EL P. MARCÓ: UN CURA MODERNISTA Y TRAIDOR

Original de Diario Perfil:

 

DIÁLOGO CON UN CURA QUE NO SE CALLA

 

«Von Wernich merecía ser juzgado», afirmó el padre Marcó

 

El sacerdote y periodista habló con Perfil sobre el caso del ex capellán policial sentenciado. Reiteró su compromiso con el diálogo interreligioso y explicó por qué dejó de ser el vocero del cardenal Jorge Bergoglio.

 

Cae la tarde sobre Buenos Aires y en esta antigua casa de 1890 todo son andamios y refacciones. Una hermosísima muestra de lo que en Buenos Aires se consideraba digno de una sede de embajada. Y, en efecto, durante muchos años esa mansión fue la Embajada del Vaticano. En otras palabras, la Nunciatura Apostólica. Hoy es la Casa de la Pastoral Universitaria, inaugurada 25 años atrás por el sacerdote Rafael Braun, donde innumerables jóvenes provenientes de todo el país transitan por grandes espacios convertidos en lugares de estudio. Allí también vive un hombre valiente, un sacerdote católico que se permitió molestarse cuando Benedicto XVI señaló en Ratisbona: «Nada de bueno ha traído Mahoma al mundo».

 

—Yo trabajo en el diálogo interreligioso –explica el padre Marcó– con Marabut, que es el secretario general del Centro Islámico, y con el rabino Daniel Goldman, que pertenece a la Comunidad Bet-El, y en aquella semana de las declaraciones papales hubo realmente mucho dolor en la comunidad islámica. Ellos me lo manifestaron directamente a mí, y fue en ese momento que señalé que las declaraciones papales me parecían poco felices.

 

—Le diré que prácticamente el mundo entero opinó lo mismo…
—La frase era sin duda fuerte. Es lo mismo que si a mí me dijeran: «Jesucristo nada bueno ha traído a este mundo». Me produciría cierto enojo. A nivel intelectual, tengo una gran admiración por el papa Benedicto, un hombre sumamente lúcido; me gusta leerlo, pero, en fin, esa frase no me pareció estar en consonancia con lo dicho por Juan Pablo II con respecto al diálogo religioso, en el cual yo también estoy embarcado. Además, la Iglesia es una comunidad que es mi casa, y por eso mismo creo que uno puede expresarse en ella con libertad.

 

—Sí, pero eso le costó a usted alejarse del cargo de secretario y vocero del cardenal Bergoglio…
—Bueno, yo era director de prensa del Arzobispado, y vocero del cardenal. Y aquí quisiera hacer una distinción: una cosa es lo que se publicó y otra lo que yo dije. Ya en marzo le había planteado al cardenal que yo no era un vocero que hablaba estrictamente en su nombre y sólo en su nombre, sino que tenía libertad para hablar en el mío propio y que venía trabajando en prensa desde mucho antes de mis funciones junto a él. Esto hacía que se mezclaran mucho los roles. Se confundían las cosas cuando opinaba por mí y cuando hablaba en nombre del cardenal. A raíz de mis comentarios sobre la frase papal, la revista Newsweek publicó un título de tapa que fue el fondo del problema y no tenía nada que ver conmigo: «El Arzobispado de Buenos Aires contra Benedicto XVI». ¡Imagínese! A la semana siguiente, un periodista me preguntó (a raíz de lo que había dicho el cardenal Bergoglio en Luján acerca de evitar «sembrar el odio y el rencor») si yo creía que el presidente de la Nación entraba en esa clasificación. A lo cual, textualmente, contesté: «No creo que el odio y el rencor estén en su mente y en su corazón, pero si un presidente promoviera el odio, esto sería peligroso para todos». Al otro día, la frase que se publicó fue la siguiente: «Marcó dice que el Presidente fomenta el odio (coma) y es peligroso para todos». Una deformación de la frase que el Gobierno utilizó para enviarla a Roma, comentando: «¿Cómo es posible que el cardenal tenga un vocero que habla mal del Papa?». Me parece que no es hablar mal del Papa criticar alguna postura que, por otra parte, la misma Iglesia intentó rectificar con los hechos. Incluso el propio Benedicto XVI, con su visita histórica a Turquía y sus rezos en la mezquita en dirección a La Meca, cumplió gestos muy interesantes. En fin, si todo esto fue para bien, bienvenido sea. Trabajar en el diálogo es también saber que, a veces, hay cosas que pueden molestar.

 

Marcó habla con vehemencia, pero con gran sencillez:
—Mire, yo tengo mucha vocación para el sacerdocio, pero también la veo unida a mi vocación como periodista. Durante los últimos 17 años he ejercido la profesión, tanto en radio como en televisión y en los medios escritos. Siento pasión por la verdad y creo que los medios ayudan a transmitir un contenido y a manifestar dudas y preguntas. También creo que, desde este lugar, ayudo a mi propia Iglesia planteando cosas. Y me parece que eso también es bueno…

 

—Sí, pero esta semana, en el caso Von Wernich, la reciente declaración del Episcopado, como bien dice nuestro colega De Vedia en «La Nación», «deja un sabor amargo en quienes esperaban una condena más firme hacia la conducta de Von Wernich, que incluyera adjetivos sin atenuantes». Y podríamos añadir nosotros que también Von Wernich traiciona el mandato de vida que tiene un sacerdote al impartir los sacramentos. Porque es una traición entrar y salir de un lugar de tortura usando la confesión como un medio de información.
—Esas son aseveraciones que habría que determinar si son absolutamente así. Pero la realidad es que solamente el hecho de presenciar o saber que en esos lugares de detención había ciudadanos argentinos detenidos ilegalmente implicaba la obligación de retirarse en el acto. Cuando uno se entera de ciertas cosas y está imposibilitado de evitarlas o denunciarlas en el momento, lo que se impone es no ser ni partícipe ni cómplice. No podría nunca ser cómplice de la detención de alguien ilegalmente privado de su libertad y a quien su familia busca desesperadamente. Este caso es una situación que me provoca mucho dolor, porque pienso en las víctimas, pienso en el sacerdote Von Wernich, pienso en mi país. Revisar el pasado ayuda a sanar ciertas heridas, por lo menos para que la historia salga a la luz. Pero cuando se habla de la jerarquía de la Iglesia Católica, también creo que hay que ser muy justo, porque muchos obispos de aquellos años ya no están, se han muerto y es injusto acusar de todo esto a la Iglesia de hoy.

 

—Lo que ocurre es que el comunicado del Episcopado, observado desde un punto de vista laico, es tan escueto que, a quienes conocimos a gente tan valiente como los obispos De Nevares, Hesayne, Novak, Angelelli y Ponce de León (que pagaron con su vida, así como ocurrió con el asesinato del padre Carlos Mugica), este comunicado nos parece que no condice con su actitud. Ni con la de los curas palotinos que fueron masacrados por sus ideas. ¡Se habla de «reconciliación», pero no se menciona a esos mártires, que son la imagen opuesta a Von Wernich!
—Sin duda, pero parecería que, en la situación reinante, Von Wernich merecía ser juzgado, y entonces la Iglesia se mantuvo en una situación prudente hasta ver cómo era la sentencia. La declaración posterior de monseñor Elizalde, obispo de 9 de Julio (diócesis a la que pertenece Von Wernich), también pone el acento en pedir perdón. Por otra parte, un tribunal que cambia la hora de lectura de la sentencia fuera del horario de Tribunales, para leerla por la tarde con más presencia mediática, y una sentencia que se festeja con fuegos artificiales y varias veces se alude en ella a la Iglesia como institución, también supone una lectura en la que la cúpula del Episcopado podría preguntarse si no existe allí una manipulación. Como hay un enfrentamiento entre la cúpula del Episcopado y el Gobierno, bueno… De paso, cabe la pregunta de si esto no se está utilizando también para socavar la imagen de la Iglesia ante la gente. Son preguntas. Preguntas que yo puedo hacer como periodista, ¡y no digo con esto que el Episcopado se las esté planteando! Estoy preguntando desde afuera, como sacerdote y como periodista. Von Wernich es un tema. La Iglesia es otro tema –y repite con firmeza–. La Iglesia, hoy, es otro tema. La gente que está hoy no es la misma de hace treinta años, salvo la que fue realmente responsable, como en el caso de Von Wernich.

—¿Usted cree que se va a rever el tema de los capellanes policiales y castrenses?
—Yo creo que es un tema que seguramente se tiene que rever en algún momento. Porque, ¿qué función tienen estos capellanes? Me parece que es una situación… Son roles que yo, por ejemplo, no podría haber asumido jamás como sacerdote. Son cargos difíciles en un terreno espinoso. Detrás de estas cosas siempre aparecen ciertas alianzas, como aquello de la cruz y la espada, que desciende de tiempos feudales. Hoy vivimos en un mundo distinto, en el que hay que bregar por la paz. Por lo tanto, no sé si es necesario tener gente que esté dedicada específicamente a estos temas, sino más bien dejar que los miembros de las fuerzas policiales y militares, si lo desean, concurran por su cuenta a las parroquias o se relacionen libremente con sacerdotes de la comunidad. Las capellanías terminan siendo guetos aislados. Esta es una opinión absolutamente personal…

 

—Siguiendo con este tema terrible y doloroso para un sacerdote como usted, no puedo dejar de preguntarle por qué Von Wernich puede seguir ejerciendo el sacerdocio, administrando los sacramentos, diciendo misa…
El padre Marcó se detiene y, luego de un silencio, añade:
—Usted toca aquí un tema que tiene que ver, en primer término, con la conciencia personal, y luego, con la disciplina eclesiástica. En cuanto a seguir diciendo misa… Bueno, en todo sacerdote hay un aspecto de conciencia personal, y uno puede preguntarse: «¿Qué le ocurrió a su conciencia, que se encalleció de tal manera como para vivir esto?, ¿y quién lo adoctrinó para que pensara que, a través de estos hechos, seguía sirviendo a Dios y a la Patria?». Una pregunta que también a mí me queda como interrogante. «¿Cuál es la teología que está detrás de actitudes como éstas?» El otro tema no es la instancia personal: es la jerarquía. Es a quién le corresponde en un proceso canónico (que supongo el obispo Elizalde va a iniciar) en el que se verá si Von Wernich tiene algún grado de arrepentimiento público. Le explico: cuando hay pecados públicos, no es suficiente con el arrepentimiento privado. Tiene que ser público, porque también se ha dañado a la Iglesia y se ha escandalizado a los fieles a través de actitudes que son contrarias al Evangelio. Si mediara un arrepentimiento público de Von Wernich, la Iglesia podría seguir dándole la autorización de ejercer su ministerio en privado, a modo de reparación por los hechos ocurridos en su vida. La Iglesia siempre trata de no hacer leña del árbol caído, y pienso que Dios siempre nos da la oportunidad de arrepentirnos de nuestros errores. El proceso, en el caso Von Wernich, recién se inicia. Habrá que ver hasta qué punto las autoridades de la Iglesia le hacen entender a ese sacerdote que lo que hizo no es algo como para jactarse sino, por el contrario, arrepentirse.

 

El tema es tan grave que sobran las preguntas formales. No podemos dejar de plantearnos: ¿qué significa en la vida de un hombre dedicarse al servicio de Dios? Renunciar a cosas tan importantes como el amor, la familia propia, la paternidad…

 

—Padre Marcó, ¿cómo es vivir el sacerdocio hoy, y en una Iglesia donde no hay muchas vocaciones?
Una amplia sonrisa invade las facciones de Marcó:
—Mire, ser sacerdote, antes que nada, está relacionado con el misterio de la vocación. Es un misterioso llamado personal, muy semejante al enamoramiento. ¿Por qué se siente amor hacia una determinada persona y no hacia otra? Yo creo que detrás de la historia personal de cada uno existe ese llamado tan fuerte como para decir: «Dejo todo para servir a Jesús. Voy adonde me mande. Mi familia va a ser la Suya y… bueno, mi tiempo va a ser Su tiempo». Contestando desde lo personal, mi vocación sigue siendo un desafío extraordinario que me entusiasma día a día. Es sentir la presencia cercana de un Dios que nos sostiene, y a partir de esa presencia, también nosotros poder sostener a otros en sus problemas, en su fe, en sus dolores. El sacerdote es también un testigo de la vida. De la vida que se inicia con el nacimiento de un chico, con el casamiento de sus padres, que hemos bendecido.

 

—Sí, padre, pero usted está hablando de la vida de los otros. El cura, que no se casa, que no tiene hijos propios, siempre está mirando a la familia desde afuera. Es una absoluta entrega de sí mismo, pero vuelvo a plantear el tema del celibato…
—Aunque cueste mucho entenderlo –reflexiona Marcó–, el celibato no es un tema que nosotros discutamos. No nos reunimos a comentar cuándo van a abolirlo. Me parece que preocupa más a los que no están dentro de la Iglesia y nos miran desde afuera. Claro, si lo natural es amar a una mujer, casarse y tener hijos, no se explican nuestra elección. Yo creo que, en efecto, es el camino natural del hombre y de la mujer, pero aquí aparece un misterio que interviene y que es lo sobrenatural. Cuando esto se da, francamente yo no vivo pensando en que no tengo familia. Mi familia es mi comunidad, y le dedico mi tiempo y mi vida. Una familia tiene, por lo general, dos o tres adolescentes. ¡Yo tengo cien! Y la verdad es que me produce una gran alegría ver esta casa llena de gente, y cuando escucho hablar a los jóvenes no puedo dejar de pensar en cuántos padres pagarían por tener estas charlas que yo mantengo con sus hijos. Es cierto que no son mis hijos, pero ejerzo una paternidad espiritual que implica hacer crecer en la fe y en la virtud. ¡También escucharlos llorar si los ha dejado su novia! Mire, es una historia muy linda la que se va tejiendo con la gente…

—Sin embargo, yo he escuchado a sacerdotes magníficos y virtuosos señalar la terrible soledad en que queda el cura cuando esos chicos crecen y se van. Y estoy hablando de sacerdotes que, puestos en la disyuntiva de volver a ser jóvenes, manifestaban que ante esa circunstancia imaginaria habrían elegido nuevamente el sacerdocio…
—Yo no he llegado todavía a esa etapa –señala Marcó con franqueza–. Tengo 47 años, vivo solo, y la soledad no me pesa. Lo digo con el corazón pero, en fin, cada persona es un misterio. Conozco a otros sacerdotes a quienes les pesa la soledad. En cambio, para mí, es una ocasión de fortalecer mi vida interior. Me siento acompañado por Jesús. Está dentro de mí. No soy una persona a la que solamente le atraen las cuestiones religiosas. Me gusta muchísimo el teatro, el cine y la pintura. Tengo muchas familias amigas. Nunca diría que estoy solo en el mundo. Creo que la soledad es la de un corazón que no se siente pleno en el amor. Hay gente que tiene hijos y sin embargo está sola.

 

—Seguramente usted tiene una vocación muy fuerte, pero… ¿no cree que debería existir una opción en ese sentido?
—El celibato es una ley dentro de la Iglesia, y significa que durante muchos siglos también hubo, en la Iglesia Católica de rito Oriental, presbíteros (no sacerdotes) casados. Se casan antes de ordenarse. Son hombres casados que, en determinado momento, se deciden por esta vocación. Y le repito: creo que es la Iglesia la que debe mantener la discusión en este tema, y no es imposible que se permita el casamiento a los ministros. En cuanto a mí, en este momento de mi vida, no saldría a buscar una mujer. Yo elegí el celibato. No fue una imposición. Es una forma de vida plena que se vincula con el misterio y con la entrega. Si no fuera así, sería un solterón y un solitario.

 

—¿Cómo era su familia cuando decidió ser sacerdote?
—Vengo de una familia con padres espectaculares, pero separados. Mi madre, católica practicante, nunca fue insistente en el tema religioso. Tan es así que dejé de ir a misa a los 13 años y ella nunca lo cuestionó y respetó mi decisión. En cuanto a mi padre, el tema de Dios no era algo de lo cual hablara habitualmente. Diría que lo consideraba con cierta indiferencia. Quizá por una tradición familiar, ya que mi bisabuelo, Telémaco Susini (el fundador de la Asistencia Pública), como casi toda la generación del 80, era un hombre profundamente anticatólico. Para él, la Iglesia era el símbolo del oscurantismo y el atraso. Yo no lo conocí, pero dejó una impronta muy fuerte en mi padre y sus hermanos. Por lo tanto, mi vocación fue toda una rareza. Más bien, se opusieron todos. Yo me convertí a los 21 años. Recuerdo que tuve una experiencia muy linda en un hospital. Un primo mío me había pedido que lo acompañara a visitar enfermos el domingo de Pascua. A mí no me gustaban ni los hospitales ni los relatos de enfermedades, pero finalmente fuimos al Fernández. Allí, en una habitación, había un señor que estaba solo, y cuando lo saludamos por Pascua ese hombre me miró y comenzó a llorar. Mientras me agradecía una y otra vez la visita, me explicó que venía del Interior, que estaba internado desde hacía tres meses y que nuestra visita era la primera que recibía. Me ocurrió algo muy raro: sentí una gran felicidad en el corazón. Fue mi primer gran interrogante. Después entendí que ésa es la presencia de Dios. Nos da mucho cuando nosotros sabemos dar en vez de recibir. Y esa fórmula hizo que cada domingo volviera a visitar enfermos y entendiera, poco a poco, el llamado de esta vocación. Ese fue el comienzo…

11 comentarios sobre “EL P. MARCÓ: UN CURA MODERNISTA Y TRAIDOR

  1. ES REALMENTE INDIGNANTE y más ASCO ME DA lo de comparar a NUESTRO SEÑOR con MAHOMA. Este cura de mierda hijo de su putísima inteligencia merecería que le colgaran una pIedra de molino al cuello y lo tiraran al río POR LO ESTÁ HACIENDO CON NUESTRA SANTA RELIGIÓN. BLASFEMO DE LOS BLASFEMOS. INFAME DE LOS INFAMES. HAY QUE REPUDIARLO incluso POR SU FORNICACIÓN
    CON LOS ENEMIGOS DEL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO.

    ¿QUÉ SE HA CREÍDO ESTE INFESTADO , O MÁS BIEM POSEÍDO, DEL DEMONIO? ¿QUE HACE EN LA IGLESIA ESTE ISCARIOTE APÓSTATA?

    Dios quiera que se de vuelta, y pronto, la taba, para que brindemos por su CAÍDA ADONDE SE MERECE ESTAR POR NO TENER LA VESTIDURA NUPCIAL..

  2. Hete aquí el modelo de catòlico que el mundo moderno reclama y auspicia: el católico trucho.
    Cuidado, atenti, que siempre detrás de los sofistas llegan los verdugos.
    Mientras tanto, catòlicos mistongos sigan disfrutando alegremente del baile en la cubierta del Titanic.
    No les hagan caso a los amargos y mal pensados fanáticos tradicionalistas lefrebristas ultramontanos dementes.
    Bienvenidos a la realidad.
    Lumasa

  3. No usaré palabras insultantes. Me limitaré a decir que he visto más de una vez el programa que tienen en TV el Sacerdote Marcó y el árbitro de fútbol Marconi. Dan pena, y pronto darán asco. Parecen los Neustadt-Grondona del clericalismo maricón y liberal. Es así, porque se puede ser clerical, maricón y liberal al mismo tiempo. Ellos lo prueban. Cuando digo maricón quiero decir afeminado, no homosexual. Lo primero es evidente, lo otro no.

  4. Caca. Así le decían los pibes del barrio -cuando era pibe Marcó-. Y, clarinete, el apelativo se debía a que era jústamente eso: un reverendo Caca. Y como caca que es, of course que apesta a excremento humano. Respecto a lo que escribe Adalberto: «Cuando digo maricón quiero decir afeminado, no homosexual. Lo primero es evidente, lo otro no». Bueno Adalberto, mi viejo decía que quien lo aparenta lo es, y yo pienso como papá…
    En Xto.,

  5. Adalberto, no te escandalizes por cierto términos, la Biblia es mucho más contundente. Pero si te disuena te lo traduzco en sinónimos:

    Cura de escatología, fruto de su ramera facultad humana que nos diferencia de los animales irracionales.

    EnXto y en María.

  6. El cura Marco esta pidiendo que se escuche a Von Werner. Este asunto es el que importa, sin embargo, los 5 comentarios que he leido se relacionan con algo marginal: » la indicacion por parte de este cura que un musulman se sentiria muy ofendido si una alusion homologa a la hecha por Benedicto XVI fuese hecha con respecto a Jesus». Y eso es una realidad. Marco no esta comparando a Jesus con Mahoma.
    Pero al final toda la charanga no tiene la importancia que puede merecer la conducta de Von Werger. Parece que la existencia de la tortura no fuera tan importante como que el nombre de Jesus aparezca en la misma linea con el de Mahoma.
    Ademas el que el cura Marco sea maricon u homosexual no tiene ninguna relevancia en este caso.
    Esta actitud de gran parte de los que escriben en este blog no favorece en nada la imagen de la Iglesia. Si Uds. estuvieran realmente interesados en salvar almas, como dicen que estan se comportarian diferentemente.
    Finalmente, me sorprende que Radio Cristiandad titule sus articulos con un juicio de antemano: P. MARCO, UN CURA MODERNISTA Y TRAIDOR. Con esto da la luz verde para efusiones de fanatismo y odio.

  7. Antiloco : Decía Chesterton que un loco es alguien que HA PERDIDO TODO menos la Razón. Así que considerando tus razonamientos verifico que Chesterton diagnosticaba correctamente.

  8. Parece que al unico que has leido es a Chesterton. Si quieres te presto algun otro librito para que tengamos mas variedad en tus citas.

  9. Si pudieran ver, se darian cuenta que este padre Marcó, proviene de una mala semilla, su familia no ama a Dios, y su espíritu, su alma, lucha. Un sacerdote, es alguien que ha decidido ir por el mismo camino que vos, pero en una sola pierna. tendrías que tener mayor paciencia con el y corregir su error con fraternidad, mientras reconozca a Jesus como Padre, es un hermano, y los hermanos no se eligen, se los ama por lo que son y no por lo que hacen. y recuerda ésto. tambien los que tienen al Padre por Dios, son de los nuestros. No dijo el Señor, Quien tiene al Padre, tiene al Hijo. y Quien tiene al Hijo, tiene al Padre. No sigas haciendo lo que haces, pues fue nuestro Señor el que dijo quien conmigo no junta desparrama. y la victoria final vendrá por ver quien tendrá mayor cantidad. y habiendolo dicho yo ahora, ya no serás tenido por inocente.

  10. Por Dios!!! Cuanta necedad y cuanta ceguera por parte de quienes hacen interpretaciones antojadizas y caprichosas respecto a las declaraciones del Padre Marcó. Me identifico con él y solidarizo con sus expresiones más que pertinentes sobre los temas abordados.
    A los reaccionarios opinólogos de siempre les escandaliza plantear una situación dilemática análoga, en la que no se hace equiparación alguna sobre los sujetos mencionados. Y sí, a mi me hubiese molestado que se diga que el cristianismo no ha traído nada bueno al mundo. Creo firmemente en el Ecumenismo, como también creyó Jesús al incluir en su proyecto de salvación a samaritanos; griegos y a los de su propia sangre.
    Una vez más muestran la hilacha los intolerantes de siempre apelando a epítetos injuriantes respecto a la sexualidad del sacerdote. Cuando el único repudiable es Von Wernich, al consentir y callar las violaciones a los Derechos Humanos que se perpetraban durante la dictadura, a diferencia de los mártires Angelelli; Kelly; Barbeito; Dufau; Leaden; Barletti o Ponce De León. Y tantos Obispos valientes que alzaron su voz de protesta defendiendo la dignidad humana como: Novak; Zazpe; De Nevares; Hesayne; Kemerer y tantos auténticos cristianos. Repudiable también es que ante un caso probado judicialmente, no haya manifestado un arrepentimiento público. Me duele como católico que hechos de esta naturaleza desprestigien vilmente a nuestra Santa Iglesia, pero como decisión soberana de su fuero interno, le tengo el respeto que el no tuvo por sus prójimos torturados y aguardo su cambio de actitud, como miembro de esta Comunidad Católica que él ha deshonrado y como miembro de una Iglesia que cree en el arrepentimiento y practica el perdón. Estar en comunión implica vivir en unidad de espíritu el Evangelio de Jesús respetando la Vida y salvaguardando la Libertad; la Justicia y la Paz.
    Los únicos apóstatas que no pertenecen al Cuerpo Místico de Cristo son los que reniegan con hechos y dichos del Dios del Amor, del Salvador, sembrando cizaña y odiando a quienes discrepen con su intolerante pensamiento único.
    A ustedes mi compasión y mi anhelo de permanente conversión, que todos debemos efectuar como discípulos del Nazareno.
    Bendiciones.
    ¡Viva Cristo Rey!

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