
Taro Aso, actual secretario general del Partido Liberal Democrata (LDP) y ministro de Exteriores, será con toda probabilidad el próximo primer ministro de Japón, convirtiéndose en el primer católico en la dirección del gobierno de un país donde predominan el budismo y el sintoísmo. El lunes próximo se espera la elección segura de Aso como presidente del LDP, para convertirse dos días después -tras la votación en el parlamento- en primer ministro de Japón.
(ANSA/ReL) “Mi familia es católica desde hace cuatro generaciones”, afirmó Aso, durante una mesa redonda en Tokio en el Club de Corresponsales Extranjeros de Japón. Participaron en la mesa los cinco candidatos del LDP que rivalizan por la conducción del partido y el país.
Taro Aso rompió así la tradicional reserva de los políticos japoneses sobre cuestiones religiosas, de cualquier credo, en respuesta a una pregunta de periodistas italianos.
En Japón es una constante la reserva en público de los políticos sobre temas religiosos. Hasta tal punto que los únicos precedentes de primeros ministros cristianos en la historia del país, Tetsu Katayama (socialista, 1947-1948), y Masayoshi Ohira, (demócrata-liberal,1978-1980) nunca hablaron de su credo religioso.

La supervivencia de la Iglesia Católica en Japón es milagrosa, pues despues de su inicial evangelización que partió de las Filipinas y que entre los martires está el primer Santo Mexicano S. Felipe de Jesus, a instancias de protestantes holandeses quienes malevolamente informaron al emperador que esa religion era una avanzada de los Españoles para ocupar Japón, prohibió y persiguio al católicismo a tal grado que no quedó un sacerdote en el Japon, y así sin cleró, el católicismo subsistió por mas de 200 años en las catacumbas, pues cuando las autoridades japonesas permitieron restablecer el católicismo, los nuevos misioneros constatarón que todavia quedaban católicos en el Japón
El Catolicismo en Japon es muy poco, no olvidemos que el shougun (emperador) persiguio a los misioneros para posteriormente crucificarlos y quemarlos vivos; y en la actualidad las obras japonesas reflejan un alto grado se sacrilegio al mofarse de sacerdotes y de la misma Iglesia.