PADRE LEONARDO CASTELLANI: HOMENAJE EN EL 124° ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

16 de noviembre de 1899

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APOSTILLAS POLÍTICAS BIEN ACTUALES

PRIMERO POLÍTICA

(Las ideas de mi tío el cura, XV)

En cuanto gran país presentemente,
como cualquiera lo sabe,
Si el problema moral es el más grave,
el político empero, el más urgente.

Eso quiero decir yo con la fórmula «primero política». Primero en el tiempo, no en la naturaleza.

Esa fórmula tiene dos sentidos falsos; pero puede tener un sentido sano. Es una fórmula ambigua, como casi todas las que usa este mundo confusionario.

Primer sentido malo: que la política, en el sentido hegeliano, sea la primordial de las humanas operaciones, por arriba de la virtud y de la contemplación. Error pantheo-cesarista de Hegel = estadismo.

Segundo sentido malo (más sutil): que lo político es heterogéneo a lo moral; la política un puro arte y no una ciencia ni una prudencia, y que puede y debe, por ende, ser concebida y cultivada independientemente. Viejo error filosófico. Este es el desliz amoralista de Macchiavello = exitismo.

Sentido sano: dado que por ley necesaria del agir humano los errores teológicos y amorales descienden siempre a encarnarse en realizaciones políticas, puede darse el caso de un Estado de tal suerte invadido por ellos que la operación restauradora del orden sea forzada de empezar por abajo: que una acción política inmediata condicione sinequanón toda otra acción de orden superior.

En sí, según el orden esencial de las cosas, lo político se subordina a lo moral. Subordinación total, fundada sobre la subordinación de los fines: pues el fin de la política no es Dios mismo, por consiguiente, por elevado que sea, está infinitamente por abajo del fin de la moral, que es Dios mismo, soberana beatitud del hombre.

Pero, en el orden de la ejecución, el medio próximo y condicionante de todos los demás, el cual debe presuponerse para asegurar el porvenir de la inteligencia y la restauración del orden, es una redistribución de la autoridad en la polis que no sea contra la naturaleza.

Sin esa condición, todos los esfuerzos individuales de orden social, moral, intelectual, religioso (esfuerzos en sí más nobles, más necesarios y siempre indispensables que la actividad de un afiliado a un grupo político) quedarán impotentes a producir un resultado durable en la vida común de los hombres.

«Primero política». Si ese «primero» se refiere, no a la naturaleza sino al tiempo, no al fin intentado y al orden de la intención (lo que sería divinizar al Estado), sino a las condiciones que deben suponerse en el orden de la ejecución, es una verdad de simple buen sentido.

Yo no sé si en mi patria esa acción política de que hablamos ha llegado a ser talmente apremiante que condicione cualquier otra obra de orden superior. Pero lo sospecho. Y pongo tres ejemplos:

1º) La escuela: la escuela argentina es laica, que no quiere decir neutral; siendo impía es emponzoñada. Todos los niños pobres argentinos son violentados a comer ese alimento. El orden natural y normal, la regulación racional y justa, se obtendría por la repartición proporcional (gran proyecto del Dr. Juan Cafferata). Ahora bien, eso solamente se puede obtener por medios políticos, así como la actual injusticia y violencia se impuso al país desprevenido y dormido por medios abusivamente políticos.

2º) La prensa: cuando el hijo del pueblo sale de la Primaria-Gratuita-Laica-Obligatoria, ¿su instrucción ha terminado? Recién entonces va a empezar. La escuelita le ha dado únicamente el órgano de la instrucción intelectual, saber leer y escribir. Pues bien, ¿quién se encarga de esa información que comienza al salir el argentino-pueblo de la Primaria? –y conste que no hablo de la educación total sino sólo de la intelectual–. La Prensa, sin género de duda, incluyendo dentro de ese término también las revistas, las novelas, los espectáculos, las diversiones y la popularísima de ellas, el cine. La verdadera escuela de hoy es el diario y el espectáculo: y diarios y espectáculos están hoy «industrializados», entregados al mercader y sojuzgados a la ley del Lucro. Dime quién te divierte y te diré quién te domina. La Prensa «grande», que sólo es «gorda», no educa al país; lo deseduca, lo embrolla, lo desvae, lo hace pensar en lo que le importa, perder el sentido común que le queda. Lo mece en el mundo sideral de la luna de Valencia.

Tampoco esto tiene arreglo fuera del dominio político; pues su origen está en el político Mito novecentesco de la LIBERTAD DE PRENSA. La Libertad de Prensa, corrupción de una santa verdad que se podría llamar «primacía del pensamiento», es en la práctica hodierna simplemente «la patente al sofista», la libertad de aprovecharse el intelectualmente fuerte del débil, la licencia para el muchachón de trompear al pibe. Esclavitud del pensar.

3º) La cuestión social: pongamos la cuestión agraria argentina, que es su aspecto más apremiante.

También aquí una acción política aparece ligada hondamente, si no preliminariamente, a toda vasta acción apostólica.

El orden actual oprime al chacarero y está minado de grandes abusos, unos queridos, otros tolerados o al menos no impedidos por los que rigen.

No basta que los Papas hagan magnas Encíclicas doctrinales en defensa del trabajo y la justicia social; es menester que varones católicos, con el don de la vocación política, las encarnen (a costa de su vida, si es preciso) en hechos institucionales.

UNA ACTIVIDAD NOBLE

(Reflexiones Políticas – Jauja Nº 32 – agosto 1969)

A la Argentina, si algo la salva será la Religión y no la Política.

De acuerdo. Pero eso no quita que la Política sea una actividad noble y necesaria.

Los antiguos la llamaban el arte de las artes; y el viejo Aristóteles dijo que era la «ciencia» más importante, después de la Metafísica; y a veces, antes.

Y Santo Tomás, después de explicar por qué Aristóteles dijo que la Metafísica era la ciencia más alta, va luego y en la Ética dice que la política es la ciencia más importante. Después dijo Santo Tomás, por su cuenta, que es la obra de misericordia más grande, pues el buen gobernante descubre, explica y efectúa el Bien Común, que es el bien de todos; o por lo menos de muchos.

Claro que estos antiguos entendían la Política como la Ciencia y el Arte del Bien Común; pero a nosotros ya nos han enseñado en las clases de Educación Democrática que la Política consiste en apoderarse del Gobierno por las buenas o por las malas, a tuertas o a derechas.

Eso de «política primero», en la Argentina se ha vuelto verdad y no solamente verdad, sino urgencia.

«Política primero» no quiere decir que la Política esté por encima de todo, Religión incluso, sino que en ciertos adjuntos llega a ser lo primero, no en la dignidad, sino en el tiempo. Y así en la Argentina, si no se resuelve primero el problema político, no se puede resolver ninguno de los otros, aunque sean en sí superiores y principaliores; o sea, económicos, financieros, religiosos, artísticos, científicos; ni siquiera el sempiterno «problema de la Educación».

Ahora bien, la vocación de político, que hoy tiene algo de cazador furtivo y de mártir, cuando falla en una nación, la nación se va al desbande. Y el que tiene vocación política y, por pereza o lo que sea, no la llena, se condena.

PARA CONSTRUIR UNA NACIÓN

(Reflexiones Políticas – Jauja Nº 6 – junio 1967)

Por obra del aire del tiempo, la ciudadanía argentina está convertida en un inmenso arenal (por obra del liberalismo francés individualista).

Los granos de arena pueden estar juntos, pero unidos no. A lo más pueden formar médanos, ayudando el viento. Para eso necesitan un objeto sólido donde apoyarse y el viento en remolino. Pero no darán jamás ni bosques, ni colinas, ni tierra laborable.

Los «partidos» no unen realmente. Unen artificialmente. No suman, al revés, restan y dividen, como su mismo nombre lo indica.

Los grandes estamentos sociales de hoy, Capitalismo y Comunismo, unen a una minoría y la dividen contra todas las demás. Ellos a los partidos los instrumentan a eso. Y su tendencia es a destruir todas las otras fuerzas sociales; y convertir al pueblo, ya vuelto masa, en un rebaño, y a sí mismos en sus pastores-mercenarios.

Lo que une naturalmente a los hombres es la familia, la comuna, el gremio, la provincia, la región; y los estamentos particulares (Ejército, grupos religiosos, grupos intelectuales).

Sobre esos «cuerpos intermedios» puede construirse la estructura escalonada de una genuina nación. Sin ellos la resultante necesaria son esclavajes y despotismos.

Es axiomático: para construir realmente una Nación son necesarios los cuerpos políticos intermedios.

Deben restaurarse las instancias intermedias.

Que yo no sepa cómo se restaura eso, ni cómo se empieza siquiera, no hace contra la verdad del axioma.

Eso compete al político, no al teórico.

LA RESTAURACIÓN SERÁ RELIGIOSA O NO SERÁ

(Reflexiones Políticas – Jauja Nº 12 – diciembre 1967)

Belloc escribió que la «herejía moderna» (o sea, ese vasto movimiento de apostasía que nos invade) traía a la civilización tres cosas terribles: esclavitud, crueldad y un bajón de la inteligencia.

En la Argentina reina una perfecta falsificación de valores en todos los órdenes: político, eclesiástico, económico, literario, educación, prensa.

Don Leopoldo Lugones decía: «Se puede notar, verificar a cada decenio, el decrecimiento general de la inteligencia media argentina».

De la inteligencia pende todo.

Por eso digo que no hay remedio. No hay remedio hay que decir a los nacionalistas grandilocuentes y efusivos. No hay recetas, no hay soluciones rápidas, no hay política que valga.

No hay remedio, no se aflija; usted fórmese, cíñase tranquilamente a su trabajo y sus estudios; gánese la vida, empezando por la vida eterna.

Lo único que puede usted hacer por la patria ahora, es hacerse un hombre, para dentro de diez años.

El consejo de Santo Tomás en nuestra situación actual es tener paciencia y hacerse mejor cristiano.

«La revolución será moral o no será» –suele citarse este apotegma de Peguy. Pero hoy, Santo Tomás lo completaría, puesto que es apotegma aristotélico: «La Restauración argentina será religiosa o no será».

El nacionalismo argentino no puede ahora lo bastante para volcar la situación, aunque puede alguito para preparar el vuelco. El nacionalismo será católico o no será. Y entonces los nacionalistas salvarán al menos su alma.

HABLA EL VIGÍA

(Decíamos ayer)

¿Para qué seguimos? ¿Para qué obstinarse frente a lo imposible? ¿No dice la Escritura que hay tiempo de hablar y de callar? ¿Y no es tiempo de callar cuando una histeria colectiva hace inútil toda argumentación o consejo, cuando las fuerzas ciegas de la materia tienen su hora y están decididas a aprovecharla?

Seguimos hablando para que siga respirando la Patria. Mientras habla una nación, no está muerta; aunque esté con el alma en un hilo. Lo que decimos no vendrá a ninguna consecuencia ni producirá nada: sea. Pero sola en medio de la oscuridad, nuestra nación necesita hablar alto para no tener miedo.

Para que el día de mañana cuando el historiador diga: «la prepotencia del dinero y la furia de la ambición con el carnerismo de la ignorancia y el miedo hicieron meter la cola entre las piernas o agitarla en innobles zalemas al amo a todos los argentinos…» para que entonces se pueda decir: NO A TODOS, para eso hablamos. Hubo un año en el cual se profirieron las más capitales mentiras de obra y de palabra, al Año de la Victoria, de las Listas Negras y de la Paz Permanente para todo el género humano: y todos los argentinos enmudecieron. NO TODOS. Es menester que la Argentina de los próceres, de Garay y Roque González, no muera del todo ni un solo instante. Por eso hablamos. Por eso seguimos.

Mientras nosotros hablemos todavía, no estamos muertos los países del Plata. Ahora, si por la desunión absurda entre los argentinos, la desidia de los magnates y capitostes y la extraordinaria capacidad de nuestra clase dirigente para no poder nada y no dirigir nada, a nosotros nos eliminan del mapa, ya pueden ustedes pegar el grito de los malos actores en los dramas calderonianos: ¡Muerto soy! O por mejor decir, ni siquiera los van a dejar gritar. Con nuestro silencio, la vieja Argentina suena en silencio, SI ESO FUERA POSIBLE.

Quizá porque hemos vivido una vida próspera y un poco muelle, los argentinos somos ineptos para unirnos en sociedad, a no ser para hacer daño; y además estamos muy acostumbrados a ser, en lo material, lo intelectual y lo moral, muy bien servidos gratuitamente. El argentino como el español no ayuda a nadie ni agradece nada, porque se cree ÉL SOLO, sobre todo en cuestiones de cultura, religión o patria.

Pero ahora vienen tiempos de masas, de inmensos movimientos colectivos, de colaboración no solamente entre hombres y entre clases, sino entre naciones y entre continentes. Si no somos capaces de unirnos los argentinos, somos menos que nada, y más valía que siguiéramos siendo una colonia de España.

Si no valemos a superar nuestros míseros prejuicios, odios, injurias, ofensas, rencores, envidias, represalias, puntilloserías, venganzas y egoísmos, estamos listos como nación independiente.

Y concretamente aplicando a nuestro diario: no nos van a aplastar. Pero si por fatalidad llegaran a aplastarnos, para lo cual no se van a parar en villanía más o menos, no piensen que la Argentina va a seguir lo mismo. Con nosotros caería algo esencial a la Patria.

Los bonzos que nos han tratado de locos; los mercaderes que han ignorado cómodamente nuestra existencia ocupados en calcular sus rentas; los talegudos que nos miran como a locos mientras defendemos el orden que ellos parasitan; los acomodados para quienes somos leve distracción matinal indiferente; junto al gran rebaño de los carneros: cuando desaparezca esta trinchera que son nuestras almas, se encontrarán ellos frente al enemigo que menosprecian ciegamente; y ellos, ellos tienen algo que perder.

Lo que nosotros tenemos que perder, ya lo hemos dado hace tiempo por perdido. No nos pueden quitar más que la vida. Y hay maneras de perder la vida que no son sino ganarla, como es perderla por Dios, o perderla por el Bien Común, que es una cosa que se supo de antaño en la Argentina.

Pero lo otros, los bonzos, los mercaderes, los talegudos, los acomodados, los carneros, llámense o no se llamen católicos, esos tienen un miedo atroz de perder la vida, y un miedo peor aún de perder el dinero.

Se está formando una nueva religión ante nuestros ojos; y una nueva religión necesita sacrificios de sangre, sea de mártires, sea de animales.

Argentinos, el día que nos veáis desaparecer aplastados por la crueldad y la mentira, poned las barbas en remojo. Hasta ese día habéis tenido patria.

De todos los hombres que viven actualmente en la Argentina, ninguno será feliz; pero a todos se les ofrece la opción de vivir una vida más o menos limpia y morir en su ley; o de vivir y morir como el animal inmundo en la pocilga y para el matadero.

Argentinos: Ninguno de los hombres que viven actualmente podrá escapar a esa opción.