MANUEL DE SANTA CRUZ: JUAN PABLO II Y LA DEMOCRACIA

EL PAPA EN CUBA

A nuestro pedido, al finalizar el artículo de Rafael Gambra Ciudad del día de ayer, se ha respondido gentilmente desde Colombia con el envío del artículo de Manuel de Santa Cruz, que ahora presentamos con algunas notas complementarias.

Algunas palabras del Papa en Cuba, que transcribimos a continuación, han producido entre los católicos españoles, sorpresa en algunos, disgusto en muchos y apatía e indiferencia en los más, que ya “pasan” de todo.

El sábado 24 de enero el diario ABC, de Madrid, publicaba en portada una foto del Papa con un grueso titular que decía: “El Papa dice a los intelectuales cubanos que la democracia es el proyecto político más humano”. Abajo, en el texto, se lee la siguiente variante: “La democracia es el proyecto político más armónico con la naturaleza humana”.

Si es verdad que el Papa ha dicho eso (1), desconoce, o desprecia, la organización tradicional de la sociedad, muy conocida y apreciada en medios eclesiásticos en España en plena mitad del siglo XX, y apuesta por la democracia, que es la encarnación política de las herejías del liberalismo.

El mismo diario, el día 26-1-1998, rotula las páginas 38 y 39 que forman una gran plana doble, con las siguientes palabras en gruesos caracteres: “El Papa: ni el ateísmo ni la religión pueden ser pilares del Estado moderno”. Un largo trozo entrecomillado del discurso termina diciendo: “En este sentido cabe recordar que un Estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión uno de sus ordenamientos políticos”. (2)

El diario “El País” del mismo día reproduce ese mismo texto entrecomillado. Los dos periódicos lo atribuyen a sus enviados especiales. Algunos amigos, sobresaltados, se telefonean diciendo que oyeron esa frase en directo por televisión, pero que dudaron, perplejos, de haber entendido bien. La agencia Zenit-Información Católica en Internet ha introducido en Internet el mismo texto. El diario El Mundo, de 26-1-1998 da la misma noticia.

El conocido sacerdote periodista Santiago Martín, en un artículo en ABC de 30 de enero, confirma que el Papa dijo esas palabras y añade una interpretación de su cosecha sin valor objetivo.

El boletín de la diócesis de Madrid Alfa y Omega, de amplia difusión y popularidad, también reproduce el mismo texto en su número de 31 de enero.

Es verosímil que otros muchos periódicos que no hemos leído hayan difundido el mismo texto.

En los días sucesivos, y hasta el cierre de estas líneas, no hay ninguna rectificación o aclaración de la Nunciatura de Madrid, ni de los periódicos dichos. Por supuesto que la reproduciríamos inmediatamente con mucho gusto (3). Pero, aunque vengan rectificaciones, el mal está ya hecho, y traerá cola, larga.

Estamos ante una nueva inflexión del Magisterio y de la praxis anteriores de la Iglesia en materia grave, a favor del Estado laico.

Han corrido ríos de sangre por reconquistar y mantener la Confesionalidad del Estado, y no solo en España.

Hay que ir a un planteamiento amplio, profundo y duradero, más allá de explicaciones rebuscadas y tramposas, que podría ser este: Esas palabras del Papa no pertenecen a su magisterio extraordinario e infalible sino a los estratos inferiores del ordinario y opinable.

No son dogmas, ni “tesis”, sino una “hipótesis”.

Dentro de la más pura ortodoxia teológica católica, yo opino en contra de esas palabras y a favor de la Confesionalidad del Estado. Seguiré reivindicando la reconquista de la Unidad Católica de España.

Recordaré un caso histórico para aclarar mi posición: El 18 de abril de 1894 el Papa León XIII pronunció un discurso ante la peregrinación española, exhortándoles a que, dejando desconciertos y divisiones, obraran enteramente acordes para promover los intereses de la Religión. Añadió: “Es, además, deber suyo (de los católicos españoles) sujetarse respetuosamente a los poderes constituidos, y esto se lo pedimos con tanta más razón cuanto que se encuentra a la cabeza de vuestra noble nación una reina ilustre, cuya piedad y devoción a la Iglesia habéis podido admirar”.

Son palabras tomadas de la Historia General de España y América, Editorial Rialp, 1981, Tomo VI b2, pág. 373.

En páginas siguientes se narran los intentos del arzobispo, después cardenal, Cascajares para llevar a los carlistas al reconocimiento de Doña María Cristina de Habsburgo.

Los carlistas, profundamente piadosos, no hicieron el menor caso a esa indicación, se opusieron a ella, se encastillaron en sus círculos, resistieron a las ingratitudes y traiciones de muchos eclesiásticos, siguieron sirviendo a la Religión en la política y, gracias a esa supervivencia, el 18 de Julio de 1936, con nuevos ríos de sangre, sudor y lágrimas, salvaron a la Iglesia en España.

Notas:

(1) Del Discurso de Juan Pablo II en el Encuentro con el mundo de la cultura, Universidad de La Habana, viernes, 23 de enero de 1998

(2) De la Homilía en la Plaza José Martí, domingo, 25 de enero de 1998

(3) Nota de Manuel de Santa Cruz, en Siempre P’alante, N° 360, página 7:

¡CONCRETE, SEÑOR NUNCIO!

El diario de Madrid “El Mundo”, de 31-1-1998, pág. 22, publica una crónica con una foto del Nuncio, titulada, “El Nuncio afirma que Juan Pablo II tiene una ‘Mala imagen’ en España.” La crónica transcribe entre comillas los siguientes párrafos del Nuncio:

– “La responsabilidad de la mala imagen de Juan Pablo II en España corresponde a los periodistas y a determinados escritores”.

– “…los medios de comunicación reducen, simplifican y distorsionan sus palabras en aras de lecturas interesadas de pretendidos progresismos o de intereses ideológicos”.

– “En otras ocasiones se quiere poner de manifiesto el pensamiento del Papa sobre temas de interés y de gran trascendencia en nuestros tiempos y entonces nos encontramos con interpretaciones, adhesiones o rechazos del magisterio del Papa, pero sin reflejar ese mismo pensamiento y magisterio”.

El cronista añade: “Reconoció que no resulta fácil encontrar los documentos en los que el Papa orienta e ilumina a la Iglesia sobre los problemas de la sociedad.”

Nosotros preguntamos:

– ¿Para qué sirve la Oficina de Prensa del Vaticano?

– ¿Para qué sirven los asesores jurídicos de la Nunciatura y de las Diócesis, si no emprenden las debidas acciones legales?

¡CONCRETE, SEÑOR NUNCIO, POR FAVOR!