Capítulo 32. INVOCACIÓN A DIOS
Dios es la suma y verdadera felicidad, y desde él, por él, y en él son felices todos los seres que son felices. Dios es la verdadera y suma vida, desde el cual, por el cual y en el cual viven todas las cosas que viven verdadera y felizmente. Dios es el bien y la belleza, y desde él, por él y en él es bueno y hermoso todo lo que es bueno y hermoso. Dios con su verdad nos excita, con su esperanza nos levanta, con su caridad nos une a sí mismo. Dios nos manda que le pidamos a él mismo, y nos concede encontrarle, y nos abre cuando llamamos a su puerta 103. Alejarse de Dios es caer, acercarse es levantarse; morar en él es gozar de una seguridad inalterable. A Dios sólo se le pierde por el error y el pecado; no se le puede buscar sin haber sido iluminado por él, ni se le puede encontrar sin haber sido purificado de toda mancha. Conocerte a ti, oh Dios, es vivir, y servirte es reinar; alabarte es proporcionar al alma el gozo y la salvación. Yo te alabo con la boca y con el corazón, y con toda la fuerza y el ardor de que soy capaz. Yo te bendigo y te adoro, doy gracias a tu misericordia y a tu bondad por los beneficios con que me has colmado, y elevo mi voz hacia ti para cantar el himno de tu gloria: «Santo, Santo, Santo». Te invoco, oh Trinidad bienaventurada, para que vengas a mí, y me conviertas en templo digno de tu gloria. Ruego al Padre por el Hijo, y al Hijo por el Padre, y al Espíritu Santo por el Padre y el Hijo, para que limpies mi alma de todos los vicios que la manchan, y plantes en ella todas las santas virtudes. Dios inmenso, de quien todo procede, por quien todas las cosas visibles e invisibles han sido creadas, por el cual y en el cual únicamente subsisten: tú estás fuera de las cosas para abarcarlas, dentro para llenarlas, sobre ellas para gobernarlas, y debajo de ellas para sostenerlas; cúbreme, pues, con tu protección, porque yo soy obra de tus manos, y toda mi esperanza y mi confianza está en tu misericordia.
Te suplico que me socorras donde estoy, y en todas las partes donde pueda estar, ahora y siempre, dentro y fuera, antes y detrás, arriba y abajo, y alrededor, de modo que los enemigos no encuentren lugar para tenderme sus trampas. Tú eres el Dios omnipotente, protector y guardián de todos los que esperan en ti, y sin el cual nadie está seguro y libre de peligros. Tú eres el único y verdadero Dios del cielo y de la tierra, y sólo tú puedes hacer cosas grandes, maravillosas, inescrutables y sin número.
Notas
103 Cf Mt 7,7

