Conservar la Tradición

exorcismo.jpgNecesitamos enfatizar esa idea católica que se está perdiendo. Esa idea, que es más que una idea, debe ser conservada, pues, de ella depende la Verdad y la Tradición de la Iglesia. Ahora más que nunca debemos conservar la llama que tenemos para que no sea extinta en las aguas tempestuosas del mundo moderno. El mar siempre fue un símbolo del mundo y, ahora más que nunca, está agitado y revuelto llevando consigo cantidad suciedades que impiden una vista clara y transparente. Éste mundo moderno que cada vez es más artificial, creyente del progresismo indefinido y de la evolución, que desea la destrucción de sus tradiciones, inclusive las menos importantes, está sacudiendo con sus tempestuosas aguas la barca de San Pedro para destruir lo más importante que hay: la Verdad, atacándola desde dentro, desde su raíz, quitándole el verdadero simbolismo a la Cruz salvífica de Cristo.

 

Actualmente vemos perplejos que los mismos ministros de Dios, los mismos sucesores de los Apóstoles, están traicionando de la manera más rastrera la Verdad que siempre defendió la Iglesia siendo ellos mismos arrastrados por la tempestad, descuidando y perdiendo el rumbo que es ésta Verdad bimilenaria que tiene forma de Dios en la Cruz.

La Divina Providencia nos puso en ésta época, nos toca luchar contra la suma de todas las herejías, la herejía que nos es fácil señalar por su ambigüedad y mutación constante, la herejía condenada por el Papa San Pío X, a saber: el modernismo. Herejía que se disfraza de cristianismo falsificándolo en apariencia pero con la gran diferencia de que detesta y huye de la Cruz, signo más que importante para constatar que proviene de un espíritu diabólico. A tal punto se ha infiltrado el modernismo en la Iglesia que llegó hasta apoderarse, en la mayor parte, de los miembros de la jerarquía. “El humo de Satanás había penetrado por una fisura en el templo de Dios”, decía proféticamente el Papa Pablo VI[1], y nosotros, aunque seamos pequeños, pocos y débiles, debemos conservar el depósito de la Fe. ¿Quién de nosotros puede decir que es capaz y digno de semejante empresa?, pues, Dios se vale de los pequeños para confundir a los grandes.

Hoy estamos dispersos en pequeños grupos, en reducidos prioratos que no son justamente el esplendor del gótico, sino que, al contrario, son más parecidos a modernas catacumbas, y podemos decir junto a San Atanasio, “ellos tienen los templos, nosotros la Fe”.

Los católicos que deseamos conservar el Dogma, que estamos en el medio del océano mundano aferrados a la Roca inconmovible de Cristo, nos encontramos en un estado de resistencia, resistencia a las olas que desean destruir dicha Roca y arrojarnos fuera, pero nada pueden con ella: “En el mundo pasáis apreturas, pero tened confianza: yo he vencido al mundo” (Juan XVI; 33). Y no sólo quedamos expulsados de los templos sino que, somos llamados despectivamente por la cobarde jerarquía con términos como: “la nueva inquisición”, “los nuevos cruzados”, “integristas”, etc. ¡Y a mucha honra! ¿Cómo puede un católico tildar a otro de “cruzado” como insulto? ¿Acaso las cruzadas no se realizaron en busca de recuperar Tierra Santa en manos de los herejes? ¿Acaso la inquisición no fue una búsqueda de extirpar aquellos errores heréticos que infectaban al rebaño? ¿Acaso los católicos no profesamos una Fe íntegra totalmente fundada en una Verdad Inmutable siendo los santos los más integristas de todos? El acto de respeto humano público para con el mundo, el famoso pedido de perdón por los supuestos “errores de la Iglesia en el pasado”, la devolución a los musulmanes de la bandera de Lepanto, la entrega del anillo papal a Ramsay (laico, masón y hereje), en San Pablo extramuros, etc. ¿Acaso la Iglesia estuvo casi dos mil años equivocada? ¿Acaso los santos siempre estuvieron equivocados al predicar las cruzadas? ¿Acaso San Pío V, Papa y gran inquisidor, estuvo equivocado en pedir al pueblo cristiano oraciones y ayunos por los cruzados en la batalla de Lepanto, siendo minoría contra las tropas numerosísimas musulmanas y, estos cristianos, hicieron mal en haber ganado la batalla? ¿Acaso realizar estos actos de ecumenismo públicos con cismáticos, masones y herejes no ponen en peligro la Fe y la realidad, en la cual, se enseña que la Iglesia católica es la única arca de salvación?

San Pablo advierte a Timoteo: “¡Oh Timoteo!, guarda el depósito, evitando las novedades profanas en las expresiones y contradicciones de la falsa ciencia, que, al profesarla algunos, vinieron a perder la Fe.” (I Tim. VI; 20-21). ¡Cuánto hay que evitar la novedad y ésta mistificación del cristianismo que es el modernismo! El mismo Evangelio, tergiversado, inclusive con traducciones socializadas dignas de un espíritu protestantizado, se leen y enseñan en los púlpitos más importantes de nuestra querida y maltrecha Patria. El cristianismo no es agua y azúcar, como se nos quiere mostrar, no es un “amaos los unos a los otros” de manera meramente humana, solidaria y nada más. La vida del cristiano es milicia en la tierra. “No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer la paz sino la espada.” (Mat. X; 34) “La verdad es como la espada. No puede transigir con las conveniencias del mundo. Por eso los verdaderos discípulos de Jesucristo serán siempre perseguidos.”[2]

“Pero aún cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Lo decimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: si alguno os predica un Evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema.” (Gal. I, 8-9).

basilicaComenta al respecto San Vicente de Lerins: “no dice “Si uno os predica un Evangelio distinto del que os hemos anunciado sea bendito, alabado, acogido”; sino que dice: “sea anatema”, es decir, separado, alejado, excluido, a fin de que el contagio funesto de una oveja infectada no se extienda, con su presencia mortífera, a todo el rebaño inocente de Cristo.” [3] Los teólogos conciliares parece que desean ser originales, “actuales”, inventando teologías confusas y heréticas, acomodaticias a las políticas del mundo y embebidas en un espíritu de falso ecumenismo; muchos son considerados, como si fuesen, “los grandes y originales artistas del renacimiento” exaltando, sobre todo, la “personalidad original” del teólogo antes que su teología; en otras palabras, el ser original está muy distante de ser veraz. La Verdad no es original, no pertenece a nadie, al contrario, el que habla y enseña algo verdadero no es original, sino que la Verdad posee a quienes la invocan.

Ahora más que nunca nos vemos obligados a defender nuestra Fe y nuestra patria, ambas, profundamente atacadas desde dentro por el enemigo, guardando celosamente el depósito y transmitiéndolo, enfatizando la idea católica tradicional y ortodoxa, pues, como dice el padre Castellani, debemos defender nuestra patria a la vez que defendemos nuestra religión, ambas cosas a la vez y no por separado, “reanimemos nuestro abatido pueblo y peleemos en defensa de nuestra patria, y de nuestra santa religión” (I Mac. III, 43). Si nuestra patria, siendo de tradición hispánica y, sobre todo católica, estando en un momento de abatimiento y crisis; sin dudas, ésta crisis en parte se debe al estado espiritual de la cabeza religiosa, estando ésta corrompida por el espíritu modernista, como dice sabiamente el dicho: “el pez se pudre por la cabeza”. Afianzando la doctrina, afianzaremos la Fe y la Fe, siendo ancla de la barca de San Pedro sostendrá nuestro abatido pueblo, actualmente, en una de las tempestades más profundas de la historia.

Mariano Gabriel Pérez. – 3 de Julio del 2005.