Extractadas del libro
“AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”
Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.
Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús
DÍA 9
Los caminos fáciles del amor divino por la devoción al Sagrado Corazón,
según Santa Gertrudis
(Continuación)
Ahora no es difícil dejar en claro que Santa Gertrudis reduce toda la santificación a estos tres medios tan fáciles y alentadores: el deseo, la unión, el abandono. Ya hemos dado varias pruebas de esto y tendremos aún la oportunidad de agregar otras nuevas. Por ejemplo, con respecto a los deseos, una santa alma, al ver cuán amada es Gertrudis por el Señor, preguntó a Jesús la causa: “Es, responde el Salvador, a causa de las muchas virtudes con que la enriquecí; en particular, a causa de esa caridad que le hace desear la salvación de todos los hombres por mi gloria, y a causa de esa fidelidad que la incita a consagrar todos sus bienes sin reserva a la salvación del universo entero”.
Jesús, para mostrarle que realiza y completa sus deseos, le hace escribir por medio de un alma santa estas palabras de consuelo: «Tu alma da a tu Amado el ciento por uno, por los deseos que concibe para sí misma y para el prójimo. El Señor Jesús suple la impotencia de tus deseos; rinde a Dios Padre las alabanzas que quisieras darle por ti misma y por los demás, y completa así tu trabajo, de modo que no falte nada”.
Vemos así cómo el alma de deseos puede verlos realizados por el Corazón de Jesús, no sólo con respecto a su santificación personal, sino también en los votos que su celo le inspire hacer por la Iglesia y por la salvación de las almas.
Sé bien que no podemos apropiarnos de los favores muy especiales otorgados a Santa Gertrudis, sino en proporción de nuestras disposiciones; precisamente de estas disposiciones trataremos en este capítulo; y cuanto más perfectas sean en nosotros estas disposiciones, el resultado será similar al de nuestra Santa.
Respecto a la unión, hemos visto cómo Gertrudis se apropia por medio de ella, de los méritos de Jesús. También se apropia los méritos de los santos:
«Un día que debía comulgar (I, 249), sintiéndose mal preparada, rogó a la bienaventurada Virgen y a todos los santos que ofrecieran por ella a Dios todas las buenas disposiciones, que ellos hubieran tenido para recibir sus gracias. También rogó a Nuestro Señor que ofreciera por ella la disposición perfecta, que Él había tenido, el día de la Ascensión, al presentarse ante su Padre. Luego, pasado un tiempo, como se esforzaba en comprender lo que había ganado con esta solicitud, Jesús le dijo: ‘Lo que has ganado es comparecer a la vista de los habitantes del cielo con todos los santos ha quienes has rogado’.
Y el Señor agregó:‘¿Por qué desconfiarías de Mí que soy el Señor Todo Poderoso y tu Bienhechor? ¿No puedo yo hacer lo que hace un amigo sobre la tierra cuando reviste a su amigo de sus propios ornamentos para hacerlo aparecer con la misma pompa con la que él brilla?’.”
Del mismo modo se apropiaba los méritos del prójimo. Un día en que sus Hermanas hacían ejercicios particulares por las almas del Purgatorio, Jesús le dijo: «Y tú, ¿qué me darás para aumentar mis liberalidades hacia estas almas que sufren?»
Gertrudis respondió: «Te ofrezco todo el bien de mis hermanas que me apropio por completo en virtud de la unión que con ellas me has dado por tu caridad”.
Jesús le hizo comprender que había aceptado completamente su ofrenda.
En fin, respecto al sufrimiento, la disposición del abandono es sobre todo la que Jesús pide a Santa Gertrudis. Quiere que «encuentre amables» las disposiciones más mortificantes de su Providencia; quiere que Gertrudis le permita descansar en las fatigas que Él le envíe; que se abandone a Él en sus enfermedades, en las persecuciones, en las pruebas interiores, en una palabra, en todos los sufrimientos. Pero también, si Gertrudis pide expresamente sufrir más, Jesús le indica que la disposición que más desea de ella es el abandono a su Voluntad, de modo que ella no elija nada por sí misma, ni consolación ni sufrimiento, pero que se abandone por completo a la Voluntad divina en el trabajo o en el alivio; en el dolor o la alegría.
Estas disposiciones tan saludables, Gertrudis las bebió en el Corazón de Jesús. El Corazón de Jesús, lo hemos dicho, es todo deseo, es también el centro de la unión y el lugar de reposo del abandono. El Corazón de Jesús es quien debe comunicarnos todos los sentimientos que santifican nuestras obras, hoc sentite; el Corazón de Jesús es quien nos une a nuestros hermanos, lo mismo que el corazón humano une entre sí a los diversos miembros del cuerpo, haciendo circular la vida del uno al otro y adaptando al bien de todos, los medios de vida que cada uno proporciona. Especialmente en la Santa Comunión, que es el sacramento de la unión (1), el Corazón de Jesús nos une a Sí y entre nosotros, y si nos consagramos plenamente a esta unión, podemos apropiarnos los diversos bienes de los santos y de nuestros hermanos de la tierra.
En fin, los sentimientos del Corazón de Jesús sobre el sufrimiento se reduce al abandono: el abandono por amor, el abandono filial, el abandono completo.
El abandono por amor le hizo decir cuando entra al mundo: «Aquí estoy, oh Dios mío, para inmolarme en lugar de las antiguas víctimas, según tu voluntad; ésta reina en Mi Corazón y será toda mi ley».
Por abandono filial dijo en el Jardín de la Agonía: «Hágase tu voluntad, oh Padre mío, y no la Mía, en toda esta Pasión tan dolorosa que se presenta ante Mí.”
Por abandono completo dijo sobre la Cruz, al terminar su sacrificio: «Padre mío, todo está consumado; en tus manos encomiendo mi Espíritu; dispón de todos mis sufrimientos y de Mí mismo todo entero, según tus designios y para la consumación de tu obra”.
CONCLUSIÓN PRÁCTICA
Se reduce a los tres puntos principales que indicamos en nuestra reflexión: el deseo, la unión, el abandono.
NOTAS DEL AUTOR:
(1) Sacramentum Unitatis ecclesisiasticae (Sto. Tomás).

