CARTA AL NUNCIO APOSTÓLICO (sobre Mons. Arancibia)

Excmo. y Rvdmo. Sr. Nuncio Apostólico

Monseñor Adriano Bernardini

Presente

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Que la Gracia de la Santísima Trinidad y el Amor del Corazón Inmaculado de María Santísima nos inunde a ambos. A mí para escribir con humildad, respeto y verdad y a Su Excelencia para que lea en espíritu de santidad.

Es muy grande el dolor que tengo por lo sucedido recientemente en nuestro país con respecto al aborto. No menor es la tristeza y preocupación ocasionada por la carta fechada 27 de agosto de 2006 de nuestro Arzobispo, Mons. Arancibia –le adjunto la misma–. Contiene dos sentencias, muy delicadas, en las cuales me detengo y le pido a Su Excelencia las evalúe:

“No juzgamos ni condenamos.” (Mons. Arancibia)

La Iglesia, por anticipado, no sólo emitió el juicio sino además ha condenado: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae así como los que con la misma intención delictiva concurran o sean cómplices.” (Cód. Der. Can. can. 1398, cf. can. 1329 § 1 y 2).

“Reconocemos y promovemos la legítima laicidad del estado y de la justicia. Somos respetuosos de las instituciones que rigen nuestra sociedad.” (Mons. Arancibia)

Si “reconocemos” se toma como sinónimo de “somos concientes que ésta es la realidad actual”, vale la sentencia; pero no es este caso, aquí se entiende claramente como “aprobación” –éste es el sentido en el contexto–. Así mismo, la expresión “promovemos” se entiende por “apoyamos”, “incentivamos”, con un claro contenido positivo a favor de la “legítima laicidad del estado y la justicia”.

En una primera lectura podríamos creer que “laicidad” tiene un doble sentido: a) acción de los laicos en la política y b) como sinónimo de laicismo. Por eso recurrí al Diccionario para delinear exactamente el sentido propio.

Según el Diccionario Larousse el término “laicidad”: “Laicismo. Doctrina que defiende la independencia de la sociedad y el Estado de toda influencia eclesiástica”. La Enciclopedia Salvat, completa esta definición aclarando que “reforzado por el progreso de la ciencia y por la posición ideológica de la ilustración y del enciclopedismo, el movimiento laicista se tornó irreligioso y violentamente anticlerical, marcando la Revolución Francesa el triunfo del espíritu laico”.

¿Cómo puede un Obispo promover semejante cosa? Me pregunto sobre esta pronunciación y respondo con algunas de las tantas enseñanzas de la Santa Madre Iglesia:

¿Es el gobierno civil absolutamente “autónomo” respecto a la Fe?

Si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras.” (Conc. Vat. II, Gaudium et Spes, n. 36).

…los que gobiernan las comunidades humanas… deben comportarse como ministros de la providencia divina”. (Cat. Igl.Cat., n. 1884).

“…hay que rechazar la infausta doctrina que intenta edificar a la sociedad prescindiendo en absoluto de la religión…” (Lumen Gentium, 36).

¿Debe la Iglesia “meterse” en cuestiones inherentes al poder civil?

–Los Obispos muestren– “…que las mismas cosas terrenas y las instituciones humanas, por la determinación de Dios Creador, se ordenan también a la salvación de los hombres…” (Conc. Vat. II, Christus Dominus, n. 12).

“La autoridad del Magisterio se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia, exigida por el Creador, es necesaria para la salvación” (Cat. Igl.Cat., n. 2036).

Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas.” (Cód. Der. Can. can. 747 § 2).

“La misión de la Iglesia no es sólo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico”. (Conc. Vat. II, Apostolicam Actuositatem, n. 5).

“Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme con los últimos principios de la vida cristiana” (Conc. Vat. II, Apostolicam Actuositatem, n. 7).

“…aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.” (Conc. Vat. II, Gaudium et Spes, n. 39).

¿Es legítima y justa la actitud del estado en los recientes casos de abortos?

“La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia” (Sto. Tomás de Aquino, citado en Cat. Igl.Cat., n. 1902).

“La autoridad se ejerce de manera legítima si se aplica a la prosecución del bien común de la sociedad. Para alcanzarlo debe emplear medios moralmente aceptables” (Cat. Igl.Cat., n. 1921).

“La protección y promoción de los derechos inviolables del hombre es un deber esencial de toda autoridad civil.” (Conc. Vat. II, Dignitatis humanae, n. 6).

La Iglesia ¿debe respetar y someterse a la autoridad civil?

“Los Apóstoles, como el Maestro, reconocieron la legítima autoridad civil: «No hay autoridad que no venga de Dios», enseña el Apóstol, que, en consecuencia, manda: «Toda persona esté sometida a las potestades superiores…, quien resiste a la autoridad, resiste al orden establecido por Dios» (Rom., 13,12). Y al mismo tiempo no tuvieron miedo de contradecir al poder público, cuando éste se oponía a la santa voluntad de Dios: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Act., 5,29). Este camino siguieron innumerables mártires y fieles a través de los siglos y en todo el mundo.” (Conc. Vat. II, Dignitatis humanae, n. 11).

Al parecer, esta carta de Monseñor Arancibia quiere transmitir una verdad diluida y que a su vez no incomode lo suficiente a los enemigos de Cristo y de la Iglesia.

¿Hay que ser tan tajante, blanco o negro, bueno o malo, fiel o infiel, seguir a Dios o estar contra Él? ¿No es conveniente evitar “choques” frontales? ¿No deberíamos usar un lenguaje que no “espante” a nadie? Paradójicamente a la declaración del Arzobispo, ese mismo día la Liturgia (cf. lecturas de la Santa Misa del 21° Domingo del Tiempo Ordinario), nos habla y enseña como sólo Dios, por su Infinita Sabiduría y Misericordia, puede hacerlo:

“…si no os parece bien servir a Yahveh, elegid hoy a quién habéis de servir, o a los dioses a quienes servían vuestros padres más allá del Río, o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis ahora. Yo y mi casa serviremos a Yahveh”. (Josué 24,15).

“El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria”. (Salmo 33,17).

“Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?» Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?…» Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con Él».” (cf. Juan 6,60-69).

Dios lo bendiga, especialmente en este día del bienaventurado mártir san Juan Bautista, ejecutado por predicar la Verdad a las autoridades de turno.

Atentamente,

Mario Daniel Murri

email: mdmurri@yahoo.com