SERIA ILICITA MORALMENTE LA VACUNACION BAJO ESTAS CONDICIONES

¿Es lícito permitir que nuestros hijos sean vacunados con la vacuna para la rubeola, dado que ésta se produce a partir de células de bebés abortados?

Responde el P. Peter R. Scott

No existen dudas de que es totalmente ilícito preparar vacunas usando el cultivo de células de bebés abortados. Es, ciertamente, una situación verdaderamente problemática si se considera como única posibilidad de obtener tales vacunas, el cultivo de células preparado a partir de productos derivados de abortos.

La cuestión aquí es saber si es permisible o no el uso de tales vacunas si, en efecto, son las únicas disponibles. ¿Puede el principio del doble efecto ser aplicado, esto es, cuando para alcanzar un bien deseado, se permite un mal, aunque no deseado directamente. El bien buscado, en este caso, es la inmunización contra ciertas enfermedades infecciosas. El mal permitido es el aborto, la muerte de un inocente. Pero definitivamente no se debe hacer algo malo con tal de obtener algo bueno, es decir, obtener un efecto fuento a partir de un efecto malo. Sin embargo, es posible permitir algún mal, siempre que no sea deseado directamente, lo cual se conoce como voluntad indirecta.

Uno podría argumentar que la persona que solicita la vacuna no está a favor de los abortos, sino simplemente usa las células obtenidas como consecuencia de los mismos. No obstante, la vacuna no es sólo un efecto indirecto del aborto. En realidad, hay toda una causalidad, desde el aborto, a la disponibilidad de células fetales para el desarrollo de la vacuna, a la inmunización. Por lo tanto, la inmunización es una consecuencia directa del aborto y no un simple efecto indirecto. Por eso, sería inmoral usar una vacuna a sabiendas que está desarrollada en células fetales, sin importar que tan grande sean los beneficios que se obtengan.

Incluso más, si se admitiera que las vacunas no fueran consecuencia directa del aborto, es decir que no se hubiera realizado un aborto directamente para obtener las células fetales, y que aquellos que la usaran declararan que no apoyan el aborto en sí mismo, el sentido católico dice a los fieles que, de todos modos, no han de usar nunca, bajo ningún punto de vista, productos derivados del aborto, pues de esa manera se estaría promoviendo el asesinato masivo de inocentes, que está destruyendo la sociedad moderna y todo sentido de moralidad. Debería haber un fundamento proporcionalmente razonable para hacer uso de la voluntad indirecta, es decir para permitir un mal no directamente deseado. En este caso, lo que se obtiene como beneficio usando este doble efecto (si fuera sólo deseado indirectamente, lo cual no sucede), no sería de ninguna manera proporcional al horrible crimen del aborto y produciría un terrible escándalo.

Si una persona no estuviera consciente del hecho de que se utilizan cultivo de células fetales en las vacunas que se administran a su hijo, entonces claramente no hay ninguna falta moral involucrada. Pero, si ésta persona tiene conocimiento de este asunto, entonces está moralmente obligada a rechazar, por principio, esas vacunas, hasta el momento en que puedan ser obtenidas a través de cultivos moralmente lícitos. Y aún más, si la ley civil obligara a tales vacunas (por ejemplo para el ingreso a la escuela), entonces los padres deberían objetar en consciencia estos inmorales medios de vacunación para sus hijos.

Incluso no está permitido permanecer en una ignorancia voluntaria en estas cuestiones. Si hay una razón clara de sospechar que hay células fetales involucradas en la producción de la vacuna, entonces la persona está moralmente obligada a aclarar el asunto, y averiguar si es realmente cierto o no.