SAN AGUSTIN -MEDITACIONES

Capítulo 5. EFICACIA DE LA INVOCACIÓN DEL PADRE POR MEDIO DEL HIJO

Yo te invoco, Dios mío. Te invoco a ti, porque estás cerca de todos los que te invocan, y te invocan con verdad, porque eres la misma Verdad. Enséñame, te lo ruego, oh santa Verdad, a invocar tu clemencia, ya invocarte a ti en ti mismo, y porque no sé cómo debe hacerse esto, por eso te pido humildemente que me lo enseñes, oh Verdad bienaventurada. Sin ti, en efecto, la sabiduría no es más que locura, y conocerte constituye la más perfecta ciencia. Instrúyeme, oh Sabiduría divina, y enséñame tu ley. Pues creo con certeza que será feliz el instruido por ti, y aquel a quien hayas enseñado tu ley. Mi deseo es invocarte, mas quiero hacerlo en la verdad misma. Pero ¿qué es invocar a la verdad en la misma verdad, sino invocar al Padre en el Hijo? Tu palabra, oh Padre santo, es la verdad misma, y la verdad es el principio de tu palabra. Porque el principio de tu palabra está en el Verbo, que ya existía en el principio y antes del comienzo de todas las cosas, y en ese principio te adoro a ti, sumo Principio. En ese Verbo de verdad, te invoco a ti, oh Verdad, Verdad perfecta, y te pido que en la misma verdad me dirijas y me instruyas. ¿Qué hay más dulce que invocar al Padre en el nombre de su Hijo único? ¿Qué hay más capaz de conmoverme que rogarle por la memoria de su divino Hijo? Para calmar la ira del rey nada mejor que invocar su clemencia en nombre del hijo querido. De ese modo los criminales son liberados de la prisión, y los esclavos de los grilletes. De ese modo los condenados a muerte no sólo se libran de la pena capital, sino que incluso son objeto de especiales favores, al ser dominada la cólera de los príncipes por la ternura que ellos sienten por el hijo querido. Así también los amos perdonan a sus esclavos culpables gracias a la intercesión de sus hijos, objetos de su ternura. También yo, oh Padre omnipotente, te ruego por el amor de tu Hijo, omnipotente como tú mismo, que saques mi alma de la prisión donde gime, para que pueda alabar tu santo nombre 15. Líbrame de las cadenas del pecado, pues te lo pido por tu Hijo que es igual a ti desde toda la eternidad. Que la intercesión de tu divino Hijo, sentado a tu derecha, atraiga tu clemencia sobre mí, que merezco la muerte, y me conceda la vida. ¿Pues, qué intercesor más poderoso podría yo invocar para moverte a compasión 16 que aquel, que con su divina sangre nos redimió del pecado, el Redentor divino que está sentado a, tu derecha y que te suplica sin cesar por nosotros? 17 Ese es mi abogado ante Dios y ante el Padre. Ese es el soberano Pontífice, que no tiene necesidad de sangre ajena para expiar sus faltas, sino que brilla con la gloria de su propia sangre derramada por nuestros pecados, Esta es la víctima sagrada que es siempre agradable y perfecta, ofrecida y aceptada en olor de suavidad. Este es el Cordero sin mancha, que enmudeció delante, de sus trasquiladores, y que herido a bofetadas, escupido, lleno de afrentas nunca abrió su boca 18. Este es quien, libre de todo pecado, se dignó cargar con los míos, y con sus sufrimientos sanó mis enfermedades 19.

Notas

15 Cf Sal 141,8

16 Cf 1Jn 2,2

17 Cf Rm 8,34

18 Cf Is 53,7

19 Cf 1P 2,2