DE COLECCION: MONSEÑOR SALABERRY O “LA OTRA FORMA DE SER OBISPO”

UNA NOTA SIN DESPERDICIO…

O TODO ES UN DESPERDICIO EN ELLA…

NOS PARECIÓ POCO MENCIONAR LA NOTA DE MONS. SALABERRY SOBRE EL LATIN…

HABLÓ TANTO Y DIJO TANTAS BARBARIDADES…

UN  TIPICO EXPONENTE DE LA MEDIOCRIDAD CLERICAL DEL POSTCONCILIO…

 

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FOTO Y REPORTAJE: DIARIO EL POPULAR DE OLAVARRIA 

 

“Que la gente sea feliz haciendo feliz al que camina a su lado” Monseñor Hugo Salaberry pasó por San José a celebrar el día. Dice que Benedicto XVI es “una mente clara” pero que Juan Pablo II “fue un genio”.

Dijo que a nadie se le ocurriría volver al latín en las misas. Y que nunca se le ocurrió a quién podría negarle la comunión.

Silvana Melo / EL POPULAR

Todavía no cumplió un año en el Obispado de Azul. Pero ya carga con una reputación con dos marcas claras: la impuntualidad y el contacto intenso con la gente que lo diferencia rotundamente de sus antecesores.

Es joven y despliega una seducción que, invariablemente, lo rodea de feligresía cuando se acaba la ceremonia. Aún no llegó a los 55 pero hay cosas que dice no haber pensado y, confiesa, ni siquiera le interesan. Lo aclaró ante al menos dos preguntas de este diario. No es conceptualmente lanzado y muestra pocas ganas de serlo.

Dice que su interés más visceral está en el prójimo. En que la gente sea feliz haciendo feliz al que esté a su lado.

Hugo Salaberry, después de treinta años en la Compañía de Jesús, llegó a obispo en la mitad del año pasado. Y fue tan fuerte el cambio que todos se sorprendieron al verlo caminar toda la diócesis en poco más de un mes. Desde adentro y desde afuera lo miraban con perplejidad. Busca no encasillarse entre los conservadores y los progresistas y decide no pensar las cosas que no desea afrontar.

Nació en San Andrés de Giles y su primer destino fue San Miguel, pleno Conurbano bonaerense. Guarda, dentro de esa sonrisa blanca y serena, la experiencia de los barrios y la pobreza. Anoche llegó para celebrar el intenso trabajo en la carpintería de José, donde todos los días se alimenta al Mesías. En la parroquia que lleva ese Santo se calzó el hábito blanco y se puso a trabajar. Después habría un vino con los curas. Ahí, en el medio, habló con este diario.

-Sigue, se lo ve, en ese intenso acercamiento con la gente que puso en práctica desde el primer día…

-Me agrada mucho. Además nos hace mucho bien la cercanía con la gente. Esto no es nuevo, siempre lo hice así, pero claro, ahora estoy en situación especial…

-Ahora se nota mucho…

-(Se ríe) Claro, ahora se ve.

-Benedicto XVI ha generado dos o tres definiciones fuertes, que parecen chocarse con la imprescindible necesidad de que la Iglesia se abra para frenar el derrame de fieles. El Papa habla de un regreso a la ortodoxia. Desde los textos de la misa en latín hasta cantos gregorianos en lugar de música popular. ¿Cómo vive usted estas aparentes contradicciones?

-En primer lugar, no sé si se puede volver al latín o al canto gregoriano. Lo que él hace es recomendar que no se pierda. Yo a esta altura sé latín para traducción y más o menos. Y lamentablemente se ha perdido porque nosotros teníamos una lengua globlalizada que es el latín y dejamos de usarla justo cuando el mundo se globalizó y ahora usamos el inglés… si nos entendíamos perfectamente en una lengua interna con chinos y japoneses, por decir las antípodas, o con alemanes, dejamos el latín y tenemos que recurrir al inglés. Yo coincido en no perder esa lengua. En cuanto a volver atrás, ninguna Nación dejaría atrás su lengua vernácula para las lecturas. Respecto del canto, ahora hay cantos preciosos con guitarras, folklóricos incluso. Pero el gregoriano es escuela de canto y tiene sustento teológico: los graves representan el pecado, lo bajo. Los agudos representan lo angelical, lo alto. Benedicto dice que no se pierda eso y en eso también coincido.

-Usted cree entonces que no se corre el peligro de la exclusión de mucha gente suspendiendo la coloquialidad, la cercanía que da la palabra, la música...

Es que no se va a cambiar la lengua vernácula. Yo mismo no sabría dar ahora una misa en latín, la puedo leer, nada más. En cuando a la música, hay cantos extraordinarios actuales, son bíblicos textuales, a veces de origen semítico, a veces de origen popular, pero son bellísimos. Siendo una persona inteligente no creo que Benedicto apunte a excluir a nadie.

-¿Se piensa hoy, a la hora de la Comunión, en diferenciar a quienes estuvieron casados, se divorciaron y volvieron a casarse?

-La doctrina la conocen todos mejor que yo. Otra cosa es que se niegue la comunión.

-¿Es decir que la diferencia se hace en este tiempo?

No sé. No conozco curas que nieguen la comunión.

-Bueno, si usted lo tiene delante y sabe, ¿qué hace?

Sabés que no sé si me ha pasado… no lo sé. No podría asegurarlo. De todas maneras, es como si se acerca un chiquito que toma la comunión y no la ha tomado antes, se te acerca toda la cola y no sabés; pasó y bueno.

-¿En algún caso negaría la comunión? Si apareciera alguien responsable de crímenes horrendos ¿lo haría?

-(Silencio) No sé. Nunca había pensado eso. Nunca me ha ocurrido. Sí puedo contar algo que nos pasó una vez. Por lo mismo que te decía recién, que pasan en la cola y se te escurre alguno, vino una de estas personas (esto le ocurrió a un compañero, a otro jesuita) viste los borrachos nuestros que nos aman a nosotros, que se paran afuera y te llaman eh padre Hugo… se acercó uno. Tomó la forma en la mano, la besó y se la devolvió. Nos hizo reflexionar varios días, el hombre. Adoró la divinidad y la devolvió. Esas cosas que nunca van a aparecer en el derecho canónico aparecen en la realidad.

-¿Se ha planteado filosóficamente el hecho de negar la Comunión a alguien abyecto pero a la vez pensar en que cristianamente no se puede negar a nadie?

-(Silencio) Puede ser, pero no sabría decirte una respuesta. Quizá porque no me ha ocurrido.

-En este nuevo espacio de trascendencia, ¿continúa cerca de la gente con menos recursos?

-Tenemos barrios muy lindos nosotros. Quizás otras actividades hagan que uno vaya menos que antes. No es que tampoco frecuente otros ámbitos… a mí me gusta cuando nos reunimos con los curas porque hay algunos que tienen esa chispa, ese humor sacerdotal… enfermos sí he visitado, he frecuentado mucho. Estos barrios sí, si bien no he estado mucho, ha sido muy grato. Cuando fuimos para Reyes a Plaza Ubiñas, en Azul, que es un barrio hermosísimo, fui muy bien recibido. Pero tampoco si uno no va a trabajar me gusta ir con mucha frecuencia. Si vas a trabajar, en una misión, es otra cosa.

-Usted acuerda que serían necesarios preceptos más flexibles para sostener a la gente, para que tenga acceso a Dios a través de la vía que ofrecen ustedes. ¿No cree que se sigue expulsando mucho cuando hay ciertos pecados que son absolutamente inevitables y ante los que la Iglesia definitivamente perdió?

-Es posible. Es posible que sea un poco dura la homilética (N.de la R.: se refiere al contenido y las formas de los sermones), también. De todas maneras para el caso de los que canónicamente no están en condiciones de recibir la Eucaristía hay miles de recomendaciones para que trabajen dentro de la Iglesia, aunque no reciban la Eucaristía. Juan Pablo II dijo y dejó cosas preciosas sobre esto. Yo digo a veces para qué le recordamos a la gente que no puede recibir si ellos ya lo saben perfectamente.

-¿Se nota mucho el cambio entre Juan Pablo II y Benedicto?

Sí hay diferencia de edad de uno a otro y evidentemente Juan Pablo fue un genio. Ahora Benedicto es una mente clara y trabajó mucho en el papado de Juan Pablo II. Pero claro, después de semejante figura… yo hablaba con jóvenes en Tandil el otro día: hay que ver lo que vas a hacer y si sos feliz haciendo lo que te toca. El siglo XX se explica, incluso las guerras mundiales, el holocausto armenio, el judío, con dos personas: Juan Pablo II y Teresa de Calcuta. Juan Pablo revisó todo lo que le dijeron que tenía que revisar, no ocultó nada. La sábana santa es falsa, a la NASA. Hay que pedir perdón por los pecados de las Cruzadas por cinco puntos. Pidió perdón por 15. Dijo: Galileo fue maltratado por la Iglesia, a estudiar. Los métodos anticonceptivos naturales no funcionan, a verlo. Después, los documentos como corresponde. Una persona común. La madre Teresa limpió colas toda su vida. Esos son los dos genios nuestros: no es que se necesiten cosas extraordinarias. Ver esto nos da esperanza a todos, nos da fuerza. No es lo que hacen, sino lo que le ponen a lo común.

-¿Debería pedir perdón Benedicto XVI por haber pertenecido a las juventudes hitlerianas como pecado de juventud?

-No sé, no sé si amerita… pero… me decís cosas que yo no las pensé, entonces no puedo responderlas así, sin pensar. Me tendría que poner a estudiar la época, por qué la juventud se movió, porque no fue sólo este hombre, toda la juventud se movió.

-¿Qué es lo que más le importa medularmente, lo que más lo conmueve?

Que la gente sea feliz me interesa. No tontamente feliz, con cara de mojigata y que se ría. Que sea feliz. Y que lo sea haciendo feliz al que está al lado, al que camina con él. Sea quien sea y como sea. En el estado en que sea, hoy no está todo inmaculado y limpito, es lo que tenemos. Y con ése con el que camina pueda estar pleno. Digamos que me interesa el prójimo. Y hago depender la plenitud propia con la plenitud del que va al lado mío

12 comentarios sobre “DE COLECCION: MONSEÑOR SALABERRY O “LA OTRA FORMA DE SER OBISPO”

  1. Increíble pero cierto. Y lastimosamente, no es el único representante del clérigo que se presenta con estas ambiguedades, verdades a medias, aproximaciones al new age, la negación de dogmas fundamentales, “tabla rasa” del catecismo de la Iglesia Católica, etc. etc. etc. Si tu vas a consultar a diferentes sacerdotes sobre un mismo tema, encontrarás tantos puntos de vista y en muchos casos tan contradictorios y opuestos a la doctrina de la Iglesia, que se justifica plenamente el estado de postración, de confusión, de dispersión, de rebeldía en que se encuentra el pueblo católico. Con obispos como este Monseñor, para que enemigos externos de nuestra Santa Iglesia Católica. Mejo sigamos al mundo que está más definido y que no tiene ambiguedades, ahí sabemos que está claro la aceptación al aborto, a la eutanasia, al divorcio, a la homosexualidad, al lesbianismo, a la pedofilia, al incesto, a la pena de muerte, al poder único del dinero, a la explotación, al crimen organizado, al fraude, a la corrupción, etc. Para que luchar en contra del mundo y a favor de la instauración del Reino de Dios, si nuestros pastores ya han claudicado hace mucho tiempo en nuestros principios evangélicos doctrinarios fundamentales.

  2. OTRO P……….. MÁS. SUMA Y SIGUE EL INCONTABLE NÚMERO. LA CIZAÑA YA NO SE PARECE AL TRIGO, ESTÁ BIEN IDENTIFICADA. ¿Y BENEDICTO RATTENZINGER, VICARIO DE QUIÉN ES? Ven Señor JESÚS! ¡Ven SANTÍSIMO TALÓN de MARÍA a aplastar estas serpientes!

  3. ¡Qué caradura! pero no crean que esto pasa en sudamérica no más, en el Vaticano a dos pasos del papa, hace un tiempo y con motivo de la santificación del padre hurtado, el ex-canciller de Chile Ignacio Walker (democristiano) principal redactor y “ACTIVO PROMOTOR” de la ley de divocio RECIBE LA COMUNION de un purpurado (en la mano ¡cuándo no!)
    Entonces yo me pregunto si ¿la culpa de la aprobación de la ley (al menos en Chile, con mayoría de diputados y senadores católicos) es de los ateos-liberales o del mismísimo papa?

  4. EL padre Hugo Salaberry predica con el ejemplo. No nos toca a nadie juzgar, ya que leo muchas opiniones que lo juzgan, recuerden que todos seremos juzgados con la misma vara con que hemos juzgado; Monseñor Salaberry me parece una persona extensamente misericordiosa, un buen samritano, atento al projimo. Eso es lo que falta, misericordia, comprension, atencion. Jueces abundan, sobre todos aquellos que dejan sueltos a los lobos. A trabajar muchachos!por hcer felices a los que estan al lado nuestro.

  5. EL CAPITÁN DON RUFINO SOLANO
    EL DIPLOMATICO DE LAS PAMPAS

    El Capitán Don Rufino Solano actuó en la llamada “Frontera del desierto” entre los años 1855 y 1880, donde desarrolló un papel incomparable dentro de nuestra historia argentina. Por su labor, conoció y trató personalmente con las más altas autoridades, tales como Justo José de Urquiza, Domingo F. Sarmiento, Nicolás Avellaneda, Bartolomé Mitre, Marcos Paz, Adolfo Alsina, Martín de Gainza y hasta el mismísimo Julio A. Roca. En el ámbito militar actuó y combatió bajo las órdenes del Coronel Álvaro Barros, coronel Francisco de Elias, general Ignacio Rivas, coronel Benito Machado, entre otros. En el ámbito eclesiástico, fue además el eslabón militar con el Arzobispado metropolitano, en la figura de su Arzobispo Monseñor Federico León Aneiros, denominado “el Padre de los indios”. Esta última tarea lo llevó a actuar muy estrechamente con el P. Jorge María Salvaire, mentor y fundador de la Gran Basílica de Nuestra Señora del Luján.

    El Capitán Solano junto al Cacique Namuncurá y tres Capitanejos

    Este militar, con verdadero arte y aplomo, también se vinculaba y relacionaba con todos los Caciques, Caciquejos y Capitanejos de las pampas, adentrándose hasta sus propias tolderías para contactarlos. Mediante estas acciones, logró liberar cientos de personas, entre cautivas, niños, camaradas militares prisioneros, e incluso funcionarios, como Don Exequiel Martínez, Juez de Paz de Tapalqué, en una época donde arreciaban los terribles malones a las poblaciones.
    Del mismo modo, mediante esta labor mediadora y pacificadora, logró evitar muchísimos sangrientos enfrentamientos y ataques. Es por ello, que prestigiosos y académicos historiadores, concluyen sin vacilar que “durante casi veinte años el Capitán Solano logró mantener la paz en sus confines (sic)” R. Entraigas, Op. citada Galardonan su legajo militar dos glosas manuscritas por el Coronel Álvaro Barros, fundador de Olavarría, donde lo colma de merecidos elogios.

    Ignacio Rivas Adolfo Alsina Álvaro Barros

    Por este don que poseía, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina, ante una gran multitud reunida en el Azul en el mes de diciembre del año 1875, le manifestó: “Capitán Rufino solano, usted en su oficio es tan útil al país como el mejor guerrero”. Es que, mediante tratados de paz, logró evitar los ataques a la región durante la guerra con Paraguay, donde existía mucha debilidad en la frontera.

    Si bien era poseedor de una gran valentía, lo que más lo identificaba era su técnica de persuasión, no solo porque dominaba el idioma araucano a la perfección, sino porque además sabía como plantarse ante los bravos caciques y demostrar su firmeza, sinceridad y honestidad en su trato; esta innata virtud le permitió gozar del máximo prestigio y confianza de ambos bandos. Mediante su atinado manejo de las situaciones críticas, logró evitar mayores derramamientos de sangre y por este aspecto, con toda justicia, se lo conoció como “El diplomático de las pampas”. Su actividad se vio interrumpida cuando el General Julio A. Roca decidiera llevar a cabo la “conquista del Desierto”, en 1880, contienda en que la que Rufino Solano no participó. Pero si actuó valientemente como soldado cuando debió defender a los suyos, como veremos más adelante.
    En cumplimiento de su tarea, se lo vio acompañando a cuanta delegación de indios se acercó a Buenos Aires a parlamentar con las autoridades nacionales, sean políticas, militares como eclesiásticas. Cuando venía con estas embajadas, se alojaba en el Hotel Hispano Argentino u otro de Buenos Aires, en ocasiones en los Cuarteles del Retiro, e iba con ellos a las distintas entrevistas y audiencias, finalizadas ellas, los acompañaba de regreso, cabalgando con ellos, rumbo a la frontera.

    En la fotografía se lo puede ver junto a varios Caciques, enviados de Calfucurá, esperando una entrevista con el General Justo J. de Urquiza.

    El diplomático de las pampas

    Durante sus servicios, efectuó travesías de miles de kilómetros a caballo, siempre acompañado por un puñado de soldados e incluso en muchas ocasiones se aventuraba en soledad; solía pasar varias jornadas en las tolderías, donde era admitido y aceptado merced al enorme respeto y consideración que se le tenía, cada acercamiento le permitió retirarse llevándose cautivas y prisioneros de los indios.
    Este “hombre de dos mundos” sabía hablar el idioma de los indígenas a la perfección, especialmente el araucano, la lengua de Calfucurá, Namuncurá, Pinsén, etc. y manejaba los términos adecuados para manifestarse ante sus líderes; pero, también poseía esta valiosa virtud, para tratar con sus mandos, en español, tanto militares como del Gobierno Nacional, para arribar a acuerdos ecuánimes y que finalmente se cumplieran. Esta honestidad en su comportamiento, le permitía a Solano ser bien recibido en las tolderías para lograr salvar nuevas vidas.
    En cierta ocasión, durante sus recorridas por la frontera, sorpresivamente se encontraron copados por una gran cantidad de indios, en la oportunidad Solano iba con un pequeño grupo de soldados. Estos soldados con armas en mano, se prepararon para una rápida retirada, pero el Capitán les ordenó que se quedaran quietos, comprendió que actuando de esta manera lo único que iban a lograr sería que los “chucearan” por la espalda. En vista de ello, les pidió que lo esperaran, que iría a parlamentar para tratar de salvar sus vidas, y de inmediato se dirigió solo hacia un individuo que, por su postura y aspecto, parecía era el líder de la indiada. Tras este parlamento, donde solo Díos sabe lo que le dijo, todos se adentraron hasta la toldería, y luego de un par de días regresaron con un grupo de cautivas, e incluso fueron escoltados por los propios indios y este caciquejo hasta las cercanías del fuerte. Lo narrado se encuentra plasmado en manuscritos de la época, obrantes en el Archivo Histórico del ejército Argentino. Tal era el prestigio que gozaba este ilustre azuleño.
    No fue esta la única oportunidad en la existencia del Capitán Solano en la cual estuvo a cinco centímetros de punta de una lanza, pero lo dejaré para otra oportunidad, porque debo continuar con mi relato.
    Rufino Solano actuó en los Fuertes Estomba, Blanca Grande y del Arroyo Azul, entre tantos otros, y por su desempeño militar se lo considera uno de los forjadores de las fundaciones de las ciudades de Olavarría, San Carlos de Bolívar, entre otros lugares donde le toco servir.

    Rescate de prisioneros de la ciudad de Rosario, Santa Fe

    Para el año 1873, en un multitudinario acto, le fue entregada por la sociedad de la ciudad de Rosario, Santa Fe una medalla de oro, en premio a sus servicios rescatando prisioneros y cautivas residentes en esa ciudad. En dicho acto también se le hizo entrega de un testimonio de gratitud que manifiesta lo siguiente: “Rosario, 5 de agosto de 1873. Al Capitán Don Rufino Solano: Me es satisfactorio dirigirme a Ud. Participándole que el “Club Social” que tengo el honor de presidir resolvió en asamblea general obsequiar a Ud. Con una medalla de oro que le será entregada por el socio Don José de Caminos la que tiene en su faces verdadera expresión de los sentimientos que han inspirado al “Club Social” a votar en su obsequio este testimonio de simpatía y agradecimiento por la atenta abnegación y generosidad con que penetró hasta las tolderías de los indios de la Pampa para realizar el rescate de los cautivos cristianos, llevando con plausible resultado la difícil y peligrosa misión que le encomendó la Comisión de rescate del Rosario. Esta sociedad no podrá olvidar tan preciosos servicios y ha resuelto acreditarle estos sentimientos con este débil pero honroso testimonio. Manifestando así los deseos del “Club Social” del Rosario, me complazco en ofrecer a Ud. Toda mi consideración. Firmado: Federico de la Barra (Presidente).” Dicho acontecimiento fue reproducido en las primeras planas de todos los diarios de la de la ciudad de Rosario y de la Capital Federal, de aquella época.
    Luego de finalizar la conquista, los indios continuaron buscando al Capitán Solano para que les ayudara a conseguir tierras donde vivir y muchos de ellos las consiguieron gracias a su influencia, conduciéndolos ante el mismísimo Presidente de la República, General J. A. Roca, a efectuar sus justos petitorios; así lo hicieron el Cacique Valentín Sayhueque, Manuel Namuncurá, la Reina de los Indios Catrieleros Bibiana García, entre muchos otros. En esos territorios obtenidos hoy se hallan enclavadas las ciudades de Catriel, Valcheta y muchas poblaciones más, dentro del territorio de las provincias de Buenos Aires, La Pampa y de Río Negro.

    Blanca Grande, Olavarría. Batalla de San Carlos, Bolivar. Muerte de Calfucurá.

    El capitán Rufino Solano Intervino en numerosas batallas en defensa de los pueblos fronterizos, enfrentándose al ataque de malones (San Carlos de Bolívar, Azul, Olavarria, Cacharí, Tapalqué, Tandil, Bahía Blanca, Tres Arroyos, etc.), entre ellas son dignas de mencionar su intervención en Blanca Grande a las órdenes de los coroneles Benito Machado y Álvaro Barros y más tarde, a partir de 1868, junto al coronel Francisco Elías, sentando las bases de la actual ciudad de Olavarría. Junto al general Ignacio Rivas, con el grado de capitán, participó en la feroz e encarnizada batalla de San Carlos, el 8 de marzo de 1872, abriendo los cimientes de la hoy ciudad de San Carlos de Bolívar; en esta última contienda, que duró todo el día, los indios, reconociéndolo, le gritaban “pásese Capitán !!”.
    Su intervención en San Carlos no impidió a este valiente soldado, que al poco tiempo de esta decisiva batalla, se presentara nuevamente en la propia toldería de del temible cacique Calfucurá, su contrincante vencido, apodado “El Soberano de las pampas y de la Patagonia”, siendo casi un milagro que no lo mataran; no solo ello, sino que al cabo de algunos días pudo retirarse llevándose consigo decenas de cautivas a sus hogares.
    Este episodio es único e inolvidable, porque Calfucurá, sintiéndose morir, en la noche del 3 de julio de 1873, le indicó al Capitán Solano que debía retirarse, porque sabía que luego de su muerte lo iban a ejecutarlo junto con todas las cautivas. Así lo hizo, e inmediatamente luego del fallecimiento del cacique, partió el malón a alcanzar al rescatador y las cautivas: se escuchaban cada vez más próximos los aterradores alaridos de sus perseguidores y cabalgando durante toda la noche, finalmente lograron salvarse llegando a sitio seguro. Fue así como el Capitán Rufino Solano fue el último cristiano que vio con vida a este legendario cacique. El cual, en sus últimos instantes de vida, tuvo un gesto de majestuosa grandeza y generosidad. Por esta verdadera hazaña, el Capitán Solano fue recibido con admiración y gratitud en Buenos Aires por el Arzobispo Aneiros, el Presidente de la Nación y todo su gabinete. Monseñor Aneiros mandó a colocar, en el Palacio del Arzobispado, una placa conmemorativa de este singular suceso.

    Su participación junto a la Iglesia.

    A propósito de esta máxima figura de la Iglesia Argentina, el Arzobispo Federico León Aneiros, como dijimos, denominado “El Padre de los indios”, en numerosas oportunidades, el Capitán Rufino Solano le ofició de enlace e intérprete con diversas embajadas de líderes indígenas, con quienes, esta célebre autoridad eclesiástica del país, mantuvo varias reuniones en mencionado Hotel Hispano Argentino de Buenos Aires y otras, en la propia sede del Arzobispado.
    La Iglesia anteriormente había intentado un acercamiento al aborigen, fue así como en enero de 1859, el padre Guimón, asistido por los padres Harbustán y Larrouy, bayoneses, se internaron en Azul para entrevistarse con Cipriano Catriel, manteniendo tres encuentros con este cacique. El primero fue halagüeño, mostrándose Catriel solícito para atender los requerimientos. En el segundo, el P. Guimón expuso los proyectos de su acción evangelizadora, expresándole: “Somos extranjeros, hemos consentido el sacrificio de abandonar nuestro país, nuestros parientes y amigos, con el solo fin de dar a conocer la verdadera religión… ¿No tendría el cacique el deseo de ser instruido en ella?”. “-¿Por lo menos negaría el permiso de enseñarla a la gente de la tribu y especialmente a los niños?”.
    Todo hacía prever la afirmativa respuesta del cacique, sin embargo, después de consultar al adivino y a los demás jefes, el primero mostró su negativa. Durante la tercera entrevista, respondió Catriel de este modo: “No queremos recibirlo más en adelante, ni siquiera una vez, aunque fuera solo para satisfacción de su curiosidad”. Debido a este manifiesto rechazo demostrado por los indígenas, el misionero debió regresar a Buenos Aires, viendo totalmente frustrado su intento de acercamiento.
    Catorce años mas tarde, el 25 de enero de 1874, llega al Azul el padre Jorge María Salvaire (lazarista) con idénticas intenciones de catequizar e impartir los sacramentos, pero esta vez contando el sacerdote y la Iglesia con la invalorable presencia intercesora del Capitán Rufino Solano. Es así como debiendo internarse en la pampa, en dirección a los toldos de Namuncurá, la prudencia y la cautela de este célebre sacerdote le aconsejaron la intervención de “…el capitán Rufino Solano, hombre experimentado en la vida de frontera, que en varias oportunidades y con el mismo fin había participado para Salinas Grandes, ganándose la confianza de los caciques y capitanejos, cuya lengua conocía a la perfección” (J. G. Durán, Ops. citadas.)
    Queda certificada la activa participación y la benéfica influencia ejercida por el capitán Solano, por la existencia de tres cordiales y afectuosas misivas dirigidas a él: dos enviadas por el cacique Alvarito Reumay, fechadas el 15 de febrero y 13 de marzo de 1874 y la otra remitida por el cacique Bernardo Namuncurá, del 13 de marzo de 1874. Es bien conocido que este último fue el que salvó al Padre J. M. Salvaire a punto de ser ultimado por su hermano, el cacique Manuel Namuncurá, hijo de Juan Calfucurá y padre de nuestro Ceferino Namuncurá.
    Son célebres los sucesos ocurridos en el transcurso de las mencionadas tratativas. La providencial intervención de Bernardo Namuncurá salvándole la vida al P. Salvaire, y las consiguientes promesas a la virgen efectuadas, que han dado origen a su proceso de beatificación, el cual se halla en trámite.

    1 2 3

    1) Arzobispo León Federico Aneiros y otros sacerdotes. 2) Padre Jorge María Salvaire. 3) Placa Padre J. M. Salvaire.

    Fue así como el Capitán Rufino Solano trató, colaboró y le allanó el camino en la misión, casi quince años postergada, al virtuoso y venerable Padre Jorge María Salvaire, llamado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján”, comenzando la iglesia a tener un contacto mucho más frecuente y fluido. Así lo testimonia la expresiva correspondencia remitida por el Cacique Manuel Namuncurá a Aneiros, destacando este cacique la presencia del Capitán Solano guiando la delegación que iba a entrevistar al ilustre Arzobispo, entre otras más. (Corresp. con los caciques, Op. Citada, Cardenal S. L. Copello)
    Fue el propio Padre Jorge María Salvaire quién, mas tarde, colocó la piedra fundamental de la gran Basílica de Luján, el 15 de mayo de 1887, luego fue su Cura Párroco, y murió en la misma ciudad de Luján el 4 de febrero de 1899 a los 51 años de edad. Sus restos fueron depositados en el crucero derecho de la Gran Basílica de Nuestra Señora de Luján a los pies de la imagen de la Medalla Milagrosa, al lado del Altar Mayor, donde yacen hasta el día de hoy. Por su parte, los restos del Arzobispo Aneiros descansan en un mausoleo situado en el ala derecha de la Catedral de Buenos Aires, en la capilla consagrada a San Martín de Tours.
    Por su lado, resulta una verdadera injusticia que la derruida tumba de este notable militar se halle ubicada en el rincón más apartado, recóndito y olvidado del cementerio de la ciudad de Azul, sitio que, sin ayuda, el lector difícilmente la podría localizar.

    Cripta del Padre Jorge María Salvaire (Luján). Mausoleo de Monseñor Aneiros (Catedral, de Bs. As.)

    Por la muy meritoria labor desplegada por el Capitán Solano, junto a estas grandes figuras de la Iglesia, no son pocos los historiadores religiosos que lo señalan y lo refieren en señal de reconocimiento a su valiosa colaboración; incluso en la más reciente actualidad, el destacado historiador Monseñor Dr. Juan Guillermo Durán, miembro de la Academia Nacional de la Historia y Director del Departamento de Historia de la Iglesia, de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina, en el año 2001, vino hasta la ciudad de Azul para fotografiar la tumba del Capitán Solano, publicándola a página completa en su libro “En los Toldos de Catriel y Railef” (Editorial de la Pontificia Universidad Católica Argentina, 2002). Se puede afirmar, sin dudarlo, que el Capitán Rufino Solano sigue siendo el militar mas querido y reconocido de la Iglesia.
    Hace aún más valiosa y resalta su intervención, el hecho de que su figura representó el punto de inflexión entre la función del ejército y la acción de la Iglesia, cuyas posturas y principios se mostraron en aquella época, por sus disímiles naturalezas, muy a menudo enfrentadas, incompatibles y hasta inconciliables.
    Para comprender mejor y valorizar la obra del Capitán Solano, es necesario ubicarse en el contexto y en el paisaje de la época y en nuestra patria. Por esos días la frontera era como pararse en la orilla del mar, no había nada más que horizonte. En ese horizonte, de manera recóndita acechaba el peligro, los indios, la muerte, la cautividad. No había árboles ni otro obstáculo que interrumpiera la visión, durante las agotadoras travesías se debía pernoctar en medio de aquella inmensidad, sin nada para cobijarse, solo cielo, tierra y distancias. Tampoco para guarecerse de las inclemencias del frío, de la lluvia, el viento o el calor. Idéntica situación se producía para el caso que hubiera que combatir ante el hábil y astuto rival. Las marchas duraban días, semanas enteras, se debía llevar suficiente cantidad de provisiones y de caballos para el recambio. Los indios brotaban de la tierra como por arte de magia. El espectáculo de una toldería india es inimaginable, allí las cautivas y prisioneros vivían en un infierno. Si alguien lograba escapar, seguramente moría en el interminable desierto.

    Las mujeres indias, por celos, hostigaban continuamente a las cautivas y les daban de comer las sobras, como si fueran perros. Para que no escaparan, a los prisioneros se le despellejaba las plantas de los pies, lo que obligaba a trasladarse arrastrándose por el suelo; vestían harapos, el hedor era insoportable. Las escenas y el ambiente eran ciertamente escalofriantes. Salvo estas cosas, no difería demasiado la vida que se llevaba en los fortines o en los pueblos que se formaban alrededor de ellos.

    A pesar de la ausencia de memoria de nuestra sociedad, esta formidable persona demuestra que cuando alguien es verdaderamente grande, jamás puede ser olvidado totalmente, porque esa grandeza es capaz de superar los mayores obstáculos, incluso la ingratitud y el impiadoso paso del tiempo. Ello se debe a que los servicios del capitán Rufino Solano, sus conocimientos, destreza y valentía, fueron requeridos desde todos los sectores de la esfera social, comenzando por desesperados familiares que le rogaban que rescatara a sus seres queridos, continuando por los mandos del gobierno, políticos como militares, y aún como producto de la constante preocupación de la Iglesia por darle una solución a tan difícil situación. Durante décadas, todos supieron quien era y donde estaba el “capitán salvador” y él cumplió con todos. Ahí radica la explicación del porqué su recuerdo siempre regresa: porque no se puede investigar nuestra historia sin encontrarnos de repente con su noble estampa.

    En efecto, el Capitán Solano, fue una persona real, no es una leyenda ni un cuento, ni mucho menos una novela, aunque sus actos intrépidos y heroicos, así lo parezcan. Gracias a Dios, Rufino Solano existió en la realidad de nuestra dura historia, porque debido a ello, mucha gente pudo seguir con vida. El Capitán Solano vivió y sirvió a su Patria durante toda su larga, pobre y sacrificada vida de frontera, donde rara vez le llegaba un sueldo desde Buenos Aires.
    Rufino Solano era hijo de Don Dionisio Solano, un valiente Teniente de Patricios, guerrero de las Invasiones Inglesas, y de la Independencia Nacional, que actuó junto al General Manuel Belgrano durante las Campañas al Paraguay y del Norte; y más tarde, fue el jefe de la caravana de familias fundadoras de la ciudad de Azul, allá por el año 1832; muriendo en esta población a una edad superior a los cien años.

    Dos fotografías de Rufino Solano. La segunda data de 1912, Azul, un año antes de su
    fallecimiento

    A menos de cinco años de la fundación del Azul, nació nuestro personaje (1837), viviendo en su pueblo natal hasta su muerte, ocurrida el 20 de julio de 1913. Así lo certifican su acta bautismal, los Censos Nacionales de 1869 y 1895 (el primero y segundo del país) y la certificación de defunción asentada en registro del cementerio local.

    Sepulcro del capitán Rufino Solano, en Azul

    Este ejemplar ser humano, que lo dio todo por sus semejantes, al cual centenares de familias le debemos hoy la existencia, murió pobre, viejo y olvidado en su pueblo natal y se llamaba Don RUFINO SOLANO, capitán del ejército argentino, y su mayor orgullo fue ser, como él siempre lo decía: “un fiel servidor de la Patria”.-
    Autor: Omar Horacio Alcántara

    BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES UTILIZADAS

    – En los Toldos de Catriel y Railef: Juan Guillermo Durán. Editorial Pontificia de la Universidad Católica Argentina, 2002.
    – El Padre Jorge María Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva – 1866-1875 -. Juan Guillermo Durán. Buenos Aires, Ed. Paulinas, 1998.
    – Historia del Antiguo Pago del Azul: Alberto Sarramone, Editorial Biblos, Azul, 1997.
    – Recordando el Pasado: Antonio G. del Valle, Editorial Placente y Dupuy, Azul, 1926.
    – Buenos Aires Ciudad y Campaña 1860/1870: Editorial Antorchas, Pablo Buchbinder, Abel Alexander y Luis Priamo, 2000.
    – Gran Enciclopedia Argentina: Diego A. de Santillán. Ediar Soc. Anon. Editores, 1961.
    – Libro con Indios Pampas y conquistadores del desierto: Samuel Tornopolski. Buenos Aires, 1958.
    – Frontera, indios, soldados y cautivos -1780-1880-. Juan Guillermo Durán. Buenos Aires, Bouquet Editores; Universidad Católica Argentina. Facultad de Teología, 2006.
    – Monseñor Aneiros, Arzobispo de Buenos Aires, y la Iglesia de su tiempo: Héctor José Tanzi. Junta de Historia Eclesiástica Argentina, Buenos Aires, 2003.
    – Caciques Huilliches y Salineros: P. Meinrado Hux, Ediciones Marymar, 1991.
    – La Conquista del Desierto: Juan Carlos Walther Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1970.
    – Gestiones del Arzobispo Aneiros a favor de los Indios, hasta la Campaña del Desierto. Cardenal Santiago Luís Copello, Bs. As. 1945, Edición definitiva, Imprenta y Casa Editora “Coni”.-
    – Diccionario Biográfico Argentino: Enrique Udaondo. Imprenta Coni, Buenos aires, 1938.
    – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino: Vicente Osvaldo Cutolo. Editorial Elche, Buenos Aires, 1985.
    – Diccionario Histórico Argentino: Ricardo Piccirilli, Francisco L. Romay y Leoncio Gianello. Ediciones Históricas Argentinas.
    – El significado de la Nomenclatura de las estaciones ferroviarias de la República Argentina: Enrique Udaondo (Estación El Lenguaraz). Talleres Gráficos del Ministerio de Obras Públicas, 1942.
    – El Beato Miguel Garicoïts Fundador de los Padres Bayoneses, Pedro Mieyaa,
    Buenos Aires, 1942, págs. 376/79
    – Historia Argentina Contemporánea 1862 – 1930. Raúl Entraigas, publicada por la Academia Nacional de Historia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires.
    – El Malón de 1870 a Bahía Blanca, Rojas Lagarde, Jorge Luís, Ediciones Culturales Argentinas, 1984.
    – Caras y Caretas, Año XV, Num. 732.
    – Fototeca del Archivo General de la Nación.
    – Museo Histórico Enrique Udaondo de Lujan.
    – Archivo del Ejército y la Marina.
    – Museo Ricardo Güiraldes de San Antonio de Areco.
    – Archivo Histórico del Ejército Argentino.
    – Museo Julio Marc de la Ciudad de Rosario.
    – Diario “El Nacional” (Bs. As., 14-III-1873).
    – Diario la “Prensa” (Bs. As., 13- III- 1873).
    – Diario La Capital (Rosario, Marzo, 1873).
    – Diario El Tiempo (Azul, 09 de julio de 1964)
    http://www.wilsoncenter.org/topics/docs/ACF352.pdf

  6. El estimado y querido Mons. Hugo Salaberry es un hombre cercano al pueblo. Es un pastor de almas próximo a la realidad de la gente. Tiene una solidez doctrinal de la que ha dado sobradas muestras durante sus años en Posadas y en el CONSUDEC. Visita y recorre como un peregrino la porción del pueblo de Dios a él enconmendada. Queremos obispos proximos a su pueblo.

  7. Considero sencillamente una estupidez hacerse eco de una periodista mediocre que desconoce en su totalidad a un hombre como Hugo Salaberry. Lamento los fariseos logren un espacio en internet para dar rienda suelta a un puritanismo que los pintan tal cual son, el mal que azota a la Iglesia….. deberian criteriosamente leer el Concilio Vaticano II, porq la mierda que quedo rondando es justamente la pre conciliar, es decir la que este espacio representa en nombre de la Tradicion.la unica seguridad que tengo es que un día el Evangelio se vivirá como tal entre los Hombres,el día en que desaparezca la escoria clericalista conservadora (ustedes)!!!!Cristo Vence!!!!

  8. SE PRESENTÓ EN LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA, UN PROYECTO QUE PROMUEVE DECLARAR CIUDADANO ILUSTRE DE LA PROVINCIA AL CAPITÁN RUFINO SOLANO, UNO DE LOS PRIMEROS POBLADORES DE LAS CIUDADES DE AZUL Y DE OLAVARRÍA (DIÓSESIS DE AZUL ACTUALMENTE A CARGO DEL SR. OBISPO MONSEÑOR HUGO MANUEL SALABERRY) QUIEN ACTUARA COMO ESTRECHO COLABORADOR DE LA IGLESIA CATÓLICA EN EL PROCESO EVANGELIZADOR Y REDENCIÓN DE PERSONAS DURANTE EL SIGLO XIX. COOPERÓ EN ESTAS MISIONES CON EL ARZOBISPO DE BUENOS AIRES, EL DR. LEÓN FEDERICO ANEIROS Y EL PADRE JORGE MARÍA SALVAIRE, MENTOR Y FUNDADOR DE LA GRAN BASÍLICA DE NUESTRA SRA. DEL LUJÁN (PATRONA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA), ENTRE OTROS.- (AGENCIA TELAM, FEBRERO DE 2009).

    http://www.senado-ba.gov.ar/ProyectoIndividual.aspx?expe=82627

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    BIBLIOGRAFÍA

    – Card. Copello, Santiago Luís. Gestiones del Arzobispo Aneiros a favor de los Indios, hasta la Campaña del Desierto. Buenos Aires, 1945. Imprenta y Casa Editora “Coni”, Edición definitiva.-

    – Mons. Durán, Juan Guillermo. El Padre Jorge María Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva – 1866-1875. Buenos Aires, Ediciones Paulinas, 1998. / En los Toldos de Catriel y Railef. Editorial Pontificia de la Universidad Católica Argentina, 2002. / Frontera, indios, soldados y cautivos -1780-1880. Buenos Aires, 2006. Bouquet Editores; Universidad Católica Argentina. Facultad de Teología.

    – P. Hux, Meinrado. Caciques Huilliches y Salineros. Ediciones Marymar, Buenos Aires, año 1991.

    – P. Salvaire, Jorge María, P. Hux, Meinrado. Una excursión apostólica del Padre Salvaire a Salinas Grandes según su esbozo de diario completado. Publicado por Ministerio de Cultura y Educación, Secretaria de Estado de Cultura, Ediciones Culturales Argentinas, 1980.-

    – P. Entraigas Raúl, Braun Menéndez Armando, Levene Ricardo. Historia Argentina Contemporánea 1862 – 1930. Publicado por la Academia Nacional de Historia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1965.

    – Tanzi, Héctor José. Monseñor Aneiros, Arzobispo de Buenos Aires, y la Iglesia de su tiempo. Junta de Historia Eclesiástica Argentina, Buenos Aires, 2003.

    OTRAS FUENTES

    – Biblioteca y Archivo del Arzobispado de Buenos Aires. Legajo de Monseñor Aneiros sobre conversión de los indios.

    – Archivo Basílica Nacional, Ntra. Sra. de Luján, Pcia. de Buenos Aires, Carpeta Nº 13, J. M. Salvaire.

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