Conservando los restos
ELEMENTOS LITÚRGICOS
“La ignorancia de la Liturgia es una de las causas de la ignorancia de la Religión”
LOS SACRAMENTOS
Entre los Actos litúrgicos por excelencia ha de colocarse en primera fila a la Santa Misa, “acción tan grande y tan santa —dice San Ligorio— que el mismo Dios no puede producir otra igual”, y “cuyo efecto — escribe a su vez Santo Tomás— es equivalente al efecto total de la Pasión”.
Después de la Misa ha de ponerse el Oficio Divino, que es el “sacrificio de la alabanza”.
En tercer lugar vienen los Sacramentos, por los que o comienza toda verdadera santidad, o comenzada se aumenta, o perdida se recobra.
El estudio de los Sacramentos ha de hacerse con el mismo amor y la misma atención que el de la Misa, de tal modo que, a la vez que ilustra y solaza la inteligencia escudriñando los ritos con que son administrados, alegra el corazón mostrándole las ricas aguas de santidad que le brindan las “fuentes del Salvador”.
Comenzaremos con un breve capítulo de consideraciones previas y luego estudiaremos la liturgia de cada uno de los siete Sacramentos.
1. Los Sacramentos en orden a Jesucristo
Los Sacramentos, en orden a Jesucristo, son, al decir de Santo Tomás, “a manera de divinas reliquias de la Encarnación”, ya sea porque Jesucristo nos los legó como prendas insignes de su Persona, ya porque nos aplican los merecimientos y frutos de su Encarnación.
Con igual razón se pueden llamar también “reliquias del Sacratísimo Corazón”, puesto que brotaron de la herida del costado de Cristo, muerto en la Cruz.
Los Sacramentos, pues, son verdaderas reliquias de Cristo, y no reliquias muertas, sino vivas; ya que obran en nosotros realmente, como agentes de Cristo.
2. Los Sacramentos en orden a la Iglesia
En orden a la Iglesia, han de colocarse los Sacramentos entre sus elementos constitutivos esenciales, y no solamente como señales distintivas de los fieles con los infieles, sino también como vínculos de unión entre los miembros de su Cuerpo místico, y muy principalmente como instrumento de vida sobrenatural.
De ahí que los escritores sagrados hayan llamado a los Sacramentos avenidas de aguas que alegran y fertilizan la ciudad de Dios; árboles de amenísimas variedades y siempre floridas del paraíso de la Iglesia; los siete pilares construidos por la Sabiduría para sostenes de toda la Iglesia; planetas siempre resplandecientes en el cielo de la Iglesia y que giran en derredor de la Eucaristía, que es como el sol del que reciben brillo todos los demás.
3. Los Sacramentos con relación a los hombres
Con relación a los hombres, para quienes los Sacramentos han sido instituidos, son éstos las verdaderas fuentes del Salvador, de cuyas aguas deben beber ellos para poderse salvar; son medicina que nos devuelve la vida perdida y cura las llagas de nuestra alma; son óleo espiritual, que alumbra, alimenta y unge; son bebida y comida, con las cuales se nutre el alma y se desarrolla hasta la edad de la plenitud de Cristo; y por fin, son tesoros de doctrina que, mediante fórmulas y ceremonias sensibles, nos ilustran acerca de las cosas espirituales.
Todos estos títulos no hacen sino presentarnos algunos de los aspectos que ofrecen los Sacramentos con relación a nuestra santificación. Podríamos agregar otros muchos muy significativos, pero no es posible omitir el tan clásico de canales, por donde se nos comunican las corrientes de la gracia, o arterias por las cuales, el corazón de la Iglesia, que es el Espíritu Santo, transfunde al Cuerpo místico de Cristo la gracia santificante.
4. Los Sacramentos de parte de Dios
De parte de Dios son los Sacramentos inventos maravillosos, con los cuales socorre y cura Él nuestros depravados corazones, devolviendo bien por mal, pagando amor por odio; son alardes magníficos del poder soberano de Dios, el cual hace que elementos naturales, como el agua, el aceite, etc., toquen el cuerpo y laven el alma, y que obren en ella continuas resurrecciones, más admirables que la misma Creación.
5. Doctrina de los Sacramentos
Expongamos ya con brevedad la doctrina de los Sacramentos.
1. Definición
Un Sacramento es una cosa sensible, instituida por Jesucristo para significar y producir la gracia.
Cosa sensible no quiere decir solamente cosa material (agua, aceite, etc.), sino también cuanto cae bajo los sentidos (palabras, gestos, etc.).
Esa cosa sensible ha sido instituida por Jesucristo, no inventada por los hombres, y ni siquiera por la Iglesia, si bien ésta la ha acompañado de ritos y ceremonias útiles, más no esenciales.
Esa cosa sensible significa, es decir, representa a la inteligencia, por medio de un rito externo, lo que produce, o sea, la gracia santificante.
2. Número
Estos Sacramentos son siete, y esto “por cierta razón de congruencia tomada de la proporción y conveniencia que hay entre la vida natural y la espiritual”.
En realidad, la vida del espíritu (Orden Sobrenatural o de la Gracia) tiene una cierta semejanza con la vida corporal (Orden Natural), como, en general, todas las cosas corporales tienen una semejanza con las espirituales.
Ahora bien, en la vida corporal el individuo tiende a una doble perfección:
1ª) una, referida a la propia persona;
2ª) otra, referida a la comunidad social en que vive, porque el hombre, por naturaleza, es un animal social.
En lo que se refiere a sí mismo, el hombre se perfecciona en su vida corporal de dos maneras:
1ª) una, directamente, adquiriendo alguna perfección;
2ª) otra, indirectamente, evitando los inconvenientes de la vida, como son las enfermedades o cosas parecidas.
El perfeccionamiento directo de la vida corporal tiene tres etapas:
La primera es la generación, por la que el hombre comienza a ser y a vivir.
Y a esta etapa corresponde en la vida espiritual el bautismo, que es una regeneración espiritual.
La segunda etapa es el crecimiento, por el que uno llega a la plenitud de su estatura y de su fuerza.
Y a esta etapa corresponde, en la vida del espíritu, la Confirmación, en la que se nos da el Espíritu Santo para robustecernos.
La tercera es la nutrición, con la que el hombre conserva la vida y el vigor.
Y a ésta corresponde, en la vida espiritual, la Eucaristía.
Esto le sería suficiente al hombre si, corporal y espiritualmente, tuviese una vida impasible. Pero, como el hombre está sujeto a la enfermedad corporal y espiritual, que es el pecado, el hombre necesita un remedio para su enfermedad. Y este remedio es doble:
Uno, de curación, que le restituye la salud.
Y a este remedio corresponde, en la vida del espíritu, la Penitencia.
El otro remedio es la recuperación de las fuerzas con una dieta adecuada y un conveniente ejercicio.
Y a este remedio corresponde, en la vida espiritual, la Extremaunción, que borra las reliquias del pecado y deja al hombre dispuesto para la gloria final.
En lo que se refiere a la comunidad social, el hombre se perfecciona de dos maneras.
Primera, asumiendo el poder de gobernar la sociedad y de ejercer funciones públicas, cosas que corresponden en la vida espiritual al sacramento del orden.
Segunda, reproduciendo la especie, lo cual tiene lugar mediante el matrimonio, tanto en la vida corporal como en la espiritual, ya que el matrimonio no solamente es un sacramento, sino también una función de la naturaleza.
También se justifica el número septenario de los sacramentos por estar éstos destinados al remedio del pecado.
Porque el bautismo está destinado a remediar la carencia de vida espiritual.
La confirmación, a remediar la debilidad espiritual de los neófitos.
La eucaristía, a remediar la proclividad hacia el pecado.
La penitencia, a perdonar los pecados personales cometidos después del bautismo.
La extremaunción, a perdonar las reliquias de los pecados no del todo desaparecidos, por negligencia o por ignorancia.
El orden, a remediar la desorganización de la multitud.
El matrimonio, a remediar la concupiscencia personal y la disminución de la población, producida por la muerte de los individuos.
En orden de dignidad, la Eucaristía es el primero, como que, según Santo Tomás, todos los otros se ordenan a éste como a su fin.
Ninguno de los siete es superfluo, pero no todos son igualmente necesarios. Así, el Bautismo es absolutamente necesario para todos, y lo mismo la Penitencia para los que después de ser bautizados, han pecado mortalmente. La Eucaristía, la Confirmación y la Extremaunción, de suyo (es decir, prescindiendo de cualquier pretexto divino o eclesiástico) sólo son necesarios relativa y moralmente, ya que sin ellos es difícil salvarse. El Orden y el Matrimonio son necesarios para la sociedad, en general, mas no para cada individuo en particular.
3. Materia y Forma
Todos los Sacramentos constan de dos partes esenciales: de cosas y de palabras; o más propiamente: de materia y de forma.
La materia son las cosas o los actos exteriores y sensibles que se usan para conferir el Sacramento; la forma, son las palabras que usa el ministro al aplicar la materia, cuyo significado precisan.
La materia en sí misma (v. gr. el agua, el aceite), se llama y es la materia remota del Sacramento; y la aplicación o uso de esa materia (la ablución, la unción) se llama y es la materia próxima.
4. Efectos
Todos los Sacramentos confieren a todos los que no ponen óbice, dos clases de gracia: la gracia santificante y la sacramental, y tres de ellos imprimen, además, un carácter.
a) La gracia santificante o habitual es la que justifica al hombre en el orden sobrenatural y lo hace hijo adoptivo de Dios. Si esta gracia se infunde a quien no la tiene, se llama gracia primera, y si se añade a quien ya la posee, gracia segunda.
Por fin primario de su institución, el Bautismo y la Penitencia confieren la gracia santificante primera, por lo que se llaman “sacramentos de muertos”, es decir, sacramentos instituidos en favor de los que están muertos espiritualmente.
Los cinco restantes, de suyo confieren la gracia santificante segunda, y porque suponen en quienes los reciben vida espiritual, se llaman “sacramentos de vivos”.
Accidentalmente, los sacramentos de “muertos” confieren, algunas veces, la gracia segunda; y en cambio, según la más común y probable sentencia de los teólogos, los sacramentos de “vivos” pueden conferir la gracia primera. Respecto a la Extremaunción esto es moralmente cierto; en cuanto a los demás sacramentos disienten los autores.
Oigamos lo que escribe, a este respecto, el Cardenal Gomá: “Los Sacramentos de «vivos», la Eucaristía entre ellos, si se reciben en estado de pecado, pero de buena fe, es decir, con la ignorancia del crimen cometido y con la voluntad apartada de él, para lo que basta la atrición, confieren a la vez la primera y la segunda gracia: ésta, porque es el efecto especial del Sacramento; aquélla, porque es el fundamento de la segunda… La razón de ello es obvia: El pecado, considerado en su entidad, no es óbice a la gracia: si lo fuera, serían inútiles el Bautismo y la Penitencia. Lo que a la gracia se opone es la voluntad, en cuanto tiene afecto y se adhiere al pecado”.
b) La gracia sacramental es la propia y especial de cada Sacramento, o sea, aquel divino auxilio necesario para conseguir el fin peculiar de cada Sacramento. Este divino auxilio se traduce en un cúmulo de dones y de gracias actuales, que Dios va otorgando a los interesados en distintos momentos de la vida, sea al recibir el Sacramento, sea después, a medida que los van necesitando.
c) El carácter es una señal espiritual e indeleble que imprimen en el alma de quien los recibe ciertos Sacramentos. Éstos son: el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sagrado, por los que el hombre es hecho, respectivamente: cristiano, soldado y ministro de Cristo.
El carácter de cristiano (Bautismo) nos habilita para recibir las cosas sagradas; el de soldado (Confirmación), para defenderlas pública y oficialmente contra los perseguidores de la fe; y el de ministro (Orden), para confeccionarlas y administrarlas.
Por los primeros, participamos de un modo sólo general del sacerdocio de Cristo, haciéndonos sacerdotes en sentido lato e impropio; por el tercero, en sentido propio y verdadero.
Ese triple carácter es indeleble en esta vida y en la otra; “en la otra —dice Santo Tomás— para gloria de los buenos y para ignominia de los malos”.
Esta indelebilidad hace que ninguno de esos tres Sacramentos pueda recibirse dos veces en la vida.
5. Ministro
El principal ministro de todos los Sacramentos es Jesucristo, en cuyo nombre y autoridad obran los ministros secundarios, al confeccionarlos o administrarlos. Al tratar de cada Sacramento se dirá quiénes son sus correspondientes ministros.
Ninguno puede administrarse a sí mismo un Sacramento, a excepción de la Comunión que la reciben los sacerdotes de sus propias manos.
Dios puede dar a los Ángeles la facultad de administrar los Sacramentos, como también puede Dios producir en las almas los efectos de los Sacramentos, sin los Sacramentos.
6. Sujeto
El sujeto de un Sacramento es la persona a quién éste se administra. Téngase en cuenta esta gradación:
a) Sólo el hombre viador es sujeto capaz de los sacramentos.
b) Todo hombre viador es sujeto capaz del Bautismo.
c) Sólo el hombre bautizado es sujeto capaz para los otros sacramentos.
d) No todo hombre bautizado es sujeto capaz para cualquier sacramento.
Los demás requisitos se pondrán al estudiar cada sacramento en particular.
6. La Liturgia de los Sacramentos
La Liturgia de los Sacramentos son las preces y los ritos con los cuales la Iglesia los administra solemnemente, de acuerdo con un ceremonial oficial ya determinado.
Ni las preces ni los ritos han sido siempre los mismos, sino que han variado en la sucesión de los siglos, y hasta en los diferentes países e iglesias. Lo que nunca ha cambiado, ni cambiará jamás, por ser de institución divina, es el rito esencial de cada Sacramento, del que estos otros son adorno y ampliación.
De las ceremonias de los Sacramentos, como de las del culto litúrgico en general, hay que confesar que son muy útiles, y que como tales han sido instituidas por la Iglesia:
1° para rodear de mayor solemnidad y respeto los sacramentos;
2º para cautivar la atención y excitar la fe y la piedad de los asistentes;
3º para explicar y grabar mejor en la mente el significado de cada sacramento.
