El obispo Jia Zhiguo, de
la Iglesia Católica Romana, clandestina en China, fue arrestado por agentes de la seguridad pública, informó este jueves una fundación defensora de los derechos de esta Iglesia.
Jia, de 73 años y obispo de la diócesis de Zhengding, provincia nororiental de Hebei (colindante con Pekín), fue detenido este miércoles y se desconoce tanto el motivo de su arresto como su paradero, informó hoy
la Fundación Cardenal Joseph Kun.
Según testigos presenciales, durante el arresto se oyó cómo la policía decía que Jia permanecerá encarcelado diez días, extremo que no ha podido ser confirmado.
Un portavoz de la oficina de asuntos religiosos de Zhengding que no quiso identificarse dijo a Efe, en conversación telefónica, que no conocía a Jia Zhiguo y que no sabía si había sido detenido.
Jia fue ordenado obispo en 1980, después de pasar 20 años en la cárcel, y permanecía bajo estricta vigilancia por parte de las autoridades chinas, que lo han arrestado en diez ocasiones desde enero 2004.
En su casa vive un centenar de huérfanos incapacitados.
China rompió sus relaciones con el Vaticano en 1951 y restringe a los seguidores de la fe católica a
la Iglesia Patriótica, controlada por el Partido Comunista de China (PCCh, en el poder desde 1949), que no reconoce la autoridad del Papa de Roma.
En total se calcula que hay en el país asiático doce millones de feligreses, repartidos entre
la Iglesia oficial y la clandestina, ésta última perseguida por el Gobierno comunista aunque, de hecho, los miembros de ambas formaciones están muy en contacto.
Joseph Kung, presidente de
la Fundación que lleva su nombre, hizo un llamamiento a las autoridades olímpicas, organizadores de los Juegos de Pekín de 2008, para que tengan en cuenta estas violaciones de los derechos humanos.
«Una vez más insto de forma urgente al Comité Olímpico a que tome nota del arresto del obispo Jia junto con otras graves violaciones de los derechos humanos en China, e insto al Comité chino a cancelar los Juegos Olímpicos de 2008 porque estas violaciones no están en consonancia con el espíritu olímpico», dijo Kung.
