Meditaciones para el Mes del Sagrado Corazón de Jesús

Extractadas del libro

AMOR, PAZ Y ALEGRÍA”

Mes del Sagrado Corazón de Jesús según Santa Gertrudis.

Por el R. P. Dr. André Prévot, de la Congregación Sacerdotes del Corazón de Jesús

II

El objeto de la devoción al Sagrado Corazón, es el amor al Corazón de Jesús, principalmente en su Pasión y en la Eucaristía

El amor del Corazón de Jesús se reveló a Santa Gertrudis principalmente en los Misterios de la Pasión y la Sagrada Eucaristía.

Un día en que Gertrudis sostenía cariñosamente y besaba su crucifijo, Nuestro Señor le dijo: «Cada vez que el hombre obra así, o solamente mira con devoción un Crucifijo, la misericordia de Dios fija sus ojos sobre su alma. El hombre debería pensar entonces, en su corazón, que se le dirigen estas tiernas palabras: “Mira cómo, por tu amor, he querido ser clavado, desnudo, desfigurado, cubierto de llagas, los miembros estirados violentamente en una cruz; y mi Corazón te ama tan apasionadamente que, si fuera preciso, para salvarte, Yo soportaría voluntariamente todavía, solo por ti, todo lo que sufrí por la salvación del mundo entero» (III, 41).

Jesús reveló enseguida a Gertrudis el amor de su divino Corazón en la Eucaristía: «Mis delicias son estar con los hijos de los hombres. Para contentar a mi Amor he instituido este sacramento; me obligué a permanecer en él hasta el fin del mundo, y he querido que sea recibido frecuentemente. Si alguien aparta un alma de la comunión, ese impedirá las delicias de mi Corazón. Todo lo hice para manifestar en la Eucaristía la ternura de mi Corazón. Cuando, impulsado por la vehemencia de mi Amor, vengo por la Comunión a un alma, la lleno a ella de bienes; y todos los habitantes del cielo, todos los habitantes de la tierra, todas las almas del Purgatorio, sienten al mismo tiempo algún nuevo efecto de mi Bondad”.

REFLEXIONES

El objeto de la devoción al Sagrado Corazón es el amor del divino Salvador manifestado principalmente en su Pasión y en la Sagrada Eucaristía. He aquí el objeto espiritual y sensible a la vez, que se propone a nuestro amor: «lnspice, et fac secundum ejemplar. (Ex. 25, 40). ¡Mirad y obrad según el Modelo que se os ha propuesto! «. Miren, pues es el objeto más digno de su atención. ¡Si pudiese atraer, de tal modo, sus miradas, que sus corazones se fijasen en Él para siempre! ¡Si absorbiese sus espíritus de tal modo, que no pensaran nada más sino que en Él y en la lección de amor que Él les da! ¡Espero pueda grabárseles tan profundamente en sus memorias, que lo tuviesen siempre presente en sus recuerdos! ¡Pueda imprimírseles en la imaginación para purificarla y santificarla! ¡Pueda penetrar todas las potencias de sus almas para dirigirlas todas según la Ley del amor! ¡Mírenlo, pues los mira con tanta misericordia y ternura! ¡Mírenlo, pues ha querido ser elevado sobre la Tierra para atraer y fijar todas las miradas! ¡Mírenlo, pues mirándole serán curados de sus heridas, como antiguamente los israelitas, mirando la serpiente de bronce! ¡Mírenlo, pues es nuestra Luz, nuestro Maestro y nuestro Guía en el camino de la salvación!

«Et fac secundum. -Y haz como Él». Ama como Él, siente como Él, vive como Él, porque Él es el modelo propuesto por Dios Padre a los elegidos; porque Él es la Sabiduría misma de Dios, manifestada al mundo para instruirlo; porque Él es el poder mismo de Dios, desplegado para salvarnos; porque Él es el Jefe Divino al cual es preciso mantenernos unidos y de Quién siempre deben depender.

Ahora, ¿qué hizo Él?¿Qué lección nos da? ¿Qué modelo ofrece para imitarlo? Nos amó y por nosotros se entregó. El amor del Corazón de Jesús no es un amor estéril; es un amor que se demuestra por el Sacrificio de la Pasión, que continúa y se aplica a cada uno de nosotros en el Sacrificio de la Eucaristía: Dilexit me et tradidit se. Me amó y se entregó, se sacrificó por mí: me amó y todavía me ama, quiere amarme siempre, y continúa todavía y siempre continuará dándose, sacrificándose por mí. ¡He aquí el amor, he aquí el Corazón de Jesús!

Yo también, en verdad, como el Apóstol que se sentía instado por la caridad del Corazón de Jesús, no quisiera ver más que un objeto, no más quisiera saber una ciencia: Jesús crucificado. Quisiera ocultarme para siempre en este Corazón de Jesús que fue abierto por mí en la cruz; quisiera con Él darme y sacrificarme por Dios y por mis hermanos, consumirme en sus llamas, perderme para siempre en un rayo de su amor.

¡Oh! ¡Sí, Señor, haz que así sea! ¡Amor, lo que hagas, hazlo cuanto antes! ¡Amor, abísmame Contigo en el Corazón de Jesús crucificado, para que mi naturaleza grosera sea consumida por sus llamas y yo no viva más sino que de su Vida santísima; abísmame en el Corazón eucarístico de Jesús, para que mi sacrificio continúe siempre con el Suyo y que yo sea perpetuamente, con Él, una víctima de religión, de alabanza y de amor!

CONCLUSIÓN PRÁCTICA

1. Miremos a menudo el crucifijo, pero mirémoslo con amor; que nuestra mirada suba al Corazón de Jesús para herirlo con una herida de amor que sanará la herida que el pecado le hizo. Y en retorno, bajará sobre nosotros una mirada de sus ojos tan misericordiosos, que inflamará cada vez más nuestro amor. Mirémoslo, representándonos como escritas alrededor suyo, en caracteres de fuego, estas palabras de amor: «Me amó y se entregó por mí». Sí, por mí, como si hubiese estado solo en el mundo; y si fuera necesario, se entregaría solo por mí, para ganar mi corazón. ¡Solo a Él, solo para Él todo mi amor!

2. Sea nuestro sacrificio continuo como el del Salvador; encerrémonos en el Corazón eucarístico de Jesús; allí está el santuario donde la víctima se inmola continuamente; allí es donde se ofrece a Dios el sacrificio de alabanza que Lo honra; de allí es donde emana sobre toda la Iglesia la oración de intercesión que salva las almas. Así consolaremos a este Corazón divino que tiene sus delicias en estar con los hijos de los hombres.

RESUMEN

El objeto espiritualy principal de la devoción al Sagrado Corazón es el amor de nuestro Señor, dedicándose a la salvación de los hombres, sobre todo por la Pasión y por la divina Eucaristía.

El objeto sensible es el Sagrado Corazón de Jesús, este verdadero Corazón de carne hipostaticamente unido al Verbo divino. Corazón viviente en todos los tabernáculos, símbolo de la caridad sin límites que Jesucristo tiene para cada uno de nosotros; foco ardiente del amor, con que quiere abrasar la tierra; asilo de todos los corazones afligidos; fuente de delicias para nuestras almas y principio de todas las gracias; y, sin embargo, Corazón empapado de amargura por la indiferencia e ingratitud de los hombres.

El objeto de nuestro culto relativo es la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, representada sea con lo que nos recuerde su Pasión, sea con que nos recuerde su vida eucarística.

NOTAS DEL AUTOR:

(1) Este pensamiento puede leerse expresado de manera más tierna en las Revelaciones de la Venerable Bautista (Camila) Varani, OSC, en el pasaje en que ella ve a Jesús estrechando a Judas contra su Corazón.