PADRE SARDÁ Y SALVANY: EL CEMENTERIO

Nuestra Madre, la Santa Iglesia, no quiere que los despojos mortales de los que un día santificó con su Bautismo, fortaleció con su Confirmación e hizo sagrarios vivos y vivas custodias del Cuerpo de Cristo por medio de la santa Comunión, fuesen depositados en profano e inmundo sitio, como cadáveres de animales que se arrojan a pudrir en el muladar.

La Revolución, que quiere los Cementerios sin Cruz y sin Bendición, es muy dueña de pedir eso para los suyos que, si como animales viven y como animales quieren morir, justo es que como animales sean destinados a vil e infame sepultura.

Nosotros, los hijos de la Fe, que por Cristo hemos sido regenerados, y según Cristo deseamos vivir, y en el ósculo de Cristo queremos lanzar el postrer suspiro, nosotros queremos ser sepultados en Cristo y según Cristo, al abrigo amoroso de la Cruz de Cristo.

El Cementerio, como el templo, es lugar de oración; es recinto sagrado; y es sacrílega profanación cuanto en él se haga opuesto a este su elevado carácter.

No deben llevarse, pues, al recinto de los muertos otras ideas que la de reflexionar lo que muy en breve seremos, y la de rogar para los que como nosotros han sido y no han hecho más que precedernos algunos pasos.