PADRE LEONARDO CASTELLANI: HOMENAJE EN EL 124° ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

16 de noviembre de 1899

Primera Entrega: Ver Aquí

APOSTILLAS POLÍTICAS BIEN ACTUALES

UNA RELIGIÓN Y UNA MORAL DE REPUESTO

(Dinámica Social Nº 85-86 – 11-12/1957)

Conforme al dogma cristiano, si es que la humanidad debiera morir pronto, el democratismo liberal debe seguir viviendo e incluso reforzarse nefastamente.

Pero eso no será sino respaldado por una religión, sacado a la luz el fermento religioso que encierra en sí, y que lo hace estrictamente una herejía cristiana: la última herejía quizás, preñada del Anticristo.

Es para llorar el espectáculo que presenta el país, mirado espiritualmente. El liberalismo ha suministrado a los que no aman bastante la verdad una religión y una moral de repuesto, sustitutivas de las verdaderas; un simulacro vano de las cosas, envuelto a veces en palabras sacras. Una vida artificial, discorde con la realidad, les devora la vida.

Ellos saben que detrás de su «fe democrática» y de su «moral cívica» se esconde –para ellos solos– el poder y el dinero.

La verdad aquí es una mercadería despreciada; tanto que ni gratis la quieren e incluso pagan para que los engañen.

El hombre que no adora a Dios, adora por fuerza otra cosa; y en primer lugar al Estado, que es la obra más grande de las manos del hombre.

Las «ideologías» han ingresado a las facciones políticas dividiendo a los hombres en lo profundo, dando un cariz religioso la «contienda cívica» e incubando verdaderas guerras civiles, que tienen el implacable rigor de las guerras religiosas: se lucha por una concepción total de la vida humana, o sea por una idea religiosa.

Una parte del clero «hace política»; medio al vuelo sin directivas claras, sin tino ni inteligencia. No está jugando bien al hacer política electoralista y no percibir la gran política, que es la suya: la política de la Verdad. Va a ayudar al tercer triunfo del liberalismo y de la masonería en la Argentina.

No hay que engañarse: en el mundo actual no hay más que dos partidos.

El uno, que se puede llamar la Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo.

El otro, que se puede llamar la Tradición, tendiendo a seguir el consejo del Apocalipsis: «conserva todas las cosas que has recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas».

***

LA DESTRUCCIÓN DE LA TRADICIÓN

(San Agustín y nosotros, Capítulo V)

¿Cuál es la característica de nuestra época sino un inmenso movimiento por destruir hasta la raíz la tradición occidental y una heroica decisión de conservarla y revivificarla?

Es desagradable ser profeta de desgracias, y paga mucho más ser profeta de venturas; y yo pido a Dios me haga mal profeta de desgracias. Pero la destrucción de la tradición en Occidente es una cosa que está allí delante, y cerrar los ojos ante ella es como cerrar los ojos andando por la calle. Abrir los ojos puede ser un remedio en todo caso, por aquello de que «La primera medicina es saber la enfermedad»

La Humanidad camina hacia la resolución del gran drama de la Historia, drama que tiene un protagonista y muchos antagonistas-

La situación actual del mundo, eso que llaman la «crisis contemporánea», es la de una destrucción progresiva de la tradición occidental y de una defensa de ella.

¿Qué podemos hacer nosotros, si todo esto depende de una serie de destrucciones sucesivas y forma parte de una destrucción que avanza?

«Conserva las cosas que han quedado, las cuales son perecederas», le manda decir Jesucristo al Ángel de la Iglesia de Sardes, la quinta Iglesia del Apokalipsis; lo cual quiere decir «atente a la tradición», que es lo que ha hecho la Iglesia desde el Concilio de Trento. Pero el texto griego dice un poco diferente y más enérgico: «robustece lo que ha quedado, que de todas maneras ha de perecer».

Pero esto es inhumano, se nos manda luchar por una cosa que va a perecer, luchar sin esperanza de victoria, lo cual es imposible al hombre.

Es imposible al hombre que está en el plano ético, cuyo signo es la lucha y la victoria; pero no al hombre que está en el plano religioso, el cual lucha por Dios, y sabe que la victoria de Dios es segura, y que él ha nacido para ser usado, quizá para ser derrotado, ¿qué importa?

¡Hemos nacido para ser usados! ¿Por quién? ¡No por el Estado, por el Padre que está en los cielos!

«Porque sabes que no llegarás, por eso eres grande», dijo un poeta, que por cierto no se puso nunca en este plano, nunca fue grande.

Tenemos que luchar por todas las cosas buenas que han quedado hasta el último reducto, prescindiendo de si esas cosas serán todas «integradas de nuevo en Cristo», como decía San Pío X, por nuestras propias fuerzas o por la fuerza incontrolable de la Segunda Venida de Cristo.

«La Verdad es eterna, y ha de prevalecer, sea que yo la haga prevalecer o no». Por eso debemos oponernos a la ley del divorcio, debemos oponernos a la nueva esclavitud y a la guerra social, y debemos oponernos a la filosofía idealista, y eso sin saber si vamos a vencer o no. «Dios no nos dice que venzamos, Dios nos pide que no seamos vencidos».

¡La Iglesia es eterna!, dicen los democristianos.

La Iglesia es eterna en el sentido que Jesucristo habló; pero la organización externa de la Iglesia, digamos el Vaticano, no es eterna: esa organización ha sido quebrada y reformada muchas veces.

Y la Iglesia será quebrada al fin del mundo.

Lo que es eterno es el alma del hombre unida a Dios… unida a Dios para ser usada.

PARÁBOLA DE LA PUERTA DE LA POLIS

(Las parábolas de Cristo – 1959)

Antes de entronizar a Pedro, el Maestro había preguntado a los Doce: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”. Respondieron ellos, sin atadura de lengua: “Dicen que eres Juan el Bautizador resucitado, o Elías, o Jeremías, o alguno de los otros Profetas…”

El sufragio universal (“las turbas”, dice Marco) no se lució mucho en esta ocasión: a la pregunta más importante que ha habido, hay y por siempre habrá en el mundo, dio respuestas diferentes y divergentes; y lo que es peor, TODAS falsas: no acertó ni una.

Lo mismo hemos visto les pasa a los protestantes acerca de este texto; los cuales inauguraron una especie de “sufragio universal”, o democracia en materia religiosa, la libre interpretación, o sea el famoso “Libre Examen” de la Biblia, padre de las más famosas “libertades” (o Libertad con mayúscula mejor dicho) del liberalismo.

“Lutero fue el hombre más plebeyo que ha existido: sacando al Papa de su trono, puso en su lugar a la Opinión Pública” —exclama al luterano Kirkegor: en realidad y bien mirado, puso la Confusión Pública.

Para evitar la cual, vemos que inmediatamente después de la Confesión de Pedro (que así la llamamos hoy, y así se llama el altar en Roma donde están sus restos) Cristo prohíbe formalmente a los Discípulos decir a las turbas… aquello mismo que había aprobado tan altamente en boca de Pedro.

Se reservaba a sí mismo por entonces esa revelación: prevenía que los Apóstoles no salieran a los gritos a anunciar a las turbas el Mesías para que lo ungieran “REY” como quisieron hacer en Galilea, después de la Primera Multipanificación.

“No hará alborotos por las plazas”, dijo de Jesús el Profeta: los alborotos los hicieron sus enemigos. De los alborotos populares sale regularmente la muerte; y no la vida.

Y del sufragio universal hasta ahora han salido pocos aciertos y muchos embrollos. De hecho, con el sufragio universal (puro o fraudulento) la Argentina es gobernada hace tiempo por gente inferior, e incluso degradada.

Que los que quieran hacerle “homenajes” a esa gente, se los haga; y se haga semejante a ellos, y su fin sea como el de ellos.

¿El mejor del país? ¡Échele un galgo! No va a salir de las sagradas urnas, ni lo van a encontrar las masas, sobre todo, dopadas por la propaganda mentirosa. ¿Cómo podrían encontrarlo? Para fundar una religión, Jesús fundó primero una aristocracia religiosa… y una Monarquía eclesiástica.

Se dirá: pero el pueblo argentino, cada vez que lo han dejado votar libremente, ha elegido más o menos bien. Puede ser; y eso es justamente lo que me hace esperar que hay a pesar de todo una grandeza escondida en este pueblo improvisado y mescolado, que hoy parece tan abajo: esperar contra toda esperanza y exclamar: “¡Cristo, qué buen vasallo, si hubiese buen Señor!”

Bien, pero no dejemos caer el “más o menos”. Las masas argentinas han acertado más o menos como las masas palestinas, que vieron en Cristo “un profeta resucitado”, algo sobrenatural sí, pero absurdo, no lo que Él realmente era.

Lo que quiero decir es que el “sufragio” del pueblo, reducido previamente a “masa” no vertebrado ni organizado, no es medio apto para acertar en puntos que están… (perogrullada) fuera del alcance de una masa, y solamente al alcance de una minoría noble, es decir «virtuosa» y de una Cabeza excelente, es decir, un Monarca: Rey, Caudillo, Jefe, Conductor, o como quieran decir: un hombre prácticamente infalible en su materia, como en otro orden lo es el Papa en la suya.

Esa es la idea que han tenido del gobierno los pueblos cristianos; cuando había pueblos y había cristianos.

El que niega al Papa suprime el cristianismo: no hay vuelta de hoja. Demasiado lo vemos en el Cisma griego del siglo IX, de donde salió la Iglesia separada sedicente “ortodoxa”, hoy deshecha por el bolchevismo; y en la Protesta del siglo XVI, convertida hoy en un cristismo vago y nebuloso, y en una polvareda de sectas, contradictorias en sus dogmas e inseguras en su moral; donde ni la creencia central en la Divinidad de Cristo ha quedado incólume.

Se han ido por el camino de “las turbas”, que llega a la turbación: “fue Juan el Bautista, o Elías o Jeremías o algún Profeta”: pues lo que profesan hoy día los protestantes acerca de Cristo (aun cuando le conserven el nombre de Hijo de Dios) no pasa en general de tenerlo por algo así como un profeta, o un hombre extraordinario: por lo mismo que lo tuvo Mahoma.

Sólo Pedro sigue confesando eternamente a Cristo; y el que se arranca de Pedro, pierde a Cristo.

Cuando los novadores del siglo XVI, en la revolución religiosa más vasta de la historia, cortaron el nudo central del cristianismo, voltearon la Puerta, y se fueron a edificar sobre arena llena de pedruscos, algunos doctores católicos horrorizados dijeron que esa era la herejía última y total: que no se podía ir más allá en materia de herejía; y con razón en cierto sentido, pues por esa brecha pueden entrar todos los errores religiosos; como de hecho entraron.

Del seno del protestantismo nórdico nació el filosofismo o deísmo, y luego el liberalismo, que contagiaron a los países latinos; más tarde el comunismo, que triunfó en la región religiosamente devastada por el Cisma Griego; y en el seno de estos errores nació el modernismo teológico (o naturalismo religioso, o “aloguismo”, o como quieran llamarle), que por todas partes comenzó a ablandar como un ácido no sólo la fe, sino la misma razón incluso; por lo cual Belloc lo bautizó “aloa guismo” (Las Grandes Herejías, trad. cast. Espiga de Oro, 1946).

No era pues el protestantismo la herejía “total”; se podía ir más allá, pues de hecho se fue.

Pero ahora, si se llegan a unir, fundir o combinar entre sí capitalismo liberal, comunismo y modernismo (como no es imposible), entonces se habrá tocado fondo, “las profundidades de Satán”; y ya está hecha la cuna del Anticristo.

Estas tres herejías, dominantes hoy, son las Tres Ranas del Apocalipsis “que eran tres espíritus impuros”, dice san Juan: “tres grandes herejías”, interpreta san Agustín; “los cuales salieron haciendo prodigios a preceder a los Reyes de toda la tierra para la Guerra Grande”, que precederá al “día grande del Omnipotente Dios”, añade el Profeta (Apoc. XVI, 13).

ELEGÍA EN UN DESIERTO

(Decíamos ayer – 27/10/1944)

¡La recuperación económica! Despídanse de ella.

Por una dura misericordia de Dios, el católico no puede conseguir la añadidura si no consigue primero el Reino.

Desde que hemos dejado entrar el divisor, no podemos quejarnos que se lleven el dividendo.

Despidámonos de la recuperación económica hecha por medios económicos. Dicen que el problema económico depende del problema político.

¡Alto!

La recuperación económica supone una restauración total. Una restauración total supone el restablecimiento de la justicia. Y el restablecimiento de la justicia supone la adoración de la Verdad y la primacía de la Inteligencia.

***

¿QUÉ TENEMOS QUE HACER?

(Cristo, ¿vuelve o no vuelve?)

Hay mucha gente desanimada por la política. Andan preguntando: «¿qué tenemos que hacer?». Algunos ni siquiera preguntan, sino que resueltamente dicen: «No hay nada que hacer».

Para un cristiano, la respuesta es muy sencilla: hay que salvar el alma.

– ¿Y la Patria?

– Salvar la Patria también, de ese modo.

– Primero salvar el alma, y ¿después?

– No. Las dos cosas juntas. A la vez, pero la segunda condicionada a la primera.

– No entiendo, dice el argentino, que le gusta más la política que el alma.

– Es muy sencillo. Ustedes, muchas veces quieren poner orden afuera sin tener primero orden adentro.

En concreto: hacer todo el bien que uno puede alrededor suyo, a corta distancia, lo que está a mano, sin embarazarse de grandes planes, de grandes empresas, de grandes proyectos, de grandes revoluciones.