Extractadas del libro
“AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”
Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.
Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús
DÍA 20
La víctima del Corazón de Jesús, según Santa Gertrudis
Gertrudis, víctima de sufrimiento (I. 3) : «Mi Corazón se complace tanto en Gertrudis, decía Nuestro Señor a un alma santa, que a menudo cuando los demás Me ofenden, voy a buscar reposo en ella, afligiéndola con algún dolor en el cuerpo ó en el espíritu; ella acepta estas penas, en unión de Mi Pasión, con tanta gratitud, y las soporta con tanta paciencia y humildad, que Me apacigua al instante y Me obliga perdonar por amor a ella, a incontables pecadores”.
Gertrudis, Victima eucarística (III, 30): Jesús le hizo comprender un día, con estas palabras de Isaías: «Levántate, toma animo, Jerusalén «, la ventaja que la Iglesia militante recibe por la devoción de los elegidos, cuando por un alma amante que se vuelve a Dios con todo su corazón, con la perfecta voluntad de reparar en su honor, si fuera posible, todo el mal que han hecho a Nuestro Señor, y así tratar de apaciguarlo, por sus súplicas ardientes y caricias respetuosas, Jesús se apacigua de tal manera que perdona a todo el mundo.
Gertrudis, víctima de deseos (IV, 52): En el día de la Exaltación de la Santa Cruz, durante la elevación del cáliz, al ofrecer Gertrudis a Nuestro Señor los sufrimientos de la comunidad, Él le dijo: «Sí, Yo beberé, beberé este cáliz que el fervor de tus deseos llenó de tanta dulzura para Mí; lo beberé tantas veces como me los ofrezcas, hasta que me haya embriagado, para inclinarme favorablemente a tus ruegos”.
“¿Y cómo,” dijo ella: “¡Oh Señor, podemos ofrecértelos?”
“Tantas veces cuando formes en tu corazón el deseo de sufrir por mi Gloria todo lo que se puede sufrir hasta la hora de la muerte”.
Luego el Señor le enseñó a formular así este deseo: «Señor, para tu mayor gloria, haz concordar mi deseo con mis palabras; quisiera que todo el sufrimiento de deseos que un corazón humano haya jamás sentido por tu Amor desde el comienzo del mundo hasta el fin, venga a acumularse en mi corazón y allí permanezca hasta el día de mi muerte, a fin de que estos deseos te hagan encontrar en mi corazón un retiro más agradable, y que te compensen de la ingratitud de los hombres”.
REFLEXIONES
El amor se demuestra por el sacrificio, y el sacrificio realizado en el Corazón de Jesús exhala perfume de suavidad, no solamente para Dios que lo recibe, sino también para nosotros que lo ofrecemos, y para el prójimo que a él asiste. Así, la vida de sacrificio, o en otras palabras, la vida de Víctima, en unión con el Corazón de Jesús, es una vida toda de suavidad, y, en el sentido más verdadero, una vida de amor, de alegría, de paz. ¡Ojalá la comprendiésemos! ¡Ojalá pudiésemos, por la práctica y la experiencia, verla y gustarla: Gustate et videte quoniam suavis est!
1. La Víctima puede verse bajo tres puntos de vista distintos: el sufrimiento, que es el punto de vista personal; la sustitución, respecto a sus hermanos; la religión acerca de Dios.
Desde el punto de vista del sufrimiento, Santa Gertrudis parece que se limitó a la regla de su Orden, que era bastante austera, y a la gran regla del abandono a la Providencia. La regla de San Benito le proporcionaba bastantes ayunos, vigilias, trabajos y penitencias diversas para alimentar el fuego de su sacrificio; y la tan sabia y afectuosa Providencia de Jesús añadía a ellos, además de las mortificaciones que el atractivo de la gracia le pedía, enfermedades, trabajos y otras pruebas que activaron sus llamas. Para lo que podía faltar, la Santa encontraba el medio de suplirlo, y de llegar a tener ante Dios el mérito del sufrimiento de los santos que más sufrieron, por medio de las disposiciones que ya indicamos antes: el deseo, la unión, el abandono. He aquí lo que ella aprendió del Corazón de Jesús al respecto. ¿Quién de nosotros no puede aprender de ella esta ciencia de la Víctima del Sagrado Corazón, apropiarse estas disposiciones y entusiasmarse para rivalizar, en cierto modo, con los amantes más ardientes de la cruz?
Respecto a la sustitución, vemos en los pasajes antes citados, y podríamos añadirles otros, que Gertrudis estuvo constantemente a disposición de Nuestro Señor para inmolarse en lugar de sus hermanos, y obtener así el perdón. Sólo que lo más frecuente era que Nuestro Señor parecía contentarse con sufrimientos bastante ordinarios unidos a disposiciones extraordinarias que multiplicaban su mérito. O más bien, aplicándole la regla del Evangelio: Seréis medidos con la misma medida que has usado con los otros, lo mismo que Gertrudis se sustituía en lugar de sus hermanos para sufrir, Jesús quiso sustituirse, Él y sus Santos, en lugar de Gertrudis; de modo que la Santa pudiese apropiarse los sufrimientos del Salvador y de los Santos como si ella los hubiera soportado, y así sus sufrimientos más ligeros adquirirían un valor de satisfacción incomparable para ella y sus hermanos. En esto, ¿quién de nosotros no podrá esforzarse en hacer otro tanto? En esto no hay nada de triste ni aterrador. La vida de Víctima así entendida, ¿no es, pues, muy atractiva, toda llena de gracias y de frutos de salvación?
Por último, desde el punto de vista de la religión, Sta. Gertrudis es la Víctima por excelencia del Corazón de Jesús, que fue el perfecto religioso de su Padre. Ella no vive con Él más que la vida de religión: la alabanza, la acción de gracias, la oración, los deseos, la reparación, el culto, el oficio divino. Esta es toda su ocupación.
2. Así cumple ella perfectamente los cuatro fines de la vida de Víctima: adoración, acción de gracias, reparación, súplica. Estos cuatro actos cumplidos en unión con el Corazón de Jesús absorben toda su vida. Sin embargo, parece que la acción de gracias y la súplica dominan, porque Gertrudis es un alma eucarística y la vida del Corazón Eucarístico de Jesús se manifiesta principalmente en la acción de gracias y la oración.
3. En la vida de Víctima se distinguen además cuatro fases:
la oblación, por la cuál la Víctima se ofrece a Dios;
la inmolación, por la cuál es sacrificada a Dios;
la combustión por la cuál es purificada, transformada, santificada;
la comunión, por la cuál Dios se une a ella y se sirve de ella para unirse a los hombres.
Estas cuatro fases se encuentran en la vida de Santa Gertrudis como en la vida de Nuestro Señor, pero puede decirse que es la última, la comunión, la que ocupa más distinguido lugar, como en la vida del Corazón Eucarístico de Jesús.
La oblación y la inmolación han sido ejecutadas por la voluntad más generosa; la transformación por el fuego del amor se va obrando siempre con mayor perfección; pero sobre todo la comunión es la que encuentra su práctica; la comunión con Jesús, por la unidad de corazón y de vida; la comunión con los santos, por la más íntima caridad; la comunión con las almas, por el más abnegado celo.
4. Finalmente, en la vida de Víctima pueden considerarse dos formas diferentes: la Víctima del Calvario y la Víctima eucarística.
Parece que la víctima del Sagrado Corazón debe adoptar en particular la segunda de estas formas, pues Nuestro Señor nos manifestó su Corazón divino especialmente en la Eucaristía y bajo la forma de su vida eucarística, como diciéndonos que la forma eucarística es un estado más permanente (1) y más ordinario, el estado al cuál Él llama con preferencia a la víctima de su Sagrado Corazón en estos últimos tiempos del mundo en que la Iglesia todavía parece esperar un tiempo de consuelo en una suprema efusión de espíritu eucarístico.
Esta segunda forma, sobre todo, se manifiesta en la vida de Santa Gertrudis, y puede enseñarnos que si la virtud más señalada de la Víctima del Calvario, es la paciencia, la de la Víctima eucarística es más bien la humildad; si la Víctima del Calvario demuestra más generosidad, la Víctima eucarística se distingue más bien por el abandono; si la Víctima del Calvario reproduce con mayor perfección la vida dolorosa del Salvador, la Víctima eucarística imita mejor la vida de Jesús en el santo Tabernáculo, vida toda de alabanza, de oración y de amor.
Tal ha sido la vida de Santa Gertrudis, y por eso, nos parece que es un modelo más accesible para nosotros; así nos conduce ella con más suavidad y mayor seguridad al Corazón de Jesús.
CONCLUSIÓN PRÁCTICA
Los diversos puntos que acabamos de exponer presentan en sí excelentes aplicaciones para practicar.
NOTA DEL AUTOR:
1) Sic eum volo manere donec veniam, dice Jesús sobre S. Juan Evangelista, quien es el tipo de víctima eucarística del Sagrado Corazón.

