SOBRE LA DEMOCRACIA (I de IV)
(Carta a Enrique P. Osés)
Nueva Política, Buenos Aires, N° 17, Noviembre de 1941
Nota: Dada la extensión del ensayo, lo publicamos en cuatro entregas. El Padre Castellani responde, de cuatro, a las preguntas 1ª y 3ª. Respecto de la primera, la divide en tres partes. De allí, las cuatro entregas.
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Mi estimado amigo:
¡Qué preguntitas se gasta Ud.!
1ª) ¿Es pecado hablar contra la democracia?
2ª) ¿Cómo es posible que de dos filósofos cristianos, tomistas los dos por añadidura, uno enseñe que la democracia es cristiana, Jacques Maritain, en Sur N° 57, y el otro declare a costa de su cabeza que la democracia es herética, Nimio de Anquín, en su discurso de la ciudad de Córdoba?
3ª) ¿Es cierto que el Doctor Eximio Francisco Suarez enseña lo mismo que Rousseau que “la autoridad viene del pueblo”?
4ª) ¿Es verdad que la violencia es anticristiana?
Las 2ª y 3ª preguntas me conmovieron un poco, porque parecen ir contra el decoro de nuestra profesión, como si la filosofía fuese una señora poco seria y que sirve para todo.
La 1ª y la 4ª se refieren a sucesos argentinos demasiado para mí candentes.
¿La democracia? Extraño que acerca de ella usted me pregunte, existiendo el magno libro Los problemas de las democracias, de Navarro Monzo, reeditado en el volumen Los coloquios de Fu-Lao-Chang, donde con amplitud magistral el antiguo redactor de la Ley Sáenz Peña dice sobre la democracia argentina todo cuanto puédese decir en estos momentos.
Lo que pasa es que existen nada menos que tres democracias, sin contar las innumerables cruzas que dan en el mundo de lo real concreto esos tres bichos pur sang que pertenece a tres órdenes diversos, aunque están en la misma línea filogenética, como un ángel, un hambre y un mono.
Así, pues, la primera pregunta y la tercera me es factible y quizá —dado mi oficio— obligatorio responderle, lo cual paso a hacer de la manera siguiente:
La democracia de Pericles, es pecado hablar en contra.
La democracia de Platón, es libre hablar en pro o en contra.
La democracia de Rousseau, es pecado hablar en pro.
Voilá !
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La democracia de Pericles, es pecado hablar en contra.
“Democracia es gobierno de pocos en favor de todos”.
Esta es la definición que dio Pericles en su famoso discurso que nos conservó Plutarco o Tucídides.
Esta definición breve y sublime abarca, si bien se mira, desde la monarquía absoluta hasta el régimen por plebiscito de Atenas o Suiza, siendo, ni más ni menos, que la definición de gobierno contrapuesto a desgobierno: el cual recto gobierno puede darse y obtenerse —si Dios quiere— en cualquiera de las tres formas clásicas que ubican los tratadistas entre los dos extremos de tiranía arriba y anarquía abajo, a saber, monarquía, aristocracia y república, cada una de las cuales tiene debajo una corrupción propia que se llama: despotismo, oligarquía y demagogia.
De esta sublime democracia ideal, es pecado hablar mal.
Lo difícil es conseguirla.
Como la felicidad, todos la desean, pero sólo la sabiduría sabe para dónde mora.
¿Cómo se consigue tal cosa, esos pocos que gobiernen en pro de todos, esos ángeles del Buen Consejo, esos santos del Bien Público, esos locos enamorados del Pro-común hasta el martirio, que no menos que eso es necesario para alcanzar esa sublime meta?
Santo Tomas enseña que eso, un buen gobierno, desciende del cielo, que es un don de Dios a un pueblo, y por cierto de los más grandes, lo mismo que la buena muerte y la buena boda, de acuerdo al refrán que dice: «Casamiento y mortaja, del cielo baja»; pero, que dentro del esfuerzo cooperante o autodisponente del hombre, el mejor camino para conseguir ese ideal gobierno del pueblo (gobierno para el pueblo) es:
El gobierno de uno solo (monarquía).
Con participación de los pocos mejores ( aristocracia).
Y el consentimiento y cooperación de todos, en la medida de lo pasible y de la capacidad de cada uno (república).
Esto es lo que llama Santo Tomas régimen mixto, que teóricamente es el más perfecto, advirtiendo el teólogo inmediatamente que en la práctica ese gobierno es un ideal a perseguir, un límite, y que cada pueblo se labra en cada momento histórico el gobierno que puede, puesto que en concreto el mejor régimen de un pueblo es el que dicho pueblo, aquí y ahora, puede soportar o sostener, como la materia su forma.
Si a ese ideal filosófico usted añade el ideal místico del cristianismo de llevar a todo hombre a la libertad de los hijos de Dios, a la igualdad en cuanto a los bienes primordiales, y a la fraternidad en el amor de Cristo, tendremos lo que algunos han llamado, con nombre que no tuvo fortuna, la “democracia cristiana”.
Eso no se llama sino el Reino de Dios, disfraces oportunistas fuera. Ese es su nombre. Es el ideal eterno de la pobre Humanidad.
Es un ideal.
Ahora, el que una cosa sea un ideal, usted lo sabe igual que yo, no significa que no sirva para nada.
Un faro no sirve para que los navíos trepen por él, pero sirve para que los navíos vayan hacia él; que sin eso, van muertos.
Pero Jesucristo nos avisó que en este mundo habría varios falsos faros y un solo faro verdadero.
Puesto esto, ¿usted es demócrata, señor?, como le dijo el otro investigador antiargentino al cura párroco.
—¿Qué entiende usted por demócrata?
—Gobernar en bien de todos y no sólo para los ricos.
—Señor, usted me ofende con esa pregunta. ¿Que si soy demócrata?
¿Si somos demócratas?
¿Quién que es, no es demócrata?
Aquel que reniega del Pueblo Señor,
aquel que no execra nazismo y autócrata
que preso lo metan.
Será lo mejor.

