Meditaciones para el Mes del Sagrado Corazón de Jesús

Extractadas del libro

AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”

Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.

Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús

DÍA 26

La amistad de los santos en el Corazón de Jesús

El docto y piadoso Lanspergio, en su prefacio sobre el libro de Santa Gertrudis, escribió estas palabras notables: “Gertrudis nos demuestra la exuberancia del amor del Corazón de Jesús que, en estos últimos tiempos, compadecido de la debilidad humana, quiere prodigarnos sus dones, sus santos y aun a Sí Mismo sin reservas”.

He aquí una de las riquezas más preciosas de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, según Santa Gertrudis. Por medio de esta devoción, Jesús nos da sus santos, con sus alabanzas y su amor, para glorificarlo, sus méritos y sus virtudes para santificarnos, su intercesión para ayudar a nuestro celo, con su amistad para consolarnos y regocijarnos.

Para que esta amistad sea más íntima y produzca más fruto, Jesús quiere que su Corazón Sagrado sea su fuente y su centro permanente. En este Corazón divino es donde Santa Gertrudis nos muestra la fuente de delicias, donde los santos vienen a saciarse y nos invitan a beber con ellos; es también como un altar sobre el cual los santos ofrecen los homenajes que rinden a Dios en nuestro nombre y las oraciones que le dirigen por nuestras necesidades. Este amoroso Corazón, por medio de sus dulces latidos, invita a los bienaventurados a reparar con Él, a dar gracias, a alabar a Dios por nosotros; y en retorno, les transmite nuestros votos, y supliendo nuestra debilidad, completa las alabanzas y acciones de gracias que queramos ofrecerles.

En todas partes Nuestro Señor se manifiesta a Santa Gertrudis acompañado de sus santos; la consuela con sus santos, y en todas partes también Gertrudis glorifica a Nuestro Señor con sus santos, trata de regocijarlo con sus santos. Ella se apropia de sus dones y méritos, lo mismo hace con los del Corazón de Jesús. Toda su ocupación parece consistir en buscar la cooperación de los Santos en todas nuestras acciones, en todos nuestros sacrificios, lo mismo que su apoyo en todas nuestras súplicas.

Esta amistad que Nuestro Señor quiere contraernos con sus santos, y de la cual su Corazón quiere ser el centro, constituye uno de los mayores recursos de nuestra debilidad, una de las riquezas más preciadas de nuestra pobreza, una de las alegrías más puras de nuestro destierro. Abramos nuestro corazón a esta amistad que la amada del Corazón de Jesús nos inculca de tantos modos; seamos amigos de los Santos, porque somos amigos del Sagrado Corazón, para que ellos nos hagan cada día más amigos del Sagrado Corazón. Desde el punto de vista del celo, formemos una alianza con los santos para que nos ayuden en la guerra que sostenemos contra el mundo, y que combatiendo con nosotros, nos hagan poderosos como el ejército en orden de batalla, del que nos hablan las Sagradas Escrituras, al cual se asegura el triunfo final.

Sobre la vida eucarística, que es especial para los amigos del Sagrado Corazón, seamos amigos de los santos para que nos ayuden a hacer la corte al Rey de reyes, a consolar y a regocijar al dulce Prisionero del Tabernáculo, a dar, desde aquí, al Dios escondido, el culto de amor y de alabanzas que le ofrecen en el cielo.

Invítémoslos a asistir a nuestras fiestas en el Lugar Santo, o mejor, roguémosles nos ayuden a festejar allí a Jesús de continuo; que cantemos con ellos el Aleluya del júbilo y el Amén de la alabanza, que hagan así de nuestros tabernáculos, un cielo anticipado, hasta que puedan recibir a sus amigos en los Tabernáculos eternos.

Pero veamos en detalle, en que consiste esta amistad, que el Corazón de Jesús quiere formar entre nosotros y sus Santos.

¿Qué es la santa amistad cuyo único foco es el Corazón de Jesús? Puede definirse según Sto. Tomás como: un amor recíproco fundado en la comunicación de los bienes sobrenaturales. Ahora bien, ¿Qué comunicación, qué cambio hay entre los santos y nosotros? ¿Qué nos dan ellos? ¿Qué les damos nosotros? El amigo del Sagrado Corazón lo da todo a los santos y los santos se lo dan todo (1); es la amistad en el grado más alto, así llegamos a ser, como el mismo Jesús, grandes amigos: maxime amicus (Sto. Tomás).

§ I. LOS AMIGOS DEL SAGRADO CORAZÓN LO DAN TODO A LOS SANTOS

Santa Gertrudis nos enseña de manera luminosa y consoladora, a tributar perfectamente a los Santos el culto de dulía sobre el altar del Corazón de Jesús, y uniéndonos a Jesús, Sacerdote y Víctima por excelencia.

Este culto puede reducirse a los cuatro fines del Sacrificio de la Misa:

1. La adoración de Dios en sus santos, y la alabanza dirigida a los mismos Santos;

2. La acción de gracias dada a Dios por sus santos, y a los mismos santos por las gracias alcanzadas;

3. La reparación ofrecida a Dios por sus santos;

4. La oración para aumentar la alegría y la gloria de los Santos.

1. Adoración y alabanza: Santa Gertrudis nos demuestra en particular, de qué modo los santos son honrados por la Sagrada Comunión (II, 174). El día de la fiesta de Santiago Apóstol, Santa Gertrudis se propuso ir a la “Sagrada Mesa” como haciendo la peregrinación en su honor; luego ofreció a Nuestro Señor Su Cuerpo adorable para aumentar algún grado la gloria y la alegría del ilustre Apóstol, a quién ella al momento vio venir a sentarse a su lado en la mesa del Salvador, dando a Dios grandes acciones de gracias por la ofrenda que Gertrudis hizo en su honor por medio de la Santa Comunión, y concluyó por dirigirle esta oración: «Señor, dignaos conceder en retorno a tu esposa, gracias superiores a las que jamás hayas otorgado a peregrino alguno, que haya venido a venerar mi tumba’.’

He aquí una mina inagotable de riquezas espirituales, un medio fácil de adquirir ante Dios el mérito de las peregrinaciones, que se estiman en la Iglesia, como un medio de honrar a los santos por el mismo Corazón de Jesús, que late en nuestro pecho en la santa comunión, un medio de aumentar la gloria y la alegría de estos seres amados de Dios. ¡Oh! ¡Qué dulce pensamiento! Nosotros, pequeñas criaturas, damos mayor gloria y mayor alegría a los amigos del Señor, a estos príncipes del cielo, cuya amistad nos honra tanto, y que se muestran tan agradecidos. ¡Qué gloria y que alegría para nosotros mismos!

2. Acción de gracias: En la fiesta de Todos los Santos, Gertrudis, que se preparaba para comulgar en su honor, admiraba y envidiaba en cierto modo, el brillo de las vestiduras que llevaban delante de Dios.

“Como la Santa se entristecía al verse ella desprovista de todo adorno, el Espíritu Santo le inspiró que diese gracias a Dios por todos aquellos que Él elevó a la dignidad sublime de la virginidad, y de pronto vio a su alma brillar con la blancura distintiva del coro de las Vírgenes; luego dio gracias a Dios por la santidad de los Confesores y de los Religiosos, y su alma también brilló con el color Jacinto que resplandecía en ellos; dio gracias también por los diversos Órdenes de los Santos, se revestía de los ornamentos que señalaban a cada uno de estos órdenes; al fin, al dar gracias por la universalidad de los amigos de Dios, vio su alma cubierta de un manto dorado. Se presentó al Señor, que regocijado de verla tan adornada, dijo a todos los Santos: ‘Ved a mi esposa, que viene hacia Mí, adornada con franjas de oro y decorada con toda variedad de adornos’. Luego, extendiendo su brazo, la hizo descansar sobre su Sagrado Corazón, porque la afluencia de delicias que la inundaban la hubiera hecho desfallecer.” (II, 221).

Vemos aún aquí la bella aplicación de uno de los principios de la espiritualidad de Santa Gertudis: cuando agradecemos a Dios las gracias que concedió a nuestros hermanos, en la confianza de que Él nos dará otro tanto, merecemos, en parte, recibir las mismas gracias.

3. Reparación: Santa Gertrudis, a estas palabras de la liturgia: Omne genu flectatur, etc., hacía una genuflexión en nombre de los habitantes del cielo, para reparar lo que los santos pudieran haber omitido en los homenajes rendidos a Dios durante su vida, y los santos le demostraban cuán felices eran por este complemento, dado a la gloria que ellos hubieran querido tributar al Señor.

Gertrudis, para reparar sus propias negligencias en el culto a los santos, usaba del Corazón de Jesús, que es el órgano perfecto de nuestra religión; y el Salvador alababa y daba gracias a los santos, en nombre de Gertrudis, con los más ardorosos sentimientos de amistad.

4. Oración: Una de las más dulces ocupaciones de Santa Gertrudis, era rogar por el aumento de la gloria y de la alegría de los santos, trabajar para procurarles el complemento de sus deseos, como lo expresa el Rev. Padre Fabro en su piadoso Memorial. Ya vimos algunas prácticas suyas sobre esto; añadamos solamente otro ejemplo bien persuasivo, en que vemos a Gertrudis recibir de todos, en el Corazón de Jesús, y por su medio dar a todos. «Un día (I, 253), en que se preparaba para la Santa Comunión, sintiendo vivamente su miseria, se dirigió a su dulcísimo Mediador para que se dignase presentarla Él mismo a Dios, su Padre. Jesús, acercándola a Su divino Corazón, la regó, como a un árbol todavía tierno, con la Sangre vivificadora que manaba de Su costado abierto, y después la presentó, con gran reverencia, a la Santísima Trinidad, que la recibió con un amor y una ternura inefables. Dios Padre unió a las ramas más elevadas de este árbol todo el fruto que ella hubiera podido producir si hubiera permanecido bajo la dependencia de su infinito Poder; Dios Hijo y Dios Espíritu Santo agregaron, también, a las otras ramas todo el fruto que ella hubiera podido llevar al recibir plenamente la influencia de la Sabiduría y de la Caridad divina. Habiendo comulgado, le pareció que echaba raíces en el Corazón de Jesús y que la Sangre del Salvador, pasando como una savia divina por todas sus ramas, la hacía producir maravillosos frutos, que el Rey del cielo hacía admirar a los habitantes de su corte. Este espectáculo les causaba una alegría indescriptible; ellos se levantaron todos, por respeto, y cada uno ofrecía sus méritos en forma de coronas que suspendieron en las ramas de este árbol, para la gloria de Aquél que, prodigando así las riquezas de Su Misericordia, les colmaba de nuevas delicias. Entonces Gertrudis rogó al Señor que se digne completar los frutos que ella hubiera debido producir para sus amigos del cielo, de la tierra y del Purgatorio; al momento, sus buenas obras, figuradas por los frutos del árbol, comenzaron a destilar un licor de una virtud extraordinaria, del cual, una parte, al caer sobre los habitantes del cielo, puso el colmo a sus alegrías; otra parte, destilando en el Purgatorio, endulzó las penas de las almas que allí están; y la tercera parte, derramándose sobre la tierra, aumentó en los justos las dulzuras de la gracia, y en los pecadores las amarguras de la penitencia”.

He aquí excelentes obras que podemos usar, nosotros también, para prepararnos a la santa Comunión, apropiándonos las riquezas de los santos; para unirnos más y más a los Santos, porque, especialmente en la santa Comunión, Jesús es el centro, entre ellos y nosotros; para aumentar las delicias y el amor de los Santos; para devolverles, en una palabra, todo lo que de ellos recibimos, duplicado por los méritos que añadirá el Corazón de Jesús en nosotros.

NOTA DEL AUTOR:

(1) No perdamos de vista, que sólo se trata de un aumento accidental de la felicidad de los Santos y, para nosotros, de una participación en sus méritos proporcionada a nuestra cooperación personal.