ALEGRÍA DE MORIR: UN CARMELITA DESCALZO – APÉNDICES – VI – EL PAJARILLO

ALEGRÍA DE MORIR

UN CARMELITA DESCALZO

manos rezandoAPÉNDICES

VI

EL PAJARILLO

(M. Gregoria Francisca de Santa Teresa, C. D. 1653-1736)

Celos me da un pajarillo
que remontándose al cielo
tanto en sí mismo se excede
que deja burlado el viento.

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Enamorado del sol,
sus plumas bate ligero,
y escalando el aire bajo
toca la región del fuego.

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¡Oh, quién imitar pudiera,
juguete hermoso del viento,
de tu natural impulso
el acelerado vuelo!

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Mi amor ansioso te sigue
con impacientes afectos,
que es dura prisión del alma
la cárcel triste del cuerpo.

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Del sol más supremo soy
mariposa, en cuyo incendio
deseo abrasarme cuando
sus luces amante bebo.

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Avecilla soy en jaula
que al ver del sol los reflejos
son sus gorjeos endechas,
son sus trinados lamentos.

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Envidio tu libertad,
y abrasándome tus celos
quisiera ser salamandra
para vivir en su fuego.

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Los rayos del sol divino
hieren en mi amante pecho,
siendo halago en la prisión
lo que en la prisión tormento.

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Vuela, feliz pajarillo,
cuando yo presa me quedo,
y viendo que al cielo subes
me llevas el alma al cielo.

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Por amante y por cautiva
dos veces presa padezco,
¡oh, quién quebrantar pudiera
de las cadenas el hierro!

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¡Oh tú, que con blandas plumas
giras el vago elemento,
sube muy alto si puedes
y serás mi mensajero!

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Darás de mis tristes penas
un amoroso recuerdo
a la Luz inaccesible
del Sol de justicia eterno.

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Dile que sus resplandores
me tienen de amor muriendo,
porque a la luz de mi fe
descubro sus rayos bellos…

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Dile que de mí se duela,
que rompa el vital aliento,
que desate las prisiones de
tan dilatado tiempo.

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Que el mirarme por resquicios
es del amor más tormento,
pues al herirme sus rayos
más me abrasa y más me quemo.

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Pajarillo, si de mi amor
has gustado los efectos,
lastímate de mis ansias,
duélete de mis tormentos.

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Mi libertad solicita
con mi dulce Amante dueño,
y de tus alas me presta
plumas que vuelen al cielo.

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Salga de esta dura cárcel,
de este largo cautiverio,
donde triste gimo y lloro
mi prolongado destierro.

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Donde advirtiendo tus dichas
tan infeliz me contemplo,
cuanto es mi amor impaciente
y más divino mi objeto.