
A LA SANTA FAZ DE JESÚS
¡Oh Santa Faz de Cristo escarnecido
–paradoja del hombre odiando el oro–
misericordia al contemplarte imploro
por Tu brutal tormento recibido!
Y de Tu dulce rostro –compungido–
recuento las heridas cual tesoro
de vida y redención, que en cada poro
revela la ignominia que has sufrido.
Mas sin embargo, ¡cuánta paz encierra
Tu mansedumbre humilde y abnegada
ante una iniquidad tan espantosa!
Conduce, Dios, mis pasos en la tierra
para que pueda, al fin de mi jornada,
ver la dulzura de Tu tez gloriosa.
