PADRE LEONARDO CASTELLANI: DIRECTORIALES DE JAUJA

N° 2 – Febrero de 1967

Me han dado un juguete en mi vejez…, un juguete que da trabajo, da disgustos y no da plata, ni cosa por el estilo.

— Y entonces ¿por qué lo aceptó?

— De sonso que es uno; es la última pavada de mi vida probablemente; pero en un momento pensé a lo mejor podía hacer un servicio a Dios, y eso me hace falta; aunque a Dios, ninguna falta le hace.

— Pero ahora han nombrado Subsecretario de Cornamenta a Petrusso Buenantes, que es amigo suyo…

— Era

— ¿Ya no es?

— Cuando un amigo mío sube al Gobierno, y más a estos gobiernos de ahora, dejo de verlo, de hablarlo y de saludarlo; doy por seguro que se ha corrompido o se va a corromper. Lo que llaman «el Poder» entre nosotros es como un Antisacramento: ex opere operato produce Antigracia de Dios.

— NO EXAGERE

— Hace poco, un «amigo» mío subió al «Poder», y al poco rato compró un campo por 140 millones.

— Y, serían ahorros.

— Sí, ahorros ajenos.

Todos quieren hablar de política.

Todos preguntan: — ¿Cómo anda todo esto? ¿Qué piensa Ud.? ¿Qué opina Ud.?

Yo no opino nada, ¿quién soy yo para opinar? ¡Que opine Ulises Petite de Marat!

¿Por ventura soy yo el Rey de Copas? ¿Soy el Prefecto supremo de los Gremios Independientes? ¿Soy diputado tan siquiera, o candidato a diputado? ¿Soy jefe de Comité? ¿Soy locutor de Radio? ¿Soy editorialista de La Nación diario? ¿Cuándo me han visto votar tan siquiera? ¿En qué pulpería me han visto tomar whisky con Onganía? ¿No soy un puro medio-pelo, como dice Jauretche?

— Pero Ud. es filósofo.

— No tanto: para opinar desto no alcanza mi filosofía.

— Pero ¿la filosofía no se extiende a todo lo que es?

— Sí, pero a lo que no es, a lo que comienza a no ser… Las desintegraciones no se pueden definir hasta que acaban. Un cadáver no tiene nombre. Una pudrición no tiene definición. Si quieren les defina el régimen liberal, otros lo han hecho ya; y yo mismo, en un momento-descarrío y entusiasmo de mi corazón. Pero la descomposición del régimen liberal, eso no tiene nombre en ninguna lengua.

— Sí, pero ¿y su causa?

— Su causa es ella misma, la descomposición que se manifiesta. Yo espero a que esto acabe. Y como yo sé adónde tiene que acabar, me estoy quieto, sin cuidarme de andar anotando «síntomas».

El liberalismo entre nosotros no va más: esto parece ser ya verdad adquirida. Hasta los liberales empedernidos lo reconocen al inventarse nuevos nombres: como democracia, neoliberalismo, progresismo, desarrollismo, Occidente, Civilización Cristiana. Son los apodos de la descomposición.

Pero una cosa es saber que el régimen no anda; y otra, saber con qué se sustituye; y peor aún, sustituirlo.

Los nacionalistas aquí han fracasado. Fueron gobierno o pudieron serlo, y fracasaron, por culpa de quien sea. Si esperan que les van a traer el gobierno en una bandeja de … bayonetas, están en la luna.

No merecen empero ser tratados con desdén o ira: hicieron cosas grandes. Pero el obstáculo era mayor.

Algunos quedan en sus puestos actualmente, adoctrinando con eficacia y abnegación. Único camino restante. Lo positivo son los actos buenos («enseñar al que no sabe») que habemos hecho, y eso es lo que más importa.

Muchos nacionalistas han marcado una ruta ejemplar, D. Lautaro Durañona, Ramón Dolí, Scalabrini, los Ibarguren, Hans Oliver, Jacovella, y una montonera más.

Tienen buenas ideas… Sí, más o menos son las mías, poniendo lo que falta y sacando lo que sobra. Pero las ideas no son fuerzas. El francés ese que escribió «Las ideas fuerzas» no quería decir eso. Yo no sé lo que quería decir.

Las pasiones son fuerzas, y más todavía los instintos, y más aún la angurria de plata, que es un instinto aberrante, una especie de enfermedad. Son fuerzas ciegas. Las ideas no son ciegas, pero ellas solas no pueden ni apagar una vela.

Pero ¿no dicen que todo baja de la cabeza, que el hombre camina según sus ideas y que «las ideas no se matan»? Eso será en tu tierra, aquí, no.

Sin embargo, los que tienen buenas ideas, tienen buenos sentimientos, y los que tienen buenos sentimientos han vencido lo principal. Han poseído su vida. Alrededor gruñen contra ellos impotentes las Fuerzas Ciegas. La buena voluntad es —pertenece a la esfera divina.

El mundo está así, y nosotros no hemos hecho el mundo. El dueño del mundo… ¿Cuál es? Pareciera que hay dos.

Quizás lo único que pueda salvarnos sea lo de España. Unirnos, sólo la irrupción del comunismo salvaje, como un elefante enloquecido.

Delante de esta imagen, me veo forzado a cerrar los ojos. Quizá el punto decisivo esté en si se van a resignar o no los jóvenes de hoy al futuro con que nos amenaza la patria Antipatria, la Antipaterna. Corrompiéndolos, sí se resignarán. Y una gran parte de la enseñanza (en sentido amplio) es hoy un enorme Corruptorium.

Mas el milagro es posible, como dijo la curandera cuando le trajeron un perrito sin cabeza.

El desorden. Todos persiguen un fantasma vano y la forma de su dicha particular —olvidados de la muerte y del aburrimiento de la vida.

El Hombre no prevalece contra el poder que mantiene las cosas en su lugar. Fuera de su lugar, las cosas no pueden prevalecer. Pero pueden causar dolores inconcebibles.

Sin querer, me parece estoy hablando como el poeta de «Testadoro».

Mejor oigámoslo a él mismo:

TÊTE D’OR

TESTADORO. — ¿Para qué vivir? Me es igual vivir o no ser. Esto me hace mal.

¡Hoy día!

¡El día ha venido en que debo mostrar quién soy yo! ¡Yo existo!

¡Es preciso!

¡Solo! ¡Contra todos ellos! ¡Yo marcharé, hundiré la jeta de la bestialidad con mi puño armado!

¡Hablaré delante desta asamblea de roñosos y cobardes! ¡O he de morir, o establecer mí propio imperio!

(Va y apoya la cabeza contra el muro. Gran estrépito fuera. Golpeteo de puertas. Llamadas en las escaleras. Entran en masa en la sala un centenar de personas. EL TRIBUNO DEL PUEBLO con al lado tres o cuatro mujeres, rodeado de gente que lo toca o le estrecha la mano; a su lado el HOMBRE MEDIO con el gabán sobre el brazo, el PREFECTO SUPREMO, el BURGUÉS, y otros funcionarios; el HERMANO del REY entre ellos; y el Rey, de quien nadie hace atención. Entra después el OPOSITOR, que se mantiene aparte con tres o cuatro andrajosos. Nadie parece advertir la presencia de TESTADORO, aunque todos guardan de él cierta distancia).

EL TRIBUNO DEL PUEBLO (hablando y a las risotadas) — Y bien sí, soy yo, aquí estamos — Buen día, viejo — ¿Hé? — Buenos días — Embalados, empaquetados, así es como nosotros trabajamos — Oh, oh, oh — ¡Hermosa dama! — Buenos días — Así es, señor — Uf! — Salute a todos — ¡Háganme lugar, no soy tan chico!

EL OPOSITOR (en su grupo, febrilmente) — ¡Chancho!

¡Anda, anda! ¡Anda, querido! ¡Aprovecha tu momento! ¡Hum! ¡Ya veremos, ya veremos! (Se frota las manos).

¿Qué ha hecho en la caja de la Proveduría? ¿Y el chimento de los fusiles automáticos? Lo atacaré en la asamblea. ¡Ya veremos!

ALGUIEN (de su grupo, a media voz) — ¿Conoce la historia con la mujer del Prefecto Supremo? Él se había instalado allá con la mujer del Contador-Pagador. Y la otra hembra vino a sorprenderlos. Ha habido escenas.

UN SEÑOR (fuertemente, al Tribuno del Pueblo) — Señor, usté ha salvado al Estado. (Le estrecha la mano).

EL TRIBUNO DEL PUEBLO. — ¡No diga eso! ¡Yo amo a mi país, señor! (Muy alto) ¡yo no he desesperado de mi país! El pueblo es quien ha hecho todo.

EL SEÑOR — ¡Yo digo lo mismo que ha sido usté! ¡Usté ha organizado! No son los soldados que ganan las batallas. Usté ha organizado.

TODAS LAS MUJERES (a la vez) —¡Es cierto!

RUMOR (en la turba propagándose hasta la sala). — Es cierto.

EL HOMBRE MEDIO (muy excitado) —¡Toda la ciudad está en pie! ¡Todo el mundo grita por vos! ¡Es preciso que les hables desde el balcón! (Le habla en voz baja).

CLAMORES (fuera) —Totín! Totín! Totín! Totín! Totín! Totín! ¡Viva!

EL TRIBUNO DEL PUEBLO. —Anuncien que voy a hablar.

EL OPOSITOR. —¡Mírenlos! ¡No! ¡Su Excelencia el Prefecto Supremo! ¡Serio como un burro capado! ¿No saben que hace versos a escondidas?

EL TRIBUNO DEL PUEBLO (mostrando de reojo a Testadoro con la barbilla).— ¿Y?

EL PREFECTO SUPREMO (con autoridad) — No tenga miedo.

… Y ahora válgame Dios, me doy cuenta que si traduzco toda la escena central del 2° Acto de la 2ª Versión de Tête d’Or de Claudel, donde está la profecía acerca la Argentina, me lleva media revista y tengo que desplazar los artículos de Ordóñez, Jacovella, Fermín Chávez, que saben mucho más que yo de política —y que Claudel, si a mano viene.

Quédese para mañana.