DOMINGO INFRAOCTAVA DEL SAGRADO CORAZÓN
Tercero de Pentecostés
Epístola, I San Pedro, V: 6-11: Carísimos: Humillaos bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os ensalce en el tiempo de la visitación; descargando en Él toda vuestra preocupación, porque Él se cuida de vosotros. Sed sobrios, y vigilad; porque vuestro adversario, el diablo, ronda en torno vuestro, como un león rugiente, buscando a quien devorar; resistidle fuertes en la fe, sabiendo que la misma tribulación aflige a vuestros hermanos que están en el mundo. Pero el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de haceros padecer un poco, Él mismo os perfeccionará, os confirmará y os consolidará. A Él sean la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
La Epístola de este Domingo, Infraoctava del Sagrado Corazón y Tercero de Pentecostés, está tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pedro, y trae, luego de una exhortación al abandono en la divina Providencia, una seria advertencia apostólica, siempre actual…, más actual incluso que en los tiempos de la Iglesia Primitiva: Sed sobrios, y vigilad; porque vuestro adversario, el diablo, ronda en torno vuestro, como un león rugiente, buscando a quien devorar.
En efecto, esta confianza constituiría una falsa seguridad si el cristiano no se mantiene vigilante. Para el cristiano no hay un solo momento que no sea de peligro, pues el adversario no duerme. Y si el centinela no está alerta, podrá ser sorprendido fácilmente por el enemigo, que se lanzará sobre él como león rugiente.
El enemigo del cristiano es el diablo que, como león, anda rondando buscando a quién devorar. En el Apocalipsis, el demonio es presentado como «el dragón grande, la antigua serpiente, llamada diablo y Satanás, que extravía a toda la redondez de la tierra». En la parábola de la cizaña, el demonio se identifica con el enemigo, que de noche siembra la mala hierba entre el trigo bueno.
Ante estos peligros, el cristiano ha de resistir al demonio armado con la fortaleza de la fe que, como escudo invencible, le defenderá contra los más violentos asaltos.
+++
Me parece muy importante resumir la enseñanza de Monseñor Cristiani en su famoso libro, también siempre actual, Presencia de Satán en el mundo moderno. De allí extraigo lo que sigue:
Las posesiones y otros hechos espectaculares no son lo esencial de la acción del Demonio entre los hombres. El hecho de la presencia de Satán en las instituciones, en las costumbres, en la vida humana, individual, familiar, nacional e internacional, es una cosa mucho más vasta, más grave, más temible para todos nosotros que sus posesiones.
El Ritual no nos ofrece exorcismos para las naciones ni para la humanidad entera. Pero, sin duda, el hecho de que un Papa tan inteligente como León XIII haya creído deber agregar en cada Misa privada un exorcismo caracterizado por su invocación a San Miguel, indica que él creía en infestaciones demoníacas particulares de nuestro tiempo.
+++
¿Cómo discernir la presencia de Satán en el seno de nuestro mundo moderno? Es al Evangelio que conviene preguntárselo. Jesucristo ha dicho sobre Satán cierta cantidad de cosas que debemos meditar.
Hablando a los fariseos que no cesaban de acosarlo, dijo un día: «Vosotros tenéis por padre al diablo, y deseáis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, habla de su cosecha, porque es mentiroso y padre de la mentira”.
Si queremos, pues, saber cómo se manifiesta la presencia de Satán entre nosotros, tratemos de discernir, por una parte, las grandes mentiras de estos tiempos, y los progresos logrados en el arte de matar a los hombres, por la otra.
¡Cuánto más esté embebida de mentiras una época, cuanto más sea tenida en menos y sea aplastada la vida de los hombres bajo la amenaza de la muerte, más estará ahí Satán!
No corremos, pues, el riesgo de equivocarnos al afirmar esta presencia en el corazón de las principales mentiras y las principales amenazas de matanza que comprobamos en este momento.
+++
Si hay una mentira que ha adquirido en nuestra época una extensión que los siglos anteriores no conocieron, es la negación de Dios, a la cual podemos agregar, como sombra que sigue a una personalidad viviente, la negación del Diablo.
Durante largos siglos, el Demonio, en las religiones paganas, había conseguido hacerse adorar, bajo los nombres de falsos dioses. Pero la creencia en Dios no estaba atacada.
Pero en nuestros días, el ateísmo se afirma, se proclama, toma un aire despectivo hacia la fe en Dios. Cierta filosofía se vanagloria de creer en la nada, antes que en el ser, o en hacer salir al ser de la nada, ¡de suerte que la nada ha precedido y engendrado al ser!
Decir de Dios que no existe, es como decir: ¡el Ser no existe! Su nombre es, en efecto, Aquel que es.
En el ateísmo contemporáneo que denunciamos como el embuste más colosal, el más odioso, el más culpable, podemos distinguir dos formas desigualmente graves:
— el ateísmo teórico, el del materialismo, del cientificismo, del agnosticismo, de cierto existencialismo;
— y el ateísmo práctico, el del hombre dedicado por entero a los negocios, a los bienes de este mundo, a los cálculos de la política, de las finanzas, e incluso a las investigaciones de la ciencia y a las invenciones de la técnica, ¡al punto de no dar ningún lugar a Dios en su vida!
El ateísmo teórico se halla, en muchos países en la primera fila del poder y de la autoridad, es la ley misma. No cabe dudas sobre la posesión colectiva de estos pueblos.
Cabe preguntarse si algunos de estos amos del mundo no son, lisa y llanamente, tenientes de Satán en persona y hasta médiums de Satán.
Es de creer que Satán está ocupado en preparar la catástrofe más horrorosa que la tierra pueda imaginar y temer. Tanto más cuanto que las mentiras, en estos tiempos, están armadas de medios, hasta ahora desconocidos, de destrucción homicida.
La negación de Dios es el primero y más grave de los embustes de nuestro mundo actual. Pero no es el único. Estamos sumergidos en la mentira, hasta el punto de respirarla sin casi darnos cuenta.
Y la señal de esta mentira es la contradicción, pues los ateos de nuestros días, al mismo tiempo que niegan a Dios quieren también negar al Demonio. No queda más que el hombre. Somos entonces nosotros los que somos Dios. Son nuestra ciencia, nuestra técnica, nuestra inteligencia las que tienen el dominio soberano sobre todas las cosas.
¡Somos dioses! Pero no tenemos alma puesto que sólo existe la materia sola. O, si tenemos alma, expresión que significa solamente que vivimos y pensamos, no se trata para nada de almas inmortales. Cuando el hombre muere, todo muere.
¡Negar a Dios, negar a Satán, negar el alma inmortal, negar la diferencia entre el Bien y el Mal, negar el pecado, negar la virtud, negar el Cielo, negar el Infierno!
He aquí algunas de nuestras negativas y embustes. Y, si después de eso, nos glorificamos, si hacemos de nosotros mismos los únicos dioses que existen, es pura contradicción. El Ser y la Nada se confunden. Al suprimir toda religión convertimos al nihilismo en la única religión posible; y todo en la teología, en la filosofía, en la política, en la agitación actual, se resuelve en una inmensa contradicción.
Mentira y contradicción, tal es el primer síntoma de la presencia de Satán en el mundo moderno.
+++
Mientras tanto, los hombres se multiplican con un ritmo que espanta a ciertos hombres de Estado; se hacen cálculos sobre el número de habitantes que puede alimentar el planeta; se siente pavor ante el pensamiento de los «mil millones de bols de arroz'» que se necesitarán de aquí a cuarenta años, o quizá antes, para la China solamente.
Y sólo se ven dos soluciones: o secar en las mujeres la fuente de la vida, o destruir gran parte de la humanidad en una guerra monstruosa. Sumemos a esto el invento de las epidemias y las campañas de vacunación que les siguen…
Aconsejo ver el vídeo que hemos publicado el 16 de mayo: Ver AQUÍ
El segundo síntoma, el de los atentados o de las amenazas contra la vida humana, no es menos visible. En efecto, si existe una particularidad por la cual mundo postmoderno difiere de los siglos que nos han precedido, es el acrecentamiento prodigioso de los medios para matar.
Desde todos los tiempos, desde Caín y Abel, ha habido guerras. Si Satán, según las palabras de Cristo, es «homicida desde el principio”, debemos considerarlo como el instigador secreto de todas esas luchas. Los progresos en el arte de matar son progresos satánicos.
El mundo actual gasta más dinero para sostener las guerras que lo que gasta en cualquier otro objeto importante en la vida de los hombres. Y cuanto más se multiplican los medios de comunicación, más los hombres están envenenados todos los días por las noticias que nos llegan del mundo entero y que, bajo una forma u otra, nos hablan de odio, de conflictos, de catástrofes posibles, de medios de matar, inéditos y formidables.
Desde que se ha negado a Dios, no hay más paz para los hombres; y están condenados a hablar siempre de la paz, pero como se habla de un ausente, de un ideal lejano, de un sueño, de una quimera tal vez, puesto que al mismo tiempo los hombres no cesan de trabajar para acrecentar su capacidad de matar.
Los unos trabajan en ello por desconfianza, los otros por ambición secreta, con desafíos recíprocos, amenazas, alusiones a la posibilidad muy próxima de un conflicto y de un conflicto mundial.
Después de esto, denunciamos aquí como marcas indudables de la presencia de Satán entre nosotros algunos rasgos de nuestra «civilización» contemporánea que nadie puede negarse a ver:
— la mediocridad de nuestros grandes medios de difusión;
— el erotismo ambiente que se despliega en las novelas, en las piezas de teatro, en las canciones, los espectáculos, las distracciones;
— la degradación del arte moderno, que parece no tener ya el gusto de lo bello, sino únicamente de lo feo o de lo obscuro.
+++
La palabra satanismo puede tener varios sentidos. Podemos considerar a Satán bajo el aspecto de amo o príncipe de este mundo. Es el nombre que Jesucristo le da en tres ocasiones en el Evangelio.
El vocablo satanismo puede también significar la imitación de Satán por el pecado; y, según San Gregorio Magno, todos los que cometen pecado, durante el tiempo que obedecen al pecado, son miembros del «cuerpo místico” de Satán.
Por fin, la palabra satanismo puede significar el culto rendido a Satán, no por un pecado ocasional y muy rápidamente lamentado y reparado, sino por una adhesión formal y voluntaria.
El satanismo como culto, tiene dos formas activas: el satanismo-religión y el satanismo-magia.
La historia del satanismo-religión se confunde con la historia de las religiones. Las divinidades paganas son, lisa y llanamente, demonios. Tanto a los ojos de los judíos del Antiguo Testamento, como a los de los cristianos, todas las divinidades son demonios.
Comprendemos así la insistencia con la cual, en las ceremonias del Bautismo católico, se multiplican los exorcismos para expulsar al demonio. Dichos exorcismos se encuentran, además, en innumerables ocasiones en la liturgia católica. Por ejemplo, cuando un sacerdote confecciona agua bendita exorciza la sal y el agua. Lo mismo en la bendición del agua, en la magnífica liturgia del Sábado Santo. Tenemos también la Medalla de San Benito.
En cuanto al satanismo-magia, cabe preguntarse, ¿qué es la magia en oposición con la religión?
En la religión, el hombre se inclina delante de una potencia superior, la adora, le implora, reconoce su propia debilidad y su impotencia, admite su subordinación.
En la magia el hombre se vanagloria de un poder misterioso. Lejos de inclinarse ante la divinidad, cree poder dominarla, inventa y utiliza fórmulas mediante las cuales estima que puede poner a su servicio las fuerzas superiores a las cuales se dirige.
La mentalidad del mago —o del brujo— es muy diferente del hombre religioso.
La magia es mucho más satanista que la idolatría.
En la idolatría, hay un alma de verdad. Se equivocan sobre la naturaleza del objeto que veneran, no sobre la necesidad de una subordinación o de una imploración. No dirigen esos homenajes al verdadero Dios, pero no se equivocan al pensar que esos homenajes son merecidos por Alguien.
En la magia, hay una especie de sacrilegio, un orgullo de poderío verdaderamente satánico.
La magia, sin duda, procede del mismo realismo grosero que la idolatría. Se ha adorado a las divinidades inferiores, es decir a los falsos dioses, en detrimento del único Dios, porque esas divinidades estaban más cerca, eran más útiles de invocar y de conciliar. Pero algunos han llevado aún más lejos este realismo, han pasado de la religión a la magia, de la sumisión a una especie de pacto implícito que les daba el derecho de dar órdenes al mismo poder superior.
He ahí pues dos clases de satanismo bien definidas: el satanismo-religión y el satanismo-magia.
En el primero, Satán es el «Príncipe de este mundo», porque el mundo entero se inclina ante sus altares y le ofrece sacrificios; en el segundo, Satán parece consentir en obedecer a ciertos hombres, cuando emplean ciertas fórmulas o realizan ciertos ritos, pero no pierde nada con ello porque sabe que la magia o la brujería es un pagaré contra los que la practican, de suerte que su dominación sobre ellos será finalmente todavía más completa y absoluta que sobre cualquiera de sus otros adoradores.
El satanismo-religión está hoy exacerbado por el falso ecumenismo y sus anexos. De este modo, logra extenderse mucho más, es mucho más activo, mucho más pernicioso de lo que ha sido jamás. Sus mentiras son más enormes, sus negaciones más radicales, y sus excitaciones homicidas serán más peligrosas de como se las ha conocido hasta ahora.
+++
Aparte del satanismo-religión y del satanismo-magia, existen todavía los «juegos de Satán».
El espiritismo… Las mesas giratorias… Leer las cartas… La adivinación, en definitiva, que nos retrotrae a las modalidades más infantiles de los paganismos antiguos… Y está también, como en la antigüedad, la astrología, que se considera la forma más erudita de discernir los destinos humanos.
La verdad es que todas estas pretensiones son rigurosamente absurdas, formas de la mentira de la cual el demonio tiene la secular especialidad.
Para un creyente, lo que torna evidente la mentira de la adivinación es la certidumbre de que sólo Dios conoce el porvenir.
Querer predecir el porvenir, fuera de los casos milagrosos de profecías divinas, es pues necesariamente diabólico en el sentido en que es una usurpación a Dios. Se deduce que ningún poder de adivinación ha sido depositado en el juego de naipes, en las heces del café, en las líneas de la mano, en las líneas trazadas por la sal sobre la clara de huevo, como tampoco en las «conjunciones» de los planetas y las estrellas en el momento del nacimiento de un ser humano.
Lo que se llama en astrología un fatum, y que antaño se llamaba un horóscopo, es pues superchería o superstición.
No sostendremos, ciertamente, que los miles de adivinos, que ejercen el oficio lucrativo de predecir el porvenir, sean brujos vendidos a Satán. Parecería que la mayor parte de ellos sólo piensan en practicar un oficio que da beneficios, sin pensar que ese oficio es inmoral y probablemente diabólico.
Pero no por ello dejamos de tener el derecho de pensar que el demonio saca su provecho de estas aberraciones y que la adivinación no es más que uno de los «juegos de Satán» en el seno de la humanidad.
+++
Comprendemos, pues, que Jesucristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida, haya definido a Satán: el padre de la mentira y el homicida desde el principio.
Todo lo que acabamos de descubrir sobre Satán halla su confirmación en la triple tentación de Cristo.
Qué orgullo demencial en esas palabras de Satán a Cristo, mostrándole en espíritu todos los reinos de la tierra: «Todo esto te daré si te postrares delante de mí».
El más recóndito fondo de la ambición satánica es ése: Quitarle a Dios sus adoradores, hacer converger las adoraciones de los hombres hacia sí mismo.
Es demencial y, sin embargo, la historia de las religiones está ahí para demostrar que Satán había logrado, en gran parte, hacerse adorar en lugar de Dios.
Hoy mismo, cuando las adoraciones de los hombres no son específicamente para Satán, sin embargo, se han desviado de Dios; y se dirigen hacia esos dioses del orgullo humano: la Ciencia, el Progreso, la Técnica, lo Materia… La conquista del mundo está en trance de perder el alma humana… Es el enorme triunfo de Satán en su odio a Dios y a los hombres…
En resumen: el orgullo, la voluntad de hacerse dios, la astucia, los celos y el odio por el hombre, todo esto desembocando en el embuste, el homicidio, el deicidio…
¡He ahí a Satán! Si lo buscamos en la hora actual, no lo encontraremos en esos demonios más o menos secundarios y oscuros de los poseídos y de los infestados, sino en la alta política mundial… Satán está en el centro del homicidio generalizado…
El tentador tiene, sin dudas, las características que acabamos de señalar: es astuto, falaz, obsesionante… Pero es impotente contra la fe: Cui resistite fortes in Fide… ¡Resistidle, fuertes en la fe!, nos recomienda San Pedro.
El Ritual Romano hace frente a Satán, y no cesará de repetir a los atormentados por la Bestia: ¡Confianza! ¡Soportad con firmeza! ¡Contad con la fuerza, quizás lenta, del exorcismo de la Iglesia! ¡Contad con la fuerza de la Santísima Virgen, victoriosa sobre Satán, y esperad la hora segura de Dios!

