SANTO TOMÁS DE AQUINO- DE VERITATE

El Papa León XIII, en su Encíclica Æterni Patris dice que, entre los Doctores escolásticos, brilla grandemente Santo Tomás de Aquino, Príncipe y Maestro de todos; el cual, como advierte Cayetano, “por haber venerado en gran manera los antiguos Doctores sagrados, obtuvo de algún modo la inteligencia de todos”.

El sabio Sumo Pontífice agrega que no hay parte de la filosofía que Santo Tomás no haya tratado aguda y, a la vez, sólidamente: trató de las leyes del raciocinio, de Dios y de las substancias incorpóreas, del hombre y de otras cosas sensibles, de los actos humanos y de sus principios, de tal modo, que no se echan de menos en él, ni la abundancia de cuestiones, ni la oportuna disposición de las partes, ni la firmeza de los principios o la robustez de los argumentos, ni la claridad y propiedad del lenguaje, ni cierta facilidad de explicar las cosas abstrusas.

Habiendo empleado este método de filosofía, consiguió haber vencido él solo los errores de los tiempos pasados, y haber suministrado armas invencibles, para refutar los errores que perpetuamente se han de renovar en los siglos futuros.

Entre otros tantos temas, Santo Tomás percibió con toda claridad la importancia de la cuestión de la verdad, pues ella es punto de partida, es camino y es término de todo lo humano.

Una de sus preguntas capitales es la que hacía Pilato en el proceso a Jesús, cuando le oyó hablar de la verdad: ¿Qué es la verdad?

Santo Tomás entra en la cuestión de la verdad, buscando una respuesta a esa misma pregunta. No es un hecho casual que sus primeras obras comiencen con la Cuestión de la Verdad. La considera punto de partida de la vida intelectual.

Santo Tomás ha vivido la pasión por la verdad, que caracteriza de modo especial al hombre de estudios y al predicador de la verdad.

Entre todos los lugares de la obra de Santo Tomás, hay dos que indican la importancia fundamental de la cuestión de la verdad: uno es el amplio pórtico de la Summa contra Gentes –los nueve primeros capítulos–, en el que se confronta con el problema de la verdad y del error; otro es la primera cuestión De Veritate.

En resumidas palabras, la cuestión acerca de la verdad es inevitable porque es fin de la inteligencia, es uno de los nombres de Dios hecho hombre, que ha dicho de sí mismo: Yo soy la verdad.

El Profesor y Licenciado Ignacio Iglesias está comentando la Cuestión De Veritate de Santo Tomás; y gentilmente ha permitido a Radio Cristiandad publicar sus clases.

Hoy, cuando son tantos los errores y las mentiras que rondan en torno nuestro, es de capital importancia profundizar en esta materia.

Radio Cristiandad, la voz de la Tradición Católica, se enorgullece de esta publicación bajo el lema de su fundador, Fabián Vázquez: Luchando por la Verdad.

CUESTIÓN I – Artículo 12

A continuación el texto de Santo Tomás

ARTÍCULO 12


Si se da la falsedad en el entendimiento1

Parece que no.

OBJECIONES
1. En efecto: en el entendimiento hay dos operaciones, a saber, una que forma las esencias en la cual no hay falsedad, como dice Aristóteles153 en De anima2; y otra que compone y divide, en el cual tampoco hay falsedad, como se ve por lo que dice San Agustín3 en De vera religione donde se lee: “Nadie entiende lo falso”. Luego en el entendimiento no hay falsedad.
2. Dice San Agustín4 en De diversis quaestionibus LXXXIII que “quien se engaña no entiende aquello en que se engaña”. Luego en el entendimiento no puede haber falsedad.
3. También dice Algacel5: “O entendemos algo como es o no entendemos”. Pero quien entiende una cosa como es la entiende con verdad. Luego en el entendimiento no hay falsedad.

EN CONTRA
Dice Aristóteles6 en De anima que “donde hay composición de conceptos [intellectuum] hay verdad o falsedad”. Luego la falsedad se encuentra en el entendimiento.

SOLUCIÓN
Se ha de decir que el nombre de entendimiento se toma del hecho de que conoce lo íntimo de la cosa, pues entender [intelligere] es como leer dentro [intus legere]. Los sentidos y la imaginación sólo conocen los accidentes exteriores; únicamente el entendimiento llega hasta las esencias de las cosas. Pero después el entendimiento labora diversamente con las esencias de las cosas conocidas raciocinando e inquiriendo.
Por eso el nombre de entendimiento puede tomarse en dos sentidos:
Uno, atendiendo sólo a su acepción originaria, y así decimos propiamente que entendemos cuando aprehendemos la esencia de las cosas o cuando entendemos aquellas cosas que son inmediatamente conocidas una vez que el entendimiento conoce las esencias de las cosas, como ocurre con los primeros principios, que conocemos inmediatamente que se conocen sus términos, y por eso también se llama entendimiento al hábito de los primeros principios.
La esencia de la cosa es el objeto propio del entendimiento; de donde, así como acerca de los sensibles propios los sentidos siempre son verdaderos, así también el entendimiento acerca de lo que es o de la esencia, como dice Aristóteles7 en De anima.
Sin embargo, puede indirectamente [per accidens] deslizarse aquí la falsedad, a saber, en cuanto el entendimiento compone o divide falsamente; lo cual ocurre de dos maneras: o en cuanto atribuye a una cosa la definición de otra, como si atribuyera al asno la definición de animal racional mortal; o en cuanto une entre sí como partes de una definición notas que no pueden unirse, como si concibiese la siguiente definición del asno: animal irracional inmortal, pues daría por supuesto algo que es falso, a saber, que “algún animal irracional es inmortal”.
Y así se ve claro que la definición no puede ser falsa sino en cuanto implica una afirmación falsa. A este doble modo alude Aristóteles8 en la Metaphysica.
Igualmente el entendimiento tampoco se engaña acerca de los primeros principios. De donde resulta evidente que si tomamos el entendimiento según aquella acción por la que se le impone el nombre de entendimiento, no hay falsedad en él.
Pero el entendimiento puede tomarse comúnmente en una segunda acepción, a saber en cuanto se extiende a todas sus operaciones, y así comprende la opinión y el raciocinio; y de este modo hay falsedad en el entendimiento, aunque no si se hace una recta resolución en los primeros principios.
Y con esto quedan resueltas las objeciones.

1- In I Sententiarum, d. 19, q. 5, a. 1, ad7; Contra Gentes, I, c. 59; Summa Theologiae, I, q. 17 a. 3; q. 58, a. 5; q. 85, a. 6; In de anima, III, lect. 11; In Perihermeneias, I, lect. 3; In Metaphysicam, VI, lect. 4; IX, lect. 11.

2- Aristóteles, De anima, III, 6, 430 a 26-27.

3- San Agustín, De vera religione, c. 34 (PL 34, 150).

4- San Agustín, De diversis quaestionibus LXXXIII, q. 32 (PL 40, 22).

5- Algacel, Metaphysica, p. I, tr. 3, sent. 11, ed. Muckle, p. 83.

6- Aristóteles, De anima, III, 6, 430 a 27.

7- Aristóteles, De anima, III, 6, 430 b 27-30.

8- Aristóteles, Metaphysica, IX, 10, 1051 b 23.

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