Es la única colección de poesías publicadas como tal por el Padre Leonardo Castellani.
Reúne composiciones que escribió desde su partida a bordo del vapor Naboland hacia Europa, en 1946, hasta su retorno a la Patria y primer año de estadía en ella, en 1950.
Son los años más tempestuosos de su existencia. En ellos se dio el conflicto con sus superiores religiosos, que dejó honda huella en su vida y en su obra.
PARTE SEGUNDA: LAS ORACIONES
Psalmo LXIX
Traducción
(Montserrat, 20 d e abril de 1948)
Sálvame, Rey del mundo
que el agua me llegó hasta el alma misma
me hundí en fango profundo
y no hago pie, y el cuerpo se me abisma
entré en lo hondo sin sentirlo yo
del remolino y él me arrebató.
Ronco estoy de llamarte
se me cansan los ojos y las cejas
de alzarlos a mirarte
y el corazón desbaratado en quejas
no osa quejarse, porque en frío polo
todo el que sufre mucho queda solo.
Son más que mis cabellos
mis enemigos que me odiaron gratis
fuertes se han hecho ellos
injustamente buscan que me mates
quieren que vuelva lo que no he robado
y que confiese donde no hay pecado.
Mi estulticia conoces
Señor, tus ojos miran mis delitos
pero, oh Dios, no sonrojes
los que confiaban en tus santos mitos
mi alma, oh Jahvé, confía
que no sean confusos causa mía.
Por causa de mi padre
soporto la ignominia y el escarnio
los hijos de mi madre
mismos, a mis hermanos soy extraño
porque he tenido celo de tu casa
llovieron sobre mí males sin tasa.
Si con ayuno aflijo
mi cuerpo, es para mí nota y vergüenza
si la modestia elijo
me vuelvo a ellos risa y chanza inmensa
hablan de mí en la puerta los muchachos
sentados, cantan coplas los borrachos.
Mas yo, hacia Ti se alza
silenciosa la voz de mi paciencia
en tu bondad encalza
mi oración y al sin fin de tu clemencia
del fango sácame, que no me ahogue
de las aguas hambrientas como azogue.
No me azga el remolino
no me engulla el abismo pavoroso
óyeme, azor divino,
no cierre sobre mí su boca el pozo
Señor, la perdición su sorbo exordia
vuélvete a mí por tu misericordia.
De tu siervo no escondas
tu dulce faz, escúchame cuitado
de entre las aguas hondas
discierne mi alma, ten de mi cuidado
por mis émulos, ya que el enemigo
me odia porque quise andar contigo.
A ellos los conoces
conoces mi miseria irremediable
no es menester dar voces
mi corazón es grito inacabable…
Su furia, su injusticia y mis enojos
¿no los tienes delante de los ojos?
Esperé un compasivo
Tú, mi consolador, y no apareces
diéronme ajenjo vivo
a comer, y en mi sed vinagre y heces
cuando gemí de sed vinagre dieron
y los amigos ¿dónde se escondieron?
Que se les vuelva abrojos
su mesa, y al revés sus oraciones
que se turben sus ojos
y se curven al suelo sus riñones
sobre ellos viva tu iracundia arguya
y que los cerque la justicia tuya.
Que sea devastado
su bastión, nadie pase por sus puertas
porque al que Tú has herido han golpeado
hirieron las heridas por Ti abiertas
y donde a Ti te plugo
herir, cargaron carga y doble yugo.
Que sigan añadiendo
maldad y caigan de tu santo manto
de aquel libro tremendo
borrados y no escritos con el santo.
No amaron tus verdades…
que sigan añadiendo iniquidades.
Yo soy pobre y doliente
tu mano sola puede ser mi amparo
de tu nombre excelente
haré un cántico un día, nuevo y raro
Que ha de honrarte, oh Yahvé, más que el becerro
corniungulado que se tumba al fierro.
Oh pobres, alegraos
los que buscáis a Dios, que os cante el alma
porque escucha del caos
Yahvé a los desvalidos y los calma
su voz resuena ante su trono recia
y a los por Él cautivos no desprecia.
Alábenlo los cielos
la tierra, el mar y cuanto en él palpita
sacará de desvelos
a Sion, y a su región ayer maldita
la reedificará y en sus confines
hará fuertes murallas y fortines.
Allí los justos siempre
vivirán, poseerán el territorio
la estirpe de su gente
heredará del cedro y del ivorio
las moradas de clara eterna fama
para albergar al que Su nombre ama.

