella época, que obtengan carta de ciudadanía.

    Artículo 5° – Los derechos de ciudadanía se pierden: primero, por la aceptación de empleos, distinciones, o títulos de otra nación sin la autorización del Congreso; segundo, por sentencia que imponga pena infamante, mientras no se obtenga rehabilitación conforme a la ley.

    Artículo 6° – Se suspenden: primero, por no haber cumplido veinte años de edad, no siendo casado; segundo, por no saber leer, ni escribir, (esta condición no tendrá efecto hasta quince años de la fecha de la aceptación de esta Constitución:) tercero, por la naturalización en otro país: cuarto, por el estado de deudor fallido declarado tal; quinto, por el de deudor del tesoro público, que legalmente ejecutado al pago, no cubre la deuda; sexto, por el de demencia; séptimo, por el de criado a sueldo, peón jornalero, simple soldado de línea, notoriamente vago, o legalmente procesado en causa criminal, en que pueda resultar pena corporal o infamante.

    SECCIÓN III

    DE LA FORMA DE GOBIERNO

    Artículo 7° – La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana, consolidada en unidad de régimen.

    Artículo 8° – Delega al efecto el ejercicio de su soberanía en los tres altos poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, bajo las restricciones expresadas en esta Constitución.

    SECCIÓN IV

    DEL PODER LEGISLATIVO

    Artículo 9° – El poder legislativo se expedirá por un congreso compuesto de dos cámaras, una de representantes, y otra de senadores.

    Artículo 10° – La cámara de representantes se compondrá de diputados elegidos por nombramiento directo de 1os pueblos, y a simple pluralidad de sufragios, en la proporción de uno por quince mil habitantes; o de una fracción que iguale al número de ocho mil.

    Artículo 11° – Los diputados para la primera legislatura se nombrarán en la proporción siguiente: por la capital, cinco; por el territorio desmembrado de la capital, cuatro; por la provincia de Córdoba, seis; por la de Catamarca, tres; por la de Corrientes, tres; por la de Entre Ríos, dos; por la de Montevideo, cuatro: por la de Mendoza, dos; por la de Misiones, uno; por la de La Rioja, dos; por la de Salta y Jujuy, tres; por la de Santiago del Estero, cuatro; por la de San Juan, dos; por la de San Luis, dos; por la de Santa Fe, uno; por la de Tucumán, tres; y por la de Tarija, dos.

    Artículo 12° – Para la segunda Legislatura deberá realizarse el censo general, y arreglarse a él el número de diputados; pero ese censo sólo podrá renovarse cada ocho años.

    Artículo 13° – Podrá votar en la elección de representantes todo ciudadano expedito en el ejercicio de sus derechos con arreglo a los artículos 4°, 5° y 6°.

    Artículo 14° – Por esta vez reglará cada junta de provincia los medios de hacer efectiva la elección directa de los representantes, en conformidad a los artículos anteriormente citados; para lo sucesivo el Congreso expedirá una ley general.

    Artículo 15° – Ninguno podrá ser representante, sin que tenga las calidades de siete años de ciudadano antes de su nombramiento; veinticinco años cumplidos, un capital de cuatro mil pesos; o en su defecto, profesión, arte u oficio útil, y que no esté dependiente del Poder Ejecutivo por servicio a sueldo. (Esta condición, por el término de diez años, sólo tendrá efecto respecto de los empleados ad nutum amovibles).

    Artículo 16° – Los diputados durarán en su representación por cuatro años; pero la sala se renovará por mitad cada bienio. Artículo 17° – Los que fueren nombrados para la primera Legislatura, luego que se reúnan sortearán los que deban salir en el primer bienio.

    Artículo 18° – La Cámara de Representantes tiene exclusivamente la iniciativa en la imposición de contribuciones, quedando al Senado la facultad de admitirlas, rehusarlas u objetarles reparos.

    Artículo 19° – Ella tiene igualmente el derecho exclusivo de acusar ante el Senado, al Presidente de la República, y sus ministros; a los miembros de ambas Cámaras, y a los de la Alta Corte de Justicia, por delitos de traición, concusión, malversación de los fondos públicos, violación de la Constitución, particularmente con respecto a los derechos primarios de los conciudadanos, u otros crímenes que merezcan pena infamante o de muerte.

    Artículo 20° – Los representantes en el acto de su incorporación prestarán juramento de desempeñar debidamente el cargo, y de obrar en todo en conformidad a lo que prescribe esta Constitución.

    Artículo 21° – Ninguno después de incorporado podrá recibir empleo del Poder Ejecutivo, sin el consentimiento de la Cámara, y sin que quede vacante su representación en el acto de admitirlo, salvo los empleos de escala.

    Artículo 22° – Serán compensados por sus servicios con una dotación, que señalará la ley.

    CAPÍTULO II

    Del Senado

    Artículo 23° – Formarán la Cámara del Senado los senadores nombrados por la Capital y provincias en el número y forma siguientes: Cada una formará por votación directa del pueblo, de conformidad con lo establecido en los artículos 13 y 14, una junta de once individuos, que hayan de ejercer la función de electores, y que reúnan las mismas calidades exigidas para representantes en el artículo 15.

    Los electores reunidos en la Capital de la provincia, al menos en las dos terceras partes, y elegido de entre ellos mismos presidente y secretario, votarán para senadores en un solo acto por boletas firmadas por dos individuos, de los que al menos uno no sea ni natural ni vecino de aquella provincia.

    Concluida la votación y firmada el acta por todos los vocales, se remitirá cerrada y sellada por conducto del Poder Ejecutivo, al presidente del Senado (la primera vez al del Congreso). El presidente abrirá los pliegos ante el Senado (en la primera vez ante el Congreso), y hará leer las actas de las juntas electorales, que pasarán luego a una comisión, para que abra dictamen tanto sobre la validez de las formas, como sobre el número de sufragios que reúnan los candidatos. Serán proclamados senadores por deliberación del Senado (o del Congreso la primera vez) reunido al menos en sus dos terceras partes, los que, guardadas las formas, hayan obtenido en las respectivas juntas electorales una mayoría absoluta de sufragios.

    Si aquéllas no se hubieren guardado, se repetirá la elección por las mismas juntas electorales; y si no hubiere resultado una mayoría absoluta, el Senado (en su caso el Congreso), formará una terna de los que hayan obtenido mayor número de votos, y elegirá de entre ellos por mayoría absoluta de votos al que crea más conveniente. Si no resultase en esta votación, mayoría absoluta, se reducirá entonces a los dos individuos, que hayan obtenido en ella, más sufragios, decidiendo el voto del presidente, el que debe ser excluido en caso de haber habido empate, para que los candidatos queden reducidos a dos. En este caso, fijada de nuevo la elección entre los dos individuos que resulten, se procederá a nueva votación, y será proclamado senador el que reúna la mayoría absoluta de sufragios, volviendo a decidir el presidente en el caso de nuevo empate.

    Si alguno de los senadores hubiese obtenido mayoría absoluta en la junta electoral, el procedimiento del Senado (o en su caso del Congreso), para concluir la elección de ambos senadores, se hará por actos separados, y bajo las mismas formas para cada uno.

    Artículo 24° – Ninguno será nombrado senador que no tenga la edad de treinta y seis años cumplidos, nueve de ciudadano, un capital de diez mil pesos, o una renta equivalente, o profesión científica capaz de producirla.

    Artículo 25° – Los senadores, en el acto de su incorporación, prestarán el juramento prescrito en el artículo 20.

    Artículo 26° – Durarán en el cargo por el tiempo de nueve años, renovándose por terceras partes cada trienio y se decidirá por la suerte, luego que todos se reúnan, quienes deban salir el primero y segundo trienio.

    Artículo 27° – Al Senado corresponde juzgar en juicio público a los acusados por la Sala de Representantes.

    Artículo 28° – La concurrencia de las dos terceras partes de sufragios hará sentencia contra el acusado, únicamente al efecto de separarlo del empleo.

    Artículo 29° – La parte convencida y juzgada, quedará no obstante sujeta a acusación, juicio y castigo conforme a la ley.

    Artículo 30° – Los senadores serán compensados por sus servicios con la dotación que les señalará la ley.

    CAPÍTULO III

    De las atribuciones comunes a ambas Cámaras

    Artículo 31° – Ambas Cámaras se reunirán en la Capital y tendrán sus sesiones diarias en los meses de mayo, junio, julio, agosto y septiembre, debiendo permanecer en ella sus miembros en los meses restantes del año.

    Artículo 32° – Cada sala, será privativamente el juez para calificar la elección de sus miembros.

    Artículo 33° – Nombrará su presidente, vicepresidente y oficiales, señalará el tiempo de la duración de unos y otros y prescribirá el orden para los debates y para facilitar el despacho de sus deliberaciones.

    Artículo 34° – Ninguna de las salas comenzará sus funciones mientras que no hayan llegado al lugar de las sesiones, y se reúnan en cada una de ellas dos terceras partes de sus miembros, pero un número menor podrá compeler a los que no hayan concurrido a verificarlo, en los términos, y bajo los apremios, que cada sala proveerá.

    Artículo 35° – Los senadores y representantes, jamás serán responsables por sus opiniones, discursos o debates.

    Artículo 36° – Tampoco serán arrestados por ninguna otra autoridad durante su asistencia a la Legislatura, y mientras vayan y vuelvan de ella; excepto el caso de ser sorprendidos in fraganti en la ejecución de algún crimen, que merezca pena de muerte, infamia, u otra aflictiva, de, lo que se dará cuenta a la sala respectiva con la información sumaria del hecho.

    Artículo 37° – Cuando se forme querella por escrito ante las justicias ordinarias contra cualquier senador o representante, por delito, que no sea de los expresados en el artículo 19, examinado el mérito del sumario en juicio público, podrá cada sala, con dos tercios de votos, suspender en sus funciones al acusado y ponerlo a disposición del tribunal competente para su juzgamiento.

    Artículo 38° – Puede igualmente cada sala corregir a cualquiera de sus miembros, con igual número de votos, por desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones; o removerlo por inhabilidad física o moral, sobreviniente a su incorporación; pero bastará la mayoría de uno sobre la mitad de los presentes para decidir en las renuncias, que voluntariamente hicieron de sus cargos.

    Artículo 39° – Cada una de las Cámaras – puede hacer venir a su sala a los ministros del Poder Ejecutivo para recibir los informes que estime convenientes.

    CAPÍTULO IV

    De las atribuciones de1 Congreso

    Artículo 40° – Al Congreso corresponde declarar la guerra, oídos los motivos que exponga el Poder Ejecutivo.

    Artículo 41° – Recomendar al mismo, cuando lo estime conveniente, la negociación de la paz.

    Artículo 42° – Fijar la fuerza de línea de mar y tierra en tiempo de paz y guerra.

    Artículo 43° – Mandar construir o equipar las escuadras nacionales.

    Artículo 44° – Fijar cada año los gastos generales, con presencia de los presupuestos presentados por el Gobierno.

    Artículo 45° – Recibir anualmente la cuenta de inversión de los fondos públicos, examinarla y aprobarla.

    Artículo 46° – Establecer derechos de importación y exportación; y por un tiempo que no pase de dos años, imponer, para atender a las urgencias del Estado, contribuciones proporcionalmente iguales en todo el territorio.

    Artículo 47° – Ordenar los empréstitos que hayan de negociarse sobre los fondos del Estado.

    Artículo 48° – Fijar la ley, valor, peso y tipo de la moneda.

    Artículo 49° – Establecer tribunales inferiores a la Alta Corte de Justicia, y reglar la forma de los juicios.

    Artículo 50° – Acordar amnistías, cuando grandes motivos de interés público lo reclamen.

    Artículo 51° – Crear y suprimir empleos de toda clase.

    Artículo 52° – Reglar el comercio interior y exterior.

    Artículo 53° – Demarcar el territorio del Estado, y fijar los límites de las provincias, sin perjuicio de la permanencia de las enumeradas en el artículo 11.

    Artículo 54° – Habilitar puertos en las costas del territorio, cuando lo crea conveniente; y elevar las poblaciones al rango de villas, ciudades, provincias, en los casos, y con las calidades que la ley prefije.

    Artículo 55° – Formar planes generales de educación pública.

    Artículo 56° – Acordar premios a los que hayan hecho, o hicieron grandes servicios a la Nación.

    Artículo 57° – Acordar a los autores o inventores de establecimientos útiles, privilegios exclusivos por tiempo determinado.

    Artículo 58° – Hacer, en fin, todas las demás leyes y ordenanzas de cualquier naturaleza que reclame el bien del Estado; modificar, interpretar y abrogar las existentes.

    CAPÍTULO V

    De la formación y sanción de las leyes

    Artículo 59° – Las leyes pueden tener principio en cualquiera de las Cámaras que componen el cuerpo legislativo, por proyectos presentados por sus miembros, o por el Poder Ejecutivo por medio de sus ministros.

    Artículo 60° – Se exceptúan de esta regla las relativas a los objetos, de que trata el artículo 18.

    Artículo 61° – Aprobado un proyecto de ley en la Cámara, en que haya tenido principio, se pasará a la otra, para que, discutido en ella, lo apruebe o lo deseche.

    Artículo 62° – Ningún proyecto de ley, desechado por una de las Cámaras, podrá repetirse en las sesiones de aquel año.

    Artículo 63° – Los proyectos de ley aprobados por ambas Cámaras pasarán al Poder Ejecutivo.

    Artículo 64° – Si el Poder Ejecutivo los subscribe, o en el término de diez días no los devuelve objecionados, tendrán fuerza de ley.

    Artículo 65° – Si encuentra inconvenientes, el Poder Ejecutivo los devolverá con los reparos que juzgue necesarios, a la Cámara donde tuvieron su origen.

    Artículo 66° – Reconsiderados en ambas Cámaras, con presencia de aquellos, dos tercios de sufragios en cada una de ellas harán su última sanción.

    Artículo 67° – Las votaciones de ambas Cámaras serán entonces nominales, por sí o por no; y tanto los nombres y fundamentos de los sufragantes, como las objeciones del Poder Ejecutivo se publicarán inmediatamente por la prensa.

    SECCIÓN QUINTA Del Poder Ejecutivo

    CAPÍTULO I

    Naturaleza y calidades del poder

    Artículo 68° – El Poder Ejecutivo de la Nación, se confía y encarga a una sola persona, bajo el título de Presidente de la República Argentina.

    Artículo 69° – Ninguno podrá ser elegido presidente, que no haya nacido ciudadano de la República, y no tenga las demás calidades exigidas por esta Constitución, para ser senador.

    Artículo 70° – Antes de entrar al ejercicio del cargo, el presidente electo hará en manos del presidente del Senado, y a presencia de las dos Cámaras reunidas, el juramento siguiente:

    “Yo N…, juro por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios, que desempeñaré debidamente el cargo de presidente que se me confía; que protegeré la religión católica, conservaré la integridad e independencia de la República y observaré fielmente la Constitución”.

    Artículo 71° – El presidente durará en el cargo por el término de cinco años y no podrá ser reelecto a continuación.

    Artículo 72° – En caso de enfermedad o ausencia del presidente, o mientras se proceda a nueva elección por su muerte, renuncia o destitución, el presidente del Senado lo suplirá, y ejercerá las funciones anexas al Poder Ejecutivo, quedando entretanto suspenso de las de senador.

    CAPÍTULO II

    De la forma y tiempo de la elección de presidente

    Artículo 73° – El presidente de la República será elegido en la forma siguiente: En la Capital, y en cada provincia, se nombrará una junta de quince electores, con las mismas calidades, y bajo las mismas formas, que para la elección de senadores. Artículo 74° – Reunidos los electores en la ciudad capital de cada una de aquéllas, cuatro meses antes que expire el término del presidente que acabe, y en un mismo día que fijará la Legislatura, votarán por un ciudadano para presidente de la República por balotas firmadas. Artículo 75° – Concluida la votación, y firmada el acta por todos los vocales, se remitirá, por el presidente de la Junta Electoral, cerrada y sellada, al presidente del Senado.

    Artículo 76° – El presidente del Senado, reunidas todas las actas, las abrirá a presencia de ambas Cámaras.

    Artículo 77° – Asociados a los secretarios cuatro miembros del Congreso, sacados a la suerte, procederán inmediatamente a formar el escrutinio, y anunciar lo que resulte de los sufragios en favor de cada candidato.

    Artículo 78° – El que reúna las dos terceras partes de todos los votos, será proclamado inmediatamente presidente de la República.

    Artículo 79° – Si ninguno reuniere las dos terceras partes de los sufragios de los electores, procederá el Congreso a consumar la elección, en los mismos términos prevenidos en los artículos 22 y 23, sobre la elección de los senadores.

    Artículo 80° – La elección de presidente debe quedar concluida en una sola sesión, publicándose enseguida por la prensa las actas de las juntas electorales.

    CAPÍTULO III

    De las atribuciones del Poder Ejecutivo

    Artículo 81° – El presidente es el jefe de la administración general de la República.

    Artículo 82° – Publica y hace ejecutar las leyes y decretos del Congreso, reglando su ejecución por reglamentos especiales.

    Artículo 83° – Convoca al Congreso a la época prefijada por la Constitución, o extraordinariamente, cuando graves circunstancias lo demanden.

    Artículo 84° – Hace anualmente la apertura de sus sesiones, reunidas ambas Cámaras al efecto en la sala del Senado, informándoles en esta ocasión del estado político de la Nación, y de las mejoras y reformas, que considere dignas de su atención.

    Artículo 85° – Expide las órdenes convenientes, para que las elecciones, que correspondan, de senadores y diputados, se hagan en oportunidad, y con arreglo a la ley, dando cuenta al Congreso de los abusos que advirtiere.

    Artículo 86 – Es el jefe supremo de las fuerzas de mar y tierra, exclusivamente encargado de su dirección en paz o en guerra; pero no puede mandar en persona el ejército, sin especial permiso del Congreso, con el sufragio de las dos terceras partes de cada Cámara.

    Artículo 87° – Provee a la seguridad interior y exterior del Estado.

    Artículo 88° – Publica la guerra y la paz y toma por sí mismo cuantas medidas pueden contribuir a prepararlas.

    Artículo 89° – Hace los tratados de paz, amistad, alianza, comercio y cualesquiera otros; pero no puede ratificarlos sin la aprobación y consentimiento del Senado. En el caso que se estipule la cesión de alguna parte del territorio, o cualquiera género de gravámenes pecuniarios contra la Nación, será con el consentimiento de ambas Cámaras y con las dos terceras partes de votos.

    Artículo 90° – Nombra y destituye a los ministros secretarios de Estado y del despacho general.

    Artículo 91° – Nombra, igualmente los embajadores, ministros plenipotenciarios, enviados, cónsules generales y demás agentes, con aprobación del Senado.

    Artículo 92° – Mientras el Senado tenga suspendidas sus sesiones, podrá, en caso de urgencia, hacer los nombramientos necesarios para los empleos indicados en el artículo anterior; obteniendo su aprobación, luego que se halle reunido.

    Artículo 93° – Recibe, según las formas establecidas, los ministros y agentes de las naciones extranjeras.

    Artículo 94° – Expide las cartas de ciudadanía, con sujeción a las formas y calidades, que exige la ley.

    Artículo 95° – Ejerce el patronato general respecto de las iglesias, beneficios y personas eclesiásticas con arreglo a las leyes, nombra a los arzobispos y obispos, a propuesta en terna del Senado.

    Artículo 96° – Todos los objetos, y ramos de hacienda y policía, los establecimientos públicos y nacionales, científicos y de todo género, formados y sostenidos con fondos de Estado; las casas de moneda, bancos nacionales, correos, postas y caminos son de la suprema inspección y resorte del presidente de la República, bajo las leyes y ordenanzas, que los rigen o que en adelante formare el cuerpo legislativo.

    Artículo 97° – Provee todos los empleos, que no le son reservados por esta Constitución.

    Artículo 98° – Puede pedir a los jefes de todos los ramos, y departamentos de la administración, y por su conducto a los demás empleados, los informes que crea convenientes, y ellos son obligados a prestarlos.

    Artículo 99° – Puede indultar de la pena capital a un criminal, previo informe del tribunal, o juez de causa, cuando medien graves y poderosos motivos, salvo los delitos que la ley exceptúa.

    Artículo 100° – Provee, con arreglo a ordenanza, a las consultas que se le hagan, en los casos que ella previene, sobre las sentencias pronunciadas por los juzgados militares.

    Artículo 101° – Recibirá por los servicios la dotación establecida por la ley, que ni se aumentará, ni se disminuirá durante el tiempo de su mando.

    CAPÍTULO IV

    De los ministros secretarios

    Artículo 102° – Cinco ministros secretarios, a saber: de Gobierno, de Negocios Extranjeros, de Guerra, de Marina y de Hacienda, tendrán a su cargo el despacho de los negocios de la república, y autorizarán las resoluciones del presidente, sin cuyo requisito no tendrán efecto.

    Artículo 103° – El presidente puede reunir accidentalmente el despacho de dos departamentos al cargo de un solo ministro.

    Artículo 104° – Los cinco ministros secretarios forman el Consejo de Gobierno, que asistirá con sus dictámenes al presidente, en los negocios de más gravedad y trascendencia.

    Artículo 105° – El presidente oirá los dictámenes del Consejo, sin quedar obligado a sujetarse a ellos en las resoluciones que tuviere a bien tomar.

    Artículo 106° – En los casos de responsabilidad, los ministros no quedarán exentos de ella por la concurrencia de la firma, o consentimiento del presidente de la república.

    Artículo 107° – Los ministros no podrán por sí solos en ningún caso tomar deliberaciones, sin previo mandato, o consentimiento del presidente de la república, a excepción de lo concerniente al régimen especial de sus respectivos departamentos.

    Artículo 108° – No podrán ser diputados, ni senadores, sin hacer dimisión de sus empleos de ministros.

    Artículo 109° – Gozarán de una compensación por sus servicios, establecida por la ley, que no podrá ser aumentada ni disminuida, a favor o perjuicio de los que se hallen en ejercicio.

    SECCIÓN SEXTA

    Del Poder Judicial

    Artículo 110° – El Poder Judicial de la República, será ejercido por la Alta Corte de Justicia, Tribunales Superiores y demás juzgados establecidos por la ley.

    CAPÍTULO I

    De la Corte Suprema de Justicia

    Artículo 111° – Una Corte de Justicia compuesta de nueve jueces y dos fiscales, ejercerá el supremo Poder Judicial.

    Artículo 112° – Ninguno podrá ser miembro de ella que no sea letrado recibido con ocho años de ejercicio, cuarenta de edad y que no reúna las calidades necesarias por esta Constitución para ser senador.

    Artículo 113° – El presidente y demás miembros de la Alta Corte de Justicia, serán nombrados por el presidente de la República, con noticia y consentimiento del Senado.

    Artículo 114° – En la primera instalación de la Corte, los provistos prestarán juramento en manos del presidente de la República

    Artículo 115° – El presidente de la Alta Corte de Justicia durará en el ejercicio de las funciones de tal, por el término de cinco años; pero todos sus miembros permanecerán en sus respectivos cargos, mientras dure su buena comportación, debiendo proceder para ser destituido juicio y sentencia legal.

    Artículo 116° – Los miembros de la Alta Corte de Justicia, no pueden ser senadores ni representantes sin hacer dimisión de sus empleos; ni pueden ser empleados en otros destinos por el presidente de la República, sin su consentimiento, y aprobación de la Corte.

    Artículo 117° – La Alta Corte de Justicia nombrará sus oficiales, en el número y forma que prevenga la ley.

    Artículo 118° – Conocerá originaria y exclusivamente en todos los asuntos, en que sea parte una provincia, o que se suscite entre provincia y provincia, o pueblos de una misma provincia, sobre límites y otros derechos contenciosos, promovidos de modo que deba recaer sobre ellos formal sentencia.

    Artículo 119° – En las cuestiones que resulten con motivo de contrato, o negociaciones del Poder Ejecutivo, o de sus agentes, bajo su inmediata aprobación.

    Artículo 120° – En las causas de todos los funcionarios públicos de que hablan los artículos 19, 27, 28 y 29, y respecto de los casos en ellos indicados.

    Artículo 121° – En los que conciernan a los embajadores, ministros plenipotenciarios, enviados, cónsules y agentes diplomáticos de las cortes extranjeras.

    Artículo 122° – Para el conocimiento de los negocios que en los cuatro artículos anteriores se atribuye originariamente a la Alta Corte de Justicia, se dividirá ésta en dos salas. La primera, compuesta de tres de sus miembros, conocerá de la primera instancia, y la otra compuesta de los seis miembros restantes, conocerá de la segunda y última instancia.

    Art. 123° – Conocerá en último grado de los recursos, que en los casos y forma, que la ley designe, se eleven de los tribunales subalternos y en las causas de almirantazgo, de todos los negocios contenciosos de hacienda, y de los crímenes cometidos contra el derecho público de las naciones.

    Artículo 124° – Dirimirá las competencias que se susciten entre los demás tribunales superiores de la Nación.

    Artículo 125º – Examinará los breves y bulas pontificias, y abrirá dictamen al Poder Ejecutivo sobre su admisión o retención.

    Artículo 126º – Conocerá de los recursos de fuerza de los tribunales superiores eclesiásticos de la Capital.

    Artículo 127° – Informará de tiempo en tiempo al cuerpo legislativo de todo lo conveniente para la mejora de la administración de justicia; y elevará todas las dudas, que le propusiesen los demás tribunales, sobre la inteligencia de las leyes.

    Artículo 128° – Los juicios de la Alta Corte de Justicia, y la votación definitiva, serán públicos.

    Artículo 129° – Sus miembros gozarán de una compensación, que no podrá ser disminuida, mientras duren en sus puestos.

    SECCIÓN SÉPTIMA

    De la administración provincial

    CAPÍTULO I

    De los Gobernadores

    Artículo 130° – En cada provincia habrá un gobernador que la rija, bajo la inmediata dependencia del presidente de la República.

    Artículo 132° – El presidente nombra a los gobernadores de las provincias a propuesta en ternas de los consejos de administración.

    Artículo 133° – Son encargados de ejecutar en ellas las leyes generales dadas por la Legislatura nacional, los decretos del presidente de la República y las disposiciones particulares acordadas por los consejos de administración.

    Artículo 134° – A ellos corresponde proveer con las formalidades que los consejos de administración establezcan, todos los empleos dotados por las rentas particulares de las provincias.

    Artículo 135° – Durarán en el ejercicio de sus funciones por tres años, y no podrán ser reelectos a continuación en la misma provincia.

    Artículo 136° – Gozarán de una compensación que les designará la ley.

    CAPÍTULO II

    De los tribunales superiores de justicia

    Artículo 137° – Se establecerán tribunales superiores de justicia en las capitales de aquellas provincias, que la Legislatura juzgue conveniente, atendidas las ventajas de su situación geográfica, población y demás circunstancias.

    Artículo 138° – Conocerán en grado de apelación de los recursos que se eleven a ellos de los juzgados de primera instancia, y de los demás negocios que les correspondan por ley, no sólo del territorio de la provincia de su residencia, sino del de las demás, que la ley declare dependientes a este respecto.

    Artículo 139° – Se compondrán los tribunales superiores de jueces letrados, nombrados por el presidente de la República, a propuesta en terna de la Alta Corte de Justicia, su número será fijado por la ley.

    CAPÍTULO III

    De los consejos de administración

    Artículo 140° – En cada capital de provincia habrá un Consejo de Administración que velando por su prosperidad, promueva sus particulares intereses.

    Artículo 141° – El número de personas que compongan dichos consejos, no podrá ser menor de siete, ni mayor de quince. La Legislatura lo fijará en cada capital, habida consideración a la población y demás circunstancias políticas en la provincia.

    Artículo 142° – Los miembros de los consejos de administración interior serán elegidos popularmente por nombramiento directo, en los mismos términos y bajo las mismas formas que los representantes nacionales.

    Artículo 143° – Todo lo concerniente a promover la prosperidad y el adelantamiento de las provincias, su política interior, la educación primaria, obras públicas y cualesquiera establecimientos costeados y sostenidos por sus propias rentas, será reglado por los consejos de administración.

    Artículo 144° – Por ellos mismos se establecerán los empleos que sean necesarios para el buen régimen de cada provincia y se reglarán las formalidades que deben observarse en su provisión.

    Artículo 145° – Los consejos de administración acordarán anualmente el presupuesto de los gastos que demande el servicio interior de las provincias.

    Artículo 146° – El presupuesto de que habla el artículo anterior, se pasará oportunamente al presidente de la República, para que con el presupuesto general de los gastos que demande el servicio del estado, sea presentado a la aprobación de la Legislatura nacional.

    Artículo 147° – Para cubrir los gastos del servicio interior de las provincias, los consejos de administración establecerán en ellas sus rentas particulares y reglarán su recaudación.

    Artículo 148° – Las rentas, de que habla el artículo anterior, consistirán precisamente en impuestos directos, pues que toda contribución indirecta queda adscripta al tesoro común de la Nación.

    Artículo 149° – Las rentas particulares que se arreglen en cada provincia por los consejos de administración, no se llevaran a efecto sin haber obtenido la aprobación de la Legislatura nacional; y el orden que se establezca para su recaudación, se sujetará igualmente a la aprobación del presidente de la República.

    Artículo 150° – Mientras las rentas establecidas, atendido el estado actual de las provincias, no alcancen a cubrir sus gastos ordinarios, se les suplirá del tesoro nacional lo que falte, llevando a cada provincia una cuenta particular de estos suplementos, que serán reintegrados en proporción que sus rentas mejoren.

    Artículo 151° – Si, después de cubiertos los gastos de la provincia, sus rentas dejasen algún sobrante, éste será invertido precisamente en la provincia misma, y en aquellas obras o establecimientos, que el Consejo de Administración acuerde, previa la aprobación de la Legislatura nacional.

    Artículo 152° – En las provincias no podrá exigirse de los ciudadanos servicio alguno ni imponerse multas, o cualquiera otra exacción fuera de las establecidas por las leyes generales, sin especial autorización de los consejos de administración.

    Artículo 153º – La cuenta de la recaudación e inversión de las rentas de cada provincia se presentará a su respectivo Consejo de Administración; y éste, después de examinarla, la pasará con su juicio al presidente de la República, para que, con las cuentas de la, administración general, se sometan todas a la aprobación de la Legislatura Nacional.

    Artículo 154° – Los consejos de administración, tienen el derecho de petición directamente a la Legislatura nacional y al presidente de la República, o para reclamar cuanto juzguen conveniente a su propia prosperidad o para exigir la reforma de los abusos, que se introduzcan en su régimen y administración.

    Artículo 155° – Los individuos que componen el Consejo de Administración, no tendrás en caso alguno que responder por sus opiniones, ni estarán sujetos por ellas a otro juicio que al de la censura pública.

    Artículo 156° – Durarán en el ejercicio de sus funciones por dos años y serán reemplazados cada año por mitad.

    Artículo 157° – No recibirán compensación alguna por este servicio.

    Artículo 158° – Para que los consejos de administración se expidan uniformemente en el ejercicio de sus importantes funciones, el presidente de la República formará desde luego un reglamento en que se establezca la policía interior de estos cuerpos, los períodos de su reunión, y el orden que deben observar en sus debates y resoluciones. Este reglamento irá mejorando, según lo aconseje la experiencia, y lo representen los mismos consejos.

    SECCIÓN OCTAVA

    De disposiciones generales

    Artículo 159° – Todos los habitantes del Estado deben ser protegidos en el goce de su vida, reputación, libertad, seguridad y propiedad. Nadie puede ser privado de ellos sino conforme a las leyes.

    Artículo 160° – Los hombres son de tal manera iguales ante la ley, que ésta, bien sea penal, preceptiva o tuitiva, debe ser una misma para todos, y favorecer igualmente al poderoso que al miserable para la conservación de sus derechos.

    Artículo 161° – La libertad de publicar sus ideas por la prensa, que es un derecho tan apreciable al hombre, como esencial para la conservación de la libertad civil, será plenamente garantida por las leyes.

    Artículo 162° – Las acciones privadas de los hombres, que de ningún modo ofenden al orden público, ni perjudican a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de las autoridades de los magistrados.

    Artículo 163° – Ningún habitante del Estado será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.

    Artículo 164° – Es del interés y del derecho de todos los miembros del Estado el ser juzgados por jueces los más independientes e imparciales, que sea dado a la condición de las cosas humanas. El cuerpo legislativo cuidará de preparar, y poner en planta el establecimiento del juicio por jurados, en cuanto lo permitan las circunstancias. Artículo 165° – Queda absolutamente prohibido todo juicio por comisión.

    Artículo 166° – Todo ciudadano debe estar seguro contra las requisiciones arbitrarias y apoderamiento injusto de sus papeles y correspondencias. La ley determinará en qué casos, y con qué justificación pueda procederse a ocuparlos.

    Artículo 167° – Ningún individuo podrá ser arrestado, sin que preceda al menos declaración contra él de un testigo idóneo, o sin indicios vehementes de crimen, que merezca pena corporal, cuyos motivos se harán constar en proceso informativo dentro de tres días perentorios. En el caso de haber impedimento, el juez pondrá constancia de él, quedando responsable de toda omisión por su parte.

    Artículo 168° – Cualquier individuo sorprendido in fraganti puede ser arrestado, y todos pueden arrestarlo y conducirlo a la presencia del magistrado con arreglo al artículo anterior.

    Artículo 169° – Para el arresto de un individuo, fuera del caso de delito in fraganti, debe preceder un mandamiento firmado por el magistrado, a quien la ley concede esta facultad, que exprese el motivo de este arresto, que debe notificársela en el acto de la prisión, y del cual se le debe dar copia si la pidiere.

    Artículo 170° – Las cárceles sólo deben servir para la seguridad, y no para castigos de los reos. Toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exige, será corregida según las leves.

    Artículo 171° – Ningún habitante del Estado puede ser penado, ni confinado, sin que preceda juicio y sentencia legal.

    Artículo 172° – La casa de todo habitante del Estado es un sagrado, que no puede violarse sin crimen, y sólo podrá allanarse en caso de resistencia a la autoridad legítima.

    Artículo 173° – Esta diligencia se hará con la moderación debida, personalmente por el mismo juez. En caso que algún urgente motivo se lo impida dará al delegado orden por escrito con las especificaciones convenientes, y se dejará copia de ella al individuo, que fuese aprehendido, y al dueño de la casa si la pidiese.

    Artículo 174° – Las anteriores disposiciones, relativas a la seguridad individual, no podrán suspenderse, sino en el caso de inminente peligro, de que se comprometa la tranquilidad pública o la seguridad de la patria a juicio y por disposición especial del Congreso.

    Artículo 175° – Siendo la propiedad un derecho sagrado e inviolable, los habitantes del Estado, no pueden ser privados de ella, ni gravados en sus facultades, sino en los casos establecidos por la ley.

    Artículo 176° – Cuando el interés del Estado exija que la propiedad de algún individuo particular sea destinada a usos públicos, bajo las formalidades de la ley, el propietario recibirá por ella una justa compensación.

    Artículo 177° – Queda prohibida la pena de confiscación de bienes.

    Artículo 178° – Ninguno será obligado a prestar auxilio de cualquiera clase para los ejércitos, ni a franquear su casa para alojamiento de un cuerpo o individuo militar, sino del orden del magistrado civil según la ley. El perjuicio, que en este caso se infiera al propietario, será indemnizado competentemente por el Estado.

    Artículo 179° – Todos los habitantes del Estado tienen derecho para elevar sus quejas, y ser oídos hasta de las primeras autoridades del país.

    Artículo 180° – A ningún hombre o corporación se concederán ventajas, distinciones o privilegios exclusivos sino los que sean concedidos a la virtud o los talentos; y no siendo éstos transmisibles a los descendientes, se prohíbe conceder título alguno de nobleza.

    Artículo 181° – Se ratifica la ley de libertad de vientres, y las que prohiben el tráfico de esclavos, y su introducción en el país, bajo cualquier pretexto.

    SECCIÓN NOVENA

    De la reforma de la Constitución

    Artículo 182° – En ninguna de las Cámaras del Poder Legislativo, será admitida una moción para la reforma de uno o más artículos de la presente Constitución, sin que sea apoyada por la cuarta parte de los miembros concurrentes.

    Artículo 183° – Siempre que la moción obtenga dicha calidad, discutida en la forma ordinaria, serán necesarias las dos terceras partes de votos en cada una de las salas para sancionarse que el artículo, o los artículos en cuestión exigen reformas.

    Artículo 184° – Esta resolución se comunicará al Poder Ejecutivo para que exponga su opinión fundada, y con ella la devuelva a la sala, donde tuvo su origen.

    Artículo 185° – Si él disiente, reconsiderada la materia en ambas Cámaras, será necesaria la concurrencia de tres cuartas partes al menos de cada una de ellas para sancionar la necesidad de la reforma, Y tanto en este caso, como en el de consentir el Poder Ejecutivo, se procederá inmediatamente a verificarla con el número de sufragios prescripto en el artículo 183.

    Artículo 186° – Verificada la reforma, pasará al Poder Ejecutivo para su publicación, o para que exponga los reparos que encontrare. En caso de devolverla aun con reparos, tres cuartas partes de sufragios en cada sala harán su última sanción.

    SECCIÓN ÚLTIMA

    De la aceptación y observancia de esta Constitución

    Artículo 187° – Esta Constitución será presentada al examen y libre aceptación de la Capital y provincias, por el órgano de las juntas, que en ellas existen de presente, o que se formen al efecto.

    Artículo 188° – La aceptación de las dos terceras partes de las provincias, incluso la Capital, será suficiente para que se ponga en práctica entre ellas, conservando relaciones de buena inteligencia con las que retarden su consentimiento.

    Artículo 189° – Si las provincias quisiesen resignarse en el juicio del Congreso Constituyente, él procederá a aceptarla a nombre de ellas por una declaración especial.

    Artículo 190° – En este caso, o en el del artículo anterior, se expedirán inmediatamente las órdenes para la formación de ambas Cámaras, e instalación de la primera Legislatura; y para que esta Constitución sea jurada solemnemente en todo el territorio del Estado.

    Artículo 191° – Todo el que atentare o prestare medios para atentar contra la presente Constitución, después de aceptada, será castigado hasta con la pena de muerte, según 1a gravedad del crimen.

    Dada en la sala de sesiones del Congreso General Constituyente, en Buenos Aires, 24 de diciembre de 1826.

    JOSÉ MARÍA ROJAS, presidente, diputado por la Capital – José ANTONIO BARROS, diputado por Catamarca – JUAN ANTONIO NEIROT, diputado por Santiago del Estero – José CABERO, diputado por Mendoza. – Francisco NARCISO DE LAPRIDA, diputado por San Juan. – FÉLIX IGNACIO FRÍAS, diputado por Santiago del Estero. – EVARISTO CARRIEGO diputado por Entre Ríos. – MANUEL DE TEZANOS PINTO, diputado por Jujuy. – EDUARD PÉREZ BULNES, diputado por Córdoba. – INOCENCIO GONZÁLEZ ESPECHE, diputado por Catamarca – CASIANO CALDERÓN, diputado por Entre Ríos. – JOSE FRANCISCO ACOSTA diputado por Corrientes. – DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD, diputado por San Luis. – SANTIAGO VÁZQUEZ, diputado por La Rioja. – ELÍAS BEDOYA, diputado por Córdoba. – CALISTO M. GONZÁLEZ, diputado por San Luis. – MARIANO ANDRADE, diputado por el territorio desmembrado de la Capital. – MARIANO LOZANO, diputado por la provincia de Córdoba. – MANUEL ANTONIO CASTRO, diputado por la Capital. – José ARENALES diputado por Salta – FRANCISCO REMIGIO CASTELLANOS, diputado por la provincia de Salta. – MIGUEL DÍAZ DE LA PEÑA, diputado por Catamarca – DIEGO ESTANISLAO ZAVALETA, diputado por el territorio desmembrado de la Capital, MANUEL PINTO, por Misiones – JOSÉ VALENTÍN GÓMEZ, diputado por el territorio desmembrado de la Capital. – PEDRO SOMELLERA, diputado por la Capital. – SILVESTRE BLANCO, diputado por Montevideo – VICENTE IGNACIO MARTÍNEZ, diputado por Misiones – CORNELIO ZELAYA, diputado por la Capital – JUAN BAUTISTA PAZ, diputado por Tucumán, CIPRIANO J. DE URQUIZA, diputado por Entre Ríos – MATEO VIDAL, diputado por 1a Banda Oriental – PEDRO PABLO VIDAL, diputado por Santa Fe. – CAYETANO CAMPANA, diputado por la Banda Oriental – NICOLÁS DE AVELLANEDA Y TULA, diputado por Catamarca – SALVADOR MALDONADO, diputado por Córdoba. – ENRIQUE NÚÑEZ diputado por Entre Ríos. – Licenciado SANTIAGO FUNES, diputado por San Luis, ALEJANDRO HEREDIA, diputado por Salta. – EUSEBIO GREGORIO RUZO, diputado por La Rioja. – JOSÉ EUGENIO DEL PORTILLO, diputado por Córdoba. – MIGUEL VILLANUEVA, diputado por Córdoba, JOSÉ LUIS BUSTAMANTE, diputado por el territorio desmembrado de la Capital. – PEDRO NOLASCO VIDELA, diputado por Mendoza – ILDEFONSO RAMOS MEJÍA, diputado por la Capital – VALENTÍN SANMARTÍN, diputado por la Capital. – JOSÉ ANTONINO MEDINA, diputado por Tucumán. – MANUEL CORVALÁN, diputado por Mendoza. – GERÓNIMO HELGUERA, diputado por Tucumán. – JOSÉ IGNACIO DE GARMENDIA, diputado por Tucumán. – MANUEL DE ARROYO Y PINEDO, diputado por el territorio desmembrado de la Capital. – FRANCISCO ANTONIO DE LA TORRE, diputado por Santa Fe. – PEDRO FELICIANO CAVIA, diputado por Corrientes. – MANUEL DORREGO diputado por Santiago del Estero. – BERNARDO IGARZÁBAL, diputado por Corrientes. MANUEL VICENTE MENA, diputado por Santiago del Estero. – PEDRO CAVIA Y CAVIEDES, diputado por Corrientes. – MIGUEL DE RIGLOS, diputado por la Capital. – JOSÉ OCANTOS, diputado por Corrientes. – JUAN JOSÉ PASO, diputado por la Capital. – ALEJO CASTEX diputado por el territorio desmembrado de la Capital. – JUAN DE ALAGÓN, diputado por 1a Capital. – FRANCISCO PIÑERO, diputado por el territorio desmembrado de la Capital – JOAQUÍN BELGRANO, diputado por la Capital – JOSÉ FELIPE ECHAZU – diputado por Tarija – JUAN DE LA CRUZ VARGAS, diputado por Mendoza – JOS MIGUEL DE ZEGADA, diputado por Jujuy – JUAN IGNACIO DE GORRITI, diputado por Salta – MANUEL BONIFACIO GALLARDO, diputado por el territorio desmembrado de la Capital – MANUEL MORENO, diputado por la Provincia Oriental – JOSÉ FRANCISCO DE UGARTECHE, diputado por Santiago del Estero – ANTONIO MARÍA TABOADA, diputado por Santiago del Estero – ALEJO VILLEGAS, secretario – JUAN CRUZ VARELA, secretario.

    Fuentes:

    – “El Poder Legislativo de la Nación Argentina” por Carlos Alberto SILVA, TOMO I – ANTECEDENTES 1810-1854 – PRIMERA PARTE: 1810-1827 – Págs. 942 a 956 – Cámara de Diputados de la Nación, Buenos Aires, 1937.

  55. LA MAZORCA

    Símbolo de la unión nacional

    La idea de la mazorca aparece en aquella cabeza obtusa, cubil de la venganza que fuera Rivera Indarte. Pero el cobarde y mal hechor no ideó la mazorca como representación simbólica de la unión nacional y de anhelo de solidaridad ante el peligro. Como algunos símbolos religiosos, el origen, la primera intención de usar el marlo de maíz relacionándolo con la política, tuvo en el filtro envenenado de Rivera Indarte (Tablas de Sangre) una intención nefanda y deprimente para los unitarios. El asqueroso panfletario redactó un día una décima que puso al pie de un marlo en una fiesta que se celebraba, allá por el año 1835, en honor a Rosas. El anfitrión era Don Fernando Cordero, y en su casa, hoy calle Corrientes, se expuso el diseño y se inscribió la décima, que empezaba:

    ¡Viva la Mazorca!
    Al unitario que se detenga a mirarla
    Aqueste marlo que miras
    de rubia chala vestido,
    en los infiernos ha hundido
    a la unitaria fracción

    Y luego terminaba aludiendo a la finalidad monstruosa que aquel degenerado le asignaba: símbolo criollo cargado de volición social. El pueblo advirtió enseguida, en la espiga de maíz, de apiñados granos, bien apretados al talo de común origen, que aquel hallazgo contenía un simbolismo de energía y rápida percepción, y que, como todos los símbolos, explicaba sin palabras unos cuantos anhelos de la colectividad. El país vivía rodeado de enemigos, traidores adentro, emboscados algunos al lado mismo del Restaurador.

    La Patria se disolvía bajo la acción anárquica de intelectuales doctrinarios, como Varela y Alsina, que tramaban la disolución argentina. Una comunidad no está dispuesta nunca a perecer, y siempre encuentra elementos cohesivos para sostenerse y triunfar de la hidra de la anarquía. La mazorca era una imagen que compendiaba los anhelos profundos de los mejores patriotas, de las clases burguesas y de las capas populares.

    En lo sucesivo, la mazorca, al dar la idea de apiñamiento, de cohesión y de adhesión, fue utilizada como la mejor amenaza contra los lívidos unitarios, plebe de levita, que andaban por las cancillerías europeas mendigando los treinta dineros por los que luego enajenaron la nacionalidad.

    La propaganda unitaria

    Mazorqueros se llamaban de uno y otro lado los elementos sociales que rodearon a Don Juan Manuel para delatar y castigar la infidencia en tratos con la escuadra francesa, el soborno de los doctores que habían aprendido en las universidades el arte de la intriga más abyecta y mercenaria con la que pudieron vender la Patria.

    Los federales se titulaban mazorqueros porque sentían la honra de custodiar el acervo patrimonial que habían heredado de sus padres. Mazorqueros los llamaban despectivamente los unitarios, porque temían, porque les espantaba la sugestión vigorosa y brillante del símbolo.

    Por influjo del mismo miserable que hallara la imagen pervertida, luego los unitarios comenzaron a llamar mazorqueros, especialmente, a los miembros de la Sociedad Popular Restauradora, organismo creado por el año 1834 o 35, destinado a colaborar con la policía rosista en el mantenimiento del orden. Se quiso enlodar el nombre de las familias más respetables de Buenos Aires, vinculándolas a la imagen asociativa de la mazorca, para que la visión sangrienta que ellos mismos desplegaban en su propaganda, salpicara el honor de los caballeros componentes de la Sociedad Popular Restauradora. Veamos que objeto tenía esta institución.

    La Sociedad Popular Restauradora

    Hacia 1833 se consideró necesario en el seno de lo más representativo de la sociedad porteña crear un organismo que sirviera de estimulante político y de tejido conjuntivo entre todos los sectores de la ciudad. Era su jefe el Comandante Julián González Salomón y sus funciones están explicadas por todas las organizaciones parecidas que surgen espontáneamente en lo más profundo de las comunidades, cada vez que el peligro de la conspiración amenaza sus cimientos.

    Los enemigos, que generalmente afilan puñales en la sombra, tachan a esas organizaciones con los motes de adulonería, servilismo, obsecuencia y cobardía. Pero cuando se leen la lista de los hombres que componían la Sociedad Popular, no puede uno menos que reírse, al saber, por ejemplo, que Alberdi, el hombre más flojo física y moralmente que ha tenido el país, pudiera tacharlo de cobarde, pongamos por caso, a Manuel Corvalán.

    Apellidos que luego, y hoy mismo, figuran en el libro de oro de la mejor burguesía argentina, la que a través de solicitaciones sin cuento que la prosperidad trajo al país se mantuvo, sin embargo, en la más sencilla austeridad.

    Ahí están los Mansilla, los Alegre, los Rolón, los Obarrio, los Madariaga, los Moreno. ¿Cómo pueden haber sido pintados con los puñales tintos en sangre, cual forajidos y asaltantes, en las novelas y en las historias falsarias de los proscriptos unitarios? Porque ya en aquellos tiempos los unitarios maquinaban desde el destierro un programa siniestro de humillación nacional, de degradación de todos los valores argentinos, para deprimir el país y postrarlo en un terrible complejo de inferioridad. Porque los unitarios vinieron del destierro destilando odio de resentidos y pasión de esclavos contra quienes lo vencieron siempre cara a cara en los campos de batalla, y juraron vengarse contra aquella decisión argentina que duró veinticinco años para resistirse a vivir sometidos a la dominación extranjera, negociada por los letrados del unitarismo.

    La posteridad

    Hace pocos días, el 4 de octubre (artículo aparecido en el año de 1939), se cumplió el centenario de una de las manifestaciones más grandiosas que haya recibido gobernante alguno de su pueblo. La Parroquia de la Merced, donde se hallaban radicadas las familias más conspicuas de Buenos Aires, realizó una función «con motivo de haberse salvado milagrosamente la importante vida del benemérito ciudadano, ilustre Restaurador de las Leyes, del alevoso puñal de los pérfidos unitarios, de acuerdo con los inmundos franceses».

    Se refería la declaración a la tentativa de Maza, frustrada unos meses antes y que había sido resultado de un complot en el que participaban los unitarios de Montevideo en combinación con los estancieros del sur, fomentado por el dinero de la escuadra bloqueadora francesa, y cuyo brazo ejecutor debía ser el Coronel Maza, del servicio del mismo Restaurador. Leamos algunas firmas del manifiesto, Simón Pereyra, Felipe Lavallol, Luis Dorrego, Tomás Manuel y Nicolás de Anchorena, Patricio Lynch, Bonifacio Huergo, Juan Bautista Udaondo, José Antonio Demaría. No necesitamos seguir adelante. Esos apellidos aparecen en la pluma de los diaristas unitarios y de los libelistas a sueldo como Rivera Indarte, vinculados a la Sociedad Popular y, por lo tanto, englobados todos bajo el rótulo infamante de mazorqueros.

    ¿Por qué esos mismos o sus descendientes no han considerado nunca prudente organizarse en una acción de cualquier naturaleza para vindicar la memoria de los caballeros cien veces difamados con un mote calumnioso que todavía persiste en su sentido más peyorativo? ¿Qué pasó en la sociedad argentina aquel día de Caseros para que el rosismo desapareciera tan bruscamente, no sólo de la escena política, sino de la memoria visible y manifiesta de los que públicamente habían expresado adhesiones tan fervientes al Restaurador?

    Esta es una de las cosas que deben ser investigadas a fondo por los que realicen un día lo que podría llamarse historia psicológica del pueblo argentino. Hemos leído apellidos de las clases sociales más elevadas, apellidos que aún hoy aparecen como la más granado de las «elites». Sin embargo, la vil patraña de que sus ascendientes formaban una pandilla de asesinos persiste en los textos de historia, parece que los señores del presente se limitaran a silenciar discretamente un error o un vicio del abuelo cuando se les pregunta si descienden de mazorqueros. A Leandro N. Alem le amargaron la juventud en la universidad; lo llamaban el hijo del mazorquero; posiblemente muchos descendientes de mazorqueros habrían con disimulo una especie de limpieza de sangre y habrán escamoteado las partidas de las que resultaría una vinculación desdorosa con un mazorquero.

    Sin embargo, el camino debió ser el opuesto. Los llamados mazorqueros eran todos caballeros de la mejor sociedad porteña; y sus nietos en lugar de confirmar la afrenta, disimulando flojamente su linaje, habrían debido demostrar públicamente la naturaleza de aquella Sociedad Popular y honrarse de los servicios que el abuelo había prestado al Restaurador y con él a la Patria.

    ¡Ironías sangrientas de las cosas! Fue el pueblo, la masa ignorada y despreciada, el que mantuvo en sus canciones y en su tradición oral el verdadero significado de la palabra Mazorca; cantó y canta todavía al mazorquero como leal, como hombre bravío y cumplidor con su deber.

    Se han exhumado últimamente algunos bailes de la época en que se celebran las patriadas de los sargentos mazorqueros, y el pueblo ha captado con instinto adivinatorio la realidad histórica de un símbolo y un mote que fueron expresión de necesidades sociales que acaso golpean todavía hoy con más fuerza que el año cuarenta en la nacionalidad. Orden, cohesión, unidad, como contrafigura de descomposición, dispersión y disolución; quien sabe si la imagen de la mazorca, del marlo del maíz, no trabaja en las mentes actualmente, no aparece, desaparece y reaparece como una visión de sueño, todavía sumergida en lo irracional, pero que quiere indicar o responder alguna cosa frente a un complejo de interrogantes de la hora. ¡Quién sabe!.

    Fuentes:
    – Doll, Ramón – La Mazorca y la Sociedad Popular Restauradora – Buenos Aires (1968).

  56. JUAN MANUEL DE ROSAS Y FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

    “¡Muero con mi Patria!”

    Con esa última frase en sus labios, el 1º de marzo de 1870, en Cerro-Corá, el Mariscal Francisco Solano López, herido, agotado y desangrado, medio ahogado, moribundo y anegada en sangre el agua inmunda del arroyo que, caído sentado, lo circundaba, recibió un tiro de Manlicher que le atravesó el corazón. Ahí quedó, muerto de espaldas, con los ojos abiertos y la mano crispada en la empuñadura de su espadín de oro –en cuya hoja se leía «Independencia o Muerte».

    “¡O, diavo do López!” (¡”Oh, diablo de López!”), comentó el macaco recluta del Imperio brasileño mientras pateaba el cadáver. Las últimas palabras del Mariscal eran algo más que una metáfora: ya casi nada quedaba del Paraguay, toda su población masculina entre los 15 y 60 años había muerto bajo la metralla. Muchísimas mujeres y niños también, cuando no por las balas, por las terribles epidemias de cólera y fiebre amarilla, o simplemente sucumbieron de hambre. Por supuesto, tampoco quedaron ni altos hornos, ni industrias, ni fundiciones, ni inmensos campos plantados con yerba o tabaco, ni ciudad que no fuera saqueada. Apenas si un montón de ruinas cobijaba a los fantasmales trescientos mil ancianos, niños y mujeres sobrevivientes. Se condenó al país a pagar fortísimas indemnizaciones por “gastos de guerra”. Paraguay perdió prácticamente la mitad de su territorio, que pasó a formar parte de Brasil y de Argentina (las actuales provincias de Misiones y Formosa).

    Paraguay, país rico, ordenado y próspero.

    Cinco años antes, al comenzar la Guerra de la Triple Alianza, el Paraguay de los López era un escándalo en América. El país era rico, ordenado y próspero, se bastaba a sí mismo y no traía nada de Inglaterra… Abastecía de yerba y tabaco a toda la región y su madera en Europa cotizaba alto. Veinte años había durado la presidencia del padre, don Carlos Antonio López, hasta su muerte en 1862, y desde entonces la del hijo Francisco Solano. El Paraguay tenía 1.250.000 habitantes, la misma cantidad de la vecina Argentina de entonces (¡Se exterminó en la guerra nada menos que al 75% de la población!).

    El Paraguay era de de los paraguayos. Ningún extranjero podía adquirir propiedades, ni especular en el comercio exterior. Y casi todas las tierras y bienes eran del Estado. La balanza comercial arrastraba un saldo ampliamente favorable, y carecía de deuda externa. Contaba con el mejor ejército de Sudamérica. Tenía altos hornos y la fundición de Ibicuy fabricaba cañones y armas largas. Funcionaba el primer ferrocarril de Latinoamérica, un telégrafo y una poderosa flota mercante. El nivel de la educación popular también era el primero del continente. Además, Paraguay era un importante productor de algodón, materia prima que necesitaba el capitalismo inglés en su etapa de expansión imperialista para su industria textil, principal motor de su economía. El bloqueo al sur esclavista de la Confederación, que proveía de algodón a la industria inglesa, producido por la guerra de Secesión norteamericana (1861-1865), hizo indispensable para los intereses británicos la destrucción de tal nación soberana.

    Esos intereses manipularon al círculo de influencia del emperador del Brasil y al partido mitrista y la oligarquía porteña y montevideana, hasta promover el exterminio de todo un pueblo, que incluyó de paso a las montoneras argentinas.

    Lo cierto es que la marcha final de siete meses de los últimos héroes paraguayos hacia Cerro-Corá, doscientas jornadas por el desierto, bajo el ardiente sol subtropical, constituye una de las páginas más sórdidas pero también más gloriosas de la historia americana. Soldados abrazados por la fiebre o por las llagas y extenuados por el hambre, sin más prendas que un calzón, descalzos porque los zapatos, como el morrión y las correas del uniforme, han sido comidos después de ablandar el cuero con agua de los esteros. Todos están enfermos, todos escuálidos por el hambre, todos heridos sin cicatrizar. Pero nadie se queja. No se sabe adónde se va, pero se sigue mientras no sorprenda la muerte. Conduce la hueste espectral el presidente y mariscal de la guerra Francisco Solano. Si no ha podido dar el triunfo a los suyos, les ofrecerá a generaciones venideras el ejemplo tremendo de un heroísmo nunca igualado.

    Triunfo de la Foreing Office

    Cinco años después, el gran Paraguay de los López quedó hundido, con todo su pueblo, en los esteros guaraníes. Desde entonces el Foreing Office quedaría como dueño absoluto de la región y dejaría desarticulada, por lo menos durante un largo período que todavía sufrimos, la posibilidad de integrar en una sola nación a la Patria grande. La gran causa iniciada por Artigas en las primeras horas de la Revolución, continuada por San Martín y Bolívar al concretarse la Independencia, restaurada por la habilidad y energía de Rosas en los años del «sistema americano», y que tendría en el Gran Mariscal Francisco Solano López su adalid postrero.

    Pero ya una año antes de Cerro-Corá, viejo y pobre en su destierro de Southampton, don Juan Manuel de Rosas, que por sostener lo mismo que López había sido traicionado y vencido en Caseros por los mismos que traicionaron y vencieron ahora al mariscal paraguayo, se conmovió, profundamente emocionado, ante la heroica epopeya americana. El Restaurador miró el sable de Chacabuco que pendía como único adorno en su modesta morada. Esa arma simbolizaba la soberanía de América; con ella San Martín había liberado a Chile y a Perú; después se la había legado a Juan Manuel de Rosas por su defensa de la Confederación contra las agresiones de Inglaterra y Francia. El viejo gaucho ordenó entonces que se cambie su testamento, porque había encontrado el digno destinatario del sable corvo de los Andes.

    Legado del «Sable de la Soberanía»

    El 17 de febrero de 1869, mientras Francisco Solano López y el heroico pueblo guaraní se debatían en las últimas como jaguares decididos que se niegan a la derrota, Rosas testó el destino del «sable de la soberanía»:

    «Su excelencia el generalísimo, Capitán General don José de San Martín, me honró con la siguiente manda: La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia será entregada al general Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la Patria. Y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su Excelencia el señor Gran Mariscal, presidente de la República paraguaya y generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible defender esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria».

    Fuentes:

    – Rosa, José María – “¡Muero con mi Patria!” – Investigación histórica.

  57. Almirante Guillermo Brown, a las órdenes de Rosas

    En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal. A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a los buques extranjeros que apoyaban a Rivera. Brown solicita a Rosas nombrar “El Restaurador” a la nave insignia, pero aquel le ordena designarla “San Martín”

    En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria en la batalla de Costa Brava (15 de agosto de 1842) mandada por Garibaldi, a quien le propina una soberana paliza.

    En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar.

    El robo de la escuadra

    El 26 de julio de 1845, cuando el almirante Brown, comandante de la fuerza naval argentina que bloqueaba a Montevideo, en cumplimiento de órdenes superiores, se disponía a regresar a Buenos Aires, tiene lugar un hecho ultrajante que es conocido en nuestra historia como “el robo de la escuadra”.

    Las corbetas “Comus” y “Sattellite”, de la estación naval francesa, detienen a cañonazos a la “9 de Julio”, “San Martín” y “25 de Mayo”, mientras que la “D’Assas” hace lo propio con la “Maipú” y la “Echagüe”.

    El anciano almirante envía entonces al general Rosas estas palabras llenas de amargura:

    “Tal agravio demandaba el sacrificio de la vida con honor y solo la subordinación a las supremas órdenes de V.E., para evitar la aglomeración de incidentes que complicasen las circunstancias, pudo resolver al que firma a arriar un pabellón que durante treinta y tres años de continuos triunfos ha sostenido con toda dignidad en las aguas del Plata”.

    Poco después, la escuadra argentina, que bloqueaba el puerto de Montevideo a las órdenes del almirante Brown, fue apresada, cumpliéndose la consigna ministerial. Pocas veces se había asistido a un atropello más flagrante de las normas del derecho internacional. Las potencias agresoras organizaron hábilmente lo que hoy denominamos “guerra psicológica”, pero no pudieron impedir los comentarios de la prensa.

    “Triunfe la Confederación Argentina o acabe con honor, Rosas, a pesar del epíteto de déspota con que lo difaman, será reputado en la posteridad como el único jefe americano del sur que ha resistido intrépido las violentas agresiones de las dos naciones más poderosas del Viejo Mundo”; decía “O Brado de Amazonas”. (De Río de Janeiro, el 13 de diciembre de 1845).

    “O Sentinella da Monarchia”, del mismo origen, del día 17, se expresaba así: “Sean cuales fueran las faltas de este hombre extraordinario, nadie ve en él sino al ilustre defensor de la causa americana, el grande hombre de América, sea que triunfe o que sucumba”.

    Retiro y muerte

    Tras la caída de Rosas, el Ministro de Guerra y Marina cursa al Almirante Brown una comunicación manifestando: “El Gobierno con esa medida ha consultado la decidida predilección a que V.E. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera”.

    Ya retirado es visitado por el destacado marino Joao Pascoe Grenfell en su quinta de Barracas, quien había sido su adversario en la guerra contra el Brasil. Al manifestarle aquél sobre las ingratitudes de las Repúblicas, el anciano Almirante le contesta: “Señor Grenfell, no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos; considero superfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis pies de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores”.

    Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857.
    ———————————————————————————————————————————————-

    A CONTINUACIÓN, LETRA DE LA CANCIÓN

    “Admiral Brown, take me to Mayo” (“Almirante Brown, llévame a Mayo”)

    De una ciudad del condado de Mayo
    vino un hombre de mucha fama.
    Como marinero y soldado
    no había otro más valiente.
    Dicen que se fue a América muy joven
    como polizón para navegar por todo el mundo.
    Entonces la aventura lo llevó hacia el sur,
    a la boca del Plata.

    San Martín estaba en su camino en Argentina
    al igual que tres barcos para cazar
    ballenas que compró.

    Peleó contra Brasil y España, y entonces
    deseó la independencia para Argentina.
    Almirante William Brown eres un hombre
    que ha demostrado su coraje en las batallas
    donde todo era en contra y difícil.

    Pero tu corazón irlandés era fuerte
    y sigue vivo en la memoria.
    Y en Irlanda hay gente que no te olvida.
    El día de San Patricio dicen que obtuviste
    muchas victorias
    Derrotaste a todos los invasores,
    gamberros y matones.

    Después por las pampas encontraste un hogar feliz.
    “Las Islas Malvinas argentinas”.

    He escuchado que nobles y valientes irlandeses
    ayudaron a liberar una tierra llamada Argentina.

    He escuchado con mucha aclamación el nombre
    y la fama del Regimiento de Patricios,
    que pelearon cuando en 1806 los británicos
    llegaron hasta el Plata para masacrar.

    Y hasta hoy dicen en Argentina que los ingleses
    huyeron de Buenos Aires hacia abajo
    y tomaron entonces para la corona.
    “Las Islas Malvinas argentinas”.

    Nos acordamos de William Brown
    y de su tierra renombrada.
    El habitante de las islas de tu país
    fue obligado por los piratas a huir.

    Y en Irlanda por supuesto
    que conocemos toda la historia.
    Y también recordamos a los irlandeses que se fueron
    a la nueva Argentina escapando de las leyes inglesas,
    de las guerras y del hambre.

    Formaron una tripulación leal
    como lo hacen todos los irlandeses.
    “Las Islas Malvinas argentinas”.

    Los antiguos días coloniales y los crueles
    métodos ingleses con su pillaje estruendoso
    enseñaremos a la gente.

    Porque los ingleses van a la guerra
    como lo hizo Whitelocke antes, con sus barcos,
    armas, tambores, estandartes y banderas.

    En los días del imperio mataron por el oro
    y lo hacían desfilar por las calles de Londres.

    Oh, ningún derecho humano
    nos devolverá a los muertos.
    “Las Islas Malvinas argentinas”.

    En Argentina murió, el padre Fahey estaba a su lado.
    1857 fue el año cuando su país lo lloró.
    Es recordado con regocijo
    como un héroe de la Nación.
    Y por todo el mundo donde todavía
    hay mucha libertad.
    Y la Cruz del Sur toma nota donde el valiente Willie Bullfin escribió:
    “Los irlandeses te siguen apoyando Argentina”

    Cuando el Imperio se hunda no dejéis a los Paddies que apoyen a la corona.

    “Las Islas Malvinas argentinas”.

    VER Y ESCUCHAR LA CANCIÓN:

  58. ¡Amigo Isidro! ¡Se ha entusiasmado Ud. no poco y nos ha dejado un libro de historia!
    Practicamente todos coincidimos con Ud. -mas alla del comico ese que mete algun bocadillo-

    Pero la triste verdad es que ahora estan en el poder los enemigos de Rosas y los enemigos de la Santa Iglesia. Por algo Caponnetto con su aguda pluma habla de los festejos del «bikirchenario», que esperemos con ayuda de Dios que en poco mas de un año se vaya a donde corresponde: Al inodoro de la Historia.

  59. “Ave Maria Purissima”
    -Sine Labe Originale Concepta-
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    Sr. Director, Caros Cristianos, saludos en los Sagrados Corazones de Nuestro Señor JesuCristo y la Santisima Virgen Maria.
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    PATRIOTAZO, (salute), Lamentablemente, NO Todos
    Ya antes hubimos agotado el particular «Maldito Menos mal»
    aqui te transcribo un comentario.
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    Finalmente, la forma de romper la cascara de Nuéz, que se cristalizó, entre la “otrora” Madre Patria, y La Nueva España, CATOLICAS , No podía ser distinta al Solve en coagula Masonete, La Nueva Patria, constituida Catolicamente Por Santa Isabel, extendida a mas de la mitad del mundo, la hacía inespunable, la Gran Fe Católica esparcida por todo el territorio, con el sello, de San Pio V, mas la Aparición de la Santisima Vírgen Maria, en aquél Tepeyac, UNICAMENTE iba a verse disminuida, Precisamente, comenzando (despues de las infiltraciones) con las INDEPENDENCIAS, con hacer bandos y crear banderas, con sembarar Falsos Nacionalismos y estultos “patriotas” con miras en Patrias Mesianicas, (unicamente terrenales), confundiendo las miras puestas de la VERDADERA PATRIA CELESTIAL, y llegando al extremo de sentir “amor” por el destierro en el nos encontramos, NO HAY HISPANIDAD DIVIDIDA, (Lease País Latinoamericano moderno), que no tenga su pomposo “Himno Nacional” y no cuente con su “Bandera” que le identifica en Un u otro Bando, desde el mismo Himno Nacional Mexicano, que cita en varias ocasiones a DIOS, hasta el mas escueto, son obras de la masoneria, y en transición, preciamente a que las masas fueron vencidas después de haber sido Divididas, y no se conformaron con las “INDEPENDENCIAS” se metiron en los constituyentes de constituciones sembradoras del anticristo, y en sus leyes, y hasta en las casas, Lograron despues, cambiar de fin al matrimonio, y al porque vivir. ograron entrar en las casas, despues de haber instaurado sus sistemas econ´micos, que harían depender aun las basicas necesidades familiares, para después “controlarlas” y una vez controladas, les quitaron en todo el continente, el valor intrinseco de los dineros, sustituyendolos por cheques masones, en aras de jugar con el poder adquisitivo, y así poder “Sacar a las Grandes Criollas” de sus casas, en aras de la necesidad económica, para finalmente, entrar por la puerta grande, a los nucleos familiares, (televiSION), quien se ha venido encargando, no solo de mal informar, sino de llegar hasta la esencia misma de la mente humana, para en definitiva acabar con el Reinado Social de Nuestro Señor JesuCristo, el primero Paso, solo crear un falso nacionalismo.
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    SEA PARA GLORIA DE DIOS

  60. Estimado Patriotazo: es verdad lo que Ud. afirma. Lamentablemente, los salvajes e inmundos unitarios (la mayoría masones) de ayer, son los liberales y marxistas de hoy. De ahí se deducen también los comentarios de algunos infiltrados en Radio Cristiandad.

  61. ROSAS Y MALVINAS

    El intento diplomático

    Muchos acusan a Rosas de entreguista por el hecho de haber ofrecido a los ingleses las Malvinas por el pago del empréstito adeudado. Esa acusación, es no conocer la picardía y astucia diplomática de Rosas.

    Si bien hubo litigios desde tiempo atrás, lo cierto es que para 1829 la Confederación ejercía la ocupación y el derecho sobre las islas, sin cuestionamientos.

    Para esa fecha, un grupo de comerciantes ingleses interesados en la explotación ovina y de trafico marino, liderados por Mr John Thwaites, incitan a Woodbine Parish, que roba roba los documentos y antecedentes que se encontraban en el Archivo de Gobierno de Buenos Aires y el diecinueve de noviembre de 1829 escribe al Foreign Office que las islas, de alto valor estratégico para el Foreign Office, deben ser obtenidas para Inglaterra, en “pago” del empréstito Baring.

    Forbes, representante norteamericano, denuncia la maniobra destacando el valor estratégico. Inglaterra entonces decide tomarlas por la fuerza.

    La ocupación se produce durante el gobierno de Balcarce, y a mediados de 1833 se comenta en Londres que el gobierno argentino retiraría su representante, lo que preocupa a los comerciantes.

    Instalado Rosas en el poder, nunca consentirá la ocupación, sino que trata de recuperarla con picardía diplomática; en efecto, se las ofrece en transacción por el empréstito a los ingleses en forma extraoficial a través de Moreno, para que , en caso de ser aceptado el ofrecimiento, fuera rechazado por la Legislatura provincial, pero quedaría el reconocimiento ingles sobre los derechos de la provincia.

    Similar estrategia usaría respecto a la Patagonia, que los ingleses no reconocían como nuestra. Esto surge claramente de la interpretación de una carta dirigido por David Robertson de la casa central Baring, a Ferdinand White, representante de Baring en Buenos Aires:

    “Ud. no desconocerá que Rosas ofreció arrendar una porción de la Patagonia a la Casa Baring a manera de una seguridad colateral por esta deuda. Los señores Baring declinaron considerar la cuestión a causa, según yo creo, de que tenía dudas sobre si la Patagonia pertenecía a Buenos Aires y se supone que una de las razones por la cuales Rosas hizo el ofrecimiento fue conseguir de Inglaterra la sanción de los derechos de Buenos Aires a la Patagonia”. Cabe aclarar que Baring no era solo uno financista usurero, sino que además era un asesor financiero del gobierno ingles.

    Lamentablemente esta vez la astucia de Rosas no alcanzo a engañar la experiencia del la diplomacia pirata. Por otro lado, Rosas peleaba en dos frentes al mismo tiempo.

    La educacion en las escuelas rosistas

    El francés Alfred Brossad, que acompañó a conde Walewsky en la misión diplomática de 1847, como no podía ser de otra manera, criticó a la enseñanza rosista. Entre las críticas que formuló, dice que una de las cuestiones más largamente tratadas en el programa de geografía fuera la siguiente: “Demostración de los derechos perfectos de la Confederación Agentina sobre Paraguay, sobre la costa patagónica y las islas Malvinas; derechos injustamente rebatidos y desconocidos por las potencias europeas”

    El francés criticaba a la educación rosita por enseñar precisamente lo que nunca debió dejarse de enseñar.

    Mensajes a la Legislatura

    El representante inglés ante al Confederación Argentina, John Henry Mandeville, al informar a su gobierno el 3 de enero de 1838 sobre la inauguración de una nueva sesión de la Sala de Representantes de Buenos Aires , comenta a propósito del mensaje del gobernador Rosas a los mienmbros de la Legislatura:

    “Luego atiende a la ya gastada cuestión de la injusticia de su ocupación por Gran Bretaña, sin recibir, me atrevo a decir, mucha simpatía del público con excepción de las pocas personas que han especulado con la instalación de una propiedad en ese lugar. Seguramente eso ocupará un párrafo anual en cada mensaje hasta que el tema muriera de cansado, al menos que una causa sin méritos induzca al gobierno a avivar el tema para escudarse tras él…”(G-Y.p.43)

    Es evidente que la política británica siempre fue la misma…

  62. La República Argentina, 37 años después de su Revolución de Mayo

    (Por Juan Bautista Alberdi)

    Hoy más que nunca, el que ha nacido en el hermoso país situado entre la cordillera de los Andes y el Río de la Plata tiene derecho a exclamar con orgullo: Soy argentino.

    (…) La verdad sea dicha sin mengua de nadie: los colores del Río de la Plata no han conocido la derrota ni la defección. En las manos de Rosas o de Lavalle, cuando no han patrocinado la victoria han presidido a la libertad. Si alguna vez han caído en el polvo, ha sido ante ellos propios; en guerra de familia, nunca a la planta del extranjero. Guarden, pues, sus lágrimas los generosos llorones de nuestras desgracias; que, a pesar de ellas, ningún pueblo de esta parte del Continente tiene derecho a tributarnos piedad.

    La República Argentina no tiene un hombre, un suceso, una caída, una victoria, un acierto, un extravío en su vida de nación de que deba sentirse avergonzada. Todos los reproches, menos el de villanía. Nos viene este derecho de la sangre que corre en nuestras venas: es la castellana; es la del Cid, la de Pelayo.

    Lleno de efusión patriótica y poseído de esa imparcialidad que da el sentimiento puro del propio nacionalismo, quiero abrazarlos todos y encerrarlos en un cuadro; cegado alguna vez del espíritu de partido he dicho cosas que han podido halagar el oído de los celos rivales; que me oigan ellos hoy algo que no les parecerá tan halagüeño: ¿no habrá disculpa para el egoísmo de mi patriotismo local, cuando la parcialidad a favor del propio suelo es un derecho de todos?

    Me conduce a más de esto una idea seria; y es la de la necesidad que todo hombre de mi país tiene de recapacitar hoy sobre el punto en que se halla nuestra familia nacional, qué medios políticos poseemos sus hijos, qué deberes nos cumplen, qué necesidades y votos forman la orden del día de la afamada República Argentina.

    No sería extraño que alguien hallase argentino este panfleto, pues voy a escribirlo con tintas de colores blanco y azul. Si digo que la República Argentina está próspera en medio de sus conmociones, asiento un hecho que todos palpan; y si agrego que posee medios para estarlo más que todas, no escribo una paradoja. (…)

    De aquí a veinte años muchos Estados de América se reputarán adelantados porque estarán haciendo lo que Buenos Aire hizo treinta años años; y pasarán cuarenta antes que lleguen a tener su respectivo Rosas. Digo su Rosas porque le tendrán. No en vano se le llama desde hoy hombre de América. Lo es en verdad, porque es un tipo político que se hará ver alrededor de América como producto lógico de lo que en Buenos Aires lo produjo y existe en los Estados hermanos. En todas partes el naranjo, llegando a cierta edad, da naranjas. Donde haya Repúblicas españolas formadas de antiguas colonias, habrá dictadores, llegando a cierta altura el desarrollo de las cosas. (…)

    Los Estados Unidos, a pesar de su celebridad, no tienen hoy un hombre público más expectable que el general Rosas. Se habla de él popularmente de un cabo al otro de la América, sin haber hecho tanto como Cristóbal Colón. Se le conoce en el interior de Europa más o menos como a un hombre visible de Francia o Inglaterra, y no hay lugar en el mundo donde no sea conocido su nombre, porque no hay uno adonde no llegue la prensa inglesa y francesa, que hace diez años le repiten día por día. ¿Qué orador, qué escritor célebre del siglo XIX no le ha nombrado, no ha hablado de él muchas veces? Guizot, Thiers, O’Connell, Lamartine, Palmerston, Aberdeen, ¿cuál es la celebridad parlamentaria de esta época que no se haya ocupado de él hablando a la faz de la Europa?

    Dentro de poco será un héroe de romance; todo está en que un genio joven, recordando lo que Chateaubriand, Byron y Lamartine deben a los viajes, se lance a través del Atlántico en busca del inmenso y virginal terreno de explotación poética, que ofrece el país más bello, más espectable y más abundante en caracteres sorprendentes del Nuevo Mundo.

    Byron, que alguna vez pensó en visitar a Venezuela, y tanto ansió por atravesar la línea equinoccial, habría sido atraído a las márgenes del inmenso Plata, si durante sus días hubiese vivido el hombre que más colores haya podido ofrecer, por su vida y carácter, a los cuadros de su pincel diabólico y sublime: Byron era el poeta predestinado de Rosas; el poeta del Corsario, del Pirata, de Mazzepa, de Marino Faliero. Sería preciso que el héroe como el cantor pudieran definirse ángel o demonio, como Lamartine llamó al autor de Childe-Harold. (…)

    Pero, cuando hablando así, se nombra a Rosas, se habla de un general argentino, se habla de un hombre del Plata, o, más propiamente, se habla de la República Argentina. Hablar de la espectabilidad de Rosas, es hablar de la espectabilidad del país que representa. Rosas no es una entidad que pueda concebirse en abstracto y sin relación al pueblo que gobierna. (…) Suprimid Buenos Aires y sus masas y sus innumerables hombres de capacidad, y no tendréis Rosas. Se le atribuye a él exclusivamente la dirección de la República Argentina. ¡Error inmenso! El es bastante sensato, para escuchar cuando parece que inicia; como su país, es muy capaz de dirigir cuando parece que obedece.

    Rosas no es Pedro de Rusia. La grandeza argentina es más antigua que él. Rosas es posterior a Liniers en cuarenta años; a Moreno, a Belgrano, a San Martín, en treinta; a Rivadavia, en veinte. Bajo su dirección, Buenos Aires ha lanzado un no altanero a la Inglaterra y a la Francia coaligadas; en 1807 hizo más que eso, sin tener a Rosas a la cabeza: despedazó en sus calles 15.000 soldados de la flor de los ejércitos británicos y arrebató los cien estandartes que hoy engalanan sus templos. En 1810, sin tener a Rosas a su cabeza, hizo rodar por el suelo la corona que Cristóbal Colón condujo al Nuevo Mundo. El 9 de julio de 1816 la República Argentina escribió la página de oro de su independencia, y el nombre de Rosas no está al pie del documento. En ese mismo año, los ejércitos argentinos, treparon, con cañones y caballería, montañas dos veces más altas que el Monte-Cenis y el San Bernardo, para ayudar a Chile a hacer lo que se había consumado al otro lado; pero no es Rosas el que firma los boletines victoriosos de Chacabuco y Maypo, sino el argentino don José de San Martín. Toda la gloria de Rosas, elevada al cuadrado y multiplicada diez veces por sí misma, no forma un trofeo comparable en estimación al estandarte de Pizarro obtenido por San Martín, en su campaña del Perú de 1821. Esto no es apocar el mérito de Rosas. Esto es agrandar el mérito de la República Argentina; esto es decir que no es Rosas el que ha venido a enseñarle a ser brava y heroica. (…)

    Pero, hoy mismo, ¿es acaso Rosas y su partido lo único que ofrezca ella de extraordinario y digno de admiración? (…)

    No es mi ánimo entablar aquí un paralelo comparativo del mérito de los dos partidos en que se divide la República Argentina. Mitades de mi país, igualmente queridas, uno y otro, yo quiero hacer ver el heroísmo que les asiste a los dos. En ambos se observan los caracteres de un gran partido político: la América del Sur no presenta en la historia de sus guerras civiles dos partidos más tenaces en su acción, más consagrados a su idea dominante, más bien organizados, más leales a su bandera, más claros en sus fines, más lógicos y consecuentes en su marcha.

    Estas cualidades no presentan tanto relieve en el partido unitario porque no ha tenido un hombre solo en que él se encarne. No ha tenido ese hombre porque nunca lo tienen las oposiciones que se pronuncian y organizan militarmente en el seno de las masas populares; ha tenido infinitas cabezas en vez de una, y por eso ha dividido y perturbado su acción, haciendo estériles sus resultados. Pero ¿no es tan admirable como la constancia de Rosas y los suyos la de esos hombres que en la patria, en el extranjero, en todas partes luchan hace veinte años, arrostrando con firmeza de héroes todas las contrariedades y sufrimientos de la vida extranjera, sin doblegarse jamás, sin desertar su bandera, sin apostatar nunca bajo el manto de esas flojas amalgamas, celebradas en nombre del derecho parlamentario? Se han hecho reproches a uno y otro, unas veces merecidos, las más veces injustos. (…)

    El partido federal echó mano de la tiranía; el unitario, de la Liga con el Extranjero. Los dos hicieron mal. Pero los que han mirado esta Liga como crimen de traición, ¿por qué han olvidado que no es menor crimen el de la tiranía? Hay, pues, en ello dos faltas que se explican la una por la otra. Digo faltas, y no crímenes, porque es absurdo pretender que los partidos argentinos hayan sido criminales en el abuso de sus medios. (…)

    Otras miras altas y nobles explican también la conducta de los argentinos que en 1840 se unieron a las fuerzas francesas para atacar el poder del general Rosas. Esa unión tenía miras más lejanas que un simple cambio de gobernador en Buenos Aires. Dirélas con la misma sinceridad y franqueza con que entonces se manifestaban. Podrán ser erróneas; eso depende del modo de pensar de cada uno: pero jamás se mezcló el dolo a su concepción. Pertenecían generalmente a los hombres jóvenes del partido reaccionario, y éstos las debían a sus estudios políticos de escuela. Sospechar que la traición se hubiese mezclado en ellas, es suponer que hubiese habido gentes bastante necias para iniciar a estudiantes de Derecho público en los arcanos de esa diplomacia oscura que, según algunos, tiende a cambiar el principio político del gobierno en América.

    Bien; pues esos jóvenes, abordando esa cuestión, que es la de la vida misma de esta parte del Nuevo Mundo, pensaron que mientras prevalezca el ascendiente numérico de la multitud ignorante y proletaria, revestida por la revolución de la soberanía popular, sería siempre reemplazada la libertad por el régimen del despotismo militar de un solo hombre; y que no había más medio de asegurar la preponderancia de las minorías ilustradas de estos países que dándoles ensanchamiento por vínculos y conexiones con influencias civilizadas traídas de fuera, bajo condiciones compatibles con la independencia y democracia americanas, proclamadas por la revolución de un modo irrevocable.

    Absurdo o sabio, este era el pensamiento de los que en esa época apoyaban la Liga con las fuerzas europeas para someter el partido de la multitud plebeya, capitaneada y organizada militarmente por el general Rosas. Los partidarios de esas ideas las sostenían pública y abiertamente por la prensa con el candor y el desinterés que son inherentes al carácter de la juventud.

    Esa cuestión es tan grave, afecta de tal modo la existencia política de los nuevos Estados de América, es tan incierta y oscura, cuenta con tan pocos pasos dados en su solución, que es preciso hallarse muy atrasado en experiencia y buen sentido político para calificar de extraño este o aquel plan de solución ensayado. Ese punto ha llamado la atención de todos los hombres que han pensado seriamente en los destinos políticos del Nuevo Mundo y en él han cometido errores de pensamiento Bolívar, San Martín, Monteagudo, Rivadavia, Alvear, Gómez y otros no menos espectables por su mérito y patriotismo americano. Mil otros errarán tras ellos en la solución de ese problema, y no serán las cabezas menos altas y menos distinguidas, pues los únicos para quienes la cuestión está ya resuelta son los demagogos, que engañan a la multitud, y los espíritus limitados, que se engañan a sí mismos.

    Si, pues, los partidos argentinos han podido padecer extravío en la adopción de sus medios, en ello no han intervenido el vicio ni la cobardía de los espíritus, sino la pasión, que, aun siendo noble y pura en sus fines, es casi siempre ciega en el uso de sus medios, y la inexperiencia de que adolecen los nuevos Estados de este continente, en lo tocante al sendero por donde deben conducir los pasos de su vida pública. (…)

    Cada partido ha tenido cuidado en ocultar o desfigurar las ventajas y méritos de su rival. Según la prensa de Rosas, la mitad más culta de la República Argentina es igual a las hordas meridionales de Pehuenches y Pampas; se compone de los salvajes unitarios (como quien dice los salvajes progresistas, siendo la unidad el término más adelantado, la idea más alta de la ciencia política). Los unitarios, por su parte, han visto muchas veces en sus rivales a los caribes del Orinoco. Cuando algún día se den el abrazo de paz, en que acaban las más encendidas luchas, qué diferente será el cuadro que de la República Argentina tracen sus hijos de ambos campos.

    ¡Qué nobles confesiones no se oirán alguna vez de boca de los frenéticos federales! ¡Y los unitarios, con qué placer no verán salir hombres de honor y de corazón de debajo de esa máscara espantosa con que hoy se disfrazan sus rivales cediendo a las exigencias tiránicas de la situación! (…)

    Se oye también que la República Argentina padece atraso general por consecuencia de su larga y sangrienta guerra. Este error, el más acreditado fuera de sus fronteras, viene también de las mismas causas que el otro. Sin duda que la guerra es menos fecunda en ciertos adelantos que la paz; pero trae consigo ciertos otros que le son peculiares, y los partidos argentinos los han obtenido con una eficacia igual a la intensidad de los padecimientos.

    La República Argentina tiene más experiencia que todas sus hermanas del Sur, por la razón de que ha padecido más que ninguna. Ella ha recorrido un camino que las otras están por principiar. Como más próxima a la Europa, recibió más pronto el influjo de sus ideas progresivas, que fueron puestas en ejecución por la revolución de Mayo de 1810, y más pronto que todas recogió los frutos buenos y malos de su desarrollo, siendo por ello en todos tiempos futuro para los Estados menos vecinos del manantial trasatlántico de los progresos americanos lo que constituía el pasado de los Estados del Plata. Así, hasta en lo que hoy se toma como señal de atraso en la República vecina, está más adelantada que las que se reputan exentas de esos contratiempos, porque no han empezado aún a experimentarlos.

    Un hecho notable, que hace parte de la organización definitiva de la República Argentina, ha prosperado a través de sus guerras, recibiendo servicios importantes hasta de sus adversarios. Ese hecho es la centralización del poder nacional. Rivadavia proclamó la idea de la unidad; Rosas la ha realizado. Entre los federales y los unitarios han centralizado la República; lo que quiere decir que la cuestión es de voces, que encubren mera fogosidad de pueblos jóvenes, y que en el fondo, tanto uno como otro, han servido a su patria, promoviendo su nacional unidad. Los unitarios han perdido; pero ha triunfado la unidad. Han vencido los federales; pero la federación ha sucumbido. El hecho es que del seno de esta guerra de nombres ha salido formado el poder, sin el cual es irrealizable la sociedad, y la libertad misma, imposible.

    El poder supone como base de su existencia firme, el hábito de la obediencia. Ese hábito ha echado raíces en ambos partidos. Dentro del país, Rosas ha enseñado a obedecer a sus partidarios y a sus enemigos; fuera de él, sus enemigos ausentes, no teniendo derecho a gobernar, han pasado su vida en obedecer, y por uno y otro camino ambos han llegado al mismo fin.

    A este respecto ningún país de América meridional cuenta con medios más poderosos de orden interior que la República Argentina. No hay país de América que reúna mayores conocimientos prácticos, acerca de los Estados hispanoamericanos, que aquella República, por la razón de ser el que haya tenido esparcido mayor número de hombres competentes fuera de su territorio, y viviendo regularmente injeridos en los actos de la vida pública de los Estados de su residencia.

    El día que esos hombres, vueltos a su país, se reúnan en asambleas deliberantes, ¡qué de aplicaciones útiles, de términos comparativos, de conocimientos prácticos y curiosas alusiones no sacarán de los recuerdos de su vida pasada en el extranjero! Si los hombres aprenden y ganan con los viajes, ¿qué no sucederá a los pueblos? Se puede decir que una mitad de la República Argentina viaja en el mundo de diez y veinte años a esta parte. Compuesta especialmente de jóvenes, que son la patria de mañana, cuando vuelva al suelo nativo, después de su vida flotante, vendrá poseedora de lenguas extranjeras, de legislaciones, de industrias, de hábitos, que después son lazos de confraternidad con los demás pueblos del mundo. ¡Y cuántos a más de conocimientos, no traerán capitales a la riqueza nacional! No ganará menos la República Argentina, dejando esparcidos en el mundo algunos de sus hijos ligados para siempre en países extraños, porque esos mismos extenderán los gérmenes de apego al país que les dio la vida que transmitan a sus hijos.

    Al pensar en todo esto, puede, pues, un argentino, donde y como quiera que se halle en el mundo, ver lucir la luz de Mayo, sin arrepentirse de pertenecer a la nación de su origen. Sin embargo, todo esto es poco: todo esto no satisface el destino verdadero de la República Argentina. Todo esto es extraordinario, lucido, sorprendente. Pero la República Argentina tiene necesidad, para ser un pueblo feliz dentro de sí mismo, de casos más modestos, más útiles y reales que toda esa brillantez de triunfos militares y resplandores inteligentes. Ella ha deslumbrado al mundo por la precocidad de sus ideas. Tiene glorias guerreras que no poseen pueblos que han vivido diez veces más que ella. Tiene tantas banderas arrancadas en combates victoriosos, que pudiera ornar su frente con un turbante compuesto de todos los colores del Iris; o alzar un pabellón tan alto como la Columna de Vendome, y más radiante que el bronce de Austerlitz. Pero todo esto ¿a qué conduce, sin otras ventajas que, ¡la pobre! ha menester todavía en tanto número?

    Ha hecho ya demasiado para la fama: muy poco para la felicidad. Posee inmensas glorias; pero ¡qué lástima!, no tiene una sola libertad. Sean eternos, muy enhorabuena, los laureles que supo conseguir, puesto que juró no vivir sin ellos. Pero recuerde que las primeras palabras de su génesis revolucionario, fueron aquellas tres que forman unidas un código santo y un verso sublime, diciendo: libertad, libertad, libertad.

    Por fortuna, ella sabe ya, a costa de llanto y de sangre, que el goce de este beneficio está sujeto a condiciones difíciles y graduales, que es menester llenar. Así, si en los primeros días fue ávida de libertad, hoy se contentaría con una libertad más que moderada. En sus primeros cantos de triunfo, olvidó una palabra menos sonora que la de libertad, pero que representa un contrapeso que hace tenerse en pie a la libertad: el orden. Un orden, una regla, una ley; es la suprema necesidad de su situación política. Ella necesita esto, porque no lo tiene. Puede poseerlo, porque tiene los medios conducentes.

    No hay una ley que regle el gobierno interior de la República Argentina y el ejercicio de las garantías privadas. Este es el hecho más público que ofrezca aquel país. No tiene una Constitución política; siendo en esto la única excepción de todo el continente. No hay cuestión ya sobre si ha de ser unitaria o federal: sea federal enhorabuena; pero haya una ley que regle esa federación: haya una Constitución federal. Aunque la Carta o Constitución escrita no es la ley o el pacto, sin embargo, ella la prueba, la fija y la mantiene invariable. La letra, es una necesidad de orden y armonía. Se garante la estabilidad de todo contrato importante, escribiéndolo: ¿qué contrato más importante que el gran contrato constitucional?

    Tampoco hay cuestión sobre que haya de ser liberal. Sea despótica, sea tiránica, si se quiere, esa ley; pero haya una ley. Ya es un progreso que la tiranía sea ejercida por la ley en vez de serlo por la voluntad de un hombre. Lo peor del despotismo no es su dureza, sino su inconsecuencia. La ley escrita es inmutable como la fe.

    Decir que la República Argentina no es capaz de gobernarse por una Constitución, aunque sea despótica o monárquica, es suponer que la República Argentina no está a la altura de ninguno de los Estados de América del Sur, sino más abajo que todos; es suponerla menos capaz que Bolivia, que el Ecuador, que el Paraguay, que bien o mal poseen una Constitución escrita, y pasablemente observada. Esto pasa de absurdo. ¿Cuál de ellos posee un poder más real, eficaz y reconocido? Quien dice tener el poder, dice tener la piedra fundamental del edificio político. Ese poder necesita una ley, porque no la tiene. Se objeta que con ella es imposible el hecho de su existencia. Désela en tal caso tan despótica como se quiera: pero dése una ley. Sin esa ley de subordinación interior, la República Argentina podrá tener un exterior muy bello; pero no será por dentro sino un panteón de vivos. De otro modo es mejor ser argentino desde lejos, para recibir el reflejo honroso de la gloria, sin sentir en los hombros los pies del héroe.

    ¿Cuál Estado de América meridional posee respectivamente mayor número de población ilustrada y dispuesta para la vida ocupada de la industria y del trabajo, por resultado del cansancio y hastío de los disturbios anteriores? Hay quien ve un germen de desorden en el regreso de la emigración. Pero eso es temer la conducta del pecador, justamente porque sale de ejercicios. La emigración es la escuela más rica en enseñanza: Chateaubriand, Lafayette, madame Staël, el rey Luis Felipe, son discípulos ilustres formados en ella. La emigración argentina es el instrumento preparado para servir a la organización del país, tal vez en manos del mismo Rosas.

    Sus hombres actuales son soldados, porque hasta aquí no han hecho sino pelear: para la paz necesita gente de industria; y la emigración ha tenido que cultivarla para comer en el extranjero. Lo que hoy es emigración era la porción más industriosa del país, puesto que era la más instruida, puesto que pedía instituciones y las comprendía. Si se conviene en que Chile, el Brasil, el Estado Oriental, donde principalmente ha residido, son países que tienen mucho de bueno en materia de ejemplos, se debe admitir que la emigración establecida en ellos, ha debido aprender, cuando menos a vivir quieta y ocupada. ¿Cómo podría retirarse, pues, llevando hábitos peligrosos? El menos dispuesto a emigrar es el que ha emigrado una vez. No se emigra dos ocasiones en la vida; con la primera basta para hacerse circunspecto.

    Por otra parte: esa emigración que salió joven, casi toda ella, ¿no ha crecido, en edad, en hábitos de reposo, en experiencia? Indudablemente que sí; pero se comete el error de suponerla siempre inquieta, ardorosa, exigente, entusiasta, con todas las calidades que tuvo cuando dejó el país. Se reproduce en todas las provincias lo que a este respecto pasa en Buenos Aires. En todas ellas existen hoy abundantes materiales de orden; como todas han sufrido, en todas ha echado raíz el espíritu de moderación y tolerancia. Ya ha desaparecido el anhelo de cambiar las cosas desde la raíz; se han aceptado muchas influencias, que antes repugnaban, y en las que hoy se miran hechos normales con que es necesario contar para establecer el orden y el poder.

    Los que antes eran repelidos con el dictado de caciques, hoy son aceptados en el seno de la sociedad de que se han hecho dignos, adquiriendo hábitos más cultos, sentimientos más civilizados. Esos jefes, antes rudos y selváticos, han cultivado su espíritu y carácter en la escuela del mando, donde muchas veces los hombres inferiores se ennoblecen e ilustran. Gobernar diez años es hacer un curso de política y de administración. Esos hombres son hoy otros tantos medios de operar en el interior un arreglo estable y provechoso.Nadie mejor que el mismo Rosas y el círculo de hombres importantes que le rodea, podrían conducir al país a la ejecución de un arreglo general en este momento.

    ¿Qué ha hecho Rosas hasta aquí de provechoso al país, hablando con imparcialidad y buena fe? Nada. Un inmenso ruido y un grande hacinamiento de poder; es decir, ha echado los cimientos de una cosa que todavía no existe, y está por crearse. Hacer ruido y concentrar poder, por el solo gusto de aparecer y mandar, es frívolo y pueril. Se obtienen estas cosas, para operar otras reales y de verdadera importancia para el país. Napoleón vencía en Jena, en Marengo, en Austerlitz, para ser Emperador y promulgar los cinco códigos, fundar la Universidad, la Escuela Normal y otros establecimientos que lo perpetúan, mejor que el laurel y el bronce, en la memoria del mundo. Rosas no ha hecho aún nada útil para su país; hasta aquí está en preparativos. Tiene como nadie el poder de obrar bien; como el vapor impele el progreso de la industria, así su brazo pudiera dar impulso al adelanto argentino.

    Hasta aquí no es un grande hombre, es apenas un hombre extraordinario. Sólo merece el título de grande el que realiza cosas grandes y de utilidad durable y evidente para la nación. Para obtener celebridad basta ejecutar cosas inauditas, aunque sean extravagantes y estériles. Si Rosas desapareciese hoy mismo, ¿qué cosa quedaría creada por su mano, que pudiera excitar el agradecimiento sincero de su patria? ¿El haber repelido temporalmente las pretensiones de la Inglaterra y la Francia?

    Eso puede tener un vano esplendor; pero no importa un beneficio real, porque las pretensiones repelidas no comprometen interés alguno grave de la República Argentina. ¿El haber creado el poder? Tampoco. El poder no es esa institución útil, que conviene a la libertad misma, cuando no es una institución organizada sobre bases invariables. Hasta aquí, es un accidente: es la persona mortal de Rosas.

    Es inconcebible cómo ni él ni su círculo se preocupen de esta cuestión ni hagan por que las terribles cosas realizadas hasta aquí den al menos el único fruto benéfico que pudiera justificarlas a los ojos de la posteridad, cuyas primeras filas ya distan sólo un paso de esos hombres. ¿Qué esperan, pues, para dar principio a la obra? El establecimiento de la paz general, se responde. ¡Error! La paz no viene sino por el camino de la ley. La Constitución es el medio más poderoso de pacificación y orden interior. La dictadura es una provocación constante a la pelea; es un sarcasmo, es un insulto a los que obedecen sin reserva ni limitación.

    La dictadura es la anarquía constituida y convertida en institución permanente. Chile debe la paz a su Constitución; y no hay paz durable en el mundo que no tenga origen en un pacto expreso que asegure el equilibrio de todos los intereses públicos y personales.

    La reputación de Rosas es tan incompleta, está tan expuesta a convertirse en humo y nada; hay tanta ambigüedad en el valor de sus títulos, tanto contraste en los colores bajo que se ofrece, que aquellos mismos que por ceguedad, envidia o algún mal sentimiento preconizan su gloria cuando juzgan la conducta de su política exterior, enmudecen y se dan por batidos cuando, vuelto el cuadro al revés, se les ofrece el lado de la situación interior.

    Sobre este punto no hay sofisma ni engaño que valga. No hay Constitución escrita en la República Argentina; no hay ni leyes sueltas de carácter fundamental que la suplan. El ejercicio de las que hubo en Buenos Aires está suspendido, mientras el general Rosas es depositario indefinido de la suma del Poder público.

    Ese es el hecho. Aquí no hay calumnia, pasión, ni espíritu de partido. Reconozo, acepto todo lo que en el general Rosas quiera suponerse de notable y digno de respeto. Pero es un dictador, es un jefe investido de poderes despóticos y arbitrarios, cuyo ejercicio no reconoce contrapeso. Este es el hecho. Poco importa que él use de un poder conferido legalmente. Eso no quita que él sea dictador; el hecho es el mismo, aunque el origen sea distinto.

    Vivir en Buenos Aires, es vivir bajo el régimen de la dictadura militar. Hágase cuanto elogio se quiera de la moderación de ese poder, será en tal caso una noble dictadura.

    En el tiempo en que vivimos las ideas han llegado a un punto en que se apetecen más las Constituciones mezquinas que las dictaduras generosas. Vivir bajo el despotismo, aunque sea legal, es una verdadera desgracia. Esta desgracia pesa sobre la noble y gloriosa República Argentina. Esta desgracia ha llegado a ser innecesaria y estéril. Tal es el estado de la cuestión de su vida política y social. La República Argentina es la primera en glorias, la primera en celebridad, la primera en poder, la primera en cultura, la primera en medios de ser feliz, y la más desgraciada de todas, a pesar de eso. Pero su desgracia no es la de la miseria. Ella es desgraciada al modo que esas familias opulentas, que en medio del lustre y pompa exteriores, gimen bajo el despotismo y descontento domésticos.

    Ahora cuarenta años, afligida por una opresión menos brillante, tuvo la fortuna de sacudirla, reportando por fruto de su coraje victorioso los laureles de su Revolución de Mayo. Ella ha hecho posteriormente esfuerzos mayores por deshacerse del adversario que abriga en sus entrañas; pero nada ha conseguido, porque entre el despotismo extranjero y el despotismo nacional, hay la diferencia en favor de éste del influjo mágico que añade a cualquier causa la bandera del pueblo. ¿Cómo destruiríais un poder que tiene la astucia de parapetarse detrás de la gloria nacional y alza en sus almenas los colores queridos de la patria? ¿Qué haríais en presencia de una estratagema tan feliz? Invencible por la vanidad del país mismo, no queda otro camino que capitular con él, si tiene bastante honor para deponer buenamente sus armas arbitrarias en las manos religiosas de la ley.

    Rosas, arrodillado por un movimiento espontáneo de su voluntad, ante los altares de la ley, es un cuadro que deja atrás en gloria al del león de Castilla rendido a las plantas de la República, coronada de laureles. Pero si el cuadro es más bello, también es menos verosímil; pues menos cuesta a veces vencer una monarquía de tres siglos, que doblegar una aberración orgullosa del amor propio personal.

    Con todo, ¿a quién, sino a Rosas, que ha reportado triunfos tan inesperados, le cabe obtener el no menos inesperado, sobre sí mismo? El problema es difícil, pues, y la dificultad no pequeña. Pero cualquiera que sea la solución, una cosa hay verdadera a todas luces, y es que la República Argentina tiene delante de sí sus más bellos tiempos de ventura y prosperidad. El sol naciente que va en su escudo de armas, es un símbolo histórico de su destino: para ella todo es porvenir, futura grandeza y pintadas esperanzas.

    Valparaíso, mayo 25 de 1847.

    Fuentes:

    – Alberdi, Juan Bautista : Obras selectas, edición de Joaquín V. González, tomo V, Buenos Aires, La Facultad, 1920.

  63. GIUSEPPE GARIBALDI

    «El chacal del los tigres anglosajones»

    Las jóvenes corrían despavoridas por las calles de Colonia del Sacramento, aullando de terror con sus ropas desgarradas. Los saqueadores arrasaban con todo lo que encantaban. El cielo parecía cobrar vida con el relumbre de los incendios.

    El jefe de los vándalos, (que nació en Niza pero criado en Italia) echó las culpas a lo “difícil de mantener la disciplina que impidiera cualquier atropello, y los soldados anglofranceses, a pesar de las órdenes severas de los almirantes, no dejaron de dedicarse con gusto al robo en las casas y en las calles. Los nuestros, al regresar, siguieron en parte el mismo ejemplo aún cuando nuestros oficiales hicieron lo posible para evitarlo. La represión del desorden resultó difícil, considerando que la Colonia era pueblo abundante en provisiones y especialmente en líquidos espirituosos que aumentaban los apetitos de los virtuosos saqueadores” Ni siquiera la iglesia se libró de los desmanes, ya que en ella se celebró la victoria con orgías y borracheras.

    Días después, la escuadra de mercenarios italianos, con sus talegos rebosantes de oro y plata, leva anclas y se interna en el río Uruguay.

    Al llegar a Gualeguaychú repiten el saqueo. El pueblo estaba desguarnecido y fue fácil presa para los italianos, que actuaban a las órdenes de la escuadra anglofrancesa que invadía la Provincias Unidas del Río de La Plata, desarrollar sin inconvenientes su cruel codicia y lujuria. “Durante dos días los legionarios saquearon las casas de familia y principalmente las de comercio”, dice el historiador Adolfo Saldías apoyándose en las protestas de los comerciantes (sardos, españoles, portugueses y franceses) que la Gaceta Mercantil publicó el 23 de octubre.

    El jefe e los saqueadores, a quien los diarios de Buenos Aires apostrofaban “el chacal del los tigres anglosajones”, se disculpará en sus “Memorias”. “El pueblo de Gualeguaychú nos alentaba a la conquista por ser un verdadero emporio de riqueza, capaz de revestir a nuestros harapientos soldados y proveernos de arneses (….) Adquirimos en Gualeguaychú muchos y muy buenos caballos, la ropa necesaria y algún dinero que se repartió entre nuestros pobres soldados y marineros que tanto tiempo llevaban de miseria y privaciones”.

    El jefe e esta horda de salteadores era GIUSEPPE GARIBALDI. (el mismo que tiene una estatua en nuestra plaza Italia de Buenos Aires)

    Busto a la memoria de Garibaldi

    En el mes de julio y debido al bicentenario del nacimiento del marino italiano Giuseppe Garibaldi, parte de la comunidad italiana de Córdoba erigió un busto a su memoria en los predios de nuestro Parque Sarmiento.

    Este acto contó con la autorización respectiva de la Secretaria de Cultura de la Municipalidad de Córdoba, en un expediente en el que los peticionantes no agregan considerandos a los efectos de avalar su solicitud ni el Ente oficial se los solicitó, este último se limita a preguntar a la Dirección de Parques y Paseos si existe lugar para colocar la mencionada escultura, (pregunta obvia si las hay) y se la ubica a metros del mástil de ingreso, privilegio que le negaron a nuestro gran prócer y gobernador de Córdoba (1820-1829) Brigadier General Don Juan Bautista Bustos.

    Nuestra principal objeción obedece al siniestro recuerdo que Garibaldi dejó al invadir las costas litoraleñas de nuestro país a mediados del siglo XIX, hechos que le ganaron el mote de “Chacal pirata” o el de “Chacal de los tigres anglofranceses”, para quienes trabajaba. Para demostrarlo no hay más que remitirse a la documentación de los protagonistas y a los escritos de los verdaderos historiadores.

    Su accionar en nuestras tierras discurre con diversos intervalos ya que de acuerdo a la suerte de las armas saqueaba poblaciones o emprendía una veloz huída hacia zonas más desprotegidas y por lo tanto más seguras para el pillaje. Este llamado “héroe de dos mundos” por el liberalismo masónico que pululaba en la época, inicia su raid “libertario” en Río Grande Do Sul, apoyando a la llamada revolución de los “farrapos” contra el poder constituido en Brasil, de ese Estado cismático obtiene patente de corso para, digamos, piratear legalmente. Luego de enfrentarse con Brasil, lucha a su favor apoyando la invasión a la Banda Oriental, defendiendo el llamado Sitio de Montevideo.

    En el marco de esos acontecimientos rapiñaba en nuestras costas con la excusa de romper el sitio y abastecer a Montevideo. Sus aparentes dotes militares sólo prosperaban ante poblaciones inermes, cuando tuvo que vérselas contra militares profesionales o cuando no contaba con el apoyo de las escuadras anglo-francesas sus hazañas se esfumaban en rauda fuga. Para citar uno de los ejemplos mencionamos la batalla de Costa Brava (15-08-42), en donde lo enfrentó el ilustre Almirante Guillermo Brown quien le propinó una soberana paliza.

    Retornó a su patria y volvió exiliado y con pedido de captura por bandidaje, de él decían sus connacionales contemporáneos “Rozzo e di scarsa cultura”, Mitre, en cambio lo consideraba poco menos que un estadista.

    Fue herido en el cuello y le salvaron la vida en Gualeguay, curándolo y dándole por cárcel la ciudad, huyó, lo pescaron y finalmente Rosas le concedió la libertad, craso error que trajo más conflictos a la zona ya que como buen pirata carecía de ética y prosiguió en su accionar depredador.

    Entre otra de sus “hazañas” recordamos la invasión a Colonia a la que intíma rendición, pero el defensor de la plaza Jaime Montoro se resiste. Garibaldi llegaba acompañado por sus “padrinos”, ingleses y franceses. En Colonia robó, asesinó, incendió e incluso agraviaron a Doña Ana Monterroso (descendiente de italianos), esposa del insigne General Don Juan Antonio de Lavalleja.

    Después le tocó el turno a la isla de Martín García que era defendida por una exigua dotación, donde acometió con los desmanes a los que los tenía acostumbrados, con el plus que se dio el gusto de arriar nuestro pabellón nacional.

    Acto seguido asaltó Gualeguaychú, durante dos días pasó a saqueo la población, sobre todo avanzó sobre los comercios a los que despojó, aún cuando la mayoría eran extranjeros y muchos italianos como el “libertador” Garibaldi. En sus partes de batalla el Gral. Eugenio Garzón que marchó a reprimirlo escribía: “ La escuadrilla salvaje del pirata Garibaldi no ha pasado de Fray Bentos pero ha hecho un asalto al territorio entrerriano en el que ha cometido el bárbaro atentado de saquear un pueblo indefenso, que no ofreció ninguna resistencia…”

    Hasta los partidarios de Fructuoso Rivera consideraban que la escandalosa conducta de Garibaldi los desacreditaba.

    En todo ese año 1845 prosiguió con sus perversas incursiones, arribó a Paysandú donde fue rechazado por las fuerzas al mando del general Antonio Díaz.

    El 29 de Setiembre fue a Concordia donde lo alcanzó Garzón rechazándolo, siguió hasta Salto donde algunos desavisados consideran que obtuvo una clamorosa victoria, sólo porque llenó sus alforjas con el botín del saqueo. Garzón afirma que sus buques navegaban a ras del agua por el peso de las mercancías expoliadas. Era tan grande el estrépito del bochornoso accionar de Garibaldi que el Barón de Mareuil, encargado de negocios de Francia, le pidió a nuestro canciller, Felipe Arana, condiciones para tratar la paz, acuerdo al que se arribó satisfactoriamente aunque de manera efímera ya que se aproximaba el Combate de la Vuelta de Obligado, del que el accionar del mencionado filibustero había producido sus prolegómenos.

    La simpatía por la figura de Garibaldi la instauró en nuestro país el gran timador de nuestra historia que fue Bartolomé Mitre quien no escatimó elogios a la trayectoria de Don Giuseppe o “Pane” que era el nombre con que se lo conocía en las sectas masónicas de Mazzini que integraba. Todo ese panegírico lo justificaba Mitre, sólo porque había luchado contra Rosas, eso lo convertía de facto en un libertador (todo un precursor de Bush).

    Antes y después de enfrentar a Rosas, Garibaldi luchó en Perú, en México, en la guerra Austro-Prusiana, en Tánger al servicio de Hussein Bey, vendía armas en Canton ( China), recorría Nueva York, Inglaterra, etc. De allí sus apodos de “Héroe de dos mundos” o “Romántico aventurero”, elegante eufemismo con el que se trata de enmascarar su condición de mercenario. Ya que en la misma Italia al comienzo luchaba como republicano y luego se alió a la monarquía.

    En fin no quiero agraviar a la colectividad italiana a la que nuestro país le debe tanto por su esfuerzo laborioso para nuestro desarrollo, pero no olvidemos que todos los descendientes de inmigrantes somos grandes deudores de esta Patria generosa que nos cobijó. Los inmensos aportes de la cultura italiana a la civilización universal no deben ser opacados resaltando estas figuras de dudosos antecedentes o al menos son dueños de erigirle cientos de monumentos, pero creo que por ética no deberían emplazarlos en nuestro país, y menos con placas escritas en italiano, ya que hieren nuestros sentimientos históricos, y no deberían olvidar que el principal monumento de nuestro paseo es el de Dante Alighieri, quien verdaderamente es un orgullo para nuestra civilización.

    Tampoco deseo malquistarme con las autoridades municipales ya que este tipo de errores también se producen en el orden nacional: En la cámara de diputados de la Nación se aprobó una declaración de adhesión al dicho bicentenario, tramitado mediante expediente No. 2838-D-2007, impulsado por tres representantes de la U.C. Radical de la pcia. de Buenos Aires, los diputados Vilma Baragiola, Patricia Panzoni y Ricardo Jano, con los remanidos considerandos inspirados en B. Mitre. También contó con la adhesión de la cámara de senadores de la Nación, mediante Exp. S-651/07, propulsada por el Senador Pedro Salvatori del Movimiento Popular Neuquino quien en sus considerandos expresa una reflexión realmente desopilante en donde afirma “…sus ideales se convirtieron en una doctrina de vida para muchos italianos inmigrantes…(sic)!!!”

    En fin, reflexionemos que nuestro país está huérfano de radares y de controles no sólo en el ámbito aéreo o aduanero sino también carecemos de “radares” culturales ya que las dependencias de los organismos pertinentes suelen estar ocupadas por políticos desvalidos de la instrucción requerida para desempeñar tan trascendentes tareas.

    Fuente: Fundación Historia y Patria. Lic. Carlos Pachá. Presidente
    fundhispa@arnet.com.ar

  64. ¿POR QUE SE EXILIÓ ROSAS EN INGLATERRA?

    Las razones

    Muchos que no saben que decir contra Rosas, utilizan el argumento que era “pro-ingles” y “la prueba es que se exilió en Inglaterra”. Es un argumento tan cretino, como acusar al Libertador San Martín de “afrancesado” porque, amenazado de muerte en su Patria, se exilió en Francia.

    Las razones por las que Rosas se exilió fue a Inglaterra son muy sencillas:

    Los Ingleses siempre utilizaron la estrategia de “deshacerse del enemigo permitiéndole escapar” (Filosofía Sun Tzu). La usaron muchas veces en la guerras de Europa y la usarían también en América. Rosas respetó a los ingleses de Bs.As. (y los tratados de 1825 de nación favorecida que obtuvieron a cambio de reconocernos la independencia) pero se opuso encarnizadamente al libre comercio y la libre navegación de los ríos, objetivo buscado por los ingleses (y franceses).

    Los brasileros (aliados de siempre del imperio ingles), en virtual guerra con Rosas, tentaron a Urquiza (jefe del ejército de la Confederación contra Brasil) para que se revele contra Rosas. Urquiza, entre otras razones por ambición personal y económica (que hasta el mismo Sarmiento le echa luego en cara) en alianza con los brasileros derroca a Rosas. Si bien se arrepiente en forma casi inmediata, el error ya estaba hecho y los Ingleses consiguieron su objetivo en gobiernos posteriores.

    Ahora bien: ¿porque Rosas fue a Inglaterra?: derrotado Rosas por Urquiza y brasil a Rosas le quedaban dos opciones: entregarse como lo hizo Chilavert, sin resistencia, para ser fusilado por la espalda (por Urquiza), o entregarse a su verdadero vencedor.

    Rosas optó por esto último y no tuvo un exilio sino una prisión disimulada en una granja de Inglaterra, donde vivió humildemente de su trabajo diario. (Llevó un cajón de papeles y documentos y unos pocos patacones en el bolsillo) ¿Porque lo recibieron los Ingleses?… muy sencillo…para “deshacerse del enemigo permitiéndole escapar”, para “tenerlo controlado” y de paso “tener controlados” a los gobiernos de la Confederación…“o les mandamos nuevamente e Rosas” . Si en cambio lo mataban, lo hubieran convertido inmediatamente en un mito. Si hubiera ido a otro país, podría regresar a la Confederación. Rosas recibió ofertas en ese sentido desde su patria, pero se negó terminantemente a regresar ilegalmente contra un gobierno constituido.

    Hay otra razón para que Rosas se exilaran en Inglaterra: en aquella época, Inglaterra era el único país con estabilidad políica. El Propio San Martín en su madurez estuvo a punto de exiliarse en Inglaterra cuando los desórdenes en Francia no le daban seguridad personal.

    Rosas no fue “enemigo” de los ingleses. El propio cónsul ingles testimonia que se respetaron a los súbditos ingleses, sus bienes y propiedades inglesas aún durante el bloqueo Ingles.

    Rosas no fue “enemigo” de los ingleses: simplemente los puso en su lugar.

    Otros argumentos (1)

    ¿Por qué Rosas se fue a Inglaterra después de Caseros?

    “¿Si Juan Manuel de Rosas era tan atibritánico, por qué eligió Inglaterra para vivir su exilio?”

    Es una pregunta que he oído muchas veces; antes que nada debe decirse que Rosas no era antibritánico sino argentino, que no es lo mismo: luchó contra los ingleses cuando se metieron con nosotros, y los respetó cuando nos respetaron. No tenía motivo de inquina contra ellos después que reconocieron la victoria argentina en el tratado Southern-Arana de 1849.

    Con los ingleses se entendió bien; con quienes nunca pudo entenderse fue con los anglófilos.

    A los ingleses les pasó lo mismo. Quisieron vencer a Rosas y este contestó a la agresión con el gesto heroico de la Vuelta de Obligado. Pero estar en guerra contra extranjeros no significa odiarlos: los ingleses eran patriotas que combatían por el engrandecimiento de su patria, y Rosas era un patriota que luchaba en defensa de la suya. Los ingleses, como los franceses, admiraron el gesto de Rosas: ellos hubieran hecho lo mismo de haber nacido argentinos. Lord Howden llegado a Buenos Aires por 1847 para hacer la paz, fue apasionado admirador de Rosas. Lo cual no quiere decir que dejara de ser muy inglés y tratase de sacar las ventajas posibles para su patria.

    Para el buen inglés no había cotejo posible entre Rosas y los unitarios. Aquél era un enemigo de frente, que los había vencido en buena lid, y digno de todo respeto; en cambio éstos eran agentes sin patria que necesitaba como auxiliares en la guerra, pero a los cuales despreciaba. Los pagaba, y nada más.

    Esta posición de los imperios con sus servidores nativos, no la pudo entender Florencio Varela cuando fue a Londres en 1848 a gestionar a Lord Aberdeen la intervención permanente británica en el Plata, el apoderamiento por Inglaterra de los ríos argentinos, y el mayor fraccionamiento administrativo de lo que quedara de la República Argentina. Fue don Florencio a Londres muy convencido de que los ingleses lo recibirían con los brazos abiertos por estas ofertas, pero Aberdeen lo echó poco menos que a empujones del despacho: le dijo claramente que Inglaterra no necesitaba el consejo de nativos para dirigir su política de expansión en América, y sabía perfectamente lo que debería tomar y cuándo podía tomarlo; que Varela se limitara a recibir el dinero inglés para su campaña en el “Comercio del Plata” en contra de la Argentina, sin considerarse autorizado por ello a alternar con quienes le pagaban.

    Otra cosa les ocurre a los imperialistas con los nacionalistas. Los combaten con todas las armas posibles; pero íntimamente los respetan y admiran. Es comprensible que así sea. Tampoco un nacionalista odia a un imperialista: luchará contra él hasta dar o quitar la vida en defensa de la patria chica, pero no tiene motivos personales para malquerer a quien sirve con toda buena fe el mayor engrandamiento de la suya. Ambos – imperialistas y nacionalistas – podrán ser enemigos en el campo de batalla o en la contienda política, pero se comprenden, pues a los dos los mueve la pasión del patriotismo. Este de su patria chica. Aquél de la grande. No se puede odiar aquello que se comprende. En cambio al cipayo que vende su patria, no lo comprenden ni unos ni otros. Los imperialistas lo emplean a su servicio, pero lo desprecian.

    Un auténtico nacionalista no es un anti: su verdadera posición es afirmativa y no negativa. En cambio un cipayo puede ser un anti: empieza, por ser antipatriota, y sigue por oponerse a todo imperialismo que no sea el de sus preferencias.

    En tiempos de Rosas había unitarios antibritánicos por pro franceses, o antifrariceses por pro ingleses. Como hoy encontramos antisoviéticos, antiyanquis o antibritánicos, por ser defensores de otro imperialismo foráneo. Un verdadero argentino no entiende esas oposiciones: combatirá con uñas y dientes al imperialismo que quiera mandar en nuestra tierra, exclusivamente por ese hecho y sin llevar la lucha más allá.

    Así lo hizo Rosas. Luchó contra los invasores europeos en Obligado y en cien combates y luchó contra sus auxiliares nativos. Venció a aquéllos, y les tendió la mano de igual a igual una vez que se comprometieron (en los tratados en 1849 y 1850) a reconocer la plena soberanía argentina. Perdonó a éstos en sus leyes de amnistía por deber de humanidad, pero no les tendió la mano de igual a igual: fueron siempre los “salvajes” sin patria que ayudaron al extranjero.

    Por eso Rosas vivió sus últimos años en Inglaterra. Lo rodeaban gentes que sabían lo que era el sentimiento de patria y admiraban al Jefe de aquella pequeña nación americana que los venciera en desigual guerra. Por otra parte, Rosas no eligió el lugar de su exilio: el “Conflict” que lo llevó a Europa lo dejó en el puerto de Southampton, y allí se quedó los veinticinco años que le restaban de vida. Da la impresión de que, no siendo su patria, todo otro lugar era indiferente a ese gran criollo que fue Juan Manuel de Rosas.

    (1) Revista «Apuntes Históricos Revisonistas» N°2 – Gentileza del lector Leonardo Simón.

    Fuentes:

    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
    – Chavez, Fermín – La vuelta de Juan Manuel. Edot.Theoría.
    – Irazusta, Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.

  65. POLITICA AGRARIA DE ROSAS

    Política Agraria

    «En la hacienda pública no hay suma de poderes», diría Rosas en la sala legislativa al reorganizar, en 1835, las funciones de la Contaduría. Seguía en esto la honrosa tradición de las autoridades españolas, que todo lo podía menos gastar un ochavo sin rendir cuentas. La política administrativa de Rosas consistió en los tres postulados que expuso en su mensaje inicial de 1835: estricta economía en los gastos, eficiencia en la administración, correcta recepción de la renta.

    Rivadavia había hipotecado la tierra pública en garantía de la deuda externa; por eso no la pudo vender y debió movilizarla entregándola en enfiteusis. No fue una medida de progreso, como dicen algunos despistados: las concesiones de enfiteusis fueron en extensiones de cien leguas o más, y nunca se cobró el arrendamiento.

    Rosas dictó varias leyes sobre tierras públicas. La Ley Agraria del 10 de mayo de 1836, que restableció la propiedad de la tierra (pasándose por alto la garantía del empréstito, como si no existiera): se daba opción de compra a los enfiteutas que poseían la tierra, pero pagando sus alquileres atrasados y abonando un «justo precio» por cada legua; si no lo hicieran, se la vendería en suertes de estancia (media legua por legua y media) a quien pagase mejor precio. Como la mayor parte de los enfiteutas no quisieron comprar, Rosas les anuló sus concesiones, el 28 de mayo de 1848, y puso en venta las «suertes de estancias», con aviso de remate en los periódicos. La respuesta de los enfiteutas fue la revolución de los estancieros del sur (que algunos llaman de «los libres del sur») de noviembre de 1839.

    En marzo de 1838 había empezado el bloqueo francés y los negocios rurales no prosperaban. No hubo, por lo tanto, mayores compras de tierras. Entonces Rosas resolvió donarla «a quien quisiese trabajarla»; por decreto del 9 de noviembre de 1839 (dos días después de la victoria sobre los «libres del sur», en Chascomús) la repartió entre militares y civiles en fracciones que iban de seis leguas a tres cuartos. Como nadie, o muy pocos, tenían capital para poblar, la Casa de Moneda les abriría un crédito suficiente, con la garantía del Juez de Paz del partido.

    «Rosas malbarató la tierra pública», han dicho los antirosistas; era un «régimen arbitrario», agrega Vicente Fidel López, “porque sólo sus partidarios políticos podían gestionar la garantía del juez de paz». Los documentos no dicen lo mismo.

    La venta de tierras

    No es cierto que Rosas haya hecho favoritismos a favor de los grandes terratenientes; el gobierno de Rosas facilitó la adquisición de la propiedad por los pequeños ocupantes y labradores. Poco después de votada por la legislatura de Buenos Aires la ley que autoriza al gobierno a vender 1.500 leguas cuadradas de tierra pública, entre la ocupada por enfiteutas «y demás baldías que pertenecen al Estado», según decía su Art. 19° (Registro oficial de 1836, ley del 10 de mayo de 1836, ed. de 1874, ps. 41?42;), Garrigós pasó a los Jueces de Paz la siguiente circular:

    «El suscripto ha recibido orden del Excmo. Sr. Gobernador de la Provincia, nuestro ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, para prevenir al Juez de Paz de San Antonio de Areco, que deseando S. E. el bienestar y felicidad de todos los habitantes de ese partido y muy especialmente el progreso en sus fortunas de los Hacendados y Labradores pobres que en él se hallan establecidos en clase de enfiteutas, ha dispuesto que el Juzgado de Paz de San Antonio de Areco, haciendo apersonar ante él a los vecinos del distrito de su cargo, que se hallen pobladores en terrenos del Estado, lo hagan saber.

    Que deseando el gobierno mejorar su situación y que sean poseedores en propiedad de las tierras que ocupan en enfiteusis está dispuesto a dispensar toda la consideración posible a los pobres que no tuviesen fondos para pagar al contado el valor de dichas tierras.

    Que para proceder a su compra deberá presentarse personalmente al Señor Ministro de Hacienda Don José M. Rosas en su misma casa sita de las cuatro esquinas de Santo Domingo, una cuadra para el Sud y de allí doblando al oeste a la cuadra y media sobre la derecha.

    Que por conducto de dicho Señor Ministro deben hacer las propuestas al gobierno de los plazos en que se comprometen a pagar el valor de las tierras que posean en enfiteusis, cuyos expedientes traerán consigo los que lo tuvieren para lo que puedan ser necesarios para la formación de la escritura de venta.

    Que ésta será: con arreglo al artículo cuarto de la Ley de la Honorable Junta de Representantes, fecha 10 del 19 mes de América del presente año; es decir que en todos los campos al interior del Salado el valor de cada legua cuadrada es de 5.000 $, de cuatro mil, desde la margen exterior del Salado, hasta la línea que corre por la falda interior de la Sierra del Volcán y Tandil, Laguna Blanca, Fuerte Mayo y Federación y de tres mil la legua cuadrada de las tierras que se hallan al sud de esta línea por manera que una suerte de estancia de media legua de frente y una y media de fondo en los campos del interior del Salado, tendrá de valor 3.750 $ de nuestra moneda corriente, tres mil pesos en la misma moneda, una suerte igual de estancia desde la margen exterior del Salado hasta la línea antes referida que corre por la falda interior de las Sierras de Volcán y Tandil, Laguna Blanca, Fuerte Mayo y Federación y 2.250 $ de moneda corriente la suerte de estancia que se halla al Sud de esta línea.

    Después de esto ordena S. E. al infrascripto prevenga al Juez de Paz que manifieste a los enfiteutas que prescindiendo del mayor anhelo y satisfacción con que se trabaja en lo que es propio, su mismo interés debe aconsejarles el poseer en propiedad las tierras del Estado que ahora ocupan en enfiteusis, puesto que si pierden esta oportunidad para hacerse de una riqueza positiva, y del inmenso bien que resulta una tierra propia (donde todo lo que se trabaja y planta es para provecho y recreo permanente del propietario, sus hijos y sucesores sin que le asista el desconsuelo que debe mortificar al arrendador de una tierra ajena) en adelante les será absolutamente difícil poder hacerse de la propiedad mencionada que hoy pueden realizar con la mayor comodidad y ventaja, y haciendo por otra parte, desde el momento del contrato una ganancia efectiva, porque el precio señalado es muy bajo, comparado con el verdadero valor del día.

    A más de esto, debe tenerse presente que por el art. 59 de la mencionada ley del 19 del mes de América del presente año, se prefija que pasado el año entrante 1837 en que finaliza el actual contrato enfitéutico el canon será doble del que actualmente rige, y pagado en la moneda que entonces forme la circulación legal; y estando como está dispuesto el Gobierno a restablecer la circulación metálica, para cuya operación prepara las medidas conducentes, claro es que será entonces pagado el canon en plata, y el duplo de lo que ahora se paga en deuda clasificada cuyas consideraciones deben decidir a los enfiteutas por su propio bien a aceptar el beneficio con que hoy les brinda la Divina Providencia, facilitándoles adquirir en propiedad por un precio ínfimo en papel las tierras que en adelante tomarán un mayor valor, lo que fácilmente se deja percibir desde que se nota que al ramo de pastoreo y labranza se dedican con toda preferencia a otros negocios los habitantes del País, en virtud de las ventajas que ofrece.

    Debe también entrar como una principal parte en aquellas consideraciones que el gobierno está resuelto a propender a que más adelante se alce el precio de las tierras para todos aquellos enfiteutas que hayan sido indiferentes u omisos en aprovechar de tan favorable oportunidad y que por ello no hayan dirigido en tiempo oportuno sus propuestas al gobierno.

    Todo lo que por disposición de S. E. comunica a Ud. el infrascripto a los efectos prevenidos. Dios guarde a Ud. muchos años.»

    Agustín Garrigós (1)

    El reparto de parcelas que en nuestro tiempo serían latifundios, pero que entonces eran minifundios, contribuyó a confundir el gobierno de Rosas en su política agraria, con los de sus antecesores y sucesores, declarados enemigos de los de abajo, y partidarios de «la parte sana y esclarecida de la población” según la expresión corriente.

    Rosas colonizó la tierra en pequeñas fracciones, y se les dio dinero y facilidades a los pobladores, y, desde luego, el enemigo político o el indiferente no pudieron optar a ella, pero debe comprenderse que la única garantía posible era la conducta personal, porque no se podía hipotecar la tierra, que nada o muy poco valía. El Juez de Paz del partido garantizaba con su palabra que el peticionante era “buen federal” y en esa garantía política estaba todo. Si no cumplía por sequías o epidemias, un testimonio del juez bastaba para prorrogar la letra; si era por otros motivos, el juez debería explicarle al gobernador por qué había llamado “buen federal” a un tramposo. Y mejor era para éste escaparse a Montevideo.

    (1) (Orden de S.E. al Juez de Paz de Areco, del 20 de agoste de 1836. Irazusta, Julio. Vida Política de Juan Manuel de Rosa a través de su correspondencia, t.VII, p.151)

    Fuentes:

    – Irazusta, Julio. “Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia”.t.VII.
    – Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.

  66. «JUSTO» JOSÉ DE URQUIZA – BREVE BIOGRAFÍA DE UN TRAIDOR

    «Urquiza, era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo, el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor». (José Hernández, autor del Martín Fierro)

    Genio militar y hábil comerciante, amasó una fortuna en una mezcla de negocios legales, turbios y “vendidas”. Había sido durante muchos años caudillo y gobernador de su provincia, pero poco había aprendido de política “grande”, salvo en su propio beneficio. Su falso orgullo, su ambición desmedida y sus delirios de grandeza, le impidieron ver los sutiles manejos de la política y la gran diplomacia tras bambalinas, y sería conducido por la diplomacia inglesa y brasilera , como tonto al baño.

    Egocéntrico al extremo, decoró su “Palacio San José” con escenas épicas de sus batallas, y al afeitarse tal vez viera reflejado en el espejo a mismísimo Alejandro, Cesar o Napoleón.

    Vanidoso, desconfiado y celoso enfermizo desconfiaba hasta de su sombra y de sus íntimos y le provocaban furias incontenibles.

    Coronado, (su secretario) relata que “Serían las dos de la tarde, cuando el general Urquiza se retiró a sus habitaciones después de concluir la comida, de donde momentos después salió con un rifle que tenía costumbre de cargar cada vez que entraba a la quinta y fue a sentarse a la glorieta, desde donde observaba con facilidad cuánto pasaba en el primero y segundo patio de San José… habiendo visto pasar al joven Franklin Bond Rosas del lado opuesto al que estaba alojado, el general se precipitó como una furia creyendo sin duda que sorprendería a Franklin en conversación con su señora con alguna de sus hijas…frenético como un loco se arrojó sobre el joven llenándole de improperios al mismo tiempo que lo amenazaba con el rifle. Franklin atacado de ese modo, y sin armas con qué defenderse, entró al cuarto inmediato, donde estaba leyendo el Señor Haedo, y el general entró atrás persiguiéndole con un encarnizamiento feroz, que bien pudo concluir en un asesinato, si el agredido no desvía prontamente el arma que el general le asestaba en el pecho… Todas las personas que se encontraban en San José salieron apresuradamente y se desparramaron por el campo llevadas por el terror unas, y por no presenciar tan repugnante escena otras… solo se oía el llanto y las lamentaciones de la esposa y personas de la familia del general que gritaban desde sus habitaciones, y cuyas voces se confundían con las desvergüenzas y blasfemias del general. La señora de Urquiza, llevando en brazos a un niño que gritaba a sus pechos, con los cabellos desgreñados y el rostro bañado en lágrimas se presentó en la secretaría… y entonces aquella hiena enfurecida que un momento antes lo habría devorado todo inclinó la cabeza, meditó, y se puso triste y pensativo” (Coronado, Misterios de San José).

    Un verdadero caudillo de su provincia y seguido fielmente por sus paisanos, su permanente lucha interna fue conservar esa posición y su fortuna o asumir el papel de de patriota, “El Libertador” después de Caseros, “El padre de la Constitución” en 1852, “El grande y buen amigo” (Pedro II) “El grande hombre de América” (Alberdi) “El Washington de la América del Sur”(Mitre después de Pavón ) Navegando con un pie en cada canoa se quería quedar con Rosas y coqueteaba con Verón de Astrada, buscaba la alianza de López para luchar contra Bs.As. y tramaba alianzas con Brasil para doblegar a Solano López, a quien pedía sus vapores para poder ir contra Bs.As. pero ofrecía ayuda a Ingleses para vengarse de López ante la negativa de este y se ofrecía como mediador ante norteamericanos para ganarse su apoyo. Se llamaba federal pero contemporizaba con los liberales sin poderlos manejar, se decía patriota pero ofrecía su ejército a brasil por unos patacones y su propia gloria.

    Lo perdió su orgullo y sus delirios de grandeza. Enredado en las palabras de alabanzas que no le dejaban ver la realidad,. vapuleado por una politiquería que no entendía, optó por retirase a su feudo personal a cuidar de su fortuna y su gloria.

    Durante el primer bloqueo Francés y el posterior boqueo Anglo-francés, ya había estado coqueteando con el enemigo, con ganas de “pronunciarse” para formar una república independiente en la Mesopotamia (Entre Ríos y Corrientes, y tal vez Paraguay y la Banda Oriental), con él como “Supremo”, lo que le valió algunas “apretadas de bolas” por parte de Rosas, como aquella a raíz del Tratado de Alcaraz.

    En cada “agachada” contra Rosas, obtenía algún beneficio de Rosas, que sabiendo con que bueyes araba, le daba soga o la tiraba con habilidad, sin cortar la cuerda. Sin embargo, con motivo de la guerra con Brasil, (que la Confederación tenia ganada de antemano) calculó mal Rosas, y nunca pensó que Urquiza tiraría por la borda su “patriotismo Federal”, su honra y hasta su “memoria póstuma”, y se pasaría al bando enemigo con todo el ejercito de la Confederación, por unos patacones y una gloria que nunca obtuvo ni supo obtener.

    Posteriormente a Caseros, vapuleado por unitarios, masones y doctores, brasileros, ingleses y hasta por López, finalmente se “borraría” en Pavón, tal vez desilusionado, cansado o “vendido”, y se retiraría a su palacio de San José ha disfrutar de su fama y su fortuna hasta morir a manos de López Jordán, sin poder llevarse a la tumba ni un patacón de los muchos que habría cobrado en varias traiciones. Apenas si le quedaría alguna fama que lograron salvarle los “historiadores oficiales”, para la posteridad, y algunos nombres de calles o monumentos, como el mal ubicado donde fuera la estancia privada de Juan Manuel. (Av. Figueroa Alcorta y “Sarmiento”, nada menos)

    “Debemos tener absoluta confianza en el señor general Mitre – le escribía al Chacho – Sus intenciones son leales: lo creo capaz de afianzar las instituciones nacionales en todo su vigor sobre las bases del orden y la fraternidad” (Urquiza a Varela. San José. 21 de noviembre de 1863. AGNA. Arch. Urquiza, leg. 77 . AGM. “Proceso…” t. II. p.122)

    Pero de poco le sirvieron los patacones “que supo conseguir” ni la gloria “que no supo conservar”, y a poco tiempo de Caseros ya estaba arrepentido y con ganas de llamarlo a Rosas a que venga a “sacarle las papas del fuego” : “Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para Rogarle que vuelva aquí” (Mayo de 1852. Urquiza al representante ingles Gore, al partir para reunirse para el encuentro de San Nicolás. J. M. Rosa. Tomo VI. P.34) Pero ya era tarde y la macana estaba hecha. Rosas, vencido por el tiempo, por la agobiante tarea personal durante 20 años de gobierno, y por el conjunto de unitarios y vendepatrias, por brasileros, ingleses, franceses y traidores había sido derrotado en Caseros y se había retirado al exilio diciendo al renunciar: “si mas no hemos hecho, es que no hemos podido”. Ya no querría volver, aunque se lo pidiera Urquiza ni los Federales que quisieron traerlo por una revolución, a la que Rosas nunca se hubiera adherido “contra un gobierno legalmente constituido”

    Urquiza quiso corregir su error en parte y levantó la confiscación de los bienes personales de Rosas, (que hizo y tuvo antes de ser gobernador) y que permitió a Terrero vender la estancia “San Martín” de Rosas (los demás bienes volverían a confiscarlos los unitarios, entre otras cosas para pagarle a los bonoleros) y hasta le mando unos pocos pesos a Inglaterra (que Rosa tuvo la amabilidad de agradecerle). Pero ya era tarde, y Rosas estaba en su granja de Inglaterra, retirado de la política, viviendo modestamente de su trabajo personal y ordenando sus papeles para el juicio de la historia.

    “Buenos Sentimientos le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer, servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle”. (1858. Justo José de Urquiza. Carta a Rosas del 24 de agosto de 1858. Extraída del libro de Mario César Gras “ Rosas y Urquiza. Sus relaciones después de Caseros “. EDIC. Del Autor. Bs. As. 1948.) Precisamente fue Urquiza “quién quiso arrebatarle la gloria, pero no pudo”

    1851 La Traición a Rosas:

    El imperio de Brasil que se caía en pedazos por sus propias luchas internas (abolición de la esclavitud entre otras), comprometido en una declaración de guerra con la Confederación y en una guerra perdida antes de iniciarse, como último recurso para dar vuelta su comprometida situación, le hace llegar a Urquiza una propuesta de alianza o al menos que se mantenga al margen de la lucha. Urquiza “ofendido en su honor” le contesta por escrito al Imperio, haciendo además publicar su nota en el periódico El Federal Entre-Riano”:

    “Yo, gobernador y capitán general de la provincia de Entre Ríos, parte integrante de la Confederación Argentina y general en jefe de su ejército de Operaciones que viese a ésta o a su aliada la República Oriental en una guerra en que por este medio se ventilasen cuestiones de vida o muerte vitales a su existencia y soberanía…..¿ como cree, pues el Brasil, como lo ha imaginado por un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus mas sagradas prerrogativas sin traicionar a mi patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen, sin borrar con esa ignominiosa mancha todos mis antecedentes ?……Debe el Brasil estar cierto que el general Urquiza con 14 o 16 entrerrianos y correntinos que tiene a sus órdenes sabrá, en el caso que ha indicado, lidiar en los campos de batalla por los derechos de la patria y sacrificar, si necesario fuera, su persona, sus intereses y cuanto posee”

    …y no contento con la sola respuesta, en el mismo periódico El Federal Entre-Riano” hace publicar el editorial: …”Sepa el mundo todo, que cuando un poder extraño nos provoque, ésa serla la circunstancia indefectible en que se verá al inmortal general Urquiza al lado de su honorable compañero el gran Rosas, ser el primero que con su noble espada vengue a la América”

    Acto seguido, y patacones de por medio, asume su rol de traidor (que siempre fue) y se pasa al enemigo con todo el ejército de la Confederación, dándole así una victoria al Brasil, que sin imaginarlo, tenia la revancha de Ituzaingo, ganando con la por medio de la “diplomacia” y las armas argentinas una guerra ya perdida.

    Fue tan alevosa la traición, que ni los brasileros lo podían creer, y Pontes (diplomático brasilero) preguntaba: “¿ Pero obrará Urquiza de buena fe”? ….no será una comedia entre él y Rosas? …….!!!! El general de los ejércitos de la Confederación …..!!!! (…..no lo podía creer……)

    Los patacones:

    El Marqués de Caxias, jefe de las tropas brasileñas en Caseros, informa al ministro de guerra Souza de Melo: “La 1º División, formando arte del ejército aliado que marcho sobre Bs.As., hizo prodigios de valor recuperando el honor de las armas brasileras perdido el 27 de febrero de 1827 ” .(Es decir la batalla de Ituzaingó, victoriosa para las tropas argentinas) No es de extrañar entonces que, a pesar de que la derrota de Rosas fue el 3 de febrero, el ingreso triunfal de las tropas de la alianza argentino-brasileras se haya producido recién el 20. Sin duda se trató de una imposición de los brasileños que Urquiza acató.

    El jefe argentino pareció arrepentirse e inconsultamente decide que el desfile se hará el 19, pero su par brasileño se mantiene firme: “A victoria desta campaha e uma vitoria de Brasil, e a Divisao Imperial entrará em Bs As com todas as honras que lhe sao devidas quer V.Exia ache conveniente o nao”

    Urquiza se niega a devolver las bandera de Ituzaingo que estaban en la catedral e intenta una última estrategia para evitar el desdoro ante sus compatriotas de desfilar al frente de tropas extranjeras. Informa erróneamente la hora del desfile. Inicia la marcha con un malhumor que sostendrá durante toda la ceremonia, montado en un caballo con la marca de Rosas, al que Sarmiento califica de “magnífico”. Para consternación de los unitarios luce un ancho cintillo punzó en la solapa, reivindicándose como Federal. Ni siquiera irá al estrado donde era esperado por autoridades, diplomáticos y notables, quizás para que la ceremonia terminase lo antes posible, antes de que las tropas imperiales iniciaran su desfile triunfal” (Pacho O´Donnell; El Águila Guerrera)…… Por lo visto Urquiza se arrepintió enseguida de lo que hizo. …..(tímidos los brasileños para exigir condiciones…..será por eso de los “prodigios de valor”)

    Algunos días Después de Caseros (el día 9) y algunos días antes del desfile, se había producido un hecho significativo: Honorio, el representante del Emperador del Brasil, concurre a Palermo el día 9 para entrevistarse con el vencido de Caseros. Pero siente tanta repugnancia por los cadáveres que cuelgan por doquier, pudriéndose entre el follaje de los árboles, que decide regresar al día siguiente. Entonces se produce un áspero diálogo cuando el brasileño le recuerda las concesiones territoriales que Argentina debía hacer por el apoyo recibido.

    Urquiza, rabioso, responde que es Brasil el que le debe a él, pues “Rosas hubiera terminado con el Emperador y hasta con la unidad brasileña si no fuera por mi”…También… “Si yo hubiera quedado junto a Rosas, no habría a estas horas Emperador”

    Honorio (el brasileño) se retira ofendido. Pero días mas tarde recibirá la visita de Diógenes Urquiza, hijo de don Justo José, quien en nombre de su padre le pide 100.000 patacones y además “el compromiso de contar con esa subvención en adelante”, según informa Honorio a su gobierno. Y agregará “Atendiendo a la conveniencia de darle en las circunstancias actuales una prueba de generosidad y de deseo de cultivar la alianza, entendí que no podía rehusarle el favor” (Pacho O´Donnell; El Águila Guerrera) …..lerdos para pedir algunos “héroes” de la historia oficial .

    Urquiza fue “comprado” por el Brasil para que traicionara a su Patria en ese 1852 —cosa que atestigua el mismo Sarmiento, quien escribe el 13.10.1852 a Urquiza desde Chile y le enrostra:

    “Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.” (…) “Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (Honorio Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel) referir la irritante escena, y los comentarios: «¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria.» (Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13.10.1852)

    La revancha de Brasil:

    El Brasil fue la segunda potencia, después de los ingleses, que desfiló triunfante por Buenos Aires. Después de “a Batalha de Monte-Caseros”, las tropas de Dom Pedro II. demoraron su desfile por las calles de Buenos Aires desde el día 3 hasta el 20 de febrero para poder conmemorar así con la derrota de la Confederación lo que se llamó «el desquite de Ituzaingó» a los 25 años de la derrota imperial. Caxias remitió el 12 de febrero de 1852 el parte de batalla a su ministro de Guerra, Souza e Mello: «… Cúmpleme comunicar a V. E., para que lo haga llegar a S.M. el emperador, que la citada 1a. División, formando parte del Ejército Aliado que marchó sobre Buenos Aires, hizo prodigios de valor recuperando el honor de las armas brasileñas perdido el 20 de febrero de 1827.»

    Urquiza quiso impedir la entrada en triunfo del Brasil en Buenos Aires el 20 de febrero —tal vez ilustrado por alguien a último momento— pero sus jefes imperiales lo echaron con cajas destempladas. Manuel Marques de Souza, vizconde de Porto Alegre, le respondió a Urquiza con desaire: “A vitoria desta campanha e uma vitoria de Brasil e a Divisão Imperial entrará em Buenos Aires com todas as honras que lhe são devidas, quer V. Ex-cia. ache conveniente o não.” (Gustavo Barroso, A Guerra do Rosas, 159)

    A algunos historiadores poco informados sobre Caseros, que sonríen con indulgencia al encontrar que en los libros de historia brasileños se llame vencedor de Monte Caseros al brigadier Marques de Souza, vizconde de Porto Alegre, Gustavo Barroso contestaba:

    «… nosotros estamos en el Brasil en la dulce ilusión de que la División brasileña de Manuel Marques de Souza fue la que decidió en verdad la batalla de Caseros. Y aún cuando su papel no hubiera sido el principal, el Vizconde de Porto Alegre fue uno de los vencedores de la guerra y pudo ser llamado por Jourdan vencedor, sin exagerar, como lo hace. Sabemos perfectamente que no habiendo derrotado nunca un general argentino nuestras tropas en los suburbios de Río de Janeiro, y desfilado en ésta triunfalmente con sus tropas a banderas desplegadas, al compás de la música, aunque fuera junto a revolucionarios nuestros, no es nada agradable para nuestros amabilísimos vecinos que el Vizconde de Porto Alegre haya conseguido esa gloria” (A Guerra do Rosas, 143-144)

    No caben dudas de que Barroso, por lo menos en su última frase, tiene razón. Urquiza, según Sarmiento, 13.10.1852, comprado por el Brasil , nada tenía que decir y sólo obedecía, como vimos: «quer V. Excia. ache conveniente o não.» Caxias y el Marques de Souza quisieron llevarse de Buenos Aires los trofeos de Ituzaingó que se guardaban en la catedral. Urquiza tuvo que aceptar en primer momento, pero fue el emperador Dom Pedro II. quien se opuso: “«Tocar esas reliquias sería impopularizarse, justificar una sublevación del sentimiento, herir una legítima susceptibilidad nacional que al gobierno imperial no conviene»”, le habría dicho a Andrés Lamas. (Pedro S. Lamas, Etapas de una gran política)

    El arrepentimiento:

    Poco le duraría a Urquiza la alegría del triunfo traidor. Luego de fusilar, entre otros, a Chilavert, Santa Coloma y a todo el batallón de Aquino completo, (a los que dejó colgados por varios días de los árboles de Palermo) debió atrasar el desfile de entrada triunfal hasta el 20 de febrero, por exigencia brasilera para festejar al revancha de la batalla de Ituzaingo. Finalmente lo hizo de poncho y galera con cinta punzó y montado en un caballo con la marca de Rosas, y con el peor malhumor. En muy poco tiempo tendría las exigencias de brasil para que cumpliera los tratados de alianza (entrega de la banda oriental, las misiones orientales, el reconocimiento de la independencia paraguaya y la devolución de los “gastos de guerra”) También tendría encima a los ingleses que exigían la derogación de los tratados de Rosas, y a los unitarios que se sentían dueños de la revolución y empezaron a conspirar inmediatamente.

    En bando del 21 de febrero de 1852 restablece el uso del cintillo punzó y llama a los unitarios “díscolos que se pusieron en choque con el poder de la opinión pública y sucumbieron sin honor en la demanda. Hoy asoman la cabeza y, después de tantos desengaños, de tanta sangre, se empeñan en hacerse acreedores al renombre odioso de salvajes unitarios y, con la inaudita impavidez, reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición”

    1852: “Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para Rogarle que vuelva aquí” (Urquiza al representante ingles Gore, al partir para reunirse para el encuentro se San Nicolás. Mayo de 1952. J.M.Rosa. Tomo VI. P.34)

    1858: “Buenos Sentimientos le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer, servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle”. (Justo José de Urquiza. Carta a Rosas del 24 de agosto de 1858. Extraída del libro de Mario César Gras “ Rosas y Urquiza. Sus relaciones después de Caseros “. EDIC. Del Autor. Bs. As. 1948.)

    1865: “Corresponda esta adquisición al desarme del adversario, pues los entrerrianos, óptimos y admirables jinetes, no formaban sino pobre infantería. Y de esta manera Urquiza fue anulado como valor combatiente…No había en Urquiza la pasta de un hombre de estado; no pasaba de un condotiere…Permaneció inactivo por lo tanto. De hecho, traicionaba a todos. Cuidó Brasil hasta tornarlo inofensivo. Urquiza, a pesar de ser inmensamente rico, tenía por la fortuna un amor inmoderado; el general Osorio le conocía el lado flaco” ( J.Pandá Cológeras. “Formaçao histórica do Brasil” . JMR TVII.p117) El brasileño general Osorio, que comandó la caballería brasileña en Caseros en 1851, conocía bien “el lado flaco” de Urquiza

    “Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el modo en que lo hice, a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder.” (Fragmento de carta de Urquiza a un tucumano de 18 años después de caseros, de fecha 3 de marzo de 1870 y publicada a fs, 326. tomo3 de la Historia de los Gob. De las Provincias Argentinas de A. Zinny, ed. 192º – cita de Raúl Rivanera Carlés, Rosas Pág. 13)

    El chantajista – Siempre a dos puntas – Las traiciones:

    Urquiza siempre jugo “a dos puntas” y traicionó “a las dos puntas”. Por intereses económicos propios y por sus sueños de “Supremo” de la Confederación o al menos de una República Mesopotámica independiente:

    – En el tratado de Alcaraz intenta de separarse con Corrientes y Paraguay (Rosas le hizo dar marcha atrás)
    – En 1847, en plena agresión anglofrancesa-unitaria trataba con el enemigo para separar la mesopotamia.
    – En Caseros se dio vuelta y se paso al enemigo “con todo el ejército de la Confederación”.(y cobró sus buenos partacones)
    – En la década del 1850 “jugaba” a aliarse con López de Paraguay y transaba con brasil e Inglaterra, y hasta le ofreció gente y territorio para que agredan a Paraguay.
    – En Pavón “se borro” la Palacio San José y dejó que la dupla Mitre-Sarmiento oprima a las provincias y masacre a todos los federales (militares o no, y hasta pobres gauchos)
    – Le prometía al Chacho que se «pronunciaría» a su favor, y «lo dejó solo» para que lo masacraran.
    – Lo mismo hizo con Felipe Varela: “Debemos tener absoluta confianza en el señor general Mitre – le escribía al Chacho – Sus intenciones son leales: lo creo capaz de afianzar las instituciones nacionales en todo su vigor sobre las bases del orden y la fraternidad” (Urquiza a Varela. San José. 21 de noviembre de 1863. AGNA. Arch. Urquiza, leg. 77 . AGM. “Proceso…” t. II. p.122)
    – En las preliminares de la guerra del Paraguay se hacía el amigo de López y que se “pronunciaría” contra Mitre. Le vendío la caballada a Brasil a buen precio, y fué a cobrarle a Mitre y la banca Británica su traición contra el Paraguay, como un vulgar chantajista.

    «Ganó (Urquiza) la batalla de Pavón y le regaló a Buenos Aires la victoria, yéndose a su casa y dejando el campo de batalla en manos de los vencidos.
    Capitaneó al Brasil para sacudir el ascendiente tiránico de Buenos Aires: hoy se pone a las órdenes de los dos, contra los países interiores.
    Trabajó por la causa de las provincias: hoy trabaja contra ellas, por la causa de Buenos Aires.
    Representó el nacionalismo argentino: hoy es el brazo zurdo del localismo de Buenos Aires contra la República Argentina.
    En el convenio, en la reforma de la Constitución, en la triple, alianza, Urquiza firmó lo que escribió Buenos Aires por la pluma de Victorica». (Juan Bautista Alberdi)

    “Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del jefe traidor.” (José Hernández, en carta a Ricardo López Jordán, fechada en Buenos Aires, el 7 de octubre de 1870.)

    Apodos de Urquiza

    “El Tigre de Montiel”

    “El Caguetón” Aplicado por Taboada, en carta a Anselmo Rojo.

    “El Guazetón Sudamericano” ¡Viva el Guazetón Sudamericano! Exclamó el indio Monzón, queriendo expresar: ¡Viva el Washington Sudamericano! Según le habían enseñado. A resultas de estas, el indio Monzón fue a dar con sus huesos a la cárcel.

    “Loco Salvaje Traidor” El pueblo de Buenos Aires al enterarse del pronunciamiento de Urquiza.

    “El Morao” De Hilario Ascasubi, en “La Media Caña de los Libres”. “Al Morao Urquiza la correntinada le saca friza”. “Morao” en el habla gauchezca; vil, flojo, cobarde.

    “El Quiscudo” (de quisca: espina, púa de algunos vegetales) Mote dado por Manuel Taboada.

    Bibliografía:

    – Rosa, José Maria : Historia Argentina.
    – García Mellid, Atilio . Proceso a los falsificadores de la historia del Paraguay. Teoría.
    – Saldías, Adolfo . Historia de la Confederación Argentina.
    – Alcibíades Lappas: “La masonería Argentina a través de sus hombres”.(Bs.As.1966)
    – Chávez, Fermín. Vida y Muerte de López Jordan.
    – Coronado Juan, Misterios de San José.
    – Cutolo-Ibarguren. Apodos y Denominativos en La Historia Argentina.

  67. EL PORNO CIPAYISMO DE FEDERICO ANDAHAZI

    I. AGRAVIO ABSURDO A JUAN MANUEL DE ROSAS

    Cuando parecía agotado el repertorio de embustes y de maledicencias contra Juan Manuel de Rosas, elaborados por los cultores de una historia falsa, ya liberal o roja, pero contestes todos en el tributo a la mentira oficialmente subsidiada.

    Cuando el paso largo y arduo de casi un siglo y medio después de la muerte del Caudillo, permitía abrigar la esperanza de que recayeran sobre él juicios más acordes con el decoro de las pasiones sofrenadas que con el oportunismo audaz de los iletrados.

    Cuando se preveía, al fin, que las obscenidades rentadas de Rivera Indarte no hallarían discípulos sino tajantes críticos y racionales objetores, emerge de la nada, continuando a aquel unitario ladino y procaz, un sujeto indocto que lleva por nombre Federico Andahazi.

    El figurón, siguiendo una línea escatológica que le ha dado buenos dividendos y mundanal prestigio, acaba de editar el volumen segundo de una “Historia sexual de los argentinos”, titulada impiadosamente “Argentina con pecado concebida”, para poner en evidencia, ab initio, que su pluma meteca conserva intacta la capacidad sacrílega.

    Promoviendo aquí y acullá su novísimo panfleto, merced al beneplácito de los medios masivos con la lucrativa hojarasca de esta catadura, el Andahazi ha comparado a Juan Manuel de Rosas con el execrable Josef Fritzl, aquel degenerado incestuoso y homicida de Austria, condenado recientemente tras conocerse los pormenores de sus inenarrables perversiones. “Nos espantamos al conocer la noticia de este austríaco que tenía secuestrada a su hija” —dice el bestsellerista— “y nosotros tuvimos uno igual pero en el poder, en el gobierno” (Cfr. Alejandra Rey, Entrevista a Federico Andahazi, ADN Cultura, La Nación, 25-4-09, pág. 20). “Un tipo mantiene cautiva a una hija adoptiva, la viola y tiene seis hijos. Uno inmediatamente piensa en este personaje austríaco, pero estamos hablando de Juan Manuel de Rosas” (Cfr. Juan Manuel Bordón, Entrevista a Federico Andahazi, Clarín, 29-3-09).

    La causa de tan inicua comparanza cree poder fundarla el antojadizo escriba en el mentado caso de Eugenia Castro, a quien describe como “hija adoptiva” de Rosas, “recluida y violada sistemáticamente”, sometida a destratos y humillaciones, y mantenida en la pobreza y sin educación. (Cfr. Alejandra Rey, Entrevista… etc, ibidem).

    II. LA VERDAD SOBRE EUGENIA CASTRO

    La verdad histórica guarda austera distancia de este culebrón hediondo, y será bueno recordarla en prietas líneas. Eugenia Castro y su hermano Vicente fueron dados en tutoría a Rosas tras la muerte de su padre, el Coronel Juan Gregorio Castro, y la orfandad de madre en que ambos se hallaban. Ningún vínculo sanguíneo, familiar o parental unía al Restaurador con la joven. Los hermanos vivieron libremente alojados en el enorme predio de San Benito de Palermo, y con posterioridad a la muerte de Encarnación Ezcurra, hacia 1839, todo indica que el dueño de casa la tuvo a Eugenia por “querida”, engendrándole seis hijos según una versión, y siete según otras.

    El ilegítimo amorío era un secreto a voces —desparramado adrede por la propaganda opositora— de modo que de oculto y prisionero tenía muy poco. Eugenia y sus hijos naturales eran vistos por los innúmeros y calificados visitantes del predio palermitano, compartía mesa, eventuales paseos y festejos, y así como fue consciente, voluntaria y consentida su relación con Rosas, podrá calificársela con todo derecho de pecaminosa, pero no de macabra, incestuosa, sanguinaria y sepulta bajo la tierra. Manuel Gálvez, por ejemplo, menciona la carta de salutación dirigida a Eugenia por un canónigo porteño. Algo difícil de llevar a cabo si la mujer hubiese estado sometida a un hermético y ruin cautiverio, como la desdichada hija de Fritzl.

    Hay otros detalles de esta relación que impiden cualquier analogía indecente como la que ha trazado Andahazi con afán denigratorio. Rosas se ocupó de mantener, mejorar, administrar y ampliar la casa de Eugenia en el barrio de Concepción –operaciones todas de pública realización- y hasta cinco días después de la derrota de Caseros, con la meticulosidad ordenancista que le era proverbial, le entregó a Juan Nepomuceno Terrero los títulos de propiedad de la vivienda de la muchacha, $ 41.000 que le correspondían de los alquileres cobrados y $ 20.000 más pertenecientes a su hermano Vicente. La tragedia irrevocable se cernía sobre su futuro y sobre la patria entera, pero este hombre de singular capacidad reguladora se hizo de un tiempo para que todo aquello que le correspondiera a los Castro llegara a sus manos. Nada de cierto hay entonces en aquella calumnia —ahora remozada— que urdiera Antonio Dellepiane en 1955, cuando desde los antros de la Editorial Claridad pergeñara un suelto negando todo sentimiento paternal y protector en la conducta de Juan Manuel de Rosas.

    Unas pocas cartas se intercambiaron Eugenia y Don Juan Manuel tras la caída de 1852. Rafael Calzada, en el tomo IV, capítulo XXVII de sus Cincuenta años de América. Notas Autobiográficas, de 1926, nos permite informarnos sobre su contendido. Obras posteriores, como la de María Sáenz Quesada, Las mujeres de Rosas, han sido más explícitas al respecto, aún sin tener intenciones laudatorias hacia el Dictador.

    Sabemos así que Eugenia le manifiesta su lealtad, recuerdo y afecto al antiguo amante, la desazón en que se encontraba, las graves penurias por las que atravesaba, el destrato que padecía de parte de algunos, y “lo siempre bien recibida” que era “en la casa de la señora Ezcurra”. Sabemos asimismo que le obsequia al Restaurador con pañuelos bordados por alguna de las hijas naturales y un escapulario de la Virgen de las Mercedes. Sabemos, al fin, que se interesa “por su importante salud” y le desea “mil felicidades”, a la par que le solicita no ser olvidada y que le remita un retrato. El único regaño que le formula es por unos comentarios “quejosos” que le llegaron de parte de Doña Ignacia Cáneva.

    Qué relación guarda todo esto con una mujer presuntamente esclavizada y violada incestuosamente, como quiere Andahazi, nunca se sabrá. Eugenia amaba a Rosas, y no se ha dicho nunca que éste fuera mujeriego, por lo que en la órbita inmoral del concubinato cabe deducir que él le guardó una excluyente correspondencia afectiva. Susana Bilbao, en su novela Amadísimo Patrón, que tampoco es una apología del Jefe de la Confederación, hace bien en sospechar que Eugenia no fue “una hembra destinada a parir, obedecer y servir”, porque no hubiera podido “alguien tan insignificante mantener durante doce años la atención de un hombre que por su riqueza, prestigio y belleza física hubiese podido elegir entre las mujeres más encumbradas de la nación sobre la cual ejercía un dominio absoluto”. Si no fue la Castro —ni debía serlo— la varona paradigmática de Encarnación Ezcurra, tampoco admite la lógica reducirla al papel de un lampazo, como la presenta Andahazi para acentuar la crueldad de su amante.

    Rosas, por su parte, durante el doliente destierro, le remitió a Eugenia un puñado de cartas “muy expresivas y tiernas”, según él mismo las calificara. Le pide que lo acompañe en el exilio, junto con su prole, para mitigar entre ambos las comunes peripecias. Se disculpa por no haberle podido responder con antelación, “obligado por las circunstancias”, le aclara que dada la pobreza no puede remitirle dinero alguno, pero que si “la justicia del gobierno” le restituyera sus bienes, “entonces podría disponer tu venida con todos tus hijos”, como se lo solicitó después de aquel aciago 3 de febrero. También hay cartas cariñosas y unos menguados pesos para la hija Ángela, a la par que una lamentación por no poder remitir “algo bueno porque sigo pobre”. Entre “bendiciones”, “abrazos”, palabras cordiales y la aclaración de que “no me he casado”, las epístolas de Rosas cesan un día. Eugenia muere en 1876, y Ángela, su hija natural, apodada “El Soldadito”, recibe una larga misiva de pésame. En el Testamento, Don Juan Manuel dispone el dinero que ha de acordarse a todos los Castro, si alguna vez se le restituyeran los bienes que injustamente le fueron despojados.

    La pregunta retórica es la misma que nos hacíamos antes. Qué tiene que ver todo esto con un depravado incestuoso, criminal y esclavista como Josef Fritzl , es algo que únicamente puede pasar por la calenturienta testa de Andahazi, probando una vez más el acierto de Croce: “en materia de historia cada uno prefiere lo que lleva adentro”. Acertaba Fermín Chávez cuando a propósito de este delicado tema denunciaba las “misturas que confunden al lector; misturas que pueden llegar a la infamia […] aprovechadas por apícaras y picarones”, devenidos en “nuevos José Mármol, quien después de todo se está quedando cortito y pusilánime” (Cfr. Fermín Chávez, Los hijos naturales de Rosas, en Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, nº 35, Buenos Aires, 1994, pág. 82).

    III. HÉROE PERO NO SANTO

    Digamos las cosas como son. No hay dos morales, con una de las cuales habría que juzgar a los hombres corrientes y con otra a los próceres. En todo caso, más obligado está el egregio a dar constante ejemplo virtuoso ante la grey confiada. El sexto mandamiento nos alcanza a todos, y Rosas pecó grave y persistentemente contra él. Ni justificaciones ni atenuantes nos importa hilvanar aquí. Mucho menos retruécanos ingeniosos, como aquel de Anzoátegui, según el cual, “el héroe es el que puede sacarse cien hombres de encima; el santo, el que puede sacarse una mujer de abajo”. Si esto es cierto, y puede serlo, lamentamos que Rosas no haya sido santo, y en nada nos alegra su reiterada incontinencia. Tampoco es encomiable que aquellos hijos naturales no hayan sido reconocidos por su padre. Casi como una parábola trágica de la patria misma, hundida tras la derrota de Caseros, la tradición oral que se ha colado en el tema cuenta que de los varones que le dio Eugenia, uno murió en la Guerra del Paraguay, otro acabó pocero en Lomas de Zamora, y otro peón de estancia por los pagos de Tres Arroyos. La herencia de uno de nuestros mayores y mejores patricios, concluyó tumbada sobre la tierra, entre el anonimato y la orfandad. Con pena inmensa lo pensamos y lo escribimos.

    Pero Rosas, el pecador, el de la carne débil y el instinto irrefragable, el de la falta sempiterna contra la castidad que asoló por igual en la historia a príncipes y mendigos, pontífices y súbditos, no es el monstruo incestuoso y homicida que irresponsablemente ha retratado Andahazi, propinándole un agravio cobarde, impropio de un caballero, y antes bien semejante en sustancia al que Don Quijote —en el capítulo LXVIII de la Segunda Parte— describe como connatural en “la extendida y gruñidora piara”.

    Tampoco es Rosas un hombre que pueda ser acusado de mantener cautiva a esta mujer, que a su modo amó y fue amado por ella. Si Eugenia pasaba el grueso de las jornadas en las verdes extensiones de San Benito, no era ello señal de que el predio fuera su cárcel, o de que el sigilo del romance espurio la obligaba al encierro. Es que el mismo Rosas, después de la muerte de su esposa —esto es, cuando comienza su relación con Eugenia— se aisló totalmente en Palermo, apareciendo muy rara vez en público, y abandonando hasta esa costumbre de recorrer de madrugada la ciudad para tomarle el pulso. Así nos lo narra Lucio V. Mansilla en el capítulo XI de su difundido Rozas. Ensayo histórico-psicológico. Distinto hubiera sido si el Restaurador, no por hábitos de misantropía sino por principios ideológicos, hubiera sostenido, como lo hace Alberdi en el capítulo XIII de Las Bases, que la mujer no debe tener una instrucción destacada sino “hermosear la soledad fecunda del hogar… desde su rincón”. O si hubiera justificado, como lo hace Sarmiento en el Diario del Merrimac, que las mujeres que conoció estaban para que él se aprovechara de ellas.

    IV. EL LIBERTADOR DE CAUTIVAS

    A Rosas no le debe la patria el reproche de haber tenido en cautiverio a una mujer, ultrajándola, sino la gratitud por haber liberado del cautiverio a centenares de mujeres que habían sido raptadas por los malones y que llevaban la vida miserable que conoce cualquier argentino que haya leído los cantos octavo y noveno de la segunda parte del Martín Fierro.

    Amplísima es la bibliografía al respecto, precisas y detalladas las informaciones que se conservan, abultadas las fuentes documentales y pormenorizados los registros de casos concretos, múltiples y desoladores, de explotadas mujeres, que merced a la Conquista al Desierto encabezada por Don Juan Manuel, recuperaron su libertad y su dignidad, y la posibilidad de reinsertarse, junto con sus hijos, a la tierra de la que habían sido arrancadas furiosamente. Hasta la misma Academia Nacional de Historia, en un trabajo editado en 1979, con la firma de Ernesto Fitte y Julio Benencia, titulado Juan Manuel de Rosas y la redención de cautivos en su campaña al desierto 1833-1834, ante la calidad y cantidad de evidencias, tuvo que elogiar “la labor humanitaria y misericordiosa” de Rosas, agregando, casi premonitoriamente, que muchas veces “los historiadores pasan por alto”. Otrosí podría agregarse si nos refiriéramos no ya a la liberación de cautivas blancas, sino a la legislación antiesclavista de la época de la Confederación, que permitió disfrutar a enormes grupos de mujeres negras de una libertad que hasta entonces no habían conocido. Está el testimonio vivo del Cancionero Popular de la Federación si Andahazi no quiere recorrer las fatigosas páginas del Registro Oficial.

    Le leímos una vez a Octavio Paz que todos tenemos en nuestras casas un tacho de basura, pero que sólo el enfermo mental y moral lo pone como centro de mesa.

    Esto es lo que ha hecho Federico Andahazi, fiel a las predilecciones que manifiesta en toda su literatura. Como lo igual busca lo igual, según enseñanza platónica, podría haber demorado su vista en el caso de La cautiva o Rayhuemy, aquella mujer objeto de las atrocidades indígenas, que rescatada un día —junto a tantísimas otras— por las tropas de Rosas, le agradeció al Jefe la patriada y recibió de su persona y de su política el sostén necesario para recomponer su existencia. Para eso tendría que haber tenido la magnanimidad del Padre Lino Carbajal, que investigó documentalmente el suceso, o la fina percepción de María Elena Ginobilli de Tumminello que trazó un acertado ensayo al respecto (cfr. su La política de Rosas y las mujeres cautivas, en Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, nº 64, Buenos Aires, 2002, pág. 120-133).

    Podría, claro, Andahazi, con un alma semejante a la grandeza, haber contemplado este tipo de episodios en la biografía del Restaurador, y comunicárnoslos con elevadas miras pedagógicas, sin mengua de señalar y de reprobar, por contraste, cuantas miserias fueran apareciendo. Que para eso Aristóteles acuñó el género epidíctico. En lugar de este camino, eligió buscar el tacho de basura, preñarlo de escorias nuevas y ponerlo como centro de mesa. Buen catador de bahorrinas, tal vez tenga junto a los inspectores municipales del macrismo su próximo futuro asegurado.

    V. ENTRE MENTIRAS Y VAMPIROS

    Hasta aquí la objetiva refutación del inverosímil argumento de Federico Andahazi, con el que ha decidido sumarse a las ingloriosas bandas del antirrosismo, que tanto daño han hecho a la memoria nacional. Pero se nos permitirá entonces un argumento ad hominem. Porque el hombre que dice escandalizarse del amancebamiento de Rosas, gusta presentarse con atributos éticos que no lo convierten precisamente en un dechado. Si la sordidez, la promiscuidad, el sadismo, la sexolatría y la blasfemia campean en su obra, monotemáticamente preñada de un odio al Catolicismo, el porte jactancioso, narcisista, frívolo y hedonista campea en su talante. Por consiguiente, no se sobresalta su supuesta defensa de la dignidad humana —ésa que Rosas habría vulnerado— cuando confiesa su admiración por Drácula y por el vampirismo, “porque el género gótico en general tiene esa relación carnal” (Cfr. Cfr. Alejandra Rey, Entrevista… etc, ibidem). Está clarísimo. Quedarse viudo y tener una amante en el siglo XIX, convierten a Rosas “en un personaje deleznable” (ibidem). Admirar las relaciones carnales de Drácula, en el siglo XXI, convierten a quien así se expresa en un respetable hombre de letras.

    Es en el sitio oficial de internet autoconsagrado a su apoteosis (http://www.andahazi.com/fotos.html), no en algún suelto contra su persona, que transcribe orondo una respuesta dada a Rodrigo Arias en una entrevista aparecida en Uolsinectis. Leámosla: “No soy un escritor al que le interese la historia en relación con la verdad. Mis novelas no son históricas. Trato de apuntalar mi literatura en la ficción y si tengo que deformar la historia para apuntalar mi literatura, lo hago. Tanto «El Anatomista» como «Las Piadosas» están plagadas de inexactitudes deliberadas. Las construcciones de mis novelas son ficticias. Por otro lado, es curioso porque la literatura no tiene ningún nexo en relación con la verdad. La literatura está fundada por la ficción. No es más que una mentira más o menos bien contada”.

    Lo grave e imperdonable de esta patética confesión no es el divorcio intencional entre los trascendentales del ser, segregando la belleza de la verdad y del bien, sino que esa historia que deliberadamente deforma y falsifica para apuntalar su literatura tiene a la Fe Católica y a la Cristiandad como objetos centrales de sus “inexactitudes deliberadas”. Tales, verbigracia, los espantosos casos de “La ciudad de los herejes” y “El Conquistador”, dos de sus engendros oportunamente festejados por la intelligentzia.

    Lo grave, asimismo, es que ese criterio que lo guía, y según el cual es legítimo confundir y engañar al lector desprevenido con una novelística histórica sin verdad alguna, no lo circunscribe Andahazi exclusivamente al ámbito de la hipotética literatura de ficción, sino que lo lleva ahora al terreno de la historia propiamente dicha, en el que pretende ubicar sus dos tomos sobre La historia sexual de los argentinos.

    Extraño destino el de nuestra historiografía, y aún el de “nuestro mayor varón”, como lo llamara Borges a Rosas. Ha tenido que soportar los embates del mitrismo, del academicismo masónico, de las izquierdas apátridas, de los periodistas ramplones, de los psicoanalistas advenedizos y de los egresados de la UBA. Ahora parece ser el turno de los pornógrafos. Del pornocipayismo de los mercaderes de morbo y de lujuria.

    “Me siento libre”, escribía Don Juan Manuel de Rosas en su destierro. Y explicaba por qué. Porque “la justicia de Dios está más alta que la soberbia de los hombres”.

    Esa justicia divina, en el más allá, ya habrá medido y pesado, con misericordia y rigor, el alma de aquel hombre singular por quien la Argentina conoció los días de su mayor honor y señorío. Pero aquí, en esta desangelada tierra que habitamos, la honra de los héroes genuinos, precisamente por ser tales, también les da a su memoria una libertad que está más alta que la soberbia humana.

    Más alta que las páginas lúbricas de un patán, que las bajaduras de un inspector de bragas, está la verdadera historia que inclina su respeto y presenta sus armas y sus banderas invictas ante los gloriosos custodios de la soberanía material y espiritual de la patria, como lo fuera en vida Don Juan Manuel de Rosas.

    Antonio Caponnetto

  68. ANDAHAZI Y FRITZL

    Amigos:

    Hacia fines de abril —tal vez lo recuerden— escribí e hice circular, desde el blog de Cabildo, una nota titulada: “Desagravio a Rosas. El porno-cipayismo de Federico Andahazi”.

    La misma tuvo una difusión inhabitual, y varios sitios digitales amigos la recogieron con generosidad que deseo agradecer.

    En “Clarín” del 2 de junio, pág. 32, versión gráfica, y en el suplemento “Ñ” del mismo diario, versión digital, de la misma fecha, el periodista Juan Manuel Bordón publicó un articulo titulado “Critican a Andahazi por comparar a Rosas con el austríaco Fritzl”. En dicho artículo se menciona expresamente al mío, y en su conjunto —aunque no podamos suscribir todo lo que allí se dice— es un rotundo mentís al dislate de Andahazi.

    En tales circunstancias me pareció atinente escribirle una carta al señor Bordón —a quien obviamente no conozco— con el propósito de agradecerle y de hacerle llegar algunas breves aclaraciones.

    Reproduzco mi carta, y debajo la nota de Juan Manuel Bordón.

    Un abrazo

    En Cristo y en la Patria

    Antonio Caponnetto

    ________________________________________

    Sr. Juan Manuel Bordón:

    Leo su nota en “Clarín” de hoy, martes 2 de junio, titulada “Critican a Andahazi por comparar a Rosas con el austríaco Fritzl”.

    En la misma, alude usted a la respuesta mía al susodicho Andahazi, y remite a “Santa Iglesia Militante” (santaiglesiamilitante. blogspot.com), uno de los tantos blogs que tuvieron la gentileza de reproducirla.

    Ambas cosas le agradezco. El inhabitual anoticiamiento público de la réplica a un falsario, y la posibilidad de que el lector interesado pueda acudir al sitio donde la hallará completa.

    Gratitud expresada, y sin retaceos, me permitirá algunas aclaraciones.

    La primera,que me hago cargo de todos los argumentos históricos refutatorios del dislate de Andahazi, así como de cada una de las severas y duras palabras con que enjuicio su conducta, pero no lo he llamado “meteco, es decir extranjero”, como usted lo enuncia. He hablado en cambio, literalmente, de su “pluma meteca”, en alusión, no a su extranjería, sino a su condición advenediza y buscadora del lucro. A ambas acepciones me autoriza la legal polisemia del término meteco. Digo esto, como advertirá, no para atemperar mi destrato hacia el autor del agravio a Rosas, sino en defensa de tantos extranjeros que bien supieron honrar la memoria del héroe, por lo que no sería legítimo que en la ocasión usara yo la palabra con las negativas connotaciones que usted supone.

    La segunda aclaración es sobre el juicio de Dora Barrancos que reproduce en su artículo, y según el cual la comparanza Rosas-Fritzl no sería aceptable “porque los significados de las épocas no son equivalentes”, debiéndose ser cuidadoso “con los valores relativos en relación al pasado”.

    No es el supuesto relativismo semántico o axiológico el que impide la arbitraria similitud establecida por Andahazi, sino el más sencillo y concreto hecho de que ambas situaciones y personajes son diametralmente opuestos por su naturaleza, independientemente de “las épocas” en las que ocurrieron. Rosas es un viudo, convertido —con la anuencia de su amante— en inexcusable pecador contra el sexto mandamiento. Fritzl es un padre incestuoso, esclavista, monstruosamente torturador y depravado, cuya perversión excede los desafueros de las bragas para ingresar en los fueros de lo demoníaco. Cualesquieras fueran las épocas en que ambos casos sucedieran, las equivalencias no son posibles mientras disímil sea la sustancia que separa al uno del otro.

    Aclaración y párrafo aparte merecen el comentario de Marcos Ribak, más conocido como Andrés Rivera. Le transcribe usted en su nota una opinión en la que declara: “Rosas, a mi juicio, mantenía la tradición española. No incursionaba en las carnes de sus hijas, pero sí en la de los sirvientes […] Es distinto a lo de ese nazi potencial que se acostaba con su hija”.

    En la misma línea de Andahazi, con quien cree disentir, Ribak reduce la historiografía a la medición de las incursiones glandulares de los personajes del pasado, agregando en este caso un evidente apriorismo racista, de acuerdo con el cual, los españoles, fatalmente, se acostaban con sus sirvientas. Otros, investigando sesudamente durante años, han sabido cantar las glorias de la tradición hispana, en sus hombres y mujeres ejemplares. Ribak, con irresponsable desaprensión, prefiere conjeturar sobre la existencia de una fatal tradición incursionista en carnes vasallas. No es “humor cáustico”, como usted lo llama, Bordón. Es ánimo injurioso y procaz, sencillamente.

    En cuanto a lo de “nazi potencial” aplicado al patógeno señor Fritzl, debe considerarse otro gratuito “incursionismo” de Ribak, ya no por las corporeidades de los sirvientes sino en el trillado mundo de los tópicos con que garantiza su cómoda inserción entre los dominios del pensamiento único. Verá por qué.

    Descubierta que fuera la inmunda madriguera en que Fritzl tuvo encerrada a su hija y a su prole, algunas de las fotos morbosamente tomadas al lugar revelaron la presencia de ciertas simbologías religiosas hebreas. ¡Qué súbitos cadalsos no se levantarían si a la vista de estas imágenes alguien explicara al monstruo con categorías judías, o lo tildara de marxista potencial! Pero Ribak se asegura el festejo cursi y barato de la intelligentzia acusando al degenerado de nazi potencial. Es que para el autor de El farmer, como para todo novelista regiminoso, las palabras y los significados pueden violarse mientras presten el servicio de la captatio benevolentia a la ideología dominante de los políticamente correctos.

    Gracias nuevamente, señor Bordón. Después de su nota, ya no es solamente el escriba Andahazi quien desnuda la endeblez de sus criterios históricos.

    Cordialmente

    Antonio Caponnetto

    ________________________________________

    Critican a Andahazi por comparar a Rosas con el austríaco Fritzl

    Por Juan Manuel Bordón

    En su último libro, Argentina con pecado concebida, el escritor Federico Andahazi habla de la vida sexual los próceres argentinos. El pasaje que le dedica a la relación entre Juan Manuel de Rosas y María Eugenia Castro (a la que define como su cautiva) y los paralelismos que estableció en varias entrevistas entre esa historia y la del austríaco Josef Fritzl (condenado a cadena perpetua por haber encerrado y violado durante 24 años a su hija) despertó la indignación de partidarios rosistas. En un artículo titulado “El porno cipayismo”, el director de la revista de derecha católica Cabildo, Antonio Caponetto, acusa a Andahazi de “propinar un agravio cobarde”.

    Andahazi es un abonado a la polémica con los sectores católicos. Cuando ganó el premio de la fundación Fortabat con El anatomista, Amalia Lacroze de Fortabat se negó a que se publicara la obra por su alto contenido erótico. Ahora, las críticas (y ataques, ya que Caponetto combina los argumentos históricos con agravios como “meteco”, es decir, “extranjero”) llegan después de que rescatara en su último libro la historia de Eugenia Castro, hija de uno de los lugartenientes de Rosas que al morir la dejó al cuidado del Restaurador. Castro se convirtió en su criada, amante y madre de seis hijos que se le atribuían a él.

    En su “Desagravio a Juan Manuel de Rosas” (se puede ver en: santaiglesiamilitante.blogspot.com), Caponetto asegura que aunque “pecaminosa”, la relación entre ambos fue “consciente, voluntaria y consentida”; además, niega que fuera una relación secreta, ya que aparecía hasta en la propaganda opositora, y asegura que “de prisionera tenía muy poco”, ya que compartían mesa, paseos y festejos en su casa.

    Aunque muy lejos de la postura ideológica de Caponetto, Dora Barrancos (una de las historiadoras de las luchas sociales de las mujeres en la Argentina) asegura que si bien no leyó el libro de Andahazi ni sabía de la polémica, la historia de Castro y la hija de Fritzl no son equivalentes porque los significados de las épocas no son equivalentes. “De ninguna manera era una cautiva, Rosas era tan imperativo de carácter en sus deseos y tenía tal poder de manipulación que no necesitaba tener secuestrada a una persona en su casa. Hoy llamaríamos a eso una situación de sometimiento, pero amancebar a una criada era bastante común en la época. Eso no le quita severidad, pero hay que tener cuidado con los valores relativos en relación al pasado. Había sometimiento psicológico, pero no creo en la hipótesis el encarcelamiento”.

    El escritor Andrés Rivera, que en su novela El farmer tomó a Rosas como protagonista, hace el mismo descargo: como no leyó el libro de Andahazi, no quiere polemizar con él. Al evocar la figura de Castro, hecha mano de su humor cáustico. “Ella fue lo que los antepasados de la mesa de enlace y los dueños de la Sociedad Rural llamaban una chinita: estaba allí para satisfacer sus apetitos”. Sin embargo, también distingue entre esa historia y la del austríaco. “Acá se habla de dos culturas, es distinto a lo de ese nazi potencial que se acostaba con su hija. Rosas, a mi juicio, mantenía la tradición española. No incursionaba en las carnes de sus hijas, pero sí en la de los sirvientes”.

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