Meditaciones para el Mes del Sagrado Corazón de Jesús

Extractadas del libro

AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”

Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.

Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús

DÍA 3

Fin íntimo de la devoción al Sagrado Corazón: atraer todos los corazones al amor de Nuestro Señor

Ya vimos que los designios de Nuestro Señor que la intención de N. Senhor

en los escritos de Santa Gertrudis fue hacer conocer la ternura de su Corazón, atraerse de este modo, todos los corazones.

Jesús también dio, muchas veces sensiblemente su Corazón a Gertrudis y recibió el corazón de la santa a cambio, para indicarnos el don recíproco de corazones que Su Amor pide entre Él y nosotros. Ha tenido siempre el corazón de Gertrudis fielmente unido al Suyo, para servirnos así de modelo. Dijo Jesús a Santa Matilde: «Gertrudis, se adhiere de tal forma a mi Corazón, y yo la conservo de tal forma unida, que ella llegó a ser un mismo espíritu Conmigo. Ella también vive bajo una absoluta dependencia de Mi Voluntad; los miembros están menos sujetos al corazón, que Gertrudis sujeta a Mi Voluntad. Luego que el hombre dice, tan solo con pensarlo a su mano: haz esto; al ojo: mira; a la lengua: habla; al pie: camina; luego, sin la menor dilación, la mano, la lengua, el ojo, el pie, obedecen. Gertrudis es para Mí como una mano, un ojo, una lengua que dispongo a Mi gusto, sin que resista a ninguno de Mis deseos”.

Jesús manifiesta en particular a Gertrudis cuánto desea su divino Corazón la conversión de los pecadores. La santa rezaba un día por unos malvados que causaron un gran daño a su monasterio. Nuestro Señor se mostró entonces a Gertrudis: tenía un brazo doloroso doblado y torcido, los nervios parecían despedazados. Y Jesús dijo: “Los que me piden por la conversión de estos infelices, derraman un bálsamo saludable en Mi brazo enfermo y con mano delicada en poco a poco reconducen los músculos a la posición primitiva”.

Sorprendida con este exceso de benignidad, Gertrudis dijo a Jesús: «Dulcísimo Señor, ¿cómo puedes llamar ‘tu brazo’ a personas tan indignas de ese honor?

Los llamo así, porque en verdad pertenecen al cuerpo de la Iglesia, de la que me honro en ser la Cabeza. El interés de sus almas despierta en mí solicitudes inexpresables: mi Corazón desea con un ardor indescriptible que estos desgraciados se conviertan”.

REFLEXIONES

1. El fin íntimo que Nuestro Señor se ha propuesto, revelando al mundo la devoción hacia su Sagrado Corazón, es el amor de los hombres, con que quiere atraer a todos hacia Sí. Jesús quiere poseer el corazón del hombre: «Hijo mío, dame tu corazón”. Pero el amor supone el conocimiento; la causa del amor es el bien conocido y agradable para nosotros. Si hasta ahora Jesús no ha sido amado, es porque no ha sido conocido: he aquí porqué intenta un último esfuerzo para difundir por todas partes el conocimiento de su amor. Basta que el hombre mire a este Corazón abierto por el amor, para que comprenda cuánto es amado por Él, para que vea que tiene un Salvador, un amigo, y si quiere pensar en esto por un instante, es imposible que no se sienta atraído, pues el amor necesariamente atrae el amor.

2. Jesús quiere desde luego hacernos conocer su amor por todos los hombres. Quiere extender sobre todos su reino de amor. Este reino consiste principalmente en el don mutuo de los corazones, entre Él y nosotros, en la unión de vida y de sentimientos de nuestro corazón con su Corazón. Nuestro dulcísimo Señor nos precede, dándonos su divino Corazón primero. ¿No es muy justo que la criatura le dé el suyo a cambio? Es esta la ley del amor. Y por cierto, en este intercambio, ¿no somos nosotros los que ganamos en nobleza, en belleza, en paz, en alegría, en felicidad? ¡Oh! ¡Que admirable condescendencia, que nuestro Dios quiera darnos así su Corazón para el nuestro! ¡Que permute sus tesoros por nuestra miseria, su poder por nuestra debilidad, su sabiduría por nuestra ignorancia! ¡Oh! ¡Salgamos de nosotros mismos como el amor hace salir de Sí mismo a nuestro Dios! (1) Nosotros, somos miseria, error, mal, trabajo, fastidio; que salga nuestro corazón de este medio donde languidece; que se pierda en Jesús; que se abisme en este Océano de misericordia, en esta Fuente de todos los bienes, en este Centro de paz, en este Torrente de felicidad!

La unidad de vida y de sentimientos es una ley de amor gravada en nuestra naturaleza; el amigo tiene la misma vida que su amigo: convivit; quiere y piensa como él: concordat (2); sin este acuerdo de voluntades y sentimientos, la amistad no podría ser verdadera. ¡Oh Jesús!, que eres nuestro Amigo en grado supremo (3), ven y vive en nuestros corazones, que quieres poseer por completo, que tu Corazón sea nuestro corazón; tu Voluntad sea nuestra voluntad, que tus virtudes lleguen a ser nuestras virtudes: habla en nosotros, ora en nosotros, haz Tú mismo todos nuestros trabajos. Solo por esta unión podemos satisfacer tu Amor; solo por esta unión nuestras obras llegarán a ser verdaderamente divinas y merecerán la recompensa divina que nos tienes prometida.

3. Por la devoción al Sagrado Corazón, Jesús quiso especialmente proponer a los pecadores el objeto y el medio más apropiado para convertirlos. Si el pecador se toma un instante en contemplar ese Corazón que tanto lo amó y aún lo ama, si él dice: “¡Aquí está este Corazón que para salvarme, ha sufrido tormentos crueles! ¡Y con mis pecados lo aflijo, lo lleno de amargura!” No es posible que no se conmueva y no se proponga convertirse. Y para alentarlo, para facilitar su arrepentimiento, el tierno Salvador le ofrece al mismo tiempo el medio más dulce y más seguro: es el amor que su Corazón le quiere comunicar; sea cual sea el número de sus pecados, el amor los borrará a todos. Jesús le dará el amor, y el amor le asegurará el perdón.

Jesús quiso sobre todo preparar indirectamente el medio más eficaz para la conversión de los pecadores, inflamando el celo de sus hermanos más fieles, que deberán ayudar al Redentor a salvar a estas pobres almas. Es, especialmente al contacto sagrado de este Corazón que tanto amó a los hombres que el celo del alma abnegada se enciende de una viva llama. Viendo lo que Jesús ha hecho por sus hermanos, esta alma quiere obrar como Él: orar, dedicarse, sufrir. Nada le costará realizar lo que le falta a la Pasión de su amado Salvador en vista de asegurar la salvación de las almas.

CONCLUSIÓN PRÁCTICA

1. Apliquémonos al conocimiento del amor del Corazón de Jesús, y hagámoslo conocer a todos.

2. Repitamos a menudo esta oración de los hijos de Jesús: “Dios mío, te doy mi corazón, dame el tuyo”. Inclinémonos, por imitación del Corazón de Jesús, a transformarnos completamente en Él.

3. Trabajemos con celo, por la oración y por el sacrificio, para llevar hacia el Corazón de Jesús a estas pobres almas, cuya conversión El tanto desea.

PENSAMIENTOS DE SANTA GERTRUDIS

1. Jesús, a través de los escritos de Santa Gertrudis, nos hará conocer cada vez más la ternura de su divino Corazón, atraerá cada vez más nuestros corazones a su amor.

2. La unión con el Corazón de Jesús pide que vivamos en una absoluta dependencia de su Voluntad.

3. El que ruega por la conversión de los pecadores derrama bálsamo en las heridas de Jesús.

RESUMEN

El fin íntimo de la devoción al Sagrado Corazón es:

1. Difundir el conocimiento del amor de Jesucristo a todos los hombres,

2. Establecer el Reino del Amor en las almas fieles, por el don mutuo de los corazones entre Jesús y nosotros, por la unión de vida y sentimientos.

3. Proponer a los pecadores el objeto y el medio más apropiado para convertirlos, alentándolos a amar a Nuestro Señor. Además, favorecer su conversión por el celo y las oraciones de las almas animadas por la devoción al Sagrado Corazón.

NOTAS DEL AUTOR:

(1) Amor divinus extasim facit. (S. Dionisio.) De Div. Non.; cap 4.

(2) Santo Tomas.

(3) Christus est maxime amicus. (Sto. Tomás de Aquino).