DE LA SINARQUÍA AL ESPÍRITU DE ASÍS
En el siglo pasado y principalmente a fines de este, se conoció por sinarquía un proyecto masónico para ensamblar las distintas formas de iluminismo, esoterismo, democratismo y los secretismos pseudo religiosos en orden a establecer un orden nuevo mundial puramente humano.
Es lo que hoy, en trance ya de realización, se predica universalmente por el movimiento «New Age» (Nueva «Edad») o revolución de Acuario.
Pero entre uno y otro punto de esta cadena se sitúan eslabones importantes que, con sus raíces en la sinarquía, nos aparecen hoy como profetas de lo que estamos viendo crecer ante nuestros ojos.
Ninguno tan famoso como el jesuita Teilhard de Chardin, que ensayó una mezcla de evolucionismo cósmico con una extraña cristología simbólica (cristosogénesis).
Sin embargo, su más directo precursor (y precursor sobre todo de «New Age») fue el abate Roca, canónigo de Perpignan que, habiendo apostatado íntimamente de su fe católica, pasó a España donde escribió varios de sus libros más escandalosos y viajó después por toda Europa propagando sus teorías sincretistas entre el clero, sin dejar nunca de presentarse como eclesiástico a pesar de haber sido condenado por Roma.
Sus doctrinas, recibidas en su tiempo como la cumbre de la herejía y la impiedad, serían hoy leídas por muchos como el programa mismo del espíritu de Asís. Quizá por esto su recuerdo esté hoy oculto y marginado para que no descubra tan a las claras el génesis de los procesos en marcha. Él predicaba la rebelión con el anuncio de la «divina sinarquía» bajo la unción de un Papa convertido al «cristianismo científico».
Veamos algunos de sus párrafos más reveladores:
«La humanidad, en mi visión, se confunde con Cristo, un modo tan real que los místicos no han podido imaginar hasta nuestros días. Si el Cristo-Hombre es, como Verbo encarnado, el Unigénito de Dios, es también el Universo entero y toda la humanidad en camino («La Iglesia en marcha») y lo que se prepara en la Iglesia Universal es una gran evolución… En lo que la nueva Cristiandad quiere transformarse es en un culto universal al que todos los cultos serán incorporados. Desde el punto en que se hará patente a todos que el nuevo orden procede del antiguo, el antiguo pasado y el antiguo clero renunciarán con gusto ante el Pontífice y ante los nuevos sacerdotes, que serán los del pasado, pero convertidos y transfigurados en orden a la organización del planeta a la luz de un nuevo Evangelio. Y esta nueva Iglesia, por más que nada debe conservar de la disciplina escolástica ni de las formas sacramentarias de la antigua, recibirá todavía de Roma su consagración y jurisdicción canónica. Creo que el culto divino, las ceremonias y los preceptos de la iglesia experimentarán próximamente, tras un concilio ecuménico, una transformación que, restituyéndoles la venerable sencillez de la edad apostólica, los pondrá en sintonía con el nuevo estado de conciencia de la civilización moderna».
La predicción de Roca es ésta: «una Iglesia iluminada bajo la dirección de un Papa convertido al cristianismo científico, imbuido por un socialismo evangélico partidaria de un universalismo sincretista, convocará un concilio ecuménico para forjar la nueva liturgia y el nuevo papado» (Glorioso Centenario, páginas 77 a 123).
Estos párrafos, escritos hacia 1875 demuestran, como por diabólica anticipación, que el mundialismo tipo «New Age» y el ecumenismo religioso de tipo sincretista son dos corrientes que confluyen hacia un nuevo mundo desacralizado bajo el solo culto al hombre.

