Divino rescate
¡Dios mío, cuántos años he vivido en tinieblas!
¡De cuántas turbias fuentes ha bebido mi sed!
¡En qué inhóspitas tierras he plantado mi tienda
aguardando el instante de poder florecer!
***
¡Cuántos pasos perdidos, cuántas noches de insomnio,
cuánto esfuerzo empleado en vencer y en triunfar!
¡Cuánto empeño en rodearme de placeres y de oro
que no les traen al alma más que infelicidad!
***
Pero tal vez de tanto golpearme en los cristales
como un tenaz insecto, Dios se apiadó de mí
y al tocarme Su gracia vi un espacio que se abre
hacia un plano inefable donde es bello vivir.
***
Desde entonces mi mundo reducido me llena.
Hoy desdeño coronas de fragante laurel.
Mi mirada descansa sobre la puerta estrecha
en la que se concentran los ojos de mi fe.
***
¡Oh, Dios mío, Dios mío, que tendiste Tu mano
a este náufrago en medio del tempestuoso mar
para luego dejarme, con piadoso cuidado,
en la mística playa de Tu serenidad!
***
¡Gracias por liberarme de mis viejas mortajas,
por pagar mi rescate con Tu inmenso dolor,
por haber allanado los caminos de mi alma
y otorgarme la dicha de Tu consolación.