
Aceptación Señor, después de tanto caminar por desiertos –hastiado de espejismos y míticos parajes– por fin hoy me libero del mundo de los muertos y pongo fin a todos mis infructuosos viajes. Atrás dejo cenizas de vanas utopías y cofres rebosantes de escombros y oropel, y vasos agrietados donde bebí en mis días de esclavitud, veneno y pudrición y hiel. Dejo también montañas de malas decisiones y pírricas conquistas que llenan de amargura y el habitual desprecio a esas invitaciones que del cielo trataban de brindarme la cura. Pero ya ves, Dios mío: Tú has vencido en mi vida y de mi vida entera yo te concedo el mando mientras voy de Tu mano con el alma crecida y esa luz que me sigue dondequiera que ando. ¡Gracias por devolverme la vista; por librarme de lepra, de mortajas, de tanta ingratitud!; por haber persistido con Tu amor y elevarme a mundos inefables de gracia y de virtud.
