Meditaciones para el Mes del Sagrado Corazón de Jesús

Extractadas del libro

AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”

Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.

Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús

DÍA 11

Vida de abandono confiado al Sagrado Corazón de Jesús

Escribimos un capítulo especial para la Vida de abandono al Sagrado Corazón de Jesús como para la Vida de deseos, porque el abandono es, me atrevo a decir, la principal virtud de los amigos del Sagrado Corazón, es la forma especial de la espiritualidad de Santa Gertrudis (1), y la práctica que Nuestro Señor parece pedir con más instancias a las almas débiles de nuestro siglo. Por el abandono, les abre una puerta para hacerlas entrar en todo su poder; les abre los tesoros de su Corazón, que se encarga de suplir por todos los defectos del alma abandonada y de completar todas sus obras; hace de ellas instrumentos dóciles que no pondrán obstáculos a la acción exclusiva de Dios y le dejarán fielmente la gloria de todo.

¡Si pudiéramos por efecto de las súplicas de Santa Gertrudis, por efecto de la gracia especial prometida a los amigos del Sagrado Corazón, sentir vivamente esta infinita ternura del Corazón de Jesús que nos invita a la confianza! ¡Si pudiésemos sin temor, sin reserva, sin retorno, abandonarnos amorosamente a Aquél que quiere ser nuestro poder, nuestra sabiduría y nuestro amor!

Principios del abandono confiado en el Sagrado Corazón de Jesús (2)

Meditemos, desde luego, los principios que Nuestro Señor inculca a este respecto, a la discípula amada de su Corazón. Pueden reducirse a dos:

1° PRINCIPIO: La confianza sola puede muy fácil obtenerlo todo. La confianza fue para Santa Gertrudis el principio de todas las gracias: «Ella atribuía todas las gracias que recibió a su sola confianza.» Por ello, invita a los amigos del Corazón de Jesús a poner en Él una confianza ilimitada para recibir gracias ilimitadas. (I. 10).

“Un día en que pedía a Nuestro Señor la salvación de un número prodigioso de almas pecadoras, sin atreverse a decir de almas en estado de reprobación, el Salvador le dirigió un dulce reproche porque poniendo límites a su confianza, limitaba también la Misericordia divina; cuando formuló su oración según la Misericordia sin límites del Corazón de Jesús, como preguntara qué debería hacer para lograr esta gracia prodigiosa, Nuestro Señor le respondió: ‘La confianza sola puede fácilmente obtenerlo todo’. Y concedió todo lo que la confianza de Gertrudis había esperado de su Bondad« (3) (III. 9.)

«Es imposible, repite muchas veces Santa Matilde, es imposible que el hombre no obtenga todo lo que creía y esperaba obtener».

«Por esto, agrega Ntro. Señor inculcándole este principio (S. M. 239), me causa gran placer que los hombres esperen de Mí grandes cosas, y les concederé siempre más de lo que esperan» (4)

2° PRINCIPIO: Por el abandono confiado, el alma merece que Jesús supla, por ella en todo.

«¿Acaso no crees que soy lo suficientemente rico, dijo Nuestro Señor a Santa Matilde, para poder pagar todas tus deudas?”

Sí, Señor, tengo confianza en Tí para todo.”

He aquí, pues, que yo ofrezco a Dios mi Padre, los años de mí infancia para suplir lo que tú no podías hacer en tus primeros años; los trabajos de mi adolescencia por las negligencias de tu juventud; mis últimos años y mi Pasión por las faltas y omisiones de toda tu vida: de este modo, Yo quiero que tu vida entera reciba en Mí y por Mí su suplemento y perfección» (I. 31).

He aquí la interpretación más conmovedora de esta palabra de nuestros santos Libros: Complevit labores illius. ¡Oh ternura!, oh liberalidad del Corazón de Jesús, nuestro amigo. Quiere completar Él mismo nuestras obras y dar a nuestra vida su última perfección. Lo anhela ardientemente y será una viva alegría para Él, pues en esto se encuentra el triunfo de su Amor y la gloria de su Misericordia. Lo único que pide de nosotros, respecto a esto, es que confiemos en Él, que nos abandonemos a su Bondad y le dejemos obrar. ¡Oh!, sí, ahora y siempre, en todo y por todo, confianza y abandono en el Corazón de Jesús, para que se digne terminar nuestra tarea y hacer plena y perfecta la medida de gloria y de consuelo que espera de nosotros!

Tres lecciones del Corazón de Jesús a Santa Gertrudis respecto al abandono confiado

1. «Un día que Santa Gertrudis, en la oración, se sentía muy abatida y desanimada, Nuestro Señor le inspiró por su Misericordia, una gran confianza en su Corazón divino, e invitándola a presentarse ante Él como Esther delante de Asuero, le dirigió estas palabras: «¿Qué ordenas, mi Soberana?»

La Santa respondió: «Pido, Señor, que tu amabilísima Voluntad se cumpla plenamente en mí»

Entonces el Salvador, nombrándole una tras otra las personas que se encomendaron a sus oraciones, dijo: ¿Qué me pides para esta alma, y ​​para esta otra y ​​para aquella que reclama muy en especial tus oraciones?

Gertrudis responde: «Solo pido, Señor, que tu Voluntad se cumpla perfectamente en ellas. Todos mis deseos y todas mis delicias consisten en ver tu Voluntad plenamente satisfecha en mí y en todas tus criaturas»

Continuó Jesús: «Mi Corazón está tan conmovido por el abandono confiado de tu corazón a mi santa Voluntad, que quiere suplir Él mismo a todo lo que en tu vida pasada hubiera faltado para esta disposición, y te amará en adelante como si toda tu vida hubieses estado conforme a mi Voluntad « (III, II).

No deseemos, nosotros tampoco, más que el cumplimiento de la Voluntad de Dios, en nosotros mismos como en los otros, en nuestros asuntos privados y en los asuntos de la Iglesia, en nuestras obras de celo y en todo lo que nos sea más querido. Esperemos con confianza obtener, por nuestra fidelidad al abandono, una misericordia semejante a la que obtuvo Santa Gertrudis del Corazón de Jesús, a saber, que Él mismo se digne reparar todo lo que hasta ahora nos ha faltado a este respecto, de modo que acepte todas nuestras súplicas pasadas, como si hubiesen sido enteramente conformes a su Santa Voluntad, todas nuestras acciones pasadas, como si hubieran sido hechas únicamente para cumplir su Voluntad, todas nuestras penas pasadas como si hubieran sido aceptadas con perfecta resignación.

2. – «Una noche en que Gertrudis sufría de fiebre, más de lo normal, deseaba saber si su mal empeoraba o mejoraba. El Señor se le manifestó llevando en su mano derecha la salud y en la izquierda la enfermedad. Le presentó sus manos para que eligiera lo que prefería. Ella, sin embargo, alejando ambas manos del Salvador, se inclinó hacia su Corazón dulcísimo, en el cuál ella sabía que reside la plenitud de todo bien, y respondió: «Señor, no elijo nada, no quiero sino la Voluntad de tu Corazón».

Entonces Jesús, haciendo brotar de su Corazón, como una fuente de gracias, la hizo correr por el corazón de Gertrudis diciendo: «Porque renuncias a tu propia voluntad para abandonarla por completo a la mía, Yo derramo en tí, toda la dulzura y toda la alegría de mi Corazón divino» (III, 53).

¡Qué ejemplo tan instructivo y alentador! No elijamos nada, no pidamos nada: abandonémonos con toda confianza a la Voluntad tan sabia y excelente de nuestro único amigo; Él elegirá para nosotros lo mejor y nos colmará con la dulce alegría de su Corazón, pues no puede haber mayor alegría para una criatura, que servir según la Voluntad de su Creador, que ser dirigida por esta Voluntad amabilísima y descansar enteramente en su Providencia.

3.- «Un año, en la fiesta de la Circuncisión, Gertrudis pidió al Señor regalos espirituales para las personas de su comunidad y Jesús le respondió:

Si alguno quiere renunciar generosamente a su voluntad propia, para no buscar en todo más que mi sola Voluntad, mi divino Corazón le iluminará con una luz viva para conocer mis deseos. Le haré ver en qué ha faltado a su Regla, que es la expresión de mi Voluntad, y repararé con él todas sus faltas. Como un maestro benévolo que instruye a un niño tiernamente amado, le haré reposar sobre mi Corazón, y le mostraré dulcemente las faltas que ha cometido. Le corregiré así con bondad lo que hizo mal y supliré por lo que ha descuidado. Y si, como un niño distraído, pasara por alto varios puntos sin prestar atención, Yo prestaré atención por él y supliré por lo que haya omitido. Este es el regalo más glorioso para Mí, que Yo pueda dar a estas almas, a saber, el deseo de complacerme en todo y el abandono confiado a mi Corazón divino. Haré que encuentren, con la reparación de todas sus faltas en el último año transcurrido, la luz y la fuerza para conformarse enteramente con mi Voluntad, en adelante» (IV, 5).

Apliquémonos esta enseñanza tan luminosa y consoladora, no deseemos otra cosa que agradar al Corazón de Jesús, y luego pidámosle con confianza que lo repare todo por nosotros, nuestras faltas, negligencias y omisiones. Por medio de este abandono obtendremos que todos nuestros años de Religión tengan ante Él, el mismo valor como si hubiésemos observado nuestra Regla, ya que Él suplirá con Misericordia lo que nos falte.

Lo mismo puede decirse de toda tarea que nos señale la Providencia y que deseamos llevar a cabo perfectamente. El mejor medio de lograrlo será siempre el abandono confiado a su Misericordia.

CONCLUSIÓN PRÁCTICA

Santo Tomás dijo: «Fiducia est spes roborata ex aliqua convictione, v. g. Deum esse meum amicum…». La confianza, pues, es el fruto de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ya que esta devoción nos hace necesariamente amigos suyos de corazón.

He aquí como podemos alcanzar, por grados sucesivos, toda la confianza que Nuestro Señor espera de nosotros:

I. VIRTUD DE CONFIANZA: Puede tener diversas medidas progresivas:

A. La Fe: Dios mío, confío en Ti para obtener la gracia y la gloria tanto como la fe me lo enseña.

B. Las circunstancias providenciales: Tengo confianza en Tí, tanto como demuestras desearlo por estas circunstancias providenciales; por ejemplo, al imponerme este cargo, quieres que confíe en Tí para desempeñarlo; enviándome esta compañía edificante, quieres que confíe en Ti para aprovecharla, etc.

C. El atractivo de la gracia: Confío en Ti tanto como tu gracia me invita a hacerlo; por ejemplo, esta mañana en la Santa Comunión, me has invitado a progresar en la humildad; confío plenamente en Ti, sabiendo que «aquél que ha comenzado en Mí, consumará».

D. La voluntad de Dios: Quiero confiar en Ti, tanto como quieras.

E. El progreso indefinido en la confianza: Aumenta en mí, sin cesar, la fe y la confianza.

lI. DON DE CONFIANZA: Señor, otórgame para Tu Gloria, este don especial de confianza que está sobre toda virtud, que es el regalo más dulce que puedes hacer a tus amigos de corazón.

La virtud es, en parte, el resultado de nuestros esfuerzos; el don proviene puramente de Dios, y Santa Gertrudis atribuye sus gracias al don de la confianza más que a la virtud.

III. ESTADO DE CONFIANZA: Señor, colócame muy particularmente en el estado de confianza, que es el más glorioso para Tí y el más útil para tu Iglesia.

Este estado comprende tres disposiciones:

1. El Amor puro: No quiero sino a Dios solo; me olvido completamente de mí mismo;

2. El abandono puro: Me abandono enteramente a Dios para que haga de mí todo lo que quiera.

3. La pura confianza: por lo tanto, tengo plena confianza en Él, puesto que se trata de Él, como fin y como medio, y que yo mismo desaparezco por completo: Él no puede faltarse a Sí mismo.

Así se obtiene esta medida de confianza, a la cuál nada falta y que glorifica plenamente al Corazón de Jesús, cumpliendo en nosotros y por nosotros sus designios de Misericordia suprema.

NOTAS DEL AUTOR:

(1) El Corazón de Jesús, dicen los Benedictinos, traductores de Santa Gertrudis (Pref. P. XXI), «revela a Santa Gertrudis su infinita Misericordia y le inspira una confianza ilimitada, que es como un don especial, una forma de la espiritualidad gertrudiana».

(2) Nos referimos aquí a la confianza inspirada por la gracia y medida con la Voluntad de Dios. Recordemos que la eficacia atribuida a la confianza, al deseo ó a la unión, no debe entenderse de modo absoluto, sólo de manera proporcional a estas disposiciones y a nuestra cooperación. Alejemos cualquier ilusión presuntuosa.

(3) Otra característica sorprendente: Santa Gertrudis atribuía también a la confianza prodigiosa de San Juan, el discípulo amado del Corazón de Jesús, las gracias prodigiosas que él había recibido de su Amigo divino, en particular la de haber sido llamado a Él, sin sentir los horrores de la muerte y de haber ya introducido su cuerpo virginal en la gloria del cielo. La santa atribuía al principio, estos favores a la virginidad de San Juan y al martirio de compasión que sufrió al pie de la Cruz; pero Jesucristo le dijo que Él se las había otorgado para recompensar la confianza firme con que las había esperado de su ternura «ilimitada». El amor que le había inspirado esta santa audacia mereció verse coronado de éxito.

(4) Nuestro Señor agrega: «A aquél que tenga hacia Mí esta confianza de amigos, le daré un corazón reconocido, un corazón amante, un corazón lleno de mi eterna alabanza». ¡Que promesa llena de gracia y de consuelo!