Extractadas del libro
“AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”
Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.
Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús
DIA 18
El alma consoladora del Corazón de Jesús según Santa Gertrudis
Consolatorem me quaesivi; Jesús busca consoladores, sobre todo para los dolores íntimos de su Corazón, que está tan afligido; pide que se derrame el bálsamo sobre las heridas de su Corazón, que son, con toda verdad, sus más crueles heridas, porque le fueron hechas en casa de aquellos que le amaban, en el santuario de su Templo. Los demás, nos dice, se han contentado con herirme en mi espalda, pero mis amigos, o, por lo menos, aquellos que debieran serlo, aquellos que me estaban consagrados, hirieron mí Corazón; me hirieron en el Sacramento mismo del Amor, en el altar, en la Santa Misa, en el tabernáculo.
¡Oh Corazón Eucarístico de Jesús, cuál será tu dolor! ¿Quién sabrá compartirle de lleno, quien encontrará un consuelo igual a tus sufrimientos ocultos? Solamente el alma eucarística podrá comprender los dolores de Jesús en la Eucaristía. Jesús, además, se los revelará en esta intimidad de la vida de adoración, se los confiará como a un muy buen amigo, se los hará sentir por una viva compasión. Le hará encontrar los consuelos propios para endulzarlos, le enseñará, en fin, a cumplir la tarea, hoy tan necesaria, de la reparación, y a hacer descender la Misericordia sobre sus hermanos culpables.
§ 1. EL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS
ES ESPECIALMENTE A QUIÉN ES PRECISO CONSOLAR
Acabamos de decirlo, pero para mayor claridad, desarrollemos este principio: que los sufrimientos del Corazón Eucarístico de Jesús son la renovación de los más íntimos y más crueles dolores de su Pasión, y además, su continuación y en todo tiempo y en todo lugar.
El dolor más íntimo y cruel de la Pasión de Jesús, lo encontramos en el Huerto de la agonía, donde se manifiesta por el terrible sudor de Sangre y las palabras de desolación suprema que salieron del Salvador. Estos dolores fueron:
1. El Cáliz de la justa cólera de su Padre, que debía beber hasta las heces;
2. Por Sí mismo, la aprensión y el pavor causados a la vista de tantos sufrimientos que debía soportar en su Pasión, desde luego, y enseguida en su vida eucarística;
3. En sus miembros místicos, el peso de tantos crímenes horribles, que pesaban todos sobre Él, como si hubiera sido culpable, a causa de su unión con nosotros; el sentimiento de la ingratitud de los hombres que no corresponderían a su Amor más que con nuevos ultrajes; y más que todo, el pensamiento de que un gran número se perderían a pesar de su Pasión, y aún con ocasión de su Pasión.
Luego, esta agonía es la que se renueva y perpetúa sobre todos los altares:
1. Jesús viene allí a beber de nuevo hasta las heces, el cáliz de la cólera de su Padre, que es sin cesar irritado por los crímenes del mundo, y cuyas venganzas es preciso detener sin cesar;
2. Jesús viene á unirse a esos hombres sacrílegos para llevar, de modo más íntimo, el peso de sus pecados, pues está obligado a soportar todos sus más odiosos y e innobles tratamientos, y así es como se cometen las iniquidades más monstruosas, que caen directamente sobre Él. De este modo la ingratitud de ellos se muestra tanto más negra, cuanto su amor es más tierno hacia ellos. De este modo también, este amor llega a ser la más terrible ocasión de endurecimiento y reprobación para aquellos de quien había hecho, no obstante, sus amigos de corazón. ¿Quién expresará ahora cuán herido, desgarrado, anonadado se halla el Corazón de Jesús bajo el peso del dolor?! Y esta agonía, como decíamos, se renueva para Él en todos los tiempos y lugares. Las horribles agonías del Corazón de Jesús se multiplican tantas veces como los días en que se ofrece el Santo Sacrificio, tantas veces como hay sitios donde se erigió un altar, nuevo Calvario para la Víctima eucarística. Cuenta, si puedes, y mira si hay dolor como el del Corazón de Jesús en la Eucaristía: videte si est dolor sicut dolor meus!
Es al Corazón Eucarístico de Jesús a quien especialmente el alma amante deberá tratar de consolar. Es preciso que multiplique sus consuelos según la multitud de dolores de este Corazón tan amable: secundum multitudinem dolorum meorum in Corde meo consolationes tuae laetificaverunt animan meam. Es preciso que, por medio de las obras de su amor, haga estos consuelos universales y perpetuos (1); deber que deseamos ayudarle a llenar, según los medios de Santa Gertrudis, según los medios que el mismo Salvador enseñó.
Indiquemos de modo general, diversas formas universales que pueden tener todas las obras propuestas:
1. Por la unión en el altar (2), proponemos seguir a Jesús en todos los lugares donde Su Corazón Eucarístico sufrirá a fin de hacerle compañía y estar donde sea que Él sufra, para consolarlo. El sacerdote, en especial, puede proponerse este oficio de consolador, que le conviene más que a nadie, porque él es el hombre de la Eucaristía, puede llenarlo de un modo universal y perpetuo, considerándose como «teniendo todo el universo como parroquia», como Santa Brígida aconsejaba a un santo sacerdote de su tiempo, y que el beato Padre Fabro practicaba; y en virtud de este cargo, se aplicará a cuidar y consolar a Jesús en todos sus tabernáculos.
2. Podemos emplear enseguida, la forma de la adoración universal y perpetua al pie de todos los sagrarios; de la misa universal y perpetua al pie de todos los altares; de la comunión universal y perpetua por medio de Jesús Eucaristía con todas las almas que comulgan, y en las cuales entramos con Él, para amarlas con Él y amarlo a Él, para consolarlas con Él y consolarlo con ellas o por ellas.
¡Qué felicidad, qué alegría de ser como el caritativo samaritano para con Jesús, nuestra dulcísima Víctima, de velar cerca de Él, de consolar su Corazón, de derramar sobre sus Llagas el aceite y el vino, el aceite de la misericordia y el vino de nuestro amor! Damos, de este modo, a Jesús aquello que ahora más necesita, aquello que su Corazón reclama con más instancia.
Oigamos el llamado que nos dirige desde el fondo de su tabernáculo, que hizo muchas veces a sus santos:
«Protégeme contra el furor de mis enemigos; guárdame en tu corazón para consolar mi Corazón que está afligido! Que tu amor sea bálsamo para mis heridas; tu amor me hará olvidar los crímenes de los hombres, porque soy más sensible al amor que a la ofensa. Sé víctima Conmigo por estos crueles que tanto me hacen sufrir y que mi Corazón no cesa de amar. Vive Conmigo en una inmolación continua, por ellos; no me rehúses nada para hacer triunfar mi Misericordia y salvar a estas almas; consiente aún en sufrir sin consuelo, a fin de consolar más eficazmente mi Corazón. Estáte siempre en mi Presencia para pedirme perdón, para reparar tantos ultrajes con que no cesan de oprimirme”
Cuando Jesús nos vea asiduos en la práctica de la reparación, de la adoración perpetua, de la adoración nocturna, de la comunión reparadora, etc., nos dirá también lo dicho a sus santos:
«Me regocijé, amada alma, cuando te vi venir hacia Mí. Quiero consolarme contigo, quiero contarte lo que me causa más pena, lo que con más crueldad desgarra mi Corazón: son las injurias que recibo en mi Sacramento de amor, los crímenes de estos nuevos Judas, que Yo hice mis amigos, y que me tratan ahora como al más cruel de los enemigos. La cólera de mi Padre estallará contra ellos; ya no puede soportar el peso. Ayúdame con tus reparaciones, pues mi Corazón siempre ama a los ingratos y quisiera salvarlos. Mi Corazón te será verdaderamente reconocido cuando vengas a consolarme en el mismo lugar donde me hacen sufrir tanto, y, a su vez, el Amigo de la Eucaristía te inundará de sus consuelos”.
NOTAS DEL AUTOR:
1) Las expresiones «universal”, “perpetuo», se comprenden en el sentido de un piadoso deseo, como en la oración «Alabado, adorado, amado sea el Corazón Eucarístico de Jesús, en todo momento, en todos los tabernáculos «. Los deseos tienen un gran valor para Nuestro Señor, como lo demuestra a Sta. Gertrudis.
(2) La práctica de la Unión en el altar.

