Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos (…) es una costumbre observada en el mundo entero. Por eso creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos Apóstoles. En efecto, la Iglesia católica la observa en todas partes; y si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas, ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios.
San Isidoro de Sevilla
Sobre los oficios eclesiásticos, 1
Debemos ayudar a los que se hallan en el purgatorio. Demasiado insensible seria quien no auxiliara a un ser querido encarcelado en la tierra; mas insensible es el que no auxilia a un amigo que esta en el purgatorio, pues no hay comparación entre las penas de este mundo y las de allí.
Santo Tomás
Sobre el Credo, 5, 1. c., p. 73
«Brindémosles ayuda y recordémoslos. Porque si los hijos de Job fueran purificados por el sacrificio de su padre (Job 1:5), ¿por qué dudaríamos de que nuestras ofrendas por los muertos les traigan algún consuelo, ya que Dios suele conceder las peticiones de quienes piden por otros? Esto significó San Pablo diciendo: ‘para que, en múltiples Personas, tu don hacia nosotros, otorgado por muchos, sea reconocido con acción de gracias en tu nombre.’ (2 Cor 1:11) No nos cansemos, entonces, de ayudar a los difuntos, tanto ofreciendo en su nombre como obteniendo oraciones por ellos.» (Homilías sobre 1 Corintios)
«Lloremos por los que han muerto en su riqueza, y no han pensado consuelo de su riqueza para sus almas, para aquellos que tenían poder para lavar sus pecados y no quisieron hacerlo. Lloremos por estos en privado y en público…
«Lloremos por ellos y ofrezcamos a ellos [al difunto] alguna ayuda en la medida de nuestras posibilidades. Pensemos en alguna ayuda para ellos, por pequeña que sea, pero de alguna manera les ayudemos. ¿Pero cómo, y de qué manera? Orando por ellos y suplicando a otros que hagan oraciones por ellos, dando constantemente a los pobres en su nombre. …
No fue en vano decretado por los Apóstoles que se recordara a los muertos en los asombrosos Misterios. Sabían el gran beneficio que les resultaba.
«Y esto lo hacemos por aquellos que han partido en la fe, aunque los catecúmenos no sean considerados dignos ni siquiera de este consuelo, sino privados de todo medio de ayuda salvo uno. ¿Y esto qué es? Podemos dar a los pobres en su nombre. Esta acción, de cierta manera, les refresca. Porque Dios quiere que nos ayudemos mutuamente.» (Homilías sobre Filipenses)
San Juan Crisóstomo
ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Dulcísimo Jesús mío, que para redimir al mundo quisisteis nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio, como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos; abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones, como uno de ellos, dándoos a beber hiel y vinagres y herido el costado con la lanza. Librad, Señor, por tantos y tan acerbísimos dolores como habéis padecido por nosotros, a las almas del Purgatorio de las penas en que están; llevadlas a descansar a vuestra santísima Gloria, y salvadnos, por los méritos de vuestra sagrada Pasión y por vuestra muerte de cruz, de las penas del infierno para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevasteis al buen ladrón, que fue crucificado con Vos, que vivís y reináis con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
¡Oh glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino! Con todo el afecto de mi alma te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor de esas almas benditas, consiguiendo de la divina clemencia la condonación de todos sus delitos y sus penas, para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios. Y a mi, tu devoto siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad hacia aquellas almas queridas. Amén

