Yo quisiera
Yo quisiera, Dios mío, poder besar Tu sombra,
y el ruedo de Tu túnica y el borde de Tu manto,
poner sobre una astilla de esa cruz que me asombra
mis labios tan indignos… ¡pero que te aman tanto!
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Yo quisiera seguirte por los arduos caminos
que antaño recorrieran tus venerables pies,
ser otro de esos fieles y humildes peregrinos
que aspiran a seguirte dondequiera que estés.
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Quisiera oír de cerca tus parábolas llenas
de nobles enseñanzas y de sabiduría
que enriquecen el alma y quebrantan cadenas
trayendo a tus devotos la paz y la alegría.
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Sí. Quisiera, Dios mío, hacerme aún más pequeño
para que todavía te apiades más de mí.
para que me consumas como a un devoto leño
que fervorosamente arde y arde por ti…
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Quisiera acompañarte por montes y por llanos,
beber del agua viva de tu sagrado pozo
y verme bendecido por Tus divinas manos
con la gracia que llena nuestras almas de gozo.
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Por eso, Cristo, anhelo llegar a Tu presencia
como el que se desvive por ver el sol salir.
Confío en que recibas mi alma con clemencia
cuando llegue mi hora solemne de partir.