EL AVE MARÍA
La Santa Iglesia enseña, siguiendo a San Pablo, que no se puede ir a Dios sino por Nuestro Señor Jesucristo: «Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos». (I Tim. II, 5-6).
San Bernardo, en el siglo XII, retomando la enseñanza de muchos Santos de los primeros siglos, afirma que no se puede ir a Jesús sino es por María, pues Dios quiso constituir a María Santísima como medio entre Jesús y nosotros: «Es la voluntad de Dios, dice él, que tengamos todo por María».
Todas las gracias que nos ha merecido Jesús por la Redención nos vienen por María. La Iglesia reasume esta doctrina de los Santos por estas simples palabras que se convirtieron en un adagio: Ad Jesum per Mariam, «A Jesús por María».
La Iglesia nos enseña otra verdad, no solamente por su doctrina, sino también por su práctica y el ejemplo dado por sus Santos: es por el Ave María que se va a María.
Es lo que quisiera recordar recomendándoles leer algunas líneas de San Luis María Grignon de Montfort en su opúsculo EL SECRETO DEL SANTO ROSARIO (de la Rosa 15 a la 20).
A lo largo de esos seis capítulos (llamados Rosas) el gran Santo explica maravillosamente lo que es esta simple oración del Ave María.
Pero comienza por afirmar: «La salutación angélica es tan sublime y elevada que el Beato Alano de la Roche ha creído que ninguna criatura puede comprenderla y que solamente Jesucristo, Hijo de María puede explicarla».
¿CUÁL ES EL ORIGEN DEL AVE MARÍA?
Su primera parte («Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre las mujeres») ha sido revelada por la Santísima Trinidad.
En efecto, es el Arcángel San Gabriel que la trae del Cielo y la pronuncia por primera vez para anunciar la Santísima Virgen que Dios Hijo iba a encarnarse en su seno.
«La Virgen María recibió, dice San Luis María, esta divina salutación en orden a llevar a feliz término el asunto más sublime e importante del mundo, a saber, la Encarnación del Verbo Eterno, la reconciliación entre Dios y los hombres y la Redención del género humano. Embajador de esta buena noticia fue el Arcángel San Gabriel, uno de los primeros príncipes de la Corte Celestial».
La segunda parte (“Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre») ha sido añadida por Santa Isabel, el día de la Visitación, inspirada por el Espíritu Santo, cuando la Santísima Virgen María vino a visitarla.
Y la Iglesia, en el primer Concilio de Éfeso (año 431) sugirió la conclusión, después de condenar el error de Nestorio y definir que la Santísima Virgen es verdaderamente Madre de Dios y ordenó que se invocase a María Santísima bajo este glorioso título, con estas palabras: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».
EL AVE MARÍA ES UNA ORACIÓN PODEROSA PARA OBTENER LAS GRACIAS DE DIOS
Cómo dudarlo, ya que nuestra salvación viene de esta simple oración: «Por la Salutación Angélica, dice San Luis Ma. Grignon de Montfort, Dios se hizo hombre, una virgen se convirtió en Madre de Dios, las almas de los justos fueron liberadas del Limbo, se repararon las ruinas del Cielo y los tronos vacíos fueron de nuevo ocupados, el pecado fue perdonado, se nos devolvió la gracia, se curaron las enfermedades, los muertos resucitaron, se llamó a los desterrados, se aplacó la Santísima Trinidad y los hombres obtuvieron la vida eterna».
Por lo tanto, la Salutación Angélica ha sido el medio por el que el Misterio de la Santísima Encarnación se realizó y vino nuestra salvación. Pero ella es más que eso, si se puede decir: es el canal por el cual Dios ha dado todas sus gracias hasta hoy y las dará hasta el fin del mundo: «La Salutación Angélica contiene la fe y la esperanza de los Patriarcas, de los Profetas y de los Apóstoles. Es la constancia y la fortaleza de los Mártires, la ciencia de los Doctores, la perseverancia de los Confesores y la vida de los religiosos» dice el Bienaventurado Alan de la Roche.
Y después de haber referido estas palabras del Beato Alan, sucesor de Santo Domingo, el predicador vandeano del Rosario añade: «Es el cántico nuevo de la ley de la gracia, la alegría de los Ángeles y de los hombres y el terror y confusión de los demonios».
EL AVE MARÍA ES UNA ORACIÓN NECESARIA
PARA OBTENER LAS GRACIAS PARA SALVARSE
San Luis María Grignon de Montfort no deja lugar a la menor duda en esta cuestión. Afirma categóricamente que quienes no tienen devoción por el Ave María van por el camino de la perdición eterna.
La experiencia, dice él, es suficiente para probarlo: todos los que llevan la marca de la reprobación tienen horror al Avemaría (como los herejes «que son todos hijos de Satanás»), o son negligentes de decirla o bien sólo la dicen tibia y precipitadamente.
El Santo recuerda que quienes profesan novedosas doctrinas condenadas por la Iglesia en su época (los jansenistas) «a pesar de su aparente piedad, descuidan en demasía la devoción del Rosario y frecuentemente lo arrancan del corazón de quienes les rodean, con los pretextos más hermosos del mundo».
Hoy vemos, aún en nuestros días, que las nuevas doctrinas condenadas por la Iglesia, si no son las mismas que en el siglo XVIII, están siempre acompañadas de este triste signo de la reprobación de Dios: el abandono de la devoción al Rosario.
Pero, para confirmar esta verdad, San Luis María refiere el testimonio mismo de la Santísima Virgen al Beato Alano de la Roche. Entre las cosas más admirables que Ella le reveló, le dijo que: «la negligencia, tedio y aversión a la salutación angélica, que restauró el mundo, son señal probable e inmediata de reprobación eterna»; y, al contrario, «quienes tienen devoción a esta divina salutación poseen una gran señal de predestinación”… “No sé ni veo con claridad, añade San Luis María cómo una devoción tan pequeña pueda ser señal infalible de eterna salvación y su defecto, señal de reprobación. No obstante, nada hay más cierto».
CONCLUSIÓN
¿Quién mejor que San Luis María Grignon de Montfort podrá hacernos comprender los frutos maravillosos que la recitación piadosa del Avemaría obrará en nuestra alma? ¿No es verdad que recomendando a las almas el rezo del Rosario fue que él obtenía infaliblemente su santificación o su conversión?
Por lo tanto, escuchemos con atención sus palabras; y, sobre todo, decidámonos poner en práctica esta devoción por el rezo piadoso del Rosario diariamente; y recurramos frecuentemente a Nuestra Señora por el Avemaría.
Esto es asegurar infaliblemente, también para nosotros, las gracias que necesitamos para salvarnos.
«¿Quieres enriquecerte con todos los bienes de la gracia y de la gloria? dice él en efecto, ¡Saluda a la Santísima Virgen, honra a tu bondadosa Madre! Sicut qui thesaurizat, ita et qui honorificat matrem: «Quien acumula tesoros, así es el que tributa honor a su Madre -la Santísima Virgen-«. (Eclo III, 5).
«Preséntale, al menos, cincuenta Avemarías diariamente, cada una de ellas contiene quince piedras preciosas que agradan más a María que todas las riquezas de la tierra. ¿Qué no podrías, entonces, esperar de su generosidad? Ella es nuestra Madre y amiga. Es la Emperatriz del universo y nos ama más que lo que todas las madres y reinas juntas amaron a algún mortal. Porque -dice San Agustín- la caridad de la Santísima Virgen aventaja a todo el amor natural de todos los hombres y de todos los Ángeles…
«El Avemaría es un rocío celestial y divino, que al caer en el alma de un predestinado le comunica una fecundidad maravillosa para producir toda clase de virtudes. Cuanto más regada esté el alma por esta oración, tanto más se ilumina el espíritu, más se le abraza el corazón y más se fortalece contra sus enemigos».
EJEMPLO
El Avemaría procura a los pecadores y herejes la gracia de la conversión.
Alban Stolz y el protestante
En su libro de La Salutación Angélica, la celebre escritora Alban Stolz da a los protestantes, que buscan sinceramente la verdad, el consejo de decir todos los días un Avemaría.
Tal vez, escribe, usted tiene aún, por atavismo, un resto de esa veneración a la Virgen, tan conforme, por lo demás, a la naturaleza… Rompa, como Sansón, las cadenas de los prejuicios que los amarran desde su juventud… Tengan, por lo tanto, el valor de decir todos los días un Avemaría, aunque sea durante un mes, y encontrará tanto gusto en esta Salutación Angélica que no la omitirá más hasta la muerte.
Este libro cayó en las manos de un sabio teólogo protestante, el Dr. Hugo Lämmer, que siguió el consejo a la letra y sintió luego una lucha interior violenta, cuya salida fue un estudio profundo del dogma católico. Este estudio llevó a la conversión a Braunsberg el 21 de noviembre de 1858; además, llegó a ser sacerdote, profesor en la facultad católica de Breslau y canónigo de esta catedral.
El Avemaría viniendo del Cielo, tiene una eficacia celeste, es en ella misma llena de gracia. (Padre N. Delsor, Colección de ejemplos aplicados al catecismo popular de Francisco Spirago, París, 1911, p. 538).


