Un obispo dice que por «infieles» no puede aplicarse a gays el concepto de matrimonio
Jorge Lona, de San Luis, afirma que los homosexuales tienen la incapacidad de «permanecer juntos», al no alcanzar la «satisfacción sexual plena» que logran el hombre y la mujer. Por esto, sus relaciones son inestables y cambiantes.
El obispo de San Luis, Jorge Luis Lona, se manifestó este lunes en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y atribuyó a los homosexuales la incapacidad de «permanecer juntos» ya que, consideró, no logran la «satisfacción sexual plena».
«No es posible el matrimonio entre homosexuales porque el matrimonio es lo que todas las legislaciones del mundo, hasta este último tiempo en que aparecen algunas excepciones, han legalizado como la unión del varón y la mujer para formar una familia, para permanecer juntos de un modo perdurable», expresó el obispo en declaraciones a la prensa local.
Lona manifestó dudas sobre la perdurabilidad en la unión entre personas del mismo sexo al sostener que «hay algo que impide alcanzar la satisfacción sexual plena como la alcanza un varón y una mujer, y entonces se vuelve a probar con otra persona».
«El matrimonio civil argentino parte de la base de que quieren vivir juntos de un modo perdurable y quieren vivir fielmente», destacó el religioso.
El obispo de San Luis afirmó que «la Iglesia no discrimina a los homosexuales en el sentido de la injusticia que supone tratar a alguien con desprecio, al contrario».
«Yo he sido director espiritual, confesor y he hablado como amigo con personas homosexuales y he encontrado entre ellos personas no solamente buenas, sino incluso santas, que han vivido sufriendo por esa condición, pero que al mismo tiempo han tratado de vivirla con una dignidad muy grande», dijo el religioso.
Lona manifestó que «hay algo en la situación homosexual que es realmente dolorosa y digna de gran comprensión y consideración: hay algo que impide alcanzar la satisfacción plena en la unión sexual como la alcanza un varón y una mujer y entonces se vuelve a probar con otra persona, con otra persona».
«Yo me temo que entonces esto es simplemente una especie de manera de demostrar que todos somos iguales, que no hay que hacer ningún tipo de diferencia entre nadie por nada», dijo.
«Pero no se trata de despreciar, sino decir ustedes están en esta situación especial en la cual la palabra matrimonio y el concepto legal matrimonio no se puede aplicar, porque tiene que ser una pareja que esté dispuesta a vivir fielmente junta», expresó.
El obispo de San Luis manifestó no estar «seguro de que puedan darse casos así en parejas del mismo sexo, son la excepción y no la regla».
El religioso se pronunció en momentos en que el proyecto de ley que habilita el casamiento entre personas del mismo sexo se encuentra para su consideración en el Senado de la Nación, tras ser aprobado el miércoles en la Cámara de Diputados.


Que ganas de lavarte la boca con un jabon..
Como va a decir que por no haber satisfaccion sexual entre trolos, no hay matrimonio.
Ese es el concepto de matrimonio que aprendiste en el seminario?! Alguien tiene el dato de donde salio este lobo con piel de cordero?! Que no hace mas que espantar ovejas y descarrias las que tenia a su lado?!..
Que desastre..
Lo que la ley permite, fomenta. Que bes……
el obispo a hablado de una manera muy bien.
porque no le gusto a este compitita..???
porque debe ser homosexual por dejenerado y no por nacimiento ….
NO LA PEGAN. Siguen argumentando mientras los otros AFIRMAN.
¿Donde estudiaron dialéctica?
Pobre Obispo, tiene perdidad la batalla cultural, quedó en la lona.
Y para colmo ya no hay PODER SUPREMO DE LA NACIÓN que corte el nudo gordiano de esta putrefacta república, y agarre a todos los Obispos ambiguos y los ponga en una balsa y se los mande a Roma para que los cobije Benedicto, y si Benedicto se convierte, a su vez los convierta.
Ya no hay Papas como Julio II ,¡o Emperadores como los del Romano Germánico como Oton II que sacaban de un plumazo a los Pontífices Usurpadores!
In illo tempore, compadre.
Carta de San Pablo a los Romanos 1: 18-32
Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que injustamente cohíben la verdad; puesto que lo que es dable conocer de Dios está manifiesto en ellos, ya que Dios se lo manifestó.
Porque lo invisible de Él, su eterno poder y su divinidad, se hacen notorios desde la creación del mundo, siendo percibidos por sus obras, de manera que no tienen excusa; por cuanto conocieron á Dios y no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su insensato corazón fue oscurecido.
Diciendo ser sabios, se tornaron necios, y trocaron la gloria del Dios incorruptible en imágenes que representan al hombre corruptible, aves, cuadrúpedos y reptiles.
Por lo cual los entregó Dios a la inmundicia en las concupiscencias de su corazón, de modo que entre ellos afrentasen sus propios cuerpos.
Ellos trocaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y dieron culto a la criatura antes que al Creador, el cual es bendito por los .siglos. Amén.
Por esto los entregó Dios a pasiones vergonzosas, pues hasta sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza.
E igualmente los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrazaron en mutua concupiscencia, cometiendo cosas ignominiosas varones con varones, y recibiendo en sí mismos la paga merecida de sus extravíos.
Y como no estimaron el conocimiento de Dios, los entregó Dios a una mente depravada para hacer lo indebido, henchidos de toda injusticia, malicia, codicia, maldad, llenos de envidia, homicidio, riña, dolos, malignidad; murmuradores, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, desobedientes a sus padres; insensatos, desleales, hombres sin amor y sin misericordia.
Y si bien conocen que según lo establecido por Dios los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen en los que las practican.
Comentario de Santo Tomás a la Carta de San Pablo a los Romanos:
San Pablo, habiendo mostrado el delito de impiedad, por el cual pecaron contra la naturaleza divina, muestra aquí la pena, por la cual han sido llevados a pecar contra su propia naturaleza.
Dice, pues, por esto, o sea, por haber trocado la verdad de Dios en mentira, los entregó Dios, no ciertamente empujándolos al mal, sino abandonándolos a pasiones ignominiosas, o sea, a pecados contra natura, que se llaman pasiones por cuanto con propiedad se dice pasión aquello por lo que algo es llevado fuera del orden de su propia naturaleza
Y se les llama pasiones ignominiosas, porque no son dignas de mencionarse según aquello de Efesios 5,12: Da vergüenza hasta el nombrar las cosas que ellos hacen en secreto.
En efecto, si los pecados de la carne comúnmente se censuran, porque por ellos se rebaja el hombre a lo que es bestial en él, con mucha mayor razón por el pecado contra natura, por el cual aun por debajo de la naturaleza bestial cae el hombre.
En seguida San Pablo explica lo que dijera. Y primeramente en cuanto a las mujeres, pues hasta sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra natura. Trocaron el derecho, rompieron la alianza eterna, o sea, el derecho natural.
Manifiesto es que, conforme a la intención de la naturaleza, la unión de los sexos en los animales se ordena al acto de la generación. De aquí que todo género de unión del que no se pueda seguir la generación es contra la naturaleza del hombre.
Y conforme a esto se dice en la Glosa: el uso natural es que el varón y la mujer se unan para ser una sola carne en concúbito; y contra la naturaleza es que el varón profane a varón, y la mujer a mujer; y lo mismo debe decirse de todo acto de coito del que no se pueda seguir la generación.
En seguida explica lo relativo a los maridos, que dejando el uso natural de la mujer se abrasaron, esto es, fuera de los límites naturales, se inflamaron según aquello del Salmo 117,12: Ardían como fuego de zarzas. Y esto en mutua concupiscencia, es claro que carnal, cometiendo cosas ignominiosas varones con varones.
Indica luego que esta pena es la que corresponde al delito, diciendo: recibiendo en sí mismos, esto es, en la degradación de su naturaleza, la paga de sus extravíos, esto es, el haber trocado la verdad de Dios en mentira.
O sea, retribución, merecida por ellos conforme al orden de la justicia, por el que era debido que quienes cometieran injuria contra la naturaleza de Dios, aquello que es propio que se atribuya a las criaturas, vivieran ultrajándolo en su propia naturaleza.
Y es de notarse que muy razonablemente les asigna el Apóstol a los vicios contra natura, que son gravísimos entre los pecados carnales, la pena de la idolatría, porque parecen haber empezado al mismo tiempo que la idolatría, esto es, en el tiempo de Abraham, cuando se cree que empezó la idolatría.
De aquí que leemos que también entonces fue castigada primeramente en los sodomitas (Génesis 19,24-25). De la misma manera también, con el aumento de la idolatría esos vicios se desarrollaron.
Este, como la mayoría de sus colegas del Episcopado, está en la lona.
Como no podemos echar a todos estos grandísimos inútiles, habría que prohibirles a los obispos abrir la boca.
En mi opinión personal lo mejor sería alojarlos dentro de una cripta muy pero muy profunda y que mediten allí sobre sus errores y miserias. Por unos cuantos años, por supuesto.
Algún día caerán en cuenta de que se colocan solos entre la espada y la pared por seguirles reconociendo el título de obispos, como si no hubiera diferencia entre las autoridades del Señor y las del Diablo al grado de merecer los mismos títulos de respeto.
¿O no?